Jane cerro la tapa del ordenador de golpe, con una mezcla de rabia e impotencia creando un nudo en su garganta. Se levanto de la silla agarrando su chaqueta con el paso y se dirigió camino a la puerta, Lisbon (quien había permanecido en silencio durante toda la escena) no pudo soportar aquello. Su mano agarro con fuerza el brazo de Patrick, una vez la observo, deslizo su mano hasta encontrar la de el asesor para apretarla con dulzura tratando de darle confort, un alivio. Sonrió levemente pero la sonrisa no fue correspondida por su acompañante.

– ¿Que te ha pasado? -Pregunto- Solo pones esa cara cuando se trata de Red John...
– No tiene suficiente con torturarme, con hacer que día tras día recuerde lo sucedido...
– Patrick... -Le obligo a mirarla- ¿Que te ha dicho? Patrick, cuéntamelo... -Patrick bajo la mirada-.
– Me ha preguntado cosas sobre mi hija... Ha dicho que va a devolverme el cadáver...
– Maldito bastardo... -Lisbon miro a Patrick de nuevo, esta vez para abrazarle- Lo siento...

Lisbon no era una persona especialmente cariñosa, pero siempre que Jane le hablaba de su familia o estaban cerca de RJ sentía un impulso irrefrenable en la boca del estomago. Este impulso se movía hasta su cabeza y no paraba de repetirle una y otra vez que Jane la necesitaba, no estaba segura de si eso era cierto... Pero no lo cuestionaba.
Jane esbozo una falsa sonrisa en su rostro, mientras Lisbon necesitaba ser cariñosa con el, Jane tan solo quería que sus intentos no fueran en vano. Quería demasiado a Lisbon como para gritarle o cargarla con la culpa de todo lo sucedido. Al fin y al cabo ella no era Red John.

– Vayámonos, necesito que me invites a cenar -Interrumpió aquel abrazo Jane-.
– ¿Que te invite a cenar? Pareces estar de mejor humor -Trato de bromear la jefa-.

Jane sonrió levemente ante las bromas de Lisbon, ella (aun sabiendo que su sonrisa era tan falsa como que Rigsby había olvidado a Vanpelt) fingió creerse su cambio de humor y le soltó aunque aquella extraña sensación que le pedía abrazara a Jane seguía en rondando en su mente. Jane no dijo nada en el camino hacia la salida del bloque de pisos, sus bromas se había disipado, lo que a ojo ajeno parecía coquetos no asomaban la cabeza... Pero Lisbon no dijo nada. La puerta de cristal se abría ante ellos dejando a la vista un gran parking completamente vació, tan solo se veía el coche de Lisbon allí aparcado. Jane camino entrando en el sombrío parking. Justo en aquel segundo, en el mismo que Lisbon puso un pie fuera del piso, las luces se encendieron cegando al mentalista, sus zapatos se ensuciaron con la sangre que había dejado por los suelos. Una enorme cara sonriente se dibujaba en el suelo del Parking.

– ¿Como lo hace? -Balbuceo para sus adentros- ¿Como se escapa de mi? -Exclamo antes de caer de rodillas al suelo-.
– Jane!

Grito Lisbon mientras salia corriendo en su búsqueda, pero algo la detuvo. Su coche, las luces de su coche se encendieron de pronto y sonó ell motor como si de un rugido se tratara. Patrick elevo la mirada buscando explicaciones, Lisbon solo pudo gritar desde la lejanía:

– Maldita sea, me están robando el coche! -Gritaba- Quieto! Policía! -Añadía después-.

El coche se deslizo suavemente, con una rapidez moderada, pero era lo que pretendía. El acto de robar el coche no era lo importante, lo importante era quien estaba dentro del coche. Su cabello rubio como el oro se posaba sobre sus hombros, sus ojos resplandecían aun estando bañados por sus lagrimas, y sus mejillas sonrosadas denotaban su edad. Tenia dieciséis años, dulces dieciséis. Patrick se levanto de golpe del suelo, su mirada denotaba incredulidad ¿Es que había estado viviendo una mentira todo este tiempo? ¿Es que RJ jugaba con su ya tocada mente? Jane corrió hasta la puerta trasera del coche con las fuerzas que a su cuerpo le quedaban.
Se detuvo, sus manos se posaron contra el cristal al mismo tiempo que las de la muchacha lo hacían. Tenia la misma mirada que su madre, la sonrisa de su padre, Jane no pudo evitar llorar mientras sin control balbuceaba su nombre.

– Anne! -Gritaba una y otra vez perdiendo la calma-.
– Papa! -Grito desde el interior del coche justo antes de romper a llorar-.

Sus manos se despegaron del cristal de golpe dirigiéndose al picaporte, el cual intento abrir... Lo golpeo una y otra vez, le dio una patada a la puerta con rabia. Gritaba su nombre de nuevo mientras ella solo podía mirarle. El coche arranco de pronto, Jane no se quedo atrás y se fue corriendo detrás de el para atraparlo. Finalmente, el coche se perdió en la oscura noche.