A KAIBA'S CAROL - Capítulo 4

DISCLAIMER: Ya saben... A Christmas Carol pertenece a Dickens y Yu-Gi-Oh! a Takahashi. Si no estás de acuerdo los fantasmas de la Navidad te visitarán a ti.

I'm back! Me odio... ¡Me odio a mí mismo! Gente, lo LAMENTO PROFUNDAMENTE Y CON TODO MI CORAZÓN, pero el hecho es que ahí estaba yo, el pasado sábado, listo para actualizar mis an-fiction, y de pronto... ¡TWIN! Pendrive fastidiado... GRRR! Exacto, mi flash de pronto dio un muy extraño "Error de E/S" y tuve que formatearla completamente, sin esperanzas de recuperar la información. Perdí no solo todo lo que había escrito... ¡SINO TODOS MIS ROMS DE YU-GI-OH Y DE POKEMON! ¡AAAAAAARGH! (Furia excesiva).

De cualquier modo, tuve que comenzar a escribir de nuevo, y aquí estoy, mostrándome descaradamente después de haberos decepcionado a todos. Lo siento, de nuevo, mal por mí por no hacer copias de seguridad de lo que escribo, y por ponerle fecha a mis escritos. Si pueden perdonarme, os estaré profundamente agradecido.

Y bien, pasando a temas de AKC... Nada, os dejo con este capítulo. Si quieren comentar algo sobre este capítulo o los otros, lo que sea, CUALQUIER COSA, no duden en hacerlo, y una vez más...

¡Gomen-nasaaaaaaaaai!

TOT

********25 de diciembre de 1999 1:02********

Sobre la prueba que impuso el espectro Pegasus a Seto Kaiba

***Navidad de 1986

Las hojas y las ramas de los árboles susurraban al contacto con la brisa de la tarde que antecedía al crepúsculo. El bosque, a ambos lados del polvoriento camino, cuya tierra mil veces había sido apisonada por los incontables viajeros. A lo lejos se veía un caserío rural, y Seto Kaiba se dio cuenta, si es que no lo había hecho ya, que se encontraba en una época muy distinta a la suya.

Seto se hallaba de pie, en ropa de dormir, en medio del camino, y no había rastro de Pegasus por ninguna parte. MirÓ a todas partes, y de pronto le pareciÓ que había visto ese sitio antes. Dio dos pasos hacia los árboles a su derecha, y sus ojos se abrieron del asombro al poner su atenciÓn en un acre viejo, que resultaba ser el único que no tenía hojas, sus ramas tenían un aspecto tétrico y melancÓlico.

Seto reconocía ese árbol porque, durante su niñez, lo había usado como escondite en sus juegos infantiles. Se acercÓ al árbol, lo rodeÓ, y observÓ fascinado el tronco hueco, lo suficiente como para que un niño pequeño pudiera meterse dentro, el escondite perfecto que sus amigos de la infancia jamás habían podido descubrir.

- De modo que sí recuerdas algo de tu niñez - se sobresaltÓ al escuchar la voz a sus espaldas. Al girarse vio a Pegasus, con su acostumbrado aspecto, mientras daba otro sorbo a su copa de vino.

- No he perdido la memoria - replicÓ Seto, con el ceño fruncido.

- No, pero algunas personas sufren estrés post-traumático y a causa de ello suprimen sus recuerdos más horribles. ¿No lees, acaso?

- Yo no sufro estrés post-traumático, y no veo por qué este recuerdo tendría que ser "horrible".

- De modo que piensas que es un recuerdo feliz - dijo Pegasus, observando el agujero del tronco con detenimiento. - ¿Entonces por qué no sonríes al evocarlo? Porque cuando uno recuerda algo alegre, uno sonríe.

- Yo no soy como todos...

- Claro, claro, ya debería saberlo - dijo Pegasus, como quien recuerda algo, bebiÓ otro poco de vino. Seto reparÓ en que por más que bebía el fantasma, el vino jamás se agotaba. Se preguntÓ si Pegasus había muerto con esa copa en la mano.

- Si quieres saberlo, sí, morí con esta copa - le dijo Pegasus, sorprendiendo una vez más a Seto. No le cupo entonces da de que el fantasma podía leer su mente - Desde entonces he tenido que tomar el mismo veneno que me matÓ por toda la eternidad, hasta que la persona que lo puso en mi botella de vino alemán muera también.

- ¿Por qué me has traído? - le preguntÓ Seto, quien realmente no tenía el menor interés de escuchar aquella historia.

