Especial de Navidad
Nota: Esta es la primer navidad que Draco Malfoy pasa sin Narcisa y Lucius. Para el chico hay pocas cosas qué celebrar, pero esta claro que los demás no piensan lo mismo que él y ahora el rubio ha tenido que reestructurar su situación.
Draco Malfoy estaba acostumbrado a otro tipo de eventos. Es decir, las fiestas de navidad eran un acontecimiento en realidad masivo en la Mansión, lo que implicaba varios meses previos de preparación entre la que destacaba el ornato del lugar, donde debería evidenciarse la espléndida situación económica y social en la que la familia se encontraba.
El rubio había pensado mucho en esa fecha en específico cuando volvió al colegio. La situación de los Malfoy había cambiado drásticamente; todo iniciando con el hecho de que ya no había más Malfoy que él. Así que el rubio había dado por hecho que no habría dicha celebración.
Además había tantas cosas por hacer, que una festividad como esa se le antojaba banal e innecesaria. El propio Albus Dumbledore logró que Draco comprendiera que las cosas no estaban para ponerse a festejar. Los tiempos no estaban para eso. Sin embargo, cuando las vacaciones de diciembre estaban por llegar, el chico comprendió, de nuevo, que estaba desestimando el hecho de que ahora tenía otra familia.
Cierto, no había tomado en cuenta las costumbres de su extraña familia. Sirius Black, no le hubiera parecido el tipo de los que festejan; después de todo había estado muchísimos años encerrado y el verano en que Draco se dedicó a conocerlo un poquito, antes de volver al colegio, no le pareció que estuviese especialmente emocionado por el acontecimiento.
Remus Lupín pudo hacer que Draco justificase cualquier demostración entusiasta hacia el hecho. Sin embargo le rubio tuvo que admitir que la prudencia del hombre, nada mostrado en la de su tío, hubieran justificado que el rubio pensara que la fecha pasaría absolutamente desapercibida.
Y al final estaba Potter. Bueno, Potter podría justificar cualquier derroche de emotividad al hecho de (por fin) poseer una verdadera familia. Lo que a Draco se le antojaba absolutamente ridículo, la verdad. El caso es que Potter había estado más que dispuesto a perseguir - sí, perseguir - a Draco por el colegio e insistir que esa navidad en particular sería algo absolutamente genial.
Draco tenía sus dudas respecto a la genialidad del asunto. Estaba lo suficientemente saturado de información, obligaciones y demás porquerías en la cabeza, que no se sentía con real ánimo de celebrar la navidad. Y hubiera pensado que su tío Sirius lo comprendería, pero ahí estaban, Potter y él, descendiendo del tren que les llevaba de regreso a casa para la temporada, viendo a ese extraño individuo, seguramente intoxicado con alcohol, apretando a ambos de manera que a Draco se le antojó peculiarmente asfixiante.
Cualquier indicio de prudencia, temor o resguardo a la que Draco hubiera esperado que su nueva familia se refugiase estaba un tanto... ausente. Y ahora los cuatro se transportaban a casa en un coche, mientras el rubio tamboreaba constantemente sobre sus rodillas, mientras Potter se dedicaba a garabatear en una hoja. Por cierto que su tarareo comenzaba a ser irritante al rubio.
- Basta, Potter - gruñó Draco y se estiró para arrebatarle el pergamino, lamentablemente el moreno adivinó sus intenciones y logró poner el papel lejos del alcance del chico - ¿Qué demonios escribes con tan irritante acompañamiento? Quiero tener un traslado tranquilo.
- Estos meses te han puesto amargosito, Draco - el chico se burló - . Y no es Potter. ¿Cuántas veces debo corregirte?
- Es tu apellido, ¿no? - evadió el rubio con enfado - . De todos modos, ¿qué tanto escribes?
- Los regalos que haré.
Draco permaneció en silencio, esperando (debía admitir) que Potter dijera más. Cuando estuvo convencido que no sería de esa manera, enarcó una ceja y no se molestó en mostrar lo decepcionado que estaba.
- ¿Sólo eso? - insistió -. Con lo irritante que te estás portando, cualquiera pensaría que estás escribiendo el plan con el que eliminarás a quien tú sabes.
Harry lo miró extrañado.
