Fuera de la linea temporal. Es decir, no Carl, no Terri, no Holly, ni nada de eso, ok?
Disclaimer: Bla, bla, bla, de la Fox, bla! (Pero la idea si que es mia, jeje)
MY ILLNESS
Capítulo 1
Emma pasó por la puerta de la sala de ensayo y saludó con la mano antes de seguir su camino. Inmediatamente la sala de llenó de cuchicheos entre los muchachos. Hacía tiempo que no veían a la Srta. Pillsbury, aunque se había reincorporado una semana atrás. Durante varios meses, el McKinley se había quedado sin orientadora. Según les habían conseguido sacar a un preocupado Sr. Shuester, había estado más tiempo en el hospital que en casa pero por fin le habían dado de alta. Aunque, quizá hubiese sido mejor que se hubiese quedado algún tiempo más...
-Sr. Shue, ¿seguimos? –carraspeó Rachel un rato después cuando todos los comentarios hubieron acabado. Habían llegado al acuerdo de que claramente se la veía un poco cambiada, pero si seguía viniendo a trabajar es que se habría puesto mucho mejor- ¿Sr. Shuester? ¿Está bien? –el profesor aún seguía mirando ausente la puerta.
-Eh... Sí, ¿por dónde íbamos? –preguntó tratando de disimular la sonrisa que se había dibujado en su rostro por lo que fuese que estuviese pensado.
-Estaba diciendo que había preparado una canción para hoy, y creo que es estupenda para las Regionales -canturreó levantándose y colocándose frente al piano. Sin esperar permiso para continuar, comenzó excitada a exponer en lo que llevaba trabajando toda la semana. Cuando terminó, en lugar de sonreír triunfante, frunció el ceño y puso los brazos en jarras delante de la mirada de su profesor- Sr. Shue, no ha escuchado una palabra de lo que le he dicho –le recriminó bastante molesta. Ese hombre no hacía más que frustrar su carrera para ser una estrella.
Will la miró como si fuese la primera vez que lo hacía. Estaba claro que no se había enterado de nada y parecía que aún tardaba en reaccionar.
-Lo siento, Rachel. Estaba despistado –se disculpó volviendo a la realidad.
-La Srta. Pillsbury le ha dejado en otro mundo –bromeó Artie.
Will no se podía aguantar más. Se lo tenía que contar a alguien y no tenía demasiada gente con la que compartirlo.
-Chicos, ¿me guardáis un secreto? No puede salir de estas cuatro paredes–apoyó los codos en las rodillas para tener una posición más confidencial una vez que todos asintieron con interés- Voy a pedirle a Emma que se case conmigo.
Varios alumnos que pasaban por la puerta se volvieron asustados al escuchar los gritos de alegría y aplausos que irrumpieron en la sala de Glee Club.
La canción para las Regionales se quedó en un segundo plano el resto del día.
Estaba nervioso. Casi se comía las uñas. Había invitado a Emma al teatro, y luego tenía pensado llevarla a dar un paseo bajo la luz de la luna, y...
Había practicado muchas veces lo que le iba a decir, pero ninguna le terminaba de convencer. No quería parecer cursi, pero tampoco rudo y poco romántico. Dios, que difícil era aquello.
Lo peor, lo que le hacía tener ganas de dar media vuelta, volver a casas y encerrarse hasta que se le pasara la vergüenza, era el miedo que tenía a que le rechazase. Si le decía que no... Entonces si que volvería a su sofá para llorar los siguientes dos meses sin parar. ¿Qué posibilidades tenía que le dijese que no? Las mismas que le dijese que sí, así que no había nada que temer. Mentira. Se le estaban ocurriendo un sinfín de razones para que siguieran siendo sólo novios. Pero no se iba a dejar vencer por ellas. Podían superar las dificultades que se les presentase en el camino, porque se querían. ¿Acaso no era más que suficiente? En aquello se suponía que consistía el matrimonio, en amarse.
Tras el tercer intento, Will tocó el timbre y aguardó. Se aclaró la garganta, comprobó que el anillo estuviese a buen recaudo en su bolsito, se apretó un poco más la corbata y se pasó rápidamente la mano por el pelo.
Oyó sus tacones pararse tras la puerta y abrirle.
Le sonrió lo más natural que pudo, porque quiso decirle "Hola" y se le secó la garganta.
-Un momento, cojo el bolso –le pidió dándole un rápido beso en la mejilla. La perdió de vista un segundo y luego reapareció de nuevo, preparada y lista.
-Estás preciosa.
Ella se sonrojó y bajó la mirada, como hacía siempre que la halagaba.
-No... –susurró.
-Lo estás –prometió tomando su barbilla y obligando a sus ojos a encontrarse con los suyos. Durante los últimos tiempos, su autoestima había bajado casi en picado. Se había sentido muy mal consigo misma mientras estuvo en el hospital, una muñeca de trapo pinchada y analizada. Pero estaba mejorando un poco ahora que lo había aceptado. Estaba enferma. Estaba muy enferma y se moría. Nadie podía hacer nada para curarla.
Volvió el rostro y tosió. Will le acarició la espalda mientras se le pasaba.
-Perdón –murmuró con la voz un poco más ronca de forzar la garganta.
Le pasó el brazo por los hombros y la animó a caminar.
-¿Sabes? Tenemos unos asientos bastante buenos. Los cogí de chiripa. El resto que quedaban eran horribles –cambió de tema. Mientras menos pensara, mejor.
Funcionó, porque ella sonrió.
