Empiezan a descubrirse algunas cosillas 0: turururu


Ilusión

Harry se encontraba sudoroso y respiraba agitadamente, removiéndose en la cama. Noto un extraño peso en el estomago que le obligo a abrir los ojos. A regañadientes quito la colcha que le cubría casi en totalidad y se bajo de la cama, primero el pie izquierdo, después el derecho. Apenas toco suelo sintió un terrible tirón provenir de su tobillo derecho. El dolor era muy intenso que le cegaba la vista. Veía montículos de colores por todas partes pero no figuras concretas.

Extendió la mano de manera torpe en un vano intento de buscar los lentes. La miniatura del colacuerno húngaro le ayudo empujando los lentes cerca de la mano de Harry.

– Gracias –la voz le salio aguda. Muy ajena a la suya. Aun con los anteojos puestos su campo de visión era igual de borroso. El dolor en el tobillo no le ayudaba en nada, se extendía hasta la planta del pie, adormilado. No lograba sentir el contacto con el suelo. Comenzaba a entrar en pánico. Con la manga del pijama se limpio el sudor que le escurría por la frente, percatándose de que ardía en fiebre.

Por la ventana se coló un aire gélido. Dándole un espeluznante escalofrió. En la penumbra de la noche logro divisar la ventana, junto a la cama de Neville. A paso tambaleante se acerco, cerrando la ventana. Se colaron las últimas ráfagas de aire helado. Causándole otro escalofrió, peor que el anterior debido a la cercanía con la ventana. El clima comenzaba a cambiar y seguramente amanecería terriblemente frió. Lo cual no le ayudaba nada en su actual condición.

¿Qué podía hacer? No quería despertar a Ron ni incomodar a Neville y mucho menos causarle molestias a Dean y Seamus.

El cerebro de Harry trabajaba más rápido de lo normal. Intentaba maquinar algo que le resolviera la situación. Con resignación, termino por darse cuenta que la única solución era ir con Madame Pomfrey. Y ahí radicaba otro problema. ¿Cómo llegaría hasta la enfermería?

Bufo con desasosiego. Arrastro el pie que se encontraba en buen estado, apoyando todo su peso en este hasta que llego a la pared, cerca de la puerta. No muy seguro se agacho, dispuesto a averiguar el estado de su tobillo.

Harry reprimió un gemido de dolor y susto al levantarse el pantalón del pijama. Tenía toda el área inflamada y rojiza con algunas partes moradas mezcladas con verde. No recordaba haberse pegado tan fuerte. Palmo el área. Error. El dolor se extendió como si fuera una aguja pinchándole una y otra vez. En terribles punzadas que no paraban. Cerró fuertemente los ojos; apretando los puños, intentando mitigar el dolor.

Este no estaba siendo la mejor forma de empezar el día.

«Bien, será mejor encaminarme».

Se enderezo y con extrema lentitud abandono la habitación. Estaba siendo sencillo, solo tenia que mantener su peso en el pie izquierdo y estar apoyado en la pared. Pero las cosas se complicaron cuando llego a las escaleras. Harry las vio con horror. Tardo alrededor de quince minutos en bajarlas, que, normalmente, no habría tardado ni medio minuto.

En la sala común se podía sólo percibir el movimiento del poco fuego que quedaba en la chimenea.

Y como si fuera un regalo bendito, ahí, en ese preciso instante, Harry escucho un «¡Puf!», apareciéndose Dobby el elfo domestico.

– ¡Dobby! –exclamo Harry con alegría mucho antes de que el elfo se diera cuenta de su presencia. El susodicho se sobresalto y al instante giro su cabeza, mirando a Harry con emoción.

– ¡Harry Potter, señor! –sus orejas se levantaron un poco–. ¿Ha venido a ver a Dobby? –pregunto con júbilo.

– Eh… algo así –no quiso derrumbar los ánimos de Dobby y mucho menos ahora que lo necesitaba tanto–. De hecho, quiero pedirte un favor –dijo como quien no quiere la cosa.

– ¡Dobby estará gustoso de ayudarle, señor! –hizo una exageradísima reverencia. Su puntiaguda nariz topo con el suelo. Harry rodó los ojos.

– Necesito ir a la enfermería –Dobby le vio asustado.

– ¡¿Se encuentra bien, Harry Potter, señor? –se acerco a paso rápido, trepándose en una butaca para estar casi a la altura de Harry.

– Sí –dijo más por inercia que por otra cosa–. Bueno, no. Veras…, no me siento muy bien.

