"Dama De Honor"

Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.

Clasificación: NC-17 por contenido sexual

Pareja: Bella Swan/Edward Cullen

Summary: Es la boda de Alice y Jasper, y no podría haber otra dama de honor más que Bella Swan. Sin embargo, cuando el padrino pertenece a un pasado que no quieres recordar y es capaz de volverte loca, salir ilesa en el juego del amor puede ser misión imposible.

Notas de la autora: Lo sé. AÑOS, no, SIGLOS, sin actualizar cap. Les debo a todas una enorme disculpa por eso, pero este semestre no estuvo nada fácil para mí y muy apenas tenía tiempo para escribir. Peor aún cuando se venían tantas ideas a mi cabeza y no sabía como acomodarlas para seguir la historia. Espero que por lo menos la extensión del capítulo lo compense un poco. De nuevo, Bella en guerra con Edward. No permitiré que ceda, por lo menos aún, jajaja. Edward tiene que sufrir más, un poco más por lo menos. Y ah sí! Tenemos a una invitada de honor este cap, el título lo dice todo.

Espero sus reviews, si es que aún tienen ganas de decirme algo! Lo siento mucho de nuevo, pero prometo avanzar lo más que pueda en lo que queda de vacaciones. Por lo menos hasta la parte que más nos interesa. La boda y la noche de bodas. ;)

Saludos!

Capítulo 5º: Tanya

~Edward's POV~

"Jacob es mi novio, Edward"

Aquellas palabras resonaron en mi cabeza por milésima vez esa noche, se repetían en mi mente como un disco rayado.

Suspiré frustrado, di media vuelta en la inmensa cama y recordé lo ocurrido el día anterior. Otra vez.

Llevaba dos horas sin poder conciliar el sueño, sin poder olvidar aquella conversación, en donde sin responder ninguna de mis preguntas, Bella me había pedido que la dejara en paz y se había escabullido entre la gente.

Dejando mi mundo de cabeza.

Bella tenía novio en París. Un tal Jacob, autor de esas llamadas con las cuales ella se escabullía, y al cual no tenía ningún problema en decirle palabras cariñosas.

Me sentí realmente estúpido después de reflexionarlo. ¿Cómo no pude imaginarlo antes?

-Eres un imbécil- susurré para mí, y dejé caer mi brazo derecho sobre los ojos.

Bella era una mujer hermosa, segura de sí misma, sensual y sin duda alguna, inteligente. Seguía siendo igual de perspicaz, y eso, agregado a su belleza y su seguridad recién adquirida, la convertía en una oportunidad imposible de aprovechar.

Y era eso lo que me confundía tanto. No el hecho de que tuviera novio. Sino su nueva actitud.

La nueva y mejorada Bella.

Porque la Bella de antes no me enfrentaba como ésta lo hacía. No era tan segura de sí misma, ni me trataba tan indiferente. La Bella de antes no habría estado a punto de hacer el amor conmigo para después decirme que tenía novio. No habría sido tan…fría.

Y eso era lo que aún me hacía seguir reflexionando, seguir pensando…seguir dudando. Porque Bella parecía otra, pero no podía haber cambiado tanto.

Yo sabía que detrás de esa fachada de mujer dura, Bella seguía siendo la niña tímida que yo había conocido.

Incapaz de pensar más en el asunto, me dejé arrastrar al mundo de los sueños.


El día siguiente no fue más alentador. La cena de ensayo se llevó a cabo en el hotel, dos días antes de la boda. Miré el salón que Alice había escogido y adornado para la ocasión.

Era un salón mucho más pequeño que el que sería usado para la recepción, con las mesas suficientes para reunir a la familia Cullen, a la familia Hale, y a los amigos más cercanos que llegaban para la boda. Adornadas con manteles blancos impecables, y centros de mesa con rosas azules (las favoritas de Alice) comenzaban a llenarse poco a poco.

Apostado en la plataforma pegada a la pared frontal, un grupo de jazz tocaba una suave melodía para ambientar el lugar mientras los invitados llegaban. Se habían retirado las cortinas que cubrían los amplios ventanales, permitiendo apreciar la noche estrellada.

Apoyado en la barra, pedí al camarero otro vaso de whisky. Me había refugiado ahí desde el inicio de la cena, alejado completamente de mi familia y mis amigos, evitando que se toparan con mi mal humor. Odiaba las cenas de ensayo. En realidad, odiaba todo lo que tuviera que ver con el matrimonio desde mi divorcio con Tanya.

Y por si fuera poco, también tenía que hacer el brindis y dirigir unas palabras a los novios.

Y sobre todo, tenía que sentarme a lado de la dama de honor durante toda la cena. Una dama de honor que ni siquiera me dirigía la palabra.

Miré hacia la entrada, en donde Alice, Jasper y mis padres recibían a los invitados. Noté la sonrisa en el rostro de los novios, sobre todo en el de Alice, y envidié su actitud para aguantar situaciones como aquella. Estaba seguro que estaba cansada de tanto sonreír y estrechar manos, y aún así lucía radiante.

-Gracias- susurré al camarero tomando el vaso y llevándolo a mi boca.

-Y ése es el tercer vaso de la noche que apenas empieza-

Sonreí de medio lado y me giré pera ver a mi hermana, radiante con su vestido satinado rojo y una sonrisa risueña.

-Será una noche agitada entonces-

-Que gracioso hermanito- reprochó haciendo un puchero.

-A tus órdenes-

Meneó la cabeza de un lado a otro, se acercó a mi lado y se recargó en la barra, soltando un largo suspiro de alivio. La imité, y miré el salón repleto de gente.

