"Dama De Honor"
Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.
Clasificación: NC-17 por contenido sexual
Pareja: Bella Swan/Edward Cullen
Summary: Es la boda de Alice y Jasper, y no podría haber otra dama de honor más que Bella Swan. Sin embargo, cuando el padrino pertenece a un pasado que no quieres recordar y es capaz de volverte loca, salir ilesa en el juego del amor puede ser misión imposible.
Notas de la autora: Hola a todos! Sorry por la tardanza de este capi pero mi computadora murió y se perdió lo que llevaba avanzado del capítulo. Por un momento me desanimé muchísimo y la inspiración simplemente no acudía a mí. Aún así pude recuperarla y las palabras volvieron a mi mejoradas, y decidí hacerlo un poco más largo para compensar la espera =). Espero les agrade como quedó.
Por cierto ¿Ya vieron Eclipse? ¿Cuántas veces las han visto ya? ¿Qué les pareció? A mi me encantó!
Debo decir que agradezco muchísimo sus reviews, me dan ánimos para seguir continuando con esta historia! Sin más que decir en esta ocasión les dejo el cuarto capitulo y los veo al final ;). Disfruten!
Capítulo 4º: Novio Inexistente
~Bella's POV~
No tenía idea de cómo habíamos terminado en esa situación. Tampoco me importaba en esos momentos.
Solo podía sentir los labios de Edward encontrándose con los míos de manera salvaje, sus fuertes manos recorriendo mi cuerpo y el tacto de su piel firme bajo las mías.
No quería detenerme a pensar.
Si bien minutos antes no quería escucharlo hablar sobre los recuerdos de cuando casi habíamos hecho el amor, ahora solo ese pensamiento cruzaba por mi mente.
Que él me hiciera suya, y que él fuera mío. Sentirlo dentro de mí, tocándome y amándome solo a mí.
Porque no podía evitar sentir un fuego abrasándome las venas cuando él me tocaba. Por más que me esforzara, no podía ser inmune a él, cuando me excitaba el simple hecho de tenerlo cerca.
Sentía sus manos recorrer mi piel en un camino que había trazado ya tantas veces, tocándome por sobre la tela de la ligera camiseta mojada y la falda que se había enrollado y solo cubría mis bragas. Me besaba el cuello y los hombros, lamiendo voluptuosamente en ocasiones, mordiendo ligeramente en otras. Yo me deleitaba con su piel, con sus músculos que parecían hechos de mármol, duros y firmes. Acariciaba su espalda y sus hombros, y parte de su pecho desnudo.
Y después de tantos besos y caricias, quise más. Mis manos temblorosas presas de la pasión y desesperadas por tocarlo, se dirigieron a abrir los botones de su camisa. Los abrí sin cuidado, arrancándolos como pude para darme acceso a la dura piel de su abdomen. Músculos firmes y lisos marcados, al igual que su torso, que pronto quedo libre para que lo tocara sin reservas.
De inmediato sentí algo tensarse cerca de mi entrepierna, y su excitación se apretó contra mi ingle, arrancándome un gemido desesperado.
Él soltó un gruñido fuerte contra la piel de mi escote, donde su boca juguetona se aventuraba apenas para probar la piel de mis pechos que quedaba expuesta.
Sus manos dejaron de acariciar mis piernas por enésima vez, para dirigirse peligrosamente a mi entrepierna. Acarició la piel de la cara interna de mis muslos deliciosamente, tocando, probando, tentando…mientras yo sentía que desfallecía de placer por el simple roce. Y ni siquiera se había acercado a mi entrada.
Llegó al borde de mis bragas, donde lo sentí tantear sin rozar mi intimidad, solo tocando el borde de la tela de encaje. Yo gemí desesperada, él entendió el mensaje y cuando iba a hacer a un lado la molesta prenda para tocarme…
El sonido de su celular timbrando nos devolvió de golpe a la realidad.
Me alejé de inmediato de él, mis manos dejaron de tocar su bajo abdomen y mis piernas se cerraron de manera casi instintiva. Sus manos salieron de mi falda, que hubieran seguido su tarea de no haber sido por mi violenta reacción.
-Tu…- jadeé como pude, acomodando mi camiseta- Tu celular está sonando…-
Él no contestó. Pude notar como su mandíbula se tensaba, obviamente enfadado por haberme alejado tan bruscamente. Por haber terminado con el placer de aquella manera. Y sobre todo por haberlo dejado tan excitado y sin consumar lo que habíamos empezado.
