Celos
Harry pasó casi toda la mañana y parte de la tarde en compañía de Luna Lovegood. La siempre tan extravagante y rara de Hogwarts. Este se despidió alegando que tenía que pedirle una disculpa a Ron por su mal comportamiento la pasada noche. Luna se mostró comprensiva, permitiéndole marcharse. Quedando la rubia sola a orillas del bosque prohibido.
– Ya puedes salir –dijo con su risueña voz. Volviendo a mirar a los espesos árboles que estaban más al fondo. No obtuvo respuesta. A cambio solo se revolotearon algunas ramas y el silencio volvía a reinar.
Harry subió a la sala común de Gryffindor viendo como algunos de sus compañeros se esforzaban por terminar el trabajo del profesor Binns.
– ¿Harry, ya hiciste el reporte? –pregunto Seamus Finnigan. Con la pluma en mano y una cara de preocupación. Se le veía muy estresado –. Ughh… ¿Qué te paso? –se notaba que lo decía con algo de asco.
– Sí, ya –contesto. Se sentía orgulloso de decir aquello pues era una de las pocas veces en que no hacia tarea a último momento. Como usualmente solía ser. Al escucharle hacer la otra pregunta bufo molesto–. Tropecé.
Frente a la chimenea se encontraba Ron y Hermione acomodados en los sillones que siempre ocupaban. Crookshanks ronroneaba hecho bolita en las piernas de Hermione mientras esta le hacía cariñitos detrás de su oreja.
Tomo asiento en el lugar libre. Hermione le miro alterada.
– ¡Harry! ¿Qué…?
– Tropecé –interrumpió sin dejarla terminar.
Hermione lo examinaba de pies a cabeza. Harry tenia la parte delantera completamente enlodada; barro ya seco. Por lo que su tropezón debió haber ocurrido ya hace un buen rato. Tenia manchas de lodo en distintos puntos estratégicos, en la cara, en la espalda, incluso en el cabello. Las manchas tenían forma casi circular. Como si se hubiera batido a duelo con bolas de nieve, sólo que en este caso, de barro. Cruzo una mirada incrédula con Ron y ambos volvieron a ver a Harry. No muy seguros de preguntar más acerca de su aspecto. Últimamente cada que se preocupaban por él este reaccionaba de mala manera, gruñendo y gritando que no lo entenderían.
Ron soltó la pluma y dejo a un lado el pergamino. Que a lo mucho llevaba tres centímetros. También se veía preocupado. Harry sabía que tenía que disculparse. Ese era el momento.
– Escuchen… sé que he estado algo irritable…
– ¿Algo? –dijeron ambos oyentes. Con el ceño un poco fruncido.
– Esta bien, muy irritable. Incluso me cuesta tolerarme a mí mismo.
– Harry, somos tus amigos y como tales siempre estaremos a tu lado –la voz de Hermione era tan tranquilizadora que le hacía sentir un calorcito interior–. Pero nos lo dificultas si te lo guardas todo. Puedes confiar en nosotros y lo sabes.
Harry se mordió los labios como gesto de inseguridad. Sabia a la perfección que podía contar con sus dos mejores amigos. Pero, de ahí a decirles que tenía sueños con Draco Malfoy, que incluso intentaba hablarle fuera de estos y que, en efecto, había logrado que se hicieran amigos.
¿Qué le dirían?
Seguramente algo como «estas obsesionado» de parte de Hermione y de Ron… «¡¿Por qué el hurón?»
Bufo resignado. Definitivamente debía esperar más para atreverse a confesar algo de esa magnitud.
– Es todo este asunto de Voldemort –Ron se estremeció y Hermione hizo una mueca que a Harry le pareció graciosa.
– ¡Compañero! ¿Podrías dejar de llamar por su nombre al Señor Tenebroso? –intentando sonar molesto. La verdad es que la sola idea de oír su nombre le producía miedo y asco.
– Vamos Ron, debes acostumbrarte. ¿Es cierto lo que nos dices? –No lucia confiada. Y miraba a Harry intentando descubrir la verdad en sus facciones.