-Esto es una locura!- exclamó- No sé cuánto tiempo más pueda seguir recibiendo gente y sonriéndole a todos, me duelen las mejillas!-

Eché mi cabeza hacia atrás soltando una carcajada, mientras sentía el codo de Alice encajarse en mis costillas.

-Oye!-

-Lo siento, lo siento- me disculpé- De verdad admiro lo que estás haciendo hermanita, yo no podría soportar tal tortura. Otra vez-

Meneé distraído el vaso, y noté el cambio instantáneo en mi tono de voz. Ella también lo notó, y se mordió el labio con culpa. Alice sabía perfectamente que odiaba todo lo relativo al matrimonio desde mi divorcio, y sabía que estar ahí no era nada divertido para mí en esos momentos.

-Olvidaba que tu ya pasaste por esto una vez- dijo arrepentida- Lo siento-

-Hey, hey- pasé un brazo sobre sus hombros- Ésta es tu noche ¿De acuerdo? No dejes que mis problemas existenciales con el matrimonio la arruinen-

-De acuerdo…- sonrió- Eres increíble ¿Sabes? La zorra de Tanya simple y sencillamente no te merecía-

Reí sarcástico, apreciando en serio que Alice se esforzara en verme virtudes que ciertamente no tenía.

-De hecho- comenté, mirando la hermosa silueta envuelta en satín verde que se movía entre la multitud- Creo que lo que pasó en mi matrimonio no fue más que karma, hermanita-

La escuché reír dulcemente a mi lado, mientras miraba en la misma dirección. Yo alejé mí vista de inmediato, incapaz de seguirla viendo tan exquisita en su vestido esmeralda e ignorándome por completo.

-Cambiando de tema, debo decir que te luciste con la decoración, no dejaste ningún rincón bueno-

Dije a modo de broma, pero el orgullo en mi voz me traicionó por completo.

-En realidad el salón es precioso! Lástima que no estaba disponible el día de mañana- frunció los labios- Me hubiera gustado que la cena fuera una noche antes de la boda y no dos-

Hizo una mueca de fastidio, obviamente frustrada por el hecho de que las cosas no habían salido TAN perfectas como ella esperaba.

-Míralo de este modo: tendrás todo el día de mañana para descansar antes del gran día, y yo también- hice una mueca de dolor- No soporto mis pies desde el ensayo-

-¿Acaso los pisotones de Bella fueron muy fuertes? Según yo ya había mejorado sus técnicas de baile-

-Créeme, no sé como lo logró, pero ahora es una experta- sonreí dejando el vaso vacío sobre la barra- Esos pisotones fueron por otras razones- mentí.

Recordé el ensayo de esa mañana y añoré repetirlo, aunque fuera simplemente para tenerla cerca. Para verla, olerla, sentirla…tenerla en mis brazos.

Alice soltó una carcajada divertida, mientras yo sonreía de medio lado, más por su risa que por el comentario que acababa de hacer.

-Pues no es menos de lo que te mereces, en verdad-

Busqué a Bella por el salón. La encontré en el otro extremo, con sus manos apoyadas en el respaldo de una silla mientras se inclinaba un poco para escuchar lo que Mike Newton, sentado en una de las sillas, tenía que decirle. Soltó una carcajada divertida y me pregunté que podría haberle dicho para hacerla reír así. Hasta donde sabía, Bella lo evitaba siempre que podía, consciente de que el perdedor de Mike estaba enamorado de ella como un niño de los caramelos.

Tal vez fue por mi mirada insistente, o por el hecho de que tal vez ella también me buscaba a mí, pero su mirada chocolate se encontró con la mía, cruzándose solamente por unos segundos, y después se alejó de inmediato.

-Está muy cambiada…-

-Y sabes muy bien las razones- Alice sonrió a uno de los invitados que pasaban por ahí- Pero sí, ahora es mucho más segura y decidida-

La miré de nuevo, platicando y riendo con Mike Newton con- muchísima- confianza.

"Jacob es mi novio, Edward". La frase que había estado retumbando todo el día en mi cabeza se escuchó de nuevo. Simple y sencillamente no la entendía.

-Claro- solté sarcástico- Tan… segura de sí misma que coquetea con el pobre Mike teniendo novio-

-¿Novio?- preguntó y alzó una ceja extrañada- ¿Cuál novio?-

-Un tipo de París- escupí- Un tal…Jacob- dije lo último como si la mera mención del nombre me quemara la lengua.

¿Un novio del cual Alice no sabía absolutamente nada? Estaba seguro que sí a alguien le confiaba Bella detalles de su vida personal era a mi hermana, por algo eran mejores amigas. Algo no cuadraba en todo eso.

-¿Jacob? ¿Hablas de su mejor amigo?-

-¿Mejor amigo?-

¿Estábamos hablando de la misma persona?

En ese momento, una espectacularmente bella Rosalie- y tan oportuna como siempre- llegó caminando a toda velocidad, interrumpiendo la conversación de golpe.

-¡Tú! ¿Se puede saber que estás haciendo aquí?- chilló tomando a Alice por el codo- ¡Con el montón de invitados que están llegando!-

-Necesitaba aire!- replicó Alice cansada, como si ya hubiera dicho esa frase muchas veces- Además, estaba acompañando a Edward! Estamos en medio de algo!-

-¿Y crees que estando aquí con el ebrio de tu hermano los invitados van a recibirse como debe?-

-No, pero…-

-Pero nada! No voy a permitir que abandones al pobre de mi hermano ahí! Mira nada más como está!-

Pero Alice aún me miraba extrañada, procesando lo que le había dicho sobre el tal Jacob. Sabía que de haberme prestado un mínimo de atención, Rosalie también hubiera hecho la misma expresión. Pero ella solo se limitó a arrastrar a Alice por la barra, alejándola de mí.

