A KAIBA'S CAROL - CAPÍTULO 7

DISCLAIMER: Ya saben... A Christmas Carol pertenece a Dickens y Yu-Gi-Oh! a Takahashi. Si no estás de acuerdo los fantasmas de la Navidad te visitarán a ti.

Back again... No tengo muchos ánimos de escribir, más bien es lo que podría calificarse como VACÍO MENTAL, o falta de ideas, sin embargo me esforzaré por continuar escribiendo, tampoco tengo mucho tiempo pero desistir es algo que no puedo permitirme.

Este fic pronto llegará a su fin, no por ello intento apresurar su final, tal vez sea porque el argumento no es tan largo como planeaba que fuera. A ver... hoy veremos cómo el fantasma Yami se enfrenta a Bakura en un Juego Oscuro, no es un duelo debo aclarar pues en este AU ese juego no existe (qué mal), es más bien uno de esos juegos inspirados en los primeros volúmenes del manga, juegos que solo nuestro querido Yami sería capaz de inventar.

En fin, los dejo con este cap. ¡OJALÁ LO DISFRUTEN, Y BUENA SUERTE!

DannyGMaster

********25 de diciembre de 1997 1:34 (Second Round)********

Sobre el enfrentamiento entre Yami y Ryo Bakura

En medio de un oscuro Domino Central Park, rodeados de oscuridad esta escena se desenvolvía:

- Entonces, Yami, permíteme retarte a lo que más te gusta, y es que te conozco desde hace tiempo, es decir, desde que moriste. Yami - Bakura le sonrió con su sonrisa maligna - Juguemos un JUEGO...

A Yami lo sorprendió aquella propuesta, no tenía idea de cómo Bakura sabía de su antigua afinidad por los juegos, pero, sabiendo que había sido representante de las Grandes Mentes, seguramente tenía acceso a toda clase de información.

Mientras Seto, incapaz de moverse, maldecía en silencio a Bakura y se preguntaba por qué Yami estaba en ese lugar, aparentemente defendiéndolo. Se sintió impotente, inútil, y eso le molestaba profundamente. No podía mirar hacia su hermano, pero imaginaba que estaría aterrado, quizá confundido.

- Bakura, no sé qué tanto pretendes con todo esto, pero no me queda otro remedió - lo miró directamente a los ojos, cerrando los puños, y exclamó - ¡Claro que acepto! ¡Juguemos!

Bakura dejó escapar una carcajada, y acto seguido movió un brazo, desencadenando alguna especie de poder que hizo que repentinamente tanto Seto como Mokuba cayeran al suelo, inconscientes.

- ¿¡Qué les hiciste! - exclamó Yami, encolerizado.

- Tranquilo, solo los he puesto a dormir - respondió Bakura, y Yami vio cómo ambos cuerpos de Seto y Mokuba se movían por sí solos, acomodándose en el suelo hasta quedar acostados boca arriba, con los brazos sobre el pecho. - Ningún mortal debe ver lo que está a punto de ocurrir.

- Vaya, a pesar de todo, sigues algunas reglas - dijo Yami - Bakura, cuando acabe contigo, lamentarás haberte metido no solo con Seto Kaiba, sino con todo el mundo fantasmal, no creas que saldrás ileso si me destruyes, las Grandes Mentes te encontrarán y te enviarán al Noveno Infierno (NOTA: si has leído la Divina Comedia de Dante, recordarás que el noveno círculo del infierno es el de los traidores)

Bakura lo miró como si hubiese dicho un chiste.

- Menos amenazas y más juego. Ahora, ¡Te explicaré las reglas! - alzó un dedo - Primera, nuestro juego será un duelo de espadas, espero que sepas cómo invocar una, puedes usar el estilo de lucha que quieras pero no se vale atacar por la espalda. - Alzó otro dedo - Dos, una vez que choquemos aceros, no podrás usar ningún tipo de hechizo - Alzó un tercer dedo - Tres, si dejas caer la espada, ya no podrás recogerla, pero entonces se te permitirá usar hechizos cualesquiera excepto ataques directos hacia mí. - Levantó otro dedo - Si los dos perdemos la espada, podremos recurrir entonces a hechizos de cualquier tipo, pero en ningún momento del duelo se permitirá hacer hechizos de autocuración - Abrió completamente la mano - Finalmente, gana el primero cuyo pecho, donde iría el corazón, sea atravesado. ¿Has entendido las reglas?

