Capítulo 17: Plan sobre Ruedas.
Siempre se me ha considerado una persona "simple". No me preocupan muchas cosas, a menos que sea comida o diversión. Siempre estoy alegre y parece que eso les molesta a algunos. A veces me juzgan: que parezco un niño inmaduro, que no debería serlo y que debería empezar a comportarme como alguien de mi edad. Todo por mi forma de ser, alegre y despreocupado. Pero no me interesa, no quiero cambiar, me gusta como soy porque así me criaron. Mi abuelo siempre me enseñó que todo en esta vida se consigue con dedicación y constancia. Pero que el resultado final no llegará a menos que le agregues amor. Para mí, ese es el sentimiento primario para ayudarnos a alcanzar objetivos o cualquier cosa que se nos presente en el día, por pequeño que sea. Y el amor, en mi caso al menos, comienza con una sonrisa.
Llegar hasta aquí, en estas condiciones, ha sido una experiencia nueva y emocionante. Es verdad que tengo una misión que cumplir, pero muchas veces me olvido de ella. Todo porque he aprovechado el tiempo en sonreír y en vivir el máximo de experiencias posibles. Sin duda la mayoría se las agradezco a Bulma, quien como siempre, ha sido la iniciadora de la nueva aventura del día. Pero a pesar que la mayoría de las cosas que he hecho aquí son diferentes a mi vida pasada, hay muchas otras que se han repetido.
Cualquiera en mi lugar estaría preocupado, pero yo me emociono. No hay mejor aventura que la ya vivida. Sabes qué cosas repetir, cuáles intensificar y cuáles evitar. Lamentablemente eso también se me olvida y termino tropezando con la misma piedra. No porque sea retardado, simplemente porque no hay nada que se repita exactamente igual que la anterior.
Eso me sucedió con Roshi y Lunch, pero en parte no fue mi culpa. Sabía perfectamente que ciertas acciones, despertarían ciertas sospechas. Pero no podía adivinar de manera mágica que justamente lo que hice, inocentemente, despertaría en ellos lo que tanto he querido evitar. Afortunadamente, creo que ellos dos son personas en las que puedo confiar, al menos por ahora. En cambio, hay otros de los que debo cuidarme, como Vegeta y Piccoro. Ellos tienen ese instinto de querer llegar siempre al fondo del asunto, por la única razón de que no dejan ningún detalle al azar. En cambio Bulma, Yamcha y Krillin no creo que me causen problemas. Parecen estar bastante metidos en sus vidas como para preocuparse de mí.
A pesar de aprovechar todo lo que puedo de esta oportunidad, sé que en algún momento deberé irme, nada dura para siempre. Y me pasa cada vez que me acuerdo de lo que realmente vine a hacer aquí: mi misión. Me da alegría, pero muchas veces me da coraje. Gracias a esta tarea estoy aquí, compartiendo, pasando unas aventuras increíbles, conociendo gente nueva y reencontrándome con otros ya conocidos. Pero al mismo tiempo, y por culpa de este mismo objetivo, siento que estoy engañando a todos los están conmigo; cuando se enteren de la verdad, seguramente sus reacciones no serán agradables. Sé que me criticarán, pero especialmente, que me harán mil preguntas que no podré responder.
Por más que lo evite, ese día va a llegar y deberé despedirme. Prefiero no ponerme triste, es mejor llenar mi rostro con la sonrisa que me caracteriza, porque aún queda tiempo y quiero aprovecharlo hasta agotarlo por completo. Además, sé que seguiré en la mente de quienes me han conocido, especialmente en la memoria de mis amigos: un chico con mente de niño que vive de forma simple y con una sonrisa clavada al rostro.
