A KAIBA'S CAROL - CAPÍTULO FINAL
DISCLAIMER: Ya saben... A Christmas Carol pertenece a Dickens y Yu-Gi-Oh! a Takahashi. Si no estás de acuerdo los fantasmas de la Navidad te visitarán a ti.
¡THIS IS IT! ¡THE MOMENT WE'VE WAITING FOR! OK, me he pasado, pero la emoción de terminar un fan-fiction por todo lo alto es bastante grande, incluso para mí. Tengo muchas expectativas. Por cierto, lameeento profundamente la demora, problemas con senos, cosenos, tangentes y etc.
Debo sinceramente pedir perdón por haber confiado en el corrector de Microsoft Word al escribir el capítulo anterior(sustituyó "Bakura" por "Basura" y ni siquiera me di cuenta de ello -_-U)
Bueno, a todos los que han seguido la historia, el tercer fantasma, ¿quién será, quién será? Este es el momento de que hagan su apuesta final. Lamento haberlos hecho esperar tanto, pero aquí está, y, sinceramente, me parece que era demasiado obvio que sería esta persona y no otra. ¿O no? Ustedes deciden... Les dedico este final a todas y todos, al grande entre los grandes Charles Dickens y a Kazuki Takahashi, dos surtidores de inspiración para mis obras.
En fin, eso es todo lo que tengo que decir... sin más, les deseo disfruten el capítulo, y los veo en la nota final.
¡ARIGATO-GOZAIMASU, MINNA!
DannyGMaster ;-)
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* 25 de diciembre de 1999 - 00:59 (Third Round) *
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Sobre la Canción de Kaiba y el desenlace de la historia
En su sueño, lo veía todo desde arriba, como si estuviera suspendido en el aire. Sin embargo, se vio a sí mismo en el suelo, al tiempo que veía a su hermano, a Yami, y al desgraciado de Bakura. Como si su alma se hubiera separado del cuerpo, pero entonces, si él estaba arriba, ¿cómo podía estar debajo también? Era un sueño, después de todo, o eso creía.
Más de media hora después, cuando despertó, y esta vez abrió los ojos tranquilamente, cayó en la cuenta de que efectivamente había estado soñando. Pero todo lo que había soñado, su inútil intento de atacar a Bakura, el duelo entre este y Yami, mientras él y Mokuba dormían bajo un hechizo, le había parecido muy real, y es que realmente había ocurrido. Pero, la pregunta era, ¿cómo pudo saberlo, si mientras ese duelo ocurría, él dormía?
Seto se levantó de la cama, las dudas le asaltaban y le molestaba no contar con las respuestas, aunque, ¿no era obvio acaso? Obra de los fantasmas debía ser. Ya se habían metido en su vida bastante, pero intervenir sus sueños era demasiado. Y una nueva interrogante surgió en su cabeza, ¿quién le había plantado ese sueño en la cabeza? ¿Y con qué objetivo? Había escuchado en el duelo entre los fantasmas algo sobre "Grandes Mentes". No sabía por qué, pero eso le sonaba. Al parecer, así se denominaban los que controlaban el Universo, tanto el Mundo Real como el fantasmal. Si eso era cierto, podían estarlo observando en ese instante, como habían estado observándolo durante toda su vida, o, al menos, desde que Kisara murió. Pensar en ella le hizo sentirse mal, y, al mismo tiempo, le hizo pensar algo.
Giró su cabeza hacia el reloj digital, y no le sorprendió lo que veía:
El mismo día, la misma hora. Ya iban tres veces en que despertaba en ese preciso instante. Era como si el tiempo jamás hubiera pasado. El reloj marcó la una en punto, y Seto anticipó lo que sucedería. La campanada fue esta vez excesivamente ensordecedora, tan alta que a Seto le dio la impresión de que habían hecho sonar el enorme reloj justo dentro de su cabeza. Por instinto se llevó las manos a los oídos y cayó de rodillas, pero fue inútil. El sonido había nacido en su cerebro, y lo había dejado casi o completamente sordo. Instantáneamente un pitido continuo azotó su aparato auditivo, lo cuál era particularmente molesto. Se preguntó qué sucedería ahora. Seguramente aparecería otro fantasma, tan extravagante como los dos anteriores. O quizás no, todo dependía de cómo las Grandes Mentes actuaran. Seto pensó que, después de todo, todo se reducía a ello.
Pasaron tres minutos de incertidumbre, y entonces ocurrió...