-Ay está bien! Ya voy Rose, yo puedo sola!- se soltó del amarre, y me miró a punto de reír- Me voy, o más bien, me llevan!- y antes de desaparecer entre la multitud, giró su cabeza para gritarme- Bella no tiene novio, hermanito! No sé de donde sacaste esa idea tan extraña!-

-Alice!-

Demasiado tarde. Alice había desaparecido junto con Rosalie, dejándome a mí con un montón de dudas en mi cabeza y más confundido que antes.

¿A qué rayos estaba jugando Bella?


Terminé el sexto vaso de whisky, mirando entre la multitud a la mujer en satín verde que se movía por el salón, como un cazador que persigue a su presa.

A mi lado, Emmett se escondía de una alterada Rosalie, que corría de un lado a otro, sin perder su elegancia e impactante belleza a cada paso que daba.

-Esto debería ser clasificado como tortura- suspiró frustrado- No sé cuanto más pueda aguantar esto!-

-Dímelo a mí- puse el vaso sobre la barra.

-Ja! Es muy fácil para ti decirlo!- reprochó- No puede ser peor para ti, no tienes que lidiar con mi mujer y sus hormonas-

Reí con ganas, recordando la razón por la cual Rosalie ahora estaba más mandona y chillona que nunca.

-Te quejas de lo bien que estás, hermano, y lo sabes- lo vi sonreír- ¿Y mi pequeña Carol ya sabe que tendrá un nuevo hermanito?-

-Por supuesto, debiste verla cuando le dijimos- sonrió aún más- Sigue preguntando cuanto tiempo tardará la cigüeña en dejarlo en la puerta, se ha quedado dormida en la sala varias veces esperándola-

Reí con fuerza. Deseé como nunca ver a mi pequeña de ojos verdes y tirabuzones dorados, mi hermosa sobrinita de 3 años que me alegraba la vida solo con verla.

-Demonios!-

Después de escuchar la maldición de Emmett, miré en la misma dirección que él. Mi madre se acercaba rápidamente desde el otro lado del salón, su vaporoso vestido blanco perla volando con el movimiento, marcando su elegante y estilizada figura.

-Aquí viene, aquí viene!- dijo Emmett intentando esconder su gigantesco cuerpo detrás de una menuda mujer a la que le doblaba la estatura- Te juro que no puedo saludar a nadie más! A nadie!-

Suspiré derrotado, perfectamente consciente que mi madre tenía otro objetivo en la mira.

-Creo que no viene por ti-suspiré- Parece que ahora la tortura me toca a mí-

-Odio a papá y a mamá ¿Por qué rayos son tan populares? ¿Y por qué tienen que meternos en todas sus…tareas sociales?-

-Alice tiene toda la razón- reí con ganas- Eres tan…troglodita-

Antes de que Emmett pudiera mostrarme su dedo medio como prueba de su torpeza, mamá llegó hasta donde estaba, y con la gracia característica de ella, tomó mi vaso de las manos y lo dejó en la barra que había sido mi refugio en toda la velada.

-Has estado toda la noche aquí cielo ¿No crees que sería bueno que ayudaras a tu hermana y fueras a recibir a los invitados?-

Sonreí derrotado. Cuando mi madre me miraba y me hablaba con aquella dulzura era imposible decirle que no.

-Está bien mamá- besé su mejilla- Iré a ayudar a Alice con la adorable tía Zafrina-

Emmett hizo puchero de asco ante la mención del nombre, y yo fingí tener un ataque de escalofríos.

-No sean groseros, compórtense los dos! Y tu jovencito, ve con tu hermana, ahora!-

Y como si fuera un niño malcriado, se colocó detrás de mí para darme pequeños empujones, mientras reprendía a Emmett con la mirada. Y fui arrastrado sin remedio a la boca del lobo.

Llegué a regañadientes a la puerta del salón, en donde mi hermana, Jasper y papá recibían a los invitados que no paraban de llegar y platicaban con la siempre agitada tía Zafrina.

-Hola hijo, no te había visto en toda la noche ¿Dónde te habías metido?-

-Vaya, hasta que alguien nos digna con su presencia!- chilló Zafrina, y yo tuve que reprimir un gemido de desesperación.

-Si, hermanito, no sabes cuánto "hemos" estado preguntando por ti!-

Sentí el ligero codazo de Alice en mis costillas y la vi guiñarme el ojo. Seguramente ahora ella lo iba a pasar de lo lindo.

-Ven acá cielo!-

Sin darme tiempo a responder, Zafrina me tomó del rostro con ambas manos y me plantó dos sonoros besos en las mejillas tan fuerte que me quedaron adoloridas.

-Me da gusto verte tía-

-Ay cielo pero mírate nada más, todo un hombre!- me guiñó el ojo, reprimí un escalofrío- La última vez que te vi aún eras un chiquillo que se la pasaba de fiesta en fiesta!-

Me encogí de hombros sin saber que decir, y escuché como Alice y Jasper abrazados como dos tórtolos, reprimían una carcajada. Papá, intentando suavizar aquella incómoda situación para mí, tomó a Zafrina del brazo, instándola a sentarse en el lugar que la esperaba.

-Zafrina, seguramente querrás sentarte después de tan largo viaje, si quieres…-

-Tonterías Carlisle! Estoy perfectamente bien! Es más, ahora con tu hijo aquí menos ganas de sentarme!-

-De acuerdo- se rindió- Si me disculpan, tengo que ir con mi esposa a ayudarle con los invitados. Con permiso Zafrina, que gusto que estés aquí-

Tomó su mano y después de darle un pequeño beso, se alejó para buscar a mi madre, dejándonos a Alice, Jasper a mí con la artillería pesada.

