Capitulo tres
La puerta principal se abrió suavemente y de inmediato se escuchó el animado tarareo con el que un mago penetró hasta la estancia, donde se detuvo con un descarado contoneo de cadera y se retiró la máscara para dejar ver una encantadora sonrisa que no pareció gustar a nadie de los que estaban reunidos.
-¿Por qué esas caras largas? - preguntó el hombre y se asomó al espejo colocado arriba de la chimenea para acomodarse el cabello castaño -. Cualquiera diría que acaban de ver al mismísimo Señor Oscuro.
Por supuesto que el comentario sólo aumentó el descontento.
-¿Por qué llegaste tarde, Khuller?
- Estuve en una misión - replicó el hombre y bufó delineando una cicatriz sobre la piel de su rostro, cercana a la oreja izquierda -. De todos modos no vine a discutir con ustedes, ¿dónde está Malfoy?
- ¿Por qué deberíamos saber?
-Porque están en su casa, imbéciles - se exasperó -. Que desagradables se han vuelto. Necesitan eliminar la tensión de mejor manera.
Mathew volvió a bufar y avanzó con pasos largos hacia el pasillo que le llevaría a las habitaciones.
Decidió no ahondar respecto a la irritante actitud de los valerosos defensores de la pureza de sangre y se detuvo frente a una elegante puerta donde alcanzó a percibir la presencia de varias protecciones mágicas.
- Hey, chiquitín - llamó con voz alta -. Vine a visitarte. - Mathew esperó varios minutos antes de sentir que las protecciones eran retiradas y pudiera empujar la puerta para entrar - Ow, sí que te dejaron hecho mierda, chico.
- Jódete - gruñó Draco, quien apenas había alcanzado a incorporarse un poco para tomar su varita y ahora se tendía cuidadosamente sobre la cama.
-¿Al jefe no le satisfizo el informe? - el moreno avanzó hasta la orilla de la cama y extrajo su varita -. Voy a curarte. Esto no debe ser diferente a las heridas dentro de la violencia familiar - ironizó.
- Gracias, supongo -murmuró el rubio -¿A qué vino?
- ¡Oh, vamos, chico! - ronroneó el mago -, no seas tan formal conmigo; casi somos íntimos.
Draco tenía la firme convicción de que se necesitaba más que haber sido compañero de estrategia para considerarse íntimo de alguien.
-¿A qué viniste? - el chico decidió acortar la letanía de esa conversación.
-El día que atacamos la casa de tu tío; me impediste matarlo...
Oh, sí. Claro que no fue lo único que Draco tuvo que hacer para asegurar que ese par continuaran con vida.
-¿Y?
- Si mi memoria no me engaña, dijiste que era una manera de averiguar la ubicación de Potter.
Draco emitió un gemido de alivio al recibir el último hechizo médico. No la perecía tan extraño que Mathew se arriesgara más para encontrar a Potter. Cualquier mortífago vendería su alma al diablo por entregar al elegido. Aunque el chico tenía serias dudas de que un mortífago con tal habilidad para inmiscuirse en los asuntos familiares de los demás, fuera a ser un espléndido captor.
De todos modos había algo conveniente en que fuera Mathew quien solapara las acciones de Draco. El mago era lo suficientemente ambicioso como para mostrar las caras necesarias a los que le rodeaban. Un hipócrita interesado que deseaba agradar a Voldemort, pero que sabía perfectamente que sus habilidades no eran suficientes y se apoyaba en quien fuera necesario. Además Harry había sido perseguido por mortifagos más fuertes física y mágicamente, ¿qué podría lograr el chaparro y rechoncho Mathew Khuller, jefe del departamento familiar mágico? Nada.
Draco suspiró y se pudo poner de pie, sin embargo aún estaba un poco torpe y tropezó con el edredón de la cama; deslizándolo bruscamente y provocando que la copa que había escondido bajo la almohada cayera a suelo.
-Tranquilo, chico - Mathew se inclinó a levantar la copa y arrugó el ceño -¿Qué es esta baratija?
Draco dudaba que Mathew lograra comprender la importancia de esa copa, aún cuando se lo explicara detalladamente.
- No es mía - replicó con mal humor y se la arrebató de las manos -. Ni tu problema; así que no toques.
