Capitulo 5

Hermione se asomó por la abertura de la puerta para ver a su amigo y suspiró un poco nerviosa a notarlo tan ausente y tenso: pareciera que Harry deseaba captar el límite de la barrera protectora alrededor de la propiedad y atravesarla para perseguir... ¿sería a Malfoy a quien deseaba capturar?

Pocas veces la muchacha estaba dispuesta a admitir que se había equivocado, especialmente porque la mayoría de las veces tenía la oportunidad de justificar, corregir y ajustar la situación hasta demostrar que había tenido razón. Sin embargo el ataque sexual al que Harry fue sometido eliminaba toda posibilidad y paciencia necesaria para que la chica llegar al resultado deseado. Sabía que seguía en lo correcto pero no tenía valor de expresarlo en voz alta.

Por el momento era mejor que Hermione no recordara a su amigo lo ocurrido en ese calabozo, aunque el dato que había descubierto era importante.

-Luna y el señor Ollivander ya están descansando -informó la muchacha y evitó suspirar de alivio al ver que el moreno volteaba y le dedicaba genuino interés.

Entonces Harry demostró una emoción más a la que Hermione no estaba preparada. Parecía avergonzado de algo... Cómo si él hubiese provocado lo que le había pasado. Sin embargo en la mirada de Harry también había enfado.

¿Quizá se sentía enfadado por no poder evitarlo?

-No estoy seguro de comprender lo que ha ocurrido - admitió -. Me pareció un hecho tan innecesario que no alcanzo a aceptarlo como real.

Hermione lo sentía igual, sin embargo seguía habiendo ese algo que hacía todo eso importante.

-Ha pasado ya -consoló ella y se acercó al chico para palmearle un hombro-. La próxima vez que nos encontremos con Malfoy será menos accidentada, estoy segura.

-¿La próxima? -Harry frunció el ceño. A decir verdad todos sus encuentros con el rubio habían sido así de accidentados, de hecho a Harry no le era extraño que el rubio decidiera agredirlo de esa manera, dado el penúltimo encuentro que tuvieron. Sin embargo había algo en las palabras de Hermione que insistía que era necesario provocar un encuentro más; de preferencia sin accidentes y desventajas como la que acababan de vivir-. Supongo... pero será difícil sorprender a Malfoy. Sigue teniendo un poco de ridícula ventaja.

-Creo que Malfoy sabe la ubicación de la copa de Hufflepuff -informó ella.

-Ya habíamos sospechado algo de eso - murmuró el moreno.

-Hay un tatuaje en la cadera de Malfoy -insistió ella-. Es la copa de Hufflepuff rodeada de un dragón chino. Puede tratarse de un mapa.

-¿Un tatuaje? -se extrañó el chico.

-No pudiste verlo -ella se ruborizó-. Está colocado en la espalda inferior de Malfoy. Cuando se levantó la túnica alcancé a verlo.

Harry tuvo que ruborizarse también y carraspeó con incomodidad.

-Debo hablar con Luna y Ollivander -decidió finalmente.

Hermione evitó recordar a Harry lo agotados que Luna y el señor Ollivander estaban y avanzó al interior de la casa donde Bill y Fleur interrumpieron el interrogatorio al que estaban sometiendo a Ron, para posar la mirada en el moreno.

La muchacha vio con aprobación que el matrimonio permanecía a la expectativa y dedicó a Ron un gesto de agradecimiento. Sabía que no le había dado mucho tiempo para explicar la situación a su hermano, pero para ella era vital permitir a Harry que aclarara sus ideas y superar el ataque recibido.

-Gracias por recibirnos -murmuró Harry-. Todo esto ha sido bastante inesperada. Espero que no les causemos problemas.

-Créeme que eres la menor de nuestras preocupaciones -Bill le dio una fraternal palmada en la espalda-. De hecho estamos por abandonar este sitio. Pronto dejará de ser seguro.

-Entiendo -el moreno volteó a mirar a Fleur-. Necesito conversar con Luna, ¿puedes decirme dónde está descansando?