-Y dime, querido- comenzó Zafrina antes de que pudiéramos reaccionar- ¿Qué has hecho de tu vida estos años?-

-Pues me gradué de la escuela de derecho en Harvard, y ahora vivo en Nueva York-

-¿Con qué abogado, eh?- me volvió a guiñar el ojo- Y dime ¿Te casaste con…esta niña…como se llamaba…-

-¿Tanya?-

-¿La pelirroja? Ay por Dios, no!- interrumpió escandalizada- No, claro que no querido. Me refería a la castaña…la niña tímida con la que siempre andabas para todos lados y que me parecía un verdadero encanto!-

La descripción pareció encajar a la perfección con la deliciosa mujer que se paseaba por las mesas junto con Rosalie, en su versión de años atrás.

-¿Bella?-

-Ella! Esa chiquilla era adorable! Y se les veía tan bien juntos. ¿No la habrás dejado escapar o sí?-

Fruncí el ceño, a mi lado, Jasper y Alice sonrieron aún más. Yo estaba completamente sorprendido. Me parecía imposible que después de tantos años Zafrina recordara a Bella tan bien. Estaba seguro que solo la había saludado en dos ocasiones, en alguna fiesta familiar a la cual había llevado a Bella como mi pareja de repuesto, después de alguna pelea con Tanya o en algún lapso de soltería.

Pero lo que me impresionaba más era la suposición que Zafrina estaba haciendo, con Bella y conmigo terminando juntos y casados. Si me lo hubiera dicho unos días antes, me habría parecido un completo disparate.

¿Por qué ahora no me parecía tan disparatado del todo?

-Lamento decepcionarte tía- volví a la conversación, y sonreí- Pero me casé con Tanya y me divorcié hace poco-

-¿Cómo? ¿Con Tanya Denalí? Vaya, eso sí es sorpresa! Casado con Tanya!- meneó la cabeza en desaprobación- Bueno, no puedo decir que lo del divorcio me sorprenda-

¿Cómo rayos habíamos llegado a esa parte de la conversación?

-Lo que no puedo creer es que no te hayas casado con Bella, esa niña se veía tan enamorada de ti!-

Aquella revelación me cayó como un balde de agua fría. Abrí mis ojos de par en par sin saber que decir, y sin entender como rayos era que Zafrina estaba diciendo aquello. Era cierto que la había conocido, y que en ese tiempo Bella y yo nos la pasábamos juntos de un lado para otro. Pero que me revelara algo que yo jamás había notado, y después de tantos años, me dejaba completamente fuera de lugar.

Antes de que pudiera responder, Alice se adelantó y enganchó su brazo al de Zafrina.

-Tía ¿Has visto ya a Benjamín? Llegó hace un rato y seguro se muere por volver a verte!-

-Mi querido Ben! Ha pasado tanto tiempo sin verlo! ¿En dónde está querida?-

-Por aquí tía, déjame acompañarte-

No dio una última mirada a Jasper y a mí, y dirigió a Zafrina a la mesa que la aguardaba.

A mi lado, escuché suspirar a Jasper.

-Amigo…debo decirte, esa mujer es increíble…y no en el buen sentido-

Pero yo seguía aún paralizado, procesando las palabras que Zafrina me había dicho.

-Vaya que lo es…-

-Será mejor que vayamos con tus padres, siguen llegando invitados de no sé donde-

Seguí a Jasper, más por mero instinto que por consentimiento, y llegamos hasta donde nuestros padres seguían recibiendo a viejos amigos, que habían sido invitados a la flamante boda de la más pequeña de los Cullen.

Por primera vez en la noche, pude quedar a menos de 10 metros de distancia de la mujer que robaba toda mi atención, mis pensamientos y mis deseos desde que la había vuelto a ver y durante los últimos días.

Y ella seguía ignorándome. Pretendiendo que yo no existía, y mucho menos que seguía atentamente todos y cada uno de sus movimientos.

-Dios! En serio que con Zafrina se debe tener la paciencia de un santo!-

Alice se unió a nosotros, obligándome a apartar mi mirada de Bella al instante.

-Y para eso está nuestro querido tío Ben- le recordé con una sonrisa torcida.

-Me da pena el pobre, pero parece aceptar la tarea de buena gana, y por eso le estaré eternamente agradecida-

-Por lo menos no tienes que aguantar los tremendos besos que nos planta cada que saluda, me duelen las mejillas-

Reí al ver a Jasper sobarse las mejillas con dolor, mientras Alice le daba un tierno beso en la punta de la nariz y le acariciaba la nuca.

Y el monstruito de la envidia me atacó. Recordé de manera fugaz los escasos momentos así que había tenido en mi matrimonio, y sentí un poco de nostalgia.

-Diablos, no puede ser…-

Salí de mis cavilaciones al escuchar a Alice susurrar aquello entre dientes. Miraba la puerta de entrada en donde papá y mamá seguían recibiendo a los invitados. Jasper siguió su mirada, y lo vi tensarse al detener su vista en la dirección donde Alice también miraba para después mirarme con preocupación.

-¿Qué ocurre?-

Curioso, volteé en la misma dirección para mirar y me quedé de una pieza. Deseé al instante no haberlo hecho.

Sentí la tensión acumularse en los músculos de mi espalda, y la nostalgia que en algún momento sentí por mi fracasado matrimonio se evaporó al instante al ver a mi ex esposa a menos de tres metros de mí, entrando al salón radiante y hermosa. Y con aquella actitud altanera y segura que la caracterizaba.

