Disclaimer: personajes de J.K Rowling

Capitulo 8:

Estaba claro que aunque tratara de poner toda su atención en la clase de medicina mágica y sus combinaciones con la medicina muggle, no iba a lograrlo. Así que resignada a perderse toda la hora suspiró. Su vida había cambiado radicalmente desde que pisó Francia. No sólo por haberse reencontrado con Teddy, sino también por sus amigos, su forma de vivir y su rutina. Ella tenía claro que no era muy sociable, a pesar de ser cordial con todos, sus amigos eran reducidos, además estaba acostumbrada a la tranquilidad de su hogar en Londres donde podía tumbarse en su sillón favorito y cubrirse con una manta si quería leer, o donde no importaba si vestía con una vieja sudadera que era color azul pero por el paso del tiempo y los lavados ya casi no tenía color. Y ahora en aquel país tan diferente se encontraba con que debía empezar todo una vez más, nuevos amigos, nuevo hogar, nueva rutina, todo era diferente.

Todo menos lo que sentía por Ted.

Sus sentimientos hacia el ahijado de su tío Harry eran exactamente iguales que cuando estaba en Hogwarts y tenía quince años, lo seguía amando a pesar del tiempo y la distancia. Pero también estaba cansada de verlo todo el maldito día con su novia pegada a él como si fuera un pulpo, mirándola despectivamente y criticándola sin motivo alguno.

Rose sabía que su paciencia estaba siendo puesta a prueba, y no pensaba dejarse ganar por sus ganas de tomar a la francesita insoportable y jalarla de los cabellos hasta que se fuera del apartamento, claro que no. Aunque todo tiene límites y los de ella ya están sobrepasados.

Un insistente repiqueteo hace que se voltee molesta hacia atrás, donde Nina golpea la punta de su pluma contra el banco, produciendo un molesto sonido que comienza a sacarla de sus casillas, así que le manda una mirada asesina, a ver si la morocha capta la indirecta, pero o lo hace y la pasa por alto, o su grado de estupidez es mayor al razonamiento humano, Rose personalmente cree en lo segundo.

Vale aclarar que la Weasley lleva tres meses en aquel país, y que también su relación con Nina Monserrat se reduce únicamente a discusiones en clase, palabras bordes en el piso, miradas asesinas cada vez que se miran… y una muda competencia por llamar la atención de Ted Lupin.


–Ted, ¿no crees que sería bueno que Nina volviera a vivir en su casa?- pregunto Nick a su amigo, a decir verdad llevaban teniendo esa charla desde que las dos chicas que vivían con ellos casi se habían matado tratando de untar con mermelada unas tostadas, cuando ellos habían llegado a la cocina, alertados por los gritos, Rose y Nina mantenían una especie de batalla con los cuchillos incluidos.

–Nicolai, creí que las disculpas por parte de mi novia habían sido suficientes, quedó claro que todo fue un malentendido.- respondió Teddy, ya un poco harto de hablar de eso.

–Eso crees tú, amigo. Esas chicas se odian

Ted miró a su amigo unos momentos, sí, sabía que las chicas se odiaban y sabía el motivo… Él… Era consiente de la competencia que llevaban, aunque se hiciera el desentendido, pero lo cierto era que ya su paciencia se agotaba, cansado de las discusiones, los gritos y las miradas que ese par protagonizaban.

La actitud de Rose era lo que más lo sorprendía, ya que desde pequeña la hija mayor de Ron Weasley demostraba gran madurez e inteligencia, y ahora comportándose como una cría parecía romper con todo lo que algún día fue. Nina, por otro lado, no le producía nada, absolutamente nada. Había intentado sorprenderse con sus berrinches, pero luego de un tiempo, terminó pensando que su novia ya era así, caprichosa, aunque no solo estaba eso… Ya no la quería… Sonaba increíble que dijera eso, porque verdaderamente llegó a pensar que era la mujer de su vida, compartían gustos, se divertían juntos, se entendían… Pero todo eso perdió sentido cuando la única mujer que logro enamorarlo reapareció en la madrugada francesa frente a la puerta de su residencia.

Nick notó el brillo en la mirada de su compañero, ya lo conocía, era aquel brillo que sólo Rose Weasley podía provocar y que hacía años Ted no presentaba. Con el tiempo había aprendido a conocer al taciturno pero divertido Ted Lupin, la herida que significaba para él crecer sin sus padres, su sonrisa apagada los primeros tiempos que pasó en Francia, la sonrisa divertida y el brillo de picardía cuando planeaba una buena broma, como entrecerraba los ojos frente al pobre chico que se acercara a su prima Victoire, ese amor fraternal que se tenían… y por último, notaba cuando la sonrisa llegaba a los ojos del muchacho, y sólo lo había visto así cuando mencionaba a aquella pelirroja con cara de ángel y nombre de flor…

La situación estaba poniéndose difícil, la convivencia en su casa era casi inexistente, si Rose estaba en el piso Nina y Teddy salían a bailar o al cine, a cualquier lado donde no se cruzaran. Y si por el contrario Nina era quien estaba en el departamento Rose arrastraba a Nick a dar una vuelta y sentarse en la plaza donde habían hablado la primera vez. En cierta forma casi no hablaban, ya ni siquiera Ted y él podían salir juntos y divertirse como lo hacían antes.

–Entiende, Teddy, esas chicas están acabando con la paz que teníamos. Deben controlarse, o irse.- dijo Nick, suspirando. Había pensado mucho en el tema, no le agradaba tomar ese tipo de decisiones, pero ya no aguantaba más.

–Lo sé, hablaré con ellas… No Nick, seré yo quien las ponga en orden.- agregó Ted cuando su amigo hizo el intento de hablar. Nick asintió, quizá fuera bueno que su compañero les hablara a ambas.


Iba saliendo de la universidad cuando sintió que la pechaban por la espalda, no necesito ver para saber quien había sido, así que dispuesta a voltearse e increparle a esa persona freno en seco, produciendo que la persona que estaba a su espalda chocara con ella.

Grande fue su sorpresa al levantar su vista y ver unos hermosos ojos grises, que parecían mercurio, mirándola insistentemente. Sin poder evitarlo se sonrojó. Ella conocía esa forma de mirar, durante un año estuvo prendada de esos ojos. Juntando valentía, Rose levantó su mirada para encontrarse frente a un chico de ojos grises, cabello platinado y facciones aristocráticas… Scorpius Malfoy… Pero, ¿qué hacía él allí? Y lo más importante, ¿por qué coño se había desatado un festival de mariposas en su estómago? Eso no pintaba bien, nada bien.


¡Hola! Definitivamente me merezco que me maten por demorar tanto en actualizar, y al hacerlo, que sea algo tan insignificante como este capitulo. Lo siento, de verdad, de corazón. Se que no tengo perdón.

Me costó mucho terminar este capi, escribía un párrafo y luego lo borraba porque no me parecía suficiente. Sigue sin hacerlo. Pero es hora de que me enfoque en esta historia. Prometo poner todo mi empeño en actualizar en dos semanas, ni más ni menos.

Espero que les guste.

Ceci.