Seto escuchó súbitamente el sonido de una flauta de madera, y, acto seguido, una luz dorada antecedió a la aparición de una especie de ojo dorado gigantesco, que Seto asoció inmediatamente con los jeroglíficos encontrados en las construcciones del Egipto antiguo. A partir del ojo, la luz comenzó a tomar forma y a materializarse, tomando poco a poco la forma de una especie de báculo, que se hizo pequeño inmediatamente. Luego, del símbolo de Horus grabado en el báculo, una luz azul comenzó a surgir, una especie de energía que se materializó poco a poco en un brazo, luego el cuerpo fue apareciendo hasta terminar en la cabeza. Seto no podía creer lo que veía.
¡Era él mismo! ¡SETO KAIBA ESTABA VIENDO A OTRO SETO KAIBA!
Nuestro Seto andaba en pijama, mientras que el otro llevaba sus ropas cotidianas. No había gran diferencia, excepto porque el segundo despedía un aura de un color azul intenso alrededor de todo su cuerpo. Llevaba, además, una especie de cetro dorado en su mano izquierda. Ambos se miraron durante largo rato, hasta que Seto se rindió. Miró hacia arriba, como si supiera que lo observaban desde ese punto, y gritó:
- ¡Oh, por favor! Reconoced que os habéis pasado esta vez, y las anteriores ya habíais rebasado lo suficientemente el límite.
- Me parece curioso que aún a estas alturas seas capaz de sorprenderte por algo. - dijo el Otro Seto. Seto lo miró, no sabiendo exactamente qué emoción demostrar.
- No me lo digas, ¿eres el fantasma de las Navidades Futuras? - el Otro Seto pareció sorprenderse - Bueno, es bastante obvio, si primero vino uno de las Navidades Pasadas, luego uno de la Navidad Presente, es lógico pensar que el tercero tenga que ver con el futuro. ¿Me he equivocado?
El fantasma negó con la cabeza.
- Tal y como se esperaba de ti, o mejor dicho, de nosotros - dijo - Bien, ¿dime, piensas que esto es una broma, o crees que es real?
Eso hizo pensar a Seto en Bakura... y en Yami.
- ¿Qué le sucedió a Yami? - preguntó, serio - ¿Y a Bakura?
- No sé de qué me estás hablando... De momento debes concentrarte en la prueba que estamos a punto de hacerte - lo cortó su homólogo - Los asuntos concernientes al Mundo Fantasmal no son del interés de los mortales.
Otra vez, pensó, escondían lo sucedido, o no se atrevían a divulgarlo. Seto sabía bien que el fantasma que tan descaradamente se parecía a él, sabía mucho más de lo que aparentaba, solo que, también, debía ser un peón de las Grandes Mentes. ¿Hasta que punto las palabras de Bakura eran ciertas? Seto se sentía capaz de descubrirlo, pero para lograrlo, precisaba meterse de lleno en esa tercera prueba. Probablemente fuese su última oportunidad.
- OK, asumiré que dices la verdad - dijo Seto, mientras su mente comenzaba a idear un plan para hacer hablar a su gemelo - Dime, al menos, ¿por qué te pareces a mí?
- Soy exactamente idéntico a ti, pero eso lo descubrirás muy pronto.
***El desierto... a miles de kilómetros de Domino City***
No bien hubo parpadeado, descubrió rápidamente que no se encontraba en su habitación.
Sintió arena bajo sus pies, una arena densamente caliente. Era de noche, sin embargo gracias al reflejo de la luz solar en la superficie de la luna, podía ver claramente. Un cactus crecía solitario a lo lejos, y doquier miraba, solo veía más arena.
"Esto es un desierto"
El Otro Seto apareció junto a él. Su aura azul iluminaba aún más lo que se hallaba a su alrededor.
- Bien, Seto Kaiba, yo, Seto, por el poder que me han conferido en santo ritual las Grandes Mentes, líderes consabidos del Mundo Fantasmal, te impongo lo que será tu examen definitivo, la irrefutable prueba de que aún eres capaz de profesar amor, y de recibirlo. ¡COMIENZA AHORA!
Seto parpadeó y el Otro Seto había desaparecido, y Seto podría jurar que se había deshecho en arena.
- ¡Espera, espectro! - gritó nuestro Seto, confundido, mirando a su alrededor, no encontrando otra cosa que no fuese arena - ¡No me has dicho qué debo hacer, ni por qué me han traído aquí! ¿No esperarán que lo deduzca por mí mismo, o sí?
Habló en plural, sabiendo que las Grandes Mentes estarían escuchándolo.
- Tu alma una vez fue cálida y acogedora, como un manantial de aguas claras y de vegetación y vida exuberante. Sin embargo, debido a la noche eterna que ahora reina en él, se ha vuelto un desierto, tu alma se tornó fría y glacial. Es tu deber, entonces, buscar donde se encuentra la luz y traerla de vuelta, para que vuelva el calor a tu corazón. Solo entonces, podrás ser libre.
