Capitulo seis
Disclaimer: Harry Potter y todos sus personajes son propiedad de J..
Esta vez Draco tuvo dificultades para llegar al colegio. Aparentemente alguien más había alterado a los mortífagos, quienes no parecían estar de humor para que se volviese a activar el hechizo de aullido; lo que casi provoca que el rubio estuviera a punto de ser atacado. De hecho faltó poco para que el hechizo aturdidor le diera de lleno.
Afortunadamente Draco había podido descansar un poco antes de dirigirse a ese sitio; además su permanencia en el cuerpo de un hombre lobo acentuaron sus reacciones físicas de forma oportuna y pudo evitar el hechizo, antes de quitarse la capucha y mirar con enfado a los magos.
- ¡Maldición, Malfoy! - gruñó uno de ellos.
Draco notó que estaban particularmente tensos, pero ignoró el hecho y se limitó a incorporarse y sacudirse el polvo.
- Saben que no puedo aparecerme directamente en el castillo, imbéciles - bramó el rubio y levantó la mirada, sólo pare ver que otro individuo le apuntaba con la varita.
- Finite Incantatem - bramó.
Un cosquilleo recorrió el cuerpo de Draco, quien enarcó una ceja.
- Tenía que asegurarme, diablos - gruñó con mal humor.
- Entiendo- se burló Draco - . No quieren que Potter se les vuelva a escapar. Aunque olvidan que él no llegaría solo y expuesto. Aún disfrazado de uno de nosotros, no es tan estúpido.
Al menos Draco esperaba que Potter hubiese aprendido algo, después de ser casi atrapado por tres veces.
Draco permaneció un poco más con los alterados magos. Lo que le sirvió para enterarse de aquello que había accionado el hechizo de aullido.
- Verdaderamente tienen los nervios hechos mierda - se burló el rubio y los demás fruncieron el ceño.
- En verdad que era un ciervo - insistió el ofendido mago.
- Tanta presión puede distorsionar la percepción de cualquiera - Draco se encogió de hombros -. Aunque deben admitir que confundir una cabra con un ciervo es un tanto ridículo.
- Tan ridículo como ser desobedecido por un elfo doméstico - todos soltaron una carcajada.
- Así que la noticia llegó hasta acá... -Draco torció los labios -. Cuando le ponga las manos encima a ese elfo, servirá de ejemplo a los demás, y no les quedarán deseos de volver a alimentar pensamientos ridículos.
Que esos magos se mostraran de acuerdo chocó a Draco. El rubio bufó y decidió que era tiempo de irse al castillo. Con todo lo que había hecho, antes de aparecerse; el tiempo no podía ser desperdiciado.
Al retomar el camino hasta el colegio el rubio pensó en el Patronum que de tan mal humor había puesto a quienes custodiaban Hogsmeade. La verdad es que no le parecería tan extraño que verdaderamente se tratase del ciervo de Harry, lo que era un tanto confortante, ya que el rubio pensaba que no había encontrado la manera de llamar la atención del moreno. Además nada garantizaba que Sirius Black aceptara llevar a Potter hasta ese sitio, pese a que recordaría lo importante que era.
Draco suspiró cuando por fin tuvo la entrada del castillo de Hogwarts a la vista. Entonces tuvo la aplastante sensación de que estaba a punto de perder a su familia y la angustia le hizo detenerse. Al otro lado de la reja, cerca de la entrada de madera, se podía ver a Severus Snape, avanzando hacia él.
... su familia...
Draco se humedeció los labios a medida que miraba el apresurado andar de su padrino. La imagen del hombre le hizo recordar la ordenada oficina del colegio, donde estuvo tantas veces. Su mente viajó a ese sitio donde Albus Dumbledore le había dedicado esa suspicaz mirada, con la que demostraba lo mucho que desconfiaba en aquello que Draco entró a informarle, justo cuando inició el sexto curso.
- No me estás pidiendo nada - murmuró el viejo aquella vez -, sin embargo tampoco me ofreces una razón para que confíe en ti, Draco.
El rubio dejó escapar un jadeo y bloqueó su mente. Sin embargo ya era tarde. Snape lo había visto todo.
Severus se detuvo frente al rubio y enarcó una ceja.
