Huyendo del circo
Capítulo 2:
Los días pasaban con mucha rapidez, lo que al principio me era desconocido se iba convirtiendo en una rutina diaria.
El rancho Cullen era enrome y no solo se dedicaba a la crianza de animales, en si se dedicaba ala crianza de animales de granja tales como los cerdos, las vacas, las gallinas y los caballos. Tenían un amplio campo de trabajo la mayor parte de la comida se obtenía de los campos de cultivo del Rancho.
A veces me preguntaba sobre la procedencia de todo ese mini imperio Cullen que crecía un poco más, la gente nacía rica? Nacía con tierras y gente trabajando para ellos? Había tenido yo mala suerte de nacer en una familia sin lazos de sangre y nómada? Jamás en toda mi vida me había planteado tener mala suerte, quizás porque hasta el momento no había conocido nada más.
Según me dijeron a los pocos días de haber llegado, el Rancho Cullen era uno de los más prestigiosos criadores de caballos, una vez amaestrados aquí se importaban a distintos lugares, para competir o para cualquier propósito legal, claro está, a mi parecer era un trabajo bastante impersonal. No podía evitar sentir cierta nostalgia cada vez que acariciaba a un caballo, el circo por mucho que lo negase, por mucho que lo intentase olvidar siempre sería mi hogar.
En un principio creí que me habían contratado para ser ayudante, pero hasta el momento lo único que había hecho había sido cuidar y limpiar a los caballos. Ni siquiera había tenido la oportunidad de montar, cosa que extrañaba de sobremanera.
Apenas tenía tiempo de dormir, pero eso era algo a lo que estaba acostumbrada. Se trabajaba casi de sol a sol, me levantaba alas 6 de la mañana para tomar el desayuno a las 6.30 y empezar a trabajar a las 7 de la mañana. Era agotador.
Pese a trabajar con muchísima gente solamente había congeniado bien con Juan, un especie de capataz y con Seth Clearwater, otro ayudante como yo, bueno él era algo así como el reemplazo de su hermana cuando esta no se podía presentar. Leah, la hermana de Seth parecía tenerme un odio irracional, por lo que evitaba acercarme a ella.
La primera vez que hablé con Edward Cullen después de nuestro encuentro a la hora de contratarme fue al mes y medio de haber llegado. Nunca había hablado con él pues era el mismo Juan quien supervisaba mi trabajo, yo a su vez supervisaba el trabajo aplicado en los caballos. Al parecer era la que mejor conocía el tema.
Edward Cullen se presentó una mañana de un soleado sábado, vestía un traje de montar y a su lado había una mujer espectacular. Era alta y el traje de montar estilizaba su figura, parecía una modelo, tenía la piel bronceada por el sol, unos ojos azules penetrantes y una melena rojiza y rizada que llevaba medio recogida bajo el sombrero de vaquera. Parecía sacada de un anuncio, supuse que era la novia de mi jefe, eran una pareja idílica.
-¿Necesita algo?-pregunté con voz temblorosa. Me reprendí mentalmente por eso.
-Prepara mi caballo y uno dócil para la señorita.-ordenó con voz gélida.
-Edward cielo, se montar perfectamente.-el tono meloso de la mujer hubiera derretido hasta las gominolas. Miré a mi jefe esperando la orden, pero no me dijo nada. Me adentré en los establos. Por desgracia solo estaba Leah.
Como hasta el momento yo solo me había encargado del cuidado de los animales, no conocía del todo la actitud de ellos a las hora de ser montados.
-Leah.-llamé, me miró desdeñosa.-¿Cuál de todos los caballos es el más dócil para montar?-al momento me arrepentí de la pregunta, pero supuse que por ser orden del jefe ella no se atrevería a mentirme.
-Sin duda, Shine, es el mejor para principiantes.-me dijo con un extraño brillo en los ojos.
-Vale, gracias.-Sin embargo cuando me encontré en frente de Shine, un enorme semental que incluso a mi me había costado dominar, dudé. Era la palabra de Leah contra mi instinto, ella llevaba más tiempo aquí, y los caballos parecían quererla. Me decanté por mi instinto, si fallaba la culpa sería solo mía. Al final me decanté por una yegua llamada Aixa, había sido tranquila desde el primer momento. La preparé y la deje atada mientras iba a preparar el caballo del jefe; desde que llegué supe de inmediato que Rain era el caballo del jefe, era un espléndido ejemplar árabe-andaluz de color marrón rojizo, un caballo que solo los más afortunados se podrían permitir tener. Incluso la silla era más grande para el caballo. Los primeros días de estar aquí me había costado un poco ganarme la confianza del caballo, pero sin duda todo era paciencia. Cuando salí de los establos, Edward y su novia mantenían una conversación y por la cara de ella parecía ser bastante entretenida.