Yami asintió, y acto seguido alzó el brazo derecho.

- ¡SWORD OF REVEALING LIGHT! - exclamó Yami, y en su mano se materializó una espada reluciente que brillaba con luz dorada, parecía hecha ella misma de luz. Bakura estaba un tanto sorprendido por esto.

- Umh, jamás había visto un hechizo como ese, no esperaba menos de ti - reconoció Bakura, luego, llevó su mano izquierda a la espada que llevaba en la espalda, y la desenvainó - ¡DARK BLADE! (NOTA: Ya sé que ese un monstruo pero no se me ocurrió un nombre mejor) - era una espada negra que emitía un aura oscura y maligna, todo lo contrario de la de Yami.

- Ah, se me olvidaba algo - recordó Bakura - Esto no es un Juego Oscuro si no hay alguna pequeña motivación, ¡Observa esto!

Aparecieron entonces de la nada dos dagas negras, pero se horrorizó Yami al ver que ambas dagas se mantenían suspendidas en el aire con el filo hacia abajo, a 19 centímetros de los cuellos de los durmientes Seto y Mokuba. También apareció un reloj de arena negro que contenía arena roja, entre las dos dagas.

- ¿¡Qué dem...! - comenzó Yami.

- Es simple, mi amigo. Este reloj de arena se activará cuando choquemos las espadas por vez primera, luego pasarán veinte minutos antes de que llegue al final. Por cada minuto que pase, las dagas oscuras bajarán un centímetro, lo que quiere decir que en esos veinte minutos las dagas llegarán a los cuellos de tus queridos humanos, y luego de eso, caerán y atravesarán sus cuellos, cortando sus aortas al instante. Claro, si me derrotas, todo eso se detendrá, es decir, que debes derrotarme en menos de 20 minutos, o Seto y su hermanito perecerán.

- ¡Bakuura! - exclamó Yami, lleno de ira y de odio hacia Bakura - ¿Cómo es que te has vuelto un ser tan malvado? Antes eras un buen fantasma, ¿qué es lo que te sucedió? Pero, más importante, ¿Qué te hizo Seto Kaiba para que hayas querido matarlo de esta forma?

- Eso es algo que solo descubrirás si me derrotas - dijo Bakura, y empuñó su arma listo para la batalla - ¡Pero eso jamás ocurrirá! ¡AAAAAARH!

Lanzando un grito de guerra se lanzó Bakura contra Yami, y este alzó la espada para detener el ataque, entonces ambas espadas chocaron lanzando chispas negras y blancas por todas partes, y con eso el reloj de arena se puso en funcionamiento.

*20 MINUTOS RESTANTES*

El choque de la espada negra con la blanca creó una onda expansiva que hizo retroceder a ambos contrincantes, acto seguido Yami decidió atacar lanzándose hacia Bakura, este interpuso su espada y paró el ataque pero con ellos provocaron otra onda expansiva y se vieron separados de nuevo.

- La luz y la oscuridad no pueden estar juntas - dijo Bakura, mientras se lanzaba hacia Yami - Nuestras espadas se odian tanto que se están moviendo por sí solas para dañarse una a la otra, ¿no te parece, Yami?

Yami descubrió que tenía razón, era como si ambas armas se movieran una hacia la otra para atacarse entre ellas a propósito, Yami supo que debía liberar mucha más energía si quería controlar libremente su espada. De inmediato su cuerpo comenzó a emanar un aura turquesina, que se transmitió hacia la espada de luz, que emitió un par de destellos.

Luego Yami sintió que dominaba mucho más la espada, con lo que dirigió su siguiente ataque hacia el pecho de Bakura pero este se movió esquivándolo con rapidez, a la vez que lanzaba una estocada dirigida al pecho de Yami, pero Yami también fue rápido y de un salto atrás evadió el golpe.