Dobby, sin pensárselo estiro su pequeña mano y sujeto firmemente a Harry del brazo. Se escucho otro «¡Puf!», y Harry pensó que un gancho le estiraba del ombligo, sintiendo un desagradable estirón. Una gama de colores paso frente a el. Con un azote cayó al helado piso dejando salir un estridente gemido de dolor. Retorciéndose en el suelo. Dobby se asusto.

– ¡Harry Potter, señor! Oh, no, no, no –dijo escandalizado–. ¡Dobby ha causado que Harry Potter sufra!

Harry no podía negar aquello. Volvía a ver borroso y Dobby era un manchon sin forma. Dobby en forma de castigo corrió a golpearse contra la pared más cercana, consecutivamente y sin parar. Harry no podía evitarlo pues no lograba hablar y la fiebre junto con el dolor, lo estaba haciendo caer en un estado de inconciencia.

Harry caminaba por un pasillo oscuro, solo iluminada por unas antorchar cada cierto tramo. Escuchaba pasos tras de él, alguien lo seguía. No. No era solo una persona, eran varias. Siguió caminando a paso firme hasta quedar frente a una enorme puerta de madera tallada a mano, con algunas insignias y escrituras que no lograba reconocer. Algunos murmuraban, tan bajamente que le era imposible escuchar que decían. Era un lugar oscuro y hacia mucho frió. Podía ver el vaho salir de su boca al abrirla y resoplar.

– Señor… –dijo una voz que a Harry le parecía familiar mas no pudo distinguir de quien se trataba. Antes de que el extraño siguiera hablando. Harry reparo en que alguien le sujetaba la mano. Era una sensación calida.

Todo se volvió confuso. Harry ahora lo único que veía era negro. No el de la penumbra al caminar por ese extraño pasillo, sino el negro de cuando se tienen los ojos cerrados.

– Eres un idiota… –le dijo aquella persona sentada en el borde de la cama. Harry se sintió molesto con eso. Sin embargo, esa persona se escuchaba afligida. Actuó inteligentemente y guardo silencio, fingiendo que dormía. Los dedos del desconocido –sí, desconocido, porque logro percibir que era la voz de un hombre– le acariciaba con delicadeza la palma de la mano. Para Harry eso se estaba tornando un tanto incomodo.

– Muchacho, has estado aquí toda la noche. Debes irte a descansar –no era una petición, era una orden–. No le pasara nada, ahora mismo esta reposando. ¡Pero deja que despierte! –dijo amenazante–. Tremenda fiebre que tenia, además de esa dolorosa hinchazón en el pie. Debió atenderse hace días. ¡Siempre tan descuidado!

La persona a su lado pareció hacer un puchero porque Madame Pomfrey lo corrió alegando que aunque hiciera esa cara, la respuesta seguiría siendo la misma.

Estando "fuera de peligro", abrió los ojos perezosamente junto con un bostezo para que pareciera que acababa de despertar. Madame Pomfrey se acerco a él y como la mujer anteriormente dijo; lo regaño de lo imprudente que era. Que sino fuera porque el elfo lo llevo, estaría realmente muy mal y no es que hubiera llegado en un buen estado. ¡Estaba terrible!

Harry fingía escucharla mientras miraba por la ventana más cercana. ¿Hace cuanto que había amanecido? Posiblemente, no mucho. Porque Ron y Hermione ya se habrían dado cuenta de su ausencia y estarían buscándole como locos.

Muy obligado se tuvo que tomar unas cuantas pociones. Quedándose dormido inmediatamente.

Harry quien sintiéndose ya más relajado y descansado volvió a escuchar voces, pero esta vez si reconoció a los dueños de estas; eran Ron y Hermione. Harry abrió los ojos y enfoco sus esmeraldas en ellos. Sonriendo amigablemente. Ron y Hermione pararon de cuchichear y se giraron a Harry cuando este les hablo.

– Es muy temprano para que estén peleando y no me siento en condiciones para detener sus riñas.

– ¡Oh, Harry! Me alegro que despertaras –dijo alegre y de todo corazón–. No estábamos peleando, de hecho, nos preguntábamos cuando despertarías.

– Sí, hemos estado muy preocupados –ese era Ron. Se acerco más a la cama donde reposaba Harry–. ¡Compañero, no tienes idea de lo que te he extrañado!

Harry no comprendía y siguió sonriendo sin molestarse en preguntar.

– Hay una montaña de deberes que tienes que hacer –giro la vista a Ron–. ¡Tú también, no has hecho nada más que distraerte y poner como pretexto las practicas de quidditch!

– Es que no lo entiendes Hermione, no sabes nada de quidditch –eso era verdad pero Hermione siendo de remilgosa que era cuando se trataba de los estudios no se canso de repetir innumerables veces que tenían que hacer sus deberes cuanto antes.