-Puede ser Jasper…- dije de nuevo, normalizando mi respiración- Tal vez este por llegar o…-
Me callé al notar como volteaba la mirada para buscar el dichoso aparato en el compartimento de en medio. Miramos la pantalla y pude notar que en efecto era Jasper.
Quién se había convertido en mi salvación.
-Diga- contestó Edward, conteniendo la frustración de su voz- Sí, seguimos aquí…-
Pero yo ya no lo escuchaba. Mi mente trabajaba a mil por hora, enfriándose lo suficiente para analizar lo que había sucedido, lo que había estado a punto de suceder.
Lo único que quería era alejarme de inmediato de Edward, no era capaz de seguir un momento más cerca de él, de su cuerpo, de su calor, de sus gloriosas manos.
-¿En diez minutos?- lo escuchaba decir- Está bien. ¿Llamaste a una grúa?-
La única opción era abrir la puerta y arriesgarme a salir bajo la lluvia y pescar una pulmonía. Poco me importaba, tenía que salir de ahí.
Lo miré de reojo, y coloqué mi mano en la manija de la puerta.
-Vente con cuidado Jazz, el camino es peligroso- dijo, aún serio- Sí, no te preocupes, estaremos bien-
Colgó, y lo vi abrir sus labios para decirme algo, pero no lo escuché. Abrí la puerta rápidamente, y antes de que él entendiera lo que pasaba me levanté de su regazo y salí del auto precipitadamente.
Caminé rápidamente bajo la torrencial lluvia, sin tener una noción exacta de a donde dirigirme. Solo sabía que debía alejarme de él, cuanto antes.
-Bella!- lo escuché gritarme- ¿A dónde crees que vas?-
Lo oí cerrar la puerta con fuerza y caminar sobre la grava y el barro, mientras gritaba mi nombre para que me detuviera. Pero yo no quería hacerlo.
Desgraciadamente la agilidad nunca había sido uno de mis fuertes, y por más que corrí para alejarme, él fue mucho más rápido y en poco tiempo lo tenía detrás de mí. Sentí su mano tomarme con fuerza por el brazo, obligándome a voltear a su dirección.
Y quedar frente a frente con él.
-¿Acaso estás loca?- me gritó, tomándome por los brazos con ambas manos, zarandeándome en el proceso- ¿Quieres pescar una pulmonía?-
-Suéltame!- le grité de vuelta, intentando zafarme del amarre de sus manos- ¿No tuviste suficiente ya?- escupí con rabia-Déjame en paz!-
-¿Qué te deje en paz? ¿Estás demente?- me miró como si estuviera loca- Bella, regresemos al auto, vamos a enfermarnos si nos quedamos aquí-
-No!- grité, completamente fuera de mí- No pienso volver a entrar al auto contigo…- dije entre dientes, forcejeando para que me soltara.
-¿Quieres quedarte tranquila?-
-La última vez que lo hice estuve a punto de cometer una estupidez!-
-Tampoco es como que hayas opuesto mucha resistencia!-
Abrí mis ojos de par en par cuando lo escuche decir aquello, y sentí como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago. Dejé de forcejear, y lo miré directamente a los ojos mientras él me regresaba la mirada. Que hubiera descubierto que no era inmune a él destruía mis defensas por completo, y me dejaba vulnerable frente a él.
-¿Vas a negarme que lo que pasó no te gustó?- continuó, acercándome a él- ¿Qué no lo deseabas?-
-No seas arrogante- dije mordaz, entrecerrando mis ojos- Por una vez en tu vida deja de actuar como si yo fuera la idiota que te desea como loca-
-No te entiendo, Bella- contraatacó, renuente a dejar el tema- Primero eres dura, fría y distante, como si mi mera presencia te repudiara- dijo frustrado- Luego te toco y no me rechazas-
-Por supuesto que lo hice! Pero como siempre tienes que someter e imponer tu voluntad!-
-De todos modos pudiste haberte alejado y no lo hiciste- susurró cerca de mis labios, y sus ojos verdes parecían traspasarme- Lo deseabas tanto como yo, Bells-
Sí, lo deseaba. Pero odiaba que él se diera cuenta, y que aprovechara aquello solo para echármelo en cara. Odiaba que siguiera creyendo que estaba muerta por él. Odiaba que me transportara al pasado, solo para hacerme sufrir.
Yo no pensaba permitirlo, no dejaría verle lo mucho que aquello me estaba afectando.
