Capitulo dos
El corazón de Harry latía de una forma que para nada podría ser considerada normal o saludable.
No podía moverse y comenzaba a dudar que pudiera respirar, pese a que su pecho estaba terriblemente agitado, moviéndose de manera acelerada a medida que luchaba contra el hechizo que lo mantenía paralizado. De hecho su corazón parecía intentar escapar de entre su pecho, empujando continuamente contra las costillas, doblándolas como si estuvieran hechas de una pasta suave que pareciera ir a romperse de un momento a otro.
- En realidad comprendo, Draco... Es una elección muy dura de tomar.
Albus y Harry acababan de llegar de un peligroso viaje. Albus estaba cansado. Pese a ello había protegido a Harry. Y ahora Draco estaba ahí. Luego de meses de haber escapado de casa, estaba ahí.
El rubio miraba al director con el ceño fruncido. Parecía meditar lo que debería hacer, pero no parecía inseguro, como el viejo director decía. Tenía la varita fuertemente apretada entre sus dedos; colocada a un costado de su cuerpo, abajo.
Se veía como si estuviera esperando algo o a alguien... Harry sólo había visto esa misma impaciencia cuando el rubio tenía completa certeza de lo que deseaba que ocurriera y no viera el momento en que se hiciera realidad.
De pronto levantó la varita y apretó la mandíbula. Había enfado en su mirada.
- No piense que lograra manipularme, viejo - susurró de manera peligrosa -. Sé exactamente la elección que debo tomar.
Harry no pudo ver la expresión de Albus, pero supo que ésta provocó mayor enfado en Draco, quien se mordió el labio inferior, antes de bajar la varita de nuevo.
- ¿Tanta confianza tienes en él, que arriesgarás tu vida por ayudarle, hijo?
- Sé exactamente el futuro que quiero - aseguró Draco y volvió a levantar la varita con mayor seguridad.
Harry deseó gritar. No soportaría ver que Draco dañara al anciano. A nadie. Sin embargo no fue Draco quien finiquitó la acción. El brazo de Snape desvió la magia del rubio, sólo para sustituirlo. Después de eso, ambos huyeron.
El hechizo que mantenía a Harry fue eliminado y pudo correr detrás de ambos. No sabía lo que haría una vez que les diera alcance, ni siquiera estaba seguro si quería alcanzar a ambos; sólo era consciente del dolor que le motivaba a mover sus pies de esa manera; corriendo por pasillos y jardines, buscando el sitio por donde ambos pretendían escapar; hasta llegar a ese artefacto mágico que se cerró bruscamente, como si se burlara del dolor del moreno.
No alcanzó a Draco.
Sintió que corría justo detrás de él, usando toda la fuerza de sus piernas, pero no lo alcanzó. Cuando el rubio lo miro de reojo, le dedicó una petulante expresión y lo próximo que Harry vio fue la violencia con la que la puerta de Grimmauld Place estallaba en mil pedazos, dirigiéndole un doloroso hechizo al pecho que lo arrojó contra la pared.
El retrato de la señora Black chilló indignado, un encapuchado, seguido de varios más, se adentró en la estancia y atacó a Remus con una efectividad ridícula.
Después... todo fue oscuridad. Harry sólo podía recordar el eco de las risas tan familiares de su hermano.
Cuando despertó supo que Kreacher lo había desaparecido y puesto a salvo.
¿Orden de Sirius, tal vez?
No podía adivinarlo.
Cuando salió de la escondite todo estaba destrozado y revuelto. Sirius y Remus no se encontraban por ningún lado.
... no estaban...
Draco Malfoy atacando a su propia Familia. Draco Malfoy dejando una nota e invitándolo a recuperar a los adultos. Draco Malfoy... retándolo.
El rubio había tomado el rumbo que debía seguir su camino. Fue cuando Harry comprendió que debía hacer lo mismo.