Las espadas volvieron a chocar, Yami se defendía de los incontables ataques de Bakura, que asestaba los golpes con una fuerza descomunal para ser un fantasma.

- ¡Bakura! - exclamó Yami - Tu poder, es demasiado grande para ser un simple fantasma. ¿Qué demonios has hecho con tu alma?

- Soy un Akuma - respondió Bakura, y Yami se sorprendió aunque se lo temía - Dejé que un demonio se fusionara con mi alma y como resultado soy lo que ahora soy, ese demonio debería dominarme sin embargo debido a la gran energía que poseo lo superé y tengo el control de mí mismo.

- ¿Por qué Bakura? - preguntó Yami mientras repelía otra estocada de Bakura.

- ¡Para poder defenderme! - exclamó Bakura - El Mundo Fantasmal, desde que todos tenemos memoria, ha sido controlado por las Grandes Mentes, pero, ¿quiénes son ellos? Nadie los ha visto, ni sabe cómo son, solo se sabe que existen, y hacen con ambos mundos el real y el fantasmal lo que les da la gana. Pero lo peor que se les ha ocurrido hacer, es esto, ¡Todo esto! - gritó, abriendo los brazos, aunque tuvo que abandonar esa posición para defenderse de un ataque de Yami - Toda esta parodia de los Fantasmas de la Navidad, no es más que una soberana estupidez, solo para decidir quién se queda en la tierra y quién en el infierno. Acéptalo, Yami, las Grandes Mentes nos han convertido en sirvientes de los seres humanos, antiguamente los fantasmas causábamos terror por doquier, éramos los dueños del mundo, pero ahora solo somos símbolo de épocas de alegría como la Navidad, hasta Halloween se ha convertido en una burla para nuestra sagrada existencia.

Yami escuchaba a Bakura atónito, mientras no paraban de atacar y defenderse, y la ira de este aumentaba por momentos así como la intensidad de sus ataques.

*10 MINUTOS RESTANTES*

- Y nadie protestaba - prosiguió Bakura - todos estábamos de acuerdo en ser el hazmerreír de los insignificantes seres humanos, o eso quisieron las Grandes Mentes que pensáramos. En realidad, todos aquellos fantasmas que se oponían a la política de las Grandes Mentes han desaparecido misteriosamente, casualmente siempre aparecían Akumas que los destruían. Pero la realidad es que las Grandes Mentes eran quienes enviaban a esos Akumas.

- ¡¿QUÉEEE? - exclamó Yami, impactado por lo que acababa de escuchar, tanto que casi bajó la guardia pero logró esquivar el sorpresivo ataque de Bakura.

- Exacto, puede que no me creas, pero es cierto, yo lo sé - le aseguró Bakura - Parecen ser muy buenos, con esa pantalla de "La estabilidad de ambos Mundos para lograr el equilibrio del Universo" pero en realidad las Grandes Mentes son nuestro peor enemigo, utilizan cualquier método para eliminar a quien no les convenga que siga existiendo. Te pondré un ejemplo muy claro. Si las Grandes Mentes tienen control sobre todo este número musical de las Pruebas de Navidad, ¿por qué aún no han enviado a nadie a capturarme, a evitar tu muerte y la pérdida de dos vidas humanas?

Yami cayó en la cuenta de que tenía razón, pero Bakura no lo dejó hablar.

- No ha sucedido nada - le dijo Bakura con una sonrisa malvada - ¿Sabes por qué? Porque están esperando a que uno de los dos mate al otro, pues es más fácil lidiar con un enemigo cansado que con dos. ¿No lo comprendes todavía? ¡Para ellos este duelo es una oportunidad muy jugosa para librarse de ti, puesto que si te mato nadie sospechará de ellos ni de sus fantasmas! Luego, podrán enviarme al infierno por tu asesinato, cuando vienes a ver, han matado dos pájaros de un disparo.

- Pero... ¿por qué querrían las Grandes Mentes verme muerto? - preguntó Yami, desconcertado.