-¿Y por qué la guardas bajo la almohada. Debe ser muy importante... - jadeó -. No es posible, ¿es de Él?
-Humm... - evadió el rubio -. Sobre eso que deseas, necesitaré un poco más de tiempo para resolver el problema de localización.
- No creo que Black halla alcanzado a modificar el hechizo de localización familiar - reflexionó Mathew -. Fuimos bastante rápidos al atacar.
-Mi tío no es un mago imprudente. Estoy seguro de que preparaba el cambio desde que escapé del Colegio y no pudo localizarme usando el hechizo.
- La magia tiene caprichosas maneras de actuar... - suspiró el moreno con desaliento.
Draco no podía estar más de acuerdo. Volvió a esconder la copa bajo la almohada y exhaló un profundo suspiro.
- ¿Vas a esconder algo de Él bajo la almohada? - preguntó el rechoncho mago con cinismo.
Buena pregunta.
¿Cuál era la mejor manera de llevar un Horrocrux a la mano y no perderlo de manera estúpida?
-Claro que no - murmuró - ¡Y no es de Él! -insistió.
-Tienes la mierda hasta el cuello, chiquitín -ronroneó Mathew y salió de la habitación - ¿Cuánto tiempo más necesitarás?
¿Cuánto tiempo más tendría que darle a Potter?
- Te lo haré saber - prometió.
o.o.o
Phineas Nigellus llegó de forma tan estrepitosa que Snape se preguntó si sería prudente hacerle notar lo poco refinado que lucía en ese momento, aún dentro del cuadro que colgaba en la oficina. Al instante desechó la absurda idea, decidido a concentrarse en el problema actual; ampliamente relacionado con Harry Potter, debía agregar. Claro que un pequeño porcentaje de su preocupación era provocada por su ahijado.
Sin embargo las palabras de Nigellus provocaron que la preocupación se disipara un poco, haciendo que el profesor dirigiera su mirada al retrato en donde Albus escuchaba atentamente.
- Es tiempo - confirmó Dumbledore.
Severus había postergado ese encuentro, no sólo porque no tenía idea de cómo localizar a Potter, sino porque no sabía si podría reaccionar adecuadamente ante el chico. Si bien era cierto que había alcanzado a desarrollar cierta lástima por él, luego de saber el destino al que tendría que enfrentarse; también era cierto que no había dejado de odiarlo tan intensamente como el primer día que supo de su existencia.
- Imagino que insistirá en no decirme la razón por la que no puedo saber la importancia de que Potter reciba la espada - escupió Severus con calma, ya que se había cansado de buscar explicaciones que jamás llegaban.
-Me temo que así debe ser, Severus.
Snape extrajo la espada del sitio donde la había mantenido oculta y salió del despacho. Estaba cansado de intentar armar el rompecabezas con las pocas piezas que poseía y tratar de darle sentido a todo lo que estaba ocurriendo, sencillamente comprendió que él no era una pieza clave en todo eso, pese a que se sentía por demás utilizado.
Los pasillos retumbaron con el eco de los pasos del mago, quien se detuvo violentamente al llegar al límite de las propiedades del colegio, donde se desapareció.
Cuando miró al sitio al que llegó, no pudo evitar arrugar el ceño; de inmediato convocó un hechizo de reconocimiento y se sintió algo satisfecho al no detectar presencia mágica o humana. Cualquiera que fuera la idea de Potter, al menos parecía incluir un respetable repertorio de protecciones; excepto, claro, por el hecho de que llevasen a un espía en la bolsa de viajero.
El hombre recorrió el sitio y borró sus huellas a la vez. Pudo encontrar el lugar adecuado para depositar la espada y enarcó una ceja preguntándose si las condiciones eran lo suficientemente adversas. Claro que con el clima que se estaba desarrollando esa noche pensaba que ya se habían anexado suficientes adversidades faltantes; así que reparó el hielo de la charca donde había metido la espada y buscó un sitio desde el que podría mirar todo perfectamente.
Severus conjuró un patronus y lo envió a recorrer el nevado sitio. Sabía que el patronus encontraría a Potter, pero no esperaba que pasara tan poco tiempo para que el chico decidiera seguir a la cierva, lo que le decepcionó un poco, pese a que había sido parte medular de su plan.
