No me culpen por tardar en actualizar, abajo se los explico.

Disfruten el cap :)


Promesa silenciosa

Desde el "incidente" como le llamaban Ron y Hermione para no referirse a Harry y que los demás alumnos cuchichearan y quisieran fisgonear sus comentarios, habían tenido que soportar la atención de mucha gente. Cosa que a Hermione no le agradaba y a Ron le fascinaba aunque la causa de todo eso fuera: ¿Qué tenía Harry Potter? Nadie se tragaba la poco convincente excusa de Hermione, «está enfermo de algo rarísimo.»

— ¡Ya no lo soporto! —mascullo con fastidio. Caminaba junto a Hermione rumbo a la clase de Transformaciones con la profesora McGonagall.

— Creí que te gustaba la atención.

— No me refiero a eso —contesto—. Sabes de quien hablo.

— Oh —dijo fingiendo sorpresa—. ¿Te refieres a él? –señalo hacia el frente. Draco Malfoy intimidaba a unos cuantos alumnos de primer curso en compañía de Crabbe y Goyle. Ron siguió la dirección a la que señalaba su amiga y bufo al enfocar una cabellera rubio platino.

— Te estas tomando esto muy a la ligera. ¿No se supone que eres prefecta? ¡Ve y páralo! —si a alguien detestaba Ron Weasley era a Draco Malfoy. Tenía razones bastante fuertes que lo fundamentaban. Y aún más estas últimas dos semanas en las que su orgullo se había visto pisoteado constantemente y si no fuera porque Hermione se lo impedía ya hubiera soltado un buen derechazo a la cara paliducha de Malfoy. Quizá así tuviera más color.

Teniendo a Malfoy no muy lejos de donde se encontraba le hacía recordar algunos de los acontecimientos sucedidos desde que el maldito niño rico había dicho aquello con tanto ímpetu; «Bajo ninguna circunstancia me voy a separar de Harry así tenga que juntarme con… sus amigos.» Ron se quedó boquiabierto y Hermione no parecía sorprenderse por lo dicho más bien se asombraba más de la seriedad y decisión con la que Malfoy lo decía.

Desde ahí. Desde ese ruin momento, Ron tuvo que soportar —a regañadientes— la compañía de Draco Malfoy. No era sencillo pues al desgraciado le encantaba la atención, incluso más que a él. Ron siempre la había querido en cambio Malfoy siempre la tuvo por el hecho de ser un Malfoy. Vaya la redundancia.

— «Weaslette», hoy no vayas a la enfermería —dijo con aire superior—. De tanto que vas seguro le pegas tus pulgas a Harry.

— ¡Potter! ¡Es Potter para ti! —refunfuño a gritos.

O la vez en la que quiso apartarlo de Hermione y le salió el tiro por la culata.

— ¡Hermione! ¿Por qué dejas que se siente contigo? —alego al entrar a la biblioteca y se encontró con Hermione en la mesa que ocupaba usualmente, solo que esta vez, junto a Malfoy. Ambos atentos a los libros que cada uno traía. Pero a ojos de Ron eso era una vil traición.

— ¿Conoces la ubicación de la biblioteca? Vaya, debieron impregnarla de olor a queso para que así las ratas dieran con ella.

Hermione permaneció impasible, con la nariz entre los libros sin poner atención a la riña que se formaba. Ron, quien estaba rojo de la ira; levanto el puño para estamparle un golpe a Malfoy. Cosa que Madame Pince evito. Draco sonrió con autosuficiencia al ver como se llevaba a Ron directo a un castigo.

— Provocar a alguien para que le reprendan es un acto muy sucio —susurro, pues ella si respetaba las normas de la biblioteca. Cerró los libros y con un movimiento de varita los devolvió al estante al que pertenecían.

Malfoy la vio retirarse y supo que había metido la pata, nuevamente. Esperaba que cuando Harry despertara no le regañase por todo el caos que estaba provocando en su vida. Pues, a decir verdad, para pasar el rato se entretenía haciendo que castigaran a la comadreja por cualquier tontería. Desde inundar el baño de los chicos hasta fastidiar a Ron llevándolo al punto de que quisiera golpearlo. Curiosamente siempre había un profesor cerca, eso, o Malfoy era lo suficientemente capaz para enfurecer a Ron en segundos justo cuando veía pasar a alguna autoridad. Y el otro entretenimiento era sangre-sucia-Granger, a la cual provocaba corrigiéndole errores, haciéndole ver datos de los que no se había percatado y repetirle que en pociones no basta con memorizarte el libro al derecho y al revés.

¿Qué tal la vez en que Ron intento —por petición de Hermione— tolerar a Draco Malfoy?

— Mira, sé que… intentas ser amigo de Harry. Lo cual, en lo personal, creo que es un plan malévolo para torturarlo —dijo seguro—. Hermione se está comportando demasiado ciega, pero yo no. Así que… te tolerare. Sí, eso. El tiempo suficiente en el que pueda probar lo que digo —Draco le miraba petulante y burlón con una sonrisilla socarrona en sus delgados y finos labios, y sin decirle nada dio media vuelta y hecho a andar—. ¿Qué? ¿QUÉ? —dijo para si mismo—. Oh no, tú no te vas… —Ron soltó unas palabrotas y hecho a correr tras de él, deteniéndole y sujetándole fuertemente del brazo—. ¡Escúchame estúpido hurón! —pudo percatarse que el brazo de Malfoy era muy delgado, demasiado para tratarse de un hombre.

