Notas: Yuhashi es C-18; Yuna, C-17


Capítulo 19: El espía

Aún no podía creer lo que habían escuchado sus oídos: "Será la misma Bulma Brief quien nos colabore". La frase se repitió unas doscientas veces en su cabeza ¿Desde cuándo era una infiltrada? ¿Acaso Bulma trabajaba con la policía? ¿Era ella una espía en cubierto? ¿Esa era la razón por la que…

-¿Ese maldito granuja de pelos parados será otro policía? ¡Por eso conocía mi nombre el muy imbécil!- Gritó para sí, recordando la primera vez que se vieron, aquella en la que Vegeta conoció la mansión. Durante esa presentación, el joven Goku le puso una cara bastante peculiar, como si lo conociera de años. Seguía pareciéndole extraño todo este asunto, aún no podía creerlo. Pero de ser cierto debía matarla junto al otro detective enano. Siguió al pequeño Dende hasta la entrada, escondiéndose entre los matorrales. Preparó su revólver con silenciador y esperó paciente la salida de la traidora.

Gritos femeninos y ensordecedores salieron desde el interior. "Quién es", "¡es un secuestrador!". Se escuchaban una serie de estruendos, todas en tonos de mujeres locas. Dende retrocedió ante tal desorden, pero volvió a tocar el timbre al darse cuenta que nadie le abría la puerta aún.

-Lo siento, es muy tarde para pedir limosna- le contestó una voz desde el otro lado.

-Busco a la señorita Bulma- dijo el pequeño desde la entrada.

-Lo siento, pero no le abro la puerta a los extraños, no te conozco- volvió a decir la voz.

Esa sin duda era la peliazul. Pero si la chica era policía, ¿qué hacía con un grupo de porristas en su casa?, y lo que era peor, ¿esa pizza no era droga después de todo? No podía matarlos aún, no mientras su nueva enemiga no saliera de la casa y comprobara que ambos eran espías.

-Soy Dende, de la escuela. Creo que el administrador del bar habló con usted. Sólo la buscaba para entregarle material de estudio- insistió el chico.

-Pues es muy raro que vengas aquí a estas horas… Además, ¿no sabes enviar un e-mail?- preguntó la chica no creyendo el discurso del invitado.

-¡Lo lamento! Verá… -empezó Dende, intentando relatar una historia lo más creíble posible- Esto debería haberlo recibido durante esta tarde, en el Instituto. El director Enma Daioh nos entregó una copia a cada uno. Sólo faltaba usted y me pidió de favor que se lo entregase a como diera lugar.

-Con que el director. Con razón, los adultos no tienen idea de las ventajas de Internet- había caído como una mosca.

-Jeje, creo que no- respondió Dende desde el otro lado.

-Mira, no tengo problema en recibir esos papeles. A tu lado izquierdo hay una caja metálica, es el buzón de correspondencia, puedes dejarlo ahí si quieres- dijo la chica más calmada -Pero no puedo abrirte la puerta, lo lamento. Es muy peligroso que este grupo de guapas mujeres dejemos entrar a un extraño a la casa.

-¿Está sola señorita Bulma?, ¿acaso sus padres no están en casa?- preguntó el agente, intentando obtener toda la información posible.

-Pero qué te pasa, ¡claro que están! ¡Ellos y mi grupo de perros asesinos dispuestos a atacar a cualquier intruso que intente meterse a mi casa!- gritó la chica. No era buena idea que todo el mundo se enterase que estaba sola. Un pequeño ruido electrónico se escuchó desde la casilla de correos donde el pequeño detective había ingresado el paquete.

Todo seguía siendo extraño. Si Bulma era policía, ¿por qué no lo dejaba entrar a la casa? Por qué tanto escándalo por un simple montón de papeles. Vegeta no podía entenderlo, y por lo mismo, nunca accionó el gatillo de su revólver. Todo era tan confuso, lo mejor era esperar y tomar con calma las acciones a seguir.

