Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.
N/A: Dios, estoy muerta, me duele todo. Acabo de salir de entrenar, me duché rápido y abrí el ordenador como una bala para poder escribir y subir hoy mismo, porque sé que es odioso que un fic no se actualice rápido, y yo ya llevo unos días sin subir capítulo en este fic. Muchas gracias por sus reviews pasados, espero que dejen muchos más en este :D
Las fotos del fic están en mi perfil.
Título: Perdido.
Capítulo siete: De vuelta a su lado.
No tardaron mucho en llegar al hotel, la limusina iba rápida y en media hora estuvieron en Seattle. El camino había sido incómodo e inquietante, Edward no paraba de mirarla con odio y Bella imaginaba que también con asco, como todas sabemos, Cullen no era un hombre al que se podía contrariar.
Durante todo el camino Bella estuvo aferrada a Anthony, tanto porque tenía miedo de que el bebé pudiera recaer y porque con el niño en brazos, Edward no se atrevería a hacerle daño.
Bajó del flamante coche algo aturdida, se estaba empezando a marear y los tres meses y pico de embarazo no perdonaban a nadie.
La fachada del hotel era lujosa y las cinco estrellas de cinco vértices que adornaban la puerta de entrada lo confirmaron; estaba en un hotel inmensamente lujoso.
Edward tendió los brazos para que Bella le pasara al niño, la notaba pálida y ojerosa, mucho más pálida de lo que había sido siempre y se notaba que estaba hambreando. Podía ser malo, pero también se recordó que era la madre de su hijo y su esposa. Además no le convenía para nada tratarla mal, dentro de dos días como mucho tendría que volver a Inglaterra. Los medios estaban hablando demasiado y tenía que acallar rumores y eso sin contar a todos los eventos a los que había sido invitado y por vergüenza a ir solo no había ido y había quedado como un hombre cruel y sin corazón.
Bella dejó al pequeño en brazos de su esposo vacilante, esto no era lo que ella había planeado. Se había ido de la mansión Cullen para alejarse de Edward, no para estar con él. El daño que ese hombre le había hecho era mucho mayor que lo que ella pudiera soportar y tenerlo al lado no ayudaba de mucho al vacio que sentía, porque el pensar que todo lo que habían compartido era pura fachada dolía, dolía y mucho.
-Buenos días – dijo la recepcionista cuando Edward, Bella y Anthony se acercaron al mostrador.
-Buenos días – murmuró Edward y se notó que no tenía muchas ganas de hablar.
-¿Tienen reserva o quieren coger una habitación en estos instantes? – preguntó profesionalmente la pelirroja que estaba detrás del mostrador poniendo ojitos y morritos para Edward.
Bella lo advirtió y cerró las manos en puños, no comprendía porque actuaba así, ¿Celos? Quizás, de todos modos, todavía seguía siendo su esposo.
Edward sonrió hipócritamente a la muchacha.
-Con reserva – contestó.
-¿A nombre de? – dijo dejando la boca abierta y pasándose la lengua por la boca.
Bella pensó que eso era asqueroso. Habían muchas más formas de llevarte un tío a la cama sin tener que provocar a los que estaban a tu lado, porque así era como se sentía Bella, se estaba provocando y sabía que si no salía ya para el baño lo iba a echar todo en los carísimos zapatos negros chanel de Edward.
-Tengo que ir al baño – dijo juntando algunas palabras y llevándose una mano a la boca como si con eso pudiera no vomitar.
Un poco alejado de donde se encontraba en una pared estaban los típicos dibujitos de aeropuerto para dirigirse al baño, así que siguiendo las flechitas Bella se dirigió y se metió como una bala.
Ante siquiera de cerrar la puerta ya estaba inclinada sobre el váter arrojando no sabía ni qué. Porque desde la tarde anterior en la que había comido unos dulces en la cafetería del hospital con Jacob y Charlie su boca no había probado ningún tipo de alimento, a excepción del agua.
Estaba arrodillada en el suelo y con una pierna intentó cerrar la puerta, pero algo se lo impidió. Unos cálidos brazos que muy bien conocía le sujetaron el pelo con delicadeza y con otra mano le masajeaban la espalda.
Bella estaba asombrada ante tal muestra de afecto, aunque estuviera haciéndolo por simplemente la educación que Esme le había dado, era demasiado.
Al cabo de un rato, cuando se tranquilizó cogió un poco de papel higiénico y con él se limpió un poco la boca.
Gracias a los fuertes brazos de Edward pudo levantarse que le ayudaron a incorporarse y él la siguió hasta el lavamanos público en el que se lavó un poco la boca y se empapó la cara de agua helada.