-Lo que pasó en el auto no debió haber sucedido- dije, volviendo a mi tono distante de siempre- Fue un simple…impulso- me encogí de hombros.
Me miró con ojos desorbitados. Como si no pudiera creer lo que le estaba diciendo.
-Así que hazme el favor de olvidarlo, Edward. Nada ha cambiado entre nosotros, ni cambiará- dije tranquila- Todo puede seguir como si nada hubiera pasado-
Sentí unas luces intensas darme de lleno en la cara y el sonido de un motor acercarse. Jasper había llegado, lo que me salvaba de todas las maneras posibles.
-¿Así que eso quieres?- gruñó entre dientes- ¿Hacer como si nada hubiera pasado?-
-Es lo que estoy diciendo- sostuve su mirada furiosa.
-Edward! Bella!- escuché el grito de Jasper sobre la fuerte lluvia, llamándonos a la distancia.
Pero Edward aún me tenía tomada por los brazos, mirándome frustrado y con la mandíbula tensa.
-Parece ser- sonrió arrogante- Que has sido salvada por la campana, Isabella Swan-
Me soltó lentamente, sin dejar de mirarme.
-¿Sabes que es una verdadera lástima?- susurró a escasos centímetro de mi rostro- Que ni siquiera te escuché gritar, Bella-
Y dando media vuelta, se alejó de mí en dirección al auto de Jasper. Dejándome boquiabierta bajo la lluvia.
Edward me la había cobrado con creces.
-¿Me vas a decir de una buena vez que pasó?-
Escuché a Alice preguntarme mientras yo estornudaba por quinta vez en dos minutos.
Después de todo Edward no había estado tan equivocado. No había pescado una pulmonía, pero si una maldita gripe que me estaba empezando a volver loca.
Al igual que Alice.
-Ya te lo dije, Alice- volví a decir, entornando los ojos- El auto se atascó en un bache y luego llamamos a Jasper y vino la lluvia y esperamos-
-Eso ya lo sé, ya me lo dijiste-
-¿Entonces?-
-Quiero saber que hacían afuera del auto con tremenda lluvia!- me gritó con voz chillona, yo entorné los ojos.
Después de todo debía suponer que Alice no se iba a rendir tan pronto.
-Yo…- me levanté del sillón que ocupaba- Me sentía sofocada, es todo…-
-¿Sofocada?- preguntó Alice curiosa- ¿Y eso por qué?- indagó en un tono que pude percibir como burlón.
Maldición. ¿Es que Alice no se conformaba nunca con una respuesta? Volteé mi rostro hacia la ventana de mi gran habitación, impidiendo así todo contacto visual con esos ojos verdes.
Esos condenados ojos verdes que eran idénticos a los de Edward. Ojos que podían lanzar miradas tan penetrantes que me obligarían a confesar todo, o a rendirme al placer…dependiendo el caso.
-Porque…- titubeé- Porque…me sentía atrapada ahí, es todo-
-Me contestaste básicamente con un sinónimo, Bella- la escuché decir detrás de mí- Tienes que darme una respuesta mucho mejor-
Estaba decidida a que le dijera la verdad. Bufé fastidiada, mirando el techo de la habitación. Lo único que quería hacer era acostarme en la inmensa cama que estaba a unos cuantos pasos y dormir todo lo que restaba del día.
E intentar olvidarme de lo que había pasado en ese maldito auto. Olvidar la sensación de las manos de Edward sobre mi piel, recorriendo cada parte de mi cuerpo. Olvidarme del tacto cálido de su deliciosa piel bajo mis dedos, de sus labios llenos encontrándose con los míos, de su lengua lamiendo, de sus dientes mordiendo…
Me sentí vacía al darme cuenta de cómo había terminado todo. La mera idea de saber que no lo había tenido por completo, que no lo había sentido dentro de mí, me molestaba al punto de volverme loca.
Pero más me molestaba el hecho de que precisamente eso me molestara.
-¿Bella?-
Salí de mi ensueño al ver a Alice parada frente a mí, mirándome con preocupación.
-¿Estás bien?-
Sacudí mi cabeza, intentando alejar esos tortuosos pensamientos que inundaban mi mente en esos momentos.
-Sí, no te preocupes- hice un gesto con la mano, restándole importancia.
-Te quedaste parada mirando a la nada- colocó una mano en mi frente- ¿Segura que solo tienes gripe? ¿No será que también te dio fiebre?-
Me sonrojé de inmediato al escuchar su pregunta. Si mi piel tenía una temperatura alta, estaba segura que no era por las razones que Alice pensaba.