- ¿Y por qué habría de escribirlo? - frunció el ceño -. Más aún... ¿por qué estaría tarareando si pienso en Voldemort? No seas imbécil.
Draco se estremeció, aunque tuvo tiempo para mostrarse ofendido por el insulto recibido.
- Para muchos sería razón de real regocijo - se defendió -. Tu vida está en riesgo. Había pensado que también te alegraría haber encontrado la manera de...
- Deja de joder, Malfoy - bufó el moreno torciendo los labios -. Es increíble que decidas empezar a fastidiar nuestra cena familiar de Navidad cuando ni siquiera se ha planeado.
Había un tono distinto cuando Potter pronunciaba cena familiar de Navidad. Aunque el rubio no alcanzó a analizarlo.
- No deberían pelear, chicos - intervino Remus, quien eligió justo ese momento para hacer notar su presencia y les miró por el espejo retrovisor -. Sirius y yo hemos acordado ser un impecable ejemplo familiar, y no premiaremos las conductas inadecuadas.
- ¿Eso han acordado? - Draco volteó hacia el conductor y frunció el ceño - ¿Por qué?
Sirius suspiró.
- Remus ha ganado una apuesta... - decidió admitir.
- ¿Sólo eso? - insistió el rubio, a quien las apuestas le importaban poco, especialmente cuando resultaba en lado perdedor. Y a juzgar por la impecable educación Black, pensaría que su tío estaba un poco de acuerdo. Excepto, claro, si se involucraba con Remus Lupín. Increíble, no se necesitaba el instinto violento de un hombre lobo para tener a un mago de los huevos. Draco soltó una carcajada al comprender eso - . Así que todo esto es serio. Seremos reprendidos si no mostramos un comportamiento en pro al núcleo familiar que, se supone, somos.
- ¡Hey! - protestaron los tres.
- Draco - Remus le miró de manera condescendiente - , somos una familia.
- Ya deberías estar convencido, chico - Sirius le guiñó un ojo -. De ésta no te escapas.
Draco decidió no informar lo que pensaba al respecto y volvió posar la mirada en Potter, quien rallaba en el pergamino con insistencia.
- Te has perdido de un regalo por seguir dudando de nuestra familia - declaró con solemnidad.
- Eso no es justo - protestó el rubio y se acercó para leer el papel, cosa que le resultó imposible, ya que el moreno lo apartó - . Vamos, Potter, deja de portarte como niño.
- Nuevamente me has llamado por mi nombre - declaró Harry con una ceja enarcada y volvió a tachar en el maldito papel - . Eso merece que te quite un obsequio más.
o.o.o
Draco encontraba terriblemente fácil amoldarse a su nueva familia, sin embargo aún le costaba un poco de trabajo considerarse parte de ella.
Su padrino Severus no había dejado de hablar pestes respecto a la situación, pero el rubio comenzaba a creer que no era tan malo y los argumentos de que el rubio se estaba rodeando de costumbres nada semejantes a las que tuvo con sus padres comenzaban a carecer de importancia.
La celebración de navidad sería íntima, si Draco comparaba con los agasajos realizados en la mansión Malfoy. Pese a ello no le resultaba tan molesto y el día siguiente lo dedicó a escoger algunos presentes, llevando consigo a su tío Sirius, con quien charló largamente en un discreto sitio, donde ambos bebieron esas extrañas preparaciones muggles que el moreno había comprado.
- Vaya... - murmuró Sirius - . Eso que quieres hacer suena muy exagerado. Además no creo que deba dar mi consentimiento.
Draco se encogió de hombros: -. A estas alturas deberías entender que no te aviso para obtener tu consentimiento, tío - jugueteó con el vaso de cartón -, pero ya que eres un descendiente directo de la familia Black...
- Ya - Sirius se levantó -. Remus jamás se atrevió a opinar sobre algo que no había investigado previamente - dijo con soltura -, así que despreocúpate de esa tontería y vamos por el resto de los regalos.
- En verdad debes querer mucho a Lupín, como para nombrarlo a la primer oportunidad - opinó el rubio - . Debería considerar entregártelo como regalo.
- No puedes darme algo que ya es mío - rechazó el moreno.
o.o.o
Sirius Black insistió en cocinar. El resultado fue un plato con contenido carbonizado al que Draco tuvo que picar varias veces con el tenedor para convencerse de que todo eso no era una broma y su tío realmente esperaba que lo comieran.