Cuando desvaneció el patronus observó lo quieto que el chico permanecía, como si no supiera qué hacer. Ojalá se le ocurriera algo pronto porque el mago comenzaba a impacientarse, intentando pensar en otra forma de hacerle saber al imbécil que la espada estaba cerca.
Potter convocó luz en su varita, lo que hizo que Snape volviera a ponerle atención. El chico lucía tan perdido y temeroso que el adulto volvió a sentir pena por él. Allí estaba el chico que debía morir para que Lord Voldemort fuera destruido. Los años que pasaron desde que Lily murió por salvarlo, no sirvieron de nada; el sacrificio de ella fue inútil.
Finalmente Potter pareció darse cuenta. Caminó hacia la charca y se asomó para dejarse caer a la orilla. Snape lo vio hacer infinidad de movimientos inútiles con los que pretendía sacar la espada, hasta que comenzó a quitarse la ropa.
Vaya con el chico. Entonces vio la manera en que entró a la charca y casi pudo sentir una malvada satisfacción al apreciar los gestos que atravesaron por su rostro, antes de obligarse a sumergirse.
Después algo advirtió al hombre que las cosas estaban mal. Por mucha dificultad que representara el extraer la espada a esa temperatura, no debía tomar tanto tiempo. Y pudo considerar alarmarse por la situación, si no fuera por la oportuna aparición de Weasley, quien parecía haber notado que su amigo estaba en problemas y se lanzó a ayudarle.
Severus supo que ya no era necesario observar, así que se marchó de inmediato.
o.o.o
Harry no recordaba haber visto ese gesto nervioso en Malfoy. De hecho jamás lo había visto esperando entre los bulliciosos pasillos, mirando con desasosiego al tren que los llevaría al colegio.
Pensó que se debía a que era la primera vez que llegaba a ese sitio sin la compañía de sus padres, aunque tenía la sospecha de que parte de la incomodidad del rubio se debiera a la increíble cantidad de miradas de desprecio que los alumnos le dedicaban. Harry reconoció a la mayoría; pertenecían a Slytherin.
Entonces cayó en la cuenta de que no estaría con Draco la mayor parte del día. El rubio era parte de su nueva familia, pero pertenecía a otra casa; y tendría que convivir con chicos cuyos padres pudieron ser parte del asalto a la Mansión Malfoy; del que el rubio apenas logró escapar.
Harry rozó el dorso de la mano del otro chico. Al instante sintió que Draco la apartaba.
- No hagas eso - murmuró el rubio.
- ¿Por qué te molesta, Draco?
- No necesito que empieces con tus planes románticos justo en el momento en que cientos de estudiantes están más que dispuestos a enterarse.
Harry estaba seguro de que todo el calor que sintió en la cara se evidenció de un intenso color rojo.
-¡¿Por qué eres tan imbécil? - protestó y golpeó la coronilla del rubio con la palma de la mano, justo con la que había intentado agarrarlo.
- ¡Oye! - Draco volteó tan súbitamente, que el moreno pensó que le devolvería el golpe; en cambio prefirió pasarse ambas manos por el cabello, para arreglar el desperfecto causado a su apariencia.
La acción hizo que el moreno soltara una carcajada y volvió a atacar la perfecta apariencia de su acompañante.
-¡Potter, basta! - el rubio se liberó apenas -¡Merlín, eres un jodido infantil!
- Al menos ya no luces como si fueran a torturarte - se regodeó el chico y pasó un brazo por el cuello del rubio - . Todo logrado por tu hermanito postizo y próximo pretendiente - agrego en voz muy baja.
- Es un lindo panorama familiar, Potter - ironizó el rubio y volvió a apartar a su pegajoso acompañante.
- Si llegaras a tener problemas...
- ¿Y alimentar tu instinto de héroe? No fastidies, Potter.
Sirius y Remus se acercaron en ese momento.
- Habrá regulaciones más estrictas en el colegio - informó Remus -. La aparición de Voldemort ha causado reacciones interesantes.
- Se ha convertido en una celebridad algo indeseable - completó Sirius con cinismo.
-¿No lo era ya? - bromeó Harry, intentando aligerar un poco lo que la charla parecía causar en el rubio, quien parecía no querer dejar de tener miedo a sólo un nombre.
