Los personajes no son míos, son de la increíble Stephanie Meyer, yo solo juego con ellos y puede que alguno me lo invente.
N/A: Tienen derecho a matarme, lo sé, pero es que en serio, tengo razones, veréis, he estado a tope de exámenes, y ahora que estoy en el último trimestre no iba a echar todo el curso a la mierda, así que, me he puesto a estudiar en serio y lo he sacado todo, además de que me he ido cuatro días a Madrid al ver el Master de Tenis, joder, he visto a mi ídolo, Rafael Nadal, es más guapo en persona que en la tele hahaha y bueno, aquí os dejo el epílogo que pedisteis.
Epílogo.
-¡Anthony, Kellan, dejad a Jackson en paz! – gritó Bella a pleno pulmón desde el otro lado del gigantesco jardín de la mansión.
Los niños, Kellan, el hijo de Emmett y Rosalie, Jackson, el hijo de Alice y Jasper y Anthony, corrían de un lado para otro detrás de una pelota de fútbol y cuando alguno de los tres se la quitaba al otro, se abalanzaba encima del otro para quitársela, influenciados por los futbolistas americanos, una completa anímala para niños de cinco años – pensaba Bella mientras los mirada con Elisabeth en brazos, de apenas siete meses de nacida.
-Mami, tengo hambre ¿Cuándo llega papi? – preguntó su pequeña hija Renesmee halando de su corto vestido de algodón.
-Cariño, debe de estar al llegar, ¿Puedes aguantar? – Bella quitó una mano que sostenía a Elisabeth para posarla en los cobrizos cabellos de su otra hija.
-Sí, pero es que también me abudo…
-Aburro amor, se dice aburro – le corrigió Edward apareciendo por detrás suya.
-¡Papi! ¡Al fin llegaste, tengo hambre! – gritó la pequeña niña que era una pequeña replica de Edward pero en chica y con los ojos de su madre, tirándose hacia él.
Edward tiró el maletín de trabajo al suelo y cogió a su hija que se había abalanzado contra él.
-¿Qué tal el trabajo, amor? – preguntó Bella acercándose a él y dándole un pequeño beso en los labios, le habría gustado recibirlo de otra manera después de haber estado sin verle desde por la mañana temprano que salió a trabajar, pero les gustaba guardar un poco las distancias cuando los niños estaban delante.
-Muy bien cariño, al fin hemos cerrado el trato de las fábricas Wonka, ya son todas nuestras – contestó Edward - ¿Qué tal tú hoy? ¿Estos trastos te han dejado descansar aunque sea solo un poquito? – preguntó mirando a su hija y sonriéndole para después hacerle cosquillas, haciendo que su hija mediana se revolviera entre sus brazos soltando dulces carcajadas.
-¡Oh, qué pasó tito Eddie! – gritó Kellan dejando la pelota en el suelo y acercándose hacia ellos.
Si – pensaba Edward después de grito de su sobrino – no cabe duda que es hijo de Emmett.
-Hola hombrecito – le contestó Edward en el mismo tono amable que el niño había empleado - ¿Les estas ganando, no?
-Huy si, los tengo fusilados – contestó sonriendo maliciosamente. Edward sabía que no era así, pues era su hijo Anthony el que mejor le daba patadas al balón, Kellan era el de las motos y el de los coches y Jackson en el de los libros.
-¡Serás rata! – gritó Anthony llegando hacia ellos - ¡Si hasta Jackson te va ganando!
-Serás vulgar Anthony, ¿Qué quieres decir con ese 'Si hasta Jackson te gana'? ¿Crees que no estoy lo suficientemente cualificado como para ganaros? Puede más el que quiere que el que puede, que os quede claro – soltó Jackson dejando a Edward y a Bella boquiabiertos, es verdad que el niño tenían un extenso vocabulario, pues amaba como su padre la historia, pero de ahí a emplearla…
-¡Os he encontrado pequeños gamberros! – gritó Emmett llegando hasta donde se encontraban.
-¿Gamberro? – preguntó Anthony alzando una ceja.
-Sí – dijo Emmett acercándose más a su sobrino con pasos chulescos.
-Vuelve a repetirlo si te atreves – contestó Anthony trincándose la boca para no reírse, todos sabían a donde iba a parar esa conversación, era el típico juego de tío a sobrino.
-¿Ah, sí?
-Huy, creo que abuela me llama chicos – murmuró Anthony y echó a correr por el césped con Emmett detrás.
-Nunca maduraran – suspiró Jackson.
Todos se miraron como diciendo, ¿Y ahora?
-Bueno chicos, a comer, ¿No? Tendréis un hambre voraz – murmuró Bella pasándole a Elisabeth a Edward.
Caminaron hacia la gran mesa de madera en la que se encontraba todos en medio del precioso jardín adornado por margaritas, rosas y flores de diferentes especies.
