Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.

N/A: Ciao! ¿Qué tal? Bueno, aquí os dejo otra capítulo de esta historia, que espero que os este gustando porque lo hago con todo el cariño del mundo, me encanta escribir este fic, me sale solo. La verdad, no sé cuantos capítulos más pueda escribir, pero no creo que falten muchos, pero tampoco pocos xD Os dejo el capítulo, gracias por todos los reviews pasados.

Imágenes del fic en mi perfil.

Título: Perdido.

Capítulo nueve: Regreso.

-Edward y Isabella Cullen caminan cogiditos de la mano con su pequeño niño en brazos por el aeropuerto de Inglaterra, pero no están solos ya que la barriguita de Isabella así lo demuestra, ¿Volverá a ser papá el joven y guapo millonario Inglés? Al parecer sí. Después de meses sin ver a la señora Cullen ha vuelto a aparecer en público, todo apunta a que esperaba que pasasen los primeros meses de embarazo para no correr ningún riesgo durante este periodo, aunque hemos apreciado cansancio en sus caras, ¿Está insoportable el pequeño heredero Anthony? Desde WordReference Forums, Anthony, deja dormir a papá y a mamá – decía una reportera mientras corría al lado de Bella, Edward e Anthony en medio del aeropuerto de Inglaterra.

Bella intentaba evitarlos, hacer como si no existieran, pero era difícil mientras hablaban de ti, de tu hijo y de tu marido todo el tiempo. Le dirigió una mirada tortuosa a Edward a la que este contestó apretándola más contra su cuerpo.

Edward sostenía a Anthony con un brazo mientras que con él otro tenía a Bella abrazada por la cintura, tenían que dar imagen de familia unida. Anthony no paraba de removerse en sus brazos, estaba inquieto, y era normal, el agobio de las cámaras para un adulto ya era frustrante ni imaginarse para un bebé.

Edward quería correr y alejarse de todos ellos, si su mujer no hubiese estuviese en ese estado lo hubiera hecho, pero ahora lo único que tenía que hacer era proteger a su pequeño hijo que crecía en el vientre de Bella. Porque Edward sabía cuando alguien le mentía, y sabía que Bella no lo estaba haciendo e iba a ser padre por segunda vez.

Al fin llegaron al coche en el que Tyler les esperaba sentado en el capó del coche. Nada más verlos se encaminó hacia ellos para coger las maletas que los dos servidores del aeropuerto traían detrás de ellos.

Tyler metió las maletas en el maletero del lujoso coche negro con cristales tintados que nada dejaba ver y se metió en él para llevar a sus señores a la mansión.

Bella entró despacio al coche con una mano en la barriga. El bebé le había dado una patada.

-¿Pasa algo? – preguntó Edward con frialdad.

-Acaba de moverse y es un poco incómodo – contestó Bella.

Edward la miró duramente desde el otro lado del flamante coche. Se masajeaba la panza con delicadeza una y otra vez y respiraba despacio. Era hermosa, muy hermosa - se dijo Edward - y más hermosa parece con el embarazo, definitivamente, le sienta bien. Sabía que el niño era suyo, ¿Pero su corazón? ¿Era suyo su corazón? Suspiró y se recostó en los gruesos sillones de charol con su hijo pequeño en brazos.

Anthony se removió un poco en ellos hasta que consiguió la posición cómoda, contra su pecho y volvió a sumirse en un dulce y profundo sueño.

-Le encanta dormir - objetó Bella sin despegar la mirada de su hijo.

-Ya me he dado cuenta - le contestó Edward con rudeza.

Bella le miró ante la agresividad de sus palabras, ¿Por qué tenía que ser así de gilipollas ese hombre? ¿Se creía que porqué era rico tenía derecho a hacer lo que le diera la gana? Pues se equivocaba. Isabella era un completo mar de pensamientos, pero sobretodo rondaban acerca de su vida, su pequeño y el que venía en camino, en el camino a la mansión de Edward llegó a un conclusión. Edward no la amaba. Pero no se sorprendió, eso tampoco era nada nuevo. El día en el que él le propuso matrimonio no dijo un 'Te amo, Bella, ¿Quieres casarte conmigo?' como hubiese hecho la mayoría de la población del mundo, lo de él fue un 'Te deseo Bella, ¿Quieres casarte conmigo?' Así que, ahora no podía echarle nada en cara pues esto se lo había buscado ella solita y a sabiendas de que el no la quería, ni siquiera un poco, que lo único que quería era su cuerpo y la satisfacción que este le daba, aceptó ser su esposa.

El coche se detuvo delante de la verja de hierro de seguridad de la mansión. Con una rápida llamada le abrieron la puerta. Bella supuso que sería Athenodora o tal vez Sue la que les hubiese abierto.

Tyler paró enfrente de la puerta de entrada a la mansión y se bajó del coche. Le abrió la puerta a su viejo amigo y a su esposa y corrió hacia el maletero para sacar las maletas, al momento se les unió Seth y Paul Clearwater, los hijos varones de Sue la ama de llaves y le ayudaron a bajar las maletas del coche y a entrarlas en la casa.

