Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos aunque puede que alguno me lo invente.
Buenas tardes, buenos días, buenas noche, en conclusión: buen día, aquí les dejo el capítulo tres, si, ya lo sé, tardé un poquito en subirlo pero es que tengo escusa, he estado a tope con el instituto, uf, casi ni respiro, pero bueno, aquí el capítulo.
Gracias a todas las que dejáis reviews y a las que no pero que leen la historia, nos leemos abajo.
Título: Perdido.
Capítulo 3: Metiendo la pata.
-Ha tenido suerte, es la última talla grande que nos quedaba – dijo una dependienta pelirroja, alta y con cara de niña a Bella.
-Sí, al parecer he tenido suerte – respondió Bella sonriendo aliviada, la había conseguido.
Bella tenía en sus manos la camiseta que le había prometido a Jacob devolverle, esa que cuando eran pequeños se la manchó de sangre a causa de su estúpida torpeza, una autentica y original Walt Disney de Toy Story, solo esperaba que le quedase bien, Jacob tenía un gran cuerpo y la camiseta no era muy grande.
Anthony se había quedado con Rachel y su hija pequeña Sophia, la hermana de Jacob le había insistido mucho en que dejara un día a Anthony en su casa, Sophia lo adoraba y le gustaba ver películas de niños con él.
Habían pasado tres meses desde que se fue de la grandísima y lujosa casa de Edward y todavía le costaba integrarse en su nueva vida, no era fácil criar a Anthony sola, estaba su padre, pero no era lo mismo, no quería depender de Charlie y pronto se iría de su casa.
Dos calles más arriba de donde se encontraba Charlie había una casita sencilla como la de su padre que alquilaban, había ido a verla esta mañana y había salido contenta de ella, le había gustado mucho y había hablado con sus dueños del coste y la verdad era razonable, no lo pensaría mucho más, sabía que la quería, pero la cuestión era Charlie, sabía que no le haría mucha gracia que su hija y su nieto se fueran de su casa, se le veía relajado y contento a su lado.
Lo extraño de todo – pensaba Bella – es que Edward no fuera a buscarla, ¿Era verdad lo que pensaba y a él no le importaba nada su hijo? Bella sabía muy bien que para Edward Cullen, ella solo era un muñeco (o eso se empeñaba ella en pensar) pero su hijo… no tenía nada que ver y no se merecía el olvido de su padre, ¿Se habrá olvidado Edward del pequeño Anthony?
Con un comedero de cabeza monumental, Bella entró en una pequeña librería que vio abierta. Las paredes estaban cubiertas por infinitas estanterías y estas a su vez por muchísimos libros, desde terror e inquietud, hasta comedia romántica. Bella siempre había sido una chica de libros, en el instituto, mientras sus compañeras se les insinuaban a los chicos, ella leía novelas románticas de esas que tantas veces le habían enganchado.
Se paró delante de un estante y un libro en particular le llamó la atención, Una mujer herida de Michelle Reid, le dio la vuelta al libro y leyó el pequeño resumen.
Xander Pascalis reconocía una buena oportunidad en cuanto la veía y Helen lo era sin duda alguna… incluso por ciento cincuenta libras. Pero en la noche de bodas, ella se negó a dormir con él acusándolo de mujeriego y mentiroso.
Unos meses después, Xander decidió que había llegado el momento de convertirse en verdaderos esposos y cumplir los votos matrimoniales… empezando por el dormitorio.
Bella quedó sorprendida ante la semejanza que ese libro podía tener con su vida, ¿El libro podría delatar que le pasaría a ella? Sin pensárselo dos veces cogió el libro fuertemente apretado entre sus manos y caminó lentamente a la sección de niños, la cabeza le daba vueltas.