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–Veamos… Raíz cuadrada del límite de x. Pero la integral del factor que me falta debería ser esto otro, ¿o no?– Bulma se encontraba en la mitad de su décimo séptimo ejercicio de cálculo. Sin embargo, su mente estaba en un lugar muy lejano al libro de texto –Entonces, cuando Vegeta se aparezca lo engañaré. Le diré que investigaré todo lo que quiera si se une a la escuela para que se vuelva un chico de bien. Si es deportista podría ayudar a los muchachos con las olimpiadas. Si fuera inteligente, podría colaborar en algún equipo intelectual… Y, ¿si no fuera ninguna de ambas?, ¿y si ya terminó la escuela?– Había buscado concentración en todos los salones de la escuela, la biblioteca, incluso el gimnasio, pero nada. Llevaba alrededor de una hora ejercitando, y ni siquiera completaba los primeros veinte problemas – Mmm, yo sé que puede ser buena persona. Sólo creo que se equivocó de camino, pero puede arreglarse. Si Gokú se integró a los chicos, ¿por qué no Vegeta? –por más que se daba ánimos, pensaba en el motociclista y no en cálculo. – ¡Ah! No sirve de nada quedarme aquí. Mejor me voy a casa. Puede que en la noche aparezca en el bar. Sí, eso es lo más seguro. Además bajó la temperatura… Quiero fumar, no me aguanto las ganas… tengo frío, hambre, me duele el estómago, ¡estoy harta! ¡No pensaré más en ese idiota!
Caminaba de prisa hacia su vehículo porque allí estaba la cajetilla. Aceleró el paso. Necesitaba gritar, que le faltara el aire de una forma u otra. Sin siquiera saber el porqué, comenzó a trotar y el aire helado de la tarde de otoño golpeó su nariz y ojos. No le importó. Abrió sus pupilas hasta sentir ardor y apretó las manos para no soltar los cuadernos y el bolso que llevaba a rastras. No se dio cuenta cuando se puso a correr tanto como sus piernas pudieron. Quería irse rápido y dejar atrás todo, y a todos. Le faltaba atravesar la cancha para llegar a su convertible. Saltó unas barreras con dificultad y aceleró aún más. Cerró los ojos unos segundos cuando no pudo soportar el dolor en los párpados, pero no bajó la velocidad. Volvió a abrirlos para no tropezar, aunque no le importaba nada ya. Por un momento se sintió el animal más rápido del planeta. Sus pulmones se hacían cada vez más pequeños, pero quería agotar sus últimas energías para alcanzar las ruedas de su destino.
Estaba por llegar a la mitad de la cancha de fútbol cuando fue adelantada por unos cabellos rubios. Sólo segundos bastaron para que rápidamente se alejara de la peliazul. Parecía una carrera de ambas, una que la rubia ganaría con ventaja. La sorpresa hizo que Bulma se detuviera. Pero la otra siguió corriendo.
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Yuhachi (nº 18) también quería correr hasta que sus pulmones reventaran. Aunque, a diferencia de Bulma, ella lo hacía como entrenamiento y desahogo del día. Ni siquiera había notado cuando adelantó a la peliazul. Cuando corría todo a su alrededor se nublaba, no veía más que su propio cabello y la pista sobre su cara.
Estaba harta de seguir las órdenes de otros, de hacer trabajos que sabía estaban mal. Pero por otro lado, era la única forma de obtener su libertad. Faltaba poco tiempo. Cuando empezaran las competencias escolares en la metrópoli podrían marcharse para siempre.
Ella y su hermano eran bastante listos. El precio al que estaban comercializando la substancia era mucho mayor al que realmente valía. Por lo tanto, llevaban varias semanas ahorrando la diferencia. Con esto, escaparía con su hermano a un lugar lejano donde nunca más serían esclavizados por el científico.
Sin embargo había algo que la inquietaba. No estaba completamente segura cuál era la razón, pero su corazón le rogaba no abandonar jamás Capital del Oeste.
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Bulma se encontraba de rodillas en la mitad de la cancha y respirando agitadamente. La persona que la había adelantado le hizo perder las fuerzas y había caído sin remedio. Aún le faltaban unos cuántos metros para llegar a su auto. Lentamente puso las manos en el suelo y tomó impulso para levantarse. Aún podía ver a la chica rubia, ella seguía corriendo alrededor de la cancha –Debe estar entrenando– pensó –Y yo que pensaba que nadie me estaba viendo. Maldición, mejor me voy a casa.