— ¡No vuelvas a tocarme! ¡No ves que me dejas impregnado tu maldito olor a pobre! —dio un fuerte manotazo a la mano de Ron y se retiró. Dejándolo boquiabierto, no por las palabras degradantes que escupió sino porque lo que se suponía debió haber sido un fuerte golpe, ni cosquillas le causo. Estaba seguro que Hermione golpearía mucho más fuerte y lo había comprobado en un par de ocasiones en las que le hacia enfadar y esta le daba un derechazo en el hombro.

Cuando llego a la sala común de Gryffindor visualizo a la castaña en una de las butacas, platicando enérgicamente con Ginny y otras chicas del mismo curso que su hermana. Se encontraba decidido a hallarle una debilidad al único heredero de los Malfoy, si las cosas resultaban como sospechaba quizá tendría una posibilidad de humillarle tal y como ese maldito le humillaba casi todos los días de la semana.

— Hermione —le llamo a lo lejos lo suficientemente recio para que le escuchara. Ella y todas las chicas giraron a verle. Fue incomodo pero Hermione comprendió que no se quería acercar así que comprensiva se paró y fue hacia él.

— ¿Qué ocurre? —pregunto impaciente pues la platica en la que hasta hace unos momentos se encontraba sumergida era muy entretenida. Cosas que no podía conversar con varones y no muy para su suerte sus mejores amigos eran hombres.

— Oye… en tercer curso. ¿Recuerdas cuando golpeaste a Malfoy? —Hermione le miro curiosa y asintió, de pronto, cambio de expresión.

— ¡¿Golpeaste a Malfoy? —dijo colérica.

— ¡No! Bueno, las ganas me sobran —acepto—. Pero no, no lo golpee —la chica se calmó y le miraba fijamente, esperando a que comenzara a explicarse—. Lo que quiero decir es que… ¿Lo notaste?

— ¿Qué cosa?

— Que si lo notaste… ese "detalle." —puso especial énfasis en lo ultimo.

— ¿Qué detalle? —repitió fastidiada porque Ron no se diera a entender como debería.

— ¡No me hagas decirlo! —dijo avergonzado pues sus mejillas se tiñeron de un rojo casi imperceptible pero por la poca distancia que tenia de Hermione, ésta se pudo dar cuenta.

— ¡Por Morgana, Ron! Entonces explícate, no soy Trelawney para intentar adivinar —dijo sarcástica cosa que causo que Ron se ofendiera.

— ¡Pega como niña! —exclamo abochornado.

Hermione se lo tomo en serio y regreso su mente al momento en el que le había dado un fuerte derechazo en la cara a Draco Malfoy. Su piel era muy suave y nívea, y la mejilla al instante se le volvió de un intenso carmín a causa del golpe. Cuando no pudo contener su rabia y le pego, jamás creyó la facilidad con la que Malfoy salía despedido hacia atrás, o ella era muy fuerte o Malfoy muy débil. Lo cual solo podía significar que era muy delgado y que por falta de más peso no se pudo sostener firmemente. También que era frágil y de poca resistencia.

— ¡Ah! —exclamo al enlazar todo—. ¿Y dices que no lo golpeaste? —pregunto queriendo reconfirmar aquello. ¿Sino de que forma lo sabría?

— ¡Ya te dije que no lo golpee! Es más, intente conversar con él y decirle que hare el esfuerzo por tolerarlo. ¿Y sabes qué? ¡Me dio la espalda y se fue con esa cara de altivez que tiene! Lo detuve para que me escuchara —contaba furicamente—. ¿Y sabes que me dijo? ¡Que no lo tocara porque le impregno mi olor a pobre! ¡Ese maldito mal parido! —termino gritando lo sucedido y casi la mayoría de los presentes le miraron interesados.

— ¡Ron, baja la voz! —regaño.

— ¡Estoy harto del hurón! ¿Qué es tan difícil entenderlo?

— ¡Lo sé! —le dijo con el mismo tono— ¡Sé que es desesperante! ¿Crees que yo lo aguanto? —Ron asintió— Vaya, pues no te has fijado como es conmigo.

Por la mente de Hermione paso una de las veces en las que intento entablar conversación con Malfoy.

— Hola Malfoy —saludo al encontrárselo en la biblioteca. No había muchos alumnos y los que estaban no les prestaban atención. El aludido le miro con aversión.

— ¿Quién te crees para dirigirme la palabra? Asquerosa sangre sucia —mascullo al tomar sus libros y dejar con la palabra en la boca a Hermione.

— Entonces… ¿tampoco te agrada? —pregunto dudoso—. ¡Pero los he visto juntos en la biblioteca!

— ¡No me habla! —aclaro—. Va y se sienta junto a mí, pero no me ve y no me dirige la palabra. ¡Es insoportable! —se quejó. Ya que en eso estaban no dudaría en desahogar toda la frustración que se había estado guardando hasta entonces—. ¡Ah, sí! Por supuesto —uso un tono irónico—. Sólo me habla para decirme que tuve un error ortográfico espantoso o que un dato está mal y poco completado. ¡¿Quién se cree? —a Ron se le ilumino el rostro pues Hermione estaba de acuerdo con él aunque sus razones fueran muy ñoñas.

