Holaa! amigos narnianos! Hace tanto que no me leían, pero aquí estoy con un nuevo cap! Lo acabo de terminar en la universidad, asi que no sean malos conmigo si tengo errores!, xD

Esta bastante interesante el tema, y ahy algo de Suspian, aunque no se por que, me ha dado la terrible manía de imaginarme un Surilian!asi que para el próximo cap, habrá muchísimo Surialian, a ver como surge.

Feliz Día de los Enamorados, que ya prontito estará por hay!

Disclaimer: Ninguno de los PJ blah, blah, blah, de las Crónicas de Narnia, blah, blah, blah, a esta servidora. Blah, blah, blah, a CS Lewis y a la 24 Century Fox, y bla bla bla!

pd: Suspian forever


Cap IV: Y comienzan los problemas

-Los accidentes ocurren- el chico tomo la mano de Susan, en un movimiento que él no había planeado, pero que sucedió. Susan observo lo sucedido, confusa. Rilian se sonrojo ante su atrevimiento, y se dedico a darse la vuelta e irse apenado. Susan no entendía bien lo que había pasado, pero se dio la vuelta para regresar a sus aposentos, cuando tropezó de lleno con un cuerpo fuerte. Sus ojos se encontraron con los ojos café de Caspian, que la observaba.

-Tenemos que hablar- dijo Caspian, con sus ojos aun puestos en la joven reina.


La mirada inquietante de Caspian puso a la chica a temblar. Susan trago seco. Sabía que ese momento iba a llegar en algún momento. ¡Pero no tan pronto! La chica estaba tan nerviosa, que pensaba que iba a caer al suelo en algún momento. Suspiro.

-Claro- dijo finalmente, buscando toda la valentía que Aslan le había otorgado. Caspian asintió, mientras le cedía el paso a Susan. La chica estuvo a punto de darse la vuelta y salir corriendo, pero sería una cobardía, y ella no era una cobarde. ¿Por qué le temía tanto a lo que Caspian debía decirle? Negó la cabeza, si era malo o bueno lo que él tenía que decirle, solo lo conocería escuchándolo, no huyendo de él como una cobarde cualquiera.

El lugar que escogió Caspian fue la Biblioteca, donde minutos antes Susan había agolpeado a su hijo. Observó el libro que llevaba en sus manos, y trato de ocultar con sus dedos el título de este, que hacía referencia a los años de los reyes termarinos, en especial del que estaba tras de ella. Tras de ella, Caspian observaba en silencio la forma de caminar de Susan, digna de una reina. No parecía que caminaba, sino que flotaba por el suelo, porque su andar, era tan fino, tan elegante, que ninguna otra reina podría imitarla, ni siquiera por más tiempo que practicara. Jamás nadie podría competir con esa morena.

Algo asustada, Susan colocó al revés (dejando la portada boca abajo) el libro, y se dispuso a voltearse hacia Caspian. Los ojos del rey la miraban fijamente, examinando todos los detalles de su rostro porcelana. Cada detalle, por más pequeño e insignificante que fuera, era algo de suma importancia del joven rey. La benévola bajo el rostro, sonrojada. Era la primera vez que estaba a solas con Caspian, luego de aquel beso público, su primer beso de amor. Caspian entendió lo incomoda que debía ser su mirada y la retiro casi al instante. Susan volvió a subir la mirada, embozando una tímida sonrisa, tratando de decirle a Caspian que comenzara su conversación. ¿Por qué era tan perfecta? ¿Por qué ni siquiera una estrella podía igualarla? ¿Por qué la amaba tanto? Todas esas preguntas mortificaban a Caspian día a día, y el no podía encontrar respuesta alguno, y todo eso lo desesperaba.

-¿Qué es lo que querías decirme, Caspian?- dijo Susan, rompiendo el silencio, algo incomodo para ella, pero tan necesario para él, que envolvía a ambos. Caspian asintió avergonzado. La traía hasta ahí, para luego se quedarse en silencio, observándola, pero era algo que no podía evitar, no tenia forma de evitarlo.

