Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.
N/A: Sí, estoy de vacaciones ya sé que tengo tiempo para escribir y eso pero si digo la verdad… no he tenido ganas, porque estoy más relajada hahaha bueno, este es el penúltimo capítulo, otro más y este fic, terminado, espero que os guste.
Capítulo doce.
Algo no cuela.
A la mañana siguiente Bella se despertó entre los brazos de Edward que la tenían cariñosamente cogida contra su pecho. Edward se había despertado hacia un buen rato, pero no se había movido de la posición en la que se encontraba ni un ápice, era como estar viviendo un sueño, un sueño que anteriormente había sido cumplido pero que por diferentes causas del destino, había sido roto como una burbuja de jabón, pero un sueño, del que se encargaría de que ahora en adelante nadie nunca más volviera a romperlo.
Isabella se desperezó y chocó contra el fuerte y bien esculpido cuerpo de Edward, que hacia como si estuviera dormido. Apoyó el codo en la cama y se quedó mirándole por minutos, hasta que extendió su mano para rozarle la mejilla con sus finos dedos. Edward no lo pudo evitar y un temblor le recorrió, haciendo que Bella se avergonzara, pues se dio cuenta de que él había estado despierto. Abrió los ojos y se quedaron mirándose un buen rato hasta que él, armándose de todo el valor que poseía en esos momentos, la atrajo hacia sí de la cintura y la estrechó contra él para luego después darle un delicado beso lleno de todo el amor que le tenía.
Bella suspiró contra los labios de Edward, había echado eso tanto de menos…
-¿Qué pasa? – preguntó Edward al sentir el pequeño suspiro que salió de los labios de Bella.
-Había echado esto de menos – admitió Bella ruborizándose momentos después por haberlo dicho.
-¿Me creerás si te digo que yo lo he echado tanto o más de menos que tú? – preguntó Edward dejándola en la cama y poniéndose encima de ella.
Bella se incorporó de repente tirando a Edward hacia atrás que cayó de espaldas en la cama. Como pudo se subió encima de él debido a su gran vientre y le empezó a besar los párpados, los labios, la nariz, la oreja, los pómulos, el cuello… hasta que un llanto de bebé sonó en toda la estancia haciendo que Bella diera un brinco y se bajase de la cama apresuradamente.
Cogió una fina bata de seda que colgaba de un perchero próximo a la cama y se la colocó por encima mientras abría la puerta seguida por Edward.
Llegaron a la habitación de Anthony en un abrir y cerrar de ojos. Bella abrió la puerta deprisa y entró dejándola abierta para que Edward pudiera pasar.
Anthony estaba en la cuna revolviéndose incómodo y con lágrimas en los ojos. Nada más ver a Bella, Anthony extendió las manos para que su madre lo cogiera y Bella así lo hizo.
Lo abrazó y lo acostó contra su pecho masajeándole la espalda y dándole pequeños besitos por toda su pequeña y frágil carita.
Edward miraba la escena emocionada, ¿Cómo podía querer tanto a esas dos personas? ¿Podría estar obsesionado? Dios, amaba a esas dos pequeñas personas con toda su alma.
Bella se dio la vuelta y miró a Edward con una sonrisa tranquilizadora que hizo que el seño de Edward dejara de fruncirse y poder volver a respirar.
-¿Quieres calmarlo tú? – le preguntó cariñosamente Bella a su marido.
Este asintió.
Bella se acercó a él y con mucho cuidado dejó a su hijo en brazos de su padre, que se veía un poco torpe e inseguro. Le dio ánimos depositando un pequeño beso en sus labios a lo que Edward sonrió.
Edward meció un rato más a su hijo hasta que este se calmó.
-¿Quieres bajar a desayunar? – le preguntó Edward mientras le daba un beso a su hijo.
-Por favor – susurró riendo y se tocó la abultada y grande panza – me absorbe – bromeó.