Se decantó por su libro de pocoyo al que si presionabas salían unas figuritas de la serie que tanto le gustaba a su hijo, al menos Anthony aprendería con un libro, todavía era pequeño, pero era lo suficiente inteligente como para tener un libro. Anthony tenía ocho meses y ya gateaba por toda la casa sin parar, aunque estaba insoportable, no te dejaba dormir por las noches, todo el rato intentaba morder tu camisa, tu mano, lo primero que pillaba, pero no lo culpaban, le estaban saliendo los dientitos de leche y eso lo tenía loco.
Pagó los libros y salió de la librería con paso lento y decidido, miró el reloj de su muñeca y se quedó sorprendida por la hora, era tarde y debería de ir a buscar a Anthony a la Push, tenía que comer y ya se había retrasado una hora en su comida, ¿Pero qué clase de madre era que se olvidaba de la comida de su bebé? – se dijo despreciándose mentalmente. Decidido, Bella no pasaba por un buen momento.
Edward caminaba como perro enjaulado en su despacho en la mansión Cullen, hacía tres meses que no sabía nada de Bella y de su hijo y estaba que se subía por las paredes, ¿Acaso el detective Garret se estaba aprovechando de él? No, no lo creía, era una persona demasiado importante como para que le tomaran el pelo – pensó el ojiverde con orgullo.
Él era Edward Cullen y nadie se la jugaba, pero Bella lo había conseguido y por eso estaba hecho una furia. Había adelgazado notablemente durante estos meses, apenas comida nada, se pasaba los días enteros trabajando para conseguir no pensar en Bella y que sus ganas de estrangularla fueran menores cuando la encontrara, porque lo iba a hacer, la iba a encontrar y le haría pagar todo esto, cada preocupación, cada berrinche de histeria, cada figurita rota, todo, y no con dinero ya que a él no le importaba el dinero, tenía a patadas, estaba asquerosamente forrado en billetes, le haría pagar a Bella Swan con esfuerzo todo lo que le ha hecho pasar en estos tres meses, eso estaba jurado.
Bella llegó a la pequeña casita pintaba de amarillo en la Push, era de la hermana mediana de Jacob, tocó y esperó a que alguien le abriera.
Jacob abrió la puerta con la esperanza de que fuera esa chica que tan loco lo tenía últimamente, Bella Swan, se sorprendió al comprobar que su deseo fue concebido, Bella asomaba por la puerta cargada de bolsas.
-Buenas tardes Bella – saludó el mecánico a la morena.
-Buenas tardes Jake, vengo a por Anthony – dijo Bella sintiéndose un poco culpable por su pequeño monstruito, esto le costaría perdonárselo.
-Se durmió hace nada Bella, no paró de llorar en toda la mañana, se le veía mal pero no sabemos que tenía, quizás sea la ansiedad de los dientes…
Bella no dejó terminar a su amigo de la infancia y entró sin ni siquiera pedir permiso, cuando se trataba de su hijo, se ponía histérica. Saludó a Rachel que le daba de comer a Sophia y la llevó hasta el cuarto de la pequeña sobrina de Jacob, en donde Anthony estaba plácidamente dormido. Más tranquila al verle dormir en paz, suspiró y se acercó al bebé, le posó una mano en la frente y la retiró alarmada, ¡El niño ardía!
-Rachel, Jake – gritó llamando a sus amigas.
-Bella, ¿Pasa algo? – preguntó Jacob alarmado entrando por la puerta de la pequeña habitación de su sobrina.
-Anthony está ardiendo – dijo Bella temblando, estaba asustada, Anthony siempre había sido un niño sano, con una temperatura normal y ella como su madre sabía cuando Anthony no estaba bien y ese era un día de esos.
-Tranquila Bella, coge tus cosas y carga a Anthony, os llevaré al hospital – dijo Jacob agarrándole la barbilla con dedos temblorosos- no te pongas nerviosa, él lo notará y será peor – le dijo antes de salir por la puerta.