-Susan… debo decir que… yo… yo lo siento mucho- se lamento, bajando su rostro, observando el frío suelo de piedra. Susan comprendía muy bien a qué se refería él, y sintió una leve punzada en su corazón. Él le pedía disculpas por todo lo que había ocurrido. Meses antes Susan se negaba a creer que Caspian era inocente, pero luego lo pensó bien. El no tenia realmente la culpa, el debió hacerlo por su pueblo, porque incluso ella estuvo a punto de hacerlo en una ocasión.

La chica cambió su mirada del Caspian, tratando de ahogar las lágrimas que amenazaban por salir. Repuso una sonrisa, que le costó bastante en conseguir, pero le fue imposible ocultar dos lágrimas que bajaron por su rostro. Negó la cabeza, mientras volvía a mirarlo fijamente.

-No tienes nada de que disculparte Caspian.- el chico estaba a pasos de ella, y elevo con cierta torpeza y timidez su mano, para llevar delicadamente su dedo hasta la mejilla izquierda de Susan, deslizándose lentamente por la lagrima que mojaba la mejilla de la chica. El tacto de Caspian en su rostro le dio un escalofrió a la chica, que solo cerró los ojos, sintiéndose segura. Caspian se acercó un poco más, quedando a solo pasos del rostro de la chica, cambiando el curso de su dedo, bajándolo hasta la comisura de sus rosados labios. A continuación, el moreno bajo su rostro hasta el de ella, que aun mantenía los ojos cerrados. Acerco sus labios a los de Susan, rozando estos con los suyos. Un beso lento y suave, de igual forma dulce. Un manjar para todo aquel amante del amor. Susan, con sus ojos cerrados, respondió al beso. Caspian mordió suave y delicadamente el labio inferior de la morena, alejándose de sus labios. ¿Por qué le era tan difícil su vida? ¿Por qué debía estar alejado de ella, si ella es su reina, y el su rey? Si, su reina, solo de él, porque no le importaba quien fuera su rival, Susan siempre seria de él, por y para siempre.

Susan abrió los ojos lentamente, para observar el rostro de Caspian a pasos de ella, que la observaba con una sonrisa. Si fueran libres, la chica lo hubiera besado nuevamente, le hubiera dicho cuanto lo amaba, y cuanto deseaba estar a su lado, pero no eran libres. Al menos no él. Caspian le debía su respeto y su amor a su esposa, a Liliandi, aquella estrella tan dulce. El imaginar el sufrimiento que le causaría a esa chica, Susan se sintió como un ser detestable.

-No, esto no debe volver a pasar- dijo con voz determinada. Caspian enarqueo las cejas, para luego negar la cabeza. El la amaba, y jamás volvería a perderla, no importaba cual fueran los motivos, el no volvería a perderla.

-¿Por qué? Nos amamos Susan, ¡nos amamos!- exclamo Caspian, aun sin entender la reacción de la chica. Caspian se llevo los dedos a su cabello, frustrado. ¿Por qué todo debía ser tan complicado?

-Creo que existen motivos suficientes, Caspian. Ya no somos aquellos adolecentes que se besaron frente a todo un pueblo, ya no somos ellos. Tenemos nuestros compromisos, al menos en tu caso. Le debes tu lealtad, y tu amor, además de tus respetos a tu Reina- le dijo Susan, como si fuera lo más obvio del mundo. Ella había cambiado demasiado en tan solo un par de horas. La manera de ver la vida antes, era muy materialista, pero ahora, ella le importaban más los bienestares de los que amaba, que los de ella misma. Y aunque ama a Caspian, y aunque desea estar por siempre junto a él, esa decisión cambiaria a todos. Si, por que sus hermanos lo aceptaría, pero habían dos personas más en juego, Liliandil y Rilian. La primera por ser su esposa y amarlo, y haber vivido una vida entera junto a él, y ahora comenzando a vivir lo que sería una "segunda" vida junto a su amado. Por el otro lado, Rilian, ese chico había nacido y vivido durante toda su vida junto a dos padres que se amaban y se respetaban. ¿Qué imagen tendría de Susan si esta se metía con su padre? Desde luego que no una muy favorable.