- Tenemos que hablar - dijo con frialdad.
o.o.o
Sirius aplaudió haber accedido a la idea del departamento de Servicio Social para activar un localizador familiar. Era cierto que no recordaba las circunstancias exactas en que hizo semejante cosa, pero ahora le parecía lo más prudente, ya que pudo aparecerse cerca de donde estaba Remus.
Era un poco desconcertante haber aparecido en el bosque prohibido, sí, pero a juzgar por la intensa penumbra, Sirius pudo comprender que estaba bastante alejado del Castillo, además no tenía completa idea de la situación, pese a que su instinto le hizo actuar de manera prudente.
Ahora caminaba apresuradamente por el bosque en busca de Remus. Si bien el hombre era fuerte, Sirius no podía imaginar que pudiera hacer mucho a falta de una varita mágica. Y en el bosque había suficientes criaturas con las que un mago indefenso no desearía encontrarse.
Sirius estuvo a punto de impacientarse cuando completó más de una hora buscando. De pronto escuchó el crujido de unos pasos y levantó la varita para defenderse; afortunadamente no fue necesario, de entre la vegetación salió un alerta Remus, que le miró con atención y precaución, antes de suspirar.
- Sirius...
El moreno jadeó y retrocedió repentinamente, tirando la varita y llevando ambas manos a su cabeza.
"Ya que eres un descendiente directo de la familia Black, necesito saber la forma exacta para mantener una fuerte posesión... "
- ¿Sirius? - Remus se acercó asustado y le tocó - ¿Qué pasa? ¿Te han seguido? - miró hacia todos lados hasta reparar en un detalle - ¿Cómo... escapaste?
- No escapé... - susurró Sirius con voz débil -. El chico me liberó.
"No es un juego, Draco. Si escuchaste que una posesión te facilitará las cosas, ve olvidándolo... Una posesión puede poner en peligro, no sólo a la persona poseída".
- ¿Te dijo por qué? - preguntó Remus - . Cuando liberó mi cuerpo, me sorprendí al ver el sitio donde me había dejado.
"Aún así voy a hacerlo, tío... En realidad es irrelevante que regrese... Pero... tener tu ayuda podría ser decisivo".
"En ese caso... Necesitamos una marca mágica... Incluso esa repulsiva marca oscura podría servir".
- Bloqueó mi memoria - musitó Sirius al comprender y volvió a mirar al confundido Remus -. Te trajo primero porque, al mirarte, se accionaría el detonante que liberaría mis recuerdos exactos.
-¿Bloqueo? - Remus jadeó - . Sirius, ¿me estás diciendo que Draco planeó todo esto?
- No, maldita sea - el moreno se puso de pie y entregó la varita de Remus antes de empezar a caminar en dirección del castillo -. Te estoy diciendo que fui yo quien planeó esto - se mordió el labio inferior -. Y si todo va de acuerdo al plan, el castillo debe estar por ser atacado.
o.o.o
La verdad es que Draco no tenía tiempo para eso. El chico caminaba con el mismo paso firme que Severus, sin embargo no podía evitar mirar cada esquina del pasillo por el que iban, por si notaba algo extraño. Aunque desear que Potter les saltara en el camino resultaba un poco desesperado, ya que Draco no tenía idea de cómo haría el moreno para llegar al colegio desde donde se estuviese escondiendo. El pensar que el moreno podía resolver ese pequeño inconveniente provocaba un tanto de ironía en Draco, quien sabía perfectamente que las cosas ya estaban bastante difíciles.
Cuando Snape se detuvo y Draco hizo lo mismo ya habían llegado a la gárgola que daría paso a la dirección. El muchacho sintió un vuelco en el pecho pero mantuvo una expresión neutra y se limitó a entrar en cuanto el hombre dijo la curiosa contraseña.
¿Y qué le diría a Snape? Draco no podía revelar mucha información sin arriesgar todo lo que había planeado. Cosas que no resultaba nada atractiva, pese a que quitaría un enorme peso de los hombros.
Además el tiempo seguía corriendo.
El localizador familiar había comenzado a cerrarse desde hace algunos minutos, por lo que Draco podía saber había poca distancia entre su tío, él y Potter.
No podía desperdiciar más tiempo.
Draco penetró la oficina y sus ojos se posaron en el retrato de Albus Dumbledore.
No estaba.