La voz provenía de todas partes, y a la vez de ninguna. Al parecer podía escucharla en su propia mente, no era un sonido proveniente del exterior. Telepatía, pensó. Esperó que le dijeran algo más, pero el silencio se extendió por minutos. Decidió que estaba solo. Se concentró entonces en descifrar la pista que le habían otorgado.
- "Traer la luz", - pensó - dado que es de noche esa frase podría interpretarse como "hacer que amanezca", y para ello debe salir el sol. Entonces, lo que quieren es que yo haga salir el sol, pero, ¿cómo podría hacer tal cosa?
Decidió que si se quedaba allí de pie no encontraría la respuesta. De modo que, poniéndose de espaldas a la luna, echó a andar. Era el único punto de referencia que tenía, y, lógicamente, ir en la misma dirección que el satélite natural era equivalente a ir a "buscar la luna", el cual no era su objetivo.
No hubo andado por más de quince minutos cuando encontró que a lo lejos se alzaba un gigantesco y majestuoso templo. Estaba hecho de piedra y oro, y dos grandes estatuas de alguien que, si recordaba bien, era Rá, dios egipcio del Sol, actuaban como guardianas del enorme recinto, situadas ambas a cada lado de un portón que incluso desde esa distancia le pareció excesivamente grande.
Avanzó entonces hacia ese lugar, único sitio a la vista diferente de la arena infinita, y seguramente donde podría encontrar una respuesta clara. Pensaba, tenía muchas preguntas dándole vueltas, pero solo alguien en el mundo podía responderlas, y, si su corazonada era cierta, entonces todo sería aclarado dentro de ese lugar.
A medida que avanzaba notó que el frío de la noche comenzaba paulatinamente a descender, y cuando estuvo a menos de un kilómetro, casi había desaparecido por completo, dando paso a una temperatura que según calculó oscilaba entre los 20 y 25 grados Cº.
"Es como si realmente estuviese acercándome al sol" se dijo "Al calor."
Sintió que se hallaba mucho más cerca de su destino. Eso lo incentivó, y con mayor ahínco avanzó hacia el gran templo de Rá.
En un lapso tiempo se halló por fin frente a la enorme puerta.
- ¡Abrid! - gritó, esperando ser escuchado por las Grandes Mentes. Seguramente así era, debido a que la puerta comenzó a moverse con pesadez, arrastrada por alguna fuerza invisible. Solo se entreabrió lo suficiente como para que Seto pudiese atravesarla. Así lo hizo, adentrándose hacia el interior del templo, hacia su destino.
Encontróse en un pasillo de dimensiones colosales, paredes, techo y piso se hallaban completamente llenos con jeroglíficos, pero Seto no podía comprender su significado. Braceros tan grandes como una casa dispuestos a todo lo largo del pasillo iluminaban el sitio.
A lo lejos vio Seto al Seto Falso, de modo que avanzó hasta encararlo.
- He venido - dijo Seto, mirándolo fijamente.
- Ya puedo verlo - respondió el Otro Seto - No esperaba menos de ti. Pero aún no termina.
Varios braceros más se iluminaron repentinamente, revelando a espaldas del Falso Seto una escalera que, a juego con el resto del edificio, era desproporcionadamente grande, cada peldaño medía por lo menos dos metros.
- Todo lo que tienes que hacer ahora, es subir hasta el siguiente piso de este templo. Allá te estaré esperando.
Dicho esto, el Otro Seto desapareció.
- ¿Eso es todo? - preguntó Seto, incrédulo - ¿Subir una escalera? ¿Y nada más?
Cada vez aquella prueba se tornaba más extraña, a Seto le parecía que se estaban burlando de él.
No entendía qué tenía que ver todo eso con su futuro. Decidió, sin embargo, continuar, puesto no podría saber nada si se quedaba allí.
Para escalar el primer peldaño, tuvo que dar un salto para agarrarse al borde del escalón, y luego impulsarse hacia arriba para alcanzar la superficie del gigantesco escalón. Estaba fuera de forma, por lo que le costó un gran esfuerzo llegar arriba.
Y faltaban cientos de esos escalones. Maldijo a quien quiera que fuese el que ideó hacer el templo de tan gran tamaño. O quizás el templo era producto de su imaginación. Se maldijo a sí mismo.
Mientras subía, no sin esfuerzo, se preguntó cómo había sido su vida antes de terminar en aquel condenado lugar. Inconscientemente, Seto se había distanciado del mundo, y solamente ahora se daba cuenta de ello. Y en un final, ¿por qué estaba haciendo todo aquello? En lugar de hacerle bien, de traerle paz como él esperaba que sucediera, el alejarse de sus antiguos amigos no había hecho otra cosa que agudizar su dolor.