— ¡Es lo que intento decir! ¿Por qué simplemente no lo mandamos al diablo? —no comprendía porque Hermione se negaba a aceptar pues cada que Ron lo proponía, negaba con la cabeza y le cambiaba el tema. Esta vez fue diferente pues la castaña se veía dispuesta a responder.

— Por Harry —murmuro secamente. Se dio la vuelta pero ya no regreso con el resto de las chicas; se fue directo a su dormitorio.

Y allí estaba. No muy lejos de ellos abusando del poder que se le concierne por ser prefecto, su pesadilla en persona desde hace dos semanas: Draco Malfoy.

— Como aborrezco a ese maldito hurón.

Hermione suspiro abatida. Por más que intentaba comprender a Malfoy, simplemente no podía. Si quería ser su amigo ¿Por qué no se esforzaba? Al contrario sólo causo que los chismes incrementaran y humillarles tanto como le era posible. Ella quería lograr entender porque ese hombre de cabello rubio platinado, atractivo, adinerado, sangre pura y con posición social le interesaba hacerse amigo de Harry, si desde que tenía memoria lo odiaba tanto como para ser capaz de desearle la muerte.

Poseía unas cuantas teorías.

Una cada vez más descabellada que la otra. Y debía admitir que estaba casi segura que la más loca era la correcta. Desde que Harry le conto sobre sus sueños, lo había estado pensando seriamente. No es posible que Harry sueñe con alguien con propia personalidad, que rechiste y se preocupe por él. Suele pasar en los sueños pero al despertar te das cuenta que fue sólo eso; un sueño.

En cambio a Harry le ocurrió diferente. Al despertar, amanecía con nuevas emociones y sentimientos encontrados.

Su amigo se lo había confirmado. Le gustaba Draco Malfoy.

Lo que le llevaba al final del túnel.

¿Draco Malfoy le correspondía a Harry?

Quizá por eso se quería acercar a él y comenzó a hacerlo por medio de sueños.

Hermione esbozo una gratificante sonrisa en sus labios. Dio con la respuesta, y ahora tenía un arma contra Malfoy.

— Estorban mi camino —mascullo, empujando a Ron Weasley con un grueso libro de transformaciones pues no lo consideraba como alguien digno de siquiera ser tocado por un Malfoy.

— ¡Ah, no de nuevo pedazo de imbécil! —gritoneo con la intención de pescarlo por la túnica. En su camino se interpusieron Crabbe y Goyle, el par de mastodontes que le resguardaban.

— Ni lo pienses —dijo Crabbe con una cara de sadismo.

— ¡Hazte a un lado! —le ordeno molesto, pero éste no cedió y Ron sólo podía ver la espalda de ese pequeño engreído— ¡Malfoy, da la cara estúpido cobarde!

— ¡Ron, no! Déjalo ir, no vale la pena —lo jalaba hacia atrás de la manga de su túnica. Ron era muy fuerte y de cuerpo larguirucho pero en comparación al par de Slytherin quedaba en desventaja.

Draco continúo su camino seguido por los dos colosales neandertales que le dedicaron una seña grosera al par de Gryffindor. Ron apretaba tan fuerte los puños, conteniendo el coraje que sus manos se tornaron un tanto moradas.

— ¡Se tu secreto! —grito Hermione cuando se encontraban a una distancia prudencial. Draco paro sus pasos por un par de segundos y luego siguió andando.

— ¿Qué secreto? —pregunto Goyle.

— Ninguno. Es una estúpida sangre sucia —corto la conversación. Crabbe y Goyle se intercambiaron miradas tras las espaldas de Malfoy. No le creían pero tampoco eran tan idiotas como para llevarle la contra.

Llegaron al aula de Encantamientos y se sentaron al fondo con Pansy y Blaise quienes ya les reservaban sus lugares. Draco se sentó entre ellos dos.

La única chica del grupo lo escudriño de pies a cabeza, deteniéndose en su rostro.

— He. ¿Te han hecho enojar? —comento burlona. Con voz baja para que Flitwick no la escuchara cuchichear—. ¿Quién fue el pobre desafortunado?

— El pobre, literalmente —dijo Gregory Goyle con malicia. Crabbe río entre dientes. Blaise, que hasta el momento no prestaba atención a esos dos se metió en la plática.

— ¿Weasley? Vaya, ese y la sangre sucia han estado pegándosele como babosas a Draco. Deben de necesitar a quien seguir, después de todo el inútil de Potter lleva dos semanas muriéndose. Seria algo gratificante que nos hiciera el favor de matarse. —Draco le miro con furia que intento disimular fingiendo que prestaba atención a Flitwick.

— Es Potter, tiene más vidas que el inmundo gato de la sangre sucia —escupió Pansy.

— O una vida por cada Weasley —comento Blaise burlonamente.

— Una vida por cada vez que se le ha escapado el sapo al idiota de Longbottom —volvió a hablar Pansy.

— En ese caso es inmortal —gruño Draco en su defensa. Sus dos amigos le miraron ofendidos por la forma de cortar su diversión.