Eso molestó un poco al chico, aunque no pudo permanecer con esa emoción ya que Severus se colocó frente a él y le dedicó una atenta mirada que provocó nervios en el rubio.
-¿Qué fue lo que pediste a Dumbledore?
El localizador mágico provocó que una oleada de cálida magia recorriera la piel del muchacho y levantó la mirada hacia el retrato de Dumbledore para ver el vacío de nuevo.
Era el momento. El tutor de la familia estaba cerca y quería que Draco y Harry lo supieran.
Sirius Black estaba listo para proteger a su familia y quería que ellos confiaran.
Había llegado el momento por que Draco buscara el apoyo correcto.
-No es importante -dijo a su padrino y le sostuvo la mirada-, el viejo no confió en mí de todos modos. Eso hubiera facilitado mi misión, hace un año.
-Aún cuando así fuera -Severos lo escudriñó con insistencia-, algo debiste ofrecerle...
-Ya no importa -insistió el chico-, él está muerto. Tú lo mataste. Ahora sólo debo preocuparme por Potter.
-¿Potter? Ese chiquillo es lo suficientemente cobarde como para no hacerse responsable de todo lo que está pasando.
-¿Y eso qué? -rezongó el rubio-. Mejor para mí, así acabaré más fácilmente con lo que esperan que haga.
Hubo un brillo de decepción en los ojos de Snape que estuvieron a punto de herir a Draco. El rubio se mantuvo firme y levantó la barbilla, retando al adulto.
-Así que no volverás a confiar en mí, Draco.
-Bastante atención ha logrado obtener del Señor Oscuro, padrino -escupió el chico con desprecio-, ya es tiempo que deje algo para mí.
Severus abrió los labios, pero no dijo nada más.
Ambos magos sintieron la magia sobre la marca oscura y se dieron cuenta que se trataba de Potter.
Potter en el interior del castillo. Tal como el localizador familiar había advertido a Draco.
-Ve a la sala de Slytherin -ordenó Severus y se movió con decisión hacia la salida de la oficina. Draco le siguió muy de cerca.
-¡No puedes apartarme de esto! -protestó- ¡Tengo derecho a atraparlo y entregárselo al Dark Lord!
Severus lo abofeteó.
-Oye bien, chiquillo estúpido -siseó Snape-, no tienes lo necesario para atrapar a Potter y mantenerte vivo al mismo tiempo. Obedece o me obligarás a maldecirte, ¿entendido?
Bueno, el chico estaba de acuerdo con lo primero que dijo Snape, sin embargo no era una opción obedecer la segunda.
Draco dejó que Severus se fuera y volvió a levantar la mirada hacia el retrato vacío de Dumbledore.
De todos modos no era necesario que Draco fuera a buscar a Potter. No si el moreno estaba empeñado en conseguir todos los horrocruxes. Y era eso lo que el chico debía aprovechar para dar mayor posibilidad a lo que pretendía. Así que salió de la oficina y caminó en paso decidido hacia la sala de Slytherin.
El silencio recibió al rubio y paseó la vista con detenimiento en cada adorno hasta detenerla en un relieve que representaba a Salazar Slytherin.
Había un adorno similar en la Sala de Ravenclaw. El chico lo sabía porque lo propios alumnos pertenecientes a esa casa habían hecho orgullosos comentarios al respecto. Por supuesto que Draco había tenido varias oportunidades para observar el bello busto de Rowena Ravenclaw, especialmente antes de sufrir el desprestigio de la orfandad y ser señalado como el perseguido al que nadie, excepto Harry Potter, quería acercarse.
En sexto año el chico se obligó a tomar con mayor seriedad sus opciones y comenzó a trabajar en todo lo necesario para lograr aquello que planeaba.
Fueron justo esas arduas jornadas de trabajo las que lo llevaron una y otra vez hasta la sala de los Menesteres, donde comenzó a buscar intensamente.
El chico tardó semanas antes de localizar justo lo que necesitaba. Todas esas noches tuvo que tragarse la frustración mientras removía objetos inútiles de un lado a otro, con la esperanza de dar con el maldito armario.
Fue entonces cuando movió el busto. Honestamente Draco no le hubiese puesto atención si no fuera por la ridícula peluca que descansaba sobre la cabeza de piedra, arruinando de forma nada solemne la expresión severa del anciano.
