Capítulo 18: Cambio de marcha
Eran pasadas las nueve de la noche cuando sonó el timbre. Bulma se levantó del sofá y caminó lentamente hacia la puerta. No tenía prisa ya que sabía perfectamente quien estaba del otro lado.
– Hola Bulma…– dijo una chica morena, algo sonrojada y con un bolso en la mano.
– ¡Milk! Pasa, hace frío afuera –le respondió la peliazul, cuando un poco de viento entró a la casa – No tienes de qué avergonzarte. Fui yo quien ofreció todo –dijo. La porrista entró, pero no había nadie detrás de ella. Bulma volvió a asomarse por la puerta para asegurarse – Milk, ¿y las demás?-
– ¡Ah! Es que muchas fueron a sus casas a pedir permiso a sus padres. Ya sabes lo preocupados que son los adultos –a Bulma le extrañó ese comentario, ya que los suyos se caracterizaban por ser todo lo contrario.
– Ojalá lleguen pronto porque ya pedí las pizzas –decía ella mientras recogía el bolso que Milk no sabía dónde dejar –Como todas dormiremos en la sala creo que las cosas las podríamos dejar en el cuarto de huéspedes.
– ¡Qué grande es tu casa Bulma! –gritó Milk, sin poder ocultar el asombro.
– ¿Tú crees? Bueno, puede que sí. Imagínate lo aburrido que es quedarme sola todo el fin de semana –le dijo la dueña de casa mientras tiraba el bolso de Milk en el sofá y la invitaba a sentarse junto a ella.
– ¿Y tus padres? –
– Tuvieron que salir por unos días –dijo sin mencionar lo del oso polar, era demasiado vergonzoso.
– ¿¡Qué! ¿O sea que estaremos solas? ¿No te da miedo? –
– Pensaba irme también, no me gusta estar sola. Pero me quedé en casa porque ustedes vendrían el fin de semana –
– No sabía eso. Bueno, si te causé problemas podemos cancelar todo –
– ¿Estás loca? Me parece genial que se queden aquí. Además Gokú tampoco está –
– Sí, pero menos mal que también encontraron un lugar para poder entrenar –dijo Milk. Bulma mientras tanto se levantó para buscar un cigarrillo. Cuando lo encendió, Milk la quedó mirando espantada.
– Pero Brief, ¡eso hace mucho daño! –gritó la porrista sin poder evitarlo. Bulma de inmediato se puso a reír.
– Por eso mismo fumo de estos –Milk la miró aún más desconcertada – Los hice yo misma, no son de los típicos. Supuestamente no tienen nicotina y contienen otra sustancia que me ayudará a dejarlo. Pero hasta el momento no veo ningún efecto– junto en ese momento el timbre volvió a sonar. Era un grupo de cinco animadoras acompañadas del padre de una de ellas.
– ¡Vaya! – Gritó el adulto – Sólo le di permiso a Jess porque se quedarían en la casa de la familia Brief. Pero sólo por casualidad, ¿puedo hablar con tu madre para cerciorarme que no hay problema? Porque según me dijo mi hija se quedará todo el equipo y me parece correcto que tus padres sepan a lo que se enfrentan. Estas chicas pueden ser algo desordenadas cuando se juntan todas a la vez –dijo mirando a su hija.
– ¡Pero papá! –gritó Jess con la cara totalmente enrojecida.
– No se preocupe –dijo Bulma, preparando su discurso manipulador – Mis padres están en una reunión de la empresa. Llegarán en dos o tres horas más. Pero no se alarme, estaremos bien. Tenemos comida para un regimiento de infantería –
– Deberían aprovechar de estudiar para los exámenes – dijo el padre.
– Sí señor, recuerde que se quedan conmigo, no podrán escapar de mí tan fácilmente– respondió Bulma. El hombre quedó conforme, por lo que dejó entrar a las cinco chicas que seguían detrás de él. Pero Milk la miró de nuevo, con la misma cara de espanto de cuando prendió el cigarro. Cuando cerraron la puerta y el papá estuvo lo suficientemente lejos, la porrista líder increpó a la peliazul.
– No es bueno que le mientas a los padres ¿No sabes qué pasaría si nos descubren? –las otras chicas miraron a Milk sin entender muy bien qué era lo que reclamaba. – Me refiero a que estaremos solas todo el fin de semana. Sus padres se fueron lejos de la ciudad.
– ¿Es eso cierto? –preguntó Jess.