Sin embargo no podía dejar de pensar en él. Fue así como inició todo y comenzó a perseguirlo.
El problema era que Draco Malfoy jamás estaba solo y Harry no debía enfrentar a una muchedumbre de asesinos que deseaban su cabeza. Al menos eso había dicho Hermione.
La muchacha había logrado detener su loca persecución, pero no había eliminado la idea. Harry seguía con la idea en la cabeza.
Claro que mantenerse libre, a salvo y persiguiendo a un rubio bajo protección del sistema imperante del momento, no era nada sencillo.
No estaba siendo nada fácil, tal como Draco había prometido.
Harry se movió suavemente en la cama de la litera y suspiró de manera inaudible volviendo a posar la mirada sobre la lona y escuchando los ruidos de la llovizna que caía constantemente.
De nuevo tenía tiempo para pensar en lo ocurrido, pero volvía a concluir que no le encontraba sentido alguno.
Entonces alcanzó a escuchar el llanto de Hermione. Por más que su amiga se esforzaba por no hacer que se enterara de que seguía llorando, no estaba haciendo avances envidiables. Sencillamente no podía parar de llorar.
El moreno maldijo a Ron por provocar justo eso. Por más que repasaba la escena una y otra vez, no podía terminar de comprenderla. Aunque, siendo honesto, no sabía si Hermione seguía llorando por eso o por lo ocurrido recientemente.
¿Así finalizaría todo, sus amigos terminarían por dejarlo?
Bueno, quizá sería lo mejor. Después de todo Harry había pensado hacer eso sin ayuda de nadie. Luego de las acusaciones hechas por Ron, la idea comenzaba a parecer aún más atractiva, especialmente cuando los días se habían acumulado ridículamente y ambos chicos seguían en el mismo punto que hace días, sin nada.
Quizá Ron tenía un poco de razón y Harry debía admitir que no estaba preparado para tomar la misión de Dumbledore en sus manos. A lo mejor el director se había equivocado en sus apreciaciones y no bastó con todos los recuerdos que le mostró del enemigo. Harry no sentía que conocía más a Voldemort, así que se creía incapaz de adivinar dónde había escondido tan preciados objetos. Además sus ideas habían sido rebatidas ya. Todas con argumentos que se escuchaban muy aceptables.
Aunque Harry comenzaba a pensar que lo aceptable era precisamente lo que le daba tantos problemas y el silencio al que Hermione le sometió, transcurridos todos esos días, le daban tiempo para pensar en ese escurridizo rubio; especialmente el momento en que volvió a encontrarlo y la extraña información respecto al guardapelo fue evocada.
Draco lo había sabido. Después de varios días pensando al respecto, no le parecía tan descabellado pensar que tenía información al respecto. Lo que le daba un enfoque valioso, al menos para Harry.
Harry se puso de pie y salió de la casa de campaña. La lluvia había aminorado un poco, pero seguía haciendo frío. Con un suspiro extrajo el guardapelo de entre sus ropas y miró el exquisito diseño de la joya. Hermione había insistido en que no debería tenerlo. El último incidente sucedido con el guardapelo fue lo bastante escabroso como para que decidiera guardarlo, alejado de ambos. Pero el moreno no podía perder de vista el objeto; especialmente cuando uno de los Horrocruxes había estado tan cerca de él y no pudo destruirlo. Sencillamente no pudo luchar contra Nagini.
- Harry...
El chico no quiso responder a Hermione. Se sentía agotado y enfadado. De hecho estaba así desde que regresaron de Godric´s Hollow. Luego de la desastrosa huida Harry podía admitir simplemente que estaba enfadado consigo mismo. Había ignorado todas las advertencias, desde el interior descuidado de la casa de Bathilda, hasta el aroma a carne putrefacta que alcanzó a percibir. El mismo Horrocrux comenzó a dar señales. Hermione no había confiado, ella creía que algo andaba mal, pero Harry no quiso escuchar.