– S-Sí –agacho la cabeza para evitar la insistente mirada de Hermione. Debía saberlo, ella es bastante perspicaz y apostaría diez galeones a que ya se dio cuenta de su mentira tan poco elaborada.
– Bueno, si ese es el caso no creo que debamos preocuparnos mucho –sonrió–. Debes descansar más y pensar menos en ese asunto, al menos por ahora –aconsejo sabiamente.
Harry levanto la cabeza para verle, dándose cuenta de que le dedicaba una mirada cómplice. Suspiro. Eso solo significaba que Hermione y él tendrían una larga charla cuando no estuviera Ron cerca.
– Debe ser horrendo soñar tanto con ese… uughh.
– No tienes idea –Ron era el único de los tres que se creyó la mentira. Siempre tan despistado –. Umm… Ron –le llamo para tener su total atención– lamento haberte gritado. No debí hacerlo. Sé que querías saber si me encontraba bien. Te lo agradezco –sonaba bastante arrepentido y es que en cierta forma así era. Le preocupaba que aun escuchaba esa vocecilla que le decía que Ron se lo merecía.
– Eso hacen los amigos –sonrió amablemente. Tomando de vuelta la pluma y el pergamino que hace unos momentos dejo de lado–. ¡Ahora ayúdenme con esto! –grito con fingido sufrimiento. Aunque… o Ron era un grandioso actor o realmente estaba sufriendo.
Harry y Hermione soltaron una efímera carcajada. Ron logro su cometido de quitar tensión al momento.
– ¿Cómo te fue en tu cita con Lunáti… Luna Lovegood? –pregunto azorada.
– Bien…, fue muy agradable la verdad. Luna es divertida –un destello iluminaba sus ojos y es que era la verdad. Por ese día estaba logrando su cometido de no pensar lo suficiente en el calvario de pelo rubio platinado, piel pálida y ojos hermosos… ¡No! No debía pensar en él.
Entre risas y bromas, Harry pasó el resto de la tarde en la sala común de Gryffindor.
– Has estado extraño últimamente –sentencio una voz molesta.
– ¿Y eso a ti en que te afecta?
– ¡Por Merlín, Draco! Soy tu amiga. Y me afecta porque me preocupo por ti.
Draco bufo y con una mueca fastidiada quito la vista del libro que tenia en las manos. Se encontraba sentado en un extenso sofá de la sala común de Slytherin. Había alrededor de quince personas y cada uno realizando diferentes cosas. Unos conversaban mientras que otros terminaban sus deberes.
– Pansy, no hay nada de que hablar.
– ¡Oh, si que lo hay! Se muy bien lo que te ocurre y he esperado pacientemente a que te dignes a contárnoslo.
El rubio cerraba el libro tranquilamente; en la carátula tenia el grabado de "Pociones avanzadas: su utilización y elaboración"
– ¿Y que se supone que es lo que me ocurre? –pregunto tranquilamente. Por dentro sentía la preocupación de que Pansy supiera lo que ocultaba. Como buen Malfoy que era sabia perfectamente ocultar sus emociones, mostrando su mejor cara de frialdad.
Pansy Parkinson frunció el ceño. Hecho un vistazo alrededor para comprobar que nadie estuviera fisgoneando su conversación. Volvió a detener su atención en el rubio y acercándose unos cuantos centímetros más, susurro en voz queda:
– ¿Te estas viendo con… –dudo–, Lunática Lovegood?
Draco abrió los ojos enormemente por la sorpresa, tanto que se podrían asemejar a los ojos saltones de la Ravenclaw anteriormente mencionada. Pansy conservaba su expresión… bueno, ya no era seria. Más bien tenía aires de señora chismosa del callejón Diagon.
– ¿Como que...? –iba a reprochar y a decir que aquello era la estupidez más grande que había escuchado en su vida. Pero tras meditarlo, le parecía brillante–. Ciertamente, si nos estamos viendo.
Pansy ahogo un gemido de indignación.