Poco a poco y en contra de su voluntad, Harry volvió a cerrar los ojos. Solo para reposar la vista y que se acostumbrara a luz. Lo que no se esperaba es que escuchaba la voz de sus amigos muy lejana, hubo un momento en el que ya no supo que decían. Cayendo en un sueño.

– ¿Harry?

– Hola… –miro el alrededor. Por segunda vez consecutiva estaban en Hogwarts. En la torre de astronomía.

– ¿Te sientes mejor? –pregunto tanteando el terreno. No se atrevía a acercarse.

– Algo –suspiro–. Anoche te dije que no tenía ganas de hablar contigo. No por ahora.

– ¿Anoche? Harry, han pasado cuatro días.

Draco analizo la expresión del moreno, lucia sorprendido.

– ¿Bromeas? ¡No pueden haber pasado cuatro días! Estoy seguro, sólo cerré los ojos unas cuantas horas.

Harry se encontraba confuso e intentaba asimilar la nueva información recibida. Era imposible. Retrocedió unos cuantos pasos, mientras más alejado estuviera del rubio; mejor.

– Esas horas se volvieron días –Draco lucia más seco. Casi como el real. El Draco de los sueños de Harry siempre era cariñoso, dulce y atento. Pero este lucia preocupado. Harry dejo escapar una risita incrédula.

– Debo de dar tanta lastima.

Ahora era el rubio quien no comprendía de qué hablaba. Lo miro fijamente, esperando a que se explicara.

Harry se llevo una mano a la cara cansinamente. Ponía en orden sus ideas. Malfoy le miraba impaciente se le veía la intención de querer acercarse pero no se atrevía a dar siquiera un paso. Seguía plantado en el mismo lugar

– Veras, eres un producto de mis necesidades –se encogió de hombros–. Si yo necesito a alguien que me de cariño. Apareces tú. Y si lo que necesito es a alguien que este preocupado por mi y que sea de manera distinta a la amistad. Sino algo más… sentimentalista. Aquí estas. Esa es mi teoría. La cual me es bastante convincente.

Draco se cruzo de brazos, pensándoselo un momento. Lo dicho por Harry era la estupidez más grande que había escuchado de la boca del moreno. ¿Cómo podía ser posible que se inventara tremenda tarugada? Ah, si. Es San Potter. ¡Cerebro! Eso es lo que le hace falta. Haciéndose de toda la paciencia –la cual es muy poca– hizo algunas señas a Harry. Como negar con la cabeza levemente, casi imperceptible y hacer lo mismo con el dedo. Casi sin notarse, esperando que Harry lo viera. Realmente esperaba que así fuera.

En cambio el moreno pareciera que no notaba nada porque se ponía a mirar con interés el suelo o alguna que otra estrella en el cielo estrellado.

Malfoy escudriñaba cada movimiento de Harry, denotaban nerviosismo. Cerró los ojos por un momento dándose el valor para decir aquello. Al instante los abrió y miro a Harry con una seguridad increíble.

– Acertaste. No soy más que un mero delirio tuyo.

Aunque el mismo Harry fue quien propuso aquello, oírlo confirmado de aquella que era su alucinación, le dio un vuelco en el corazón. Desde un principio era conciente de que era un sueño. Nada más. Y aun así, una terrible desolación lo embriago. Haciéndole sentir un profundo vació, como si ya nada importara y preferiría estar en cualquier otro lugar agonizando de dolor que estar frente a esa pesadilla suya.

Draco sintió como se arrebujaba todo en su interior. La visión que tenia frente a él era la de Harry haciendo un esfuerzo desmesurado por no soltarse a llorar.

– Vete –dijo con la voz quebrada–. Estos deben ser sueños. Como se supone deberían ser. Donde sueñe cosas agradables, fantasías con alguna chica bonita. ¿En cambio que tengo? –hizo una pausa–. ¡Tengo pesadillas con Lord Voldemort y cuando estas cesan tengo alucinaciones con un Draco Malfoy agradable! ¡¿Qué clase de broma es esta? –grito. Ya no podía contener las lágrimas y estas resbalaban como cascadas por sus mejillas. Apretó los puños fuertemente. Harry temblaba de rabia e impotencia –. ¡Maldición! ¡YO SOLO… –vacilo– YO SOLO QUIERO QUE ALGUIEN ME AME! ¡¿ES MUCHO PEDIR?

Harry abrió los ojos de golpe. Sentándose agitado, el rostro se encontraba mojado. Una mano la llevo a su mejilla. Estaba húmeda. Se mordió los labios, haciendo que de la comisura del labio inferior saliera un hilito de sangre.