A decir verdad la situación se estaba tornando de lo más absurda. Harry no estaba en posición de ser capturado, ya que sabía que no tendría el trato más agradable precisamente; sin embargo se arriesgaba y todo, llevando a Hermione consigo y arriesgando a ambos hasta un sitio donde, al final de cuentas no obtuvo nada.
Sí, había tenido cierto consuelo al estar en el lugar donde vivieron sus padres. Incluso hubo un instante en que le pareció saber exactamente cómo habría sido su vida, si su familia no hubiese sufrido ese desastroso destino. Pero también comenzó a experimentar amargura. No supo si fue provocada por el Horrocrux, que latía más intensamente contra su pecho, como si deseara hacerse notar o sencillamente eran los sentimientos pertenecientes al moreno, a quienes apenas se dignaba a poner atención. Harry no podía olvidarse del horrible artefacto. Sentía que lo tenía muy presente y el hecho de estar ahí, frente a la tumba de sus padres, le hacía desear haber estado debajo, con ellos.
Después tuvo que ocurrir justo eso que lo había tenido despierto desde que Hermione y él pudieron escapar con tantos sacrificios.
Pudo morir, Harry lo sabía. Las atenciones de Hermione pudieron ser las que evitaran eso, pero el chico no estaba tan seguro; sencillamente no sabía qué pensar. En su delirio había visto muchas cosas. Las escenas mostradas le hacían estar más seguro de que debía destruir a ese monstruo, pero nuevamente se sentía frustrado, sabiendo que no había conseguido nada de lo que le ayudaría a lograr ese cometido.
De nuevo no tenía nada y volvía a pensar en Draco y la seguridad con la que había tomado el guardapelo que colgaba ante sus ojos. Volvía a recordar su pregunta y la sonrisa burlona con la que le miraba, instantes antes de lograrle hacer perder el control para escaparse. Y Harry no podía hacer nada para atraparlo. Había estado tan cerca y lo había dejado irse, otra vez.
Y ahora...
-... Debo encontrar a Draco Malfoy... - susurró y volteó a mirar a Hermione. Ella ya había dado su opinión al respecto. Harry estaba harto de escucharla, pero esta vez no quería hacerlo -, él sabe algo - rebeló.
- ¿Algo? - musitó Hermione - . Harry, no podemos seguir especulando...
- Malfoy sabe algo - insistió y apretó el guardapelo -; me lo dijo. Sabía que podría... poseerme - volvió a mirar a su amiga, notándola escéptica - . Lo vi hace tiempo, antes de decidir turnarnos el Horrocrux - informó.
- Y decidiste no decirnos... - murmuró ella. Quizá no quiso, pero sonó a un reproche -. Harry, aunque decidamos buscar a Malfoy, no hay manera de que sepamos dónde esta. Ya te lo dije, es insano que sigas pensando en él.
¿Lo era? ¿Hermione no creía que Harry estuviese diciendo la verdad?
Además... Harry sí sabía cómo encontrarlo; el problema es que Draco también lo sabía y estaba obstruyendo el rastro de manera admirable.
- Yo no...
- Sé que no te sientes a gusto sin varita - continuó Hermione -, pero no es como para que te lances en una búsqueda inútil. Tenemos bastantes cosas qué buscar ya.
Oh, sí.
¿Qué expresión pondría Draco cuando lo volviera a encontrar y se diera cuenta de que Harry había perdido estúpidamente su varita, en un sitio al que supuestamente no debería ir, porque estaba procurando seguir libre?
Harry sonrió. Quería verla.
- No pienses que sabes cómo me siento - recomendó con un poco de impaciencia -. Ni siquiera creo que puedas acercarte a entender lo que me pasa.
- No te preocupes, Harry... Vamos a estar bien.
- ¿Exactamente cómo? - ironizó y apretó el Horrocrux -. A menos que esta mierda tenga un hechizo extra que pueda usar, no tenemos forma de estar seguros. Deberías hacer como Ron, y ponerte a salvo, ahora que puedes.
