Rque Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me los invente.
N/A: Hola V.V No he tardado en subir el capítulo esta vez, ¿Eh? Que me he tardado solo tres días, así que ahora no podéis decirme nada. Llevo dos días sin ir al instituto, he pillado una gripe que vamos, me paso todo el día en la cama durmiendo, pero bueno, ya mañana volveré de nuevo, así que aquí os dejo el último capítulo de este fic, aunque estoy pensando en hacer el epílogo, así que solo tenéis que pedirlo : )
Capítulo trece.
Fin.
Bella no podía creerse todo lo que veía a su alrededor, no podía ni mirar, era realmente triste las circunstancias en las que esas personas se encontraban. ¿Aquí podía vivir Mike? No, era imposible, que ella supiera, el fiel amigo de su marido vivía en unos buenos apartamentos en la ciudad, no eran nada caros ni ostentosos, pero desde luego era el hogar de una persona que vivía bien, una persona normal.
Según pudo calcular Bella, están personas vivían bajo la media normal de la pobreza, era realmente dolorosas las escenas que se encontraba a medida que cruzaba las calles en coche. Respiró tranquila al habérsele ocurrido la brillante idea de venir en coche, no es que pensara que esas personas eran malas, para nada, solo que cuando no se tiene dinero y se necesita comer, harías cualquier cosa por echarte un cacho de pan a la boca.
Bella maldijo una y otra vez a su marido por tener estos coches, no se quejaba, porque cualquier persona desearía tenerlos, si no que era demasiado lujoso un porshe para pasear por las calles más pobres de Inglaterra.
La gente que se encontraba a su alrededor, que la mayoría era gente sucia y enferma se acercaba a su coche con las manos extendidas o incluso, más de un listo le había querido quitar el espejo retrovisor o la antena del coche, seguro para venderla por un par de libras que pudiera cambiar por una buena raya de cocaína que le hiciera olvidar por unas horas, o incluso días en la situación en la que se encontraban.
Isabella habría querido poder taparle los ojos a su pequeño hijo que se encontraba en la parte trasera del coche, pero para su gran alivio, el niño estaba profundamente dormido y con un poco de suerte – pensó Bella – podría permanecer unas horas más así hasta que consiguieran irse de allí.
Había sido mala idea haber llegado hasta allí – pensaba Bella – ahora más que nunca se arrepentía de haberle hecho caso a su intrépido corazón. Vale, quería encontrar a su amigo Mike y saber que mierdas andaban mal con él y su marido, pero no había esperado para nada encontrarse con esas horribles escenas. Bella no era tonta, y sabía lo que pasaba en el mundo, pero era totalmente diferente estar enterada de la situación de la pobre que a verla en persona mientras tú marido tiene dinero para alimentar a todas esas personas y más, se sentía como una ambiciosa y egoísta mujer, y ella no era así.
Un gran cartel sujeto a una pared con dos tachas llamó la atención de Bella. Newton, podía leerse desde donde ella se encontraba. Era un cartel hecho a mano, apenas una fina tabla de madera y el apellido puesto con rotuladores de colores. Paró el coche en una cera derrumbada al lado de la casa y miró a sus alrededores haber si había alguien, pero nada, estaba todo desierto.
Miró mejor la casa antes de bajarse. Era vieja, pero parecía mantenerse en pie y tampoco estaba tan mal después de todo, no estaba sucia y parecía estar en buenas condiciones. Con un nudo en el estómago de no saber que se podría encontrar, abrió la puerta del coche y bajó para abrir la puerta trasera y bajar a un muy dormido Anthony. Ni siquiera se inmuto cuando Bella lo cogió entre sus brazos, seguro estaba cansado por todo lo que había jugado con Edward antes de dormirse. Bella sabía que eso estaba mal, que llevar a un bebé a esta parte de la ciudad era casi como un delito, y se sentía mal por haberle traído, pero no tenía más remedio y sabía que Mike no les haría anda, aunque también sabía que se podía dar por muerta si Edward se enteraba de que había estado aquí y más con su hijo, ¿Pero que iba a hacer? ¿Dejarlo solo en la mansión? ¿Dejarlo solo en el coche? De eso nada.