-Ya, aquí está- dijo Bulma desde el otro lado de la puerta -Sí, efectivamente son ejercicios de cálculo y álgebra.

-Sí, espero que le sean útiles señorita Bulma- dijo Dende.

-Sí, gracias. Pero no los revisaré hasta mañana, ¿eh? Ahora tengo invitadas y no estoy con deseos de estudiar. Además, es viernes- terminó la peliazul.

-Se lo agradezco. Disculpe haberle causado tantas molestias- dijo Dende mientras se daba la vuelta -Yo ya debo irme o me regañarán por volver tan tarde a casa.

-Seguro que sí- terminó la dueña de la mansión.

No tenía sentido alguno, ¿qué debía hacer? No había forma de matarlos a ambos simplemente porque Bulma nunca abrió la puerta. Decidió entonces volver a seguir a Dende, ese insecto no tenía por qué seguir con vida. Avanzó en silencio junto a él mientras el pequeño policía atravesaba el portón que protegía a la mansión. Pero justo antes de apuntar el gatillo hacia su próxima víctima, el sonido de un móvil desconcentró al maleante.

-Jefe- dijo el infiltrado al contestar el celular- Afirmativo, dejé los micrófonos en casa de Brief. Si ella o cualquiera de sus amigos tienen algo que ver con el tráfico de estupefacientes, lo sabremos gracias a esos dispositivos.

Ahora sí le encajaban las piezas. Vegeta no había escuchado mal, pero sí había malinterpretado las cosas. Bulma Brief no era una policía infiltrada después de todo, sino una sospechosa de tráfico. Los planes debían volver a cambiar, debía extorsionar a la peliazul, hacer que ella trabajara para él, pero al mismo tiempo advertirle lo de los micrófonos. Porque si esas pizzas contenían anfetaminas, todo quedaría en evidencia frente a los artículos de espionaje que Dende había logrado introducir en la mansión.

Un auto negro sin placa patente se llevó a Dende mientras Vegeta sacaba sus conclusiones. No había tenido tiempo de matarlo, pero no importaba, ya habría una próxima vez. Lo importante ahora era meterse a como diera lugar a esa casa, destruir esos micrófonos y planear con Bulma el negocio del siglo.


Al otro extremo de la provincia y en lo alto de las montañas, un grupo de más de treinta personas entrenaba sin descanso a pesar que ya había anochecido. El equipo de voleibol, de beisbol y de baloncesto se habían reunido con Roshi y el nuevo asistente de los equipos, el señor Popo. Nadie podía entender su presencia en un lugar lleno de ágiles, delgados y tonificados cuerpos de atletas. Y es que Popo no era exactamente una persona "esbelta", sino todo lo contrario. Pero al parecer, Roshi lo había elegido por sus grandes conocimientos médicos y deportivos. No le había quedado otra, ya que Lunch se había marchado a un pueblo lejano por algunas semanas. Al parecer, debía resolver asuntos muy importantes y le pidió perdón al maestro el tener que abandonar sus actividades.

Todo parecía marchar bastante bien con el entrenamiento. Popo conocía increíbles técnicas de acondicionamiento, tenía a la treintena bajo su mando él solo. Los hacía correr, saltar y sudar como nadie en sus vidas. Sin embargo, Roshi parecía decepcionado. Miraba el entrenamiento sin ánimo alguno, como si supiera que no valía la pena. Los chicos lo observaban con preocupación, de seguir así, no existían muchas posibilidades de salir victoriosos en las olimpiadas. Varios se le habían acercado sin éxito, el viejo entrenador simplemente se había rendido.

Por otro lado, Popo tampoco comprendía muy bien las razones por las que el profesor actuaba de esa forma. Ya había enviado varios informes a Piccoro detallando que hasta el momento nadie actuaba de forma sospechosa, sin embargo, Roshi ocultaba algo, estaba seguro de eso. Su energía no era la que lo caracterizaba y su estado de ánimo había decaído de forma totalmente sorpresiva. Era su deber averiguar si ese extraño comportamiento tenía que ver con lo que la policía estaba investigando.