- Ah, por supuesto. Estás impaciente por terminar. Esa impaciencia te puede costar caro, mortal.

A Seto le extrañÓ que de pronto el espectro le había llamado "mortal", era como si Pegasus lo estuviera poniendo en su lugar. Después de todo era un simple ser humano contra un ser sobrenatural.

- Seto Kaiba, hijo de Gozaburo Kaiba, yo, Maximillion Pegasus, el fantasma de las Navidades Anteriores, te he traído aquí para ponerte una de tres pruebas, que demostrarán tus sentimientos y tu valía como persona. Si osas fallar, tu destino...

- Será peor que la muerte - concluyÓ Kaiba, lanzando un bufido. Pegasus asintiÓ, y sonriÓ.

Se escucharon unas voces en la lejanía. Venían del pueblo, según Seto pudo constatar. Seto volviÓ al camino, esperando ver de quién se trataba. Y quedÓ de una pieza, al descubrir que los autores del griterío no eran otros sino niños pequeños, todos de una edad que no rebasaba los 7 años.

Seto no estaba asombrado por el hecho de que fueran niños, sino porque conocía muy bien a uno de ellos. Era un muchacho delgado, menudo, tenía pelo castaño oscuro y ojos azules. Iba vestido con ropas sencillas.

Pegasus, que había visto la sorpresa en los ojos del Seto adulto, se adelantÓ para quedar frente a Seto. Entonces Seto vio cÓmo su propio yo y los otros niños atravesaban corriendo al fantasma, y luego lo atravesaban a él, y seguían corriendo rumbo al otro pueblo.

- Te explicaré las reglas - le dijo Pegasus, serio - Este jueg... esta prueba, se llama "Recuerdo Marginado". Dime, Seto, ¿reconociste al chico al cual mirabas asombrado?

- Sí, era yo - asintiÓ Seto.

- Brillante, - asintiÓ Pegasus - Pero por supuesto esa era una bicoca. El objetivo de esta prueba es conocer cuán profundo es el lazo que existe entre tus personas más allegadas y tú, a partir de lo tanto que recuerdes a esas personas. Es decir, tendrás que reconocer a todos los que te muestre.

- Eso será harto fácil - le dijo Seto, burlÓn - Tengo una memoria formidable. Si crees que este juego tuyo es tan difícil, entonces estás perdido.

Pegasus mirÓ a Seto, impresionado.

- Tienes mucha confianza en ti mismo, eso está bien - sonriÓ - Bien, hemos terminado aquí.

- ¿Eso es todo?

- Claro que no. Solo que hemos terminado con esta Navidad, en el tiempo en el que eras un niño de 7 años, sin preocupaciones, sin miedos, lleno de felicidad como cualquier otro chico de tu edad.

***Navidad de 1989

En un abrir y cerrar de ojos, Seto se encontrÓ en un lugar completamente diferente. Era una casa señorial, se notaba por la alfombra bajo sus pies, las piedras que formaban las paredes de aquella oscura habitaciÓn, las cortinas de la cama de madera, las pinturas de anteriores habitantes en todas partes. Seto reconociÓ el lugar.

- ¿Sabes donde estás? - le preguntÓ Pegasus, apareciendo junto a él.

- Es el orfanato - dijo Seto, y su rostro se ensombreciÓ.

- Um, esta vez no son buenos los recuerdos. ¿Pasaste la mayor parte de tu niñez aquí? No solo eso, sino que con tu hermanito, Mokuba. Fueron años difíciles. Cuando tomaste conciencia de lo pobres que eran en este sucio orfanato, te diste cuenta de que tenías que salir de aquí. Por eso lo odias tanto, porque te recuerda la miseria que tuviste que soportar, tú, un superdotado que estaba después de todo destinado a grandes hazañas.

Seto mirÓ a Pegasus con cierto ápice de ira. El espectro hablaba como si conociera a Seto en cada pequeño detalle de su personalidad. Podía ser así, pero Pegasus no tenía que echárselo en la cara, como pastel de crema.

- Sí, ya sé que sabes todo sobre mi pasado - le espetÓ Seto - Ahora dime de una vez qué quieres mostrarme aquí.

Pegasus suspirÓ. Dio dos pasos hacia la cama, e indicÓ a Seto que se acercara. Este así lo hizo, y Pegasus señalÓ con su dedo índice hacia el lecho. En él, Seto Kaiba de 10 años dormía profundamente. De pronto la puerta de la habitaciÓn se abriÓ, y penetraron dos personas en la habitaciÓn. Una mujer mestiza, ya anciana, y un hombre con bigote.