Agarró a Anthony fuertemente contra su pecho y lo abrazo de forma posesiva, le subió la capucha y se la puso en la cabeza, un frío empezaba a azotar. Se paró delante de la casa unos segundos y después de observarla detenidamente se armó de valor y chocó su puño contra la fuerte madera que hacía de puerta.
Bella sintió unos pasos acercarse y con el corazón en un puño rezó para que fuera Mike el que viviera ahí y no otro Newton.
Un hombre mediano, de pelo castaño y claros ojos les abrió la puerta. Llevaba una espesa barba alrededor de su boca, por su rostro, esta tenía un color dorado como su pelo, pero a pesar de ello Bella supo identificarle, la dirección que había apuntado era la correcta, ese señor, que ahora en vez de aparentar los veintiocho años que tenía parecía ser del doble, era Mike Newton, el antiguo amigo de su marido y su antiguo chófer, su amigo también.
-No puedo creerlo – murmuró asombrado - ¿Bella? – preguntó incrédulo, no podía creérselo.
-Dios Mike – dijo Bella adelantándose y acercándose a él, con una mano sujetó a su hijo contra su pecho y con la otra le tocó el rostro a su amigo - ¿Eres tú?
Mike soltó una carcajada triste.
-Sí, aunque me duela admitirlo, soy yo.
Bella retiró la mano de su rostro y volvió a coger bien a su hijo que se había movido un poco en sus brazos.
-Cuando ha crecido – murmuró Mike refiriéndose a Anthony – está enorme – miró a Bella – y supongo que ahora se parece aún más a… uhm… a Edward.
Bella notó como le costaba pronunciar el nombre de su marido, ¿Pero cómo era posible si ellos se habían criado juntos, casi como hermanos?
-Mike…
-Bella yo… - trago saliva y la miró – te diría que pasaras pero no creo que sea un buen lugar para el niño y sinceramente…
-No te preocupes, sube al coche, vamos a un lugar mejor – le contestó Bella dirigiéndole una sincera sonrisa en la que iba todo su apoyo.
-¿Con estas pintas? Bella…
-No te preocupes, pasaremos antes por casa, ya sabes… y no acepto un no como respuesta Mike, al menos hazlo por la amistad que un día nos unió – le replicó Bella.
No pudo negarse, aunque quisiera no podía hacerlo, aparte de porque amaba a esa mujer con toda su alma y no le negaría nada nunca, también porque ahora un buen baño se le antojaba tan lejano e imposible y se lo estaban ofreciendo, que si lo rechazaba se arrepentiría para siempre.
Mike cogió una tacha del suelo y la clavó contra la puerta. Isabella, que lo había observado todo se le quedó mirando.
-¿Es… es esa tu llave? – preguntó Bella sin querer realmente saber la respuesta.
Mike asintió cabizbajo, esa había sido su vida desde que había sido expulsado de la casa como un perro por parte de Edward, miserias, tristeza, soledad…
Suspiró.
-Vamos – le alentó Bella.
Mike la siguió hasta el coche, pero se quedó parado al ver el increíble coche que ella había traído. Era el famoso porshe de Edward. Fue el primer coche caro que su amigo se había comprado, él, precisamente él, había sido el primero en verlo y la primera persona a la que Edward le había dado una vuelta. Suspiró con pesar, habían cambiado tanto las cosas…
Bella abrió con el mando automático el lujoso coche y abrió la puerta trasera mientras que Mike se metía apenado en la parte de adelante. No tardó nada en sentar a Anthony y ajustarlo bien cómodo en la silla, pues estaba dormido y así era más fácil de manejarle. Le dio un beso en la frente y lo tapó con una mantita de bebé que siempre llevaba encima por si acaso. Cerró la puerta trasera y subió al asiento del copiloto.
El camino fue en completo silencio, era incómodo, ninguno de los dos decía nada pero se notaba la tensión en el ambiente, por un lado, Bella no sabía cómo actuar o que decir, había leído claramente bien la nota que Mike le había enviado a Edward.
-¿Edward sabe que fuiste a verme? – preguntó Mike rompiendo el silencio.
Bella no despegó la mirada de la carretera.
-No.
-Se pondrá como una furia cuando se entere – murmuró Mike.
-No importa.