– Pues sí, pero creo que somos lo bastante adultas como para quedarnos solas. No somos niñas Milk, no lo tomes tan en serio –dijo Bulma bajando la gravedad de la conversación –Además, ¡pedí mucha pizza! –las chicas comenzaron a reír y gritar de inmediato. Llevaban más de cuatro meses a dieta, así que supusieron que una salida del régimen no debía hacerles mucho daño – Y bien, ¿quién quiere un tour por la casa? – las chicas gritaron tan fuerte como si estuvieran en primaria.
– Pero Bulma –dijo Fina, otra de las chicas – Aún falta que lleguen dos animadoras.
-Bueno, entonces las dejo en libertad de acción. Las habitaciones están en esa escalera lateral- dijo mientras apuntaba a su izquierda, detrás del comedor de cristal –Pensé que querrían dormir todas juntas en el salón, pero si no, hay suficientes habitaciones en el ala este, también suficientes baños- dijo mientras caminaba de nuevo al sofá –Del otro lado en este piso están el comedor y la cocina- dijo apuntando hacia la derecha esta vez –Pero si no quieren conocer la mansión, ustedes se lo pierden. Yo pensaba que debíamos buscar un lugar cómodo para que puedan entrenar, quizás en el gimnasio o en la sala de estar- dijo ella con total naturalidad.
-Oye Bulma, ¿cómo es que estudias en una escuela pública?- preguntó otra de las chicas que había llegado –Alguien con tanto dinero podría estar en un colegio privado-
-Si estuve en uno- contó la peliazul –Pero todas presumían de sus fortunas y vacaciones, lo detesto. Odio los resorts, ¿estar quieta todo el día mientras un gordo sudoroso te hace masajes? ¡Qué asco!-
-Vaya que saliste rara, Brief. Yo te imaginaba justamente así- dijo Milk convenciéndose más que Bulma no era la típica niña rica.
-Yo te imaginé con un avión privado viajando a islas exóticas- dijo Jess.
-Sí, tengo un avión, pero es pequeño y yo lo piloteo-
-¡Qué suerte tener tanto dinero!- volvió a gritar Jess –Yo estoy con las animadoras por mi buen estado físico, pero también porque necesito una beca para la universidad-
-Y yo porque el equipo de artes marciales es sólo para hombres - dijo Milk sentándose al lado de la peliazul.
-¿De veras? Eso de juzgar a un libro por su portada no me pasaba sólo a mí entonces. Me las imaginaba algo más… livianas o… cabezas hueca- confesó Bulma avergonzada.
-¡También hay de esas!- gritaron Milk y Jess al mismo tiempo mientras apuntaban a las otras 4 chicas que miraban con ojos vidriosos la colección de unicornios de cristal de la señora Brief. –Y eso que todavía no llega Maron- volvieron a decir las dos porristas pensando en la chiquilla de diminutos atuendos.
-¿Maron? ¿Ella no fue novia de Krillin?- preguntó Brief.
-¿Te enteraste de eso?- preguntó Jess, acostumbrada a ver a Bulma preocupada sólo de los estudios. La peliazul sonrió nerviosa. Se levantó del sofá, puso sus manos en los muslos, muy cerca de la entrepierna y colocó cara de Britney Spears.
-Esa que siempre lleva hot pants de este alto, y que ¡corre de un lado a otro como si se estuviera orinando!- dijo en tono muy agudo, imitando un trote en círculos con los codos pegados a las costillas –y gritando "¡Krillin! ¡Querido Krillin!"-
-¡Síiiiiiiiiiiii!- gritaron Jess y Milk al mismo tiempo aplaudiendo la actuación de la ricachona.
Las cuatro animadoras restantes seguían en la colección de unicornios cuando sonó el timbre. Se escuchó, al mismo tiempo, un fuerte sonido de motor de motocicleta y unos chillidos femeninos.
-Esa debe ser Maron, ¿pero en moto?- se preguntó Milk.
-Yo digo que son las pizzas, ¿pero y los gritos?- dijo Bulma –Voy a ver, debe ser una repartidora-
Atravesó lentamente el corredor hasta llegar a la puerta principal.
-¡Holaaa! ¡¿Hay alguieeeen?- se escuchó la voz particular de la ex novia del calvo basquetbolista.
-Sí, esa sí que es Maron- se dijo la peliazul –¡Ya te abro!- le gritó desde el otro lado.