Tanya Denalí, en su brillante vestido entallado tan azul como sus ojos, dejando apreciar sus largas piernas, con sus rizos rojos cayendo como cascada por sus hombros y con su mirada calculadora inspeccionando el lugar, entró del brazo de su padre Eleazar, quien llevaba colgada del otro brazo a su esposa Carmen. Justo atrás de ellos estaban Kate e Irina, las hermanas rubias de Tanya que alguna vez habían sido mis cuñadas.

-¿Qué rayos hace esa aquí?-

Hice caso omiso de la pregunta rabiosa de Alice. Mi padre saludó efusivamente a Eleazar, y detrás de él, mi madre me lanzó una mirada preocupada. Emmett, a unos cuantos pasos, miraba boquiabierto a la familia Denalí, al igual que Rosalie.

Pude ver a Bella, quien había dejado de hablar con Angela para mirar la escena con la misma expresión que juré yo mismo tenía en aquellos instantes.

-Los Denalí son amigos de tus padres, tenían que invitarlos amor- escuché susurrar a Jasper.

-Pero mira que venir ella! Qué descaro!-

-Amor tranquilízate, te van a escuchar-

Sentí la mano de Alice en mi antebrazo, tal vez esperando mi reacción. Pero nunca llegó.

-Edward…-

Mi madre miró a Alice, instándola con un movimiento de cabeza a saludar a los recién llegados. Alice avanzó unos cuantos pasos y con una sonrisa falsa, ella y un nervioso Jasper se acercaron al grupo.

Y yo seguía ahí, con mis pies pegados al suelo.

Tenía un año de no ver a una mujer que había sido mi novia durante seis años, mi esposa durante tres y mi tormento durante casi la mitad de mi vida. La última vez que la había visto había sido para firmar los papeles de divorcio, y para decidir quién se quedaba con el departamento de Nueva York, la casa de verano de Miami y la custodia de Layla, nuestra pequeña dálmata y mi única compañía ahora.

¿Qué se suponía que debía hacer?

No necesité más tiempo para pensar, pues antes de asimilar el hecho de ver a mi ex esposa por primera vez en meses, Eleazar Denalí había terminado de saludar a Emmett y, junto con su hija, se acercaba para saludar al que alguna vez fuera su yerno.

Sentí como las miradas de los presentes en un radio de cuatro metros se posaban en nosotros.

-Cuanto tiempo, Edward-

El caluroso abrazo y las palmadas en la espalda me devolvieron a la realidad, no pude evitar devolver el abrazo. Después de todo, Eleazar siempre había sido ante todo, un gran amigo de mi padre y un ser humano excelente.

Al contrario de su hija.

-Que gusto verte, luces excelente-

Carmen, soltando su amarre del brazo de su marido me besó las mejillas dulcemente, como solo ella podía hacerlo.

-Hola querido ¿Cómo has estado?-

-Muy bien gracias, Carmen, estás radiante-

Sonreí sin saber que más decir, y me odié por no poder prolongar la charla y así, el incómodo momento que indudablemente se acercaba.

Y que eventualmente llegó.

-Hola Edward. Cuánto tiempo…-

Se acercó peligrosamente, con ese andar delicado que siempre la había caracterizado y que ahora utilizaba otra persona de manera muy similar, pero mucho menos provocativo.

-Ya lo creo Tanya-

El beso de cortesía se sintió helado en mi mejilla, y tuve que reprimir un escalofrío de…¿De qué? No tenía idea de que rayos pasaba por mi mente en aquellos momentos, mucho menos de lo que aquél reencuentro significaba para mí.

Lo que sí sabía era que aquello no entraría en mi lista de "los mejores momentos" de la noche.

O de mi vida.

-Te ves…muy bien-

-Lo mismo digo, estás muy guapa…-

Como si fuera lo único que estuvieran esperando escuchar tanto los Denalí, mi familia, así como los invitados cercanos a nosotros, las miradas se retiraron para volver a sus asuntos anteriores, y el cuchicheo, la risa y las charlas habituales volvieron a escucharse.

Una vez que Carmen y Eleazar se fueran a acomodar en sus asientos, saludé a Kate y a Irina, tan diferentes como hermosas, y siguieron a sus padres en dirección a sus mesas.

Tanya seguía ahí, mirándome de arriba abajo. Evaluándome.

Yo lo que quería era largarme de ahí cuanto antes.

-Y dime Edward, ¿Cómo has estado?-

Y ahí estaba la verdadera Tanya. El tono coqueto y sarcástico de siempre no tardó en aparecerse en su voz, trayéndome recuerdos del miserable matrimonio que habíamos tenido y los innumerables intentos que había hecho por rescatarlo. Y a pesar de todo ella seguía siendo la misma mujer fría y caprichosa de siempre.

-No son necesarias las cortesías, Tanya. Puedes simplemente alejarte de mí y meterte en tus asuntos-

-¿Disculpa?-

La miré abrir sus ojos sorprendida, y compartí su asombro ante lo que acababa de decir. Estaba seguro que ninguno de los dos, bajo ninguna circunstancia hubiera creído que yo pudiera tratarla de aquél modo.

Me di cuenta con satisfacción que ahora podía hacerlo.

Y que ahora comprendía la actitud de Bella a la perfección, así como me preocupaba el hecho de que sintiera por mí lo mismo que yo sentía ahora por Tanya.

-Como dije, no es necesario que hablemos civilizadamente. A fin de cuentas, no lo hicimos estando casados, no veo porque debamos hacerlo ahora- me encogí de hombros, aburrido- Así que si me disculpas-

Y dejando a una Tanya boquiabierta, me alejé dirigiéndome hacía el balcón en el otro extremo del salón.

Necesitaba aire.


~Bella's POV~

No podía dejar de mirar la escenita. Era simplemente imposible.