Hermione le miro horrorizada. Cosa que cambio por una cara entristecida. Mientras Harry dormía gritaba fragmentos de una conversación. Cosas como: «Tengo pesadillas con Lord Voldemort», «Draco Malfoy». Pero lo que más impacto le causo fue la ultima. «QUE ALGUIEN ME AME». Hermione no tenia ni idea de que Harry se sintiera tan sólo. Y por respeto a él, no mencionaría que hablo entre sueños. No hasta que Harry quisiera hablar del tema.

– Mione…, Her… –balbuceo– mione.

– ¿Qué… ocurre Harry? –intentaba mantenerse calmada y no mostrarse alterada. Le estaba resultando difícil pues Harry no dejaba de temblar y abrazarse a si mismo. Se abrazaba tan fuerte que comenzaba a rasgarse los brazos con sus propias uñas –. Basta, te estas haciendo daño –se acerco más y poso ambas manos en las mejillas del chico, causando que este se estremeciera y le mirara horrorizado–. Soy yo… no pasa nada. Soy Hermione.

Harry, aliviado, se abalanzo sobre ella. Pasando los brazos por el cuello de la castaña. Aferrándose fuertemente a ella como si temiera que en un parpadeo fuera a desaparecer.

– Tengo miedo –dijo finalmente. Después de pasar algunos momentos en silencio. Agrego–: Tengo mucho miedo, ya no se que hacer con este dolor.

– No caigas en eso…, aquí estoy yo. Siempre será así –acariciaba la espalda y la nuca de Harry. Dándole confianza.

– No lo se, no se que pensar –susurro entre hipidos–. Hermione… –se inclino un poco hacia atrás para poder verla a la cara –. Me siento inútil. Por haberme sentido tan contento en una fantasía. ¿Es eso tan malo?

Hermione se quedo boquiabierta. Por su mente pasaban un montón de cosas, relacionaba algunas con otras y no muy segura de la respuesta, decidió que lo mejor era indagar en el asunto antes que dar un veredicto.

– Me gustaría saber a que te refieres. Te prometo que no se lo diré a nadie –lo ultimo lo pronuncio con un aire maternal. Harry sonrió tímidamente, haciendo que se le contagiara a Hermione y le devolviera la dulce sonrisilla.

– He… –movía las manos nervioso–, he estado soñando con…

– ¿Malfoy?

– Sí. ¿Cómo lo sabes?

– Eres algo obvio. Al menos para mí. En el comedor pasas mucho tiempo mirando a la mesa de Slytherin.

Harry se removió en su lugar, algo incomodo. Según él era bastante discreto pero debía saber que no podría escapar del ojo observador de Hermione. Harry no pudo evitar acordarse de ojoloco la imagen de Hermione con un ojo idéntico al de Moody apareció en su mente. En definitiva eso seria muy desagradable.

– ¿Y… que pasaba –pauso un poco. Pensando si era lo más correcto preguntarle–, en esos sueños?

– Platicamos. El me contaba cosas y yo también. Era muy agradable estar con el. Cuando me di cuenta… –se avergonzó–, comencé a mezclar la realidad con los sueños.

Harry le contó todo a Hermione. Desde el primer sueño que tuvo hasta el ultimo; el cual se le dificulto más. Constantemente se sonrojaba y balbuceaba intentando describir hasta el más mínimo detalle. Hermione se quedaba en silencio y asentía en algunas ocasiones. Mientras Harry narraba no le interrumpió en ningún momento.

– ¿Entiendes lo que esto significa? –pregunto curiosa. Conforme escuchaba los relatos de cada sueño, Hermione confirmaba la teoría que se le había ocurrido.

– Sí –suspiro con tristeza.

Hermione quien esperaba tener que explicarle la situación, se sorprendió que Harry ya hubiera juntado las piezas del rompecabezas. Le dio unas cuantas palmadas en el hombro. Dándole apoyo.

– Es sólo una ilusión, Hermione. Un producto de mis necesidades y él me lo confirmo. Quizás… quizás sea como el Espejo de oesed.

La castaña paro de darle palmadas y le miro con un gesto de incredulidad.

– ¿Qué…? –dijo con frustración–. ¿Lo dices enserio? –miro hacia la ventana más cercana. Entraba mucha iluminación a la enfermería. Era plena tarde. Intentaba relajarse para darse de paciencia. Agradeció que Ron se fuera a sus entrenamientos de quidditch, así podía pensar más tranquilamente.

– ¡Claro que hablo enserio! –refunfuño. Creía que la castaña se burlaba de su situación y eso le molestaba a sobremanera. Su sangre ardía como el más puro fuego. Y de no ser porque estaba completamente seguro que los magos no podían escupir fuego cuan dragón, lo habría intentado.

