A KAIBA'S CAROL - CAPÍTULO 3
DISCLAIMER: Ya saben... A Christmas Carol pertenece a Dickens y Yu-Gi-Oh! a Takahashi. Respeta eso o los fantasmas de la Navidad te visitarán a ti.
¡He vuelto, al fin! Lamento haberme demorado tanto, es realmente poco el tiempo que tengo para acceder a INTERNET, pero aquí estoy. Y vaya... no puedo expresar lo feliz que me siento por que este fan-fiction haya sido tan exitoso. Una vez más os agradezco a todos de corazón, ¡realmente os adoro!
Bien, debo reconocer que sí, me quedó un poco maniático Yami en el capítulo anterior, pero eso está bien, por una razón que mejor me reservo, no se preocupen, no está loco. En cuanto a Pegasus muerto, qué puedo decir, a veces la vida es un poco efímera. Hay, por supuesto, unas circunstancias y una razón para esa muerte. Realmente les sorprenderá saber quién a muerto o no. Por si queréis saberlo, ya tengo en mi cabeza la historia bastante adelantada. Sí, ya sé quienes serán los tres fantasmas, y sí, ya sé cuál es el papel de Yami en esta historia (y ha de ser un papel espectacular).
Espero que disfruten este tercer capítulo, y al final, lo comenten. Confieso que no sé qué impacto causará en ustedes, así que por favor necesito critiquen todo cuanto puedan de este capítulo. Todas las críticas y sugerencias se agradecen, contribuirán al mejor acabado de esta y mis futuras historias.
********25 de diciembre de 1999 07:56 AM********
Sobre la tristeza de Yami y la visita que incordió a Seto Kaiba
No había dormido prácticamente. Dos o tres horas después de la visita de Kisara, Seto había despertado de una pesadilla en la que aparecía ella, luego no había vuelto a pegar un ojo. Se sentía cansado, demacrado, no tenía ni las menores ganas de levantarse. Sin embargo debía hacerlo, tenía algunas cosas que buscar en su oficina y debía dejarlo todo organizado para cuando las Navidades terminaran.
Apesadumbrado, se levantó, se aseó y bajó a desayunar.
Veinte minutos después, Seto Kaiba marchaba hacia su oficina. La mañana estaba turbia, no nevaba, sin embargo hacía un frío terrible, pero no para Seto. Nada era demasiado frío para él. A pesar del tiempo, muchas personas ya habían salido a las calles. Varios transeúntes le desearon felices Pascuas, a los que respondió con un bufido.
Mientras tanto, Yugi acababa de levantarse. Cuando bajó se encontró a Yami dormitando, sentado en la mesa del comedor con un sandwish a medio comer.
"Se ha quedado dormido" pensó Yugi "Debe haberse pasado la noche en vela".
Yugi entonces se percató del frío imperante y se abrazó a sí mismo para darse calor. Se aventuró hacia la ventana cerrada, justo para ver, casi de soslayo, a Seto Kaiba cruzando la calle, alejándose probablemente hacia su oficina.
- Qué raro, Seto está dando un rodeo enorme para llegar a su trabajo. ¿Por qué no simplemente va por la otra calle?
Lo dijo en voz alta sin quererlo, pero despertó a Yami, que alzó la cabeza, despierto completamente.
- ¿Eh? - se preguntó confundido. Vio a Yugi y recordó la pregunta - Ah, es eso. Simplemente, allí solíamos vivir, ¿recuerdas? En esa calle que Seto evita.
- ¿Que Seto evita esa calle?
- Sí, sobre todo en esta época - dijo Yami, poniéndose de pie. Miró a Yugi como si preguntara algo demasiado obvio - ¿Aún no te das cuenta?
Yugi cayó en la cuenta y abrió los ojos con sorpresa.
- Eso es... ¿Seto evita esa calle porque fue allí donde ocurrió...?
- Sí - asintió Yami, con el rostro entristecido - Así es. Luego del accidente nos mudamos para acá. Supongo que era demasiado doloroso para todos seguir viviendo frente al sitio donde Kisara perdió la vida.
Yugi miró a Yami lastimosamente. Yami también sufría por la muerte de Kisara, había sido como una hermana para él. Incluso ahora que era un fantasma no podía verla, por estar atado al mundo de los vivos. En las ocasiones en que pensaba en ello, Yami perdía todo su carisma y su alegría natural y se volvía como Seto durante unos minutos. Entonces se recuperaba con una rapidez pasmosa.
Era increíble como aquel hecho había cambiado para siempre la vida de tantas personas.
- Algún día volverás a tu mundo, Yami - le dijo Yugi, intentando consolarlo.
