Dama De Honor"
Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.
Clasificación: NC-17 por contenido sexual
Pareja: Bella Swan/Edward Cullen
Summary: Es la boda de Alice y Jasper, y no podría haber otra dama de honor más que Bella Swan. Sin embargo, cuando el padrino pertenece a un pasado que no quieres recordar y es capaz de volverte loca, salir ilesa en el juego del amor puede ser misión imposible.
Notas de la autora: Hola! Aquí me tienen con un nuevo cap! Las cosas se calientan con esta despedida, veremos cómo resulta todo para Bella y Edward. Espero lo disfruten! Muchísimas gracias a todos los/las que se molestan en dejarme review, lo aprecio en exceso y me dan ánimos para seguir con la historia.
Saludos!
Capítulo 6°: Despedida de Soltera
~Bella's POV~
El día siguiente a la cena no pensé en otra cosa más que en organizar la improvisada despedida de soltera de Alice.
Con ayuda de Jean y sin dejar que Alice interviniera busqué una larga suite en el primer piso, con amplios ventanales y vista a los jardines traseros, en donde se podía apreciar el cielo soleado y la hermosa vista de Los Ángeles a lo lejos.
Dejé que Rose interviniera solo para darme alguna opinión, pero básicamente yo me encargué de todo lo demás: mesas, decoración, aperitivos, música, karaoke, invitaciones rápidas y alcohol. Mucho alcohol.
-Creo que esto es demasiado, querida- dijo Jean escéptico mientras examinaba una botella de vino tinto.
-Es una despedida de soltera, Jean- reí divertida arrebatándole la botella- Se supone que se hacen locuras en una despedida, ergo, debe haber alcohol-
Miré la mesa de bebidas orgullosa de mi trabajo.
-A veces me asustas mi Bella, eres demasiado hermosa y salvaje para mi gusto, peligrosa combinación-
-¿Salvaje? Por favor, soy más simple que la tabla del dos, Jean-
-Eras, preciosa, tiempo pasado- su mirada se perdió mientras juntaba sus manos- Aún te recuerdo, tan tímida y adorable, siempre evitando que se fijaran en ti- volteó a verme- Pero mírate ahora! Tan salvaje y…algo extrema diría yo- miró las botellas de nuevo.
Puse los ojos en blanco. Este era el problema de que Jean fuera el organizador de TODOS los eventos de los Cullen.
-Será divertido Jean, Alice lo necesita, tú lo necesitas-
"Yo lo necesito".
-¿Yo querida? Ni hablar! Aún me quedan tantas cosas que arreglar para el gran día de mañana!-
-Pero si has trabajado toda la semana! Y la cena de anoche fue estupenda. Te lo mereces! Te puedo hacer nuestro invitado no oficial ¿Qué te parece?-
-¿Estás decidida eh?- me guiñó un ojo- Ay! Está bien! Si tanto insistes! Pero solo pasaré por una copita, a fin de cuentas recuerda que no soy miembro oficial del club querida!-
Solté una carcajada divertida. Y por un momento olvidé que había pelirrojas odiosas y altaneros de ojos verdes en el mundo.
Esa tarde busqué algo casual para vestirme, y cuando me miré en el espejo por última vez quedé satisfecha con la elección que había hecho: mini-falda de vuelo negra, blusa de seda halter en color morado y zapatos de aguja en color negro para completar el atuendo.
Me recogí el largo cabello en una coleta alta y despreocupada, y con una sonrisa a mi reflejo, di media vuelta y salí de mi habitación.
Cuidando no pasar por el pasillo de las habitaciones de los Cullen me dirigí al salón en donde seguramente Jean estaba esperándome histérico. Sonreí, feliz de hacer algo por Alice y para mantenerme alejada de Edward.
Pasando por el gigantesco lobby del hotel, salí al pasillo que rodeaba el inmenso jardín con piscina y disfruté de la brisa fresca del verano de Los Ángeles. Seguí caminando después de un rato, y al pasar por una zona escondida por arbustos escuché murmullos.
No me consideraba una persona curiosa, pero por alguna extraña razón me acerqué para ver de qué se trataba.
Y deseé nunca haberlo hecho.
En un pequeño jardín rodeado de arbustos, lejos de cualquier interrupción estaba nada más y nada menos que Edward Cullen con la que alguna vez fuera su esposa.
Con sus manos en la cintura, un vestido extremadamente corto de un solo hombro en color blanco y una expresión dolorida en su rostro, Tanya estaba parada a unos centímetros de Edward, quien, con los brazos cruzados y sacándole casi una cabeza de estatura la miraba…
¿Extrañado? ¿Atento? ¿Preocupado?
No tenía la más remota idea. Y tampoco me detuve a pensarlo.
No pude pensar en nada más después de ver como los labios de ella se acercaban a los de él sin remedio.
Di media vuelta, incapaz de ver algo más y me alejé de ahí tan rápido como los malditos tacones me dejaron.
~Edward's POV~
No tenía idea de cómo lo que se suponía había sido un encuentro casual con Tanya por los pasillos del hotel había terminado en esto.
Ahora la tenía frente a mí, mirándome expectante y cruzada de brazos. Y yo sentí cómo revivía mis fallidos años de matrimonio.
Había buscado a Bella por todas partes esa mañana, y en el camino me había topado con Tanya, quién aunque había querido hacerlo parecer un encuentro casual, era obvio que me estaba esperando.
Había intentado dar media vuelta y volver por el camino que había seguido, pero la pregunta clara y rápida que me formuló me dejó sin oportunidad de hacerlo. Y diez minutos después de discutir lo mismo, yo seguía aquí.
-¿Entonces? ¿Ahora ni siquiera vas a dirigirme la palabra?- la escuché preguntar de nuevo, y yo volví a la realidad.
