A KAIBA'S CAROL - CAPÍTULO 6
DISCLAIMER: Ya saben... A Christmas Carol pertenece a Dickens y Yu-Gi-Oh! a Takahashi. Si no estás de acuerdo los fantasmas de la Navidad te visitarán a ti.
Finalmente, este autor ha vuelto, envuelto en una nueva aura, un aura de cambios profundos en su personalidad, en un nuevo año que comienza. Y un nuevo nombre, también, para completar la prueba de la transformación de mi alma. En estos pocos días han sucedido demasiados giros en la novela que narra mi vida, de la cual soy el más fiel y único lector, y esos giros han provocado en mí la completa reestructuración de mi alma, en el mejor sentido de la palabra. Heme aquí, deseando ser aceptado como un nuevo fantasma, un alma reencarnada que eclosiona y del cascarón vacío que antes fue Danny G. Master, ahora solo quedo yo, y mi nombre aclamo: DannyGMaster.
Ehem, lamento haberme excedido de nuevo, pero tan filosófica (desde mi punto de vista) introducción se hacía necesaria.
Como sea, soy yo mismo, solo que con un par de ideas nuevas, y otras razones, pero seguiré escribiendo como siempre, este fan-fic que por cierto está llegando a su fin. No espero llegar al cap. 8, qué feliz soy.
Lo siento de nuevo, gracias mil a todo aquel que decidió leer todo eso de arriba y a todo el que en general ha seguido mis fan-fics de alguna u otra manera, les agradezco en el alma. Espero disfrutéis este capítulo.
Que la luz sea con ustedes, y la oscuridad jamás corrompa sus corazones,
DannyGMaster
********25 de diciembre de 1997 1:00 (Second Round)********
Sobre la imposición de la segunda prueba y el fantasma Ryo Bakura
La campanada fue aún más melancólica aquella vez, tan estruendosa que Seto creyó por un segundo que le habían puesto el enorme reloj en el mismísimo oído. Luego de haberla escuchado, se abrió de golpe la ventana, hasta entonces cerrada, y un viento helado penetró en la estancia, obligándolo a cubrirse rápidamente con sus mantas. Un cuervo negro, tanto que Seto casi no lo vio, sumido en la oscuridad reinante, aunque sí escuchó el aleteo de sus alas, penetró en la habitación con tanta soltura como si se tratara de la suya propia.
Vio entonces el joven Kaiba cómo el cuervo tomaba repentinamente forma humana, la de un hombre joven, al parecer de su edad, de pelo blanco y largo, y rostro pálido e inexpresivo. Vestía como un príncipe, o quizá un rey, un traje de hilo de plata muy fino, botas y pantalones de cuero y tela blancos respectivamente, y llevaba una capa gris por un lado y blanca por el otro, que ondeaba elegantemente movida por el viento, dándole al recién llegado un aspecto legendario y heroico.
Para completar la pintura, Seto comprobó que también su cuerpo despedía una cierta luminiscencia plateada, que llenó de inmediato la habitación de un tono plateado. Setó notó que por detrás de la espalda del espectro (y otra cosa no podía ser) sobresalía la empuñadura de una espada, el mango era de madera tallada y oro.
- Seto Kaiba - dijo el espectro al Seto mirarle a los ojos - Debo preguntarte en primer lugar, si conservas algún recuerdo de lo ocurrido en el Pasado, y qué puedes decir al respecto.
Seto lo miró con perspicacia. Sabía que los fantasmas podían leerle la mente, pero no sabía si ellos sabían que él sabía (uff), tal vez aquello constituyera parte de la prueba. Por tanto decidió decir la verdad, después de todo, probablemente ellos ya lo sabían.
- Lo recuerdo - dijo Seto, ahora que pensaba en ello, saltó una preocupación dentro de él, algo extraño, algo que no podía comprender con exactitud - Pero, lo cierto es que no tengo idea de qué me pasó. Sé que estaba molesto, muy molesto, pero, atacar a un fantasma... ¿es remotamente posible que eso ocurra?
- Existe un 0% de probabilidades de que un ser humano lastime a un ser sobrenatural - le explicó el recién llegado - A menos que ese ser humano posea algún tipo de habilidad sobrenatural.