– ¿Con esa? ¡Por Salazar Slytherin, que desagradable! –mascullo ofendida–. Yo, que tengo tan buen gusto y estilo, y te vas a revolcar con una loca que ni siquiera sabe en que mundo vive.
– Cierra la boca, Parkinson –la callo con el tono de voz que helaría hasta el más valiente–. Sí, puede que sea rara y diga cosas que rayan en la demencia. Pero no es una asquerosa sangre sucia.
– ¡Draco! ?Acaso te estas escuchando? ¡La estas defendiendo! –Grito exaltada– ¡Nadie en este mundo se fijaría en esa loca! –Hablaba más fuerte a medida que las palabras salían de sus labios que tenían un leve tono rojizo. El resto de los alumnos comenzaron a prestarles atención, de manera disimulada. Cosa que a Draco Malfoy no le hacia nada de gracia.
– Si Lovegood sale o no sale con alguien no debería ser de tu incumbencia –se paro velozmente–. El hecho de que nos veamos no significa que estemos saliendo como tú piensas –camino a paso firme, dejando a Parkinson con la boca abierta. Antes de abandonar la sala, añadió: – ¡Solo salimos una vez! –Arrugó las cejas apretujándolas tanto que se topaban con sus pestañas platinadas– ¡Ni siquiera fue una cita!
Cuando la pared se abrió y salio de la sala común, todos cuchichearon de lo recientemente ocurrido.
Hogwarts tenía un nuevo chisme.
Con mucha pesadez y fastidio, Draco se dirigió a algún lugar tranquilo en el que pudiera seguir su lectura sin la molesta interrupción de Pansy Parkinson.
– ¡Salir con Lovegood! –Mascullo a la mitad de un pasillo– ¿En que momento me pareció brillante? –llevaba consigo el libro de pociones avanzadas sujeto con un brazo. No era su intención que Pansy creyera que salía con la loca esa pero era algo mucho más factible a que descubriera lo otro.
Y como fiera atacando a su presa, fulminaba con la mirada a cualquier estudiante que tuviera la desgracia de toparse con él. Paso un par de horas tranquilo en la biblioteca, hasta que esta comenzó a llenarse. No tanto, pero con suficientes alumnos cotilleando algo.
Termino de repasar los componentes de una poción bastante complicada. Al dar la vuelta a la página seguía una con menos nivel de dificultad así que se permitió agudizar un poco el oído para escuchar que tanto hablaban esos estudiantes de Hufflepuff.
– ¿Un Slytherin con Loca Lovegood? –rió entre dientes.
– ¿La misma que jura que existen los nargles? –dijo otro, arqueando una ceja.
– ¿Nargles? ¿Y eso que es? –pregunto el tercero que estaba con ellos que hasta el momento no había opinado nada.
– No importa, el punto es que sale con uno de esas asquerosas serpientes –gruño con asco lo último. De todas las casas los Hufflepuff eran como el chiste de los Slytherin.
– Saben… –murmuro uno de cabello oscuro, bajando la voz y acercándose más a sus dos compañeros–, dicen que es Draco Malfoy.
– ¡No! –contestaron al mismo tiempo. Entre impresionados y burlones.
– Draco Malfoy y Lunática Lovegood. ¿A que no hacen linda pareja?
El rubio platinado cerró su libro. Tan fuerte que el estruendo resonó en la biblioteca. Algunos voltearon a verle, fisgones. Cuando se paro ya tenía la totalidad de la atención. Bufo molesto y salio. Refunfuñando un montón de barbaridades en contra de cierta rubia que no tenia la culpa de nada. El mismo se metió en aquel embrollo y el mismo debía salir de este.
La pregunta era… ¿Cómo?
La noche llego acompañada de relucientes estrellas en el cielo. Estaba tan oscuro que las hacia brillar aun más dando una fantástica vista sobre el techo encantado del Gran Comedor. Era la hora de la cena y ya se corría el rumor de que Luna Lovegood salía con un alumno de la casa de Slytherin y los rumores hablaban de que el presunto Slytherin involucrado era Draco Malfoy.
