De niño a… ¿mujer?

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Cap. 4

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Tamao miraba las paredes de esa habitación todas pintadas de un vino oscuro, dándole un ambiente bastante sobrio y antiguo. Además, aunque afuera aún estuviera el sol, allí parecía ser siempre noche. Grandes y gruesas cortinas oscuras cubrían los grandes ventanales de esa habitación. Y todo era iluminado por la luz tenue amarilla de lámparas que había en las paredes.

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Y aunque esa casa se veía muy grande parecía deshabitada, no se escuchaba ningún sonido desde que aquel mayordomo había salido de allí.

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Caminó hacia el gran ventanal y con su mano buscó una abertura en las gruesas cortinas. Observó que el jardín que había visto en la entrada parecía recorrer toda la mansión.

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Aunque, si en realidad lo pensaba no era un jardín como tal. Era un gran pastal con grandes fuentes de agua de la cuales ya no corría agua, así que habían dejado de serlo para convertirse en grandes estatuas llenas de enredaderas.

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Se siente muy… solo - dijo con una mirada algo melancólica. Con los ojos medio cerrados comenzó a recordar el pequeño jardín en donde había crecido.

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Se escucharon golpes en su puerta. Miró molesto hacia esa dirección. No había solicitado nada, Basón debía estar encargándose de los preparativos de la cena. Tampoco podría ser su hermana, o ¿tal vez sí? ¿O acaso el estúpido profesor de hoy llegaba antes de lo acordado?

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Disculpe señorito – dijo desde atrás de la puerta.

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"¿Basón?" pensó extrañado – sigue – dijo cambiando su tono molesto por uno frío.

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Señorito, el joven Mao lo está esperando en… -

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¿Mao? – "Después de todo, ese chico vino" pensó – dile que ya… no, espera… tengo una mejor idea.

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Después de escuchar a su amo, Basón se dirigió de nuevo a donde se encontraba Mao.

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Disculpe joven Mao – sacando a Tamao de sus pensamientos.

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¿Sí? -

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El señorito Ren se encuentra indispuesto en el momento. Pero me ha pedido que lo lleve a un lugar. ¿Me puede seguir por favor? –

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Está bien – un alivio recorrió su cuerpo, ese chico de veras que le daba miedo.

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Atravesaron el salón principal, entraron a un pasillo iluminado pobremente por la luz amarilla de algunas pequeñas lámparas en las paredes iguales a las de la anterior habitación, y de nuevo una gran puerta.

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Es aquí. Tome joven, estas son las llaves, y esto también lo necesitará – Basón le pasó las llaves y una linterna a Tamao - Permiso – dijo antes de retirarse del lugar.

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Tamao miró la puerta un rato. La madera estaba toda cubierta de polvo y daba la impresión que hace mucho nadie entraba en ese lugar.

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Además quedaba la duda de que se suponía que haría en esa habitación. Basón no le había dicho absolutamente nada, ¿acaso ahí estaba la biblioteca que Ren le había pedido ordenar?

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Utilizó la llave para abrir la cerradura oxidada y con sus dos manos empujó la puerta.

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Todo estaba en completa oscuridad así que encendió la linterna y dirigió la luz hacia el frente. Lo que encontró ante sus ojos la hizo caer sobre sus rodillas en la entrada. Parpadeó un par de veces para comprobar que era cierto.

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Todo lo que podía ver eran telarañas y polvo sobre montañas de libros tiradas en el suelo, las paredes eran grandes estantes que llegaban hasta el techo y una montaña de libros parecía indicarle que debajo podría haber un sofá o un escritorio olvidado.

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¡Ashu! – no pudo evitar el estornudo involuntario. Sabía que ordenar todo eso no lo podría hacer hoy, pero con suerte para ella mañana no había clases, así que su fin de semana estaba destinado a pasarlo ahí, o por lo menos el tiempo que le permitieran los Asakura.

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Esa era la actitud, ella no se desanimaría por aquello. No podía olvidar porque lo hacía. Ella quería estar el mayor tiempo posible con el joven Yho, y si para conseguirlo debía seguir lo que le ordenara el chino… ella lo haría. Tomó una hoja con un lápiz de su maleta e hizo una lista de lo que necesitaría para limpiar todo eso.

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Volvió sus pasos sobre el camino de vuelta y en la entrada encontró a Basón hablando con la hermana de Ren.

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¿Mao? – dijo la china sorprendida - ¿Acaso Ren te ha invitado? – dijo aun más sorprendida de la conclusión de sus pensamientos.

