Los personajes de Katekyo Hitman Reborn! No me pertenecen.


El ataúd está medio abierto, mostrando tan solo el rostro de Tsunayoshi Sawada. Mientras yo miro con ojos vacíos el sitio donde yace el cuerpo sin vida de él veo también a Kyoko que está abrazando el ataúd con sus manos.

Por primera vez en mi vida, por primera vez en todo el tiempo de amistad con Kyoko siento que la odio.

Ese era mi lugar, ese era mi sitio. Él era mío.

Aparto la mirada dolida y entierro mi rostro en el pecho del guardián del anillo Tormenta. Gokudera Hayato está a mi lado. Sus suaves y plateados cabellos caen ocultando sus ojos verdes. El ceño lo tiene relajado. Creo que él piensa que todo es un sueño.

Seguro que Tsunayoshi regresará.

Aprieto con mi mano la suya y jadeo.

―Es cruel. ―susurro.

¿Por qué tienes que morir cuando intento sacarte de mi corazón? ¿No vez que eso me hace sentir más culpable aún?

¿Qué tengo que hacer ahora con estos sentimientos que nacían por Gokudera? ¿Tengo que ocultarlos porque tú ya no estás? ¿Tengo que vigilar mis movimientos con él?

¿Por qué eres tan cruel Tsuna?

En fila, como si se tratara de un momento histórico, o como si recibieran el graduado de secundaria todos los guardianes están. Empezando por Lambo y terminando por Hibari que esta mirando con aires aburridos la sala.

Pero hay algo que llama la atención en Hibari. Sus tonfas. Hoy no las porta.

¿Es una muestra de ligera amistad?

Lambo mantiene sus ojos de un lado a otro, buscando a Reborn, quiere sentirse consolado como yo, pero el Arcobaleno no esta en la sala. Desapareció.

Alzo los ojos y los vuelvo al ataúd. Kyoko sigue ahí, llorando y ensuciando el ataúd de Tsuna.

Aprieto los labios. No tengo que odiarla, no es su culpa. No lo es…

Pero no puedo, siento que mi corazón estallara en cualquier momento. Algo se rompe, estalla, se dispersa en mi corazón. La semilla del odio.

Odio a Tsuna y Kyoko. Los odio.

Hibari desaparece en un parpadeo, se marcha con gracia y frialdad de la sala donde uno se despide de Décimo Capo de la familia Vongola.

El vino se sirve como si fuera una fiesta. Nadie derrama una lágrima, pero en sus ojos se ven el dolor, la angustia y el desazón de no volver a ver a Tsunayoshi.

Gokudera es el más compuesto. Saludo con frialdad a los amigos de Tsuna. Creo que Gokudera morirá pronto. Él busca venganza, en sus ojos se ven el deseo de cobrar venganza por la muerte de su jefe. De su Yondaime. De su Décimo.

Yo agacho la cabeza y me voy a lado de Lambo, a consolar al pequeño niño que cuide cuando era pequeño, que lo ame como si se tratara de un niño corriente.

Le pongo una mano en el hombro y él me mira con rapidez.

―Haru. ―su voz tiembla, aprieta los labios y segundos después me abraza sofocándome, llora como aquel entonces donde era un niño asustadizo. Llora como aquel día que pidió chupetines.

Ah, este es mi pequeño y adorable Lambo pienso.

Lambo llora contra mi hombro, jadea y sus ojos brillantes se opacan por la tristeza. Entonces yo miro a otro lado, sabiendo que si lo veo llorar yo también caeré.

La acaricio los rizados pelos sin mirarlo.

Gokudera… a veces me pregunto, si me hubiera enamorado de ti primero… ¿Seguiría sintiendo este dolor en pecho?

Gokudera… a veces me pregunto… ¿Podré olvidarme de Tsuna?

Gokudera… a veces me pregunto… ¿Tú me odias?

Gokudera… Gokudera… ¿Por qué estamos tan callados?

Reborn aparece, su rostro esta serio, no oculta su mirada ónix, creo que es para dar a entender que él no llorara, por más que su estudiante haya muerto.

Es frio y distante, el aura que desprende Reborn es más oscura, más tenebroso.

Me alejo de Lambo con una conciliadora sonrisa en los labios y una promesa que yo siempre estaré ahí por él.

Sé que es mentira… pero es mejor vivir engañados teniendo esperanzas que vivir solos y con dolor.