Mientras tanto, Yamcha, Krillin y Goku conversaban sobre unas rocas. La plática se centraba en el más pequeño de estatura y su nueva obsesión con una rubia corredora.

-¡Vaya Krillin! Me sorprendes- le decía Yamcha en tono burlesco -Que yo sepa, sus personalidades son totalmente distintas.

-¿Con quién la estás comparando, Yamcha?- le preguntó Goku, al no conocer las historias amorosas de su calvo amigo.

-¡Pues de Maron! De quién más podría estar hablando- gritó el experto en relaciones amorosas. Goku lo miró sin comprender nada de lo que estaba pasando -Es una chica hermosa, de eso no cabe duda. Tiene un cuerpo espectacular y un carácter muy singular. Tú debes haberla visto, Goku, está con Milk en el equipo de animadoras.

-Pues no, nunca la he visto- dijo el despistado deportista.

-Sí, sé que es totalmente diferente a Maron -decía el cabizbajo Krillin- Pero hay algo en ella que me llama mucho la atención, como si ya la conociera.

-¡No te precipites! -le gritó un nervioso Goku- ¡Cómo es posible que la conozcas si llegó hace tan poco a la ciudad!

-No tengo idea Goku, sólo les digo lo que pienso. No creo que se fije en mí de todos modos.

-¡Arriba esos ánimos! -le dijo Yamcha- No puede ser peor que Bulma, así que relájate.

-Y cómo vas con eso Yamcha, ¿ya se arreglaron las cosas entre ustedes? -le preguntó Krillin.

-No tengo la menor idea de lo que está pasando. Decidí concentrarme en las cosas que son más importantes -dijo alegrándose a sí mismo- Sé que cuando terminen las Olimpiadas Bulma volverá sola a mí, estoy seguro de eso.

Goku empezó a toser fuertemente, se había atorado con las pequeñas galletas que estaba comiendo. Los otros dos lo miraron de inmediato.

-¿Acaso crees que no será así Goku? -le preguntó Krillin al joven de cabellos alborotados.

-¡NO NO NO! No me malinterpretes -gritó Goku mientras reía- Sólo me tragué muchas a la vez, ¡jajajajaja!- dijo mientras mostraba el paquete vacío a los otros.

-No creo que sea tiempo para reírnos tanto amigos -dijo Krillin mientras miraba algo a lo lejos- El maestro está muy raro, no ha hecho nada para entrenarnos. El único que se ha preocupado de algo aquí es ese nuevo asistente.

-Es verdad -dijo Yamcha- Han ido varios a tratar de hablar con él pero parece que no quiere.

-Eso es muy raro en Roshi -volvió a comentar el más pequeño de los tres- Él siempre tiene buen humor, pero hace días que lo noto así, tan extraño, como si no le importáramos.

-El problema es que los chicos empezaron a creer que ya no tenemos posibilidades en las competencias, eso debe ser -continuó Yamcha- Quizás el maestro averiguó algo de los contrincantes de las otras escuelas.

-¡No digan eso, Yamcha, Krillin! -les gritó Goku a los otros dos- No es eso.

-¡¿Tú sabes algo! -preguntaron ambos al mismo tiempo.

-Yo iré a hablar con él -dijo el joven mientras se levantaba. Goku sí sabía la razón por la que Roshi actuaba de esa forma. Y no podía permitir que siguiera en ese estado. Sus amigos lo vieron alejarse a la cabaña donde descansaba el entrenador.