-Tú eres mi única reina, Susan. – informó Caspian, llevando sus manos a su cabello, revolcando este nuevamente. Estaba desesperado, ¿Por qué ella podía volverlo tan loco? El no tenía ni idea, pero de lo que si estaba seguro, es que la continuaba amando. Jamás había podido amar a Liliandil, ella era una excelente mujer y reina, desde luego que sí, pero la pasión que Caspian sentía hacia Susan, era mucho más de lo que podía enfrentar, porque ahora los dos no eran jóvenes. Si cuando chica, Susan era hermosa, ahora lo era el triple, porque ella estaba hecha una mujer, la mujer más hermosa del mundo.

-Caspian, detente. Ya te lo eh dicho, no somos jóvenes, nuestras decisiones afectan a otros, y por más que yo…- la chica bajo su mirada, mientras Caspian la seguía con la suya.

-¿Por más que tú qué?- la reto a continuar Caspian, con una pequeña y esperanzadora sonrisa. Susan respiro hondo, para luego continuar.

-Por más que nos queramos, lo nuestro no podrá ser. ¿Por qué tendría que serlo ahora? Años atrás fuimos separados, y podríamos volver a serlo, quizás no estamos hechos el uno por el otro- dijo negativa la benévola, volteándose, dándole la espalda a el joven rey.

-¿No ha dicho el Gran León que las cosas no suceden de la misma manera dos veces?- dijo Caspian, a su espalda. Las manos del chico se posaron con delicadeza sobre la piel porcelana de la joven reina, mientras que sus dedos, recorrían lentamente los mechones de cabello que caían en la espalda de ella. Susan respiro hondo, mientras cerraba sus ojos. Si este era un pecado, era el pecado más delicioso y encantado que existía. Al menos en esos momentos.

-Es cierto, pero no cae en esta situación, en nuestra situación. Caspian, esto no es un juego. Tienes una esposa y un hijo, y ellos deben ser lo más importante para ti en estos momentos- la joven reina se volvió a dar la vueltas, quedando de frente. Ambos se podían examinar desde corta distancia. Caspian podía percibir la respiración entre cortada de la joven, y también el aroma de su piel. Mientras que la morena podía ver todo el rostro del joven rey. Una cicatriz en su rostro le llamo la atención. A penas se podía ver, pero estaba cerca de la comisura de sus labios. Paso lentamente su dedo índice por ella, provocando que Caspian cerrara sus ojos. -¿Qué ocurrió?- le pregunto lentamente. Ni siquiera su reina le había preguntado ello.

-Una guerra, la vencí en el nombre de todos los reyes de antaño, en especial del tuyo- las mejillas de Susan se tornaron sonrosadas, escuchar que el había batallado y que la guerra la había ganado en nombre de ella, era algo que le despertaba un sentimiento demasiado profundo. ¿Cómo podría dejar de amarlo? Caspian tomo entre sus dedos las manos de la chica, y las llevo hasta sus labios, posándole un beso en ellas. La chica cerró sus ojos, dejando que el joven se acercara a ella, besando sus labios rosados.

Todo era de una manera elegante, fina y delicada, como si se tratara de la escultura más importante del mundo, así era el trato del joven rey, quien besaba con lentitud y dulzura los labios de la joven. Porque negar que ambos morían por la pasión que se sentían por el uno por el otro, pero a pesar de ello, Caspian besaba con lentitud, casi con cuidado de romperla, a la joven. Como si se tratara de una muñeca de porcelana, el chico llevo sus manos con cuidado hasta su espalda, enriendándose en el cabello negro de esta, mientras ella hacía lo mismo con el del rey.