-Alice, estoy bien, en serio- le sonreí sincera, tomando la mano que tenía en mi frente para estrecharla.
-No sé porque, pero no me lo trago Bella- me dijo suspicaz- Desde que Edward y tu llegaron has estado rarísima-
Decidí darle la razón en ese punto. Después de todo ella sabía lo mucho que me molestaba la presencia de Edward. Sabía que no quería tenerlo cerca, y también sabía las razones.
Y aún así había planeado todo aquello. Tan sutilmente que cualquiera pensaría que era una simple inocente de todo aquello. Pero por algo era mi mejor amiga, y la conocía perfectamente bien. Sabía muy bien que era lo que se proponía.
Y no iba a funcionar.
-Bueno- comencé recelosa- Pues creo que sabes muy bien el porque…-
-No, no lo sé, porque no me lo dices-
-Vamos, Alice- me senté de nuevo en el sofá- Sabes bien que no quería ir con él- la miré reprobatoriamente- De hecho, sabes perfectamente bien que ni siquiera soporto su presencia-
Se sentó a mi lado, mirándome con aprehensión.
-Pero él se ofreció, Bella- replicó- ¿Qué querías que le dijera?-
-Que no por supuesto!- comenté enfadada, levantándome de nuevo- O mejor, me hubieras dejado decidir a mí! Básicamente armaron todo un complot en mi contra!-
-Por favor, no seas tan melodramática amiga- dijo, soltando una suave y cantarina carcajada después del comentario.
Bufé fastidiada. Aquel gesto era tan…Cullen.
-Sabes bien que fue así- le recriminé- Sabes que de haberme dado oportunidad de hablar, me habría negado-
-Y por esa misma razón no te la di- se cruzó de brazos, mostrando una sonrisa triunfal.
Parecía que todo le estaba saliendo a la perfección. Y si tan solo pudiera leer mentes y descubriera que tanto nos había "acercado" aquella inocente pero eficaz maniobra, ahora mismo estaría gritando de alegría.
-Por favor, Allie- dije en un quejido- ¿Qué intentas hacer? ¿Qué quieres lograr con esto?-
-Sabes muy bien lo que pretendo-
-Y sabes muy bien que no va a funcionar-
-De eso no estoy tan segura- volvió a mostrar su sonrisa triunfal.
Que yo estaba empezando a odiar con toda mi alma.
-¿Por eso me pediste que fuera tu dama de honor?- contraataqué, histérica- ¿Por eso, casualmente, Edward fue elegido el padrino y yo la dama de honor?-
-Bella- dijo tranquila- Te escogí como mi dama de honor porque eres mi mejor amiga, y lo sabes- levantó una mano, impidiéndome hablar- En cuanto a Edward, es el mejor amigo de Jasper, no podía negárselo-
-Pero aún así! Sabías nuestra historia! Y te arriesgaste no solo a que nos encontráramos, sino a que fuéramos otra vez una especie de…dúo invencible!-
Levantó la ceja divertida ante mi comentario. De acuerdo, tenía que admitir que lo que había dicho una reverenda estupidez, pero de verdad me sentía desesperada ante aquella situación.
Que se salía de mi control.
-De acuerdo- dijo en un suspiro- ¿A quién engañas?-
Me detuve en mí andar de inmediato, y la miré sorprendida. ¿A que se refería?
-Edward es mi hermano, Bella. Es obvio que sabías que él vendría a ver a su hermanita menor casarse con su mejor amigo- replicó- Desde el momento en que aceptaste ser mi dama de honor, sabías bien que lo verías de nuevo. Y aún así lo hiciste y viniste, dispuesta a hacerlo. Así que deja de fingir que no te esperabas nada de esto!-
Me quedé petrificada en mi lugar, sin saber que decir. Ya eran dos veces en aquél día que escuchaba verdades que no quería aceptar, y que me caían como baldes de agua fría o puñetazos directos al estómago. Odiaba admitirlo, pero Alice tenía toda la razón.
Y a pesar de eso había aceptado.
-Edward y yo ni siquiera podemos volver a tener un trato civilizado, Al- me crucé de brazos- Mucho menos entablar una amistad-
-Recuperarla, querrás decir-
El problema es que no se daba cuenta que aquello no nos estaba acercando como amigos de ninguna manera. Por el contrario, Alice no se daba cuenta de lo extremadamente peligroso que estaba resultando todo aquello.