Los minutos transcurrían y la clase se tornaba cada vez más tediosa pues ese día Flitwick decidió que debían ver teoría. Draco miro de reojo lo que hacían sus compañeros; Pansy se mensajeaba con una de sus amigas por medio de un pergamino encantado; Blaise sí prestaba atención; Crabbe y Goyle sacaban unos panecillos de sus mochilas y los engullían cuan mandriles. Los alumnos de Ravenclaw —la casa con la cual compartían clase. Lo cual el rubio consideraba mejor que tener que compartir clase con Hufflepuff— no hacían cosas muy diferentes de las de Pansy y Blaise.

Los grisáceos ojos de Draco Malfoy se fijaron en la dueña de una larga melena azabache que escribía en la orilla de su pergamino. Hacia exactamente lo mismo que Parkinson. Draco busco con la mirada algún otro pergamino encantado para saber con quien cotilleaba pues dudaba que fuera con Pansy, no tardo en encontrarlo a cinco asientos de ella, se encontraba Marietta Edgecombe la amiga de Cho Chang. A ojos de Draco eran un par de garrapatas molestas. Sin saber porque, sintió ganas de enterarse que se mensajeaban y no es que fuera curiosidad, no, eso nunca. Un Malfoy no es curioso como un ruin Gryffindor, un Malfoy sólo quiere enterarse de lo que hacen los peones. Seres inferiores, para poder mover las riendas a su beneficio. ¿Y porque no? Sacar un poco de entretenimiento.

Sigilosamente levanto su varita y encanto el pergamino que tenia sobre la mesa. Sólo faltaba esperar el momento adecuado para actuar. Afortunadamente por obra del espíritu santo, Flitwick regaño a un alumno de la primera fila y todos giraron a verlo como si toda la clase hubieran prestado atención. Aprovecho el momento para susurrar el mismo encantamiento pero dirigido al pergamino de Chang. Su amiga retardada, miedosa como era ya no escribía en su pergamino y prestaba atención o al menos fingía.

Lo único que faltaba era encantar la pluma para que copiara la caligrafía de Edgecombe, cosa que hizo de inmediato.

Cuando el profesor siguió con su clase y algunos volvían a distraerse, en su pergamino apareció la siguiente leyenda:

«Esto es aburridísimo… ya quisiera estar en el Gran Comedor.»

Draco sonrió con malicia. Imperceptiblemente, alzo su pluma y escribió; «¡Oh, lo sé! Cuanto anhelo estar allí, muero de hambre.» No era muy difícil hacerse pasar por Edgecombe sólo tenia que escribir estupideces y sin muchos modales.

Al instante la respuesta apareció.

«¿Crees que ya haya salido?»

Draco no entendió de qué hablaba.

«¿De quien hablas?»

«De Harry, por supuesto.»

Al leer aquello un calor interior le invadió y no era precisamente uno agradable era uno que le quemaba y le hacia hervir la sangre. ¿Qué si estaría Harry? ¡Eso a ella que le importa! Oh, claro. Es la chica idiota por la que Harry babea.

«¿No lo has escuchado ya? ¡¿Pues que has estado haciendo?»

«¿Que cosa? ¡No me asustes!»

«A Potter le gustan de pelo rubio y si es platinado mejor, lo leí en corazón de bruja y también se lo oí mencionar a Granger.» Draco rió entre dientes. Burlarse de esa mujer era tan sencillo y le hacia sentir, de cierta forma, superior.

Como era de esperarse la respuesta de Cho Chang tardo en llegar, Draco alzo la cabeza para ver que hacia pero solo estaba allí, quieta y lo único que alcanzaba a ver era su negra cabellera.

«¿Como las veelas? Note como veía a Fleur Delacour el año pasado. Debo decir que eso es alarmante, pero no nos preocupemos he prestado atención cuando me mira y se que me corresponde. Al menos quiero creer que es así.»

Draco bufo. ¿Es que la igualada esa no se rendiría? Harry le miraba a él. Draco Malfoy no Cho-chillona-Chang. Y claro que se había dado cuenta, cada vez que Harry entraba al comedor sentía su penetrante mirada esmeralda posarse sobre si. ¿Cómo no darse cuenta?

«Además… he escuchado a Parkinson decir que Lunática Lovegood en realidad anda con Potter» A Draco no se le ocurrió algo más lógico para alejar a la zorra esa de Harry pero pensándolo bien nada de lo que le escribió era lógico. ¿Harry y Lunática? Sí, claro. ¿Cuál será la siguiente estupidez que diga? ¿Qué un día Weasley será rico?

«No lo puedo creer…» Escribió con una letra más horrenda.

«Lo siento amiga, pero Lunática es rubia, ¿no? Encaja con el perfil-para-novia-de-Potter.»

— No. Puede. Ser. —Susurro entrecortadamente Pansy, inclinada para poder leer mejor—. ¿Estas haciendo la mejor broma para la fracasada esa y no me invitas? —Draco se tenso y soltó la pluma por ser cachado in fraganti. El resto no se percato, cosa que le alivio. Pansy al ver lo nervioso que lucia sonrió como señora chismosa —lo cual sí es. Quitando lo señora, claro esta—. ¡Ay por Salazar! —exclamo. Cuando se dio cuenta de lo alto que hablo volvió a bajar la tonalidad de la voz de manera que solo lucia que se secreteaba con Draco— ¿Lo haces en serio?