Pero el amor que ellos estaban sintiendo, y que aromatizaba el aire de la biblioteca, era también el causante de un gran dolor. Liliandil observaba lo que ocurría, desde la puerta. Sus ojos azules, estaban anegados en lágrimas. ¡Ella lo amaba! ¡Ella lo adoraba! Y aunque bien era sabido de que Caspian amaba a Susan, y que se había casado con ella porque necesitaba un heredero, ella jamás lo creyó. ¿Cómo creer eso, si su rey la trataba con cuidado y delicadeza? Su corazón latía lentamente, mientras que las lágrimas se resbalaban por sus mejillas. Se llevo las manos a su rostro, tapando su boca, ahogando los sollozos que estaban a punto de salir.

Ella estaba siendo engañada, y lo peor de todo es que ella sabía muy bien que la reina Susan no tenía la culpa. Bajo la cabeza, humillada, jamás se había sentido de esa forma. Tomo una bocanada de aire, y trato de mantener la compostura, mientras aquellos dos morenos continuaban con sus besos, que se llenaban de cierta pasión a medida de que transcurría el tiempo. La rubia retrocedió lentamente, dejando que dos lágrimas más cayeran al suelo. Se llevo una de sus manos a su corazón, como si eso fuera a detener el gran dolor que sentía, el dolor de la traición.

Se dio la vuelta lentamente, saliendo de la biblioteca sin provocar ruido alguno. Camino en silencio, hasta hallarse lo más lejos posible, y comenzar a correr. Corrió por todo el castillo, rebasando a su hijo Rillian, que caminaba leyendo el libro de la reina Susan. Bajo las escaleras principales, y sin que nadie entendiera que le ocurría, se interno en el bosque.

Susan se alejo de Caspian, sin haberse dado cuenta de que había una mujer que los había observado durante minutos.

-No, esto no es correcto. No lo vuelvas a hacer- le dijo buscando algo de furia en su interior. Si lo decía suave, el no le haría caso, por eso ella debía ser ruda y decirlo molesta. Caspian bajo su rostro apenado, y se disculpo una y otra vez. –Debo irme- le dijo algo cortante.

-Jamas olvides que te amo- le dijo el chico. La reina salió de la habitación, caminando rápidamente, incorporándose a los pasillos que conducían hacia los aposentos. No había nadie, salvo a uno que otro guardia real que vigilaba las entradas principales. Con esa misma tranquilidad, la chica sonrió. ¡Él le había confesado su amor! Estaba emocionada, pero al mismo tiempo una ola de gran frustración y arrepentimiento llego hasta ella. ¿Y Liliandil? Ella era su esposa, su legítima esposa. Y era una mujer dulce, y ella le estaba rompiendo el corazón.

La morena se detuvo en su habitación, tomando entre sus manos un cepillo de oro. Se detuvo ante el espejo, y comenzó a cepillar su cabello. Era tan distinta, era la misma chica que había ido de caza por el venado. El verse tan adulta la hacía sentirse extraña, pero aun así, amaba como se veía. Sonrió, aun cepillando su cabello.

-La más hermosa de todas, por siempre- le dijo su reflejo. Susan se quedo petrificada, no podía creer lo que había escuchado. Su reflejo le había hablado.

-¿Perdón?- pregunto dudosa. Debía ser su imaginación, quizás estaba tan aireada con lo de Caspian, que escuchaba los espejos hablar.

-La reina más hermosa ¿No es así como te gustaba que te llamaran? Y ahora la reina destruye familias- se burlo su imagen. Susan dejo caer el cepillo a un lado, colocándose de pie. La imagen comenzó a cambiar, ahora no era Susan, sino otra mujer, vestida de blanco. Su tez blanquecina, y su cabello rubio le daba un aire imponente a esa mujer, que Susan conocía muy bien. La bruja blanca.