- Sí, pero nadie aceptaba su regreso - Remus se encogió de hombros -. Lo que me recuerda, Draco; he notado la mirada de muchos chicos a quien no parece gustarles tu presencia.
- Es por la compañía - el rubio enarcó una ceja -. Deben pensar que gozo de protección extra, ahora que soy parte de la familia del elegido.
- No sé que tan recomendable sea que sigas estudiando aquí - Sirius parecía en verdad preocupado.
- No soy una damisela en peligro - Draco giró la mirada -. Lo que sí soy, es ahijado de Severus Snape, el profesor a quien ningún alumno querría hacer enfadar.
- Cierto - coincidieron los dos adultos.
- De todos modos - Sirius tocó el hombro de ambos jóvenes - deben permanecer en constante comunicación.
-¿No les parece que están exagerando? - se burló Draco -. Estudiaremos en el mismo castillo. Dudo que podamos evitar encontrarnos, al menos tres veces al día.
- Seguro que más - aseguró Harry.
- Eso se escucha más como una amenaza, Potter - el rubio le miró con una ceja enarcada y decidió que era momento de entrar al tren de una buena vez, así que comenzó a caminar -. Me pregunto si serás capaz de cumplirla.
- Dale tiempo - recomendó Sirius -. Pronto se acostumbrará a no avergonzarse de su linda familia.
o.o.o
Cuando Harry recobró el reconocimiento estaba boca abajo. De inmediato fue presa de un ataque de tos, que no mejoró cuando su cuerpo le hizo saber que estaba empapado y helado. Estuvo a punto de carcajearse por el estúpido episodio que su cerebro había decidido recordarle en los escasos segundos que debió estar inconsciente cuando se dio cuenta de que alguien jadeaba a un lado suyo.
-¿Te has vuelto loco?
¡Ron!
La presencia de su amigo hizo que Harry intentara explicarse muchas cosas y, la verdad, habría sido más alentador pensar que el pelirrojo había hecho lo posible por encontrar, conseguir, llevar y entregarles la espada (pese a que la manera había sido de lo más extraña), a pensar que nada de lo que estaba ocurriendo tenía sentido.
Sin embargo no fue Ron quien conjuró a la cierva plateada; y no encontrar a nadie en el único sitio donde su amigo pareció ver algo, no mejoró el humor de Harry.
Claro que tener la espada y haber sido salvado por el pelirrojo lograron calmarlo bastante, sensación que aumentó cuando Ron pudo destruir el Horrocrux; pese a las dificultades que la joya pareció causarle.
o.o.o
Draco por fin lo había resuelto.
La visita de Khuller le confirmó que no podía tomarse a la ligera el hecho de guardar un artefacto de tal importancia, así que decidió ser partícipe directo de la protección de la copa, aún cuando ello resultase un tanto desagradable.
Una vez hallado el lugar idóneo para guardarla, decidió que debía resolver el molesto asunto relacionado con la localización de Potter, lo que le llevó al Callejón Knockturn, donde caminaba perezosamente, mirando sin interés a través de algunos negocios.
El muchacho se detuvo justo en una de las tiendas menos llamativas y arrugó el ceño. Por la mente le pasaron la infinidad de tatuajes que había tenido que ver en la piel de su tío Sirius Black hasta coincidir con la idea de que ese sitio lucía precisamente así: un local donde sólo los convictos se meterían.
De todos modos no era como si la carente imagen de decencia del sitio importara; no justo en esos tiempos, por lo que Draco penetró en ella y se dedicó a observar con desinterés el montón de diseños que lucían las paredes, la mayoría de ellos moviéndose coquetamente por ella, luchando por llamar su atención.
- Señor, Malfoy - la voz sorprendida de una joven bruja que salía a su encuentro hizo que Draco posara sus ojos en ella. La mayor parte de piel descubierta de la pequeña mujer lucía dibujos preciosamente labrados que se movían excitados, seguramente evidenciando el estado de animo de ella. Por si fuera poco, tenía perforaciones que el rubio no se molestó en contar, aunque pudo decidir que era un número exagerado para alguien que quería llamar más la atención, tomando en cuenta el escandaloso tricolor de su cabello - . Qué inesperada sorpresa tenerlo justo aquí.