Mientras caminaba, tomó su celular e hizo un par de llamadas. No quería trabajar esa noche. Prefería llegar su hogar, sabiendo que perdería la oportunidad de encontrarse con su rebelde motociclista en el bar. Sus pantalones, cuadernos y bolso estaban mojados producto del tropiezo en el césped húmedo. Trazó un par de ideas, que sólo consistían en un baño caliente, un buen café y música para continuar sus estudios. – Sólo por esta noche, no serás el objeto de mis pensamientos. Mi mente puede controlar todo, no permitiré que arruines mis calificaciones-
A la salida de la escuela vio a Milk y al grupo de porristas discutiendo. En un principio no las tomó en cuenta, discutían sobre entrenamientos o algo así. La líder de las chicas notó a la peliazul y la detuvo gritando su nombre.
– Hola Bulma, ¿te encuentras bien? –le preguntó al ver el estado deprimente en que se encontraba. Bulma quedó asombrada, era la primera vez que no notaba odio en las palabras de la animadora. Seguramente se debía a que la noche anterior, aquella del escándalo del bar, habían quedado las cosas claras entre ellas y Gokú. Sin embargo, no pensó que Milk se comportaría de la misma forma delante de sus amigas. Más que mal, las porristas e intelectuales no se llevaban bien.
–Sólo tropecé, pero estoy bien. Y, ¿ustedes? Pensé que estarían entrenando hasta tarde –preguntó la peliazul.
–Mañana es sábado y la escuela estará cerrada –dijo Milk – No tenemos dónde entrenar. Estamos viendo qué haremos.
–¿Viernes ya?– dijo en voz alta. Ni siquiera había notado el paso de la última semana – ¿Y los chicos?– preguntó Bulma refiriéndose a Gokú y compañía.
– El maestro Roshi les consiguió un lugar a las afueras de la ciudad ¡Ah! Eso, creo que se quedarán todo el fin de semana allá. Digo, para que no te preocupes si Gokú no llega hasta el lunes.
– ¡Oye Milk! ¡Pero qué haces! ¿Por qué le das tanta información a esa engreída? –gritó otra de las animadoras, una de cabello rojo y largo.
– Porque Gokú es demasiado despistado como para avisarle. O acaso, ¿a ti te gustaría que alguien que vive en tu casa desapareciera todo el fin de semana? –gritó ella con total naturalidad.
– Vaya…–volvió a decir la pelirroja – Yo pensaba que odiabas a Brief. Qué rara estás últimamente.
– No se preocupen, yo ya me voy –dijo Bulma sintiéndose incómoda. La verdad es que no tenía nada que hacer platicando con esas chicas. – Ojalá encuentren algún lugar para entrenar –dijo despidiéndose y caminando hacia su auto.
Había olvidado por completo que iniciaría el fin de semana. A pesar de que habría mucho trabajo en el bar, no tenía ganas de asistir. Al subir al vehículo, lo primero que hizo fue prender un cigarrillo. Inhaló tan fuerte como pudo, quería que el aire se extinguiera de sus pulmones. Cuando ya no le quedaron fuerzas, soltó lentamente el humo en la boca y la nariz. Prendió la radio, buscó una estación de música electrónica y encendió el motor.
Recorrió las calles a gran velocidad. Quería sentir el viento en su rostro por lo que bajó el techo de su convertible. Hacía mucho frío esa noche, pero no le importaba. Prendió otro cigarro mientras tomaba la autopista que la llevaría a las afueras de la ciudad.
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Los chicos del equipo de basquetbol y beisbol habían partido a las montañas a entrenar intensamente para las olimpiadas. Sin embargo, Roshi le pidió a Krillin volver al instituto por más colchonetas y cachivaches para las prácticas, por lo que nuestro calvo y pequeño amigo seguía en el gimnasio reuniendo todo lo que le habían pedido. Su estatura no ayudaba, debía transportar uno a uno los artículos; el chofer del autobús tampoco servía de mucho, a pesar de ser amigo el eterno amigo de Roshi y ofrecerle ayuda a Krillin, Muten superaba los 80 años de edad; apenas y seguía teniendo permiso para conducir.