- ¿Y yo poseo algo como eso? - la sola idea era ilógica e imposible, sin embargo, ya nada le sorprendía, y nada le parecía imposible.
- No lo sabemos - la respuesta del espectro hizo que Seto arqueara las cejas, divertido, "Conque hay cosas que no saben" - Pero lo estamos investigando - se apresuró a añadir el espectro, adivinando la incredulidad del joven. - Como sea, permíteme presentarme, yo soy, El Fantasma de las Navidades Presentes, Ryo Bakura.
- Sí, sí, ya sé lo que vienes a hacer, ahorrémonos tiempo y acabemos con esto de una vez.
- Como quieras - Bakura se encogió de hombros. Entonces todo comenzó a girar.
El Central Park de Domino City era, a pesar de las diversas farolas a todo lo largo y ancho de la manzana, un lugar oscuro, o al menos lo era esa noche de Navidad.
Era muy extraño, puesto que Seto sabía en días como esos las calles se llenaban de luces verdes, rojas, y amarillas, todos los edificios ponían sus adornos luminosos y doquier las lucecillas intermitentes llenaban las paredes, puertas y ventanas. Pero no aquella noche, no en aquel lugar. Por alguna razón el parque estaba desierto, y apenas algunas lucecillas se veían aquí y allá, aparte de la fría y blanca luz de los farolas.
- Qué sitio tan tétrico - dijo Seto, mirando alrededor, mientras el fantasma de Bakura aparecía a su lado - Parece que fuera Halloween y no Navidad.
- No hay diferencia entre una y otra - replicó Bakura.
- ¿Conque no? - preguntó Seto - Qué extraño, a mí me parece que son completamente distintas.
- El objetivo es el mismo - replicó Bakura, sin denotar emoción alguna, y esto comenzó a molestar ligeramente a Seto, que acostumbraba a demostrar sus emociones abiertamente - Celebrar y llevar felicidad a todos. Todas las fiestas comparten ese motivo, por tanto, se hagan como se hagan, son iguales.
Seto no pareció comprender.
- El fin justifica los medios - dijo Bakura, intentando que comprendiera - Mientras se tenga un objetivo, la forma en que se logre es solo algo superficial, siempre que sea logrado.
- Comprendo - asintió Seto - Pero no estamos para hablar de objetivos. Dime de una vez qué vas a mostrarme, espectro.
- Eres muy impaciente - observó Bakura - Eso no está bien. En esta prueba, el objetivo es que aprendas que la paciencia es un don y no una pérdida de tiempo, como crees, y que eres capaz de demostrar buenos sentimientos, los cuales aún guardas en lo profundo de tu ser.
Seto parpadeó varias veces, digiriendo toda esa información, y cuando iba a replicar algo se dió cuenta de que el fantasma había desaparecido. Casi inmediatamente, escuchó un llanto a lo lejos. Lo tomó por sorpresa, ya que primero fue un grito, un gemido tan triste y estremecedor que hizo que su corazón saltara.
Paulatinamente, el llanto fue apagándose, hasta convertirse en un simple sollozo. Seto supo, más bien supuso, que debía seguirlo. Echó a andar, mirando a todas partes, no con miedo, sí con precaución, puesto que no confiaba en lo absoluto en las sombras de la noche. Probablemente no fuera más que un truco de los fantasmas, pensaba, pero no debía correr riesgos. Tenía un muy extraño presentimiento, como si alguien lo estuviera observando, oculto por la oscuridad.
Al poco de andar, distinguió, a 300 metros de donde se encontraba, un banco iluminado directamente por la luz de un farol. Algo realmente extraño, dado que los focos se ubicaban siempre a los lados de los asientos, no sobre ellos. De modo que Seto avanzó hacia este dispar banco, escuchando además que los sollozos provenían de ese sitio. Al acercarse más, vio por fin al emisor de aquel llanto.
Un niño de pelo negro, en pijama, lloraba por lo bajo, sentado con los piel sobre el asiento, abrazado a ellos, la cabeza apoyada en sus rodillas. Seto se acercó más, y notó, por un segundo, algo familiar en aquel niño. Y de pronto lo tuvo todo claro, al tiempo que el chico levantaba lentamente la cabeza, para mirar justo a sus ojos. Seto casi se cae de la sorpresa, y pensó que los fantasmas se habían pasado de nuevo. Pero esta vez, por esa vez, debido a la persona que tenía delante, controló su ira.