- No es ese el problema, Yugi - dijo Yami, con la misma expresión melancólica - En estas épocas los fantasmas se hacen visibles para las personas que realmente creen en su existencia. Yo soy el único que puede ser visto en cualquier época del año, así como soy el único que existe entre los dos mundos al mismo tiempo.
- ¿Los dos mundos?
- Exacto. El Mundo Real y el Mundo Fantasmal. El mundo fantasmal es como el inframundo, el cielo, el infierno, como quieran llamarlo. Está superpuesto directamente sobre el mundo real, de tal forma que los elementos del mundo real tienen un idéntico en el mundo fantasmal, solo que "muerto". Así por ejemplo estos árboles llenos de vida en este mundo, en Mundo Fantasmal son árboles negros y muertos.
- ¿Quieres decir? ¿Que lo que está vivo en el mundo real está muerto en el Otro Mundo?
- No tanto así - replicó Yami, prosiguiendo con su explicación - "Cuando una puerta se cierra, otra se abre" Básicamente, cuando algo muere, algo nace. Esos árboles muertos son sustituidos en este mundo por árboles jóvenes. Por cada alma que muere nace una nueva. Es un ciclo constante, sin fronteras. Yo permanezco en el mundo real cuando en realidad pertenezco al mundo fantasmal.
- Sin embargo, ¿eso qué tiene que ver con Seto Kaiba? Has cambiado de tema muy rápidamente.
Yami sabía que ya había hablado demasiado. Se había dejado llevar por su tristeza, pero estaba bien. Yugi realmente no comprendía sobre la existencia de dos mundos, tampoco sabía nada de las Grandes Mentes, y tampoco nada de las pruebas de Seto.
- Solo digamos que si Seto sobrevive a esta Navidad, las próximas serán mucho más animadas - añadió Yami, recuperando su habitual sonrisa, dejando a Yugi con una confundida expresión.
- Finalmente - se dijo Seto, una vez que cada papel estuvo en su lugar. Había terminado de ordenar su escritorio. Entonces escuchó de repente un sonido familiar e inesperado.
Era la pesada puerta de entrada del edificio, que acababa de abrirse. Seto la había dejado abierta, tampoco esperaba que nadie entrara. Eliminó rápidamente la posibilidad de que fueran Joey o Duke, esos dos seguramente estarían en sus casas celebrando las estúpidas navidades. De modo que Seto, armado con el valor propio de alguien que no teme a nada excepto a la alegría, salió al encuentro de la persona que acababa de entrar.
Distinguió en el umbral a un hombre muy bien vestido, llevando un abrigo azul oscuro, parecido a los que usaban los detectives en las películas clásicas. Tenía la piel curtida por el sol, el pelo rubio y corto, los ojos negros, y una mirada fría que fácilmente competía con la de Seto.
- ¿Qué es lo que desea? - le preguntó Seto, ignorando las normas de buena conducta.
- Buenos días y feliz Navidad para usted también, señor Kaiba - le respondió el desconocido, no olvidando dichas normas - Me disculpo por haber entrado sin anunciarme, pero vi la puerta abierta y pensé que estaría aquí mismo en el vestíbulo. - hizo una cortés reverencia - Mil perdones.
- Está bien - dijo Seto, bajando las escaleras, sin dejar de mirar al sujeto - ¿Quién eres tú?
- Mi nombre es Rafael - dijo el hombre. Seto reparó en que llevaba un maletín de trabajo forrado con piel negra - Soy el vicedirector de Kaiba Corp.
La mención de la empresa originalmente de su padre hizo que la mente de Seto se disparara y comenzara a pensar a toda velocidad.
- ¿Qué es lo que quieren de mí esta vez?
- Bueno, eso es bastante obvio, señor Kaiba - le dijo Rafael - Lo queremos de vuelta en Kaiba Corp.
Seto se sorprendió al escuchar eso. Sin embargo ya tenía una respuesta, era la misma respuesta que daba todos los años. Le sorprendía que no se rindieran después de tantas veces haber rechazado aquella protesta.
- Por favor, ya sabes lo que voy a responder - dijo Seto, con los brazos cruzados, parándose frente a Rafael - Leo las noticias diariamente. Mi hermano Mokuba está dirigiendo la empresa y han obtenido resultados excelentes. El juego que inventó recientemente, "Light&Dark Quest", ya ha sido exportado al resto del mundo y tiene miles de seguidores. ¿Para qué entonces me necesita mi hermano?