Esme estiró los brazos hacia Edward para que le pasase a la pequeña Elisabeth y Renesmee se acomodó entre sus abuelos. Edward se sentó en una cómoda silla y Bella se sentó en sus piernas.
Edward sonrió al sentir el peso de Bella contra el suyo.
-Vale, sé que estoy gorda – replicó Bella cruzándose de brazos.
-Yo no he dicho eso amor – se defendió Edward.
-Para la próxima das tu a luz a tus hijas, ¿Eh?
-Pero amor, que no te he dicho eso, todo eso lo dices tú, a mi me pareces la mujer más guapa, preciosa y perfecta del mundo y créeme que me encanta verte gordita, porque dentro de ti llevas una parte de nosotros – sonrió con dulzura y devoró sus labios.
-Tranquilo chicos, ya vamos a comer – murmuró Alice haciendo que todos estañaran en carcajadas menos Bella que se puso colorada como siempre.
Comieron entre risas, carcajadas, bromas, dulces palabras de amor, de cariño, entre chiste malos que los niños les contaban, entre trozos de comida que paraban directamente en la boca del otro…
Al terminar de comer, Bella le dirigió una mirada cómplice y una gran sonrisa a su marido, este se la devolvió y caminó hasta ella.
-Bueno chicos, tenemos que decirles algo – dijo Edward levantándose de la mesa para hacerse notar y cogiendo a Bella de la mano.
-Adelante – murmuró Jasper dándoles a poyo.
-Veréis, Bella y yo nos amamos…
-Puedes ahorrarte todo eso hermanito – murmuró Alice con impaciencia.
-Vamos a tener trillizos – soltó Bella de sopetón.
-¡ ¿Qué?
.
-Mamá, ¿Me dejas ir a la fiesta de Leonor? –preguntó Renesmee mientras esta y su madre fregaban los platos en la cocina después de la típica cena de todas las noches junto a sus hermanos y su padre.
-¿Con quién vas?
-Con los de siempre.
-¿Quiénes son los de siempre?
-¡Mamá, van todos!
.
-¡Anthony, ven! – gritó Edward desde la planta baja de la mansión.
-¡Ya voy! – contestó el aludido.
-¡Ya!
-¡Qué ya voy!
-¡Ya voy no, ahora!
.
-¿Estás de mal humor? – le pregunta una tarde Anthony a su hermana Renesmee mientras ambos ven la tele en el salón. Renesmee no ha abierto la boca en toda la tarde, y eso es raro ya que habla hasta por los codos, y su cruzada de brazos también denota que algo raro pasa.
Renesmee no contesta.
-¿Es la regla?
Renesmee le mira fijamente y se descruza de brazos.
-¿Y tu cara de gilipollas? ¡¿Es de nacimiento? - grita, se levanta del sillón y dando fuertes pasos contra el duro suelo se aleja dejando a su hermano mayor con los ojos desorbitados.
.
-Ehy, callaros, que estoy hablando con mi madre – susurra Renesmee sentada en una de las frías calles de Londrés rodeada de botellas de alcohol y adolescentes con hormonas revolucionadas.
-¡EH, PASA EL PORRO! – se escucha de fondo.
-¡RENESMEE, VENTE PARA CASA YA!
.
-Cama, no hagas esto más difícil, entiende que me tengo que ir – murmura Elisabeth antes de salir dispara por la puerta camino al instituto.
.
-Si… - dice Anthony por decimocuarta vez a través de la línea telefónica.
-Si…
-Vale…
-Venga…
-Lo sé…
-Ok.
-Vale…
-Sí.
-Que sí.
-Ala, adiós papá – y cuelga la llamada dejando a Edward a través de la línea echando chispas.
.
-¿Qué miras? – le pregunta Anthony una noche a su hermana pequeña Renesmee mientras se viste para ir a una gran fiesta.
-Nada, estaba coleccionando caras de gilipollas y me faltaba la tuya, gracias – y guiñándole un ojo desaparece de la habitación dejando a su hermano mayor más que mosqueado.
.
-¿Me pones una coca-cola? – pregunta Renesmee en el mostrador de Burguer King.
-¿Te vale una pepsi?
-¿Te valen a ti los billetes del monopoly?
.
Anthony está reunido en su piso de estudiante que comparte con unos cuantos amigos de universidad de diferentes lugares del mundo, están delante de la tele viendo una peli porno, cuando el italiano salta.
-¡Mamma mia!
-¡Oh lalá! – le sigue el francés.
-OOH MY GOD! – sigue el inglés.
-¡Hostia puta! – grita Anthony.
.
-Jeje – murmura Jakson.
-Jeje ¡tú madre, conmigo te ríes bien! – murmura Anthony y todos estallan en carcajadas.
-¡Un mosquito! – grita Renesmee mientras salta de la litera en la gran caravana que los Cullen han alquilado para sus vacaciones.
-¡Mátalo joder!
-No, lleva mi sangre, ¡Es mi hijo!
N/A: ¿y? Fin :)