-No entiendes, Alice- me senté de nuevo, incapaz de pensar con claridad- Nada bueno puede salir de esto-
Dejé caer mi cabeza en la cabecera del mullido sillón, cansada. Lo único que quería era dormir y olvidarme de aquél hombre de ojos verdes, cabello broncíneo y manos de dios, creadas para llevarme a la locura con sus caricias.
Demonios. El solo pensar en él volvía a excitarme.
-Tranquila, Bells- la escuché decir serena a mi lado- Será mejor que descanses. Creo que por hoy fue suficiente-
Entrecerré los ojos, mirándola asesinamente. Ella solo soltó una carcajada divertida. Vaya que aquello le estaba resultando divertido.
-Te dejo para que duermas y te cures de ese resfriado…que por cierto, no me has dicho porque lo pescaste-
Recordé las razones, y de inmediato sentí la sangre subirme a la cabeza y teñir mis mejillas. Espere que Alice lo adjudicara al bendito resfriado, o que simplemente se hiciera la desentendida.
Por su sonrisa traviesa supe que había hecho lo segundo, y lo agradecí en silencio.
Dándome un beso en la frente y caminando graciosamente hacia la salida, me dejó sola en la enorme habitación.
Para recostarme en la inmensa cama y dormir a mis anchas hasta el siguiente día.
Para mi desgracia, los recuerdos del encuentro en aquél auto me impidieron conciliar el sueño en toda la noche. Anhelé las deliciosas caricias y el cálido cuerpo pegado al mío, encima de mí. Me levanté sudando y con la respiración agitada en varias ocasiones, volteando en todas direcciones frustrada al comprobar que solo estaba soñando. Frustrada al comprobar que lo quería en mi cama, amándome toda la noche.
Consumando lo que habíamos iniciado.
~Edward's POV~
Me estaba evitando, de eso no había duda alguna.
Dos días habían pasado desde lo ocurrido en mi auto, y desde entonces tener un momento a solas con ella se había convertido en misión imposible. Sino se encontraba fuera de la ciudad haciendo "diligencias", estaba rodeada de un montón de mujeres, entres ellas Alice, Rosalie, mamá y su montón de amigas, afinando los últimos detalles de la ceremonia.
En esas ocasiones no podía ni acercarme, por el simple hecho de que las chicas corrían a cualquier hombre que intentara interrumpirlas en su trabajo.
Y yo sabía lo mucho que Bella odiaba ser parte de ese tipo de reuniones. Ella no era de las que hablaban de moda, de chismes o en este caso, de arreglos para bodas.
-Debe estar muy desesperada entonces- sonreí con arrogancia, mirando el techo de mi habitación distraído.
Desesperada por evitarme. Si Bella prefería sufrir lo que para ella significaba un calvario en lugar de estar a solas conmigo entonces era obvio lo mucho que aquel encuentro en el auto la había afectado.
Y yo no podía dejar de pensar en lo que había pasado desde entonces.
De no haber sido por aquella dichosa llamada de Jasper y su llegada unos minutos después, habríamos terminado haciendo el amor en mi auto.
Aún podía recordar la sensación del peso de Bella en mis piernas, sentada a horcajadas sobre mis muslos. Podía sentir la calidez de su cuerpo pegado al mío, de sus manos finas recorriendo mi pecho y mis hombros, de sus senos apretados contra mi torso y sobre todo el tacto caliente de la piel entre sus muslos.
Gruñí frustrado para mis adentros al recordar como había terminado todo.
Frustrado de no haber tenido la oportunidad de llegar más allá, de conocerla por completo, de escucharla gritar de placer para después hundirme en ella hasta lo más profundo de su ser.
Pero más me frustraba el hecho de desearla tanto. De desear a una mujer como la deseaba a ella. Y aún más, de desear a una mujer que había sido mi mejor amiga y que ahora no quería ni verme.
Tenía que hablar con ella. Tenía que saber que pensaba ella de lo que había pasado, intuir lo que sentía. Aun cuando me había rechazado esa tarde, con la lluvia cayendo furiosa sobre nosotros.
Porque yo sabía que aquellas palabras que me había escupido con rabia no eran ciertas. El temblor de su cuerpo, el brillo de sus ojos, me indicaban todo lo contrario.
Tenía que enfrentarla, aún cuando sabía que estaba jugando con fuego.
La oportunidad se presentó sola al día siguiente, cuando Alice tuvo la maravillosa idea de organizar una especie de picnic en el área de piscinas del hotel con los pocos que habíamos llegado antes de la ceremonia.