La oportuna aparición de los Weasley impidió lo que pudo resultar en una intoxicación familiar; aunque el ambiente en casa pasó de íntimo a revoltoso.
Draco casi se había olvidado de lo bulliciosos que eran los pelirrojos.
Casi había olvidado lo que era haber sido aceptado en ese bando; lo que hacía más difícil pensar en el enemigo que se alzaba con mayor seguridad, conforme avanzaban los meses, desde que el padre de Draco fracasó en la misión que se le encomendó en el Ministerio de Magia.
Casi... podía olvidar que la falta de odio por parte del trío maravilla se debía a la poción caduca que habían probado en esos panecillos que el propio Draco se encargó de servir.
Luego de cerca de tres horas, todo volvió a calmarse en casa. Draco recurrió a su rutina de limpieza nocturna para evitar las formalidades navideñas y no abrazar a nadie de su familia. Luego de asearse debidamente, salió del cuarto de baño y en el pasillo encontró a ese atolondrado moreno. Le resultaba difícil asociar a ese Potter con el mismo que debía vencer a Lord Voldemort. En serio, por más que el rubio se esforzaba, no podía...
- Hey - Harry le sonrió -. Escapaste cuando comenzamos a darnos el abrazo de felicitación.
- No escapé, Potter. Tenía cosas qué hacer.
- Excusas... - el moreno adelantó su cuerpo y Draco se vio atrapado contra él -. Feliz Navidad, Draco.
- En casa... - el rubio suspiró - no nos dábamos abrazo.
En la Mansión no había muestras de cariño tan efusivas. No había escándalos ni cuetes mágicos. No había gemelos medio borrachos cantando villancicos adaptados para ser graciosos.
- Ya lo dijo mi padrino, Draco, no te vas a escapar tan fácilmente.
- Oh, que encantador que tú también me amenaces, Potter - Draco soltó una risita y dejó que sus brazos rodearan el torso del chico -. Así que mi hermanito menor encuentra entretenido hacer eco de las amenazas de nuestro tutor. ¿Qué otra cosa debo tener presente?
- Que tu hermanito, cumple sus promesas - susurró Harry.
Una promesa. Draco no la había olvidado, pero escuchar al moreno hablar de ella le parecía bastante irreal. Habían pasado menos de cinco meses desde que la hizo, y el rubio aún sentía que la había escuchado el día anterior.
- Así que aún quieres hacer que me enamore de ti - susurró relajado y palmeó la espalda de Potter -. Creí que ya habrías encontrado a un chico más interesante en el Colegio. Ya sabes, uno que no te ponga tan difíciles las cosas.
- No hay nadie más interesante que tú, Draco.
- Pero si los hay más buenos... - de pronto Draco pensó que era importante recordarle eso y apartó un poco al moreno para mirarlo -. Hay más chicos que te causarán menos problemas o frustraciones. Cualquiera es mejor, Potter.
- Harry - corrigió el chico e hizo una mueca -. Y ya no es tiempo para acobardarte, Draco. Ya he tomado mi decisión. Voy a hacer que te enamores de mí. Si es que no lo he logrado ya - agregó con una encantadora risita.
El rubio golpeó el hombro de Harry y caminó hacia su habitación.
- Esta nueva familia te está volviendo engreído - declaró.
- ¿No querrás decir que alguien en especial de mi familia me está contagiando lo engreído? - Harry caminó detrás de él.
- No molestes, Potter. Además, si imitaras mi estilo, tendrías un poco más de elegancia. Y no veo nada de eso en tu persona.
- ¿No vas a desearme feliz Navidad, Draco?
El rubio volteó para mirar a ese desastroso moreno y bufó, fingiendo estar fastidiado.
- Feliz Navidad, Potter.
- Harry...
- Cómo sea - Draco giró los ojos y se metió en su habitación para cerrar.
Estando en el interior recargó la espalda en la puerta y bajó la mirada.
Era la Navidad más extraña a la que un Malfoy hubiese estado expuesto.
Justo el último Malfoy.
Ya era tarde para reconsiderar el bando o la estrategia. Todo debía seguir igual. Además, aún debía obtener la información que su tío Sirius tenía.