Cabe destacar que nadie podía imaginarse a un Slytherin sintiendo interés por alguien que no fuera de su propia casa y más aun, que no fuera rico, de familia de gran renombre o con buena fama. Era mucho menos creíble que se tratara de la chica de ojos desorbitados que parecían mirar todo menos a la persona que tuviera en frente.
Y aun menos creíble… ¡Que era Malfoy! El maldito niño mimado, único hijo y heredero de la fortuna Malfoy.
Algunas chicas no mostraban piedad en insultar a Luna y otras incluso la miraban con desprecio. La rubia parecía no darse ni cuenta en los cuchicheos porque cómodamente miraba la comida que esa noche prepararon los elfos. Giraba sus ojos una y otra vez, recorriendo la mesa. Indecisa de escoger algo.
Harry quien había llegado hace quince minutos al Gran Comedor acompañado de sus inseparables amigos no tardo en enterarse de la situación. Prácticamente estaba en boca de todo Hogwarts. El chisme de su supuesta relación con Hermione ya había sido botado y olvidado a comparación de este. Sus ojos verdes se deslizaban a la mesa de Slytherin; no había señal del chico de sus sueños. Literalmente.
Miro la comida que tenia de frente. Sin ganas de probar bocado. Ron ya devoraba un par de piernas de pollo tostadas como si no hubiera probado bocado en todo el día. Hermione refunfuñaba de sus pocos modales. Se encontraban distraídos… nadie notaria si se escabullía por un momento.
Hecho un vistazo a la mesa de Ravenclaw antes de dirigirse allí. Cho Chang intentaba entablar conversación con Luna, pero ella simplemente tomo un trozo de tarta de melaza y comenzó a mordisquear.
– Es mi tarta favorita.
– ¡Harry! –Exclamo la rubia, entusiasmada. Cho chang frunció el ceño, por más que lo intentaba no lograba sacar a Luna de su embelesamiento y Harry con cuatro palabras la hacia volver de vuelta a la realidad–. A mi también me gusta mucho. ¡No podía decidirme entre cual elegir! Hoy la tarta de calabaza luce especialmente deliciosa.
Las chicas que se encontraban cerca dejaron de cuchichear para escuchar lo que conversaban. Eso le incomodaba a Harry, pero no lo hizo notar.
– Umm… escuche –trago saliva–, lo de Malfoy.
Luna parpadeo. Enfocando sus saltones ojos a los verdes de Harry. Sonrió tan ampliamente que a Harry se le erizaban los vellos del brazo. En otros momentos le hubiera agradado ver esa sonrisa tan llena de vida. Tal y como la había visto esta mañana. Y se sentía egoísta. Luna se merecía ser feliz… más no quería que fuera con Draco.
¿Qué hay de su propia felicidad?
Se mordió los labios. El también se merecía algo de armonía en su caótica vida. Más preguntas comenzaban a agolparse en su mente.
Malfoy era su amigo. Se lo repetía una y otra vez. No eran los mejores amigos pero eso era un progreso… ¿Progreso? ¿Es que esperaba algo más con Malfoy?
En sus sueños era dulce, carismático, divertido, le trataba con cariño… ¡Merlín!
¡Le gustaba Draco Malfoy!
Solo podía tratarse de eso. El anhelo de querer estar a su lado sobrepasaba la amistad.
Luna seguía con esa sonrisita decorando su redondo rostro. Eso confirmaba sus temores.
– ¿Harry? –Le ofreció un trozo de tarta de melaza– Estas un poco pálido. Te vendría bien comer.
Sin saber porque. Harry le miro con desdén. Sus ojos esmeraldas se llenaron de rabia contenida.
– No me interesa –contesto cortante antes de retirarse.
Cho chang y sus amigas le miraron boquiabiertas.
Por la amplia puerta del Gran Comedor iba entrando Draco Malfoy. Topándose contra Harry quien iba de salida. Ambos cayeron de bruces contra el suelo.