Hermione bufo. Parándose del asiento que ocupaba. Una silla junto a la cama de Harry.

– No me estoy burlando –aclaro prediciendo lo que significaba la mirada llena de rabia que le dirigía el moreno–. Piensalo mejor. Por ahora no debes agobiarte, te diría que debes descansar, pero ya no estoy muy segura… no se si estas mejor dormido que despierto.

Harry no respondió. Se dejo caer en la cama de lleno. La verdad era que se encontraba agotado, y aunque enterarse que había dormido por cuatro días le sorprendió, le impresionaba más el hecho de que aun tuviera sueño.

– Tengo algunos asuntos pendientes que resolver –murmuro.

– Tú también deberías descansar. ¿Cuánto tiempo llevas aquí?

– Eso no importa. Lo importante es que estés bien –Le resto importancia. La castaña se agacho y sujeto su mochila fuertemente–. Vendré mañana a primera hora a visitarte.

– Necesito saber una cosa. Se que tu sabrás responderme –Hermione se dirigía hacia la salida pero paro al escuchar al moreno.

– ¿Qué cosa?

– Realmente… ¿Realmente es una ilusión? –Harry pudo notar que dudaba en contestarle. Eso le enfadaba. Necesitaba respuestas.

– Estas muy cansado, duerme. Vendré más tarde a visitarte –Sonrió amigablemente.

Harry no le devolvió el gesto. Se encontraba muy molesto e indignado por la clara evasiva de la que se supone es su amiga, agradecía que se tuviera que ir. Lo único que quería en ese momento era estar sólo.

Hermione salio a paso apresurado de la enfermería. Sintiéndose mal por no ser capaz de contarle la verdad de todo aquel embrollo. Se alegro de que él sólo la hubiera podido descubrir pero al momento en el que Harry revelo que su descubrimiento era que Draco Malfoy era una ilusión. Se decepciono. Mordió su labio inferior con impotencia. ¡Porque no fue capaz! Si se lo dijera, Harry sufriría menos.

Al quedarse quieta en una de las escalinatas de piedra. Contemplo como algunos alumnos de Slytherin se dirigían hacia su siguiente clase. Ahí, entre toda la multitud; Draco Malfoy reía con Pansy Parkinson y Blaise Zabini. Muy quitado de la pena. Hermione sintió tanta ira recorrer su sistema. ¡Como podía ser posible! Mientras Harry estaba en una desolada enfermería sufriendo, estaba ese charlando trivialidades con ese par de incompetentes.

No pudo más y lo más rápido que le fue posible se alejo por otro pasillo hacia las afueras de Hogwarts. Sentía la necesidad de respirar aire fresco. Pudo ver que Ron sobrevolaba el campo de quidditch con Ginny y el resto del equipo de Gryffindor. Hermione no comprendía mucho de quidditch, pero, sinceramente; eran pésimos.

El cambio de clima fue radical. Si ya estaba fresco anteriormente ahora era gélido. Antes de salir del castillo se puso un par de guantes grises que tenia guardados en la mochila. Se acomodo bien la bufanda y se encamino a las gradas. Pasó el resto de la tarde leyendo un libro de Runas Antiguas y de vez en cuando alzaba la vista para contemplar las prácticas. En uno de esos vistazos a Ginny Weasley se le caía la quaffle y una bludger le daba de lleno en la cara a Angelina Johnson. Y aunque no era una genio en quidditch, podía deducir que eso no era nada bueno.

Después del entrenamiento regreso con Ron y Ginny al castillo. Ella se adelanto al Gran Comedor mientras los otros dos irían a darse una rápida ducha.

Ya se encontraba una considerable cantidad de estudiantes, sirviéndose la cena. Instintivamente miro de soslayo a la mesa de verde y plata. Draco Malfoy comía con la misma elegancia de siempre. Hermione le miro recelosa. En ese instante, como si hubiera sentido el odio. Malfoy levanto la vista de su plato y le sostuvo la mirada a Hermione. Avellana y Plata se toparon. Ninguno dispuesto a ceder a esa batallada de miradas.

– ¡Draco!

Se escucho entre la multitud de estudiantes de Ravenclaw que entraban. Una rubia de cabello largo y algo enmarañado alzaba la mano para llamar la atención del mencionado, lo cual surtió efecto y dejo de sostenerle la mirada a Hermione, desviándola hacia la chica que demandaba su atención.

– ¿Lovegood? –le miro perplejo. No había hablado con ella desde que la conoció en el lago.

Luna no se inmuto y mucho menos se intimido por la cruel mirada que le lanzaron algunos. Como si nada, se sentó frente al rubio.