-Vamos – dijo Edward y paso un brazo por sus hombros al mismo tiempo que con su otro brazo mantenía a su hijo cogido contra su pecho.
Se sentía alegre, afortunado, sentía que estaba en una nube, en un sueño, el mejor sueño sin duda que ha tenido en toda su vida.
Bella cogió una pequeña Rebequita de punto del armario de Anthony y se la colocó antes de llegar al jardín donde desayunarían. Hacían un día estupendo, pero la brisa soplaba algo fuerte para un niño de apenas un año.
Bella se sentó en frente de Edward, en la pequeña mesa de madera que ocupaba una parte del jardín cerca del gran árbol en el que Bella pasaba la mayoría de sus tardes. Edward llegó detrás de ella y sentó a Anthony en las piernas de su mujer al tiempo en el que él iba a buscar el desayuno, hoy Athenodora tenía día libre.
Entró en la cocina y puso a hacerse el café mientras metía leche de bebé en un vaso de cristal en el microondas, metía unas rebanadas de pan en la tostadora y sacaba unos croissants de la estantería.
Cuando terminó de hacerlo todo, cogió una bandejita de madera del mueble y lo colocó todo allí como si fuera un camarero.
-¿Quieres el biberón que te preparó papá? – le preguntó a Anthony con voz cariñosa poniéndose a la altura de Bella y el niño que estaban sentados.
-No, por si acaso me intoxique – contestó Bella imitando una voz de bebé que a Edward le causó ternura.
Rió.
-Vamos campeón, que papá hoy te da de desayunar – dijo Edward y cogió a su hijo del regazo de su madre.
-Puedes darle de desayunar tú hoy Edward, pero me quiere más a mí – replicó Bella guiñándole un ojo.
-No, me quiere más a mí que soy su padre – dijo Edward riendo.
-Y yo su madre y le parí – contraatacó Bella.
-Pero yo planté la semillita – murmuró Edward.
Bella rió y le dio un sorbo a su café que la miraba humeante, luego le dio un bocado a la tostada y se metió el croissant en la boca.
Edward la miró y rió.
-Es tu hijo – replicó Bella tocándose la panza.
Terminaron de desayunar y juntos bañaron a Anthony, que por cierto se convirtió en una gran fiesta ya que Anthony no paraba de sonreírles a sus padres y de salpicarles con agua.
Le vistieron y se turnaron para bañarse ellos también, luego los tres se tumbaron en los sofás a ver una película, todo era perfecto hasta que el teléfono móvil de Edward sonó.
A regañadientes, Edward cogió la llamada.
-Si… eeh… uuhm… ¿Ahora?.. uuf.. Está bien… no, no pasa nada… en media hora nos vemos.
Bella se quedó mirándole esperando su explicación, sabía lo que venía ahora, pues muchas veces antes les había pasado, pero tenía la esperanza, la vaga esperanza de que no fuera así.
-Bella… -e empezó Edward.
- Lo sé - dijo Bella sin despegar la mirada de Anthony que dormía plácidamente espatarrado en el sillón a su lado.
-Solo serán unas horas…
-Vale, no pasa nada, el trabajo es importante – dijo Bella sin despegar la mirada de su hijo.
Edward se acercó a ella y le levantó el mentón con sus fríos dedos.
-Pero no más importante que ustedes, yo solo quiero que tengáis lo mejor, por eso trabajo como lo hago, prometo venir en cuanto pueda, es un negocio de última hora, yo tenía planeado pasar el día entero con vosotros – juntó sus frentes – te amo Bella, llegaré a medianoche.
-Como siempre – susurró Bella.
-Te amo – susurró Edward antes de salir por la puerta de la mansión.
Bella suspiró y se recostó contra el sillón. Habría cosas, que no cambiarían jamás, y ella que creía que a partir de ahora todo sería diferente…
Volvió a reanudar la película, pero ya no le parecía tan interesante como antes así que como Anthony estaba durmiendo puso un gualquitalqui a su lado y el otro se lo ajustó a la cintura y caminó por la casa.