Al fin terminaba de cargar las últimas pelotas de baloncesto cuando vio en la pista de atletismo a la hermosa chica rubia. Se quedó plasmado observando su belleza y velocidad. A pesar del frío y la noche la blonda no terminaba su entrenamiento. Krillin miró rápidamente a su alrededor buscando al hermano y no lo vio en ningún sitio. Era su oportunidad para intercambiar palabras, algún gesto amable que llamara su atención, pero Yuha (n°18) seguía corriendo sin mirar nada más que la pista que tenía por delante. El chico se sentó en la banquilla del estacionamiento a mirar de lejos a la chica que le había quitado el sueño. No sabía qué era lo que le gustaba de ella. Era muy seria y jamás sonreía, no era como las porristas con las que había salido anteriormente. No se parecía en nada a su anterior novia Maron, la animadora llena de energía y cuerpo exuberante que se paseaba en diminutos atuendos delante de toda la escuela. Yuha en cambio no tenía amigas y siempre mantenía una actitud estoica y de rechazo. Sin embargo, tenía un temple y determinación impensable en una chica de 16 años. Seguramente buscaba alguna beca deportiva o el reconocimiento en el atletismo.
En ese preciso instante, Muten encendió el autobús que era tan prehistórico como el conductor. El motor rugió, retumbando en toda la escuela y llamando la atención de la corredora, quien se detuvo al descubrir que era observada. Krillin se quedó helado al ser descubierto, y comenzó a temblar cuando notó que la chica se acercaba rápidamente a él. El paso de la rubia era acelerado y su rostro denotaba el mismo rechazo de siempre.
-No sabía que los de basquetbol tuvieran tanto tiempo para quedarse sentados sin hacer nada- dijo ella al llegar frente a Krillin, quien temblaba más que cortadora de césped.
-¡No! No es lo que piensas, sólo esperaba al autobús- dijo claramente nervioso – ¿Ya ves?- dijo mientras apuntaba al viejo Muten conductor -Por fin se encendió la chatarra, ahora me voy.
-¿Y por mientras yo era tu entretenimiento?- dijo mientras cruzaba sus manos.
-No lo tomes a mal, sólo me extrañó verte entrenando a estas horas, esa determinación es admirable, eso es todo-
La chica sonrió con ternura al ver que el pobre chico seguía como gelatina. Algo le llamó la atención de Krillin, le encantó que un hombre no la viera como un mero objeto, como otra blonda con cuerpo formidable, sino como ser humano. Ella no entrenaba para las olimpiadas ni nada que tuviera que ver con la escuela, sólo trataba de huir de todos los problemas que tenía. Estaba harta que todos la utilizaran a ella y a su hermano como instrumentos. Pero al parecer ese pequeño y calvo estudiante la veía más allá. Sin embargo, no podía bajar la guardia, podría estar mintiendo o incluso ser otro de los constantes espías que enviaba el jefe de su aldea para asegurarse si cumplían con su misión. Por mientras, le daría el placer de regalarle esa sonrisa que salió sin ser planeada.
Krillin le devolvió la sonrisa con una llena de espanto, estaba totalmente estupefacto de la escena de la que era protagonista. Era la primera vez que la veía sonreír, quizás había dicho alguna tontería y había causando la burla de la chica. Más encima ambos se habían quedado mudos, no pronunciaban palabra alguna, lo que lo hacía aún más escalofriante.
-Bueno, mejor me voy o mi hermano se preocupará - dijo finalmente Yuha.
-No es bueno que te vayas a casa sola, podría ser peligroso- dijo el calvo con aires de superhéroe.
-No me iré sola - dijo ella apuntando hacia el sector oriente de la cancha de atletismo –Mi hermano está esperándome, está allí sentado en la otra banquilla- a Krillin le volvieron los temblores, que a esas alturas se convirtieron en terremotos. Lo que menos quería era que Yuna los descubriera. Ahora quizás lo encararía, le diría que tendría prohibido acercarse a Yuhashi o quizás intentaría golpearlo –Nos veremos de nuevo, Krillin- dijo mientras le daba un beso en la mejilla y se alejaba. El pequeño deportista comenzó con un ataque de epilepsia que fue detenido por la bocina del viejo Muten.