- Porque tú tienes una mente abierta al progreso - respondió Bakura mientras esquivaba el ataque que Yami dirigió hacia él - Y las Grandes Mentes odian eso, prefieren dejarlo todo tal y como está. Tú representas una corriente de pensamiento que en un futuro podría cobrar fuerza y atentar contra sus intereses, por ello no están dispuestos a dejarte con vida para que propagues tu pensamiento como otros grandes lo hicieron y cambiaron para siempre su tiempo, Galileo, Giordano Bruno, Marx, Freud, y muchos otros. Además, ambos sabemos que estás loco de remate, al igual que yo.

Yami no podía creerse todo lo que había escuchado, no podía.

*3 MINUTOS RESTANTES*

- ¡Te equivocas! - exclamó - Las Grandes Mentes son el gobierno de Mundo Fantasmal y aman a cada miembro de la sociedad fantasmal, es imposible que lo que dices sea cierto, y es deber de un gobierno asegurarse de la estabilidad de su país. Además ni siquiera las Grandes Mentes tienen poder suficiente como para tratar con los Akumas, pues de otro modo ya los habrían exterminado, y si las Grandes Mentes quisieran matarme por segunda vez ¡ya lo habrían hecho! Todo lo que dices no tiene ningún sentido.

- Tal vez tal vez no - respondió Bakura - Piensa lo que desees, si quieres seguir defendiendo a las Grandes Mentes tu problema, cuando te veas paseando por el infierno, te acordarás de mí. Además, se te acaba el tiempo, y todavía no has logrado hacerme ni un rasguño. Qué patético. La verdad es que pienso que las Grandes Mentes te han lavado el cerebro...

- Soy un fantasma loco - replicó Yami, y se lanzó sorpresivamente contra Bakura - ¡No tengo cerebro!

Bakura no lo vio venir pues se había distraído, aún así interpuso su espada y ambas armas chocaron y comenzaron a liberar energía blanca y negra. Ambos enemigos forcejearon con las espadas de ese modo, la energía que liberaban se esparcía como una esfera gigantesca que giraba y se expandía cada vez más, pero ninguno cedía.

- ¡Bakuraaaaaaaaaaa! - gritó Yami, rebosante de energía por todo su cuerpo - ¡No tienes ningún derecho de cuestionar las leyes de nuestro mundo! ¡Tampoco tienes derecho de acusar falsamente a un gobierno que intenta ser justo si no tienes pruebas de su corrupción y estoy seguro de que no! ¡Pero de lo que sí no tienes derecho es de involucrar a un ser humano en una batalla que solo corresponde a los fantasmas! Y ESO ES ¡IMPERDONABLEEE!

La esfera resultante de la energía combinada de las dos espadas estalló y se volvió una columna de energía blanca que ascendió hacia el cielo que se había vuelto de pronto negro y tormentoso. Tomando como centro el rayo negriblanco, se formó un remolino de nubes y rayos purpúreos se mostraron entre las nubes. Algunos de los pocos transeúntes que pasaban casualmente por las calles de Domino, vieron aquel espectáculo llenos de asombro, considerándolo un Milagro de Navidad.

Con la misma rapidez con que había aparecido, la columna de energía desapareció al instante, y las nubes retornaron a la normalidad. En el Parque Central, donde los hechos de esta historia hace solo un minuto habían acaecido, Seto Kaiba y Mokuba Kaiba acababan de despertar, pues la energía había destruido el hechizo que pusiera Bakura sobre ellos. Las dagas oscuras habían desaparecido y el reloj de arena se había quebrado, ahora la arena roja se escapaba fuera del reloj.

Seto miró hacia donde habían estado Bakura y Yami, pero no vio a nadie. Era como si se los hubiera tragado la Tierra, o, más bien, como si hubiesen ascendido hacia el cielo. Seto tenía esa sensación.

- ¿Qué ha pasado hermano? - le preguntó Mokuba, abrazándolo con cariño - Quiero ir a casa...

Seto miró hacia arriba, pero solo vio nubes negras. Comenzó a llover, era una lluvia helada, pero en cierto modo, reconfortante.

- Sí, Mokuba, vamos a casa...

**FIN DEL CAPÍTULO SÉPTIMO**