- ¡Harry!
- ¡Y no digas que no fue culpa mía! - el moreno avanzó hacia el interior de la casa - ¡Ambos sabemos que no es lo que piensas!
-¡Dame el Horrocrux! - exigió ella.
-¡Por los mil demonios! ¡No pienso esto a causa del Horrocrux, Hermione! ¡No me está poseyendo!
- ¡Estás diciendo cosas sin sentido!
- ¿Sin sentido? ¡Acabo de perder mi varita, Hermione! ¡La acabo de perder por insistir en llevarnos a un sitio peligroso del que apenas pudiste sacarnos con vida y ahora estoy tan indefenso como cuando era ese bebé al que intentaron asesinar!
Hermione lo abrazó. No lo hizo con fuerza, pero sí impidió que Harry escapara.
Fue extraño. Pero ese gesto logró confortarlo un poco y se estrechó a su amiga. De pronto le pareció que había dicho cosas totalmente ridículas. Que se estaba desquitando con Hermione cuando estaba enfadado consigo mismo, pese a que sabía que el incidente de la varita había sido totalmente accidental.
No quería estar indefenso. No quería depender de ella.
- Sobre lo que me dijiste en casa de Bathilda - susurró la muchacha, desprendiéndose del abrazo y suspiró sacando un libro para mostrárselo con timidez.
- Por Merlín... - Harry reconoció el libro y se humedeció los labios.
- A lo mejor aquí se dice algo acerca del hombre de la fotografía.
o.o.o
Draco despertó con un sobresalto. Por un instante no reconoció el sitio en el que se encontraba y estuvo a punto de entrar en pánico; sin embargo alcanzó a recordar que estaba en su propia habitación. Entonces volvió a pensar que resultaba irónico no sentirse a salvo en ese sitio.
El rubio deslizó la mirada por el interior de la alcoba hasta detenerla en la ventana; afuera estaba nevando.
¿Qué día era? Ya no le importaba estar al pendiente de eso. Se había vuelto una costumbre insignificante.
Tampoco había dormido lo suficiente. Tenía meses sin poder descansar sanamente, aunque en la situación actual eso era totalmente absurdo y peligroso; especialmente con todo lo que Draco estaba decidido a lograr.
Era posible que ahí radicara el problema; Draco se había propuesto influir en el futuro de la comunidad mágica, lo que le estaba desgastando de forma inaceptable.
Un Malfoy no debería esforzarse tanto por obtener un beneficio; ese sería el diálogo que su padre diría hasta el cansancio.
- Claro que ya no hay más Malfoy padre - murmuró Draco con humor y se incorporó. Padre y madre fueron asesinados. La muerte fue su castigo por un pequeño error que cometieron. - El castigo y la estrategia - arrugó el ceño y comenzó a cambiar sus ropas.
El muchacho retiró los discretos hechizos con los que protegía su pieza y estiró el cuerpo para librarse un poco de la tensión, antes de salir al pasillo a caminar el largo recorrido hacia la estancia.
Justo a unos paso de llegar se detuvo. Honestamente no tenía deseos de ver a los invitados que se habían estado alojando en la Mansión desde que toda ésa movilización bélica dio inicio.
La mayoría de esos magos no requerían de la hospitalidad del último Malfoy; de hecho mostraban descarado desagrado a causa de que sabían que Draco compartió el techo con su más señalado enemigo: Harry Potter. Sin embargo Lord Voldemort tenía un negro sentido del humor y se había instalado en la mansión. Ello podría suponer cierto favoritismo al rubio, al menos a los ojos de los demás, pero Draco prefería mirarlo como una advertencia; aquella que le recordaba continuamente que debía estar seguro de llevar con éxito su misión.