Se secó con papel de manos y se recostó en la pared de fino mármol. No se atrevió a mirar a su esposo que seguro la fulminaba con la mirada, pero Bella se había equivocado otra vez, porque Edward tenía cara de preocupación.
-¿Estás bien? – preguntó Edward tratando que controlar su voz, quería conservar la fachada de duro.
-S…í – contestó Bella no muy segura.
-¿Has comido algo que te haya sentado mal o algo así? – preguntó analizándola.
-No… sé – la voz le temblaba.
-Entonces mañana, si te sigues sintiendo así te llevaré al hospital – contestó el muy seguro de lo que decía.
-¡No! – gritó Bella de repente. Si la llevaba al hospital le harían pruebas y se darían cuenta de que estaba embarazada y eso era lo que ella quería evitar, que Edward supiera que esperaba un hijo, porque pensaba escapar junto a su pequeño Anthony, muy lejos de él.
-¿Qué no me estas contando, Isabella? – preguntó Edward con una mirada que bien podría traspasar paredes.
Bella no dijo nada y solo se encogió de hombro haciendo que la furia de Edward incrementara.
-Vuelvo a repetir, ¿Qué no me cuentas? – volvió a formular la misma pregunta.
Esta vez sí levantó la cabeza para encontrarse con la fría mirada de su esposo. Advirtió que nunca le había visto así y que estaba a punto de perder los estribos. ¿Y si le contaba lo que pasaba?
¡No! Al momento desechó esa opción.
-¿Dónde está Anthony? – preguntó esquivando la pregunta de él.
Edward pensó en agarrar fuerte a la mujer que tantas noches había compartido su cama y hacerle hablar, pero era por la mañana y ya habían discutido demasiado ese día, además la cabeza le iba a estallar en cualquier momento, tenía muchas emociones revoloteando por su interior.
-Está con Tyler en la recepción esperando por nosotros – dijo volviendo a su frío tono, uno que últimamente estaba empleando demasiado aunque ni él se creía las emociones que quería darle a entender a Bella.
-¿Tyler? – preguntó Bella extraña.
Tyler era el cochero de Edward, lo llevaba a todos los lados que el quisiese sin resollar, pero debería de haberse quedado en Inglaterra o eso se suponía. Tyler tenía cuatro hijos y una esposa con los que estar… ¿Qué hacía aquí?
-Sí, Tyler.
-¿Y qué hace él aquí? – preguntó Bella curiosa.
-Es como un hermano para mí y no en todo el mundo se puede confiar, yo sé que en el sí puedo.
Está bien, eso era una indirecta muy directa – pensó Bella mientras apartaba la mirada del rostro de Edward, la verdad le costaba mucho estar a su lado sin poder besarle ni tocarle si quiera.
-Vamos – dijo cogiéndola del brazo y guiándola fuera.
Llegaron a la recepción, donde Tyler estaba con Anthony poniendo caras raras y haciendo reír al pequeño. Edward habló un momento con él y le dio la llave de su habitación y le indicó por donde era, luego se dirigió a Bella que sostenía a Anthony en su regazo, un Anthony que no paraba quieto, todo le llamaba la atención, el florero de la mesa de al lado, el gorrito de la recepcionista…
-Cariño para quieto – le dijo Bella a su pequeño hijo que no paraba de moverse en su regazo.
Edward que venía directo hacia ellos se quedó parado contemplando la escena.
Anthony emitió un quejido de disconformidad haciendo reír a Bella. El corazón de Edward se contrajo.
-Eh, eh, pequeño guerrero – le murmuró a Anthony que ahora la miraba directamente a la cara – no todo va a ser como tú quieres.
Anthony se le agarró al cuello en modo de abrazo.
-Te quiero bebé – le dijo al oído.
Edward prolongó el momento unos minutos y luego carraspeó llamando la atención tanto de su pequeño hijo como de su esposa.
-Nuestra habitación es la trescientos veintiuno – dijo y se acercó a ellos cogiendo a Anthony del regazo de Bella.
-¿Nuestra? – preguntó esta con miedo, no quería quedarse en la misma habitación que Edward porque sabía que no aguantaría mucho.
-Sí, nuestra.
Bella se quedó callada y caminó al lado de él de camino a la habitación. Se abrazaba a sí misma con los brazos mientras Edward llevaba a Anthony en brazos.
No tardaron mucho en llegar a la habitación.