-Ya debemos irnos muchacho, o nos dejarán sin cenar- le gritó el anciano Muten desde el motor encendido del autobús.
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El aire helado golpeaba su rostro sin piedad y, a pesar de eso, los cien kilómetros por hora no eran suficientes para sacar de la cabeza al motociclista. Llevaba varios minutos en la autopista, quería llegar a la orilla del mar lo antes posible. Sentir las olas, la brisa y la libertad. Ya no aguantaba la ciudad. Quería volver a las aventuras en pleno campo, a buscar las Siete Zapatillas Mágicas aunque fueran un engaño. El encierro de la metrópoli, según ella, era la causa de sus nuevas obsesiones: del cigarrillo, del exceso de trabajo, del descuido de estudios y de su vicio motoquero. Y, ¿por qué entonces no se iba? Era tan sencillo agarrar unas cuántas cosas y fugarse con Gokú en una nueva aventura. Recorrer lugares que nadie ha pisado, meterse en problemas y disfrutar la vida con las cosas más sencillas.
Estacionó su convertible en el mirador, estaba frente a la playa de las rocas. La luna llena alumbraba todo perfectamente, incluso unas misteriosas lágrimas que aparecieron en las mejillas de la peliazul. Extrañaba tanto ser libre como las olas que se alejaban de la playa, esas que recorrían todo el planeta sin paradero trazado. –Pero- pensaba ella, que de vez en cuando volvían a la misma playa. Esas mismas olas que recorrían toda la esfera, debían volver al hogar cada cierto tiempo. Era lo que les había prometido a sus padres. A pesar de ser sumamente descuidados siempre estaban al pendiente de su única hija, y Bulma les había prometido quedarse al menos un año cuando llegó a casa con Gokú.
Como si hubiera sido un deja vu sonó su celular; era su madre.
-Bulma, ¡querida!- dijo entusiasta la progenitora –No sabes de lo que me acabo de enterar con tu padre, ¡es terrible!-
-¿¡Qué pasó mamá!?- preguntó Bulma, entre nerviosa y emocionada. Al fin algo cambiaría su patética rutina.
-Con tu padre debemos salir de la ciudad lo antes posible. No sé si te cause algún problema-
-¡¿Pasó algo con la empresa?!- volvió a preguntar la peliazul.
-¡No! Es aún peor- la señora Brief guardó silencio un momento –Los osos polares, Bulma, están en extinción…- a la protagonista le cayó una gota de sudor en la cabeza. No era una verdadera emergencia, sino otros de los ataques de protectores de animales característicos de sus padres –Vamos a ir al Polo Norte a rescatarlos y llevarlos a refugios que papá terminó de construir. Seguramente llevaremos uno a casa, ¿no es maravilloso? Así que si quieres ir con nosotros ven a casa a preparar tu maleta- Bulma lo pensó un momento. No era mala idea salir de la metrópolis por un poco de aventura en…
-¿Pero allí no hay temperaturas bajo los cero grados?- preguntó desistiendo.
-No hija, en Groenlandia es invierno. Hay entre menos cuarenta y cinco a menos setenta-
Podía ansiar aventuras, salir de la odiosa rutina, explorar lugares desconocidos y rescatar animales del peligro, pero NUNCA a temperaturas tan bajas.
-No gracias mamá. Me quedaré cuidando la mansión si quieres-
-Pues invita a algunas amigas. Digo, para que no te sientas tan sola- la señora Brief sabía que hablaba en vano. El único amigo de su hija era Gokú y al amoroso chico rebelde sobre ruedas. Además de ellos nadie había pisado la mansión de los multimillonarios de las petroleras –Lo digo en serio, hay mucha comida en el congelador- dijo tiernamente la señora.
Bulma lo pensó un momento. Si se quedaba sola todo el fin de semana terminaría pensando en Vegeta cada segundo. Lo que necesitaba era estudiar, pero para ello, necesitaba algo que la distrajera del vendedor de drogas. Se quedó en silencio mientras su madre seguía al teléfono.