Me acerco a Reborn y miro de reojo a Gokudera que asiente a las preguntas de los subordinados de personas que estoy segura que son lacayos de otras mafias.

―¿Cómo murió? ―pregunto suavemente, no queriendo hablar más, apunto como mi mirada al ataúd y Enma Kozato que mira al frente sin pestañar, parece lejano.

―Protegiendo a un amigo. ―responde Reborn curvando los labios. ―Es un estúpido pero no se podría esperar menos de Dame-Tsuna.

Yo asiento.

―Sí, es cierto.

No decimos más, creo que las palabras solo serían vacías si seguimos hablando, si seguimos pensando que esto en realidad no paso.

Gokudera… ¿Por qué no lloras?

Con mi mano aprieto suavemente el hombro de Kyoko.

―Recomponte. ―susurro, de reojo su hermano me mira, esperando algo más, tal vez que yo grite contra ella, pero niego, no haré eso, no ensuciare el ataúd de Tsuna, no llorare delante de ellos. ―Eres Kyoko, la mujer amada de Tsuna, recomponte.

Sus ojos, lágrimas, su boca, jadeante, Kyoko es un espectáculo, un ridículo espectáculo que sería yo si no contuviera mis sentimientos. Le aprieto otra vez el hombro y le sonrió brevemente.

A veces siento que la vida no tiene sentido, salgo aturdida de cada giro que da la mía, y herida.

Nos miramos a los ojos, somos los últimos que quedamos en el desolado mausoleo que es velado Tsuna. En nuestros ojos está el pesar.

Giramos la vista hasta Tsuna, que aún muerto nos separa.

―¿Cómo estás?

―Bien.

Yo asiento, pongo un mechón de mi pelo tras mi oreja.

―A veces siento que Tsuna es cruel, otras que es pícaro con la vida, y otras… que es vacío. Ahora mismo es lo último.

Sonrió y niego.

―¡Que estoy diciendo!

―Cálmate mujer.

Muerdo mi labio sin poder contenerme.

―¡Tsuna es cruel! ¡Maldita sea, es jodidamente cruel!

―Mujer…

―¡Lo odio! ¡Odio a Tsuna, me está haciendo mucho daño!

―¡Cálmate!

Gokudera se mueve más rápido que un pestañeo, me coge de los hombros y me sacude con violencia.

―¡No grites en presencia del Décimo!

Sus hombros, antes que me parecían cálidos, protectores se convierten en una derrumbada pared, tiemblan, parece morir de frío, pero ahí está él. Mirándome intensamente con sus verdes ojos, con los labios tensos y su cara pálida.

Gokudera… ¿Por qué no podemos llorar?

Muerdo mi lengua para no gritarle.

Verdes, intensos como un océano, lejanos como el cielo, cálidos como el rayo del sol y negros como la noche. Sus cabellos plateados caen por sus mejillas, siento el cosquilleo en mi cara y me pongo de puntillas, aprieto mi boca contra la suya y reprimo lo que siento, ganas de llorar, ganas de gritar y ganas de morir.

Le beso la boca con suavidad, muevo mis labios suavemente mientras engancho mi mano en su pelo atrayente.

―…Gokudera…

Hayato suspira contra mi boca. Me acaricia mi mejilla.

―Mujer.

―Huyamos, lejos, donde nadie pueda encontrarnos, muy lejos.

Entonces se aparta, me mira con furia, sus ojos son feroces, como los ojos de Tsuna cuando batallaba, feroces, rizados como el sol, llameando.

―No.

Gira y hace una reverencia al ataúd de Tsuna, y sé que será la última vez que lo vea. Tengo ese presentimiento.

Desaparece, Gokudera desaparece, se desvanece como una ilusión, todo a mí alrededor se apaga poco a poco y grito, me derrumbo.

Gokudera… ¿Alguna vez nos amamos?

¿Alguna vez dijimos que nos queríamos?

Gokudera… ¿Sientes este mismo dolor que yo? Y si es así ¿Por qué?

¿Por Tsuna que era tu amigo y hermano…

O

Porque nunca tuvimos oportunidad de darle un sí a esto que sentíamos?


N/A. Whao, sí, eso, Dios no me lo puedo creer, soy masoquista ¿Eh? Jodidamente cruel, pero me gusta ser así. Espero que os haya gustado.

P.D Este final me salió así porque leía un shojo que era más drama que amor y me convirtió en esto, si queréis culpar a alguien ¡Culpad al shojo! kjakajka