-Tu- le dijo, molesta, colocándose de pie. La bruja blanca, imito a la chica, aun en el espejo. Tomo entre sus manos la imagen reflejada del cepillo, y se cepillo su rubio cabello. Susan mantenía su mirada fija en la bruja.

-Sí, yo. Lo que no entiendo es cómo a mi me culpan de ser una destructora, y de ser lo peor de lo peor, cuando tu, mi querida Susan, eres tan parecida a mí. Negaste a Narnia, tu supuesta amada tierra, y luego deseas destruir una familia.- la señalo, dando la vuelta, con un toque juguetón -¿Sabes por qué eh regresado? Pues resulta de que del mismo modo en que ocurrió la primera vez, cuando tu hermano traiciono a Aslan, y este se entrego, ocurrió lo mismo ahora. Cuando se deja entrar a una traidora- sonrió maliciosamente a la morena –se liberan los males, que hayan hecho lo mismo. ¿Y adivina quién es la traidora?- era más que evidente que Jadis trataba de inculparla. Susan respiro calmadamente.

-No dejare que destruyas a Narnia- impuso la joven. La bruja sonrió amargamente.

-Lastima, yo si tengo todas las de ganar, mi querida reina.- dicho esto, la imagen de la bruja desapareció, dejando solamente la imagen de Susan. La chica estaba nerviosa, y al mismo tiempo se sentía la culpable de todo. Ella era el mal, si, lo era. Porque si no hubiera entrado, la bruja no se hubiera escapado. Y tal y como le había dicho Aslan, las cosas no suceden de las mismas manera dos veces.

El haberse encontrado de esa manera, la hizo sentir demasiado culpable, de tal manera que decidió no salir en el resto de la noche de su habitación, disculpándose en la cena. Mientras que ella estaba en sus aposentos, una muy tranquila Liliandil se presentó en la cena, como si jamás hubiera visto lo que había observado en la Biblioteca.


Las mañanas en Narnia son los espectáculos naturales más hermosos que podrían apreciar los ojos humanos, y eso sin duda lo pensaba Susan, que trataba de adquirir toda la belleza narniana, para una pintura. Lucy era la joven modelo, que vestida de blanco, aparentaba ser una estatua. Susan la pintaba en su lienzo con delicadeza, coloreando cada parte de este, con los colores de la mañana, aunque al ser tan coloridos, era casi imposible. La pequeña, ya no tan pequeña, de los Pevensie, ahogaba las ganas de reírse y de salir a correr con los faunos, mostrándose seria, algo no muy de ella.

-Lucy, por favor- dijo por séptima vez la joven reina, mezclando colores. Lucy rió, para luego volver a su antigua pose.

-¿Y como fue?- pregunto, aun con su pose seria, observando fijamente a su hermana. Susan enarqueo sus cejas, confundida.

-¿Cómo fue que?- le preguntó, mientras le daba las tonalidades a la playa de Cair Paravel. Lucy hizo un gesto de fastidio, para luego cruzarse de brazos. -¡Lucy!- la volvió a regañar. Esta, a regañadientas, volvió a su pose.

-No te hagas, se que estuviste con Caspian.- le dijo la chica, mientras hacia una mueca. Las mejillas de Susan se tornaron rosadas, para luego ahogar la respiración. ¿Cómo demonios lo sabia Lucy?

-¿Cómo…-

-Sencillo, anoche Caspian no dejaba de sonreír como un tonto. Y tú estas muy callada y pensativa. Son bastante obvios los dos.- le dijo sin más. Susan se detuvo, ¿tan obvia era ella?

-Ahh… no se dé que hablas, solo hablamos de cosas del reino- le dijo. Lucy se rió, mientras colocaba los ojos en blanco.

-Sí, claro Su, cosas del reino- dijo a sus espaldas Edmund, cruzándose de brazos, dándole una mirada cómplice a Lucy. Susan se volteo y apunto a su hermano con el pincel, causando que una enorme mancha de pintura azul le callera en el rostro a Edmund.