-Lo digo en serio- volvió a hablar la madre -Si sabes de alguien que quiera usar la mansión invítalo, te hará bien. No es verano, pero recuerda que ya dejé habilitada la piscina invernal y la máquina de nieve artificial- Bulma siguió meditando. Si lo pensaba detenidamente, sí había alguien que necesitaba de espacio. Había escuchado la discusión del grupo de las animadoras fuera de la escuela. Ellas no tenían dónde entrenar o algo por el estilo. Si las invitaba, podría tener el suficiente alboroto como para poder ejercitar mientras ellas hacían sus saltos y piruetas de cheerleader.
-Esas cabezas huecas hablan tanto que no tendré tiempo de pensar en ese granuja-
-¿Qué dices, hija?- preguntó la madre.
-Sí, mamá. Tenía pensado invitar al equipo de porristas a la casa. Me las encontré a la salida del instituto y contaban que no tenían dónde practicar-
-¡Bulma! Qué emoción, ¡yo también fui animadora en mis tiempos de escuela!- otra gota grande de sudor corrió por la cara de la peliazul –En casa tenemos muchas habitaciones, ¡invítalas a alojar en la mansión! Qué felicidad escuchar eso ¡Deberías unírteles!-
-Sí mamá- dijo sarcásticamente –estaba pensando en unirme al equipo ¬¬.
Bulma cortó el teléfono. Pero no quería partir a casa sin observar de nuevo la rebeldía y tenacidad de las olas que azotaban las rocas. Se quedó hipnotizada con el movimiento de la azulada marea; luchaba incansablemente por mover los peñascos, pero estos ni siquiera se agitaban, seguían tan estoicos e imponentes como siempre.
-Parece que la única forma de hacerlo cambiar es con un maremoto- dijo en voz alta, intentando compararse a ella misma con el terco del motociclista.
Volvió a tomar su teléfono móvil para llamar a Milk y contarle su nueva idea, pero se percató que no la tenía dentro de sus contactos. No era para extrañarse, jamás en su vida de estudiante había intercambiado palabras con los populares.
-Maldición- se dijo al pensar en la única persona que seguramente tenía el teléfono de la animadora –Yamcha- No quería llamarlo. Seguía molesta por lo de Cristal, no había confesado engaño pero tampoco lo había desmentido del todo –Si planeo estudiar el fin de semana no puedo salir de la ciudad- pensó –Si me quedo sola todo el fin de semana terminaré… comiendo muchas cosas- se dijo para no reconocer que pensaría en Vegeta –Mi única salida para hacer lo que quiero es tener a las cabecita de reggaetón saltando por la mansión. Si lo pienso bien, no es tan mala idea tener un poco de ruido en esa enorme casa- terminó convenciéndose, y se puso a marcar el teléfono de su "peor es nada".
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-Nunca imaginé que te gustaría un pitufo- le dijo Yuna a su hermana cuando salían de la escuela.
-Estás demente, no me gusta- le contestó molesta la rubia.
-Mi vista de halcón captó otra cosa, hermanita- le dijo con sonrisa maliciosa.
-No es nada de lo que piensas. Podría ser otro cliente, eso es todo-
-¿Lo dices en serio? Genial, o sea que el equipo de baloncesto también necesita ayuda para rendir mejor-
-Aún no es seguro, no te ilusiones- contestó Yuhashi -Pero si logramos venderles anfetaminas tendremos el dinero suficiente, ¿no?-
-Sí. Si reunimos un poco más podremos irnos de este sucio y ruidoso pueblo- la rubia bajó la cabeza, sabía que si querían la libertad deberían abandonar la Capital del Oeste.
-¿Dónde nos iríamos?- preguntó la chica algo entristecida.
-A las montañas, a algún valle donde no haya nadie. Eso es lo que siempre hemos planeado-
-Es verdad, lo que debemos hacer para ser libres…-
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La llamada a Yamcha fue menos complicada de lo que Bulma pensaba. El chico estaba armando las carpas que los cubrirían del frío durante la noche. Roshi los había llevado a la mitad de las montañas para entrenar, un lugar poco usual para practicar el basquetbol y el beisbol. Pero gracias a eso, el chico debió dictarle el número de prisa para que la estructura del campamento no lo aplastara. No conversaron, ninguno de los dos tocó el tema de Cristal; no era el tiempo ni el lugar para discutir, menos por teléfono.