Se concentró en subir la escalera, en un intento vano por limpiar su mente de ideas de esa índole. Pero le fue imposible. Regresaron muchos recuerdos, de las tantas veces que había maltratado a muchas personas, la mayoría de ellas le habían "molestado" con buenas intenciones. Se sentía culpable. Sobre todo eso, culpable.
Alrededor de una hora después, Seto dio por fin con el fin de la larga sucesión de peldaños. No los había contado, pero no habían sido tantos, tampoco. Y sin embargo le parecía haber escalado el monte Everest.
Se permitió tomar al menos media hora de descanso. Mientras concentró su atención en la nueva locación en la que se encontraba. Nuevamente, un pasillo repleto de jeroglíficos, pero esta vez notó algo muy singular, y es que este pasillo estaba hecho a su medida, es decir, que medía solo 5 metros de altura y 6 de ancho. Nada que ver con las dimensiones anteriores del templo.
- ¿Por qué este lugar es más pequeño? - preguntó en voz alta.
- Porque a medida que nos acercamos a tu corazón, el camino se hace más corto, más fácil de transitar. - le dijo el fantasma de las navidades del futuro, apareciendo junto a él - Acabas de atravesar la Escalera de la Concordia, donde has reconocido tus errores y te has lamentado por ello. Gracias a ello, tu camino se ha vuelto mucho más sencillo. ¿Comprendes?
Seto creía comprenderlo, de modo que asintió con la cabeza.
- Terminemos con esto - dijo. No estaba impaciente, era algo que había aprendido en su aventura navideña.
- Muy bien - dijo el otro Seto - Sígueme.
Echaron a andar por el pasillo, los braseros proyectaban sombras ténues a su alrededor, aunque a medida que avanzaban el tamaño de las llamas y el número de braseros aumentó, de modo que el pasillo comenzó a estar completamente iluminado.
- No hace calor, a pesar de la intensidad de estas llamas - dijo Seto, observando a su alrededor.
- Eso es porque este no es un fuego común. Es el fuego que emana de los buenos sentimientos que comienzan a florecer dentro de ti. Y esa clase de llamas no causan calor, sino que transmiten bienestar.
Era cierto, ya que Seto se sentía muy bien. Años atrás había vivido con una opresión incesante en el pecho, pero en aquellos momentos había desaparecido. ¿Estaría, después de todo, haciendo lo correcto?
El pasillo llegaba a su fin. Seto y el fantasma que se parecía a él avanzaron hacia una puerta iluminada con el símbolo de Horus, un ojo, dibujado en su centro. A su paso la puerta se abrió rápidamente, permitiendo el paso.
Del otro lado, Seto se encontró en un lugar que lo dejó completamente sorprendido.
Era un grandioso salón de forma oval, con un gran trono dorado suspendido en el aire en el fondo del lugar, dominando desde sus 6 metros de altura todo el sitio. Doce pilares de 2 metros de altura se alzaban, seis a cada lado del salón, y sobre ellos grandes llamas doradas flotaban.
El salón no tenía techo, y por encima de sus cabezas, se hallaba el cielo nocturno plagado de estrellas.
- ¿Este es...?
- Tu corazón - dijo el espectro, situándose justo frente a él. Seto notó un ápice de nerviosismo en la mirada de su otro, pero no le dio importancia.
- Ha llegado la hora de revelarte mi verdadera identidad - dijo el Falso Seto, y su figura cambió de inmediato, o al menos lo hizo su ropa. Seto tenía ahora ante sí a una persona que, aunque tenía su mismo rostro, esta vez vestía con extrañísimas ropas, que le recordaron los trajes que se usaban en la antigüedad. - Seto Kaiba, yo soy Seth, tu antepasado.
La revelación golpeó a Seto y lo miró sorprendido. ¿Cómo podía ser un espectro que clamaba ser el Fantasma de las Navidades Futuras su antepasado?
- Ya sé lo que estás pensando, pero puedo asegurarte que todo es cierto. No tengo razón para mentirte, Seto.
- ¿Qué demonios significa esto? - preguntó Seto. Seth miró hacia arriba, como si temiese algo. Pero decidió continuar.
- Las Grandes Mentes me escogieron para guiarte en esta última prueba porque tú y yo guardamos un vínculo que, mucho más allá de nuestro parentesco, nos une y nos hermana más que a nadie. Ese vínculo es... que amamos a la misma persona.
Seto se sorprendió tanto que abrió los ojos como platos.