Giró la manilla de la puerta y allí estaba, la pequeña pero voluptuosa peliazul, vestida apenas con unos diminutos shorts y un top aún más microscópico.
-¡Oh! ¡Unicornios!- gritó Maron, quien pasó a llevar a Bulma para ir corriendo donde estaban el resto de las animadoras sin cerebro viendo la colección de caballos de fantasía.
-Bienvenida- dijo para sí la peliazul con una gota de sudor.
Iba a cerrar la puerta cuando volvió a escuchar el sonido de una motocicleta que apagaba su motor cerca de la entrada. Su corazón se aceleró… le era tan conocido que, hipnotizada, salió a la calle dejando la puerta abierta.
Mientras tanto, al otro lado de la ciudad, un pequeño personaje provisto de toda clase de artículos de espionaje, esperaba impaciente sentado en una de las mesas de Bar Ball. Estaba seguro que se encontraría con Bulma, Goku y el resto de la pandilla planeando estrategias, pero nadie había aparecido. Llevaba alrededor de tres horas esperando en la misma mesa, inquieto, ya que el jefe esperaba informaciones. Sin embargo, el lugar se veía tranquilo, sin rastro de sus sospechosos.
No podía esperar más tiempo, debía confesar el fracaso de la misión… pero justo en ese momento sonó el móvil.
-¡¿Popo?- respondió Dende al ver que el número pertenecía a otro del escuadrón infiltrado.
-Los equipos deportivos 'sa ancuentran' entrenando en las montañas - dijo el moreno, con su característico tono de extranjero.
-Eso quiere decir que Goku y los demás también están allá- respondió Dende.
-Afirmativo. Yo he 'astado' aquí desde hace tres horas, como asistente del entrenador. Los chicos no han tenido tiempo de descansar-
-¿Y sabes algo de Brief?- le preguntó Dende, con la esperanza de obtener su paradero.
-No, ella no está aquí-
Eso no era una buena noticia después de todo. Si Piccoro se enteraba de seguro se enfadaría, ya que siendo la principal sospechosa, debían saber su ubicación.
Dende agradeció la información y colgó. Se quedó pensando varios minutos, intentando averiguar en su cabeza qué hacer el resto de la noche. Su jefe esperaba un completo informe y él no tenía nada. No había otra opción, debía agotar su último recurso.
Avanzó hasta la barra mientras preparaba un discurso que sonara verídico. Preguntó por el jefe de local a una de las garzonas y esperó paciente, rogando que fuera Bulma. Sin embargo, apareció un chico de estatura muy baja, con las orejas grandes y caídas, con cara de pervertido pero de aspecto agradable.
-¡Qué quieres niño!- le preguntó haciendo uso de sus malos modales –Lo siento, pero ya no puedo venderle alcohol a los niños como tú, o Bulma me regañará y nos sacarán una multa- le dijo el pequeño personaje.
Oolong había conocido a Bulma y Goku en la búsqueda de las zapatillas mágicas, cuento que resultó ser un fracaso. Pero cuando la peliazul volvió a la ciudad, también se llevó al pequeño de malos modales con ella. Luego de un tiempo viviendo en la mansión, el papá de Bulma le dio trabajo en Bar Ball para que pudiera independizarse. Y cuando la hija asumió el control, el 'cerdito' quedó como administrador.
-¡No! No es alcohol lo que quiero- le dijo el pequeño Dende.
-Y entonces qué quieres, ¿no ves que es viernes y estoy muy ocupado?- volvió a gritarle el 'cerdo' administrador.
-Estaba buscando a la señorita Bulma Brief. Es que…- le decía mientras inventaba una buena historia- le tengo material de la escuela. Son ejercicios de matemáticas avanzadas… las Olimpiadas serán en unas semanas y yo…- le dijo, pensando que el chico se tragaría la historia.
-Pues no está aquí- le gritó, cortándole la frase.
-Por favor señor, ¡necesito ubicarla! ¡Es de suma urgencia!- gritó Dende algo desesperado.
-Está bien, está bien… sólo deja de gritar, ahuyentas a los clientes. A ver… deja llamarla al móvil, ¿no se te ocurrió hacer eso desde un principio?- le respondió Oolong.
-Es que no lo tengo- confesó Dende avergonzado.
-De acuerdo, de acuerdo… veamos- dijo Oolong mientras buscaba entre sus contactos a su jefa peliazul -Yo la llamaré-
Esperó unos instantes, hasta que la chica respondió el teléfono.