Anthony empezó a llorar en cuanto Bella lo cogió y lo arropó en sus brazos, ¿Por qué nadie le había avisado que su hijo había llorado toda la mañana y estaba mal? Sencillamente Bella – se contestó a ella misma- porque no tienes móvil.
¡Mierda! Era verdad, no tenía móvil, había estañado el suyo contra la carretera en Londres mientras iba de camino al aeropuerto, Edward era el propietario de esa línea y ella ya no quería tener nada que tuviera que ver con él, aunque una cosa siempre le quedaría de él en ella, su bebé y el hecho de que fue él con el único hombre que ella se acostó en su vida.
Le pasó la diminuta chaqueta del bebé por los brazos con cuidado y con una manta de Bambi que Rachel le pasó lo arropó mientras Rachel llevaba sus bolsas al coche de su hermano.
Bella se montó y Rachel dejó las cosas en el asiento trasero, se despidió con un "tranquila Bella todo saldrá bien" y entró en su casa.
A Bella el camino se le hizo eterno, no veía la hora de llegar y el hecho de que Anthony no parase de llorar no la hacía sentirse mejor, estaba nerviosa, podía decirse que estaba histérica también y ansiosa, y si seguimos también loca, deprimida y, ¿Gorda? Si, ¡Dios! Se notaba gorda desde hacía unas semanas atrás. Bella nunca había sido una obsesionada por su cuerpo, nunca había tenido necesidad de ello, era de esas chicas que comían y comían y por mucho que comían no engordaban, pero ahora, había cogido unos kilitos de más y aunque la gente no lo apreciara ya que era casi imperceptible, ella que se veía cada día y conocía bien su cuerpo, sabía que algo había pillado de peso.
Al fin llegaron al hospital y Jacob la ayudó a bajar. En seguida los médicos le quitaron a Anthony de los brazos y Bella no pudo hacer otra que llorar en brazos de Jacob, había sido tan brusco todo que se había puesto más histérica aún. ¿Tan grave era como para que reaccionaran de esa manera? ¿Qué demonios podía tener su bebé?
Jacob le masajeaba la espalda subiendo su mano una y otra vez para intentar relajar a su amiga, pero esta seguía igual de tensa si no era que aumentaba a cada minuto. Jacob no sabía lo que era ser padre, pero podía notar que se pasaba mal, con solo ver a Bella podía sentirlo.
Volviendo a su mundo feliz, a Bellalandia, dejó que sus pensamientos flotasen en torno a ellos. Se imaginó a Bella sentada en la playa de la Push, en sus playas como él les decía, esas playas que le había visto crecer, se imaginó a Anthony con su pequeño cuerpo blanquito, su pelo cobrizo y sus ojos verdes, en sus pensamientos tendría como unos cuatro años y juagaba divertidamente con una niña de pelo negro, morenita y de ojos chocolate que no tendría más de dos años, ambos jugaban en la orilla del mar, la niña se giró hacía él y gritó "¡Papi!", su corazón dentro de su pecho se encogió al escuchar esa insignificante palabra compuesta por cuatros palabras, P-A-P-I, pudo apreciar que sus sueños había ido más lejos de lo normal, se había imaginado a su pequeña, su propia hija, y pudo saber que la madre era Bella, pero también estaba Anthony, al que quería como si fuera su hijo y no había rastro de Edward Cullen por ningún lado, lo odiaba por todo esto, ¿Cómo es que ese idiota pudo abandonar a una maravillosa mujer como lo es Bella y a un indefenso niño como lo es Anthony? Todavía no lo entendía, pero si se encontraba alguna vez con Edward Cullen le daría su merecido. Volvió a recordar con una sonrisa el momento en el que estaban Bella, Anthony, él y la pequeña que supuestamente era su hija, ¿Podría algún día llegar el a estar así con Bella? No podía asegurarlo, pero se juró conquistarla, tiempo al tiempo.
Edward releía una y otra vez los papeles que tenía en su mano, eran unos extractos de banco en los que aparecía lo que Bella había pagado con tarjeta en los últimos meses en los que había estado fuera de donde debería de estar, en su casa.