—Señor, los caballos.—cuando vio que había cogido a Aixa frunció el ceño, y yo me mordí el labio nerviosa.
—Está bien, gracias.—me apresuré en volver a mis tareas.
Fue entrada la tarde cuando el mismo Edward se encargó de cepillar y guardar a los dos caballos. Cuando yo estaba recogiendo las últimas cosas para marcharme y poder cenar él me llamó.
—Isabella.—fue aquella tarde, de un sábado ya en la tarde la primera vez que él pronunció mi nombre completo, y supe en aquel instante que mi madre siempre tenía razón bajo sus locos comentarios, me asusté y mi corazón saltó con miedo porque jamás me esperé aquel momento, jamás creí a mi madre; supe que debía permanecer lejos de él si no me quería crear algún tipo de lazo –en ese momento no sabía que tipo de lazo era- con mi jefe. Durante toda mi vida mi madre me lo había advertido, y en aquel instante fue como si volviera a escuchar su voz, como si ella estuviera a mi lado.
"—Solo un hombre, Bella. Ha sido así durante todas las generaciones mi abuela me lo dijo a mi, y a mi madre. Siempre es así. —había dicho Renée aún con su traje rosa de lentejuelas.
—¿Pero mamá, como voy a saber que es él?—
—Él te llamará, lo sabrás.— entonces me había acariciado la cabeza como si fuera una niña de 5 años y no una adolescente de casi 15 años."
—Isabella.—me volvió a llamar mi jefe.
Su voz no había sido gélida, si no suave, pausada y calmada, quizás aún se encontraba hechizado por la magia de los caballos, pero me hechizó a mi también, di un par de pasos hacía atrás como si a un par de centímetros más su voz no me fuera a llegar.
—¿Necesita algo, señor?.—pregunté aun en la distancia.
—¿Por qué preparaste a Aixa?—sin poder evitarlo me mordí el labio con fuerza, me había equivocado en mi instinto.
—Pensé que sería el adecuado...
—Leah te dijo que el adecuado era Shine.—me miró directamente a los ojos, sus ojos verde esmeralda me dieron la sensación de que llegaban hasta el alma. Retrocedí otra vez, esta vez impactada por la fuerza de su mirada, aparté la vista.
—Shine no me da la sensación de ser dócil, es muy orgulloso, en cambio Aixa es humilde y tranquila. Yo creí que era más adecuado...
—¿Hay algún conflicto con Leah?—preguntó esta vez con voz un poco más dura.
—No, señor.—
—No me gusta que mis trabajadores se lleven mal—levanté la mirada justo cuando se pasaba la mano por el cabello, desordenándoselo aún más. Me miró.
—No nos llevamos mal, señor.— él asintió, yo me quedé de pie sin saber que hacer mientras el acababa de recoger todas sus cosas. Al fin se dio la vuelta y se fue, yo suspiré tranquila y me dejé caer en una silla. En ese momento me di cuenta de la tensión que había reinado hacía unos momentos, que mi corazón latia desbocado y que mis manos sudaban, aún no entendía porque había estado tan nerviosa.
—Isabella.—levanté de golpe la vista sorprendida.—Mañana a primera hora quiero a Shine y a Rain preparados, saldremos a montar.
—Pero...—me mordí la lengua, ni siquiera me había dejado decir nada. ¿Y ahora que? ¿Él y yo? No, seguramente se referiría a la modelo que lo había acompañado hoy.
Me puse de pie, me despedí de los caballos como hacía siempre y me dirigí a mi habitación, tras una ducha corta y placentera me tumbé en la cama. Estaba agotada.
La próxima vez, aunque no confiara en Leah haría lo que ella me dijera, Shine había sido el caballo que debía preparar desde el principio. Ahogué un grito en la almohada al darme cuenta de que lo más probable era que el jefe creyera que no me llevaba bien con Leah, yo era la nueva, se supone que era más novata, por lo que tenía más probabilidades de salir mal parada.
Me desperté desorientada en una cama que no era la mía, cuando pude enfocar el techo me acordé que llevaba un mes y medio en un lugar distinto al circo, evadiendo la nostalgia matutina me duché rápidamente, era la primera vez que me quedaba dormida por lo que solo cogí una fruta y salí disparada hacía los establos.
No obstante, me vi obligada a detener mi carrera con una manzana en la boca y las manos en mi pelo haciéndome una coleta, pues mi jefe me esperaba mirándome con el ceño fruncido. Mis manos empezaron a sudar cuando dejé mi cabello mal atado, saqué la manzana de mi boca y me paré mirando el suelo frente a mi jefe, de pronto mis viejas botas con los cordones casi rotos me parecieron muy interesantes.