– Te he estado buscando, supuse que estarías aquí.

Malfoy hizo una mueca de desagrado. Tomo el tenedor en una mano y el cuchillo con la otra. Se disponía a cortar un trozo de tarta de calabaza, pero no lo hacia, se debatía entre la tarta de calabaza y la de melaza.

– ¡Pase por lo mismo hace unos días! –exclamo alegre. Draco enarco una ceja, poco interesado en lo que Lovegood tuviera por decirle –. Escoge la tarta de melaza –aconsejo–. Es mi favorita; y también la de Harry.

Para Draco el nombramiento de San Potter fue como tabú porque al instante refunfuño palabras inteligibles y termino agarrando la tarta de calabaza.

– Si es tu favorita y la de Potter debe tener un saber asqueroso, no deseo contraer alguna enfermedad.

Luna, como si no le hubiese escuchado siguió con su expresión de ensueño.

– Sabia que irías –dijo tranquilamente. Malfoy se atraganto con la tarta.

– ¿De que hablas? –las mejillas se le tiñeron de un carmín claro. Hermione se sentaba en la mesa de Gryffindor sin perder detalle.

– ¿Te da vergüenza hablar con Harry? –La cara de Malfoy era todo un poema. Pansy Parkinson orejeaba atentamente, lo disimulaba fingiendo que alcanzaba la jarra de leche. Blaise Zabini hacia un esfuerzo por no reír.

– No digas tonterías. ¿Hablar? ¿Con Potter? Dudo que tenga más cerebro que un troll para responder a una conversación y no pienso rebajarme a su nivel de mentecato.

Para sorpresa de Draco, Luna Lovegood se destornillaba de risa con estruendosas carcajadas. Se sujetaba el estomago en un intento de ceder, vano, por supuesto.

– ¡Troll! –repitió varias veces lo mismo. Zabini imito a Luna, riendo entre dientes. Pero este no se reía con Luna, sino de ella. Acompañado a coro por Crabbe, Goyle y Parkinson.

Malfoy gruño y prefirió ignorar a los idiotas sentados en su mesa. Incluyendo a la rubia, que ya debería largarse a su mesa junto con las demás ratas de biblioteca de Ravenclaw.

Ron se sentó junto a Hermione la cual se sobresalto del susto.

– ¡Así tendrás la conciencia! –rebuscaba en la mesa por algo que se le antojara –. Debiste verte. ¿Qué tanto miras, eh? –Ron hecho un vistazo hacia donde Hermione seguía mirando. Torció los labios al darse cuenta que era a la mesa de Slytherin. Para ser exactos a unos rubios en particular –. ¿Quién lo diría? Luna y el hurón. Harry se retorcería si los viera.

– Ron –Hermione despego sus ojos de las dos cabecitas rubias–, necesitamos hablar.

Hermione juraría que Ron se estremeció al escuchar aquello.

– Eso no significa nada bueno –comento tajante–. Mucho menos viniendo de ti.

– Te aseguro que lo disfrutaras mucho –le dedico una mirada cómplice captando completamente la atención de Ron–, y él se lamentara del día en el que subestimo a los Gryffindor.

– ¿Qué es eso tan urgente como para que me sacaras del comedor? –Ron se dejo caer en una de las butacas cerca de la chimenea de la sala común. Esas que siempre ocupaban el trío dorado. Hermione imito su acción; sentándose en otra de las butacas.

– Sabes perfectamente que no apruebo tus acciones salvajistas contra Malfoy –Ron se masajeaba el estomago en un intento de calmar su fuerte apetito–. En vista de que mis opciones se han reducido a dos tendré que considerarlo.

– ¿De que estas hablando? –Había ocasiones en las que no entendía la mayor parte de lo que decía Hermione y esta vez; no entendía absolutamente nada–. Oye, si te refieres a la vez en que el hurón se tropezaba cada tres pasos fue por obra de Fred y George.

– Lo se. No eres capaz de algo así –Ron no supo si debía interpretar eso como algo halagador o que al contrario debería enfadarse–. Aun siendo prefecto nunca haces nada para detenerlos, soy yo la que tiene que parar sus alborotos –reclamo. Cruzándose de brazos, dándole un gesto de autoridad.

– ¡Sabes como son! Por más que los regañes no harán caso –ya arto de la situación decidió hacer la pregunta que lo llevaría al meollo del asunto. Quería regresar al Gran Comedor y probar bocado lo antes posible–. ¿A que quieres llevar con todo esto? ¿Vas a acusar a Fred y George con mamá?

– ¡Concéntrate Ron, no te traje aquí a hablar de tus hermanos! –gruño exasperada–. Me aventurare a ir a las mazmorras –soltó de lleno. Ron se crispo.