Tres años atrás, Seto había renunciado a su trabajo en Kaiba Corp. La empresa desde entonces había estado bajo el mando de su hermano menor, Mokuba Kaiba, perfectamente capaz y que había lanzado las ventas con su astucia y su conocimiento sobre los gustos de los chicos, precisamente debido a que él era un chico. La empresa había producido hasta entonces más de 50 juegos para PC, todos y cada uno de ellos exitosos en cuanto a ventas y aceptación por parte del público.
Mokuba comprendía a su hermano. Sabía que después de lo sucedido con Kisara Seto ya no sería el mismo de antes. Su hermano mayor se autodestituyó de su cargo e inició su propio negocio. Por qué Seto había preferido una vida normal y sencilla antes que la fama y todo el dinero de su familia, era lo único que nadie comprendía, y Seto, cerrado en sí mismo, siempre cambiaba el tema si le preguntaban.
- Su hermano lo necesita porque es vuestra familia, señor Kaiba - le dijo Rafael, mirando a Seto fijamente - En estas épocas las familias se reúnen y pasan el tiempo juntas, disfrutando la alegría de tenerse unos a otros. Su hermano solo quiere compartir eso con usted, quiere tenerlo cerca. Es solo por eso que quiere que usted vuelva a Kaiba Corp!
Seto miró a Rafael, preguntándose si esas palabras eran realmente de su hermano o si Rafael lo había dicho por él mismo, conociendo aún así la verdad.
- Mokuba sabe que yo odio las navidades - dijo Seto, sin dejar de mirar a Rafael - Sigo queriéndolo como a mi hermano, pero no puedo simplemente olvidar la razón por la que aborrezco toda celebración. Mokuba no me ha mandado a buscar solo por eso. Tiene que haber algo más. Mokuba sabe que yo no iré solamente porque él me lo pida.
- Usted es un ser despreciable - le dijo Rafael, con el ceño completamente fruncido - ¿Cuando te volviste una persona así? - preguntó, esta vez tuteando a Seto.
- Cuando morí - le respondió Seto. En cierto modo, era cierto. Desde aquel día, que coincidía precisamente con el día actual, el viejo Seto, el alegre Seto, había muerto. Ahora solo quedaba Seto, el que nunca sonreía.
- Es imposible, que tanta indiferencia, tanta frialdad puedan residir dentro de una persona viva. ¿Cómo es posible que ignores una solicitud proveniente de tu propio hermano?
- ¡Les he dicho que me dejen en paz, a todos! - estalló Seto. - ¡odos no hacen otra cosa si no preocuparse por mí y porque odio la Navidad! ¡¿Por qué no se meten en sus propios asuntos?
Aquel día, el 25 de diciembre, desde el incidente, era el peor día de su vida. Era el día en que su demonio interior se liberaba por completo, el día en que el dolor, la nostalgia, la ira, se multiplicaban por diez. El día en el que el resto del mundo se regocijaba por estar vivo, él lamentaba profundamente su existencia.
- Tú no eres Seto Kaiba - le dijo Rafael, olvidando toda la formalidad antes demostrada, conteniéndose tanto como podía para no golpear al hombre que tenía delante - Tenías razón, el hermano de Mokuba murió junto con esa joven hace tres años. Sí, Seto, yo estaba allí en el momento del accidente. Todos los amigos de Yugi estábamos allí. Todos sufrimos amargamente la muerte de Kisara, pero solo tú has persistido en ese sufrimiento. Has olvidado todo lo que fuiste en el pasado, incluso me has olvidado a mí. Pero lo peor es que has olvidado a tu hermano.
Rafael se dio la vuelta y caminó hacia la salida, resignado. Abrió la puerta y, antes de irse definitivamente, se giró una última vez hacia Kaiba.
- Perdón por haber tenido fé en ti - le dijo, con la mayor frialdad posible - Te aseguro que no te molestaremos más, pero ten algo en cuenta. Cuando mueras de dolor, nadie irá a poner flores en tu tumba.
La puerta se cerró con estrépito, y Seto se quedó allí, de pie, sorprendido por lo que acababa de suceder. No podía creerse lo que había dicho, no podía. Había sido como si una fuerza exterior lo controlara, como si se hubiera dejado dominar por el dolor y la furia y ellos hubieran hablado por él. Se sintió condenado, maldito, se llevó las manos a la cara y se mantuvo así por largo rato.
De vuelta en su casa, Seto intentando olvidar su ataque de ira cuando vio a Rafael, se acostó a dormir, a pesar de que apenas era mediodía.
Cuando despertó, comprobó el reloj digital, y sus ojos se le abrieron como platos, al ver la fecha y hora que marcaban los verdosos números del aparato.