El chico tenía la seguridad de que el Dark Lord no se había molestado en informar al resto de los mortifagos que el asesinato de Lucius y Narcisa fue parte del plan que ahora se desarrollaba. Y de todos modos no era algo que fuera a cambiar la opinión que los demás tenían de él. Al contrario; empeoraría la tensa relación que estaban obligados a llevar. Afortunadamente para el rubio, el señor oscuro tenía la caprichosa costumbre de guardarse los detalles de lo que tenía planeado.
- Como lo hacía ese vejete - musitó y terminó por penetrar hacia la estancia, donde varios rostros se levantaron para volver a ignorarle, casi al instante.
-¡Feliz navidad, pequeño Malfoy! - se escuchó la ebria y burlona voz de un mago tendido cerca de la chimenea, quien pateó un plato con comida, regándola por el suelo - ¿No alimentarás a tus invitados? Les animaría un poco saber que también tenemos celebraciones de temporada y eso.
Varios hombres rieron a carcajadas. Ebrios como el primero, sin duda, ya que Draco no veía prudente que se relajaran tanto, cuando estaban realizando acciones de suma importancia a la causa.
De todos modos el chico no discutió y desapareció la comida derramada para girarse y largarse de ese lugar. La permanencia en casa se estaba volviendo intolerable, sin embargo los necesitaba ahí; necesitaba saber qué avances se estaban teniendo. Además el muchacho debía preocuparse por sus propios avances también y no había lugar más idóneo para trabajar que ése. La pasada Luna llena estuvo a punto de perder todo lo logrado por subestimar el alcance de la fuerza de Remus Lupín; lo que le había obligado a replantear la teoría en la que estuvo trabajando.
Lo cierto es que Draco no estaba decepcionado pese a que la magnífica criatura estuvo a punto de romper la estabilidad mágica lograda. La idea de que el compañero de su tío Black fuese así de poderoso sólo le acercaba al nivel de oposición que requería. Una vez que lograra hacerse de ese poderoso cuerpo podría estar seguro de intentar con el de cualquier otro mago; incluso el del mismísimo Harry Potter.
Draco dejó de pensar en ello cuando descendió por las escaleras que guiaban a los calabozos y se pasó una mano por el cabello.
Estando al fondo de las mazmorras, agitó la varita para colocar un discreto hechizo y varias luces iluminaron el helado recinto. Casi al instante se dejó escuchar una serie de dolorosos gemidos y Draco pensó en lo incómodo que se estaba volviendo alojar a los prisioneros de su amo en casa, pese a que fue quien propuso sobre la necesidad de conservarlos con vida.
- Acabo de ser informado que es Navidad - ironizó el chico y llamó a un elfo doméstico a quien dio una rápida orden -. Sería una pena que todas sus memorias de la estadía en la mansión sean negativas. No quiero imaginar las atrocidades que se dirán sobre la hospitalidad Malfoy.
No hubo comentario a eso. A Draco no le pareció extraño.
El elfo doméstico regresó con algunos platillos que acercó a las celdas.
Observar la manera en que las manos mugrosas y lastimadas alcanzaban los alimentos lo convencieron de desviar los ojos. Cuando se recargó en la pared pensó en lo mucho que odiaba estar ahí; mirar a esos dos magos era un serio recordatorio de todo lo que había tenido que hacer para complacer a su señor. Todo para no estar seguro de su completo favoritismo.
Draco sabía que él era una herramienta. Esa era la razón por la que seguía con vida; incluso era la explicación por la que conocía información privilegiada. El precio que pagaba por ello le estaba consumiendo poco a poco y no podía darse el lujo de mostrar debilidad o simpatía por nadie. Ni siquiera a lo que quedaba de su familia.
- Ya es Navidad - se escuchó una melodiosa voz. Ya casi se completaban los cuatro días desde que Draco recibió a Luna Lovegood en casa. Inmediatamente había sido llevada a los calabozos. A opinión de Draco había tenido suerte de no recibir una charla personal de su amo, aunque tampoco era tranquilizador que estuviese ahí, prisionera. No debería conservar ese tranquilo tono de voz - . Felicidades, Malfoy -; era exasperante.