Se agarró fuertemente a la gruesa rama, de otro modo se habría caído y revelado su presencia. Yami se encontraba sobre un árbol, había seguido de cerca a Seto a través de las sombras y de los árboles, y en varias ocasiones tuvo la sensación de que Seto sabía que lo espiaba. Y al ver lo que Seto veía, su alma se sobresaltó tanto que estuvo a punto de caer.
El niño que lloraba era muy bien conocido para él. Mucho más lo era para Kaiba. Se preguntó alarmado si las Grandes Mentes se habían vuelto locas. Se preguntó si aquello era obra de aquel personaje misterioso que andaba saboteando las actividades relacionadas con Seto Kaiba. Fue entonces que cayó en la cuenta de algo, de todos modos, decidió seguir observando lo que sucedería a continuación.
- Mo... Mokuba - la voz de Seto era como de piedra, como si tuviera un cubo de hielo atorado en su garganta.
- ¿Cómo... sabe... mi... nom... nombre... señor? - preguntó entre sollozos el niño. Las lágrimas manaban de sus ojos como una cascada.
Seto comprendió que, por alguna razón, su hermano pequeño no lo reconocía, y culpó de ellos a los fantasmas.
- ¿Sorprendido? - preguntó la voz de Bakura, que no parecía venir de un lugar concreto. Seto miró a todas partes, intentando descubrirlo, sin resultados - Ha llegado la hora de que comience la segunda prueba. Dime, ¿quién es este muchacho?
- ¿Acaso me estás tomando el pelo? - exclamó Seto.
- Por favor no te enojes. Como no completaste la primera prueba, la segunda tiene que comenzar por el desafío de la primera. Ahora, por favor, dime, ¿quién es este muchacho?
- Es mi hermano - dijo Seto, frunciendo el ceño y controlándose - Mokuba Kaiba.
El muchacho dejó de llorar y miró directamente a los ojos de Seto.
- ¿A quién le habla, señor? - le preguntó.
- Perfectamente - asintió Bakura, como si Seto hubiera respondido a la más difícil de las preguntas - Ahora, la segunda prueba. Para demostrar que tu corazón guarda buenos sentimientos, deberás demostrarlo consolando a este niño. Has de ganarte su confianza, ya que para él tú eres un desconocido.
Seto tuvo ganas de replicar, pero decidió ceñirse a las reglas. Quería terminar con todo aquello. Además, ver a Mokuba en ese estado no era en lo absoluto algo que disfrutara ver.
- ¿Puedo sentarme a tu lado? - le preguntó Seto a Mokuba, fingiendo una sonrisa amable, algo que le costó un inmenso trabajo. El niño se encogió de hombros. Seto avanzó y se sentó junto a él. - ¿Por qué lloras? - preguntó.
- Porque, mi hermano ha sido malo conmigo - respondió el niño y los ojos se le llenaron de lágrimas, y Seto tuvo que contenerse - Le he pedido que venga conmigo, para que pasaramos esta Navidad juntos, pero se ha negado. ¿Fue algo que hice mal? ¿Dígame, lo sabe usted, señor? ¿Por qué mi hermano me odia tanto?
Seto no respondió, no sabía qué responder. Al ver a su hermano pequeño así, se sintió mal, se sintió como si fuera el mismo diablo. Era su culpa, después de todo, era su culpa por haber sido tan... ¿él? De pronto, cuando lo veía de ese modo, era cierto.
- Tú, tú has sido un buen chico, Mokuba - le dijo Seto - Es solo que... tu hermano estaba pasando por un momento muy difícil...
- ¿Tan difícil que le impidió visitarme? - le preguntó el niño, mirándolo a los ojos de nuevo. Seto no pudo resistirse.
- ¡Fui demasiado injusto, lo sé! - exclamó Seto, e instintivamente abrazó al pequeño, quien se sorprendió con aquella reacción - Hermanito, por favor, perdóname. Estaba tan ciego, que no me daba cuenta de que realmente te necesitaba. Si no te hubiera ignorado, si no los hubiera ignorado a todos, nada de esto hubiera ocurrido. Me cerré dentro de mí mismo, y sin darme cuenta comencé no solo a destruirme, sino también a destruirte a ti, y a todos los demás. Yo... lo lamento, yo, ¡REALMENTE LO LAMENTO!