Ya había anochecido y la mayoría de los deportistas se habían ido a sus sitios de descanso. Sin embargo, Popo seguía de cerca los pasos de quienes se habían quedado conversando en unas rocas cercanas a las canchas. Pero no pasó mucho tiempo cuando vio al joven Goku levantarse repentinamente. Lo siguió de cerca, especialmente porque notó que se dirigía a donde estaba el entrenador Roshi. Él debía ser la clave, posiblemente el deportista le confesaría sus problemas a su mentor. Seguramente Goku era la razón del comportamiento del viejo. No lo dudó, siguió al de cabellos parados hasta la puerta de su cabaña.

-¡Quién es! No quiero ver a nadie, ya lo dije -gritó el profesor cuando sintió que alguien llamaba a su puerta. Era la décima vez que un alumno intentaba subirle el ánimo. Ya tenía sobre su escritorio varias revistas de mujeres, algunas en ropa muy ligera, pero ni siquiera eso había hecho recapacitar al entrenador.

-Soy yo, maestro -Roshi lo reconoció de inmediato. Sin embargo, no podía entender qué quería ahora. No había necesidad de seguir con esa farsa, con esas olimpiadas sin importancia, de entrenar muchachos malcriados, de seguir con la mentira.

-¿No crees que ya estoy viejo para estos juegos?

-Por favor, déjeme entrar. Le contaré todo, lo prometo -dijo el joven desde el exterior.

-¿Hablas en serio, Goku?

-Sí -parecía verdad, o al menos eso hacía notar el tono de su voz. Goku esperó una respuesta por parte de su entrenador, pero ante su silencio, sólo se atrevió a terminar con un- Por favor... maestro.

-Está bien muchacho, entra.

Roshi se encontraba sentado al otro extremo de la cabaña. Miraba hacia el exterior como queriendo recordar tiempos pasados, épocas que parecían no existir más- En algún lugar, hace mucho tiempo…

-Así es -dijo el joven, que seguía de pie en medio de la sala.

-Entonces explícame -Roshi hizo una pausa. Se dio vuelta para mirar al adolescente de frente, que seguía de pie- Realmente no vale la pena, ¿o sí?

-Maestro. No deje a los equipos abandonados de esta forma. No nos deje de entrenar ni usted tampoco… -Goku hizo una pausa que duró algunos segundos- Yo nunca he dejado de entrenar…

Popo escuchaba atentamente la conversación. Al parecer, ellos dos se conocían desde hacía mucho tiempo. No lo pensó dos veces, tomó su grabadora de bolsillo y grabó la conversación a partir de ahí. Estaba seguro que el registro sería la respuesta a todo lo que andaba buscando.


-¡Al fin Yuhashi!

Su hermano lo había conseguido. Quinientos mil dólares en efectivo descansaban en la humilde mesa de la cocina. Les había tomado cerca de un año reunir esa cantidad de dinero. Habían logrado evadir a la policía y, al parecer, nadie sospechaba que dos hermanos de la preparatoria eran los principales narcotraficantes de la Capital del Oeste.

-Pero si con la mercancía sólo debimos sacar trescientos mil -dijo la chica, que incrédula miraba los cerros de billetes verdes con forma de castillo.

-Es muy sencillo hermanita, le aumenté el precio en unos cuántos centavos. Y como la droga es la mejor de la ciudad, se vendió de todas formas.

-¡Eres tonto o qué! ¡Ahora Gero querrá enviarnos más!

-Ese viejo no sabrá más de nosotros. Le daremos su dinero y nos iremos de aquí. Estoy harto de seguir las órdenes de ese viejo asqueroso.

-¿Y los demás chicos de la aldea? ¿Los dejarás solos? -preguntó la rubia. Sentía la necesidad de ayudar al resto de los niños de la comunidad.

-A mí no me interesa lo que pueda pasarles a ellos. Nadie ha intentado ayudarnos a nosotros.

-Tienes razón, el quiera su libertad, que se esfuerce.