Sobre la peluca estaba la diadema.
Fue cierto que el muchacho asoció ambos objetos, pero en ese momento no era lo que le importaba. Ahora la situación era totalmente distinta.
¿Qué reacción tendría el Señor Oscuro si Draco se presentaba ante él con dos horrocruxes a salvo?
Era un plan brillante, sin embargo el chico no pensaba cometer el error de ir a la sala de los Menesteres sin protección; especialmente cuando sabía que el localizador familiar beneficiaría también a Potter.
Por eso estaba ahí. Iría a constatar la autenticidad del horrocrux en la diadema de Ravenclaw y lo haría aprovechando esa comunicación que el horrocrux en la copa de Hufflepuff debía manifestar, tal como ocurrió con la serpiente del Lord. Pero iría con protección.
Draco avanzó hacia las habitaciones y abrió una puerta. Sin ninguna clase de delicadeza se acercó hasta las camas y sacudió a Goyle y Crabbe, quienes no parecieron nada felices de verlo.
-Potter está en el castillo - anunció y comenzó a revolver ropa para que se vistieran-. La marca debió arderles ¿por qué no se levantaron?
-Ha habido suficientes llamados erróneos - rezongó Crabbe con mal humor -; apuesto a que éste es uno de ellos.
-No lo es -aseguró el rubio.
-¿Por qué deberíamos creerte? -apoyó Goyle, aunque con menos energía.
Bonito par de guardaespaldas, pensó el rubio con cinismo; de repente parecía haberles entrado las ganas de pensar por sí mismos y decidir que no debían creerse de todo.
-Porque Potter ha desbloqueado el localizador familiar y sé exactamente a dónde se dirige.
-¿Eso es verdad? -Goyle lo miró con un interés que devolvió un poco la tranquilidad al rubio.
-¿Y por qué has venido a decirnos eso? -Crabbe le miraba con suspicacia-. Que sospechoso. Pudiste entregarlo solo.
Draco había aprendido a odiar las miradas suspicaces. Y, aunque estaba seguro que recibiría muchas más, cuando todo eso terminara, no se acostumbraría jamás.
-Porque será más fácil atraparlo entre los tres -gruñó-. Además no creo que sea tan imbécil como para venir sin la sangresucia y el pobretón.
Afortunadamente el argumento pareció convencer a los chicos quienes le acompañaron para salir de una buena vez de la sala, sin embargo su salida coincidió con el llamado del profesor Slughorn, lo que provocó que no sólo ellos tres salieran a la sala común.
El profesor lucía bastante atareado, lo que no extrañó a Draco.
-Todos deben ir al comedor -ordenó sin agregar nada- ¡Ahora mismo! -exclamó al ver que ningún alumno se movía.
Draco miró a Goyle y Crabbe de manera significativa y se unió a la procesión de alumnos.
Por el momento era mejor seguir por ese camino.
Casi al entrar al comedor fue cuando Draco se dio cuenta. Los ojos grises se deslizaron con discreción hasta localizar a Potter, cosa que no le alegró del todo.
Los estudiantes de las casas restantes estaban también ahí. Todos lucían inquietos y eran los causantes de que un cuchicheo constante se mantuviera en el lugar. El silencio paró cuando la profesora McGonagall comenzó a caminar entre los estudiantes, seguida de los demás profesores.
La profesora McGonagall se colocó en la cabecera del gran comedor, la acción llamó la atención de todos. Mientras ella hablaba, el rubio tuvo que comprender que las cosas no serían tan discretas como él hubiese querido. De hecho le causaba un poco de inquietud ver que su tío había tenido razón.
Ahora todo se había convertido en un peligroso espectáculo donde estarían involucrados muchos magos. Y donde algunos estudiantes también parecían querer estar, lo que fue expresado inmediatamente a la profesora.
-Los que sean mayores de edad pueden quedarse.
Draco volteó para mirar el ánimo que esas palabras provocaron.
¿Qué demonios pensaban esos tontos? Eso no era una ridícula aventura en la que un profesor llegaba a impedir que un estudiante se hiciera daño.
-¿Dónde está el profesor Snape?
-El profesor Snape ha decidido irse -informó la profesora, provocando entusiastas gritos en alumnos de Ravenclaw, Gryffindor y Hufflepuff.