Por unos 15.000 euros había "convencido" a uno de los hombres que llevaban el banco para que les sacara un extracto con los nombres de los lugares en los que la señorita Isabella "Cullen" había gastado dinero y el gustosamente, por la gran cantidad que él había ofrecido se lo había hecho sin rechistar. Ahora el multimillonario y guaperas Edward Cullen estaba delante de los papeles mirándolos con determinada fijación, pero nada, ninguno de los lugares que ponía en la hoja le sonaban, Garret se encontraba enfrente suya revisando más papeles y no llegaba a nada, al parecer esa zorra que tenía como mujer sabía esconderse muy bien.
-Edward, tienes que hacer un esfuerzo por ver si recuerdas algo, un lugar en el que ella se sintió segura, un lugar especial, algo, ¿Nada? - forzó Garret a él cobrizo.
-Nada – contestó este entre dientes.
Isabella Swan empezaba a jugar con su paciencia y esta ya no tenía un hueco para él en su interior, su paciencia se había agotado hacía unos meses.
-¿Los familiares de Anthony Edward Cullen? – preguntó un médico canoso saliendo al pasillo.
Bella se levantó al segundo y se posicionó delante del doctor con mirada ansiosa, estaba que desbordaba confusión y tristeza, Anthony era lo último que le quedaba y si a su hijo le pasaba algo, ella se iba con él.
-Relájese señora Cullen – le dijo el médico a Bella ye esta hizo una mueca al escuchar ese apellido en su nombre, pero era normal, estaba casada con un Cullen - ¿Está relajada?
-¡Por favor doctor! – Dijo Bella con impaciencia - ¿Qué tiene mi hijo? – preguntó asustada.
-Bella no te alarmes, son reacciones del bebé por los dientes, tendrá diarreas y seguirá con fiebre, pero eso es normal, no debes alarmarte ni ponerte tan histérica como te pones – contestó el doctor y miró interesado a la mujer que tenía delante y luego posó su mirada en Jacob, ese no era Edward, ¿Donde estaba él?
-¿Qué habrá que hacer doctor? – preguntó Bella ya más relajada.
-Bueno, en principio… debe quedarse aquí, podría ser peligroso si el niño se deshidrata así que, cuenta con que unos dos o tres días más lo tendremos aquí – dijo el doctor Pettifer y Bella asintió.
La curiosidad envergaba al viejo doctor que tantas cosas había visto en su vida y decidió hacer una preguntar personal a Bella.
-¿En donde se encuentra el señor Cullen, Isabella?
Bella se paralizó y se quedó rígida delante del hombre que trataba a su hijo, el doctor Pettifer consiguió leer en su placa.
Bella sintió miedo de que ese hombre pudiera abrir la boca así que optó por cambiar su posición y hacerse la indiferente, pero ella no sabía que al viejo doctor nadie lo engañaba.
-Él está en Inglaterra señor, estoy de visita, vine a ver unos familiares y él tuvo que quedarse allí por trabajo – contestó lo más tranquila que pudo.
-Ah – dijo solamente el doctor- está bien, no me lo tenga en cuenta Isabella, mi curiosidad puede conmigo, ahora tengo que irme pero luego volveré, de momento puede irse a cambiar o a comer, no se preocupe que su hijo estará en buenas manos – aseguró el doctor y se marchó.
¿Podía ser posible que Edward tuviera contactos hasta en el fin del mundo? Bella solo esperaba que esto solo fuera una coincidencia y que nada pasara. Se sentó en los bancos de la sala de esperar del hospital y enredó el brazo con el de Jacob, necesitaba el apoyo de su amigo mientras esperaba a que le diesen permiso para ver a su bebé.