Seto se puso alerta, pero Pegasus le indicÓ no se moviera. Seto recordÓ entonces que no podían verlo. Los recién llegados se acercaron a la cama, la oscuridad no dejaba ver sus rostros.

"¿Es este el muchacho?" preguntÓ el hombre.

"Así es, señor..." de pronto el tiempo se detuvo, fue como si alguien hubiera presionado el botÓn PAUSE justo en el momento indicado.

- Nada de pistas para ti, mortal - dijo Pegasus a Seto - Ahora, ¿puedes decirme quiénes son estas personas?

Seto no podía verles la cara, pero sentía como si ya las hubiera visto antes. ReconociÓ entonces la falda rosada que llevaba la mujer. Además, por el contexto de la situaciÓn, era muy fácil adivinar de quienes se trataba.

- Esta señora es Madame Roster, la dueña del orfanato Roster. El hombre es Gozaburo Kaiba, mi... padre.

Seto pronunciÓ la última palabra como si fuese una molestia para él decirla, quizás en la misma oraciÓn en la que usaba el nombre de aquel hombre.

Pegasus dio un sorbo a su copa y asintiÓ.

- Muy bien hecho, aunque seguro fue fácil para ti adivinarlo por lo que sucedía. Está bien, aún estamos por los fáciles. Que continúe la escena.

Con esas palabras Pegasus puso PLAY una vez más y el tiempo volviÓ a correr con naturalidad.

"... Kaiba" continuÓ diciendo la señora Roster.

"Duerme plácidamente, sin embargo en su rostro se refleja la tristeza" dijo el hombre, al parecer inexpresivamente, como si solamente lo notara, en lugar de sentir lástima por él. Seto sabía que, después de todo, Gozaburo Kaiba era incapaz de sentir algo por alguien.

"Sin embargo" continuÓ el señor Kaiba "La prueba de coeficiente intelectual es irrefutable. Definitivamente quiero a un muchacho así como mi futuro sucesor"

"¿Y qué hay de su hermano?" preguntÓ la mujer.

"Lo adoptaré también" dijo Gozaburo "No creo que pueda separarlos, además, el pequeño también demostrÓ una gran capacidad mental"

Seto se cansÓ de escuchar aquello. Se sentía fatal, viendo cÓmo su padre hablaba de él y de su hermano como si fueran baratijas, simples herramientas que no necesitaban cariño alguno.

- Vamonos ya, espectro - le pidiÓ Seto a Pegasus, quien libaba una vez más el vino de su copa - No quiero ver esto.

- ¿Tanto te molesta? - le preguntÓ Pegasus, deteniendo el tiempo de nuevo - Pensé que no te importaban los sentimientos.

- No digas más sandeces y llévame de inmediato a la prÓxima navidad - replicÓ Seto, con el rostro malhumorado.

Pegasus se encogiÓ de hombros. En un abrir y cerrar de ojos, Seto se encontrÓ a sí mismo en un lugar diferente.

***Navidad de 1992

"Muy bien, joven Kaiba, felicitaciones"

Seto cayÓ en la cuenta de que se hallaba en una biblioteca, ricamente iluminada, las estanterías de madera repletas de libros, unos más antiguos, otros más modernos, las paredes de un color blanco, el suelo de piedra. En una de las anchas mesas, un hombre de cerca de cuarenta años, bajito, enjuto, completamente calvo, leía lentamente un pedazo de papel. Frente a él, un Seto de 13 años, vestido con ropas muy caras y finas, lo miraba fijamente con el ceño fruncido.

- ¿Quiénes son esas personas? - preguntÓ inmediatamente Pegasus a Seto, apareciendo a sus espaldas a la vez que la escena se congelaba.

- Ese soy yo... - dijo Seto señalando a su propio yo joven, pero al mirar al anciano, se quedÓ callado. Por un segundo, se quedÓ ahí, mirando al anciano, sin articular palabra, sin mover un músculo, su cerebro trabajando a toda velocidad.

No le cabía duda de que era uno de los profesores particulares que su padre adoptivo, Gozaburo, había contratado para su exclusiva educaciÓn. Pero habían sido demasiados, tantos que a Seto realmente le costaba trabajo recordar. A nadie le gustaba ser contradecido por un niñato, y mucho menos cuando este tenía totalmente la razÓn. Aquel anciano era uno de los pocos que logrÓ soportarlo. Pero, ¿cuál era su nombre?