Bella se quedó parada en la entrada. Ya había salido y mantenía su bolso fuertemente apretado mirando tristemente la casa. Al principio todo había sido perfecto, recordó, Edward y ella corrían por la gran casa jugando entre ellos como dos personas enamoradas, salían a dar largos paseos juntos... pero claro, la única enamorada de esa relación era ella, y un matrimonio n funciona si solo uno lo desea, al pasar los meses todo había cambiado, Edward pasaba más tiempo en su despacho que en casa y igual con las empresas y los viajes. Cuando le comentó que estaba embarazada se quedó un tiempo por casa, pero luego volvió a irse, y así era su vida, podía tener todo lo que quisiese, coches, joyas, todo tipo de lujos, pero había una cosa que era lo único que quería y lo menos lujoso de todo, el amor de su marido, y definitivamente, no lo tenía.
Edward parecía pasar más tiempo con su secretaria Jessica que con ella misma, y eso a su vez la sumergía en un mundo de celos en el que todo lo veía completamente negro, en más de una ocasión había pensado ir a la oficina de su marido y arrancarle los pelos uno a uno a esa estúpida mujerzuela, pero por suerte porque dios es grande, pudo controlarse y soportarlo todo con orgullo, hasta que la situación se tornó insoportable de verdad y se marchó dejándolo todo atrás, todo menos a la razón de su vida, su pequeño Anthony.

-¿No piensas entrar? Te advierto que tarde o temprano tendrás que hacerlo.

Bella escuchó la hosca voz detrás de ella, pero no se giró, sabía de sobra quien era y para ser sinceros, no quería verle la cara, el recuerdo del dolor, había vuelto y la rabia había ido en aumento, ¿Habría sido tan capullo y le había sido infiel? No podía creerlo, pero lo más seguro era que fuera cierto, Edward no tenía sentimientos.

-¿No crees que ya has estado mucho tiempo fuera de casa, amor? - pronunció esta última palabra casi con asco.

Bella podía ser buena, podía aguantar muchos palos, uno tras otro, pero no se iba a dejar avasallar por su marido y le iba a devolver cada una.

-No lo suficiente como para querer dormir esta noche contigo, cariño - le devolvió la jugada y la cara de Edward era todo un poema, al igual que él, pronunció esto último con verdadero asco, haciendo incluso una mueca.

-Así que quieres guerra, cielo.

-Amorcito, ¿Nos has escuchado eso de que del amor al odio hay solo un paso? - le preguntó volviéndose a él, y si no hubiese tenido a su hijo en brazos lo hubiera fulminado con la mirada o vete a saber tú qué otra cosa podía haber hecho.

-No puede ser - dijo alguien a sus espaldas - ¿Bella? ¿Bella, has vuelto? - Bella se giró para encontrarse con su vieja amiga, Athenodora - No puede ser - dijo esta sorprendida - ¡Anthony muchacho, pero qué grande estas! - y corrió hacia Edward porque este tenía al niño en brazos y se lo sacó de ellos - eres más lindo, eres igual a tu papá de pequeño, mismo ojos, misma cejas, misma nariz, mismo pelo... - Athenodora se cayó, se hacía un vago boceto de cómo podían estar las cosas y al levantar la mirada y ver a Bella y a Edward casi matándose con la mirada decidió intervenir - estás Bella, espectacular - dijo y corrió hacia ella con Anthony en brazos y la abrazó estrujando a su vez al niño. A este por supuesto la situación no le pareció bien y soltó algo así a un grito de inconformidad - pero que gruñón está el ojiverde - rió Athenodora haciendo reír también a Bella.

-Te eché de menos Athe - comentó Bella.

-Yo también muchacha, yo también - la miró y determinó en su barriga - ¿Estás...?

-Si - contestó Bella ruborizándose.

-Felicidades - dijo girándose hacia Edward.

-¿Como estas tan segura de que el niño es mío? Te recuerdo que estuvo cuatro meses fuera de mi vista - dijo Edward.

Bella no pudo aguantarlo y dejó que su mano hiciera lo que tantas ganas tenía de hacer. Velozmente, la mano de Bella se elevó y se estampó contra la cara de Edward haciendo que sonara como el estampido de dos platos.

-No vuelvas a decir o a insinuar algo así, no soy una mujerzuela como esas con la que te acuestas a mis espaldas, Edward, no creas que todos somos como tú, si no quieres creerme, ¿Sabes qué? No me importa, peor para ti - Bella sacaba todo lo que en su corazón había guardado con tanto dolor - Si no crees que el hijo que espero es tuyo, no lo creas, cuando nazca podrás hacerte una prueba de paternidad para que compruebes que no miento, no me importa que se la hagas, porque al contrario que tú, yo no tengo nada que ocultar - lágrimas rodaban por de los ojos de Bella - ¿Y sabes otra cosa? Ojalá no te hubiera conocido - Edward la miró con una mar de emociones, sorprendido, dolido, con dureza - Ojalá nunca te hubieras cruzado en mi camino, ojalá nunca hubiera sabido que existías, ojalá nunca hubiese aceptado nuestra primera cena, ojalá nunca hubiese aceptado casarme contigo, porque uno se casa por amor, esta con otra persona por amor, tienen un hijo por amor, y aquí Edward, no hay nada de eso, me arrepiento de tantas cosas, pero sin duda, de la que más me arrepiento es de haberte conocido Edward Cullen.

Todos se habían quedado fríos con las palabras de Bella. Tanto Tyler como Athenodora, los dos empleados de más confianza de Edward lo había presensiado todo.
Bella cogió a su hijo de los brazos de su buen amiga y aliada Athenodora y corrió escaleras arriba para refugiarse en algún sitio, con lágrimas en los ojos y un dolor en el pecho que le oprimía hasta el respirar, quería escapar, olvidar todo, no poder recordar que amaba con todas sus fuerzas a Edward Cullen, olvidarse hasta de su nombre.

Nada más llegar a la habitación de Anthony lo dejó en la cuna y corrió al cuarto de baño, el mareo, las lágrimas y las nauseas se habían juntado y no eran una buena combinación.

N/A: ¿y? ¿Reviews?