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Ho-hola - la chica de verdad la ponía nerviosa. Tamao podía sentir la seguridad e imponencia que la belleza de la chica trasmitía – yo-yo…

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El señorito me ha pedido que le deje las llaves del cuarto de libros viejos – dijo Basón tratando de aclarar la situación, pero eso sólo intrigó más a Jun.

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¿Pero para qué? Nadie ha entrado en esa habitación en años, está… -

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¿Desordenada? – una voz desde atrás se hizo sonar sobre las demás. Jun lo miró con suspicacia – Basón retírate.

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Sí, señorito. Permiso –

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¿Qué significa esto Ren? – dijo Jun algo molesta. No sabía bien lo que pasaba pero sabía del mal humor con que su hermano andaba hoy, y no quería que el pequeño Mao sufriera por ello, el chiquillo daba ganas de protegerlo de lo que fuera.

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El jo-joven me comentado en la-la escuela que lo-lo tenía desordenado y… y yo me he-he ofrecido a orde-denarlo – dijo Tamao con la mirada baja.

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Ya escuchaste Jun. Ahora por favor metete en tus propios asuntos – dijo muy serio y cortante, tratando de convencer a su hermana de la extraña pero rápida intervención del pelirosa.

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Tamao intuyó que el ambiente se había puesto muy tenso de un momento a otro. Y no pudo evitarse sentir demasiado incómodo y nerviosa por ello.

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Yo-yo debo irme –

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¿Irte a dónde? – dijo Ren mirándola fijamente.

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Ten-tengo que comprar unas co-cosas para poder ordenar la habitación – dijo levantado la hoja que tenía en la mano, como un niño quien quiere que su papá le crea.

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Deja la hoja ahí que Basón las comprará – eso era para él un detalle insignificante.

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Está bien… gra-gracias –

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Ren alzó su ceja en señal de sorpresa… ¿gracias? ¿ese chico había dicho gracias? ¿Qué agradecía si él lo estaba obligando a ordenar una habitación que era imposible de ordenar?

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Vete – dijo realmente molesto.

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Está bien, regresaré mañana. Permiso – caminó hacia la puerta de entrada, sintiéndose aliviada de que el chico la echara.

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Espera Mao. Buscaré a Basón para que te acompañe – deteniendo el andar de la pelirosa.

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No mandes a MI mayordomo – dijo con autoridad.

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Es TU invitado – desafiante.

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Como quieras – dijo desistiendo en la discusión, dándoles la espalda – pero sólo hasta la salida.

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Disculpen –

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¿Qué pasa Bason? –

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El profesor ha llegado señorito –

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Y como si lo que acabara de decir Bason fuera un insulto Ren caminó escaleras arriba más molesto de lo que jamás Tamao lo había visto.

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¿Sabes? Mejor te acompañaré yo – dijo sonriente mirando a Tamao. "A mí no me engañas Ren, ¿qué estarás tramando esta vez?" pensó.

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Caminaron las dos juntas en silencio. La pelirosa se preguntó cómo dos personas tan diferentes eran hermanos. La señorita Jun era tan alegre y agradable, le producía una sensación totalmente distinta al joven chino.

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En el camino Tamao vio como un hombre mayor con aspecto muy serio vestido con ropas chinas le dedicó una media reverencia a Jun, a Tamao la ignoró por completo, para luego seguir su camino.

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Tamao se despidió de la peliverde. De nuevo se encontraba afuera de esa gran muralla y de repente recordó que el joven Yho aun la debía estar esperando en el parque. Corrió lo más que pudo todo el trayecto hacia la estación de buses. Ya había pasado más de dos horas desde que habían salido de clases.

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Tamao buscó por el parque al joven castaño. Y cuando al fin lo encontró no pudo evitar correr a su encuentro.

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Tamao cerró sus ojos y la vergüenza por haberlo hecho esperar la inundó - Jo-joven Yho lo-lo siento yo-yo… ¿Joven? – Tamao abrió sus ojos. Yho tenía los ojos cerrados y sus audífonos puestos.

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Se veía tranquilo… para nada molesto. Todo lo opuesto a… a…

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¡Tammi! – dijo Yho dándose cuenta finalmente de la presencia de la pelirosa - ¿nos vamos?

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Sí-si – dijo contenta alejando cualquier otro pensamiento de su cabeza.