Sentí la sangre acumularse en mis pies, y mis manos se sintieron heladas. A unos cuantos metros Tanya Denalí estaba frente a Edward, con aquella increíble belleza que en vez de haber disminuido parecía haber madurado con los años. Aquello me cayó como un balde de agua fría.

Sin poder evitarlo me transporté al pasado, y aquella confianza adquirida en el paso de los años me había abandonado para dar paso a la niña tímida e insegura que esperaba que su mejor amigo se fijara en ella.

Esperé la reacción en él. Y antes que pudiera imaginar que pasaría, Edward había dado la media vuelta y dejando a Tanya con la palabra en la boca, se alejaba de ella en dirección a la terraza.

Eso sí que no lo veía venir, y por su expresión suponía que Tanya tampoco.

-¿Pero quién se cree esa viniendo aquí? ¿Quién rayos la invitó?-

No contesté. Rosalie bufó fastidiada, sin esperar respuesta. Ella sabía muy bien que no era el momento de hacerme preguntas, mucho menos de esperar respuestas.

-Debo admitir que el vestido es precioso, lástima de dueña- colocó sus manos en la cadera- Estoy segura que yo podría lucirlo muchísimo mejor-

Hice un esfuerzo sobrehumano por no entornar los ojos ante aquél comentario tan "Rosalie".

Rosalie y sus hormonas. Pensé, mirando de reojo la incipiente pancita de tres meses que se asomaba por el largo vestido de seda con gasa rosa de mi amiga. El embarazo aumentaba sus cualidades- por no decir defectos- al doble.

Yo no estaba de acuerdo con ella. Tanya lucía radiante, como siempre. A mi lado, Rosalie hizo un sonido de clara desesperación ante mi mudez.

Yo seguí mirando a Tanya, esperando su siguiente movida para salir del incómodo momento que Edward le había hecho pasar.

En el fondo de mi mente sonreí complacida, feliz de que Edward hubiera hecho aquello. Y aunque me costara, tenía que admitir las enormes ganas que me habían dado de salir tras él, como hubiera hecho si aún fuera mi mejor amigo que acababa de discutir con su novia.

Aun contrariada, Tanya miró disimuladamente a su alrededor y haciendo como si nada hubiera pasado se dirigió a la mesa en donde estaba su familia y se sentó en su lugar. Sin duda seguía siendo la misma Tanya que yo había conocido.

-Vaya, por lo menos Edward ya le hizo pasar el primer ridículo de la noche. Porque no espero que sea el único-

Yo me limité a levantar mis hombros desinteresada.

-De acuerdo ¿Planeas hablar en algún momento? ¿Por lo menos hacer un comentario sobre la tipa que hizo miserable tu adolescencia?-

Volteé a ver a mi amiga sonriente y fingiendo aburrimiento ante el tema por fin hablé.

-La verdad es que no veo mucho que decir Rose- reí ligeramente y miré el inmenso reloj de péndulo cerca- Creo que no tardarán en servir la cena, y aquí hay una dama de honor que debe hacer el brindis-

-Bella..-

-Y por cierto, yo también estoy segura que te verías mucho mejor en ese vestido-

Dejándola satisfecha y con una sonrisa en los labios, me alejé de Rosalie y fui en busca de la novia. Necesitaba hablar con ella para soportar la tortura que estaba por venir.

Odiaba hablar en público. Odiaba tener que estar cerca de Edward. Odiaba que Tanya Denalí hubiera venido, a hacerme la vida imposible de nuevo.


Hablar con Alice antes de sentarnos para la cena fue imposible. Entre los invitados, las fotos y los organizadores, Alice estuvo ocupada hasta que estuvo sentada en su silla, radiante, feliz, pero preocupada porque todo saliera a la perfección.

La mesa en la que estábamos era la única rectangular del salón, con los novios en el centro y las damas y padrinos apostados a los lados. Esme había pedido que los padrinos estuvieran a un lado de Jasper y las damas de Alice, pero mi mejor amiga había tenido la magnífica idea de colocarnos en parejas.

Y sin más remedio que complacer a Alice, tuve que sentarme entre su próximo esposo y su hermano mayor.

-Me la vas a pagar- gesticulé mientras nos sentábamos.

Ella solo soltó una carcajada divertida.

A mi lado, Edward sonrió de medio lado, obviamente igual de divertido. Me sorprendía su actitud. Estaba tranquilo e igual de insoportable, como si no hubiera visto a su odiosa ex esposa media hora antes.

-Y..¿Tú novio no planea venir a la boda?-

La pregunta me tomó por sorpresa y volteé a mirarlo extrañada. Estuve a punto de contestar con un "¿De qué novio hablas?" pero cerré la boca antes de hacerlo al recordar la estúpida mentira que le había dicho ayer. Por un momento me había olvidado por completo de eso.

-Él…no. No vendrá- sonreí a alguien que pasaba- Tiene muchísimo trabajo-

Comencé a jugar distraída con la servilleta en mi regazo y recé porque no hiciera más preguntas. Era una pésima mentirosa, y él más que nadie lo sabía.

-Es una lástima- torció la boca- ¿Qué tipo de trabajo puede tener como para dejarte venir sola?-

¿Era mi impresión o Edward me estaba probando? Parecía como si hubiera descubierto algo…y conociendo a Edward sabía que no se quedaría tranquilo hasta comprobarlo.

Aún así continué inmutable. Como había estado desde que lo había visto después de tantos años, a excepción de esa tarde en su coche en donde había permitido que me tocara hasta cansarse, y en donde había estado a punto de entregarme a él.