Draco miro a todas direcciones asegurándose que nadie les prestara atención. Frunció el entrecejo y volvió a su habitual postura; un Malfoy nunca muestra debilidad.

— Que te importa —puntualizo.

— Vamos Dragón, puedes decírmelo ¿soy tu amiga, no?

— Tú solo quieres un tema interesante con el cual distraerte hoy. Te lo digo desde este momento, Parkinson —dijo con voz firme—. Draco Malfoy no es la diversión de nadie.

Pansy hizo una mueca graciosa, arrugando la frente, inflando las mejillas y levantando los labios como patito.

— Pansy, eso no es adorable. No puedes convencerme con una rabieta más bien parece que estas estreñida —. Su amiga refunfuño, se cruzo de brazos y no le dirigió la palabra en el resto de la clase.

El Gran Comedor no era lo mismo sin la presencia de Harry, pues era el único que causaba alboroto en esa repugnante mesa que no le molestaba. El resto hacia cosas que consideraba desagradables para la vista. ¿Ejemplo? Weasley tragando como el muerto de hambre que es y la sangre sucia que parece que desayuna, come y cena libros.

De Gryffindor se pasó a Ravenclaw, recorrió la mesa hasta que vio la larga melena negra de Chang, lucia molesta y abatida, y cada tanto le dedicaba miradas dolidas a Lovegood. La cual… divagaba como de costumbre sin percatarse nada de su entorno. Draco no lamento en utilizarla pero eso le daba poco tiempo ya que Chang no tardaría en darse cuenta que su amiguita no fue con la que se estuvo mensajeando.

Comió con rapidez pero con la debida elegancia pues quería dar una vuelta a la enfermería. Cuando por fin termino, en la mesa escarlata y oro ya no se encontraba el par de idiotas. Draco maldijo ya que tenia ganas de platicar con Harry y la presencia de esa gentuza le molestaba.

— Iré a dar un paseo, los veo en clase de Herbología —sentencio, de esa manera no había pero que valga. Pansy le dedico una miradilla cómplice junto con una sonrisa de "aja."

Recorrió los pasillo como si no hubiera un mañana, cuando estuvo frente a la gran puerta de roble escucho una voz que anhelaba oír desde hace ya mucho. Era tan calida y aunque no dijera nada relevante le causaba un vuelco en el corazón. Sí. Tenía corazón aunque muchos lo dudaran pero eso era algo que no le importaba.

— No debieron molestarse —comento apenado.

— ¡No es ninguna molestia, Harry! Estuvimos muy preocupados veníamos todos los días a visitarte —dijo Hermione quien lloraba de felicidad.

— Hermano, hemos tenido que soportar horrores.

Harry les veía contento aunque tranquilo ya que después de dos semanas echado en una cama de la enfermería con constantes pociones mientras dormía, no había abierto los ojos hasta ese momento. Le alegraba que sus amigos despertaran con él y le dijeran lo mucho que lo extrañaron. Aun no podía creer que durmió durante dos semanas y no tenía recuerdos de la razón. Luego se daría a la tarea de preguntar.

— ¿Horrores? —pregunto divertido ya que una palabra de tal exageración proviniendo de la boca de Ron no podía ser más que algo cómico.

— ¡Esto es inaudito! —dijo una voz que arrastraba las palabras con un dejo de rabia contenida.

Los tres amigos giraron para encontrarse cara a cara con un joven de cabellos rubios platinados, poseedor de unos furicos ojos grises que denotaban tanta ira como la peor de las tormentas invernales.

Usualmente cuando Harry terminaba en la enfermería sólo recibía visitas de sus dos mejores amigos y en alguna ocasión del profesorado. Si estuvieran un año atrás y el rubio platinado que en estos momentos se encontraba parado allí, completamente molesto, Harry no hubiera dudado en alzar su varita.

— Ah, allí esta el horror personificado —dijo Ron con amargura. Harry lo miro para después volver a Malfoy.

— ¿Horror? Supongo que estas acostumbrado a ver a tu espeluznante familia que crees que todos son así de asquerosos, pobre, pobre Weasley —comento en un tonito lastimero como si realmente lamentara tal desdicha.

— ¡Pedazo de imbécil! —grito Ron cabreado—. Al diablo con que me vuelvan a castigar, te voy a dejar tan adolorido que preferirás no volver a Hogwarts el próximo año.

— ¿Lo dices en serio? Que métodos tan vulgares utilizas yo en cambio preferiría lanzarte unas maldiciones irreversibles.

Harry miro a Hermione intentando que le comunicara que diablos sucedía pero ella lucia tan anonadada como él inclusive juraría que molesta con… ¿Malfoy? No es que fuera novedad pero nunca apoyaba la violencia si estaba en sus manos detenerla.

— Vamos, no hay motivo para discutir —finalmente intervino Hermione.

— ¿Qué no hay motivos? —arremedo Malfoy—. ¡Me molesta!

— Tú comenzaste, idiota —se defendió Ron.

— No me refiero a eso pedazo de atolondrado —ataco de nuevo—. ¡Yo quería ser el primero que viera Harry cuando despertara! —grito impulsivamente. La enfermería quedo en total silencio ni Ron replico pues quedo perplejo. Se sonrojo por la barbaridad de que sus labios le traicionaran de tal manera. La cara de Harry era todo un poema la cual seguramente no era muy diferente de la suya pues se sentía enardecer.