00:40
Tenía que ser un error, Seto simplemente no había podido dormir durante casi doce horas seguidas. Miró hacia la ventana, pero no distinguió casi nada. La noche envolvía la calle, solo se veía una luz en la ventana del edificio de enfrente, sombras de gente bailando se proyectaban a través de ella.
No había ninguna duda, se había hecho de noche. Mirar el reloj de nuevo le hizo pensar en la advertencia de Kisara.
"Mañana en la madrugada, a la 1:00 de la mañana, vendrá a visitarte un fantasma de la Navidad, que te someterá a la primera prueba. "
Automáticamente su cerebro le respondió que todo aquello había sido un sueño, pero cuanto más Seto intentaba pensar que lo era, más su imaginación echaba a volar y asociaba su visión con la más pura realidad.
Decidió que esperaría a la hora señalada. Si era cierto, algo ocurriría, pero sino, todo seguiría igual.
El reloj avanzaba lentamente, implacable, no podía pedirle que se apresurara, paulatinamente el dios Cronos seguía su pausada carrera hacia el infinito.
- Doce cuarenta y cinco... - anunció para sí mismo Seto.
Tic... toc... tic... toc...
- Doce cincuenta... - la tensión dentro de él aumentaba por momentos.
Tic... toc... tic... toc...
- Doce cincuenta y cinco... - ya casi era el momento...
Tic... toc... tic... CLOOONG! CLOONG! Sonó el gran reloj de la plaza, fue un sonido melancólico, hueco, apagado, que a pesar de la lejanía Seto pudo escucharlo como si tuviera el gran reloj delante.
Pasaron varios segundos de incertidumbre, pero nada ocurrió.
Seto comenzó a exasperarse. ¿Habría sido, después de todo, solo un sueño?
- Je, lo sabía - se dijo Seto, viendo fijamente hacia su reloj. Quince segundos, y aún nada ocurría. Un sueño, después de todo.
Seto se acostó dejándose caer sobre el colchón, no tenía sueño, pero aún así intentó dormirse, tapándose para ello con su sábana.
Mas de pronto sintió Seto cómo la sábana lentamente se movía, halada por una mano que intentaba destaparlo. Seto se incorporó de inmediato, por instinto, y se quedó de una pieza al ver lo que estaba frente a sus ojos. Agarrando la blanca tela que antes lo había cubierto, se hallaba un prodigio. Era un hombre alto, demasiado alto, cuyo pelo blanco se extendía más allá de sus hombros, y cubría la mitad derecha del rostro del recién aparecido. Llevaba un traje rojo brillante, zapatos de cuero blanco, en su mano derecha sostenía una copa de un líquido que parecía vino y que resplandecía por sí solo.
El sobrenatural visitante, al igual que Kisara, brillaba con luz propia, un aura blanquecina lo cubría, y Seto podía ver a través de su cuerpo. El personaje sonrió a Seto, que no daba crédito a sus ojos, aunque por otro lado no le sorprendía.
- ¿Eres tú el espíritu cuya llegada me fue advertida? - le preguntó Seto al fantasma.
- ¡El mismo! - respondió el fantasma. Tenía una voz tranquila y confiada.
- ¿Quién eres exactamente? - preguntó Seto, entrecerrando los ojos, adaptando su vista a la luz que emitía el espectro y ahora reemplazaba a la completa oscuridad antes reinante.
- Yo soy el espectro de las Navidades Anteriores - dijo, haciendo una reverencia - Mi nombre es Maximillion Pegasus.
- ¿Y qué asunto te trae? - se atrevió a preguntar Seto, aunque le pareció que la respuesta era obvia.
- Tu futuro - respondió Pegasus, y bebió un sorbo de su copa. Seto lo miró extrañado, y pensó que tenía que ser una broma.
- Raro que alguien como tú piense en bromas - comentó Pegasus, dejando a Seto completamente desconcertado. Se preguntó si aquel espectro podía leer su mente.
- Sí que puedo - aseguró Pegasus, sonriendo con malicia - ¿Prefieres quedarte aquí adivinando si soy real o no o prefieres acabar con esto de una vez? No tengo mucho tiempo, pero me parece que tú tampoco.
Seto miró a Pegasus.
- Haz lo que quieras.
- Si insistes - dijo Pegasus, encogiéndose de hombros. Entonces agarró a Seto por un brazo, y antes de que este pudiera decir algo, ambos desaparecieron en un chorro de luz blanca.
La habitación quedó completamente a oscuras.
01:02
*****Fin del Capítulo Tercero*****
POST-DATA!: Actualizaré el próximo 27 de noviembre, seguramente, así que esperen para esa fecha, en horas de la tarde.