Yuhashi caminó hasta el refrigerador y tomó las dos cervezas que aún quedaban. Le pasó una a su hermano y se sentó junto a él para admirar sus nuevos logros, la cumbre de dinero en efectivo. Al fin el sueño de ser libres se cumpliría, lo había esperado por tantos tiempo que ahora era extraño pensar que debían irse de nuevo, pero así lo habían planeado. La única forma de no ser perseguidos por la policía o por los espías de la aldea era alejándose lo más posible de la ciudad. Pero no estaba segura, algo le decía que no debía marcharse. Ese dinero era todo lo que necesitaban para tener una vida asegurada, pero aún así no sintió la felicidad que esperó encontrar. Algo faltaba, y no era la libertad precisamente.

-Estaba pensando en que deberíamos irnos a las montañas. Allí nadie nos encontrará -su hermano la sacó de sus pensamientos. Sabía que tarde o temprano diría lo que no quería escuchar.

-¿A las montañas?

-¿Acaso has pensado en otro lugar?

-Dejaremos la escuela… -dijo ella, intentando no parecer melancólica.

-Como si te hubieran interesado los estudios alguna vez -Yuna miró a su hermana creyendo saber la razón- Es por ene enano, ¿no es cierto? No entiendo cómo te puede gustar alguien tan feo.

-¡No me malinterpretes! Él no tiene nada que ver -gritó Yuhashi visiblemente avergonzada- Me imaginaba un lugar con más ruido. Las montañas son demasiado aburridas.

-Y entonces qué propones.

-¿Y si nos vamos a una isla desierta? Al menos habría animales y el sonido del mar.

-No entiendo, siempre estuviste de acuerdo en irte conmigo a las montañas. No sé qué te hizo cambiar tanto de parecer. Odio el mar y lo sabes.

-Lo sé…

-Hay que pensarlo de prisa, no podemos perder el tiempo en estupideces.


Qué extraña había sido esa visita. Pasar a su casa a altas horas de la noche sólo con la excusa de dejar ejercicios de álgebra. Intentó recordar al pequeño Dende pero no hubo caso, estaba segura que nunca antes lo había visto. Pero eso no importaba realmente, el pijama party debía ser su prioridad. Las porristas seguían en la sala planeando las mejores estrategias para salir campeonas. Caminó y cruzó el comedor mirándolas platicar. Siempre quiso rodearse de chicas y tener amigas, pero ahora que las tenía enfrente no le parecía tan buena idea. Le gustaba su independencia, su individualidad, el tener una opinión propia y no ser parte del montón.

Decidió subir las escaleras y dejarlas solas un momento. Quería dejar el material de estudio en su habitación para revisarlo más tarde. Aún al alejarse seguía sintiendo la fuerte voz de Milk que se imponía por sobre las demás, claramente era la líder y nadie la sacaría de ese lugar. Tenía muchos conocimientos de artes marciales, eso le había contado momentos antes, pero las mujeres no eran aceptadas en esas disciplinas. No le había quedado otra opción que unirse a las animadoras y en corto tiempo se convirtió en la jefa de todas ellas. Bulma la había juzgado, a Milk y a muchas otras de ese grupo. Pensaba que sólo dedicaban el tiempo a hacer sufrir a las demás, a vanagloriarse de su estupenda figura y a definir el orden social a su antojo. Existían de esas, pero no todas era iguales.

Caminó por el oscuro pasillo del segundo piso hasta llegar a su habitación, ni siquiera quiso prender las luces ya que sabía el camino de memoria. Tomó la manilla y atravesó el umbral. Su primera sorpresa fue encontrar la ventana del balcón abierta. El viento agitaba las cortinas dejando entrar la poca luz de los faroles de la ciudad. Caminó hacia allá y las cerró de inmediato. Era tan extraño, no solía dejar así su habitación. Se dio media vuelta y caminó hasta su mesa de estudio, dejó la carpeta con el material que le había entregado el extraño integrante del equipo de matemáticas y entró al baño para refrescarse.


-¿Nunca… has dejado de entrenar? -Roshi se dio vuelta para mirar a Goku directo a los ojos.

-No maestro.