Mike se giró para mirarla.
-Has vuelto con él – no fue una pregunta, fue una afirmación.
Bella suspiró.
-Y vais a tener otro hijo – agregó.
Bella sonrió a penas – Si, vamos a tener otro hijo – afirmó.
-Me alegro mucho.
-Mike…
-¿Si, Bella?
-¿Qué es lo que pasa con Edward? ¿Por qué le mandaste esa nota en la que ponía que dejara de hacerte la vida imposible? ¿Qué te ha hecho Edward en todo este tiempo? – soltó Bella sin importarle que las preguntas las hubiera soltado todas de sopetón y pudieran aturdir a Mike, quería respuestas y solo encontraba más y más preguntas.
Por desgracia ya habían llegado a la mansión.
Bella suspiró y bajo del coche. Sacó a Anthony de él y miró a Mike fijamente.
-Date una ducha caliente, relájate un poco, te conseguiré algo limpio para que te cambies y te aré algo bueno para cenar, ¿Vale?
-Bella, no sé si esto es buena idea…
-Por favor Mike, hazme caso – le pidió Bella con ojos tortuosos, lo estaba pasando mal – advirtió Mike.
Mike le siguió hasta la casa que antes había sido su hogar. Estaba tal cual la recordaba, nada había cambiado. Bella le hizo pasar al baño principal, al grande, el que tenía jacuzzi, lo puso a conectar y le ordenó que se metiera. Después de un par de quejas acabó aceptando y se relajó en el agua mientras Bella le buscaba algo limpio que ponerse.
Bella sacó del armario de Edward un par de vaqueros limpios, una camiseta de manga larga y una buena sudadera abrigada. Abrió la zapatera y cogió unas converse y se las llevó al baño, pasó por delante de Mike sin que este se diera cuenta, tenía los ojos cerrado y parecía disfrutar del baño. Bella se preguntó cuánto hacia que Mike no comía y se bañaba en condiciones.
Bajó a la cocina. Anthony ya estaba totalmente despierto y espabilado, así que le dio de merendar mientras una lasaña de carne se calentaba en el microondas, recordaba que era uno de los platos favoritos de Mike.
Acomodó a Anthony en el tacataca movible de bebés y le dejó que suelto por la cocina mientras ella le preparaba la mesa para que Mike comiera a gusto y sacaba unas bebidas para ambos y las dejaba en la mesa.
Había dejado que Mike terminara de comer para obligarle a hablar. Había comido como un bendito, no había dejado nada en el plato y sintió más pena que nunca por su amigo.
Se quedaron en silencio mientras veían a Anthony correr de un lado a otro de la cocina montado en el tacataca.
-Cuando quieras - murmuró Bella animándole a hablar.
-Bella, solo quiero decirte que, pienses lo que pienses acerca de todo esto por favor, no te enfades – comentó Mike antes de hablar.
Bella asintió no muy convencida.
-Todo empezó el día en que te fuiste, Edward se puso furioso, y no me extraña, cuando llegó de trabajar y se enteró de que le habías abandonado, puso la casa patas arriba, lo revolucionó todo, nos gritó exigiendo una respuesta sobre tu paradero, solo Athenodora y yo lo sabíamos, pero no dijimos nada. A Athenodora la creyó, a mi por supuesto no. Uhmm… nos agarramos a golpes como dos animales – temblé ante la imagen de ellos dos, dos mejores amigos de toda la vida peleando, y encima por mi culpa – me pidió que me fuera de su casa y así lo hice, pero ahí no acabó todo – le miré incómoda, había sentido una patadita en mi vientre – a partir de ahí todo fue a peor, me enteré que contrató a un detective para que te encontrase, pero aún así no te encontraba , por cierto, te escondiste bien – rió - estaba loco Bella, desquiciado, no era Edward en serio – suspiró y prosiguió – el día en que me fui, me llevé una foto tuya conmigo – dijo incómodo – y Edward lo notó.
Silencio.
-Mike…
-Bella yo… esto… no me gustaría seguir… uhh…
-Por favor – le supliqué.