Gritó esto último a toda voz, como si quisiera que todo el mundo lo escuchara. Se sorprendió al sentir algo frío corriendo a través de sus mejillas. Parpadeó para darse cuenta, de que eran lágrimas. Seto Kaiba estaba llorando...
De pronto, de entre las sombras salió la figura de Bakura, pero esta vez había algo diferente, y es que Bakura sonreía abiertamente, mientras aplaudía lentamente como si acabara de presenciar un espectáculo.
- Bravo, bravo - dijo, y al mirarlo Seto por un momento pensó que no estaba viendo a Bakura, sino a otro - Qué espectaculo tan conmovedor. Debo reconocer que te subestimé, Seto Kaiba, pensaba que estallarías de nuevo al ver a tu hermanito, tal y como hiciste cuando te mostré a Kisara, pero parece que no eres un hombre que tropiece dos veces con la misma piedra, ¿verdad?
- Seto... - dijo de pronto su hermano, como si hubiera despertado de un sueño - ¿Dónde estamos Seto? ¿Quién es ese hombre tan horrible? - preguntó señalando hacia Bakura. Bakura sonrió aún más, tanto que para hacerlo rostro se desfiguró, de un modo tal que Seto se sobresaltó y Mokuba asustado apretó el rostro contra el pecho de su hermano.
- ¿Qué rayos significa esto, Bakura? - exclamó Seto, al que nada de eso le hacía gracia alguna - ¿Acaso te estás burlando de mí? Ya he superado la prueba, ¿no es así? Un momento... ¿has dicho? ¿HAS DICHO QUE FUISTE TÚ QUIEN HIZO QUE VIERA A KISARA SABIENDO CÓMO ESO ME AFECTARÍA?
- Exactamente - respondió Bakura, saboreando cada sílaba.
- Tú, maldito hijo de...!
- Estás perdiendo los estribos, querido amigo - lo interrumpió Bakura, y extendió los brazos - ¿Y qué si lo hice?
Seto no necesitó más. Dejó a Mokuba a un lado y se lanzó hacia Bakura con el objetivo de hacerle daño. Sin embargo no llegó lejos, ya que en medio del salto quedó suspendido en el aire.
- ¡Ja! - exclamó Bakura - Es imposible que un humano haga daño a un fantasma, ¿o acaso olvidas eso, Seto? Estás a mi merced, por si no te has dado cuenta. No hay nada que puedas hacer.
- ¿Por qué demonios, Bakura? - preguntó Seto - ¿Por qué demonioos?
- Es una buena pregunta - reconoció Bakura - Pero lo malo es que no vas a conocer la respuesta... - diciendo esto, Bakura llevó una mano a la empuñadura de su espada. Con un movimiento la desenvainó, era una espada de acero, aunque brillaba como si de plata se tratara. - Bien, Seto Kaiba, la hora de tu juicio finalmente ha llegado.
"No me puedo mover" pensó Kaiba, mientras seguía congelado en el aire "¿Qué hago ahora?" Sin embargo la solución no tardó en manifestarse.
- ¡Detente justo ahí, Bakura! - exclamó una voz, oculta tras un olmo cercano.
Bakura se giró y Seto lo vio de reojo. Yami salió de detrás del árbol, y su rostro reflejaba una increíble ira.
- Ryo Bakura, ¿Cómo te atreves a sabotear este sagrado ritual que conforman las Canciones de Navidad? Las Grandes Mentes estarán complacidas una vez hayas sido enviado al Infierno!
Bakura lo miró como si estuviera viendo a un payaso.
- ¿Es en serio, Yami? - le preguntó - Me gustaría saber si eres capaz de detenerme...
- En la forma que quieras - replicó Yami - En este instante.
- Me parece bien - dijo Bakura - Entonces, Yami, permíteme retarte a lo que más te gusta, y es que te conozco desde hace tiempo, es decir, desde que moriste. Yami - Bakura le sonrió con su sonrisa maligna - Juguemos un JUEGO...
* FIN DEL CAPÍTULO SEXTO *