- Mmm, ya ves, la cosa se va complicando. - le dijo Pegasus - Te ayudaré a recordar, verás, este hombre te pidiÓ que escribieras una composiciÓn sobre la Navidad, y su significado. En aquellos tiempos, era algo que hasta tú tenías bastante claro, y ya ves cuán impresionado está.

Seto mirÓ detenidamente al anciano. Una barba incipiente comenzaba a crecer bajo su ganchuda nariz, y tenía los ojos color café. Su hermano Mokuba lo asociaba con un tal Hombre Pinguino, personaje de algún comic de esos que leía. Y recordÓ Seto que Mokuba llamaba a aquel profesor "Penguin Merrick". Eso era!

- Este hombre es Merrick Lancast, mi profesor de Lengua. - decretÓ Seto, seguro de haber acertado.

Pegasus dio un sorbo a su copa, y sonriÓ.

- Bueno, parece que estás volviéndote bueno en este juego. Por si quieres saberlo, luego de que este profesor se fuera, fuiste al salÓn de bailes de la MansiÓn Kaiba, donde se celebraba la fiesta de Navidad, y leíste tu escrito frente a todos, y eso sustituyÓ al discurso de Navidad que tu padre solía dar todos los años frente a sus socios más importantes.

Seto no recordaba nada de eso. Realmente, su mente no era tan perfecta como él hubiera querido.

De pronto Seto se encontrÓ sentado en un muy cÓmodo sillÓn hecho de piel. Serpentinas, coloridos adornos, una bola de discoteca llenando la amplia sala de puntitos luminosos, música a todo volúmen, gente bailando, una típica fiesta de jÓvenes adolescentes en Navidad.

Se le acercÓ alguien, un chico que para él era conocido. Tenía el pelo blanco y largo, e iba vestido con una camisa de rayas azules y blancas.

- Hey, Seto, ¿te lo estás pasando bien, verdad? - le preguntÓ el muchacho.

A Seto le sorprendiÓ que el chico pudiera verlo. Se preguntÓ si debía responder algo. Se preguntÓ si...

- ¿Tú... eres un fantasma? - le preguntÓ Seto al chico. Este lo mirÓ con incredulidad.

- ¿Eh? - murmurÓ el muchachito, mirando a Seto como si este se hubiese vuelto loco.

- Nada, no te preocupes... Sí! Me lo estoy pasando genial...

TratÓ de fingir todo lo que pudo, y aunque la sonrisa no llegÓ jamás a sus labios, al parecer convenciÓ al jovencito, que le sonriÓ, antes de darse la vuelta y alejarse tarareando la melodía.

En ese instante apareciÓ el espectro Pegasus, con tanta puntería que llegÓ justo a situarse en el mismo camino del chico que se iba, de manera que este último lo atravesÓ completamente.

- Wuu! - exclamÓ Pegasus, bebiendo un sorbo de vino - Este chico está más borracho que yo, aunque no lo parezca.

Seto dedujo que mientras Pegasus seguía siendo invisible, él sí podía ser visto por los que se encontraban allí.

- ¿Sabes dÓnde estás, Seto? - le preguntÓ Pegasus, sentándose junto a él y sorbiendo una vez más de su copa.

- ¿Por qué ellos pueden verme? ¿Qué está sucediendo? - le preguntÓ Seto.

- Sería mejor si bajaras la voz - le recomendÓ Pegasus, sonriendo - Todos pensarán que estás loco hablando con el vacío. Y no contestaste mi pregunta, ¿sabes dÓnde estás?

A Seto le importaba un bledo dÓnde estaba. Estaba harto, harto de que aquel fantasma jugará con él como si fuese un personaje de rol con el que pudiese hacer lo que le viniera en gana. La ira comenzaba ya a manifestarse en su interior, y Seto se preguntaba cÓmo no se había enfadado con anterioridad.

Sin embargo, Seto tratÓ de calmarse. Aquel no era el momento. Además dudaba que pudiera hacerle algún daño al ser sobrenatural. Se concentrÓ en las personas a su alrededor. No reconocía, más bien no recordaba, a más de la mitad de los invitados. Sin embargo, tenía que haber un anfitriÓn, y ese debía ser el dueño de la casa.

Pero, ¿cuál de ellos era? Podía ser cualquiera. Se puso de pie, intentando ver alguna cara conocida, alguien que pudiera brindarle alguna pista, algún impulso nervioso que lo hiciera recordar todo. ReparÓ en el calendario pegado a la pared, sin embargo, y quedÓ de una pieza, al ver la fecha, sombreada con marcadores rojo y verde, que obligatoriamente debía corresponder a aquel mismo día.