Su comentario lo desconcertó. Todo ese tiempo quiso saber lo que sucedía. Dejó todo de lado, sus energías y su forma de ser. Él ya le había dicho que a su debido tiempo todos sabrían la razón de su visita, pero su obsesión llegó a tal extremo que había olvidado todo lo demás. "Nunca he dejado de entrenar". Sus palabras lo conmovieron, porque él había dejado de hacerlo y a los chicos del equipo también. Faltaba una semana para el inicio de las competencias y Roshi había dejado de entrenarlos.

-No digas nada más muchacho. Ve a dormir. Mañana empezará el entrenamiento más duro.

-Pero maestro, ¿ya no quiere saber… -El anciano movió su cabeza de forma negativa. Ya no era necesario. Goku tenía algo que hacer aquí, y él también.

-Buenas noches… gracias.

Popo no entendía nada. Con sólo decir esa frase Roshi se había calmado. ¿Sería una oración en clave? Sus sospechas aumentaban. Debía informar a Piccoro de lo sucedido. Aunque no servía de nada, ni siquiera tenía una pista ni nada que vinculara la conversación a algo ilícito. Pensó que la conversación seguiría pero vio a Goku despedirse y salir de la cabaña. Siguió vigilando a Roshi con la esperanza que hablara algo en voz alta, pero nada pasó. Todo se volvía más confuso con el paso de los días. Lo único claro es que las olimpiadas parecían ser el día en que todo saldría a la luz. Debía estar atento, tenía el presentimiento que no sería nada bueno.


-¡Bulma! -una voz se escuchó desde la entrada de su habitación- ¿Estás ahí?

-¡Sí Milk! Ya salgo.

Se había quedado más de lo debido encerrada en el baño. Había decidido tomar una ducha que luego se convirtió en un estimulante baño de burbujas. No pudo evitarlo, necesitaba un descanso en privado para reflexionar de los extraños últimos días. Ya tenía dieciocho años y recién empezaba a darse cuenta de ello. Se venían muchas responsabilidades y todos esperaban tanto de ella. Debía ser la mejor en las olimpiadas, la más inteligente en los exámenes y debía convertir a Bar Ball en el pub más importante de la ciudad. Tantas responsabilidades que no quería asumir. Y es que Bulma no deseaba ninguna de esas cosas, lo único que venía pensando hacía varios días era en salir de la ciudad, quizás encontrar la felicidad en otra aventura. Se imaginaba a Vegeta en motocicleta, de cómo él seguramente hacía lo que quería, con ese pelo al viento, sin pensar en el mañana, viviendo intensamente cada instante de su libertad. ¿Por qué tenía que venir a la mente justamente ese sujeto? Se había prometido sacarlo de su cabeza, para eso había invitado a las animadoras a entrenar a su casa. ¿Dónde estaría en ese preciso momento?, ¿había olvidado su promesa? Bulma giró su cabeza varias veces diciéndose "no" a sí misma. Él era un narcotraficante, una persona drogadicta que seguramente huía de la policía y tenía muchos problemas. ¿Para qué ayudar a alguien así? Más encima había tenido la desfachatez de aprovecharse de ella en dos ocasiones. Pero en parte, también era su culpa. "Estúpidas drogas". Quería encontrar la forma sentir lo mismo pero sin la marihuana, esa sensación placentera pero sin llegar a ponerse vulnerable ante las situaciones.

Salió de la tina y tomó una toalla para rodear su cuerpo desnudo. Seguramente la plática de las chicas había terminado y querían irse a dormir. Aún no las había repartido en las habitaciones, o quizás tenían hambre nuevamente. Salió de su baño privado dejando que el vapor se colara a su habitación. La puerta que daba al pasillo estaba cerrada, no recordaba haberla dejado así. Por eso Milk la llamaba desde el otro lado. Dio unos cuantos pasos para abrirle cuando sintió que dos fuertes brazos la tomaron por la espalda. Una afirmó su boca con rudeza y la otra aprisionó su cintura hacia el cuerpo de quien seguramente era un asaltante. Bulma trató de mirar a su alrededor sin saber qué hacer o decir, ni siquiera pudo gritar. Alcanzó a ver que la ventana del balcón se había abierto nuevamente cuando el maleante la arrastró hacia la cama. Aún sujetándola con firmeza, empezó a sentir la respiración del hombre acercarse a su cuello. Estaba en shock, se le pasaron mil cosas por la mente, desde la violación hasta la muerte. Pero luego, su voz la desconcertó hasta hacerla temblar.