El doctor Pettifer no conocía a Edward, pero si muy bien a su padre, Carlisle Cullen, habían estudiado juntos en Chicago medicina. Carlisle Cullen había sido uno de sus mejores amigos y una de las mejores personas que había conocido nunca, y si así era su amigo, su hijo debía de ser igual. Todavía guardaba el número de móvil del viejo Cullen, podría llamarlo y pedirle que le dejara el número de teléfono de su hijo para avisarle sobre el estado de su hijo, seguro Isabella le había llamado y se había alarmado, la verdad que Isabella era muy exagerada, podría llamarle y tranquilizarle, eso haría cualquier viejo amigo de su padre, ¿Por qué no? Se dijo. Su deber era ayudar a los demás.
Sacó su agenda de la gaveta de su despacho, ese que poseía en el hospital de Forks y buscó el número de Carlisle, lo encontró y lo marcó.
A los tres pitidos una voz que conocía muy bien se escuchó.
-¿Diga? – preguntó su amigo Carlisle.
-¿Carlisle? – preguntó.
-El mismo, ¿Quién habla? – preguntó el viejo Cullen.
-Parece mentira que te hayas olvidado de mi Carlisle, viejo amigo, en serio, ¿No me recuerdas? – preguntó Peter Pettifer haciéndose el sensible.
-Refréscame la memoria – pidió Carlisle.
-¿Te suena PP a secas? – preguntó el médico de Forks.
-¡No puede ser! – Gritó el médico de Londres a través del aparato - ¿Peter Pettifer?
-El mismo.
-Increíble amigo, si no lo estuviera viviendo, no lo creería.
-Bueno, tú tampoco te has animado a llamarme – sonrió perverso Peter.
-La vida… ¿Puedo preguntar porque esta llamada? ¿Algún motivo en especial? – preguntó sumamente curioso Carlisle.
-Me conoces muy bien amigo, veo que todos esos años de facultad valieron la pena- sonrió y se puso con tema al que él quería llegar – Necesito el número de tú hijo Edward.
-¿De Edward? ¿Puedo preguntar por qué?
-Pues, su mujer y su hijo están en mi hospital y yo solo quería hablar con él para que no se preocupara – preguntó inocente, ajeno a lo que pasaba Peter Pettifer.
Carlisle tragó en seco y el recitó el numero de móvil de su hijo apresurado, sabía que su hijo estaba loco por encontrarlos, solo esperaba que a ninguno de los dos le pasara nada - ¿Le pasa algo a alguno de los dos? – preguntó el pilar de los Cullen con miedo a recibir un sí de parte de su amigo.
-No, bueno… si, tu nieto Carlisle, tiene fiebre muy alta y diarrea, es por los dientes, nada de lo que alarmarse – contestó el médico de Forks.
-¿Nada de lo que alarmarse? Puede deshidratarse.
-Yo no dejaré que eso ocurra – dijo duramente Peter, odiaba que dudaran de su profesionalidad.
-Bien, confío en ti, ahora tengo que dejarte, pero prometo llamarte más tarde, gracias por todo Peter, te debo una – contestó Carlisle y cortó la llamada.
Edward Cullen seguía sin hallar nada en claro y estaba por perderse a él mismo, ¿Desde cuándo se había vuelto tan antihigiénico? Podía apreciar en el pequeño espejo que estaba en su despacho la insipiente barba de días, sus ojos verdes rojos por el cansancio, sus ropas desaliñadas y sudorosas y su cabello, que aunque no hubiera remedio para este, más rebelde de lo normal.
El teléfono sonó y los sacó de su inspección personal, corrió al escritorio y levantó el teléfono para levárselo a la oreja.
-¿Si? – contestó.
Bueno, aquí el tercer capítulo, esto se pone intenso (:
¿Qué pasará? A ver, sé que muchas me quieren matar porque Edward no sale en acción y tal, pero todo a su debido tiempo… ¿Y qué dicen? ¿Les gustó?
Espero sus reviews, muchas gracias por los del capítulo anterior.
Un beso y un saludo.