-Yo te amaba Bella, aún sigo haciéndolo, pero ya me he hecho a la idea de que no tengo posibilidades contigo aunque me hubiese gustado que las cosas hubiesen sido diferentes – dijo mirando mi vientre, me quedé helada – Edward vino a buscarme días después, pensó que esto era una estrategia nuestra, que le habíamos engañado que ella se había ido y que luego iría yo a reunirme contigo, llevándonos a su hijo, así que, yo lo negué todo como es normal, pues nuestra relación no pasa de la simple empatía. No me creyó y dio órdenes explicitas de que no se me diera trabajo más nunca en ninguna empresa, es un hombre poderoso Bella, lo sabes, así que por eso vivo en donde vivo y con las condiciones en las que viste, por eso le mandé esa nota, yo no quiero que nadie me regale nada, solo quiero un trabajo decente para poder ganarme algo de dinero y poder vivir.
-Mike yo… yo lo siento no sabía que… - no podía decir nada, tenía un nudo enorme en el estómago que no me dejaba articular palabra, encima las lágrimas también me impedían hablar con coherencia – no sabía que todo esto fuera por mi culpa yo… tú… no debiste hacerlo.
-Bella es…
-¿Qué estás haciendo en mi casa?- oh mierda…
Ambos se dieron la vuelta y se encontraron con el duro rostro de Edward que tenía cogido a Anthony en brazos y ahora les miraba duramente.
-Edward… - advirtió Bella levantándose de golpe.
No la miró, si no que se dirigió directamente a Mike.
-Fuera de mi casa – murmuró – ahora – gritó asustando a Anthony y haciendo que este se echara a llorar.
Bella se acercó a ellos y le reprendió con una dura mirada, cogió a su hijo de os brazos de su padre y dándole un beso en la mejilla empezó a mecerlo.
-No, te vayas aún Mike, todavía no hemos terminado de hablar – replicó Bella.
-Bella… - dijo Edward aguantándose el puente de la nariz, gesto que siempre hacia cuando se le estaba acabando la paciencia.
-Voy a llevar a Anthony arriba y le voy a dejar en su cuna jugando, cuando vuelva quiero que sigas aquí Mike – le sonrió para darle apoyo y se giró hacia Edward – Edward… - suspiró – vamos a aclarar las cosas como personas mayores que somos.
Y así, subió las escaleras con su hijo en brazos dejando a aquellos dos salvajes a su suerte. Rezó interiormente para que cuando bajara no se encontrara con que ambos habían hecho una gilipollez, aunque confió en ellos por unos momentos, ya no eran unos niños, o al menos ella quería creer eso.
Dejó a Anthony en su cuna y conectó el Dvd portátil que Esme le había regalado para su primer cumpleaños. Lo colocó en los enganches que la cuna tenía específicos para ello y le puso El libro de la selva, y dejó a Anthony en su habitación cantando con Mogli.
Bajó las escaleras y antes de entrar en la cocina dio unas cuantas respiraciones y tocó su vientre, no le hacía nada bien alterarse de este modo ni coger nervios en su estado, pero tenía que hacerlo por el bien de todos.
Entró en la cocina sin saber muy bien con que podría encontrarse. Edward y Mike estaban sentados en la barra de la cocina uno en frente del otro, no se miraban, pero parecían estar muy pendiente de lo que el otro podía hacer.
-Bien, ya estoy aquí – dijo y se sentó al lado de Mike. Eso pareció molestar a Edward, su mirada lo decía todo, estaba celoso, muy celoso, pero se lo merecía – pensó Bella.
Ninguno de los tres dijo nada, hasta que Edward rompió el silencio sorprendiendo a Mike y a Bella.
-Lo siento Mike, retiraré lo dicho y podrás volver a tener un trabajo decente, pero no en mi casa, lo siento, pero conseguiré que te hagas con un buen trabajo, ahora si me disculpas, tengo que ir a darme una ducha y subir a descansar, buenas noches – y con esto dicho y un Mike y una Bella perpleja subió sin decir más nada.
- Dios – dije girándome para mirar a Mike - ¿Has escuchado eso?
Mike parecía estar en estado de shook, Bella le movió un poco por el hombro y sonrió – Él no es malo Bella, yo lo sabía –la miró.
-No, no lo es.
Estuvieron un tiempo más en la cocina. Bella había hecho té de menta caliente, y la noche era fría.