Harry imito la acción de Malfoy, no porque quisiera sino por inercia. Sus mejillas se encontraban acaloradas. ¿Draco le llamo por su nombre de pila? ¿De verdad? No, seguramente escucho mal. Desde que se intereso en él… de una manera poco usual, anhelaba escuchar su nombre salir de los labios de ese orgulloso y engreído de Malfoy. Ahora que sucedía, no podía ser real.

— ¿Harry? —pregunto Draco entre preocupado y avergonzado al ver la expresión estupefacta del moreno.

El aludido reacciono al volver a escuchar su nombre provenir de esos finos labios que tanto había delirado. ¡Le llamo Harry! ¡Era real!

— ¿E-es un sueño? —pregunto apenado, quería cerciorarse. Era imposible pasar dos semanas en un estado casi muerto para despertar y el completamente presuntuoso Draco Malfoy te llame por tu nombre de pila. Definitivamente debía estar en otro de sus sueños.

— No —intervino Ron—, es una pesadilla si aparece ese —señalando al rubio. El cual no se molesto en responderle con algún comentario mordaz, conservo la postura cohibida que había adoptado al soltar esas palabras tan irresponsables.

— Me parece que lo mejor es que vayamos a Herbología, ya es tarde—comento Hermione, jalando a Ron de la manga de la túnica hacia la salida el cual puso fuerza pero las amenazas de Hermione eran más fuertes que su voluntad. Un portazo de las pesadas puertas de roble puntualizo la salida de los chicos.

— ¿Ellos dos…?

— No, así son siempre —anticipo su pregunta—. Pero, se que terminaran juntos. Es cuestión de tiempo y de que Ron deje de ser tan… Ron.

Draco no pudo negar su lógica.

— Ah… —se maldijo una y otra vez internamente, no podía ser posible que sintiera tanta vergüenza por estar a solas con Harry. Es decir, habían estado a solas pero Harry siempre dormido y él hablándole. A eso no podía llamársele conversación.

Harry miro de un lado a otro maquinando que decir más simplemente se encontraba en blanco. Podía tener pláticas relajadas con el Malfoy de sus sueños pero no significaba que el real fuese igual.

— Y… ¿Cómo va el quidditch? —dijo para sacar un tema. Quiso golpearse la cabeza como Dobby al escuchar la tontería esa. ¿Quidditch? Genial Harry, estas a solas con el chico de tus sueños —literalmente— y lo mas coherente que se te ocurre decir es hablar de quidditch.

— Bien… Slytherin va a la cabeza —comento sin dejo de burla—. El equipo de Gryffindor de este año… ya sabes, no es muy bueno —Harry asintió con la cabeza dándole la razón.

— Ya se. Me gustaría poder jugar —murmuro triste—. Extraño tanto sentir las ráfagas de aire contra mi cara —Draco se consideró culpable, no debió de seguirle la corriente en el tema, así Harry no se sentiría mal por recordar que tenía prohibido volar en escoba y que le habían confiscado su Saeta de Fuego. De pronto, tan rápida como una pequeña snitch se le ocurrió una brillante idea.

— ¡Volar! —exclamo animadamente, causando que Harry diera un pequeño respingo.

— ¿Qué?

— ¡Sí, volar! —repitió. Alzando las manos hacia arriba como si estuviera en una montaña rusa.

— No puedo, mi Saeta…

— Olvida la Saeta, puedo conseguirte una escoba. No será problema quitarle una de sus Nimbus 2001 a algún idiota del equipo, es decir, de todas formas mi padre las dono.

A Harry se le ilumino la cara. Aunque no le gustaba que Malfoy alardeara lo orgulloso que se encontraba de su padre. Para Harry, Lucius Malfoy siempre seria un maldito bastardo mortifago que jamás en la vida seria de su agrado, pero su hijo, Draco; era algo muy distinto. Por el momento dejaría ese tema de lado.

— Lo… ¿Lo dices en serio?

— ¡Muy enserio! —contesto contentísimo. Volvió a ruborizar al percatarse que de la emoción se había trepado a la cama de Harry. Tosió apenado y regreso a pararse. Algo retirado de la cama.

El silencio volvió a hacerse tras el incomodo —pero agradable— momento.

— ¿Ha… pasado mucho desde que estoy aquí? —Draco sonrió. Cada que se hacia un silencio entre ellos Harry siempre quería seguir la conversación aunque los temas fueran insignificantes pero para Draco cualquier platica trivial con Harry era su paraíso personal.

Draco le contó todo lo ocurrido desde que se encontraba en la enfermería. Claro que omitiendo detalles como el porque estaba en la enfermería, las innumerables veces que fastidio a Weasley, y las aún más incontables ocasiones en las que llamo sangre sucia a Granger. Todo era dicho desde su bonito y agradable punto de vista.

Conversaron alrededor de tres horas. Draco había agarrado la confianza suficiente como para sentarse al borde de la cama de Harry hasta que una Madame Pomfrey alegre de que Harry despertara le dio de alta. Siguieron su plática animada en los corredores. Ignorando a todos aquellos que les veían sorprendidos por ver a los enemigos declarados de Hogwarts sumergidos en lo que parecía ser una muy grata conversación.