La muchacha hizo un gesto que parecía querer detener lo que Harry pretendía hacer, sin embargo avanzó hacia las habitaciones y empujó una puerta.

-Debeguias descansag un poco, Hagui -opinó-. Luces hoguible.

El muchacho suspiró.

-Temo que no tengo mucho tiempo para eso -admitió-. Me urge resolver un poco todo esto; al menos lo que sí dependa de mí.

-No tienes que hacerlo solo - dijo Bill.

-Sí tengo -contradijo Harry y penetró la habitación.

Luna dedicó una sonrisa a Harry en cuanto lo vio y palmeó un sitio diminuto a su lado donde el moreno se sentó.

-Luces mejor -susurró y estiró una mano para tocar las mejillas hundidas del rostro femenino-. Me alegra tanto que estés bien. Me preocupé mucho cuando supe que estabas cautiva.

-Soy muy afortunada -ella sonrió-, no fuiste el único que se preocupó por mí, pero ya estoy libre.

-Y a salvo -agregó el moreno.

Luna soltó una bonita carcajada.

-Libre -insistió-. Con Malfoy tan al pendiente de nosotros no podíamos estar en demasiado peligro.

-Ya habrá tiempo de hacer pagar a Malfoy por todo lo que ha hecho -evadió Harry con enfado y suspiró-. Lo que necesito saber es si has podido averiguar algo. Él tiene un objeto que necesito.

Luna dejó ver una expresión despistada que aumentó el enfado del chico, pero no comentó nada y esperó a que la rubia hablara.

-Supongo que regresará al Colegio; insiste en que hay algo importante que debe recuperar.

Harry parpadeó al escuchar eso y pensó en lo que Hermione le había hablado.

¿Malfoy había escondido la copa en el colegio?

-Comprendo -murmuró. Debía volver al colegio y encontrar aquello que Draco estaba ocultando. Si estaba tan enterado sobre la existencia, función e importancia de los Horrocruxes, sólo podía tratarse de uno.

-Espero que puedan arreglarse cuando todo esto termine -dijo Luna.

Harry se incorporó para salir de la habitación y dedicó una última sonrisa a Luna para confortarla. No pensó que fuera necesario aclararle que no llegaría arreglarse con Malfoy ya que suponía que se trataba de ese cordial carácter de la rubia. Justo lo que provocaba que Harry se enfadara más con la situación; nadie tenía derecho a abusar de esa forma de una muchacha tan sencilla, mucho menos el cabrón de Draco Malfoy.

Y hablando de abuso...

Harry apretó los labios y avanzó hacia donde Fleur procuraba cuidados al viejo Ollivander.

-¿Puedo usar la ducha? -murmuró con vergüenza.

-¿Hay alguna heguida que guequiega tgatamiento, Hagui? -preguntó con tanta preocupación que el chico se puso colorado al entender que Ron no había podido guardarse la causa de su indignación.

-No realmente -evadió, intentando no darle importancia Y era extraño pensar que Malfoy había sido ridículamente cuidadoso para estarlo violando; cosa en la que Harry no se había preocupado, cuando lo atrapó la primera vez-. Te agradecería que no lo...

-¡Pog supuesto, Hagui! -ella comprendió al instante-. Bill se encargaga de que no vuelva a escapágsele a su hegmano.

-Gracias...

Mientras Harry se aseaba tuvo que soportar un intenso dolor provocado por la conexión con la mente de Voldemort, que había estado bloqueando con gran dificultad. Había sido bastante difícil no dejarse llevar por las imágenes que empujaban con bastante fuerza, reclamando ser vistas, incluso en el momento que Draco comenzó a empujar contra su cuerpo. De hecho a Harry le pareció notar que el rubio se daba cuenta de lo que estaba pasando y se esmeraba en llamar su atención con más énfasis.