-¡¿Y ahora qué quieres Oolong! No me digas que pasó algo en el bar- se escuchó desde el altavoz del celular del administrador.
-Hay un chico aquí que dice que tiene algo tuyo de no sé dónde -
-Qué, ¿en serio? Qué cosa?- preguntó la chica desde el otro lado-
-¿Qué dijiste que era enano?- le preguntó Oolong a Dende.
-Guías de la escuela. Son para que practique para las Olimpiadas-
-¿Y quién es el que está ahí?- preguntó la chica desde el otro lado del móvil.
-Dice que se llama Dende- le dijo Oolong.
-Mmmm… no lo conozco, debe ser alguien nuevo del equipo. En fin, dile que venga a mi casa -
-Le diré. Pero no creas que te seguiré enviando recados. Y será mejor que mañana vengas a ayudarme un poco, este lugar está lleno de cosas pendientes- le gritó el pequeño administrador antes de cortar.
Oolong miró al chico, que era tan pequeño como él, y le explicó con detalles dónde quedaba la casa de Bulma. Dende ya sabía la dirección, pero de todas formas escuchó atento para hacerle creer al administrador que desconocía todo. Era parte del plan, había obtenido la información necesaria para vigilar a la chica.
Su especialidad eran los artículos de espionaje, por lo que la idea era insertar micrófonos en los apuntes, cosa de poder obtener la verdad acerca de Bulma Brief. Si esa familia tenía relación con la mafia narcotraficante, lo descubriría y lo probaría a través de los dispositivos. No había tiempo que perder, había que ir a la mansión cuanto antes.
Bulma cortó el teléfono totalmente molesta. Estaba segura que si avanzaba en silencio y lentamente por el patio encontraría a Vegeta. Pero el ruido de su celular la hizo despertar de su fantasía. Cada minuto se volvía más loca. Cada vez que estaba sola imaginaba un encuentro, vivía sintiendo el sonido de motocicleta, que él la rescataría de esa horrible rutina inútil. Pero quizás no era él, era la falta de aventuras… porque al fin y al cabo, ¿de qué servía amar a un hombre así? Lo que sentía quizás no era amor, y estaba necesitada de algo que Vegeta le podría dar… algo que logró con Goku en un minuto. No podía ser cierto que la leyenda de las zapatillas mágicas fuera mentira, quizás era una pista falsa. O quizás simplemente detestaba la escuela, la ciudad, el vivir la clásica rutina del ser humano, los estudios, luego la universidad, después trabajar, jubilar… ¿eso era lo que quería en su vida?
Justo en ese momento sintió un motor… ¿podría ser? No, era totalmente distinto, parecía más bien una 350cc, demasiado agudo para una Harley. Una moto pequeña se estacionó justo frente a la chica, que entre fantasías, imaginó cualquier cosa.
-¿Ésta es la casa Brief?- preguntó un adolescente pecoso, que dejó su cara visible en el momento que se sacó el casco.
-Sí- dijo la adolescente despertando nuevamente de sus ensoñaciones – ¿Qué desea?-
-Traigo las pizzas-
Bulma dio un suspiro. Decidió tranquilizarse, dejar que las animadoras llenaran sus pensamientos con conversaciones materialistas y disfuncionales. Entró con el repartidor y las cerca de veinte cajas de pizza baja en calorías. Las chicas quedaron en completo silencio por varios segundos, cada una tocó su estómago con miedo.
-¿No conocen al doctor Sears?- le preguntó Bulma a las chicas. Todas siguieron calladas –Bueno, para no hacerlo tan complicado- comenzó la dueña de casa, pensando en la mejor manera de hacerse entender –El doctor Sears es un científico que logró desdoblar la partícula de la proteína a través de la biotecnología, logrando que ésta pudiera unirse con el carbohidrato. Como deben saber, eso era imposible- las porristas tenían cara de estar escuchando a alguien hablar en chino mandarín –De esta forma se logra un producto con una distribución de nutrientes óptimo: un gramo de grasa, dos gramos de proteínas y tres de carbohidratos.- dijo la chica con los primeros dedos de su mano -logrando un control metabólico óptimo… ¿se entiende?- todas las porristas, e incluso el repartidor, estaban atónitos. Bulma, al no escuchar respuesta alguna, miró al cielo y resignada escupió: -Ok, son pizzas que no engordan, o que ayudan a bajar de peso- dijo rendida, al notar el bajo nivel intelectual de sus invitadas.