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¿Cómo te fue en tu práctica? –

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Bi-bien –

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Tamao estaba muy nerviosa, no era muy buena mintiendo y mucho menos quería que el joven se diera cuenta. Sin embargo, de Yho consiguió sólo una sonrisa. Una sonrisa… sincera. Esa que le decía que Yho jamás dudaría de ella… prueba de su confianza.

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¡¿Se puede saber por qué demoraron tanto? – dijo un molesto-con-cara-de-desesperación Hao.

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¿Qué pasa hermanito? –

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¡Mis padres acaban de llegar de viaje y me han puesto a mi a hacer todo! ¡Hasta Anna me está dando órdenes! -

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Dis-disculpe ya lo voy a ayudar joven –

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Y como por arte magia durante las dos horas que habían pasado desde la llegada de la pelirosa, la chica había logrado preparar la cena, alistar la habitación de los señores Asakura, limpiar el comedor, preparar el té para esperar la cena y ayudar a la señora Keiko a organizar todo lo que habían traído en las maletas de su viaje.

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¡Te amamos Tamao! – decían los gemelos Asakura de rodillas abrazando las blancas piernas de la pelirosa.

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Jo-joven… yo-yo – Tamao era un manojo de nervios.

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No tienen vergüenza – dijo la rubia recostada en la pared de la cocina.

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Vamos a cenar – dijo la pelirosa evitando que el ambiente se tensionara.

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Todos se encontraban sentados en la mesa mientras Tamao servía la cena.

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La mesa estaba más llena de lo que había estado en los últimos días, estaban sentados Anna, la abuela Kino, el abuelo Yhomei, los gemelos Asakura, la señora Keiko, el señor Mikihisa y un señor de unos 30 años de larga cabellera blanca que Tamao no había visto antes.

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Al finalizar de servir, la pelirosa se sentó al lado del señor Mikihisa.

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Yho me ha comentado que hoy estabas en práctica de tiro… ¿cómo vas con el entrenamiento?

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Yo-yo… -

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¿Crees entrar esta vez en el equipo? –

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Yo-yo… -

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Debes esforzarte al máximo. Recuerda que eres una representante del clan Asakura, y además eres mi protegida – con una expresión seria.

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Sí-sí, señor – juntando sus dos manos fuertemente en su regazo. Tamao se sintió triste al saber que no podría enorgullecer al señor Mikihisa.

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Mikihisa suavizó su expresión y le dedicó una sonrisa a la pequeña Tamao, reflejaba la misma ternura que el primer día que la había conocido.

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La cena trascurrió normal, aunque para Tamao seguía siendo un misterio la identidad y la presencia del señor de cabellera blanca.

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Al terminar Tamao recogió todos los platos de la mesa, mientras los adultos parecían reunirse en una especie de discusión seria. Así Anna, Yho y Hao fueron a sus respectivas habitaciones. Yho se había ofrecido a ayudarla a secar los platos, pero ella insistió que podía sola.

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Para Tamao la situación no le parecía del todo normal. ¿Quién era ese hombre? ¿Qué hacía allí?...y… ¿acaso era la única con ganas de saberlo? Ninguno de los demás jóvenes había manifestado algún interés por ello.

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La mañana siguiente había llegado, y Tamao con la excusa de tener un trabajo con un compañero de clase, salió muy temprano de la pensión Asakura rumbo a los dominios Tao.

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Ya sabía cuál era el camino, así que no le pareció tan largo como la primera vez. Fue recibida otra vez por Bason quien le hizo entrega de cuanto había escrito en la lista.

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Gra-gracias – hizo una media-reverencia y se dirigió al lugar – bueno, empecemos.

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Tamao había llevado una maleta en la que había metido otro cambio de ropa. Unos pantalones viejos, algo raídos y una camiseta azul algo descolorida. Miró a los lados, no parecía haber nadie. Y si buscaba un baño seguro se perdería.

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Mmm – dudándolo optó por cambiarse dentro de la habitación oscura, iluminada sólo por la linterna.

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Guardó la ropa con la cual había venido en la maleta, y se colocó los guantes y una pañoleta en la cara para cubrir su nariz y boca del polvo.

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Ayudada por la linterna y caminando con precaución para no dañar ningún libro, Tamao recorrió las paredes de aquella habitación en busca de una ventana. Ella esperaba que esa habitación tuviera salida al exterior.

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¡Ayyy! – dijo al tropezar con un grueso libro.

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Siguió tanteando con su mano hasta encontrar su objetivo. Parecía que esa pared no era un estante, se sentía la gruesa cortina sucia.