– ¡¿Qué? ¡Estas loca!

– ¡Necesitamos ayudar a Harry! –contesto bastante abrumada.

– ¿Harry? ¿Qué tiene él que ver en esto?

– ¡Por Merlín! –exclamo en su tonito de sabelotodo– ¡No seas tan torpe!

– Pues no entiendo de que hablas –se le oía molesto y como no estarlo si Hermione no dejaba de tacharlo como idiota. Hermione suspiro y volvió a sentarse en la butaca. Del repentino enojo se había levantado.

– Ron…, esto es serio. Quiero que te calmes.

– Estoy calmado –dijo entre dientes. En su opinión era Hermione quien no dejaba a alegar y enojarse por cosas que no entendía. Se molesto más con ella cuando empezó a escuchar a su estomago hacer extraños soniditos por el hambre.

– ¡Concéntrate! –grito furica.

– ¡Por las barbas de Merlín y todos sus antecesores! ¿Si no me dices como quieres que me entere? –Hermione no le contesto, se limito a mirarle con profundo enfado. Ron se sentía estremecer ante su mirada acusadora–. Esta bien, esta bien. Si se trata de Harry… es… ¿Por todo ese asunto de Luna Lovegood?

– Umm… de cierta forma. Pero no –desvió la mirada. No se sentía segura de revelarle a Ron quien era realmente el que le gustaba a Harry.

– Creí que le gustaba Cho Chang.

– A Cho Chang le gusta Harry. Basta con ver como le coquetea.

– ¿Qué hacemos hablando de la vida amorosa de Harry? –dijo mostrando su incomodidad.

– Guarda la calma –ordeno–. Quizás… No, estoy completamente segura de que te enfadaras. Te pido que no pienses en ti, piensa en Harry. Sospecho… que a Harry… bueno, esto es difícil –movía los pies constantemente y no miraba a la cara a Ron.

– Dilo de una vez –le embriagaba una sensación de preocupación, esperaba fervientemente que lo que Hermione tuviera por decir no fuera nada malo pero a juzgar por su nerviosismo no debía ser una noticia muy agradable.

– Le gusta Draco Malfoy –dijo tan rápido que las palabras sonaron pegadas. A pesar de eso; Ron pudo escuchar a la perfección.

La sala común parecía se encontraba tan vacía que solo era adornada con un molesto silencio sepulcral.

– ¿Harry… y el hurón? ¿El orgulloso pura sangre? ¿El mismo Draco-soy-mejor-que-tú-Malfoy? ¿Ese mismo que insulta a mi familia cada que tiene la oportunidad? ¡No juegues con eso, Hermione! –termino gritando colérico. La sola idea era repugnante. No podía siquiera imaginarse a Harry en brazos de… esa cosa –. Te jactas de ser la cerebrito pero lo que dices es ridículo. ¿Harry enamorado de Malfoy? Oh, espera, espera. Esto es oro –dijo entre carcajadas–. Imaginate un día después de su cita con los papis de Malfoy. Agarraditos de las manos y Harry diciendo: Gracias por invitarme a cenar en su casa querido suegro. Aprecio tanto el gesto –Ron hacia una imitación pésima de la voz de Harry. Le hacia sonar ridículo–. ha sido usted muy generoso en invitar también a sus amigos mortifagos –paro de hacer esa molesta voz– ¡Suena tan ilógico decirlo como lo es pensarlo!

– ¡Sabia que no contaría contigo! –se paro tan rápido que Ron no pudo hacer nada por detenerla. Cuando reacciono, Hermione ya se había ido por el agujero del retrato.

La chica, presa del enojo camino enfurruñada directo a las mazmorras, guiándose por unos estudiantes que se dirigían ahí muy por delante de ella. Seguiría con su plan aunque no tuviera la ayuda de Ron. Bien. No lo necesitaba. Pacientemente soporto los insultos de los Slytherin que afortunadamente eran de grados menores y estos no sacan la varita para lanzarle algún maleficio. Sabiendo a la perfección que estar ahí era echarse al matadero continuo parada, esperando pacientemente a que se apareciera Draco Malfoy.

Paso una hora. Y seguía sin aparecerse.

Paso una hora y media. Ni señal de Malfoy.

Pasaron dos horas. Hermione estaba harta de tener que fingir que no le afectaban los comentarios tales como: «Asquerosa sangre sucia». Hasta el momento tuvo que ingeniárselas para repeler varios maleficios. Se hecho a andar fuera de las mazmorras; directo a la enfermería. Esperar inútilmente a Malfoy no fue uno de sus mejores planes y seria mejor gastar el tiempo en algo productivo como visitar a Harry en la enfermería. «Debe de estar muy aburrido» se dijo al recordar el tiempo que paso en la enfermería cuando en segundo curso puso por error un pelo de gato en la poción multijugos.