Un estruendo se escuchó incluso a kilómetros a la redonda, los gritos dejaron sordo hasta al pobre repartidor, que salió huyendo con el dinero luego de ver cómo las chicas se abalanzaban sobre el producto recibido.
No muy lejos de allí, desde la ventana y escondido como un espía de la CIA, cierto personaje seguía de cerca la escena de desborde femenino.
-¿Pizzas?-
Y es que Bulma Brief no estaba tan loca como creía. Hacía varias horas que Vegeta la estaba espiando fuera de su casa. Al principio solamente iba a entrar; a exigirle lo que ella le había prometido. Porque esos 'negocios farmacológicos' no podían ser otra cosa que el haber aceptado trabajar para él y así crear una nueva clase de droga, la mejor de todas. Pero justo después de estacionar su Harley y bajarse de ella, escuchó el grito estremecedor de otra peliazul, una que estaba vestida con diminutas prendas, con un tono de voz tan agudo como el silbato de un perro y unas curvas que más bien le parecieron de mujer que usa el sexo para comprar el pan. Fue ahí cuando se dio cuenta que la mansión de la familia más poderosa de la metrópoli estaba siendo invadida por un grupo de mujeres deportistas. Pero, ¿qué hacían ellas en la casa de Bulma? O lo que era peor, ¿dónde estaba el otro inútil de pelos parados?
Su cabeza maquinaba a mil por hora, ¿serían ellos los famosos estudiantes que repartían anfetaminas para aumentar el desempeño de los deportistas antes de las Olimpiadas? De ser así estaba en graves problemas. No porque su negocio podía fracasar, sino porque de ser cierto, Bulma se transformaba en su enemiga. Quizás la chica no era tan despistada como creía y sólo lo utilizó para después tener la oportunidad de eliminarlo. También existían otras razones, ¿sólo lo quería como otro distribuidor? Eso nunca lo permitiría, él no era ni sería nunca más esclavo de otro. Vegeta quería ser el líder, el jefe de su gran organización criminal.
No tenía otra opción, lo mejor era vigilarla con mucha cautela, obtener la mayor cantidad de información posible y atar todos los cabos sueltos necesarios para trazar el próximo paso. Se acercó a la ventana y comenzó a escuchar todo lo que se hablaba en el interior. Pero no pasaron más de quince minutos cuando la emperatriz salió de la casa. Estaba en silencio, mirando a su alrededor como buscando un objeto perdido. Quizás había notado su presencia, pero no podía permitirlo. Vegeta se mantuvo en el más profundo silencio por varios minutos, hasta que una pequeña motocicleta se estacionó frente a la chica.
-¿Será la mercancía?- pensó el maleante mientras ponía especial atención a cada movimiento de la joven y el recién llegado. Los dos que vigilaba intercambiaron unas palabras y entraron a la casa. ¡Eureka! Sí era lo que sospechaba. Lo más seguro es que dentro de esas cajas de pizzas estaban las cápsulas alucinógenas o las anfetaminas.
Siguió en su sitio, quieto como un gato montés a punto de atacar a su presa. Lo ideal era enfrentarse a Bulma en ese preciso momento, robar lo que el chico llevaba y salir huyendo del lugar. Pero si lo hacía, no podría contar con Bulma en una futura ocasión. No, lo mejor era esperar, seguir de cerca la transacción y ver si podía sacar la mejor ventaja.
-¿Pizza?- pensó al escuchar el discurso de Bulma sobre biotecnología, proteínas y metabolismo -¿Por qué les dice eso si quiere venderles droga?- Sin duda la mujer hacía cosas que no entendía. Si realmente esas cajas contenían la sustancia ilícita, ella debía convencerlas de otra forma, no diciéndoles que es un producto para adelgazar. Sin embargo todas las invitadas eran mujeres y más que mal, la droga de la que había oído hablar aumentaba considerablemente las habilidades físicas. ¿Sería eso? No había otra opción. Lo más seguro es que después de drogarlas gratis, les empezaría a vender cada vez a un precio más alto. Pero si Bulma estaba con las chicas, eso significaba que Goku, ese chico con cara de estúpido, se estaba encargando de los hombres –Ese maldito… ¡debo deshacerme de él cuanto antes!- gritó para sí.