Draco también estaba por admitirse sorprendido. En vez de eso encogió los hombros y volvió a mirar los diseños, hasta detenerse en uno donde una bellísima serpiente lucía cómodamente enroscada, levantando la cabeza levemente, sólo para volverse a quedar quieta.
- Deseo algo especial y único - dijo con frialdad -. Sólo para mí.
- Desde luego - se apresuró la acaramelada bruja, quien se apresuró a convocar un pergamino y una pluma - ¿Algo como ésa serpiente? - preguntó ansiosa.
- No - Draco arrugó el ceño. Ya tenía una serpiente dibujada - Ése diseño ya habrá sido usado por alguien. Yo quiero que el mío sea realmente único - la miró de manera amenazadora -. Espero pagar el suficiente dinero para que sea así y no verlo en la piel de otro mago. Sería realmente desagradable para mí. ¿Comprende?
- Claro - aseguró ella y se aclaró la garganta.
Draco se encargó de describir el diseño exacto. Había investigado un poco respecto a los movimientos mágicos que podría agregar al tatuaje, aunque para él era una situación más que decorativa: era un mensaje y una provocación.
o.o.o
Honestamente el regreso de Ron había quitado importante peso de los hombros de Harry; y estaba seguro de que Hermione opinaba lo mismo, pese a que continuaba haciéndose la dura con el pelirrojo.
Harry se sentía bastante cómodo con la situación. El regreso de Ron le había traído varios beneficios a la vez, justo cuando el moreno comenzaba a pensar que las cosas no saldrían bien esta vez y que los buenos resultados que obtuvieron los primeros cinco años habían sido absoluta cuestión de suerte. Pensar de esa manera hizo que el chico se preguntara si todo el esfuerzo que estaban haciendo ahora sería suficiente, ya que la carga que Dumbledore les dejó comenzaba a ser demasiada y se preguntaba si no era mejor que todo eso se estuviera realizando por magos adultos, quienes podrían tener más medios para resolver toda esa situación.
Ahora, con el guardapelo destruido y la espada de Gryffindor bajo el resguardo de ellos tres y la varita que Ron le había proporcionado, el chico volvía a notar los errores en los que la mayoría de los magos habían caído una y otra vez a lo largo de esos dieciséis años en que se creyeron a salvo.
Harry volvía a tener la seguridad de que lo que estaba haciendo era lo correcto. Sólo era cuestión de descubrir más pistas que les llevasen a encontrar el resto de los Horrocruxes.
Sólo eso.
Claro que el mundo a la redonda de la casa de campaña se estaba moviendo de manera más vertiginosa de lo que Harry pensaba. Todo lo que Ron les dio a conocer hizo que el moreno se preguntara si alguna de esas bandas de carroñeros tenía el privilegio de contar con ayuda de algún mortifago que valiera la pena. Después de todo fue Malfoy quien apareció caminando casualmente por donde Harry iba a buscar alimentos.
Por supuesto que Draco tenía un recurso menos problemático y más certero que una palabra convertida en Tabú, que lo llevaría directo a Harry. Sirius se encargó de hacerlo posible, mientras todavía eran familia. Fue precisamente la opción que el moreno intentó utilizar cuando estaba decidido a encontrarlo; sin embargo el rubio parecía tener más conocimiento respecto al modo de usar el localizador mágico familiar, ya que se encargó de bloquearlo, y ya de paso frustrar profundamente a Harry.
Era bueno que sólo Ron pudiera encontrarlos, no sólo por la ayuda que dio al moreno, sino porque consiguió reducir un poco la tensión que amenazaba con ahogar a Harry.
Quizá, si su mejor amigo había logrado recuperar la confianza en todo lo que estaban haciendo, así como la fe en Dumbledore, Harry podría hacerlo también.
Incluso podría disculpar que Hermione fingiera no recordar que el chico le había pedido que fueran a buscar a Malfoy. Ahora ella permanecía decididamente concentrada en el libro que Albus le había legado, probablemente negándose a aceptar que sólo el objeto dado a Ron poseía una característica especial, diseñada a auxiliar a la causa.
La información del exterior parecía haber reavivado el ánimo de los tres amigos y estaban listos para seguir buscando trastos de los que nadie sabia su ubicación. Menos mal que tenían idea de la apariencia que debían presentar.