- ¿Qué estás diciendo? - exclamó - ¿Que estabas enamorado de...?
- No de Kisara, querido Seto, pero sí de alguien muy parecida a ella. No puedo dudar que la mujer que yo amé y la que tú amaste compartan también algún lazo de sangre. Es posible que incluso se llamaran igual.
- ¿No sabías su nombre?
- No - respondió Seth, bajando apenado la cabeza - Ella murió antes de poder decírmelo. Murió en mis brazos, y eso me provocó tal dolor que hice exactamente lo mismo que tú. Me separé del mundo, salí de Egipto y viajé por el mundo como un mercenario, haciendo trabajos sucios para gente rica, como un ser sin corazón y sin escrúpulos. Hasta que morí, y solo entonces comprendí cuánto había desperdiciado solo por no olvidar el dolor que me supuso tan grande pérdida.
Seto escuchó la historia atentamente, y es que comprendía perfectamente lo que había sentido Seth, quien decía ser su ancestro.
- Dices que eres mi ancestro, pero tu historia me da otra idea.
- Sí, como has de suponer jamás compartí mi vida con otra mujer. Tú, en realidad eres mi reencarnación. Es decir, que ambos somos la misma persona, y probablemente Kisara sea la reencarnación de la chica que yo amé.
- ¿Por qué me estás diciendo todo esto? - preguntó Seto.
- Porque tú no debes cometer los mismos errores que yo. Y afortunadamente, no lo estás haciendo. Pero el viaje aún no ha terminado. - Seth parecía nervioso, como si fuese a ocurrir algo malo en cualquier momento - Escúchame, Seto, tienes que salvarte, procura no...
Pero desapareció de pronto.
- ¿Procura no qué...? ¡Procura no qué! - exclamó, al ver a su ancestro desaparecer. Miró a su alrededor, sabiendo que algo no estaba bien. - ¡Qué le han hecho esta vez, Sesudos! ¡Díganme que le han hecho!
Con "sesudos" se refería por supuesto a las Grandes Mentes. No sabía por qué pero estaba seguro de que esto era obra de ellas.
- Esto, hicieron esto porque me reveló algo que no debía. ¿Verdad?
No hubo respuesta.
- ¿¡Por qué siempre tienen que estar metiendo la mano en todo! - estalló - ¿Es que no tienen algo mejor que hacer? Toda esta cantaleta de "Las Tres Pruebas" y los "Fantasmas de la Navidad". ¿Es conmigo solamente o se lo hacen a todo el mundo? ¿Es por diversión o realmente quieren ver si puedo salvar mi alma? ¿Salvarla de qué? ¿De la muerte? ¿Del infierno? ¡Tantas preguntas, y seguramente ustedes tienen todas las respuestas! ¡Hablen de una vez, den la cara, cobardes!
- El señor Seto Kaiba debería calmarse.
Fue una voz venida de todas partes, y a la vez de ninguna. Como si alguien susurrase muy adentro de su oído.
- Han... respondido - dijo Seto, sorprendido.
- El señor Seto Kaiba no debería remarcar lo que obviamente se conoce.
- Díganme por qué han hecho desaparecer a Seth.
- El señor Seto Kaiba pregunta por qué han hecho desaparecer a Seth. Las Grandes Mentes responden esa no es una información que el señor Seto Kaiba deba poseer.
- Ah, por favor. Con su silencio hubiesen ayudado más.
- El señor Seto Kaiba dice con su silencio hubiesen ayudado más. Las Grandes Mentes responden usted nos pidió que hablásemos. Después de todo lo que le hemos hecho pasar, merece nuestra atención.
- Sin embargo no han escuchado mi pedido, o más bien, no quieren escucharlo.
- El señor Seto Kaiba dice no han escuchado mi pedido, las Grandes Mentes responden ya le hemos dicho que es mejor que no lo sepa.
Seto se preguntó si era necesario que repitiesen todo una y otra vez.
- Entonces, ¿qué piensan hacer conmigo ahora?
- El señor Seto Kaiba pregunta qué piensan hacer conmigo ahora, las Grandes Mentes responden la prueba continuará. Preste atención al centro de la estancia.
Así lo hizo Seto, y se percató de que la luz de la luna penetraba por el "techo" y se concentraba en un haz que comenzó a materializarse. Y terminó convirtiéndose en una figura conocida. Kisara.
Llevaba un vestido azul oscuro, gruesas cadenas la aprisionaban, tenía la misma mirada triste y azul. La luz de la luna la rodeaba, como un aura plateada.
- Kisara... - dijo Seto.
- Seto, has venido. Sabía que podías hacerlo.