– ¡Que te pasa imbécil!
El bullicio en las mesas se silencio. Aquel grito no provenía de la boca de Malfoy como todos se esperaban. Severus Snape, desde su sitio miraba impresionado a Harry, sabia disimularlo muy bien pues su expresión seguía igual que siempre. Draco simplemente no cabía de la impresión. Tenia sus riñas con Harry pero, ¿Qué no se supone que ya eran algo así como amiguitos y esas estupideces de respeto mutuo?
Harry se levanto, sacudiéndose su túnica. Viro la vista al rubio que seguía en el suelo.
– Ahí es donde perteneces –mascullo, dando media vuelta y perdiéndose por el corredor.
– ¡Ese estúpido de Potter! –Pansy se acerco, tendiéndole la mano. Draco la tomo y se levanto. Aun perplejo, mirando por donde hasta hace unos momentos se encontraba Harry.
«¿Qué fue todo eso?» se dijo a si mismo. Sacudió el polvo de la túnica y se sentó en su mesa. Ignorando a todos.
La repugnante sangre sucia y el muerto de hambre corrieron tras Harry al verlo salir. Draco suspiro hastiado. Ahí iban su par de sombras.
– ¡Harry! –llamo Hermione sin éxito. El moreno caminaba cada vez más rápido.
– ¡No, no, no! –Ron corrió. De un hábil movimiento sujeto a Harry del hombro. Estampándolo contra la pared–. ¡Ya es hora de que nos escuches! –grito alterado. Harry no se atrevía a verle a la cara.
– ¡Ron, no seas tonto! –Hermione lucia horrorizada. Ron se aparto un metro de Harry, el cual seguía viendo hacia un lado, el flequillo le cubría parte del rostro –. Pelear no resuelve nada…
Ron chasqueo la lengua. La verdad es que estaba mortificado por su amigo. Últimamente lloraba por las noches, por las mañanas despertaba alterado y entristecido. Harry creía que no se daba cuenta. Al principio lo creía normal en él, con todo eso del Señor Oscuro. A medida que pasaban los días dudaba que se tratara de eso.
Unos sollozos se escucharon.
Ron miro alrededor. Nadie más estaba en el pasillo más que ellos tres. Esa forma de llorar… reprimiendo los gemidos. Miro a Harry, girando un poco para poderle ver el rostro. Las lágrimas caían de sus ojos totalmente acuosos. Abrió la boca para decir algo…, lo que fuera. Se asusto al no escuchar ni una palabra salirle.
¡Tenia a su amigo en frente! Sufriendo por algo de lo que ni él ni Hermione tenían la menor idea y no lograba que le saliera una sola mísera palabra de consuelo.
¿Qué podría decirle?
Te acompaño en tu dolor. Te entiendo. No te preocupes. ¡Maldición! ¡No tenia la menor idea de lo que le ocurría!
Miro a Hermione, esperanzado a que ella tuviera la solución. Esta le negó con la cabeza, acercándose a abrazar al moreno.
– Estamos aquí Harry, contigo…, siempre contigo –Harry rompió en llanto causando que a sus dos amigos se les achicara el corazón.
A paso lento se dirigieron a su habitación. No se encontraron con más gente ya que seguían cenando. Cosa que les favoreció. Al entrar cerraron la puerta y Harry se dejo caer en la cama. Hundiendo el rostro en la almohada.
Permanecieron en silencio un rato más hasta que Harry aminoro su llanto.
– ¿Te hizo algo? –Ron se atrevió a hablar. Harry despego el rostro de la almohada, mirando al pelirrojo sin entender su punto–. Malfoy. ¿Te hizo algo? Porque si es así… ¡Te juro que conocerá a los Weasleys!
– ¡Ron! –Regaño Hermione. Dándole un golpecito en el brazo por su falta de tacto.
– No… –dijo en un susurro casi inaudible–. No me hizo nada…
Hermione suspiro sintiéndose impotente. Se sentó en el borde de la cama, cerca de Harry.