-Es presidente de una disquera- dije intentando mantener la compostura- Se la pasa viajando y vive con agenda llena, así que le dije que no era necesario que me acompañara-

Por lo menos eso si era cierto. El padre de Jake lo había dejado a cargo de todos los negocios familiares, y eso incluía que tomara el puesto de presidente de su disquera cuando éste muriera. Aún con todo se había ofrecido a acompañarme.

¿Por qué rayos me negué? Pensé frustrada, intentando alejar mi mirada de esas pequeñas y casi invisibles pecas que Edward tenía debajo de los ojos y en la nariz.

-Vaya, eso es importante entonces- murmuró- Aún así me parece extraño que te hubiera dejado hacer el viaje sola, bastante arriesgado de su parte por cierto ¿No crees?-

El tono en que dijo aquello y la mirada que me lanzó me produjeron escalofríos, y de inmediato entendí el mensaje.

-Te dije que no tocaras ese tema, Edward- dije entre dientes, saludando con la cabeza a los que seguían pasando.

-Disculpa la necedad Bells, solo no puedo entender como la mujer que yo conocía pudo haber cambiado tanto- dijo tranquilo y sonrió sarcástico.

Aquello en verdad empezaba a molestarme. Algo en la manera en que me hablaba me indicaba que sabía algo.

-Pues lo hice y me importa un bledo si te molesta- lo miré por primera vez a los ojos- Y ya te dije que no me digas así-

-Una persona no puede cambiar tanto, por más años que pasen, por más cosas que viva y por más personas que la lastimen-

Su tono cambió al decir lo último. Supe por aquello que se refería a él.

-Pues yo lo hice, mucho más de lo que te puedes imaginar- y miré al frente de nuevo.

Como respuesta él se acercó a mí más de lo que mi espacio personal permitía, y acercó sus labios peligrosamente a mi oreja.

-¿Tanto Bella? ¿Cambiaste tanto que ni siquiera te importó que tuvieras novio y permitiste que te tocara?-

Su aliento chocó contra mi oído, mandando escalofríos a lo largo de toda mi columna. Sentí como los vellos de mi nuca se erizaban, y el solo hecho de recordar lo que había pasado en su coche me excitó, y lo deseé como nunca. Las imágenes volvían nítidas a mi cabeza, desfilando como una película.

-Aléjate de mí- susurré con poca convicción, preocupada porque la gente pudiera notarlo- La gente voltea a vernos, Edward-

-De ti depende que piensen otra cosa, Bells-

Y lo que hizo superó mi capacidad de razonamiento. Sus dedos se aventuraron a rozar la parte de mi muslo izquierdo que quedaba al descubierto. Sin piedad alguna, comenzó a hacer surcos suaves y delirantes en mi pierna, y reprimí un suspiro al tiempo que me concentraba en no delatarme.

Edward tenía razón. Cualquiera que nos viera pensaría que simplemente se había acercado a mí para decirme algo por encima del ruido, sin imaginar que debajo del mantel su manos se aventuraba a acariciarme.

Pero no podía ceder, no de nuevo. La caricia duró una milésima de segundo, y de inmediato alejé mi pierna del alcance de su mano, cruzándola por debajo de la mesa.

-Basta Edward!- lo miré de nuevo y suspiré cansada- ¿Puedes ser más obsesivo acaso?- me burlé y sonreí con sorna- ¿Tan…desesperado estás que recurres a la única persona del salón que no te soporta para saciarte?-

Tensó su mandíbula, visiblemente molesto por mi ácido comentario y sonreí aún más al saber que de nuevo tenía el mando.

-Lamento decepcionarte entonces, pero no me interesa hacerlo-

-¿Por qué? ¿Tu "noviecito" se enojaría?- sonrió de medio lado- Para empezar ¿Te importaría que lo hiciera? Digo, la vez pasada no parecía importarte-

Y se la había cobrado de inmediato. Estuve a punto de lanzarle una palabrota, pero el sonido del cristal chocando con los cubiertos me interrumpió. Era el momento de hacer el brindis.

Edward fue el primero en hablar. Sonriendo altaneramente y murmurando un "Mejor que empiece yo, sabemos que no es lo tuyo" tomó el micrófono y comenzó a hablar.

El monstruito del orgullo me atacó. Ante mis ojos vi la oportunidad de demostrarle a Edward Cullen cuanto había cambiado, y cuanto se estaba equivocando sobre mí. Aún cuando me aterraba la idea, tenía que dar el mejor discurso de mi vida. Sin balbuceos, miradas al suelo y muletillas, cosas que, cuando estábamos en preparatoria, él siempre había intentado eliminar en mí.

Como siempre, Edward habló con la diplomacia que lo caracterizaba, con elegancia, con las pausas debidas y de manera convincente y concisa. No por nada era un excelente abogado.

Y después siguió el turno de la dama de honor. Me pasó el micrófono con una sonrisa divertida y se sentó en su sitio. Haciendo acopio de mis fuerzas y tomando aire, me levanté tranquilamente y tomé el micrófono.

Y miré a más de cien personas esperando curiosas a que hablara.

-Bueno…-suspiré- Sé que podría haber planeado un discurso y ensayarlo toda la noche, porque como la mayoría sabe, nunca fui buena con las palabras- escuché a más de la mitad reír por lo bajo- Pero como Edward cubrió básicamente todos los puntos por mí y no me queda más que repetirlos, supongo que no habrá problema que no lo haya hecho, así que gracias Edward, me salvaste el pellejo está noche-

Bajé la mirada, y lo encontré mirándome expectante, tal vez esperando a que en cualquier momento saliera corriendo de ahí. Escuché unas cuantas risas de los presentes y poco a poco sentí como la confianza volvía. Pero fue la mirada azul de Tanya Denalí, quién con sus ojos desorbitados me miraba como si no pudiera creer que fuera la misma, la que terminó por devolverme la seguridad que parecía haber perdido.