- Ella está aún dentro de tu corazón, dicen las Grandes Mentes, pero sus cadenas no le permiten salir. Eso es porque te has empecinado en mantener su recuerdo como algo triste y doloroso, cuando debería ser algo pacífico y bello. Tu misión aquí será liberar a Kisara de sus cadenas, y para ello, debes dejarla ir. En otras palabras, tienes que olvidarte de ella.
- ¿¡PERO ES QUE SE HAN VUELTO COMPLETAMENTE LOCOS!
El eco de su grito llenó la estancia, y la palabra "locos" se repitió varias veces.
- Que se han vuelto completamente locos, dice Seto Kaiba, no debería gritar ni exaltarse de esa forma, responden las Grandes Mentes. Solamente cumpla con lo que se le pide.
- Seto... - dijo Kisara, y Seto centró su atención en ella. Era tal y como la recordaba, e incluso, en aquel momento, le parecía aún más hermosa. ¿Cómo podría borrar de su mente una imagen tan espectacular como aquella? La respuesta era sencilla.
- No puedo - dijo Seto, sin dirigirse exactamente hacia Kisara o hacia las Grandes Mentes. Parecía estar hablando consigo mismo, la mirada fija en un punto indefinido del suelo - No puedo olvidarla. De una forma o de otra, Kisara siempre estará presente en mis recuerdos. Tal vez ya no de la misma manera, pero siempre estará. ¿Lo entienden? No hay manera de que pueda olvidarla. ¡Kisara estará en mi corazón para siempre!
Un silencio espectral siguió a aquellas palabras.
- Seto, yo... - habló Kisara, y su voz sonó tan melancólica que a Seto le dio un vuelco el corazón - Yo... te perdono.
Aquello lo tomó por sorpresa. Fue a decir algo, pero Kisara siguió hablando.
- Comprendo la profunda depresión a la que te sometiste, y por eso no pude viajar al mundo fantasmal completamente. Sin embargo, no te odio por ello, porque comprendo la magnitud de tus sentimientos. Yo también te amaba, y si ese accidente te hubiese sucedido a ti, la tristeza que me hubiera embargado habría sido igual de terrible. No debes sentirte culpable, porque te perdono.
Hubiese llorado, pero las lágrimas no brotaron, quién sabe por qué. Pero se sintió muy triste. Y no era una tristeza acompañada con dolor, sino con compasión. Compasión hacia Kisara, o tal vez hacia él mismo.
- Las Grandes Mentes no han cambiado su veredicto, dicen las Grandes Mentes. Seto Kaiba debe olvidar a Kisara.
- ¿Por qué no os vais a sabotearle la vida a otro? - preguntó Seto, ya molesto - ¿O es que os divierte mucho jugar con mis sentimientos y con los de Kisara?
- Seto Kaiba habla de los sentimientos de Kisara, Kisara no tienes sentimientos, porque es un fantasma, responden las Grandes Mentes.
- Me acaba de perdonar, zopencos - dijo Seto - ¿Acaso eso no es una muestra de que posee sentimientos?
- Acaso eso no es una muestra de que posee sentimientos, dice Seto Kaiba, no, responden las Grandes Mentes. Seto Kaiba debe liberar a Kisara, si no fallará su prueba.
Seto miró hacia el cielo.
- Debería amanecer, eso fue lo que me dijo Seth. Que debía hacer que saliera el sol. Kisara, tú estás bañada de luz de luna, eso quiere decir que tú eres la luna. Entonces yo soy el sol.
Kisara asintió.
- Entonces, para iluminar mi corazón, la luna tiene que desaparecer del firmamento para dar paso al sol. ¿Me equivoco?
- No, Seto, así ha de ser - dijo Kisara - Las Grandes Mentes saben lo que debe hacerse.
Seto decidió pensar. Debía encontrar una manera de olvidar a Kisara, sin olvidarla. ¿Era posible algo así?
- Este es mi corazón, por lo tanto es mi alma. Por tanto, yo debo tener cierto control sobre ella, ¿no es así?
- Debo tener cierto control, dice Seto Kaiba, sí, por supuesto, responden las Grandes Mentes.
- Entonces ya sé lo que tengo que hacer - dijo Seto, sonriendo abiertamente.
Cerró los ojos, y se concentró en Kisara. Pero no pensó en la Kisara que en aquellos momentos tenía frente a ella, una Kisara consumida por la tristeza. Pensó en la Kisara de antes, la que había amado. La Kisara alegre, inteligente, que sonreía a todos, no se molestaba nunca y creía que todas las cosas del mundo eran importantes, y que todo el mundo tenía algo bueno dentro. La Kisara con quien había compartido tantos momentos alegres. La dibujó en su mente, con su vestido verde que representaba su esperanza en el mundo, su pelo suelto y una sonrisa preciosa en su rostro.