Hacía un día perfecto, y salimos temprano al área de la piscina que Alice había reservado para montar un pequeño cocktail de verano. En aquél momento, con una bebida entre mis manos, escuchaba- o fingía escuchar- lo que decían en el círculo de conversación en donde me encontraba.
-¿Qué tanto miras, hermanito?-
La pregunta de Emmett me sacó de mi ensimismamiento. Reunidos en la orilla de la piscina, Jasper, Emmett, papá, Mike Newton y yo platicábamos de cosas triviales, que ya para ese punto me sonaban aburridas. En lo que yo denominé un auto exilio, dejé de participar en la conversación, limitándome a asentir de vez en cuando.
Y a voltear cada treinta segundos al otro lado de la piscina, en donde Bella se encontraba.
Maldita fuera. Era una bruja, decididamente lo era.
Vestida simplemente con un bikini diminuto color morado, se hallaba tendida en uno de los camastros alrededor de la piscina, tomando el sol mientras intercambiaba de vez en cuando unos comentarios con Rose y Angela, quienes hacían lo propio a cada lado.
Sus ojos cubiertos con sus lentes de sol, su cabello recogido en un moño mal hecho, y su piel aceitosa brillando por el efecto del bronceador.
Y yo a punto de explotar.
-Nada- contesté a Emmett a regañadientes, bebiendo de mi vaso.
-¿Seguro?- inquirió receloso- Te la has pasado volteando para allá desde hace rato-
Desde hacía quince minutos, para ser exactos. Desde que había visto a Bella salir por una de las puertas del hotel a la piscina.
Vestida solamente con aquel traje de dos piezas, que escasamente cubría sus pechos y la piel entre sus muslos.
Me quedé de una sola pieza al verla. No solo admirando las curvas suaves y exquisitas que estaban a la vista como las que se escondían detrás de la tela, sino asombrado por la situación.
La Bella que yo había conocido hace ocho años se limitaba a sentarse bajo la sombra en algún camastro, vestida con una blusa ligera, unos shorts pequeños y calzando converse, alegando que el sol le dejaba la piel adolorida y rojiza.
Y la Bella de ahora se paseaba segura por la piscina vistiendo un bikini diminuto, solo con unos lentes de sol protegiendo sus ojos. Y su exquisito cuerpo, con unas adquiridas curvas en los últimos ocho años, exponiéndose al sol.
Deleitando mis sentidos y jugando con mi mente.
¿Quién era esa nueva mujer, segura de sí misma y sensual como ninguna otra?
-No pasa nada Emmett- repetí.
La miré levantarse, tomando su vaso vacío, así como el de Rose y Angela, y decirles algo a ambas para después encaminarse a la barra de bebidas.
-Solo necesito llenar mi vaso- dije rápidamente- Ahora vuelvo-
Y comencé a encaminarme a la barra, con mi objetivo a la vista.
-Edward, espera! ¿Puedes llenar el mío?- escuché a Emmett gritarme- Edward!-
Pero yo no tenía la más mínima intención de llenar mi vaso siquiera.
Me detuve a unos pasos de ella, quien de espaldas a mí ordenaba tres bebidas diferentes, mientras yo me deleitaba con la visión de su firme y delicioso trasero cubierto por la tela y de sus largas piernas bronceadas.
Haciendo malabares con los tres vasos se volteó rápidamente, chocando conmigo al instante.
La detuve antes de que se fuera hacia atrás, y tomé los tres vasos en mis manos antes de que se le cayeran de las manos y se hicieran añicos.
Y ella abrió sus ojos de par en par.
-Necesito hablar contigo- dije, sin darle tiempo a reaccionar.
-No veo de qué-
Me miró a través de sus gafas de sol, que me impedían ver bien sus ojos, dejándome en una posición para nada aventajada.
-Sabes muy bien de qué- le dije quedamente- Y por eso mismo me has estado evitando estos días-
-Creo que dejé todo claro ese día- contestó recelosa, tomando los vasos que se encontraban entre mis manos- Así que yo no tengo nada que decirte-
Y dicho esto me empujó levemente con el hombro al pasar por mi lado, buscando alejarse cuanto antes.
Pero yo no estaba dispuesto a ceder.
-Pero yo sí- dije entre dientes, tomándola por el brazo, obligándola a voltear a verme.
Y a través de sus gafas pude ver sus ojos chocolate, mirándome con recelo.