— ¡No puedo creerlo! —dijo Harry, riendo.

— Pues creelo. Entonces Parkinson hizo la rabieta de su vida para que le compraran un unicornio. Obviamente no lo consiguió —llegaron al retrato de la Señora Gorda, lugar en el que tendrían que separarse por la diferencia de casas y que si un estudiante de Gryffindor veía ahí al mismísimo príncipe de las serpientes se armaría tremendo escándalo.

— Nos vemos Harry…

— Adiós Malfoy —murmuro. Realmente no quería despedirse más tenia ganas enormes de conversar con sus amigos y no dudaba que Hermione le tendiera en la mesa los deberes que se le acumularon. Había tanto que platicar y de cosas de que enterarse. Si bien se emociono con que Malfoy le mantuviera al tanto no fue suficiente, ya que, como pudo notar Draco comento todo desde su punto de vista. Sabía perfectamente que omitió demasiados detalles pues su historia tenia una gran cantidad de huecos.

— Draco —Harry abrió los ojos de sobremanera.

— ¿Disculpa….?

— Draco. Llámame Draco —le dedico una media sonrisa. Bastante coqueta—. Es así como me llamo, ¿no? Cuando… comenzamos nuestro intento de amistad, no nos fue muy bien ¿verdad? Me gustaría que empezáramos de cero.

— Está bien —dijo con ímpetu. También le dedico una sonrisa, claro que la de Harry era más adorable y sin coquetería, lo cual hizo sonrojar al rubio. Harry, abochornado y contento porque Draco se abriera a él de esa manera le causaba una sensación de plenitud y un curioso golpeteo en el estomago—. Nos vemos, Draco —un escalofrió gratificante le recorrió la espina. Uno muy agradable. Se giro y dijo la contraseña, pero la Señora Gorda encurvo las cejas y negó.

— Lo siento, Harry, querido. La contraseña ya no es esa.

— ¿Q-que?

Malfoy miro a la mujer obesa del retrato y la cara derrotada de Harry.

— ¿No te dejara entrar la grasienta? —la mujer del retrato le miro ofendida— No es por nada y mucho menos indignar a la guardiana de tu patética casa pero te ha visto la jeta desde primer curso —las palabras de Malfoy fueron de todo menos no ofender.

— Cambian la contraseña cada tanto, el que no se la sepa no puede entrar. No debe ser muy distinto al mecanismo de Slytherin.

— Umm, no. Pero nosotros no tenemos a una mujer gorda a la que claramente le hace falta una buena dieta o en su caso unas pinceladas menos, resguardando la entrada.

— Harry, querido. Podrías decirle a tu amigo Slytherin… ¡Que su casa esta en la mazmorras! —Draco le miro enfurruñado.

— Harry, querido —arremedo—. Podrías decirle a la gorda ¡que a nadie le importa su insignificante opinión!

Ambos se dedicaron miradas de odio y Harry no pudo más que mirarles divertido, por alguna razón no se molestaba por que Malfoy anduviera por allí ofendiendo a medio mundo. No era correcto pero, ¿así es Draco, no? Si dijera eso en voz alta más de uno diría que si tanto le agradaba Malfoy se largara a la casa Slytherin.

— Bueno… daré una vuelta, quizá me encuentre a alguien de Gryffindor.

— Yo te acompaño —se autoinvito. Se fue siguiendo a Harry quien ya había echado paso a andar, antes de irse le saco la lengua la Señora Gorda— Sabes Harry —dijo cuando lo alcanzo—, ya casi es hora de que todos los alumnos estén en su respectiva casa.

— No seas mentiroso Mal… Draco, aun faltan dos horas.

— Lo se, pero cuando se esta conmigo, el tiempo vuela —dijo orgulloso. Harry se ruborizo y camino más rápido.

— Sí, claro.

— ¿No me crees?

— No dije que no.

— Pero tampoco dijiste que sí.

— Oh, vamos. ¿A que quieres llegar con esto? —ahora fue Draco quien se sonrojo.

— Nada… ¿Por qué habría de querer llegar a algo?

— ¿Cómo quieres que lo sepa? Dímelo tú.

Un silencio incomodo volvió a hacerse presente y esta vez fue Draco quien decidió romperlo.

— ¿Te apetece un paseo afuera de Hogwarts? —contesto para evadir la respuesta. Harry suspiro y asintió. Los dos se encaminaron a las afueras en donde el cielo ya se encontraba oscurecido y algunas plateadas estrellas brillaban en lo alto de una forma encantadora.

El ambiente era extraño, a pesar de encontrarse solos ninguno se atrevía a decir algo. Simplemente, disfrutaban de la compañía del otro. Harry le miraba de reojo cada tanto pues le costaba poder aceptar que se encontraba ahí, a las afueras de Hogwarts tomando un paseo por… ¿El lago? ¿Hace cuanto habían llegado al lago? Se pregunto perplejo. Cosa que dejo de lado al contemplar como la luna hacia brillar el platinado cabello rubio de Draco. Era la viva imagen de un ángel, encantador, atractivo, hermosas facciones, físico escultural, nada brusco más bien delicado pero de actitud decidida. Parecía estar hablando algo, Harry no prestaba mucha atención se encontraba embobado viendo tan agraciado panorama, pero seguramente decía algo tan encantador como su aspecto angelical sin más decidió que lo mejor era escuchar bien y lo que oyó lo dejo boquiabierto, y de ser posible habría caído al lago de la impresión.