Imaginó e imaginó, recordó todos los momentos hermosos que habían pasado juntos. Con tanta fuerza, con tal deseo, que por un momento le pareció que volvía a ver a su Kisara llena de vida otra vez. Y esto le provocó una felicidad indescriptible.
Luego abrió ambos ojos. Y lo que vio lo llenó de alegría.
- Seto Kaiba ha cumplido su cometido, dicen las Grandes Mentes.
Frente a él se hallaba Kisara, pero las cadenas habían desaparecido. Y sonreía.
- No puedo creerlo, fue tan sencillo - se dijo Seto.
- El corazón de una persona a veces es muy fuerte - dijo Kisara - Sobre todo cuando su fuerza de voluntad es como la tuya, Seto. Solo tenías que recordar los capítulos de nuestra vida que fueron alegres, esos que antes te negaste por completo a recordar, y casi perdiste. Pero has logrado recuperar tu alma. Y con ello, puedo irme libre, aunque no temas, tú sabes que siempre estaré contigo.
Alargó una mano, y señaló hacia el pecho de Seto. Y, quedándose en esa posición, la figura de Kisara fue desvaneciéndose en una luz plateada. Y Seto se sintió triste, porque una vez más perdía a Kisara, pero no le importó demasiado. Ella ya lo había dicho. Puso su mano izquierda sobre su corazón. Seguía latiendo. De pronto Seto se vio rodeado de una intensa luz amarilla, que lo rodeó como un aura.
Y, a lo lejos en el horizonte, el sol comenzó a aparecer, lamiendo con sus rayos las frías arenas del desierto.
***Habitación de Seto Kaiba***
Se encontró de pie, frente a su ventana. Hacía un sol espléndido, nada que ver con los días anteriores. Se vistió y salió a la calle sin hacer nada más, y sin razón alguna. Solo quería caminar un poco.
Las calles ya comenzaban a llenarse con el gentío matutino. Los adornos navideños aún llenaban las vidrieras de las tiendas y toda clase de lugares, pero eso estaba bien. Ya no le importaba.
Entre vueltas Seto se encontró pasando por la calle que conducía hacia la casa de Yugi. Y ya que estaba cerca, decidió acercarse y hacerle una corta visita.
Llegó al lugar, tocó al timbre, y esperó pacientemente. Le abrió la puerta un somnoliento Yugi, pero al ver quién era se espabiló de inmediato.
- ¿Seto? - exclamó sorprendido - ¿Por qué? ¿Qué?... ¿Estoy soñando?
Seto rió alegremente.
- No, Yugi, no es un sueño. ¿Está Yami en casa?
- Está durmiendo, ¿por qué preguntas?
- Ya estoy despierto - dijo una voz en el interior, por supuesto se trataba de Yami.
- ¿Puedo pasar, por favor? - preguntó Seto educadamente a Yugi.
- ¡Pero por supuesto!
Seto entró en la casa. Era acogedora, apacible, se podía sentir el calor del hogar en ella. Yami se hallaba sentado en un sofá rojo que parecía cómodo. Lo invitó a sentarse en un butacón frente a él. Seto ocupó el asiento.
- Yami, estás vivo. - comenzó Seto.
- Por supuesto, no es tan fácil batir a Yami Muto, y menos en un juego - dijo, orgulloso - Y tú estas vivo también, ¿quiere decir eso que?
Seto asintió, sonriente.
- ¡Esto amerita una celebración! - exclamó Yami, divertido - ¡Yugi, avísale a todos! ¡Esta noche tendremos otro invitado! ¡Será la mejor navidad que hayamos tenido en años!
- ¿Navidad? - preguntó Seto, sorprendido - Pero si la Navidad fue ayer...
- ¿Estás bien de la cabeza, Seto? - le preguntó Yugi desde la cocina - Primero vienes aquí sonriendo y totalmente cambiado, luego confundes el día. ¡Hoy es 25 de diciembre, es Noche Buena!
Yami señaló hacia el reloj digital que descansaba sobre una mesita cercana.
*25/12/99 8:34*
- Repitieron una misma noche tres veces, da lo mismo que lo hicieran una vez más, ¿no lo crees? - le preguntó Yami con naturalidad.
- ¿Qué sucedió con Bakura, y con Pegasus?
- Pegasus está bien - respondió Yami, con la cabeza apoyada en el brazo - Bakura, veremos qué destino le deparan las Grandes Mentes. Estaba loco, el pobre...
A Seto no le hacía gracia que Yami sintiera pena por alguien que quiso matarlo, pero no dijo nada. Se sentía demasiado bien aquel día.