– Cuéntanoslos, puedes confiar en nosotros –acaricio el borde de la mano del moreno. Transmitiéndole confianza.
– Esta bien… te lo contare –vio a Ron y se sintió apenado no quería que su mejor amigo le escuchara. No era así como tenia planeado decirles su… problema. Se sentía idiota y como no estarlo después de tremendo berrinche que acababa de hacer.
– Creo… –murmuro.
– Harry, habla más fuerte casi no te escucho –dijo la castaña. Harry se aclaro la garganta e intento subir el tono.
– Creo que Malfoy…
– ¡Lo sabia! –Interrumpió Ron–. Siempre que te pasa algo es obra de ese maldito hurón.
– ¡Ron, no fue él! –Se apresuro a quitar cualquiera de las locas ideas que Ron se estuviese imaginando–. No directamente... ¡Y no lo llames hurón!
Ron continúo farfullando palabrerías en contra del rubio. Harry comenzaba a desesperarse y fruncía el ceño cada que le decía algo ofensivo. Hermione le miraba muy atenta a sus reacciones y uniendo una cosa con otra; lo comprendió todo.
– ¡Oh, Harry has montado esto por celos! –se llevo las manos a la boca. Aun no creyendo lo que acababa de descifrar. Harry se quedo estático e inconscientemente miro a Ron esperando que no se enojara tanto.
– ¿Celos? –Repitió incrédulo– ¿Te gusta alguien? –Al ver asentir al moreno dejo escapar un suspiro de alivio–. Vaya, me quitas un peso de encima. Estaba realmente preocupado –sus facciones se relajaron– ¿Y bien?
– ¿Eh?
– ¿Quién es la afortunada?
Harry volvió a tensarse. Mirando a Hermione, implorando por ayuda. No era el momento para que Ron se enterara, sabia que jamás aceptaría que le gustase Draco Malfoy.
– Bueno… Harry me había dicho que creía que le interesaba Luna –hubo otro silencio sepulcral. El ojiverde miraba a su amiga como si esta estuviera loca–. Al parecer ella esta saliendo con Malfoy, nadie sabe si es cierto. Es solo un rumor.
– Ah ese rumor… Luna tiene pésimo gusto. Mira que andar con el hurón.
A Harry se le volvió a caer el alma. No quería ni que le mencionaran esa posibilidad. Apreciaba a Luna, juntos habían pasado un fantástico día.
¡Porque ella tenia que estar interesada en Draco! Apretó los dientes, rabioso.
– Espera… –dijo alzando la mano y mirando directamente a Harry– ¡¿Te gusta Luna?
– Lo mejor será que descanses –Hermione paro aquella plática. Se levanto de la cama, saliendo del cuarto junto con Ron al cual jalo del brazo–. Duerme Harry… te hace falta.
Se hecho en la cama. Cerrando los ojos y dejándose llevar. Le hacia tanta falta dormir.
– ¿Hogwarts? –miro hacia todos lados. No recordaba cuanto tiempo paso desde que se había quedado completamente dormido.
– Hoy el cielo luce especialmente esplendido –arrastraba las palabras. Harry podía escucharle más cerca, a sus espaldas.
– Sí…
– ¿Estas bien? –llego a su lado. Se encontraban en la torre de astronomía.
– No.
Draco enarco una ceja. Molesto de que el moreno solo le contestara con monosílabas. Ambos guardaron silencio, sin duda alguna estaba siendo la conversación más incomoda que habían tenido.
– ¿Puedo saber a que se debe tu notorio enojo?
– Hoy no quiero conversar contigo –dijo de la forma más seca que le fue posible. La realidad era que le encantaba platicar con Malfoy, aunque fuesen sueños. Pero la sensación de celos no lo dejaba en paz. ¡Nunca los había tenido! Era algo completamente nuevo que necesitaba asimilar. Preferiblemente a solas.
Perdón por tardar en actualizar pero estuve en semana de exámenes e_e demasiado estrés. En fin, espero que les guste el capitulo (: ahora si actualizare más rápido.
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Twitter: JaeMalvavisco