-Oh, lo siento- se disculpo esta rápidamente. Edmund se quito la mancha de pintura con fastidio. Lucy no paraba de reír por el incidente. A esto, Edmund tomo un pincel y le chispoteo en el rostro pintura a Susan. Las risas de Lucy incrementaron, pero dejaron de resonar, cuando unos muy molestos Edmund y Susan le lanzaron pintura, manchándole sus ropas. La tranquilidad del balcón desapareció por las risas de los tres reyes, que estaban repletos de pintura. Susan le lanzaba pintura amarrilla a Edmun, quien pintaba a Lucy con la verde. Al final, no había nada en aquel balcón, que no tuviera diversos colores.

Uno de los soldados entró al balcón, con una carta. El soldado, un joven de cabello castaño, y de ojos del mismo tono, le dirigió una mirada a Lucy, que bajo la vista rápidamente. Edmund estaba demasiado ocupado, limpiando sus manos, como para darse cuenta de ello, pero Susan si lo había percibido.

-Buenos Días sus majestades. Hay una carta para usted, Mi Reina- se acerco hasta Susan, y luego de hacer una reverencia, le extendió un sobre, con bordes de oro. Susan examino bien el sobre, le parecía muy conocido, demasiado conocido.

La abrió con cuidado, para dejar salir un papel, majestuosamente decorado con pequeños hilillos de oro.

Estimada Reina Susan

"Por este medio, le exhortamos de manera pacífica, que rectifique su antigua decisión…

La chica subió su mirada, algo confusa, aun le quedaban bastantes líneas, pero el comienzo, la puso nerviosa.

Hace varios años atrás, su majestad opto por una manera muy equivocada, la que ofendió a nuestro pueblo. Es por eso que se le exige, de una manera pacifica, que rectifique, y vuelva de nuevo a nuestras tierras, pero esta vez como debería ser, convirtiéndose en la reina Susan de Carlomen. Se le exige su respuesta en cuanto antes. Pero como ha de suponer, sino se ofrece, nuestras tropas procederán a la invasión narniana, exterminado cualquier vida que existe en su bárbara tierra.

Con los mejores deseos, su futuro esposo y rey.

Rabadash

Las manos de Susan temblaban de tal forma, que Edmun camino hasta su lado, tomando el papel de entre sus manos. Lucy observo confundida y asuntada, a su hermana. Edmund doblo molesto el papel, murmurando y maldiciendo por lo bajo.

-¿Quién demonios se cree ese maldito para amenazarnos?- gritó escandalizado. Lucy aun no entendía lo que ocurría, y buscaba la mirada de una nerviosa Susan. –Xavier, convoca inmediatamente una reunión- le exigió al soldado, que observaba la situación dudoso. El chico asintió, dándose la vuelta y hiendo a hacer lo que se le había ordenado.

-¿Qué ocurre?- pregunto Lucy, aun llena de pintura verde. Edmund estaba demasiado molesto como para responder de forma tranquila, por lo que Susan, una vez más, tuvo que respirar hondo y buscar la valentía que Aslan le había otorgado.

-Es Rabadash. Si no me caso con él, amenaza con irse a la guerra con Narnia- dijo lentamente la chica.

-Si guerra es lo que desea, eso tendrá ese maldito bastardo- dicho esto, Edmund salió a grandes zancadas, dejando atrás a las dos chicas, que se mantenían observando la carta.


Ahhhhh?/ se lo esperaban?/ Quiero reviews, por favor! seran tomatazos, o aplausos, xD

No dejen de leer este fic, por que les prometo que continuara volviendose explisivo, xD

De paso, a todos los lectores de Harry Potter, lean mi fic, llamado ¿Nuevos Problemas? estaré actualizándolo pronto.

Próximo cap, sera todo Surilian, y quizás algo de Suspian!

Besos y abrazos, KillerQueen04