Edward abrió y la hizo pasar a ella primero. Bella se quedó impresionada viendo el interior de la habitación, podía ser tranquilamente una suite. No era enorme, pero era acogedora y maravillosa. Desde las ventanas podía ver toda la ciudad de Seattle elevada en altos edificios. Tenía una gran cama de matrimonio y un pedazo de pantalla plana y a un lado de la cama había una cuna en la que perfectamente cabía Anthony.
Edward lo tenía todo planeado – pensó Bella.
-Ve y date una ducha – le dijo Edward con voz más calmada – yo me llevo a Anthony a comprar algo de ropa.
No la dejó ni terminar, salió con el niño en brazos antes de que ella pudiera decir nada.
Bella obedeció y fue a darse una ducha. El plato era enorme y el agua que caía de él era simplemente maravillosa. Hacía mucho tiempo que no se sentía así de relajada, los acontecimientos de los últimos días no le habían dado respiro.
Cuando terminó de enjabonarse volvió a lavarse con agua y salió a secarse. Pasando una toalla seca por todo el cuerpo y luego otra por la cabeza se envolvió en una bata femenina que colgaba de la pared del baño y salió a la habitación a esperar por la ropa.
¿Pero cuál fue su sorpresa? Edward ya se encontraba allí con su ropa en mano.
-Date prisa – le dijo tendiéndole la ropa que le había comprado – Anthony tiene que bañarse también, y yo.
Bella volvió a entrar al baño sin decir nada y se vistió rápidamente con los vaqueros azulados y la camiseta azul de manga tres cuartos que Edward le había traído a juego con unas bailarinas del mismo color, sabía que Edward no le iba a dejar unas converse ni de broma.
Salió después de haberse cambiado y disimuló con la bata como si estuviera doblando. Luego, cuando Edward entrara al baño cogería su chaqueta y se la pondría para que no se diera cuenta.
Nada más la vio salir se metió como una bala y prometió bañar a Anthony, Bella no le discutió.
A la media hora salieron del baño ambos con el pelo empapado, a Bella ya le había dado tiempo de ponerse su chaqueta así que estaba tranquila.
Se pasaron la tarde de tiendas. Edward intentaba hablarle lo menos posible, estaba muy concentrado en comprarle cosas a Anthony y a ella, para Bella todo eso era despilfarrar el dinero. Almorzaron en uno de los mejores restaurantes de Seattle.
Por la noche, después de cenar y cuando ya casi ni los pies los sostenían regresaron al hotel donde Anthony calló rendido como un angelito.
Bella tenía miedo y estaba nerviosa porque sabía lo que le tocaba ahora.
Edward salió del baño con solo un pantalón de pijama y el pecho descubierto, al momento Bella sintió como si una descarga eléctrica la recorriera de arriba abajo. Era mucho más fuerte la pasión de ahora que la que recordaba, quizás por el tiempo…
Edward advirtió como los ojos de Bella pasaban de un intenso chocolate a un lindo avellana y el más que nadie sabía esa expresión.
No tardó mucho en agarrarla y estrujarla contra sí. Ambos cayeron desplomados en la cama. Bella no era consciente de nada. Solo que los labios de Edward la acariciaban con desesperación, con cariño y vehemencia, era como si hubiesen estado años separados.
No tardó en quitarse la chaqueta y luego Edward siguió con el pantalón de ella haciendo que solo le quedara la camiseta azul que él le había comprado por la mañana.
Cuando Edward le rozó el vientre con los dedos fue cuando Bella reaccionó y se dio cuenta de lo que hacía, tenía que parar, por el bebé.
Intentó apartar a Edward de ella, pero este no respondía.
-¡Para, Edward! – le chilló.
Este paró y la recorrió con la mirada.
-¿Qué pasa ahora? – le preguntó con brusquedad.
-No podemos hacer esto – le dijo ella intentado incorporarse, pero él se lo impidió.
-Claro que podemos – dijo y la volvió a besar sacándole la camisa por los brazos.
-¡Para! – gritaba mientras le mordía como podía, le golpeaba y aporreaba, pero este no hacía caso.
Edward recorrió con sus manos todo el cuerpo de su esposa viendo como esta temblaba y se retorcía de dolor aunque ella quisiese apartarse.
Bajó acariciándole con la boca hasta su vientre y ahí advirtió algo que antes no estaba.
-¡Le harás daño! – gritó esta y Edward paró en seco.
Miró a Bella a los ojos que estaban cubiertos de lágrimas y luego miró su vientre ligeramente abultado.
Ella estaba... ¡Oh, dios! – pensó Edward para sí.
N/A: Juju, ¿Qué dicen? Se aceptan teoría, tomatazos, de todo :D Espero sus reviews. Un saludo.
