Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.

N/A: ¡Hay sí, lo sé! He tardado una eternidad en subir… pero es que a ver, el entrenamiento me agota y estudiar más y llego a casa y solo quiero acostarme en mi camita, lo siento, ahora tengo una semana de carnavales libre y prometo escribir mucho. Gracias por todos sus reviews.

Las imágenes de este fic están en mi perfil, la imagen de este capítulo es sobre la ropa de Bella, la mujer de la foto tiene un poco más de barriga que lo que Bella aparenta.

Título: Perdido.

Capítulo ocho: Lágrimas silenciosas.

Edward se encontraba en el bar del hotel. Bebía ginebra como si de leche se tratase. No estaba borracho, sus ganas de estarlo. Desgraciadamente, era un hombre muy alto y fuerte, por eso, al alcohol le costaba hacer estragos en él. Siempre se había sentido agradecido por esto, era una persona de negocios, importante, muy importante, y cada dos por tres se encontraba en reuniones en las que la bebida principal era el alcohol y era una buena virtud el no colocarse rápido, pero ahora más que nunca lo odiaba. Deseaba con todas sus ganas cogerse una gran moña y no acordarse ni de su nombre.

Isabella estaba embarazada, otra vez. La preciosa y menudita chica de pelo castaño y ojos chocolates con la que él se había casado. Debería de estar contento, tanto como lo estuvo cuando Bella le dijo por primera vez que iban a ser padres, pero esta vez la cosa era diferente.

Habían cambiado tantas cosas en los últimos meses. Ella se había ido, llevándose al pequeño, habían estado separados meses y Edward sabía que ella tenía un amante, ¿Él niño que Bella esperaba era suyo? Definitivamente, no.

Aún más enfadado de lo que ya se encontraba sacó un fajo de dinero del bolsillo superior de su chaqueta y lo tiró en la barra, ni siquiera se había parado a contar el dinero, pero qué más daba, si le sobraba.

Cogió el ascensor y subió a la planta en la que su habitación se encontraba. La verdad no tenía gana ninguna de encontrarse a Bella con su pancita feliz esperando el niño de otro, pero no le quedaba más remedio.

Con la tarjeta eléctrica que le habían dado en recepción abrió la puerta y se lo encontró todo oscuro. Le daba pena encenderlo todo, podía despertar a su pequeño e incluso a Bella.

Suspiró. Por mucho que intentase odiarla, solo conseguiría amarla más.

Entró a tientas hasta que se chocó con la lamparilla de noche y la encendió, seguro esta luz no les molestaría.

La lámpara poco alumbraba, pero lo justo lo pillaba. Divisó a Bella dormida en el pequeño sillón de una persona que estaba al lado de la cuna.

Seguro Anthony había dado la lata por la noche y Bella había estado consolándolo – pensó Edward.

Se acercó hacia donde Bella estaba y no pudo evitar sonreír. Era dulce, porque ella no era para nada salvaje, cosa que intentaba aparentar desde que la había encontrado.

Descansaba la cabeza en el incómodo reposabrazos del sillón y estaba mal colocada. Sin poder evitarlo miró su barriguita. Estaba abultada y se notaba claramente que esperaba un niño.

¿Pero como él no se había dado cuenta? Pues porque ella lo había escondido bien y porque a él no le interesaba nada ella, o eso quería.

La cogió en peso. Como cuando se casaron y la sacó de la lancha en la que habían recorrido el trecho hasta la isla en la que tan felices habían sido durante semanas, sin nadie, sin nada más que ellos dos solos, sin móviles, ni televisión. Solo ellos dos amándose. Dos enamorados recién casados en su luna de miel.

Aunque no quisiese admitirlo, Edward extrañaba esos momentos.

Una lágrima silenciosa se le escapó por la mejilla cuando la dejó inocentemente dormida en la gran cama de matrimonio del hotel.