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/25 de diciembre de 1997/

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Alguien lo tocÓ en la espalda. Seto se girÓ, y allí estaba. El tiempo se detuvo para Seto Kaiba, y no precisamente porque Pegasus lo hubiera hecho. Una cabellera azul, larga y lacia, unos ojos de safiro, tan azules que rivalizaban con el azul de los del propio Seto.

- Seto, ¿quieres acompañarme afuera? - le preguntÓ Kisara. No era aquella Kisara que una noche atrás había visitado su casa para advertirle de los fantasmas, encadenada y marchita. Era Kisara, la hermosísima joven llena de vida y de alegría, incapaz de sentir odio por alguien o de lastimar siquiera al más dañino de los insectos.

- Kisara... - Seto no podía dejar de mirarla. La tenía delante, allí, viva una vez más. Seto no pudo evitarlo. En lo más profundo de su ser, Seto Kaiba sabía que algo malo ocurría. Era el mismo año, la misma Navidad, el mismo día, en que Kisara había muerto. Y ahora Seto estaba de nuevo en aquel contexto, quizás a punto de presenciar los mismo eventos de nuevo. Pero eso no le importaba. Era como si su subconsciente hubiese hecho corto, y solamente quedara la superficie.

Seto Kaiba sonriÓ, y fue una sonrisa de oreja a oreja, llena de placer, de dicha, sus ojos brillaron como safiros y sintiÓ que no le importaba nada en el mundo excepto aquel momento. No quería que terminara nunca, jamás, quería quedarse así, sosteniendo la mirada de su amada Kisara, eternamente...

- ¿Quién es esa persona? - la pregunta de Pegasus fue como un iceberg chocando contra su trasatlántico. Seto volviÓ parcialmente a la realidad, y entre él y Kisara se interponía el fantasma de Pegasus, que bebía de su copa tranquilamente.

Seto lo mirÓ a los ojos, y no paraba de sonreir. Sin embargo la sonrisa que Seto dedicÓ a Pegasus, hizo que este último se sobresaltara. Entre la multitud, un chico de pelo puntiagudo y revuelto y ojos rojos, frunciÓ el ceño mientras observaba disimuladamente a Seto.

- ¿CÓmo? - la voz de Seto resonÓ por toda la sala. La música parÓ, y todos miraban a Seto, que miraba a Pegasus, pero parecía mirar a Kisara, que lo mirÓ a su vez, extrañada. - Maldito fantasma, venido desde lo más profundo del infierno, has osado traerme una vez más a este lugar. ¿Es que realmente disfrutas viendo cÓmo sufro? ¿Es eso? ¿Eh? ¡¿ES ESO? ¡¿QUIERES VER CUÁL ES MI REACCIÓN CUANDO VEA CÓMO KISARA MUERE UNA VEZ MÁS, NO ES ASÍ? Quién es esta persona. DÓnde estás. Quién eres tú. Quién soy yo. ¡AL INFIERNO TODOS LOS FANTASMAS! ¡Y AL INFIERNO LA NAVIDAD! - la sonrisa se había trocado en furia - ¡Te haré desaparecer en este instante, maldito bastardo! ¡MUERE DE NUEVO!

No sabía lo que hacía. No tenía control sobre sí mismo. Era como si una fuerza exterior lo estuviera controlando, hablara por él, lo moviera. Fue esta, acaso, quien lo hizo lanzarse hacia el atÓnito espectro de Pegasus, quien lo hizo golpear bruscamente la mano derecha que sostenía la fina copa de cristal, llena de un vino envenenado eterno.

- ¡! - gritÓ el fantasma, y fue un grito tan desgarrador que incluso los presentes se taparon los oídos, y llegaron a creer que Seto, quien un segundo atrás habían considerado demente, realmente gritaba a un "fantasma" cuyo grito estridente podían escuchar provenía de un aparente vacío.

La copa se hizo añicos en el suelo, mientras Pegasus caía de rodillas, observando el desastre, demacrado, como si hubiesen asesinado a su madre en frente de sus ojos.

Seto sonreía de nuevo, pero no era una sonrisa de felicidad. Era la sonrisa propia de alguien que disfrutaba enormemente causando daño, la sonrisa de un psicÓpata, la sonrisa, de un auténtico demonio...

****FIN DEL CAPITULO CUARTO****