- No necesito tus felicitaciones, Lovegood - graznó con indignación; su humor no mejoró al ver una sonrisa en la chica -. Demonios. El encierro te está trastornando.
-¿Sí? -ella pareció dudar de eso. El propio Draco comenzaba a dudarlo. Quizá el trastornado era él. Parecía extraño que no hubiese contemplado la posibilidad de que fuera menos tenso estar encerrado en alguna celda; con el único deber de permanecer ahí, cautivo. No más presión por las teorías mágicas que parecían adoptar vida propia sólo para joderle los planes. Ni señores oscuros atentos al primero error para lastimarlo y recordarle que las cosas sí podían ponerse peor. Sólo... tendría que estar ahí, esperando - ¿Y cómo está Harry? - preguntó la rubia llamando la atención del otro mago en el lugar.
- ¿Por qué debería saberlo? - bufó Draco -. No estoy persiguiéndolo, ¿sabes?
- Qué extraño - reflexionó ella -, creí que todos los seguidores del señor oscuro estarían persiguiendo a Harry. Aunque tú, siendo su hermano mayor, deberías saber cómo localizarlo fácilmente.
Chica lista.
- Si tuviera la manera de encontrar a Potter, ya se lo hubiera entregado a mi señor - se burló y optó por sentarse en el suelo; estaba frío.
Luna permaneció en silencio, lucía pensativa, como si no pudiera entender las palabras que acababa de escuchar.
- Significa que el joven Potter sigue libre - murmuró el viejo Ollivander. Se escuchaba un poco animado. De hecho Draco solo había escuchado temblar esa voz en presencia de Voldemort.
- Ha resultado ser más escurridizo de lo que esperábamos - Draco se encogió de hombros.
- Lo que no les servirá.
- No le sirve a nadie, precisamente - ironizó el rubio.
- ¿Y cómo está Harry? - insistió la chica.
Draco había escuchado muchas cosas de Luna Lovegood, algunas inventadas por si mismo. La mayoría de los rumores hablaban de lo inadaptada que ella parecía a la realidad de los demás, justo lo que debería ser aceptable, segura y razonable. Ahora dudaba que la chica fuese irrelevante ya que parecía notar lo que los demás no podían.
- Está muy encabronado - Draco dejó ver una retorcida sonrisa -. La próxima vez que me tope en su camino, va a irme muy mal.
- Tal como querías - susurró ella -. De ésa manera no estaría preocupado por salvarte.
Luna Lovegood no decía locuras, como los demás pensaban.
- Sólo me interesa que Potter cumpla una promesa - declaró el rubio y se puso de pie -. La forma en que lo haga y el tiempo que decida esperar, es problema suyo.
Ella volvió a sonreír. Parecía saber exactamente de lo que Draco hablaba y era la señal que el chico estaba esperando para largarse del lugar; así que se giró y comenzó a alejarse, con la esperanza de que los idiotas que estaban allá arriba no decidieran aprender de la agudeza de Lovegood. Arruinarían todo.
- Si vuelves a verlo, salúdalo de mi parte - le escuchó decir.
Draco no contestó. De todos modos no creía que Harry le diera la oportunidad de hablar, si es que volvían a encontrarse; realmente había quedado muy enfadado.
Cuando regresó a la estancia notó que el ambiente había cambiado drásticamente. Ya no se percibía ese penetrante aroma a alcohol, ni se veían trastos regados, en cambio si se notaba esa temible figura al centro del lugar, lo que provocó que el rubio se inclinara rápidamente.
- Comenzaba a preguntarme dónde estabas, Malfoy - susurró Voldemort. Draco pensó en responder, sin embargo no fue necesario - . Has mostrado una hospitalidad admirable, aún con los prisioneros.
Era increíble que un halago proveniente de ese ser sonara más a una burla.