-No intentes gritar, niña -esa voz… le era tan familiar- Eres tan ingenua mocosa, esos documentos son micrófonos para grabar todos tus movimientos. La policía te está investigando -su voz era apenas audible, pero definitivamente pudo reconocerla. Era Vegeta, el motociclista drogadicto había tenido el descaro de meterse a su casa de esa forma- No digas nada en voz alta o escucharán todo -la mujer seguía temblando pero ahora porque su toalla caería al suelo en cualquier momento- Haz dormir a tus amiguitas -dijo mientras apretaba con más fuerza la mano que rodeaba su cintura, haciendo que ambos cuerpos se unieran de manera peligrosa. Tu tono de voz también había cambiado, la boca de él estaba a milímetros de su oreja izquierda. El aire que salía de su respiración le daba cosquillas u otra sensación que no quiso confesar. Sin darse cuenta estiró su cuello para darle más espacio, dejando que la toalla cayera en la parte de arriba hasta donde las manos del hombre seguían aprisionándola hacia él. Vegeta no movió un músculo pero su respiración se agitaba, o eso podía oír Bulma al menos. Ambos permanecieron en esa posición por varios segundos. Ella intentó mover el cuerpo ligeramente pero la mano de él no se lo permitía. Fue cuando la chica empezó a sentir un bulto en la parte baja de la espalda que la hizo estremecer. Vegeta lo notó, e inmediatamente se alejó de ella- Te espero en la cocina… No se te ocurra gritar o vendrán a detenernos a todos.

Estaba estática, no entendía qué había sido esa sensación, o más bien sí lo supo y no negó mentalmente. Tomó la toalla que sólo la cubría de la cintura para abajo y la subió nuevamente. Se dio vuelta para mirarlo pero él estaba de espaldas. Tenía su chaqueta de cuero y la vestimenta de siempre. Vegeta llevó la mano que hace instantes cubría su boca y la apuntó al lugar en donde estaba la carpeta abierta con nada que pareciera sospechoso.

Bulma recordó sus palabras y volvió a la realidad. Cómo era posible que esos documentos tuvieran micrófonos espías. Quizás la policía la había vinculado a Vegeta y quizás en qué problemas estaba metido ese otro. No sabía qué hacer.

-¡Bulma!, ¿puedo pasar? -era Milk nuevamente desde el otro lado. Intentaba mover el picaporte pero la puerta tenía puesto el seguro.

-Sí, ya te abro.

Cómo iba a creer en esa historia tan inverisímil, ¿micrófonos insertados en papel? Parecía fantasía sacada de telenovela. Sin embargo, su padre había inventado un sistema para comprimir los objetos hasta guardarlos en una especie de cápsulas, algo que también era impensado en el ámbito de la física. Vegeta caminó al balcón sin decir una palabra ni mirarla nuevamente. En realidad no le había hecho daño y le estaba advirtiendo de una situación que podía ser cierta, debía deshacerse de esos micrófonos cuanto antes. Por alguna razón totalmente desconocida, le haría caso.

Salió a buscar a Milk. En efecto las muchachas querían descansar.

-Dijiste que si queríamos podíamos dormir en la sala -le dijo Milk mientras bajaban las escaleras.

-Eh, no, mejor las dejo en las habitaciones, son mucho más cómodas -no podía decirle que si las dejaba allí seguramente verían a su otro invitado.