—Siento llegar tarde, señor.—dije rápidamente—No volverá a ocurrir.
—Eso espero, prepara a Shine.—levanté la vista ante su tono brusco nada parecido al del día anterior y lo seguí al interior. No esperaba que fuese el mismo quien preparara a Rain, lo vi interactuar con el caballo con mucha familiaridad como si hubiese crecido con él, tragué el nudo que se formó en mi garganta desviando la mirada a los ojos de Shine.
—Buenos días, Shine.—saludé, intenté calmarme, Shine movó su cabeza como si supiese que iba a salir a pasear.—Estás impaciente, eh. Tranquilo ahora mismo salimos.— mi jefe acabó antes que yo, otra vez le seguí con las riendas de Shine en mis manos.
Aquel día por la mañana fue la primera que monté a Shine. Tras el incomodo intercambio de palabras con el señor Cullen sobre no tener un traje de montar adecuado, me hizo montar a Shine.
En ese preciso momento me di cuenta de que me estaba poniendo a prueba. Jamás había montado a un caballo como aquel, el señor Cullen –en mi interior no podía evitar llamarle Edward, era a mi parecer, aún muy joven- me hizo ejecutar los cuatro tipos de pasos, sabía que mi técnica no era muy limpia pero hacía que el caballo me siguiese con todas las ordenes, lo que importaba era el animal y no yo. De vez en cuando hacía más fuerza con los brazos de lo necesario pues desde pequeña había querido ser como mi madre y como manía se me había quedado el ir haciendo florituras, cuando trabajaba con Billy solía imaginarme el público y daba mi propio espectáculo interior sonriendo, vendiendo, entreteniendo, divirtiéndome. La nostalgia otra vez. Sabía que tarde o temprano sucumbiría ante ella.
Después de la ejecución de los pasos, vino la ejecución de los trotes, cuando hube finalizado él aún montado en Rain me mandó parar. Le miré fijamente por primera vez en toda la mañana. Él era magnífico, sobre su caballo se veía más grande de lo que era, sus hombros escondidos bajo una camisa a cuadros se veían grandes y musculosos, el pelo se le escapaba bajo el sombrero y sus ojos verdes se veían de color esmeralda puro con el brillo del sol de la mañana. Él me miraba como analizándome y yo me empecé a poner nerviosa transmitiéndole mis nervios al caballo sin querer que se movió inquieto.
—Shhh... tranquilo, chico.—susurré acariciándole, lo necesitaba, necesitaba que alguien me acariciara a mi, alguien que me dijera que todo estaba bien, alguien que susurrara: Shhh...tranquila, chica. Me estaba ahogando, volví mi mirada al señor Cullen. El fruncía el ceño de nuevo. Se bajó de Rain y abrió la puerta de la cuadra, entonces montó de nuevo.
—Espero que sepas galopar.—y salió al galope, sorprendida tardé un poco en alcanzarle. Pero cuando lo hice me concentré solo en el aire azotando mi cara, los músculos de Shine contraerse bajo mi, nuestros corazones latiendo al unísono. Y de nuevo la nostalgia, la tristeza de haberlo perdido todo, y que en aquel momento se me estaba devolviendo, al menos una pizca, el sentimiento de lo conocido, el sentimiento de que no todo estaba perdido, que me iba a encontrar tarde o temprano.
Galopando tras el espléndido caballo de mi jefe, viendo la espalda de este moverse con el movimiento del galope de Rain, lloré. Las lágrimas se escurrían con rapidez por mis mejillas a causa del viento, pero fue la primera vez que saqué todo de dentro, intenté contener algunos sollozos , pero fue inevitable, no lo pude aguantar más.
Cuando las lágrimas me cegaron sin apenas poder ver fui descendiendo el ritmo del caballo, escuchaba su respiración acelerada y me pegué a él, necesitando un abrazo de lo conocido. Y cuando levanté la vista, quitándome las lágrimas de mi cara con la manga de mi vieja camiseta cual niña pequeña mi jefe me devolvía una mirada frustrada.
Me congelé. Él se acercó y lo único que dijo fue:
—Volvamos.—y como una rutina ya, fui al paso tras él.
Hola! Bueno aquí el segundo capítulo, ya se que de momento no pasan muy interesantes pero tenía que poner estos puntos intermedios para poder introducir la acción de verdad,
Gracias por todos los comentarios, cada uno de ellos me saca una sonrisa
Siento tardar tanto pero estoy acabando los estudios y apenas tengo tiempo...
See u!