- Me alegro. - dijo simplemente - ¿Ahora, las Grandes Mentes saldrán de mi vida para siempre?
- Eso es algo que no sabemos - dijo Yami - La verdad es que nadie sabe por qué se dedican a hacer cosas como esta todas las Navidades. Supongo que en tu caso no querían que estuvieses solo y amargado. Y hombre, me alegra que hayas cambiado, porque ¿has cambiado, verdad?
Seto lo miró fijamente.
- Por supuesto que lo he hecho. Y es raro, porque técnicamente ha sido de un día para otro, pero estas tres noches me han enseñado mucho. Gracias a ellas me di cuenta de lo que me estaba perdiendo, de cuánto sufrí y cuánto hice sufrir a los que me rodeaban. Ustedes, Joey y Tristán, incluso mi hermano Mokuba, todos afectados por mi propia estupidez. Kisara. Pero eso es agua pasada. Soy un hombre nuevo, o eso es lo que planeo ser.
Yami sonrió al ver a su amigo sonreír de nuevo.
- ¿Sabes qué, debería escribir una canción sobre todo esto? - dijo Yami.
- ¿Una canción? - preguntó Seto, interesado - Por favor, eso no es lo mío. Sabes que soy muy malo contando historias, mucho peor rimando. Para componer una canción tendrías que conocer la historia completa, y no te la pienso contar.
- Entonces tendrás que componer la canción tú mismo.
- ¿Es un reto? - preguntó Seto - Porque si lo es, no voy a defraudarte. Aunque tenga que estudiar en un conservatorio, la escribiré. Es una promesa.
- ¿Y qué título le pondrás? - le preguntó Yugi, sentándose junto a Yami y uniéndose de paso a la conversación.
De pronto se oyeron golpes en la puerta. Yugi fue a abrir, y regresó con la compañía de Joey y Tristán, quienes a su vez se sorprendieron al encontrar a Seto allí también.
Después de las explicaciones, todos se quedaron allí un rato y luego se fueron.
Al llegar la noche, todos los amigos de Seto se reunieron de nuevo en casa de los Muto, y allí celebraron el retorno de Seto a su grupo.
- ¿Y cómo se llamará tu canción, Seto? - le preguntaron otra vez.
- ¿Que no es obvio? - preguntó Seto, y antes de decirlo, contempló todos los rostros que lo observaban, entre ellos los de sus mejores amigos, el de su hermano, y media docena de desconocidos, pero que en aquel momento eran también parte de su grupo. Y entre toda la multitud, allá, al final, le pareció ver el precioso rostro de Kisara, sonriéndole, alentándolo. Y eso le dio fuerzas para continuar - Como no se me da bien andar inventando títulos interesantes, que para eso está mi hermano, preferiré un nombre sencillo, que diga poco y a la vez lo diga todo. Y no habrá mejor título para una canción escrita por mí, Seto Kaiba, que éste: Una Canción de Kaiba.
Y todos rieron alegremente. Y aquella, fue la mejor Navidad de su vida.
A KAIBA'S CAROL - EL FIN
Y este ha sido el final de esta historia. Escribirlo fue condenadamente difícil, y si me demoré escribiendo no fue por su complejidad (Bueno, tal vez un poco) sino por los exámenes que no dan descanso a nadie. Pero al fin pude terminarlo. ¿Qué les pareció este final? ¿Bueno? ¿Malo? A mí, la verdad no lo sé. No soy perfecto, ni estoy a la altura de otros grandes escritores, pero me conformo con saber que me esforcé por lograrlo, y de algún modo me siento satisfecho por terminarlo.
Bueno, un abrazo grande y un agradecimiento ENOOOOOORME a todos aquellos (as) que decidieron pasarse un segundito por este fan-fiction. Gracias a DarkYamiMotou, KaibaGirlWhiteRose, sayori sakura, Chiyo Asakura, Atami no Tsuki etc. Y a todas esas personas que decidieron pasarse un segundo por esta historia tan loca. Sus reviews me llenaron de valor para seguir escribiendo.
DarkYugi, ¡estoy terminándolo, lo juro! Tengo que revisarlo y terminarlo, pero con tan poco tiempo para escribir es realmente difícil. No me rendiré, sin embargo, trataré de traerles el capítulo final de DY a más tardar el sábado 19 de marzo. ¡paciencia, por favor, poco tiempo!
Os quiero a todos. ¡SETO KAIBA ES EL MEJOR! ¡BAKURA TAMBIÉN, aunque siempre lo cojan de malo!
Y solo me queda decir… nos vemos, en mi próximo fic.
DannyGMaster XD