Ahora podía permitirse ver todo lo que Voldemort estaba haciendo y sintiendo. Sabía que debía obtener información sobre la varita de Saúco, pero la idea de que Malfoy pudiera tener la ubicación de uno de los Horrocruxes inclinaba un poco la balanza. Además era demasiado tarde para evitar que Voldemort se hiciera poseedor de la varita; las pocas imágenes que lograron ser vistas por el moreno mientras se duchaba le hicieron saber que el Dark Lord conocía la ubicación exacta del objeto. Y no tenía sentido arriesgarse a enfrentar ese peligro.

Por el momento era mejor concentrarse en los Horrocruxes, lo que involucraba directamente a Malfoy.

Harry terminó de asearse y volvió a ponerse las sucias ropas. Al salir del baño se encontró con sus amigos, quienes esperaban. Ambos lucían una expresión preocupada.

- Vamos - invitó el moreno y los tres entraron a la habitación del señor Ollivander. Notarlo tan deteriorado fue un duro recordatorio a Harry, quien no pudo evitar pensar en lo mucho que debía hacer pagar a Draco Malfoy - . Lamento no permitirle descansar, pero esto no puede esperar...

Esa charla enseñó a Harry que una varita tenía interesantes maneras de reaccionar. Le hizo comprender lo importante que era saber que la varita de Saúco estaba en manos del enemigo y se preguntó si sólo bastaba con robarla de una tumba para que el instrumento aceptara a un mago como su amo.

Después de que los tres chicos salieron de la habitación se podía sentir un ambiente tenso, especialmente porque Hermione aún parecía resistirse a creer todo eso.

Harry ya no tenía fuerzas para resistirse.

- Él tiene la varita - decidió informar a sus amigos -. Acabo de verlo tomarla. Rompió la tumba de Dumbledore para arrancársela de las manos.

- Si hubiésemos sabido... - lamentó Ron.

- No importa - Harry se recargó en la pared -. Malfoy regresará al Colegio. Debemos tenerlo bien vigilado y encontrar la copa que esta escondiendo.

- No entiendo - murmuró la muchacha -, si Malfoy sabe lo que estamos buscando, ¿por qué no ha advertido al Dark Lord?

Buena pregunta.

- Espero que no lo estés justificando, Hermione - Ron se escuchaba malhumorado -. Creo que ese desgraciado ha dado perfecta evidencia del bando en el que está.

- No es necesario discutir la naturaleza de las acciones de Malfoy - Harry suspiró -. Tenemos cosas más importantes qué tratar.

o.o.o

Draco Malfoy se encontraba en una situación risible. De hecho se reiría si no fuera por el lacerante dolor que le recorría todo el cuerpo y le tenía tendido encima de la alfombra, donde había caído luego de ser lanzado con un potente hechizo, seguido de otros más, acompañado de las risas burlonas y tensas de los magos que tuvieron la fortuna de ser testigos del castigo dado al favorito.

Era una interesante forma de conservar el poder, a opinión del rubio; aunque resultaba un tanto desconcertante que premio y castigo provocaran el mismo terror a los seguidores de Lord Voldemort.

De todos modos no era lo que importaba a Draco. El haber sido castigado y humillado por el extraño escape de los prisioneros, quienes habían sido ayudados por un jodido elfo (cosa que nadie podía creer aún); fue lo que le dio la oportunidad de sentir esa oscura presencia.

Ahí, tirado y abandonado, Draco recordó que no había sentido esa siniestra presencia antes; lo que era extraño, al menos lo fue antes de que el rubio lo comprendiera. La tarde que Harry lo sorprendió en ese pueblucho y lo atacó sexualmente fue cuando Draco estuvo ante un Horrocrux. Uno verdadero. En ese momento no sintió nada.

Cuando tuvo al moreno en el calabozo no sintió tampoco esa presencia, entonces no le dio importancia. Sin embargo la llegada de un furioso Lord Voldemort fue acompañado de un aura aplastante y oscura. Magia malvada que se regodeaba con cada pinchazo de dolor que inundaba al rubio.

Entonces tuvo miedo.