Se quitó la ropa y se metió con solo su calzoncillo de Calvin Klein, que una pasta valía en la cama. Pegado al cuerpo de Bella que un maravilloso y conocido calor desprendía. Sabía que quería levantarse cada mañana así, junto a ella, a su lado, pero eso no podría ser posible, ella espera el hijo de otro hombre… estaba hecho un lío, quizás mañana miraría las cosas desde otra perspectiva… mejor dormirse un rato.

.

A la mañana siguiente Edward lo veía todo diferente, y había llegado a una conclusión anoche mientras daba vueltas en la cama.

Acogería al hijo de Isabella como si fuera suyo, le pondría su apellido y lo haría pasar por un Cullen, como su pequeño Anthony, y nadie, excepto Bella y él sabrían la verdad, era una buena propuesta que Bella no podría evitar coger. A Edward no le vendría nada bien para sus negocios que el mundo supiera que era un cornudo y a ella para nada le gustaría la reputación de golfilla que los ingleses depositarían en ella, así que, era un buen trato.

Anthony despertó antes que Bella. Lo cogió, le dio su beso de buenos días y lo llevó al baño a ducharlo junto a él. Se habían convertido en rutina el baño de hombres, antes era Bella la que bañaba al pequeño, pero a Edward le gustaba pasar tiempo con su hijo y no desaprovecharía la oportunidad.

Cuando Isabella despertó Edward y Anthony ya estaban listos y preparados para salir a desayunar.

-¿Has dormido bien? – preguntó Edward dejando a un lado la hostilidad de los últimos días.

Bella asintió, incapaz de mirarle a los ojos. Se sentía avergonzada porque no sabría con Edward se había tomado lo de su embarazo, quizá no quería más hijos y le haría abortar o… ¡No! Ella por nada del mundo iba a desprenderse de su pequeño.

-Corre a ducharte, te he dejado un traje en el baño a juego con lo que necesitas, no tardes mucho por favor, hoy volveremos a casa y antes tenemos que bajar a desayunar – dijo Edward y con esto se fue de la habitación con su pequeño hijo.

¿De dónde había salido tanta amabilidad de repente? – pensó Bella entrando al baño.

Se desvistió sin mirar siquiera que era lo que Edward le había comprado para que se pusiera, ni siquiera había valido la pensar discutirle eso de volver a casa, porque para nada serviría, Edward siempre había hecho lo que quería y ahora no iba a cambiar eso.

Se dio una lenta y deliciosa ducha. Los actos de ayer habían desaparecido con el agua.

Salió envuelta en una toalla y cogió el atuendo que Edward le había traído.

Unos legins color beis dentro de unas botas de montar altas, una camiseta interior debajo de una de cuadritos a mitad de brazo con una rebequita de punto por encima, definitivamente, este hombre tenía buen gusto.

Abrió la puerta de la habitación y fuera le estaban esperando su niño y su marido sentados en el pasillo en el cual había unos cómodos sillones.

El niño al ver a Bella salir estiró sus manitas hacia ella. Bella no tardó mucho en responder y acercarse hacia donde estaban ellos dos. Cuando llegó su rodilla rozó con la de Edward que estaba sentado en el sofá, ambos se miraron pero no se dijeron nada. Edward le pasó al niño sin poder rozarle los brazos, ella se estremeció ante el contacto.

En silencio bajaron por el ascensor hasta el buffet del hotel, tenían incluido el desayuno.

Se turnaron para ir a coger comida, mientras Bella mantenía al niño, Edward cogía su desayuno y mientras Edward cogía al niño Edward preparaba el desayuno de Anthony y el suyo, este ponía caras de enfado al ver a sus padres levantarse y el no poder hacerlo, más de una vez le hizo sacar una sonrisa a Edward que a Bella le dejó impactada, Edward no era un hombre de afecto, no últimamente, desde que sus negocios se habían vuelto el centro de su vida.

Comieron en silencio mientras Anthony hacia todo tipo de ruidos y bebía su biberón, era un niño de casi nueve meses muy listo y espabilado.

Bella terminó de desayunar y Edward la ayudó a salir al aparcamiento, iba muy protector detrás de ella mientras esta cogía a Anthony.