-Déjalo ya, Edward- me dijo entre dientes- Lo que pasó fue una estupidez, no vale la pena hablar de ello-
-Tal vez para ti no lo vale, pero yo necesito que lo hablemos-
-Pero yo no quiero hablarlo- escupió- Tú y yo no tenemos nada en común de que hablar, ni nada que compartir, ni nada que contar. Ya pasaron ocho años, Edward, y me he cansado de repetírtelo-
-Y sin embargo, estoy a punto de hacerte el amor en mi auto y como quiera dices que no tenemos nada de qué hablar- dije enardecido por el simple recuerdo, sin importar que los que estuvieran cerca escucharan.
-Baja la voz- susurró, mirando en todas direcciones- Cualquiera puede escucharte-
-Sinceramente me da igual quien pueda escucharme, preciosa- dije despreocupado, encogiéndome de hombros al instante.
-Pero a mí no. Ya fue suficiente Edward- miró enojada la mano que sostenía su brazo, apresándolo- Y hazme el favor de dejar mi brazo, me lastimas-
No tuvo que decir aquello dos veces. La dejé ir de inmediato. Si algo odiaba era seguirla lastimando, después de todo el daño que ya le había causado.
-Rose y Angela me están esperando- me dijo, dándose media vuelta en dirección a los camastros.
Yo maldije para mis adentros. Si algo no había cambiado en Bella es que seguía siendo una necia sin remedio.
-Esto no puede quedarse así, Bella- repliqué frustrado- No podemos dejarlo así-
-Y yo te pido que lo dejes así- giró su rostro, mirándome por encima de su hombro- Olvídalo, Edward. No hay nada de qué hablar-
Y dicho esto se alejó de mí a paso lento pero seguro.
Dejándome a mí maldiciendo por dentro.
~Bella's POV~
Cerré la puerta del baño detrás de mí, recargándome en ella y obligándome a respirar con calma.
Parecía que haberlo evitado durante esos días no había servido de nada.
Habían pasado dos horas desde que Edward me había interceptado, exigiendo que habláramos sobre lo ocurrido en el maldito auto dos tardes atrás. Desde entonces me había vuelto completamente consciente de su presencia, de sus ojos mirándome, buscando contacto con los míos o simplemente recorriéndome de arriba abajo.
Desde entonces no había vuelto a recuperar la calma.
El famoso picnic de Alice estaba saliendo a la perfección, y se había convertido en mi calvario oficial.
No era nada fácil aguantar la mirada penetrante de esos ojos verdes, mirándome intensamente a la distancia, a veces muchísimo más cerca cuando cambiábamos de grupo de conversación.
Yo había intentado en todo lo posible alejarme de él.
Pero era imposible no sentir su mirada intensa sobre mí, trayendo recuerdos muy vividos de lo que había pasado unos días atrás. Era imposible ignorar su cuerpo imponente cubierto por unos simples pantalones blancos y una camisa del mismo color a medio abrochar, permitiéndome deleitarme con los músculos de su pecho.
Músculos que yo había tocado y acariciado hasta el cansancio.
-De acuerdo Bella- me dije, mirándome al espejo- Tienes que permanecer tranquila-
De pronto recordé mi celular, escondido en las profundidades de mi bolsa en uno de los camastros en la piscina. Y recordé también que una llamada podía tranquilizarme un poco más.
Salí del baño una vez me hubiese calmado, y después de escabullirme hacia los camastros, busqué mi celular en la bolsa y presioné el uno en el marcado rápido.
Justo en el segundo timbrazo contestó una voz conocida que me hizo sonreír de inmediato, y dispuesta a desahogarme del todo caminé hacia los jardines traseros del hotel.
No quería que nadie me escuchara.
-Pero Jake…simplemente no puedo- dije por quinta vez, recibiendo otro regaño por parte de mi interlocutor.
Últimamente no sabía si Jake me regañaba más que apoyarme.
Le había contado a grandes rasgos lo que había estado pasando estos días, maquillando un poco el incidente ocurrido en el Volvo de Edward. En realidad, casi me había saltado esa parte entera. Después de todo y a pesar de nuestra amistad, estaba segura que no sería nada agradable para él escuchar esos detalles.
No después de nuestra historia juntos.
-Claro que puedes preciosa- repitió seguro de sus palabras- Llevas ahí casi una semana, y sigues viva ¿No?-
-Pues sí pero…-
-Sin peros- me cortó de inmediato- La Bella Swan que yo conozco nunca, jamás, sale corriendo-
-Pero la Bella que él conoce sí, así que no creo que haya problemas-
El intento de broma no causó mucha gracia en mi interlocutor.