Desde que todo eso inició. Draco no permitió que el miedo lo dominara, sin embargo esa enorme presencia mágica estuvo a punto de ahogarlo. De pronto se le ocurrió que el Dark Lord se había vuelto más poderoso de la noche a la mañana y que no sería suficiente lo que Potter tratara de hacer; no lo vencería.

Afortunadamente hubo un aspecto que lo tranquilizó un poco y fue precisamente ese latigazo de dolor que se concentró al centro de su espalda baja. Serpenteando... como si deseara hacer notar su presencia también.

Entonces Draco lo comprendió. Justo cuando Voldemort comenzaba a hablar sobre el desagradable fracaso del último Malfoy, fue el momento en que el chico escogió para posar los ojos grises en la enorme serpiente que se arrastraba a su alrededor.

Draco ya sabía que se trataba de un Horrocrux, pero no fue hasta ese momento en que descubrió que cada fragmento parecía comunicarse con otro.

Era asombroso.

Ello sólo podía significar que Potter ya no tenía el guardapelo. No lo creía tan estúpido como para haberlo perdido así que era evidencia de que lo había destruido.

La copa gravada en la espalda de Draco se había comunicado con Nagini. Entonces pasaría lo mismo con la diadema, si es que resultaba ser la autentica.

Una vez que Draco comenzara a buscarla no habría tiempo para intentar volver a atrapar a Potter. Tendría que ser lo contrario.

Eso significaba que tenía que mover una pieza más.

Draco tuvo serias dificultades para incorporarse y caminar torpemente por los pasillos de la mansión.

El silencio permitía que el eco de sus torpes pasos se escucharan a medida que avanzaba hacia los calabozos y cuando pudo descender las escaleras un fogonazo de antorchas iluminó el sitio.

El rubio caminó hasta donde un relieve de dragón chino adornaba la pared. Se limpió un poco de sangre de la nariz y manchó el rubí que estaba justo en la cabeza y simulaba ser un ojo. Al instante el relieve cobró vida y se movió, llevando consigo la pared, como si se tratara de una simple cortina.

El sitio se iluminó con la misma velocidad en que el primer paso del rubio se adentró al interior. Eso fue suficiente para que el tintineo de las cadenas que apresaban a Lupín se movieran y el hombre se pusiera de pie, mirándole de esa forma tan apreciativa y preocupada.

- Estás herido - murmuró con un tono de voz que irritó a Draco.

- Por fin lo he comprendido. Lupín - anunció el chico, ignorando el anterior comentario y sacó su varita para lanzar una luz dorada en dirección de Sirius, quien continuaba tendido en esa esquina -. Ya sabía que se trataba de eso, pero me pareció demasiado simple para aceptarlo. Incluso después no lo comprendía, pero creo que es lo único que falta por probar.

Remus apartó la mirada del cuerpo de Sirius, que había brillado momentáneamente y volvió a posar los ojos en el chico.

- Temo que no comprendo...

- No importa - Draco se guardó la varita y acercó la mano manchada de sangre al marco de la puerta recién abierta, donde un bloque de piedra se abrió para dejar ver un par de varitas. Remus jadeó al reconocerlas -. Ya no hay tiempo para probar más opciones.

- ¿Draco?

- Usted ha tomado el lugar de uno de mis padres; al menos eso pretendía - apretó los labios -. Lo logró, señor. Quizá le convenga saber eso, antes de que procedamos a lo demás.

- ¿Draco? - insistió Remus al verlo levantar nuevamente la varita y comprendió que intentaría dominarle otra vez.

- Ya no hay tiempo...

o.o.o

Un escandaloso ruido en la planta baja despertó a Harry, quien salió de la cama con un brinco y corrió a abrir para encontrarse con un alerta Bill, que había salido también y tenía la varita al frente.

En cuanto Bill vio a Harry le hizo una señal para que no bajara. El moreno le dedicó una mirada inconforme y se llevó una mano a la bolsa de los pantalones sólo para no encontrar la varita con la que pretendía imitar la intimidante postura del pelirrojo.

Ron y Hermione se asomaron también y los cuatro escucharon otro estrépito, como si alguien estuviese rompiendo todo, allá abajo.