Bulma colgó con rabia. A pesar de no estar de buenas con su "peor es nada", pensaba que él seguiría pidiéndole disculpas, o que al menos le preguntaría por qué quería el teléfono de la porrista. Al parecer ya no tenía interés en ella, o quizás estaba demasiado ocupado. Fuera cual fuera el caso, Bulma estaba enfadada, detestaba que no le pusieran atención.
Marcó con violencia el número de Milk en el móvil; se inquietó porque la cheerleader no atendía de prisa. Ya no quería más ineficiencia. Si no le contestaba rápido, se iría de la ciudad con rumbo desconocido.
Finalmente atendieron.
-Hola, ¿Milk? Habla Bulma Brief- dijo aún algo molesta.
-Sí, habla Milk. ¿Bulma?- contestó extrañada. Nunca imaginó que Brief la llamaría un viernes por la noche.
-¡¿Encontraron un lugar para entrenar?!- preguntó con violencia. Milk estaba totalmente consternada con la pregunta.
-Ehhm. Pues no. Supongo que iremos al parque mañana temprano-
-No- dijo cortante la peliazul.
-¿No?- preguntó Milk poniéndose algo inquieta también.
-Dicen que mañana va a llover. Así que pensé que mejor se queden todas el fin de semana en mi casa- dijo relajando el tono de voz. Milk se quedó completamente muda. También tenía su orgullo. Detestaba pedir favores o permisos a los demás, desde pequeña se las había arreglado para hacer las cosas a su manera. Había pensado llevar a las chicas al campo de su padre, pero lamentablemente estaba muy lejos y el lugar era bastante pequeño luego del incendio de la casa de su familia.
-No es necesario que sientas lástima por nosotras- le contestó finalmente la morena.
-¡No es lástima!- gritó Bulma. Le enfurecía aún más que su buena voluntad se confundiera con caridad –Mi casa es muy grande y no quiero aburrirme. Será divertido tener un poco de ruido- dijo con completa sinceridad -No las interrumpiré, estaré estudiando para las olimpiadas también. Así que si además necesitan ayuda en los estudios les puedo servir-
Milk lo pensó de nuevo. Siendo sincera, la propuesta de la intelectual era estupenda. Podía ser peligroso juntar a tantas chicas lindas en un parque público; podía aparecer cualquier maleante o secuestrador y abusar de ellas; cualquier problema sería su responsabilidad.
-Pero somos muchas. Quizás sólo nos ayudaría ir una tarde, mañana por ejemplo. No quiero causar problemas-
-Cuántas son- preguntó la científica con tono autoritario.
-Seis de la selección, cuatro apoyos y tres de banca- dijo Milk, como si se tratara de un equipo de futbol.
-¿Sólo 13? Prefiero que se queden todas aquí, tengo espacio de sobra. Así podrán sacarme de la cama temprano a mí también.
-Pero, ¿y la comida? Ya es tarde para ir a comprar todos los víveres- insistió Milk.
-¡Olvídalo! Tengo comida para un regimiento completo- Bulma ya se estaba poniendo algo impaciente –Pues decídete y avísales a las demás. Las espero a más tardar a las 10 de la noche. Tendrán dos horas para preparar todo-
-¿Dices que hoy mismo vayamos todas?-
-¡Sí! Si no vienen esta noche saldré de la ciudad y mañana las terminarán secuestrando los maleantes del parque-
-Pero, ¿ya tienes permiso de tus padres? ¿No seremos molestia?-
-Ya les hablé y están encantados- contestó la peliazul.
Milk aún no podía creerlo. Sin exigir y sin pedir nada a cambio, había conseguido el lugar perfecto para perfeccionar su rutina. Había visto la propiedad de los Brief desde las afueras muchas veces. Eran al menos cien hectáreas de jardines y una enorme mansión justo en medio de un frondoso bosque que cubría parte del complejo. Si el día amanecía soleado tendrían mucho espacio para aprovechar; si no, se veía que la casa de Bulma contaba con todo lo necesario para un buen entrenamiento. Estaba decidido, llamaría a las chicas y las convencería de una u otra forma. Las competencias se acercaban velozmente y no había tiempo que perder.