¿A dónde? Draco apretó los labios. ¿Habría ido con el Lord?
-Tenemos levantadas las defensas del castillo, pero no resistiremos mucho, por lo que deben salir en calma y aprisa...
Antes de que Draco pudiera alegrarse al saber que los profesores tenían manera de evacuar a los niños del colegio, se escuchó una voz aguda que parecía resonar en todas partes.
El rubio tuvo que admitir que el Dark Lord hacía bastante bien su trabajo. Todos los alumnos lucían aterrorizados a medida que la voz se hacía escuchar.
-Entregadme a Harry Potter y nadie sufrirá ningún daño. Tienen tiempo hasta la media noche.
Los ojos de Draco se deslizaron por el corredor hasta volver a localizar a Potter. Odió que el moreno luciera confundido, como si buscara algo más importante.
Nada debería ser más importante.
"Sólo yo" pensó Draco con enfado.
Entonces Pansy lanzó un chillido que alertó a todos los estudiantes y apuntó hacia Potter.
-¡Ahí está Harry Potter, atrápenlo!
Quizá la mayoría de los alumnos de Slytherin hubiesen podido poner las manos encima del elegido si no fuera por la impresionante cantidad de varitas que se elevaron para protegerlo.
Draco ya lo sabía. Ya sabía que el encanto de Harry era capaz de mover las masas a su favor.
Comprobarlo fue un golpe duro para el rubio.
-¡Una guerra no la hacen dos! -Draco gritó eso hace meses, en la oficina del director. Sintió la misma rabia que ahora le amargaba la boca, mientras veía a todos esos magos, dispuestos a aferrarse a lo que podría ser su única esperanza.
"¿No han muerto ya suficientes...? ¿Cuántos más necesita, joven Malfoy?"
Maldito viejo.
-Vamos -ordenó Draco a Crabbe y Goyle-. Debemos sorprenderlo con menos gente.
Draco se escabulló en compañía de sus dos compañeros. Era mejor hacerlo ya, antes de que alguien notara que no se retiraban con los alumnos de su casa.
-Gracias, señorita Parkinson. Usted será la primera en salir con el señor Filch. Y los restantes de su casa pueden seguirla.
o.o.o
Draco Malfoy estaba saliendo del comedor, en dirección opuesta a la de todos los alumnos pertenecientes a la casa de la serpiente. Harry pudo verlo, a pesar del montón de alumnos que le rodeaban.
El moreno deslizó la mirada por el comedor, en busca de Hermione y Ron. Cuando no los encontró pensó que debía ponerse en marcha, aún sin ayuda de ellos.
Draco Malfoy nunca había parecido el tipo de persona que tomara riesgos. Un mago tenebroso a punto de atacar el colegio no era precisamente la situación a la que alguien quisiera exponerse. El propio Harry hubiera deseado estar lejos de la situación, si fuese posible; aunque el moreno sabía perfectamente que no era una opción que él tuviese. De lo que el moreno sí estaba seguro era que Malfoy, a comparación suya, sí tenía opción; y por el momento parecía beneficiarle más el hecho de estar en el interior del colegio. Razón suficiente para que Harry diera más importancia al hecho de sorprender al rubio.
Harry pensó que debería ir tras él, sin embargo perdería el elemento sorpresa. Muy a su pesar debía admitir que el rubio estaba bastante alertado si de su presencia se trataba, especialmente porque el localizador mágico había comenzado a vibrar con la magia de ambos, anunciándoles la innegable presencia de su tutor.
El moreno debería estar feliz al saber que su padrino estaba tan cerca, sin embargo se sentía preocupado. No había involucrado a Sirius en todo eso ya que sabía perfectamente lo descuidado que su padrino solía ser con su propia persona, especialmente si se trataba de la seguridad de ellos. Pudo perderlo en el velo; eso le había quedado perfectamente claro a Harry. Afortunadamente las circunstancias habían sido otras.
Cuando, meses atrás, Draco llegó a casa, acompañado de algunos mortífagos, Harry pensó que la suerte se le había terminado. No fue así. Aún no podía explicar cómo hizo su padrino para resultar ileso de ese ataque, pero el chico tenía claro que no era buena idea abusar de la suerte. Y ahí estaba su padrino, acercándose al colegio y alterando al localizador mágico.