-Bueno, debo irme – dijo Mike dejando su taza de té en la mesa.
-¿A dónde?
-A mi casa Bella – rió Mike.
-¿A… a donde te encontré?
Mike suspiró.
-Sí.
-¡Pero no puedes volver ahí, te enfermarás! – le gritó Bella alterada dejando su taza de té en la mesa.
-Bella, llevo un buen tiempo viviendo ahí y no me ha pasado nada…
-Mike – dijo Bella con voz seria – de ninguna manera volverás a esa chabola, ahora mismo pienso darte dinero, para que duermas esta noche en un hotel, o en un hostal como quieras, me da lo mismo y para que mañana salgas a alquilarte un apartamento decente en lo que Edward te consigue ese trabajo, y luego puedes hacer lo que quieras, pero de momento harás lo que te he dicho y no, no acepto un no por respuesta Mike, así que, espérame aquí, coge el teléfono y llama a un taxi en lo que yo voy por dinero – dijo todo esto casi sin respirar y muy seria, cuando quería, podía ser extremadamente peleona.
Caminó hacia su bolso como pudo y sacó de su cartera el dinero suficiente para que Mike pasara la noche en el hotel y sin preocuparse de que no le llegara el dinero.
-Mañana mandaré el dinero al hotel para que te lo den, ¿Vale?
Mike iba a replicar, pero una bocina le paró, su taxi ya había llegado.
-Anda, no le hagas esperar que si no te compran más – murmuró Bella riendo.
Mike se acercó a ella y depositó un beso lleno de cariño en su mejilla.
-Muchísimas gracias por todo Bella, no sé cómo te voy a pagar todo esto que has hecho por mi…
-Shh… calla y corre, que ya es tarde – le dio un abrazo antes de partir y se fue.
Bien, un problema solucionado – pensó Bella – ahora, me queda el problema mayor, Edward Cullen.
Subió las escaleras despacio, se estaba planeando un discurso, algo así como un 'Edward, es increíble lo que hiciste allí abajo… te amo, ¿Vale?' no, no, no, muy cursi, que tal un… 'joder Edward, te amo con locura' no, muy efusivo, y un… 'Edward, eres mi vida, tu y los niños sois lo mejor…
-¿Vale?
Bella se interrumpió al oír a Edward hablar. ¿Con quien hablaba? Siguió su voz hasta que le llevó al cuarto de su hijo, ¿Qué hacia Edward en el cuarto de Anthony hablando?
-Pero yo quiero a mamá, muchísimo, ella es mi vida igual que tú y el hermanito que mamá lleva en su vientre, pero yo creo que ella se hace la dura.
Bella se quedó seca.
Edward estaba sentado en el suelo con Anthony en brazos. Un Anthony que no le hacía mucho caso porque se estaba despistando con los juguetes que tenía su alrededor.
-Sois mi vida, los tres – susurró y se quedó sentado mirando como Anthony desmontaba y montaba los legos de juguete.
-Para nosotros – dijo Bella armándose de valor y llamando la atención de Edward – también eres nuestra vida.
Edward la miró y sonrió, le hizo un gesto para que fuera hacia donde él se encontraba. Bella así lo hizo y se recostó en las piernas de Edward.
-Gracias por ser así como tú eres – le susurró Edward al oído al mismo tiempo que le acariciaba el pelo.
-Te amo – le susurró ella.
-Yo también mi vida, yo también.
Estuvieron unos minutos así hasta que Anthony les reclamó. Sonriendo lo bañaron y como el día anterior, fue una gran hazaña y una gran fiesta bañarle.
Cuando estuvo bien limpito y oliendo a camomila, Bella lo sostuvo unos momentos meciéndolo, bajo la mirada de Edward, hasta que se quedó completamente dormido.
Lo acostaron en su cuna y corrieron como dos adolescentes recién enamorados al baño.
Se desvistieron el uno al otro, explorándose como tantas veces lo habían hecho, tocándose, besándose, mordiéndose, amándose…
-Te amo Bella, como yo, nadie te ha amado – le susurró mientras la metía con delicadeza en el jacuzzi.
-Eres mi todo Edward, todo.
N/A: ¿Qué me dicen?