Además Ron tenía razón: alguien los había ayudado. Tener eso en cuenta daba impactante significado a los avances obtenidos junto a las nuevas precauciones a tener para evitar ser capturados.
Harry sabía que nada sería sencillo. Esa sensación se agrando cuando caminó al lado de su padrino, hacía poco más de un año, cuando se le concedió formar su nuevo núcleo familiar. Sin embargo había recuperado la esperanza y comenzaba a convencerse de que era prudente aferrarse a esa emoción.
Pese a que pensaba todo eso, nada lo había preparado para la petición que Hermione hizo, en cuanto ambos amigos volvieron al campamento, luego de una infructífera búsqueda de alimentos.
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Draco terminó de limpiar la fea herida sobre el antebrazo derecho del cuerpo de Lupin que parecía haberse infectado. El hombre lucía lo suficientemente exhausto como para no tirar enloquecido de las caderas que le mantenían cautivo, sin embargo el rubio sabía que sólo se trataba de la misma estrategia con la que intentaba sorprenderle. Aunque el chico ya había sido sorprendido; ese agotado hombre era también un imponente y poderoso hombre lobo, cuyo cuerpo logró resistirse a una posesión física bastante potente. La más potente que Draco había logrado hacer.
- ¿Sirius lo sabe? - preguntó Remus de repente.
Draco enarcó una ceja sin saber qué responder. Su tío parecía tan despistado para algunas cosas que no dudaba que todo eso escapara de su atención, pese a tener todas las evidencias a la mano.
-No estoy de humor para charlar, Lupin - evadió de manera grosera -. Allá arriba las cosas no son sencillas, ¿sabes? Así que se un buen prisionero y limítate a gemir y lamentarse, como los demás.
- ¿Tiene que ver con el aroma a tinta que percibo de tu piel?
- Es estupendo que tus sentidos se acentúen, licántropo - ironizó el rubio y decidió que ya había atendido suficiente a la pareja de su tío -. Pronto necesitaré de ellos.
Remus observó la forma en que el joven se retiraba y aplicaba el acostumbrado juego de hechizos protectores.
Le quedaba claro que Draco volvería a intentar apoderarse de su cuerpo, sin embargo era un poco confuso que quisiera lograrlo en el momento que más fuerza física tenía.
Aún cuando tuviera éxito, ¿Cuánto tiempo sería capaz de mantener la posesión? Seguro que no el suficiente para atacar a Harry.
¿Entonces de qué serviría?
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Cuando Draco se asomó a la estancia pudo encontrarse con el peculiar alboroto que sólo un mago exhibicionista como Mathew Khuller podía causar. Tardó un poco en darse cuenta de que la palabra "Potter" era mencionada entre la charla que se estaba desarrollando y se encaminó hasta ellos.
-¿Hey, pequeño Malfoy! - saludó Mathew con ese encanto cómico y fuera de lugar que siempre lograba aumentar el oscuro ambiente de la casa -. Vamos a casa del loco Lovegood.
-¿Y me están pidiendo permiso? - ironizó el rubio -. De todos modos creí que ya no era necesario amenazar al viejo. ¿Por qué tenemos a su hija entonces?
- ¡Xenophilius nos ha avisado que Potter esta en su casa! - se emocionó el regordete mago.
- ¿Otra vez? - se burló Draco.
- Por eso digo que no deberíamos hacer caso - se impacientó Selwin con mal humor.
- No perdemos nada con ir a echar un vistazo - murmuró otro mago, siendo apoyado casi inmediatamente por un excitado Mathew.
Draco opinaba lo mismo. ¿Debería ir también?
- No pasa nada si vamos - Draco avanzó hacia la salida para aparecerse - . Si Potter resulta estar ahí, lo atrapan, llaman a quien-ustedes-saben y se llenan de gloria - se burló.
Malfoy sabía exactamente dónde vivían los Lovegood debido a que Luna parecía seriamente decidida a darle información innecesaria cuando no le estaba importunando con preguntas ridículas o haciendo conclusiones sagaces respecto a la situación. Cuando apareció en la propiedad no pudo enarcar una ceja ante la ridícula peculiaridad que se percibía en la construcción y se preguntó si ahí habría algo del interés de Potter, como para que se arriesgara estúpidamente.