— ¡Ese pedazo de imbécil cara de retardado! Hasta un troll tendría más inteligencia que él y eso es decir mucho, la verdad. Es más, el mecanismo de un chupon es más complicado que la mierda que ha de tener por cerebro. ¿Sabes que dijo después? «Oh, lo siento, pero no despreciamos a otros por su sangre, pero si así quiere me encargare de no aceptar a ningún Malfoy» ¡¿Qué se cree? Si se lo dijera a mi padre no dudaría en demolerle el maldito changarro.

Harry no podía hacer más que mirarle pasmado. Ahí estaba su encantador ángel, maldiciendo a diestra y siniestra a quien sabe que tipo y soltando tanta majadería como le era posible. Debía aceptar que la persona de la que termino enamorándose no era una perita en dulce (como diría un viejo dicho muggle) más bien era como un demonio con cuerpo de ángel. Que de angelito no tenia nada más que la cara.

— ¡Harry! ¿Me estas escuchando? ¡Que falta de respeto Harry Potter! —gritoneo—. Para que me molesto en contarte hechos importantes si te entra por una oreja y te sale por la otra.

— Te estaba escuchando —mintió—. Es solo que… la noche esta muy agradable.

Draco enarco una ceja y miro el alrededor, era verdad. La suave brisa era acogedora y el lago se encontraba tan calmado que era difícil creer que una gran cantidad de criaturas vivían allí. Sin decir nada se dejo caer en la orilla, en un área llena de arremolinado césped.

— Es raro que el clima este así —dijo despreocupadamente mientras cerraba los ojos y apoyaba la cabeza en sus brazos—. Ha estado haciendo un frió espantoso.

— Oye… —murmuro, sentando junto a él con la vista fija al tentáculo que se asomaba por el otro extremo del lago—. Es… sobre… —Harry se maldijo porque las palabras no le salieran de la boca. Valentía. Era un Gryffindor por lo tanto no debía acobardarse. Trago saliva, dispuesto a hablar—. Sobre…

— ¡Mira! —le interrumpió Malfoy. Harry siguió la dirección que le señalaba.

— Una estrella fugaz…

— Me gustan. En una ocasión cuando era niño, Madre me dijo que cuando una estrella cae, es que alguien murió —Harry le miro espantado.

— Eso es muy triste.

— Sí, pero… no sé, se ven bonitas.

— En el… —dudo por un momento si debía continuar. Al tener la atención de Draco no tuvo duda de seguir—, en el Mundo Muggle cuando vez una estrella fugaz puedes pedir un deseo —Draco parecía no creerle pues le escudriño minuciosamente como si buscara una pizca de mentira.

— Pedir un deseo es mejor a que alguien muera —admitió.

— ¿Qué te parece si la próxima vez que veas una estrella fugaz pides un deseo?

A Draco le emociono la idea, aunque, no lo admitiría. Se limito a asentir cabizbajo, ocultando el sonrojo que adornaba sus mejillas. Harry creyó que se le había metido tierra al ojo ya que Draco se empeñaba a no mostrarle la cara.

Los alrededores se veían más sombríos de cuando habían salido y el bosque prohibido más espeso que de costumbre. En el oscuro cielo ya se encontraban posadas una gran cantidad de estrellas cosa que le hizo recordar la silenciosa promesa que Draco acababa de hacerle. Una sonrisa tonta permaneció en sus labios.

— Debo darte la razón Draco, el tiempo paso volando —dijo al pararse y sacudirse el Zacate. Draco le imito.

— ¿Ya tienes idea de cómo meterte por el retrato de la gorda? —pregunto interesado. Ambos caminaban de regreso al castillo.

— Sí. Hermione y Ron son prefectos así que no tardan en salir para dar su recorrido antes de dormir.

— Oh… ya veo.

— ¿Te acompaño a la entrada de tu casa? —se ofreció.

— ¡No! ¿Qué me crees? ¿Un ridículo Hufflepuff? —Harry soltó la carcajada. Las ocurrencias de Malfoy le sacaban una sonrisa.

— Bien, ya entendí. No volveré a ofrecer tremenda ridiculez.

Al llegar al vestíbulo volvieron a despedirse, Harry se dirigió a las escaleras cuando escucho a Draco llamarle; se giro para verle aunque ya se encontraban a una distancia considerable.

— Sobre la pregunta de hace rato. Tal vez sí quiero llegar a algo —murmuro antes de irse corriendo.

Harry quedo parado en medio de las escaleras viendo como Draco le dejaba solo.

— Santo Hogwarts —dijo atolondrado.


Les di una dosis de cursilería para aliviar tanto drama xD

Bueno, he de aclarar; el capítulo ya estaba hecho desde hace mucho pero fanfiction no me dejaba actualizar ): de hecho, el cap 7 también ya está escrito así que no tardare mucho en subirlo (si es que ff no vuelve a fallar).

Espero leer sus comentarios *A* posoye unos se la pela escribiendo xD (y me gusta contestar los comments)