-Isabella..-
-De acuerdo, de acuerdo!- admití derrotada, sabía que cuando me llamaba por mi nombre completo no estaba nada contento- Ya entendí pues…- sonreí enternecida.
Hablar con Jake siempre causaba ese efecto en mí, y por algo agradecía que fuera mi mejor amigo.
No sabría qué hacer sin él.
-Muy bien- me dijo enérgico- Ahora ve y patéale el trasero a ese niñito mimado Cullen-
Solté una carcajada, sintiendo como me relajaba poco a poco. Definitivamente había hecho bien en hablar con Jacob.
-Te quiero, Jake…- susurré sonriente.
-Yo también te quiero, Bells- lo escuché decir tiernamente- Ahora ve de nuevo a la fiesta y enséñale al tipo quien manda!-
-Lo haré, prometido-
-Y regresa apenas termine esa dichosa boda, te extraño!-
-También te extraño, te llamaré más tarde-
Terminé la llamada y cerré la tapa de mi celular, mordiendo la pequeña antena que sobresalía del aparato. Jacob tenía razón. No podía pasarme todo lo que restaba del tiempo escondiéndome de Edward. Tenía que enfrentarlo, o por lo menos no huir de él.
Así que decidida a cumplir con mi promesa di la media vuelta para regresar a la piscina. Y la mirada de unos ojos verdes se interpuso en mi camino.
Y sentí como me quedaba sin aire.
-¿Qué…- titubeé unos instantes- ¿Qué rayos haces aquí?-
Pero él no contestó. Se limitó a mirarme fríamente, sin abrir sus labios. Parecía concentrado en pensar algo, en entender algo…en descubrir algo. Y yo solo podía ver sus ojos traspasarme como dagas, imaginando que podría estar pasando por su cabeza en esos momentos.
La respuesta vino de inmediato.
-No sabía que tenías a alguien en París…-escupió receloso, evadiendo mi pregunta.
Pero yo no podía pensar. No sabía que decir, no sabía que contestar. Me preocupaba el hecho de que él estuviera ahí, sin saber el tiempo que llevaba detrás de mí, posiblemente escuchando mi conversación con Jacob. Él parecía estudiarme, intentando descubrir algo mediante mi expresión.
-Yo…- alejé mi mirada de la suya- Ese era…-
-Jake, según entendí ¿O no?-
Abrí mis ojos de par en par. ¿Qué tanto había escuchado Edward? Peor aún ¿Qué rayos se estaba imaginando?
-Sí…-
Seguía sin entender porque rayos me miraba de aquella manera, como si estuviera interrogándome, buscando averiguar algo. Y sus palabras resonaron en mi cabeza.
"No sabía que tenías a alguien en París…"
Y pronto la solución inmediata a aquella situación acudió a mi mente, iluminándome por completo. Una solución que terminaría definitivamente aquello, de una vez por todas.
Porque no podía seguir lidiando con aquello, por más que Jake y Alice me persuadieran a hacerlo. Y la llamada con Jacob había brindado el escenario perfecto: los "Te quiero" y "Te extraño" no los había omitido, y con un poco de suerte, tal vez Edward los habría escuchado.
Así que puse la mejor expresión despreocupada que pude en mi rostro y sonreí con descaro, devolviéndole la misma sonrisa torcida que él me estaba brindando en aquél momento.
-Supongo que tu amigo estará extrañándote muchísimo-
Bingo. Ahí estaba la oportunidad perfecta de ponerle fin a una misión imposible, a una trampa creada por Alice para unirme de nuevo a ese hombre.
-Te equivocas- crucé mis brazos por encima del pecho, para soltar la mayor mentira que había dicho en toda mi vida- Jake es todo lo contrario a un amigo- sonreí aún más, haciendo la actuación de mi vida- Jacob es mi novio, Edward-
Y como simple respuesta, unos ojos verdes se abrieron incrédulos de par en par.
Y aquí termina el cuarto capitulo! Como pueden ver Bella no se la esta poniendo nada fácil a nuestro querido Edward, y Alice y Jake siguen encantadores como siempre!
¿Bella cederá un poquito?
Antes de que lo olvide! A ALLY MASEN CULLEN, kxprii, madonna, inuarito, kmylita, sophia18, aizen63, Rocio, Rachel Sexton, ILoveGreenBeatles y Antuss: chicas, muchas gracias por sus reviews! Creo que si no fuera por ellos no hubiera continuado la historia, así que de nuevo gracias =)
Espero los de este! Chaoo!