- Quédense aquí - ordenó Bill y comenzó a descender por las escaleras.

- No pudieron entrar - susurró Hermione -. Este lugar tiene mejores protecciones que las que teníamos en la tienda.

- Los ruidos allá abajo no parecen ser muy cordiales - ironizó Ron y los tres escucharon el indignado chillido de Kreacher - . Deberíamos bajar y ver qué pasa.

- Harry - llamó Bill - . Será mejor que vengas a detener esto.

Los tres chicos se miraron antes de bajar por las escaleras. A la entrada del comedor se veía al sorprendido pelirrojo con los brazos cruzados, mientras dos elfos domésticos escogían ese preciso momento para chocar contra otro jarrón que se hizo añicos en el suelo mientras ellos luchaban a manotazos nada impresionantes.

- Kreacher, basta - ordenó Harry y se acercó para separar a ambas criaturas - ¿Hethger? - reconoció.

- Es el elfo de Malfoy - explicó Ron a su hermano.

- ¿Y se puede saber qué hace aquí? - Bill frunció el ceño -. Quizá esté guiando a alguien más.

- Hethger no guía a nadie - chilló el elfo - . Hethger ha tomado una decisión. Hethger ha venido a ayudar a Harry Potter.

- Será mejor atraparlo - dijo Ron con desconfianza.

- Hethger ha desobedecido a su amo - dijo la criatura y de entre sus ropas extrajo la bolsa de Hermione, junto con tres varitas -. Hethger quiere que todo termine, Harry Potter, señor.

Harry recibió la bolsa y la abrió para mirar en el interior. Inmediatamente el brillo de la espada de Griffindor se hizo notar.

- Ron, basta - pidió Hermione -. Es obvio lo que ha pasado.

- No podemos confiarnos.

- Las varitas están aquí - dijo Harry -. Dobby pudo desobedecer. No creo que deba ser el único elfo doméstico capaz de hacerlo, cuando la situación lo amerite.

- Todo está aquí, Harry Potter, señor - insistió el elfo -. Hethger no ha traído a nadie más.

- ¿Y tu amo? - Harry apretó los labios.

- Hethger ya no tiene un amo - declaró el elfo con tal convicción que arrancó un chillido indignado en Kreacher.

- Kreacher no confía. Deje que Kreacher le de su merecido, amo.

- Basta - insistió Harry.

- Será mejor no dejarlos juntos - opinó Hermione y vio que Fleur y Luna habían bajado hasta el lugar.

Harry hizo un ademán afirmativo y se permitió sonreír.

Las cosas volvían a ponerse a su favor.

o.o.o

Sirius despertó con un doloroso jadeo; un ataque de tos lo dobló y se abrazó ambos costados con fuerza, encogiendo su cuerpo, con la esperanza de que eso disminuyera un poco las violentas sacudidas.

Sintió que pasó mucho tiempo antes de que lograra calmarse y levantó los ojos llorosos para observar el sitio en el que se encontraba. No lo conocía. Claro que era bastante obvio que se trataba de una mazmorra, una bastante enorme para tratarse de una simple casa, así que estaría en una mansión.

¿Cuántas mansiones conocía con una mazmorra así de opulenta?

-Maldición Draco -murmuró con un gruñido y se puso de pie con bastante dificultad.

Acudieron a la mente de Sirius bastantes imágenes desordenadas, tantas que estuvo a punto de marearse.

No comprendía nada.

Entonces sus ojos localizaron ese cuerpo tirado cerca de lo que debía ser la salida y Sirius recordó un suceso en específico, justo el que necesitaba para explicar qué hacía en ese lugar.

Recordó el estallido de la puerta principal en Grimmauld Place y los hechizos aturdidores que se colaron por la abertura. Varios magos encapuchados entraron apresuradamente. Remus intentó contraatacar, pero fue reducido luego de titubear al descubrir quién estaba encargado de guiar ese ataque.

El propios Sirius había dudado.

Y es que no había esperado ver al propio Draco Malfoy al frente de ese puñado de asesinos.