Era la primera vez que salían desde que habían descubierto que estaba enferma. Habían preferido pasar sus veladas tranquilamente en casa de uno u otro, viendo una película, charlando o incluso jugando al Scattergories. Le había costado un poco convencer a Emma, pero al final lo había conseguido. No le parecía romántico pedirle la mano mientras trataban de encontrar todas las palabras posibles que comenzaran con F.
Disfrutaron de la obra. Fue maravillosa. Los actores eran excelentes y la puesta en escena fantástica. A pesar de que había durado más de tres horas, se les había hecho corta.
Durante todo el tiempo, había sostenido la mano de Emma entre la suya. Era su manera de comprobar que estaba bien aunque sabía que no iba a desmayarse en cualquier momento ni nada por el estilo. Todavía tenía que acostumbrarse. Aún tenía que hacer un gran esfuerzo por no mirarla intranquilo cada vez que tosía o incluso suspiraba. No quería agobiarla con su preocupación cuando ella parecía tan calmada.
-¿Te ha gustado? –preguntó mientras toda la multitud se dispersaba a la salida.
-Ha sido espectacular –gesticuló con las manos para enfatizar más.
-Sabía que te encantaría –sonrió besándola en la frente.
-Entonces, ¿para qué preguntas? –rió.
-Para asegurarme –se encogió de hombros, y la empujó suavemente por la espalda baja hacia el parque cercano- Demos un paseo. No tengo ganas de volver a casa.
Así que caminaron mientras la luz de la luna y de las farolas que dibujaron sus sombras y jagaron con ellas. Se cruzaron con un par de parejas más que parecían haber decidido tomar la misma decisión que ellos. Pero a Will la gente le molestaba. Quería que estuviesen solos y por eso se perdieron en el laberinto de arbustos.
-Estamos un poco lejos... –dijo Emma volviendo la vista al camino que ya había cruzado. Le daba miedo un sitio tan solitario cuando el sol ya se había escondido.
-Ahora volvemos. Primero hay una cosa que quiero hacer.
Se estaba empezando a poner muy nervioso de nuevo. Iba a hacer el ridículo, estaba convencido. ¿Y si volvían y lo dejaba para otro día? No, podía no haber un mañana. Debía de hacerlo ahora.
Tomó aire y la miró a los ojos mientras tomaba sus manos.
-Emma, hay una razón por la que he quería que saliéramos hoy. He estado pensando y... –tragó saliva con trabajo- Hay algo que quiero decirte. Igual no quieres volver a verme nunca más, pero... –vamos, William, serénate.
Su nerviosismo y tartamudeo la puso en lo peor. Ya está, la iba a dejar. Tuvo que hacer un enorme esfuerzo por no romper a llorar en aquel preciso momento.
-Sé que ya te lo he dicho antes, pero déjame decírtelo de nuevo –carraspeó y apretó sus manos más fuertemente- Eres maravillosa, la persona más increíble que he conocido nunca. Eres hermosa, y cada día me pregunto cómo puede caber en tu pequeño pecho un corazón tan grande. Te quiero, Emma. Estoy completamente enamorado de ti. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida... Pero todas esas cosas ya las sabes. Lo que realmente quería decirte es que... –buscó la cajita en el bolsillo y se arrodilló mientras la abría-... me harías un gran honor siendo mi esposa.
Se quedó sin habla y por un instante, Will pensó que iba a caerse al suelo de un momento a otro. Gracias a Dios no lo hizo, pero lo que si vio fueron lágrimas deslizarse por su mejillas.
Hizo una mueca de disgusto y bajó la mirada al suelo. La había hecho buena.
Entonces, la sintió arrodillarse junto a él y llamarle por su nombre para encontrar sus ojos. A regañadientes y muerto de vergüenza, la miró.
-¿Estás hablando un serio? –su voz sonaba un poco ronca por el nudo que apretaba su garganta. Él asintió con la cabeza sin decir ni una palabra- Will, ¿quieres decir que... todavía... quieres que nos casemos...? –no le salían las palabras, no sabía explicar mejor el torbellino de pensamientos que era ahora su mente. Su petición había sido completamente distinto a lo que ella había pensado.
-Por supuesto. Si tú quieres, claro...
Entonces, Emma rompió a llorar como una niña pequeña contra su pecho.
-L-lo siento, Em. Oh, Dios mío, no tendría que haberte dicho nada, yo... –empezó a farfullar a modo de disculpa tratando de abrazarla tranquilizadoramente- Qué imbécil. ¿Cómo pensar que...? Lo siento. No llores, por favor. Mira, olvida esto, ¿vale? Te llevo a casa y... y lo olvidas todo.
Ella trataba de controlarse. Quería decirle algo, pero no podía. Ya no quería oír ni una tontería más de las que estaba diciendo, así le calló de la única forma que se le ocurrió. Le agarró por la corbata y le empujó hacia ella, besándole. Con eso se acabó el torbellino de palabras y sollozos.
-Will –susurró cuando se separaron- Will... me voy a morir. Me estoy muriendo... Tendré suerte si vivo otros cinco años más. ¿Estás seguro de lo que me has pedido? Yo no quiero convertirme en una carga para ti.
Sonrió y le apartó un mechón de pelo que se había quedado atrapado por la humedad de su rostro.
-Tú no eres, ni serás una carga nunca para mí, Emma. Te quiero independientemente de si estás sana o enferma. Cinco años es mucho tiempo para hacer lo que queramos, para ser felices juntos. Quiero estar contigo hasta el final.
-Quiero que estés conmigo en el final. Quiero pasar el resto de mi vida a tu lado –susurró acariciando su mejilla- Quiero ser tu esposa, Will Shuester.