No. Draco no pensaba que ese fuese un sitio seguro para esconder algo valioso a cualquiera de los dos bandos. Además no era capaz de percibir la oscura magia que debería emitir un objeto semejante al guardapelo.
Mathew llegó con un sonoro CRACK y se acercó al rubio para pasarle un brazo por los hombros.
- ¿Has encontrado un buen sitio para proteger eso que el señor oscuro te dio a guardar, pequeñín?
A veces Draco llegaba a preguntarse cómo hacía Voldemort para mantener su poder, teniendo seguidores tan idiotas.
- No es tu asunto - gruñó y el resto de los magos llegaron a tiempo para presenciar una potente explosión que lanzó trozos de algunas paredes de las que apenas lograron cubrirse.
- ¡Maldito loco! - exclamó Selwyn, sacudiéndose algunos escombros.
Draco bufó cuando pudo volver a enderezarse y se sacudió el polvo antes de avanzar, intentando mirar a través de la de la nube blanca que explosión había levantado; con dificultades empujó la puerta que estaba a punto de caerse y enarcó una ceja al ver el desastre causado.
-¡Arriba... Potter! - balbuceó Xenophilius con dolor.
- ¿Cállate maldito, embustero! -bramó uno de los acompañantes del rubio.
- Parece un accidente marca Malfoy -canturreo un empolvado Mathew -. Claro que es menos violento incendiar una cocina - se carcajeó.
-¡Se lo suplico! - Lovegood se escuchaba realmente desesperado - ¡Potter está aquí, se lo aseguro!
- ¡Lo único seguro aquí es que nos querías tirar la casa encima!
-¡Potter está arriba! - insistió el mago.
Draco apretó los labios y deslizó la mirada por la escalera destartalada. Su magia reaccionaba a la de Potter debido al localizador familiar.
Potter debía sentirlo también. Estaba seguro.
- Subiré a ver - anunció el rubio.
- Debería ser este loco quien lo haga - protestó Sewlyn.
-¿Para que pueda tirarnos el techo con él encima? - escupió Draco y comenzó a subir, esquivando escombros. Detrás de él avanzó Lovegood sin dejar de balbucear palabras a las que el rubio no prestó atención. Tampoco dijo nada cuando el hombre lo adelantó y subió apresuradamente sólo para asomar la cabeza y recibir un poderoso impacto que lo derrumbó sobre las escaleras.
Draco torció los labios y tuvo que trepar sobre el cuerpo desvanecido para asomarse.
Vaya, el viejo no estaba mintiendo.
Los ojos verdes de Harry centellaban de odio; de hecho parecía querer lanzarse encima del rubio, pero algo le sujetaba con admirable firmeza.
Malfoy comprendió de inmediato. En serio, su hermanito menor era tan evidente.
-¡Lo que dijo el viejo es verdad! -gritó sin despegar la mirada de los ojos del moreno y sonrió al notar que el odio aumentaba -¡Rápido, idiotas!
Sin embargo Draco sabía que los magos no llegarían a tiempo. De hecho Harry desapareció en cuanto se escuchó el grito.
Mortifagos inútiles; para una vez que pudieron hacer algo bien... Aunque no era una entera queja. Draco tomó a Xenophilius por las axilas para acomodarlo contra una pared que lucía segura.
-¿En serio era Potter? - preguntó uno de los magos en cuanto pudo llegar hasta donde estaba el rubio - ¡Demonios!
-¿A qué vino a este lugar? - Mathew lucía muy contrariado.
- No creo que a buscar publicidad del Quisquilloso - ironizó Draco - . Y de todos modos no lo sabremos; borró la memoria de Lovegood.
-¡Debemos averiguarlo! - insistió otro -El Dark Lord podría...
- ¡No seas imbécil! - bramó Draco - ¡Si se lo decimos a Quien-tú-sabes nos torturará antes de que podamos explicarlo todo! ¡¿Eso quieren?
Nadie contestó. Al rubio no le pareció extraño ya que sabía exactamente que nadie de esos magos deseaba provocar la ira de Voldemort, por mínima que fuera.
El chico bufó y se puso de pie sin dejar de ver a Lovegood. El obliviate había sido una movida muy astuta. Ahora no podría saber la razón por la que Potter se había arriesgado a ir a ese lugar.
¿Sería posible que Harry estuviera buscando algo más que Horrocruxes?