Por el momento no era tiempo de ocuparse de eso. Si Harry era capaz de finiquitar su misión, todo lo demás dejaría de representar una preocupación, así que el moreno caminó por entre las mesas del gran comedor, donde había menos cantidad de alumnos a los que se habían reunido.
- Potter - la voz de la profesora McGonagall interrumpió los pensamientos del moreno quien levantó la mirada y la vio corriendo hacia él - ¿no tenías que buscar no sé qué?
La diadema. Por el momento eso era más importante.
-Ah, sí, profesora.
-¡Pues vete!
Harry salió del comedor tras lograr ignorar las miradas ansiosas de los estudiantes que aún no habían sido evacuados. Estar en el pasillo solitario fue un poco inquietante, ya que era justo lo que le hacía recordar que Ron y Hermione seguían desaparecidos. Claro que fue él quien insistió en ir a la sala de Ravenclaw sólo acompañado de Luna, pero estar vagando así no era precisamente la motivación adecuada para pensar con claridad.
El chico suspiró y se sentó en unos escalones, sacó el mapa del merodeador para desplegarlo y buscar a sus dos amigos.
Pues no. No los veía. Aunque bien podrían estar ocultos entre la densa masa de puntos que se dirigían hacia la sala de los Menesteres. Cuando guardó el mapa en el monedero recordó un detalle que provocó un sobresalto en su pecho.
Minutos atrás, cuando caminaba con Luna hacia la sala de Ravenclaw, alcanzó a leer el nombre de Malfoy y Snape juntos. Ambos estaban en la dirección.
Harry se puso de pie y corrió decidido en dirección a la oficina. No creía que Malfoy fuera tan descuidado y ocultara la copa en la casa de Slytherin, aunque era lo más obvio y cómodo. Los encuentros que el moreno tuvo con Draco le enseñaron, de la peor manera, que el rubio había aprendido a ser cauteloso. Involucrar a Snape en todo eso apuntaba hacia la Dirección.
No era nada seguro, pero Harry tenía una corazonada. Sin embargo, cuando llegó frente a la gárgola, se detuvo en seco y maldijo.
- ¡Demonios, necesito ver a Dumbledore!
Para sorpresa de Harry, la gárgola se hizo a un lado. No se detuvo a investigar la razón y entró; al estar frente al escritorio miró cada uno de los retratos, hasta localizar el que necesitaba.
- ¡Profesor Dumbledore! ¡Necesito hablar con usted!
Los silenciosos instantes que se extendieron tras esa exclamación angustiaron a Harry. Minutos que amenazaron con traer a flote todas las dudas del chico, quien miraba atentamente hacia el cuadro vacío, mientras en los otros cuadros se veía el inquieto movimiento de los antiguos directores del colegio.
Fue justo cuando el moreno comenzaba a preguntarse si se había equivocado al seguir su corazonada que la imagen del apacible anciano hizo su aparición. El chico sintió mayor ánimo con eso y trepó sobre el escritorio
- ¡Profesor! - Harry se alegró de ver el rostro de Dumbledore sobre esa tela enmarcada -¡No hay tiempo! - urgió - ¡Pronto atacarán el castillo!
- Harry - el hombre miró el sitio con un gesto preocupado - . Jamás he dudado de tus capacidades, pero no esperaba que llegaras hasta aquí, ahora que el profesor Snape es dueño de esta oficina.
- ¡Ese cobarde no es dueño de nada! - exclamó Harry con enfado y bufó -. No importa de todos modos. Ahora mismo debe estar lamiendo el culo de su amo.
Una indescifrable expresión se dejó ver en el rostro del anciano.
- Entiendo - murmuró con un poco de desanimo.
- ¡Profesor! - Harry decidió que Snape no era importante -. Malfoy estuvo aquí hace poco. Él sabe dónde está la copa. ¿Se lo dijo a Snape?
- La copa -la mirada de Albus recobró un poco de ánimo, contagiando a Harry -. Es verdad, Harry, Draco Malfoy tiene la copa... Y por lo que dijo a Snape, pronto tendrá la diadema.
-¡Debo saber dónde, profesor!
Una triste sonrisa delineó los labios de Albus.
- Hay algo más que debes saber, hijo. Es tiempo de que lo escuches...
Continuará...