Pero por ahora no le quedaba otra que seguir vigilando, y cuando encontrara el momento preciso, enfrentaría a la mujer. Mantuvo su posición por varios minutos, mientras vigilaba el gran apetito de las jóvenes animadoras. Sin embargo, el llamado de la naturaleza le jugaría una mala pasada.
-Maldición, tendré que ir a algún árbol- pensó. Se levantó con cuidado y caminó fuera de las instalaciones de la mansión Brief. Al principio lo encontró una mala idea, pero si las pizzas realmente contenían estimulantes, éstos no actuarían sino dentro de unos treinta minutos. Tenía tiempo de sobra para despejar su vejiga.
Dende estaba nervioso, aún no recibía llamada de su jefe. Le había dicho a Piccoro que iría directamente a la mansión de los Brief. Era una misión arriesgada, ya que de ser ciertas sus sospechas, corría el riesgo de ser descubierto al momento de dejar los micrófonos que grabarían cada paso de Bulma y su pandilla. Caminaba lento a través de las calles, sin estar muy seguro de lo que realizaría. Afortunadamente, a unos cuantos pasos de la casa de Bulma, su móvil sonó.
-¡Capitán! Al fin- gritó por el teléfono.
-Dime tu posición Dende- fue lo primero que le preguntó Piccoro desde el otro lado de la línea.
-Estoy muy cerca jefe-
-¿Hay alguien cerca tuyo? No quiero que levantes sospechas-
-No señor, estoy completamente solo. Espero instrucciones- le dijo el novato agente de la brigada policial.
-¿Por qué no me habías puesto al tanto de la situación? Nunca dijiste que no habías podido dar con el paradero de Brief. Popo fue el que se contactó conmigo y me dijo que los sospechosos se encontraban en las montañas. De no ser por él…- dijo el capitán, regañando a su aprendiz.
-Lo lamento. Estuve varias horas en el bar y nunca apareció, ¡lo juro!- dijo Dende, intentando disculparse. Pero ahora estoy seguro que se debe encontrar en este lugar. Instalaré los micrófonos, será la mejor forma de obtener las pruebas que necesitamos-
-Y cómo piensas hacer eso sin ser descubierto- preguntó Piccoro, que a estas alturas ya estaba molesto.
-No se preocupe jefe. Será la misma Bulma Brief quien nos colabore… aunque sea de forma indirecta-
-Más te vale Dende, más te vale. No quiero más equivocaciones-
-Ese hombre no se escapará de la policía. En cuanto aparezca en la mansión en alguna actitud sospechosa con Bulma, será detenido-
Vegeta, que al fin había descargado en un árbol cercano, notó la presencia de alguien no muy lejos de él. Como la última casa de la gran avenida era la mansión llena de porristas, volvió a esconderse para ver de qué se trataba. Y grande fue su sorpresa al escuchar que el pequeño chiquillo, que vestía la ropa del instituto de Bulma, era un agente de la policía.
-¡No puede ser!- gritó muy bajo –Están siguiendo a esa chiquilla…-
No podía escuchar qué decía la persona al otro lado de la línea, pero sin duda, estaba recibiendo instrucciones. Agudizó su oído al máximo nivel, pero no había caso, sólo escuchaba lo que decía el chiquillo impertinente.
-Lo lamento. Estuve varias horas en el bar y nunca apareció, ¡lo juro!- dijo el chico mientras hablaba por teléfono.
-¿¡Qué! ¡Es a mí a quién están siguiendo! ¡MALDICIÓN!- gritó sin poder ocultar su rabia. No le quedaba otra opción, lo mataría inmediatamente, sin compasión alguna. No podía permitir que sus planes se estancaran justo cuando estaba ad portas de armar el negocio de su vida. Y justo en el momento que sacó su revólver con silenciador y apuntó directo a la cabeza de Dende, escuchó lo que su mente nunca se hubiera imaginado:
-No se preocupe jefe. Será la misma Bulma Brief quien nos colabore-
No podía ser, simplemente no lo podía creer -¡ESA ESTÚPIDA MUJER! Todo este tiempo me estuvo engañando, ¿es otra policía?- No sabía qué pensar, su cabeza intentó armar las piezas de todo lo que había vivido con la hija de la familia más poderosa de la metrópoli, pero nunca, NUNCA, pasó por la cabeza que ella podría tratarse de una infiltrada.
-Suficiente… Esperaré a que el enano toque a la puerta, y cuando salga la otra granuja los mataré a ambos… esto se acaba aquí…-
Continuará…