-Conozco a Alice de toda mi vida, y aunque no puedo decir lo mismo sobre Jasper, si puedo decir que parece que lo hiciera- los miré y Alice me sonrió- Eres mi mejor amiga, Allie, pero no puedo entender cómo es que yo estoy sentada aquí después de desaparecerme de la faz de la tierra y abandonarte tanto tiempo- soltó una pequeña carcajada- Pero me alegro que sea así- hice una pausa y la miré- Ser tu dama de honor es lo mínimo que puedo hacer para recompensarte por todo lo que has hecho por mí-

Unas pequeñas lágrimas se asomaron en sus ojos, supuse que se encontraba sensible por todo lo que ocurría a su alrededor.

-Además, me encanta ser testigo de una relación que es una de las pocas de verdad hoy en día- tomé mi copa y jugué un poco con ella- Por Dios, ustedes dos son una pareja salida de un cuento de hadas barato!- dije, un poco envidiosa- Así que no tengo ni que desearles suerte, porque ustedes ya tienen el "Felices para siempre" grabado en su matrimonio, que aunque suene aburrido es lo que todos buscamos- levanté mi copa- Por los novios!-

-Por los novios!-

Miré a mi mejor amiga, quién me regresaba la mirada entre emocionada y sorprendida. Tomé un largo sorbo, sorprendida también de no haber dicho estupideces ni de comportarme como una retardada social, me senté de nuevo y me dispuse a charlar con Jasper mientras servían la comida.

No miré a mi izquierda el resto de la cena.


El salón había quedado prácticamente vacío. Ya sin zapatos, con el cabello suelto y sentadas en una de las mesas, Alice, Rose, Ángela, Jessica, Leah y yo platicábamos de cualquier cosa, mientras la segunda botella de vino se terminaba.

-Puedes quedarte tranquila, Al- sonrió Ángela, y miró el salón casi vacío, salvo por los organizadores, Jasper, Emmett, Esme y Carlisle- La cena fue un éxito-

-Me alegro que lo haya sido, estaba asustada como nunca-

-Vamos Alice! Tu organizaste casi todas las reuniones y fiestas en Forks- Jessica tomó otro sorbo, su voz ya se empezaba a escuchar chillona- Era obvio que las tuyas serían estupendas-

-No hubo ningún problema de hecho- Alice sonrió- Bueno, salvo la idiota esa que se atrevió a venir-

Tanya Denalí. Había sido el tema de conversación casi la mitad del tiempo que llevábamos ahí, y yo solo me había limitado a quedarme callada, recordando cómo después de la cena Edward y Tanya habían vuelto a encontrarse, cuando Eleazar, Carlisle y él habían comenzado a charlar.

También recordé la mirada pérdida de Edward, obviamente confundido por el hecho de verla de nuevo.

Y dolió.

-Por lo que vi no quedó en muy buenos términos con Edward- aventuró Leah- No se dirigieron la palabra en toda la noche-

-¿Buenos términos? La tipa es una zorra, no me extraña que no hayan quedado en buenos términos- Rose se cruzó de brazos- Siempre fue tan insoportable-

-Creo que lo único que recuerdo de ella son sus "Edward! No me dejes sola!", "Edward, ¿Dónde rayos estás?", "Edward, terminamos!", "Edward, no te quiero pero sé mi novio porque eres el más genial de la escuela!"-

Parpadeando mucho y moviendo su cabello de manera exagerada, Jessica hizo lo que pareció un intento de imitación, y no pude evitar reírme con todas al recordar a Tanya en esa época. Hermosa, sí, pero soportada solamente por el "tarado" de su novio, como la mayoría de las niñas lo llamaban, celosas de que no se fijara en alguna de ellas.

Y más idiota era yo por pensar que él algún día podía dejarla y querer estar conmigo. La amiga que lo seguía a todos lados, la amiga que no encendía una sola célula de su cuerpo, la amiga que solo era eso, amiga.

-Bueno- comenzó Ángela, mirando el reloj- Creo que es hora de descansar, solo queda el día de mañana para la gran noche-

-Y otra de las increíbles fiestas de Alice Cullen se da por terminada-

-Hablando de fiestas- contribuí por primera vez- Me arrepiento de haberme perdido tu despedida de soltera, Al-

Supe que había sido un mes atrás, y yo no había podido hacer tiempo en mi apretado trabajo para ir.

-No te perdiste de mucho, Bells- dijo decepcionada- No hicimos nada "salvaje", cero alcohol, cero locuras-

Miró a las demás, y pude notar la misma expresión decepcionada en sus rostros.

-¿Cómo has dicho?- me reí divertida- Entonces ¿Cómo puedes llamarle a eso una despedida?-

-No podíamos esperar mucho si mamá la organizaba, y en realidad no me opuse a que lo hiciera, estaba ocupada con todo lo demás-

Y pronto la solución a mis problemas estaba frente a mí. Aún teníamos el día de mañana antes de la boda, y estaba segura que ninguna se opondría. Una noche para olvidarme de todo lo que pasaba por mi cabeza. Una noche para librarme de Edward, de mi novio inexistente y de Tanya.

-Entonces, yo seré la organizadora de tu segunda despedida de soltera- sonreí de medio lado, y Alice me miró extrañada.

-¿Estás loca? ¿Cuándo planeas que hagamos una Bells? La boda es…-

-Hasta dentro de dos días- sonreí de lado a lado y me levanté- Mañana tendrás una despedida de soltera Al, una de verdad-

La sonrisa de oreja a oreja que recibí por parte de todas me declaró contratada.


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