- No es mi prioridad, mi señor - susurró el rubio sin levantar la mirada - . Mi único interés es complacerle.
- Eso espero - siseó y se acercó al joven para depositar un saco de terciopelo - . Guarda perfectamente esto. Pronto veremos una muestra de los avances que esta teniendo tu experimento.
Draco recogió el saco; lo siguiente que todos escucharon fueron informes y avances. Pese a que algunos de ellos se escuchaban positivos, no terminaron por complacer a Voldemort, quien repartió una grosera cantidad de correctivos . El discurso acerca de lo inútiles que resultaban ser los magos presentes, hizo que el rubio comprendiera lo inseguro que sería la existencia de todos ellos, aún si se esforzaban al máximo.
El hombre que estaba parado frente a ellos no confiaba en lo absoluto en ninguna de sus capacidades. Se guardaba los detalles más importantes; no explicaba nada. Y sin embargo no parecía tener problema para ordenas infinidad de cosas.
Aunque resultaba un poco incomprensible para Draco. Ese imponente hombre había logrado ser tan poderoso como Albus Dumbledore, quien ya no opacaba su imagen; también escapó de la muerte de forma poco habitual, aún siendo un mago. Cualquiera pensaría que era un ser totalmente independiente, quien no necesitaba de idólatras o seguidores cuyas acciones sólo lograban decepcionarle una y otra vez.
Claro que debió tener algo de encanto, después de todo tenía una ridícula cantidad de mortífagos, entre los que destacaban patriarcas de importantes familias de magos. Quizá ahora no estaban tan convencidos de seguirlo, pero ninguno tenía el valor de rebelarse a la situación.
En ese caso, el hecho de que Draco no fuera merecedor de un correctivo público como los demás, no significaba que fuese más apreciado; sencillamente esperarían, en que todo lo logrado fuera valorado.
Por el momento lo más grave a lo que Draco había sido expuesto eran las miradas de desprecio de los demás magos. El chico se limitó a ignorar todos los molestos gestos y levantó la barbilla de manera retadora, antes de caminar hacia el edificio donde estaba su habitación.
Decir que no se sintió aliviado al estar dentro de las cuatro paredes de ese lugar sería mentira. Resistió el deseo de recargarse en la puerta y resbalar al suelo para romper a llorar. Probablemente eso lo haría sentir mejor. En cambio caminó hasta la cama donde arrojó el saco de terciopelo, seguido de la ropa que comenzó a quitarse. Se metió al cuarto de baño y permaneció largo tiempo bajo el chorro de la regadera.
Ojalá pudiera ahogarse.
Fue hasta que salió del baño que volvió a poner su atención en el saco de terciopelo.
¿Por qué carajos le daba objetos a guardar? Seguro habría cientos de mortifagos gustosos por hacer eso.
De todos modos, ¿dónde era el lugar ideal para guardar un objeto encargado por el mismísimo Lord Voldemort?
El rubio torció los labios y agitó el saco para que su contenido cayera en la cama.
Un jadeo escapó de su garganta en cuanto vio la copa.
- Imposible - murmuró y se pasó una mano por el cabello -. No puede ser tan descuidado.
A menos que tuviera plena confianza de que nadie conociera su secreto y la naturaleza del objeto.
Claro que Draco sabía que sí había gente que reconocería la magia que emanaba la copa. Sólo dos: Albus Dumbledore, ahora muerto, y Harry Potter, quien no tendría idea alguna de cómo buscar esas cosas.
Draco torció los labios ante lo estúpida que se tornaba la situación ahora que él era el encargado de guardar un Horrocrux.
- Es una maldita guerra de locos - ironizó.
Lo cierto es que esa guerra no sería ganada con mera fuerza y la prueba estaba en los primeros movimientos realizados para colocar a Draco cerca del valioso elegido.
Bien; era momento de que el rubio extendiera sus habilidades de manipulación.