Llegó al despacho de Edward por casualidad, y como la curiosidad mató al gato, entró. Grande fue su suerte con la puerta no estaba cerrada, Edward se había olvidado de cerrarla con las prisas, cosa que le parecía raro porque él nunca dejaba su despacho visible a los demás, en contadas ocasiones había estado ella en él.
Adornado finamente, con importantes pinturas, unas verdaderas obras de arte de auténticos pintores, sofás de cuero, adornos de plata… era todo un despacho de un hombre de negocios importante. Llegó al gran escritorio de madera. Había montón de papeles amontonados en pilas, pero todos finamente colocados el uno en cima de otro. Una foto adornaba el escritorio, al mirarla Bella sintió que los ojos le escocían. Era la primera foto que se habían sacado con Anthony, incluso posiblemente seria del parto. En la foto aparecía una muy cansada Bella con un pequeñísimo Anthony manchado de sangre y un emocionado Edward empapado en sudor. Nunca había visto esa foto – pensó Bella.
Un calendario adornaba la mesa al lado de un ordenador portátil de último modelo. Bella se fijó en el día en que vivía y se dio cuenta de que dentro de dos días sería el cumpleaños números veintiocho de su marido. Mierda, y ella no le había comprado nada – pensaba…
Algo llamó su atención. Una pequeña carta amarilla estaba caída en el suelo con un nombre: Mike Newton.
Pensó seriamente en no abrirla, pero no pudo con la tentación. Con suerte la carta ya estaba rasgada, había sido leída así que cogió el papel doblado que había en su interior y empezó a leer.
Edward por favor, aunque sea por la vieja amistad que un día nos unió, deja de intentar hundirme la vida, porque realmente lo estas consiguiendo.
Mike Newton.
Bella se quedó seca, incluso dejó de respirar, ¿Qué le estaba haciendo Edward a Mike como para que mandara una carta tan desesperada?
Cogió el teléfono fijo del despacho y marcó el número de Athenodora.
-¿Si? – contestó esta a través de la línea.
-Athenodora, soy Bella, necesito que me digas una cosa – Bella sonaba desesperada.
-Cariño, ¿Pasa algo? – preguntó asustada.
-Por favor, dime la dirección de Mike.
-Bella…
-Athenodora por favor.
-Chiquilla, sabes que te meterás en un gran problema si vas hacia allí, Edward se pondrá como una furia.
-Por favor…
Se escuchó un suspiro a través de la línea - Bella, no vive en muy buenas condiciones…
-¡Dímelo! – gritó desesperada.
-Los suburbios de Helm Street, el número quince.
Bella no dejó ni terminar de hablar a Athenodora que seguro la bombardearía a preguntas.
Se desenganchó el gualquitalqui de la cadera y fue a buscar a Anthony que dormía en el sillón. Con cuidado y suavidad lo despertó y subió a la habitación a cambiarlo y a abrigarlo. Corrió a su habitación y se cambió ella también abrigándose bien.
Bajó las escaleras con cuidado y Anthony en brazos y sacó de un cajón, del cajón en el que ella sabía que Edward guardaba las llaves de sus coches y sacó las primeras llaves que pilló, un porshe cayman. Dios mío, Bella siempre había odiado esos coches tan lujosos.
Subió a Anthony atrás, montado en su sillita. Edward había colocado en todos los coches una sillita para Anthony y ahora se lo agradecía más que nunca porque si no iba a tardar bastante y no tenía tiempo que perder.
Con el mando del garaje abrió la gran puerta metálica y salió disparada del garaje, necesitaba hablar con su amigo Mike.
N/A : Mátenme xD Lo siento en serio, no tenía esa inspiración… bueno, un capítulo más y fin. Gracias por todo, saludos.