Doblo algunos pasillos y subió escaleras hasta llegar a su destino. Se detuvo antes de entrar porque al parecer; Harry tenía visitas.

– Pudo haber pasado a mayores… debes cuidarte más –murmuro una vocecilla proveniente de atrás de la puerta. Hermione pego oreja sintiéndose una especie de chismosa –. Me tienes preocupado, has pasado muchos días en este repugnante lugar

«No puede ser…», poco a poco abrió la puerta, sin hacer ruido. Ahí, sentado en la orilla de la cama de Harry se encontraba Draco Malfoy; hablándole en murmuros y mirándolo con una expresión relajada que jamás en la vida le había visto.

– Cuando te recuperes, podrás sobrevolar el campo de quidditch con tu Saeta de Fuego y como siempre me ganaras el partido –decía con una especie de voz encantadora como si le estuviese contando un cuento a un niño de cinco años–. Atraparas la snitch segundos antes que yo. Como siempre. Todos lo malditos Gryffindor te vitorearan y estaré feliz por ti, en las sombras. Sin que te des cuenta que sonrió por tu triunfo. Tal y como lo he hecho desde primer curso –dejo salir una risita nerviosa. Hermione no se atrevía a entrar y solo veía y escuchaba por lo poco que había abierto la puerta–. Sonara estúpido que lo diga cuando estas dormido y se que no puedes escucharme –levanto la mano y acariciaba uno de los rebeldes mechones de cabello azabache–, pero yo no soy tan valiente como tú.

– Joven Malfoy –Madame Pomfrey salía de su despacho, dispuesta a suministrarle a Harry las pociones correspondientes–. Ha pasado dos horas aquí, Potter se encuentra bien y lo ha comprobado en sus innumerables visitas. Ahora salga, que ya es tarde para que ande por aquí ¿Qué no tiene tarea? –Malfoy se paro a regañadientes de la cama. Harry mostraba signos de que no tardaba en despertar se revolvía quedamente en la cama y eso era sinónimo de que debía largarse.

Hermione corrió a ocultarse justo a tiempo, Malfoy salio por la entrada de la enfermería mirando hacia todas direcciones, comprobando que no hubiere nadie que le viera. Confirmado que estaba completamente sólo se hecho a andar a las mazmorras. Perdiéndose de vista al dar vuelta en un pasillo. Al no sentir peligro, Hermione salio de su escondite y se metió en la enfermería. Harry ya se encontraba despierto y en mejores condiciones.

– Hola Harry, ¿has dormido todo el día?

A Harry aun no se le olvidaba que estaba enojado con ella así que se giro en la cama, dándole la espalda e ignorándola olímpicamente.

– ¿Más visitas? –pregunto Madame Pomfrey a nadie en especial–. Estas no son horas, me temo que solo le daré cinco minutos. Después del plazo debe retirarse señorita Granger –entrego un par de pociones a Harry. No tuvo que decirle cual tomar primero pues el moreno de tanto que las estuvo ingiriendo ya sabía el orden exacto. Dicho eso, regreso a su despacho.

– Harry…

– No quiero hablar contigo –dijo de mala gana, con la voz áspera.

– Se que estas molesto, te entiendo –intentaba razonar con el moreno pero este no hacia más que darle la espalda.

– No me entiendes –la interrumpió– y jamás lo harás. Porque nunca estarás en mi lugar. Tu y… Ron, tarde o temprano terminaran juntos. Ron es demasiado despistado para darse cuenta –Hermione se apeno apareciendo un adorable sonrojo en sus mejillas. Harry dejo de darle la espalda, era inútil que quisiera molestarse con ella. Por el momento era la única a la que le contó todo lo que le agobiaba– Sabes… he tenido un sueño muy agradable.

Hermione, contenta de que Harry le volviera a hablar normalmente le sonrió, seguía visible el sonrojo en su rostro.

– ¿Y de que trataba? –pregunto esperanzada. Por fin un sueño en el que no sufriera y en el que el Señor Tenebroso no fuera participe.

– Soñé que ganaba un partido de quidditch.


Unas dudas se aclararon y otras surgieron xDD así me las voy a traer en todo el fic (?) Aquí es donde comienza a dar inicio a la siguiente fase (: veamos como le va a Harry-tragedias-Potter. Perdón por tardar en actualizar :I pero la escuela no me daba chance.

¡Reviews bien recibidos! Recuerden que es la única paga que recibo xD

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