Capítulo 3:- El Apoyo Paterno
Entre noches y noches de desconsuelo por ser fríamente ignorada por su novio, se encerraba en su habitación y escuchaba la música del canario. Por donde uno viera en su habitación, estaba repleta de carteles, afiches, cualquier objeto publicitario que tuviera el rostro de su amado. Esa era, aparentemente, la única forma en la que podía estar cerca de Chip, aunque fueran sólo fotografías y muñecos. Pero aunque ella se sentía levemente más cerca de su novio al estar ahí, a la vez le daba una furia indescriptible, claro, podía oír su voz y ver su rostro, pero oía la voz de su fama y su rostro en fortuna. Al pensar en esto, rasgaba todos sus afiches, destrozaba sus muñecos, rompía todo lo que tuviera rastro de Chip.
Mientras tanto, al exterior de su puerta estaban sus padres, como todas las noches, oyendo y forcejeando la puerta para así poder entrar.
-¡Ember, abre en este instante la puerta! –Le grita su madre.
-Será mejor que entremos –Dijo su padre metiendo un alfiler de gancho a la cerradura y una tarjeta por la abertura de la puerta.
-¡Lárguense de aquí! ¡Déjenme sola! –Dijo Ember desde adentro.
-¡Ya basta! ¡Deja de torturarte! –Le reprochaba su madre desde la puerta. Al fin, su padre logró abrir la puerta, y ambos entraron de golpe a su habitación. El lugar estaba destrozado, oscuro, lleno de cosas con las cuales podría matarse a sí misma. Su madre fue corriendo hacia donde la chica de cabello castaño, la tomó del brazo y le dio una bofetada— ¡¿Qué diablos intentas hacer? ¡¿Matarte? –Pero la chica no contestó, se quedó ahí parada y con los ojos llenos de lágrimas— ¡Maldita sea! ¡Respóndeme! Si te vas a torturar de esta forma sólo por no poder estar con ese chico será mejor que te olvides de él.
Al oír esto Ember se enfureció, perdió el control sobre su dolor y respondió de una forma en la cual nunca en su vida se le había escuchado hablar.
-¡Demonios! ¡¿Acaso creen que es muy fácil? ¡Ustedes ni si quiera se preocupan por mí! ¡Toda mi vida me han dejado sola por sus estúpidos trabajos! ¡Y ahora que yo soy la que quiere salir para estar con quien yo quiero, ustedes me dicen que lo olvide! ¡Sólo se preocupan por mí por el simple hecho de que ahora, con mi música, ustedes pueden relajarse un tiempo de su trabajo! Es más, de no ser por el hecho de mi débil fama... ¡Ustedes se valen de mi fama y por eso quieren que me olvide de Chip! Sólo para que continúe produciendo dinero... ¡Y ustedes disfruten con lo que gano! –Al oír esto, sus padres se quedaron sin habla, pero qué podían decir, no es que Ember estuviera dramatizando la situación, pero tampoco podían negarlo— Si en verdad fueran unos buenos padres ¡No entrarían a mi habitación de golpe ni tampoco me exigirían que me olvidara de quien amo!... Los odio... ¡Los odio con todo mi ser! –Tomó un trozo de vidrio que estaba tirado en el piso, lo tomó con fuerza entre sus manos, tanta fuerza que ya le sangraban, y empezó a amenazar a sus propios padres para que salieran de ahí— Lárguense de aquí... ¡No los quiero volver a ver en mi vida! ¡Váyanse! ¡No volveré a salir de mi habitación! ¡No quiero volver a verlos! ¡Los odio! –Sacó a sus padres a empujones de su habitación y cerró la puerta de un azote, tan fuerte que un par de cuadros y un espejo que estaban en el pasillo se cayeron y rompieron. Y la chica se quedó de espaldas a la puerta, con sus mechones de cabello cubriéndole el rostro. Lentamente se fue deslizando por la puerta hasta quedar abrazando sus piernas y llorando, sin mostrar su melancólico rostro.