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Colocó la linterna en el suelo y con sus dos manos jaló hacia un lado la cortina. Estaba pesada pero al ver cómo una gran luz iluminó el lugar, se animó a rodarla lo más que pudo.

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Qué bien – dijo con una sonrisa por lograr su cometido.

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Ahora podía ver en realidad cómo era el tamaño de la habitación, y la cantidad de libros y suciedad que debía limpiar.

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Sabía que sólo poseía un par de horas, así que se dedicó a lo primero que debía hacer para poder ordenarla la habitación… sacar todos los libros.

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Tomó en columnas de más o menos cinco libros y los fue acomodando en el pasillo. Parecían ser muchos, así que el pasillo se fue llenando de libros y libros, pero aun quedaban algunos en la habitación.

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Tamao miró la situación con algo de preocupación.

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Joven aquí le traigo una bebida fría para que se refresque – dijo Bason, quien había llegado de repente.

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Gra-gracias –

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Veo que ha conseguido luz… ¿Desea alguna ayuda con los libros? –

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Mmm… ¿dónde puedo colocarlos..? Es-es decir he llenado el pasillo y yo… -

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Permítame – dijo al tomar una columna de libros.

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No-no espere por favor… no me ayude… yo-yo puedo – algo nerviosa.

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No se preocupe joven. El señorito no se enterará -

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Yo-yo –

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Puede dejarlos aquí. Nadie pasa por este pasillo

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¿El joven Ren no sale nunca de su habitación? – dijo curiosa aunque lo meditó. Había sido una imprudencia… no debía hablar de más ni ser entrometida.

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El joven recibe clases durante su estancia en la mansión. Recibe las clases en un salón en el segundo piso. Y durante el tiempo libre suele estar en su habitación – dijo en tono bajo – así que no se preocupe, él no pasará por acá. – dijo finalmente antes de retirarse.

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Tamao pensó un rato lo que le había dicho peo decidió no darle importancia, debía seguir sacando los libros de la habitación.

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Tamao cayó cansada en el piso al sacar la última columna de libros. Pasó un brazo por su frente, secando su sudor. Tal vez demoraría más días de lo esperado.

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¿Desea algo más joven? – dijo Bason a su lado.

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No-no… es decir… ya debo irme… ha sido usted muy amable conmigo – dijo dedicándole una sonrisa sincera al mayordomo chino – Dis-disculpe… ¿podría…? Mañana yo… ¿tiene una escalera que me pueda prestar?

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Por supuesto, mañana la tendrá lista en la habitación

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No… en la habitación no… - Bason la vio con algo de curiosidad – es que no quiero que nadie entre hasta que esté lista… discúlpeme… yo… esta no es mi casa y yo…

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No se preocupe, mañana tendrá la escalera aquí en la entrada de la habitación – dijo tranquilizando a la chica - Igual recuerde, sólo usted posee las llaves de esta habitación.

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Mmm – metió las manos en el bolsillo sintiendo las llaves dentro, y se sonrojó.

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Esperaré en la entrada – dijo retirándose del lugar.

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Al ver partir a Bason, Tamao tomó la maleta y cambió su ropa dentro de la habitación. Caminó hacia la salida donde Bason se encontraba tal y como lo había dicho.

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¿Desea algo señorito? – mirando hacia lo alto de las escaleras.

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¿Señorito? – Tamao miró en la dirección que veía Bason y vio como Ren ya caminaba de espaldas a ellos y se perdía en la entrada del pasillo. ¿Acaso estaba supervisando que ella cumpliera su palabra?

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Tamao de nuevo llegó a la pensión Asakura. Hizo las tareas que sabía tenía asignada y de nuevo llegó la noche. Aquel señor de cabellera de blanquecina, aun se encontraba en la pensión y parecía que su estancia sería larga. Por lo menos ya se había presentado, su nombre era Amidamaru y servía a la familia Asakura. Además parecía que Yho lo conocía ya que los había visto conversar cómodamente. ¿Qué estaba haciendo el señor Amidamaru ahí y en qué cambiaría su vida ello? Eso era algo que Tamao estaba muy pronto por descubrir.

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Sé que esta vez dije que demoraría menos pero no pudeeeeee… no terminé de editar la otra mitad… así que esta corto este cap. Pero estaba demorando mucho así que me decidí por publicar, además de que mi hermana me insistió XD…

Estoy corriendo y sólo tengo tiempo de publicar así que muchas gracias a todos por leer y por sus hermosos reviews!

Chaou!