-Tengo que llamar a Charlie – dijo Bella cuando estuvieron dentro de la limusina.

-Ten mi móvil – le contestó este tendiéndole su Iphone.

Bella suspiró y se recostó contra el sillón del gran y lujoso coche, se sentía agotada.

-Edward – dijo mirando al techo del coche – mis cosas y las de Anthony están en casa de mi padre.

-Si lo que quieres es ir a ver a tu amante, siento desilusionarte, pero no dejaré que vayas – le contestó este.

Bella puso los ojos en blanco y se dispuso a marcar el número de su padre.

Esperen. Bella recopiló lo que le acaba de decir Edward. ¿Amante? Oh, no, eso si que no. Lo que me faltaba – pensó Bella – que ahora este crea que tengo un amante, a saber que paranoillas se estará metiendo en la cabeza… ¡Dios! El bebé.

-¡Eso no es verdad! – Gritó Bella de repente - ¡No tengo ningún amante, Edward! ¡Nunca te he engañado! ¡Por dios, no seas hipócrita, yo no soy como tú! ¡Tú has sido el único que ha habido en mi vida! ¡Y si, el niño que espero es tuyo no hace falta que te comas la cabeza pensando en cómo puedes librarte de él! Y no te preocupes – dijo un poco más calmada – desapareceré si eso es lo que quieres ahora.

Edward se quedó sorprendido ante el bombardeo que Isabella le había soltado, pero lo que más sorprendido le dejó fue que su mujer decía la verdad, conocía muy bien a Bella y sabía cuando mentía y cuando no, y sabía que ahora no lo hacía.

Esta no dejó que el abriera la boca. Inmediatamente se llevó el móvil al oído y empezó a charlar.

-Estamos bien – decía.

-Sí, lo sé, lo siento, papá, no fue mi intensión…

-Tranquilo, nada pasó.

-¡No! No lo hagas.

-No es necesario, papá.

-Sí, está muy bien también.

-Papá, no voy a volver – silencio – vuelvo a Inglaterra, junto a Edward.

El corazón de Edward dio un brinco involuntario.

-Cálmate por favor.

-Estate quieto en donde estás.

-Pe…

-¡Déjame hablar!

-Yo quiero volver – murmuró Bella.

Edward notó el leve temblor en ese Yo quiero volver, sabía que ella no quería volver a Inglaterra.

-Quiero estar con Edward – dijo y el corazón del frío millonario saltó otra vez, pero esta vez de dolor porque sabía que lo que Bella decía no era cierto.

-Vamos a volver a ser una familia papá, quiero hacerlo, ahora seremos cuatro…

Cuatro - pensó Edward.

-Debo colgarte, llegamos al aeropuerto, te prometo que te llamaré cuando llegue y que volveré a visitarte, te amo papá, gracias por todo – fue lo último que dijo Bella y colgó la llamada.

Después de unos minutos de recomponerse, porque la llamada con su padre había sido muy profunda. Le entregó el móvil a su marido y este se sentó a su lado en la limusina, mientras antes había estado todo lo separado posible que había estado.

Bella no le prestó atención y giró la cara para no verle, le estaba haciendo daño, mucho daño, había vuelto a conseguir comunicación con su padre y ahora, cuando mejor estaban las cosas él la obligaba a dejarlo todo, definitivamente, Edward Cullen no tenía sentimientos.

Bella se secó apresuradamente una lágrima traicionara que corría por su mejilla y se giró a coger a su pequeño que la reclamaba. Pero este último gesto no le pasó desapercibido a Edward, que lo había contemplado todo.

N/A: ¡Hola! De nuevo por aquí xD Siento la tardanza, lo digo otra vez, de verdad, no era mi intensión, por eso lo he hecho un poquitito más grande, espero que os guste y ahora que estoy de vacaciones por el instituto dejaré todos los días, un capítulo, por los menos hasta que vuelva a clase, seguro terminaré el fic porque si lo traigo todos los días. Saludos, ¿Reviews? Os quiero :D