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Se encontraban en el mismo sitio y ella no se había percatado. Pudo escuchar gran parte de lo que hablaba porque el techo de su convertible seguía abajo y sus estruendos se oían hasta en la playa. Sin embargo, la luna llena era el único hilo de luz y éste no era suficiente para que Bulma se diera cuenta que su rebelde motociclista se encontraba a escasos metros de su auto último modelo. Él también observaba las olas raspando la montaña de rocas inamovibles. Pero no había ido allá a ver el paisaje. Había ido en busca de Zarbón para saber las últimas noticias de tu tiránico tío, más que mal, la playa y sus alrededores eran tierras conocidas de la mafia de los "Helados".
Para la suerte del motoquero, Zarbón se caracterizaba por ser un bocaza. Sólo bastaban un par de preguntas para que el traficante soltara toda la información que Vegeta necesitaba saber: lugares de venta de su droga, pandillas con las que competía y la próxima visita de tu tío a la Capital del Oeste. Ésta última no era una muy buena noticia; no quería enfrentarse a él. Cada vez que se encontraban Vegeta se sentía prisionero, igual como lo fue cuando era un niño. Frezeer siempre le dio todo lo que necesitaba, pero a cambio de horrendos trabajos como matar a espías y quemar toneladas de mercancía de otras bandas. Cuando logró huir de la mafia de los Helados pudo por fin formar su propia banda y buscar por sí mismo sustancias ilícitas para venderlas en pequeñas cantidades.
Sin embargo Vegeta ya tenía un plan, y éste ahora incluía a Bulma, quien se había ofrecido voluntariamente a preparar un nuevo tipo de droga, seguramente la mejor de todas las antes conocidas. Tenía pensado encontrarla a la salida de Bar Ball y exigirle que cumpliera su promesa cuando vio que se estacionó a pocos metros él, en el mirador de la playa.
Bulma estuvo hablando con altoparlantes con cada uno de sus interlocutores, pero desafortunadamente el ruido del oleaje había hecho que Vegeta sólo escuchara fragmentos de la conversación. Ésta era tan absurda que pensó que la chica tenía una historia oculta bajo la manga.
-¿Qué rayos querrá decir que el oso polar será rescatado para llevarlo a entrenar a la montaña mientras arma una carpa?- el motociclista tenía tanto ruido con las olas que había mezclado de la manera más irracional todo lo que Bulma había hablado por teléfono. Terminó sospechando fehacientemente que la familia Brief era parte de otra mafia; la que Zarbón le decía que eran dos adolescentes que vendían anfetaminas a los deportistas de elite y que no se sabía su identidad -¡Ese granuja que siempre está con Bulma!- gritó pensando en Gokú -Ese que metió a Raditz a la cárcel, ¡¡él es el otro adolescente!!!- No iba a permitir que un bebito de pelos parados le quitara a su única fábrica de estupefacientes –Ya verá ese zángano. Se quedará sin provisiones. Esa muchacha trabajará solamente para mí… Ya lo verás- decía mientras seguía ideando planes para la conquista de Bulma.
Lo último pudo escucharlo con más claridad. Al parecer, un grupo selecto se reuniría en la mansión de los Brief a planear estrategias durante el fin de semana. No tenía tiempo que perder, debía sabotear cualquier negocio para ser el único distribuidor de la nueva droga.
El motor del auto convertible rugió y Bulma salió a toda velocidad de vuelta a la Metrópolis; pero no iba sola. Vegeta la seguiría con cautela para evitar que cualquier otra pandilla de mequetrefes interfiriera en su sueño de ser el príncipe de los narcotraficantes.
Continuará…
PD: Oficialmente por este medio pido disculpas por el atraso imperdonable en la continuación del fanfic. El siguiente capítulo está siendo redactado para poder subirlo en un período no muy extenso de tiempo. Me doy un plazo máximo de dos semanas para que puedan disfrutar de lo que sigue, ya que la historia a partir del capítulo 18 se pondrá mucho más caliente.
Gracias por seguir leyendo.
Bulnatt.