Fue un golpe duro para Sirius.

Cuando ambos intentaron reaccionar y reorganizar la defensa ya era demasiado tarde.

Sirius avanzó con pasos lentos y se inclinó a un lado del cuerpo tendido. Con delicadeza lo volteó y acomodó el cabello rubio del muchacho, sin comprender la razón por la que se encontraba en ese estado.

Draco parecía dormir tranquilamente. Su cuerpo emitía un ligero brillo lavanda que pasaría desapercibido para cualquier otro mago. Y hubiera pasado sin importancia para Sirius también, si no fuera porque estaba seguro de conocer aquello que era capaz de dejar vacío el cuerpo de un Black; o el descendiente de uno, como ocurría en ese caso.

El mago levantó la cabeza; tal como había pensado no había nadie más en el lugar, de hecho se alcanzaba a percibir una apacible soledad que le provocaba desconfianza.

Draco había logrado dominar un cuerpo y al parecer decidió que lo mejor era llevarlo a otro sitio.

Poseer otro cuerpo usando ese método era sumamente complicado, más todavía si se pretendía moverlo de lugar.

Sirius apretó los labios pensando que el rubio no poseía tanta capacidad mágica para lograr eso. Había heredado el don gracias a Narcisa, pero aún necesitaba de bastante práctica. Además debería tener perfecto conocimiento de aquello que capacitaba la posesión más firme, sin importar lo que el dueño luchase en contra de ella.

Narcisa era una bruja excelente, pero nunca lució interesada en la herencia mágica a la que era acreedora, especialmente por el alto riesgo que implicaba. Después de todo el incidente de un ancestro Black realizando la misma posesión había sido hablado por bastante tiempo, aunque ahora se tratase como una oscura leyenda de la que nadie estaba seguro si había ocurrido o no.

Así que era desconcertante mirar al rubio ahí, tendido en el suelo con claras señales de ocupar otro cuerpo, en vez del propio.

Sirius suspiró profundamente obligándose a comprender que de nada le serviría seguir haciéndose preguntas que difícilmente podría responder y volvió a observar el sitio con cuidado.

Entonces vio ambas varitas al interior de una cámara oculta por una piedra falsa.

El moreno se puso de pie y avanzó para tomar ambos artefactos mágicos. De inmediato reconoció su propia varita. La otra era de Remus.

¿Remus?

Sirius volvió a mirar el sitio, pero no estaba en ningún lado. En una pared se veían gruesas cadenas y el moreno frunció el ceño al notar que no estaban rotas. Quizá, de haberlo estado, podría pensar que Remus se liberó y atacó a...

No.

Draco había dominado un cuerpo. El cuerpo de Remus.

- ¡Demonios! - gruñó sabiendo que la simple acción requería de una enorme capacidad mágica y apuntó con la varita hacia el cuerpo de Draco con la intención de llevarlo con él.

Por mucha capacidad que el rubio hubiese alcanzado a desarrollar en todo ese tiempo, que por cierto no tenía entera seguridad de cuanto había sido; no sería suficiente para que la posesión se extendiera por horas; así que el rubio tendría que volver y Sirius quería estar presente cuando eso pasara. De preferencia lejos de lo que podría ser la guarida de un montón de mortifagos o del mismo Voldemort.

Y la verdad es que la idea de llevarse el cuerpo del rubio había sido buena, al menos hasta el instante en que el hechizo de levitación rebotó con violencia de regreso, apenas dándole tiempo de esquivarlo.

¿Por qué...?

Sirius alcanzó a ver el reflejo de la magia rodeando el cuerpo de Malfoy y apretó la mandíbula con tensión.

Claro. Las protecciones.

En ese caso, tendría que huir sin el chico. Después de todo seguía siendo mala idea permanecer en ese lugar. Además ahora tendría que buscar a Remus.

- Pudimos ser una familia verdadera - susurró con decepción hacia el cuerpo, pese a que sabía que el chico no podría escucharle -. Adiós, Draco, supongo que lograste que no te diera una oportunidad más...

Y se fue.