-No veo porque tenga que dirigírtela, cariño, recuerda que tú misma dejaste muy en claro que no querías volver a saber de mí-
-Sé muy bien lo que dije, Edward, pero de eso ya ha pasado casi un año-
Se acercó a mí de manera suave y seductora, como sólo ella sabía hacerlo y como muchas veces me había vuelto loco. Pero la imagen se transformó un poco, y recordé a la mujer de cabello chocolate que ahora me enloquecía.
-De todas formas quedó muy claro, Tanya- me alejé un poco, cruzado de brazos- ¿Tienes algún otro punto para discutir? Porque llevamos discutiendo lo mismo desde hace diez minutos-
La expresión de desconcierto que puso ante mi declaración me pareció de lo más sincera. Incluso yo mismo estaba sorprendido de cómo la estaba tratando. Incluso días antes de firmar el divorcio jamás había podido parecer indiferente, por más que había tratado.
-¿Qué te pasa, Edward?- preguntó, frunciendo el ceño- Tú nunca fuiste así, no conmigo-
-Exacto, Tanya. Nunca fui así- sonreí de medio lado, y ladeé mi cabeza- Pero creo que después de casi nueve años de una relación inútil, las cortesías están de más-
-De acuerdo- suspiró y volvió a acercarse- No tienes por qué ser amable conmigo, pero por lo menos puedes escucharme-
Se detuvo cuando estuvo a unos cuantos centímetros de distancia y colocó su mano suavemente sobre mi antebrazo. Yo reaccioné instintivamente, y alejé mi brazo del toque que amenazaba con convertirse en caricia.
No entendía esa nueva actitud en ella. Cuando nos habíamos divorciado no habíamos quedado en buenos términos, y ella había sido muy clara conmigo al decirme que no quería saber nada de mí. Qué nuestra relación estaba muy dañada, y que ya no había nada que pudiéramos hacer para arreglarlo. Sin embargo, aquí la tenía frente a mí un año después, buscándome para hablar sobre algo, a pesar de que ya todo estaba dicho entre nosotros.
-¿Qué diablos quieres Tanya? ¿A qué has venido?-
Me miró extrañada y colocó sus manos en la cadera.
-Tus padres me invitaron a la boda, Edward-
-Eso ya lo sé- suspiré frustrado- ¿Pero por qué viniste? Tú nunca te llevaste bien con Alice- le recordé, ella no se inmutó- Y creo que después de nuestro divorcio mucho menos-
-Vine por tus padres, ya te lo dije-
-No, Carmen y Eleazar vinieron por mis padres, tu no tenías motivo-
-¿Es qué acaso no es obvio?- preguntó desesperada- ¿Tengo que decírtelo?-
El tono de su voz cambió en la última pregunta, y su expresión, que en algún momento había sido altanera, se había vuelto torturada. Se acercó a mí. Su mirada se volvió anhelante y de pronto la tuve a escasos centímetros de mí.
-Quiero que nos demos otra oportunidad, Edward- susurró quedamente- Quiero intentar remediar las estupideces que te hice y que te dije-
Tuve que aguantar las ganas de pellizcarme. Todo lo que había deseado durante ocho años de mi vida de pronto se materializaba frente a mí, como la oportunidad de recuperar un matrimonio que se había terminado por decisión de Tanya. Y de alguna manera, ahora que me lo decía, no sentía ninguna emoción.
No sentía absolutamente nada.
Y creía saber porqué.
A pesar de que no lo creía posible, Tanya se acercó aún más a mí, y sin saber cómo, sus labios se unieron a los míos en un beso.
Un beso al cual no reaccioné. Recordé a la mujer de cabello chocolate que no dejaba mis pensamientos desde que la había vuelto a ver y la increíble sensación de sus labios de seda moviéndose sobre los míos, sobre mí cuello, sobre mí pecho. Recordé sus exquisitas manos, dejando círculos alrededor de mi cuerpo mientras mis manos no dejaban ningún rincón de su piel por descubrir.
Y el beso que Tanya me estaba dando, aquél con el que había soñado tantas noches, me pareció simple a comparación de los que había compartido con Bella esa tarde en mi auto.
Me alejé, incapaz de corresponder a la caricia.
-Lo intentas ya muy tarde, Tanya- la tomé por los hombros, impidiendo que volviera acercarse- Lo siento-
Di media vuelta, y sin mirar a la mujer que había sido mi tormento durante tantos años, me alejé de ella lo más rápido que pude.
La estúpida boda de Alice me estaba costando caro.
~Bella's POV~
Caminé a toda prisa como un autómata, incapaz de pensar claramente, con mis sentidos nublados y mi razón cegada. No tenía idea de que había pasado, pero era muy consciente de haber visto a Tanya y a Edward a punto de besarse frente a mí. Otra vez. Como tantas veces lo habían hecho.
Llegué al salón y una vez dentro cerré de un portazo. Inspiré hondo y al abrir los ojos me topé con la cara asustada de Jean y Rosalie mirándome como si estuviera desquiciada.
-¿Muy…bien? ¿A qué debemos el despliegue de adrenalina querida?-
Intenté sonreír, y solo pude hacer una mueca torcida.
-Ah…- meneé la cabeza un poco- Es solo que…-recordé lo que acababa de ver-De pronto me dieron ganas de vomitar, Jean, es todo-
Sin entender a que rayos me refería, se encogió de hombros y siguió ordenando las flores que acababa de colocar en la mesa central. Rosalie se acercó a mí preocupada.
-¿Te encuentras bien Bella? Estás más pálida que un fantasma-
-Estoy bien Rose, no te preocupes- mentí.
Porque esa respuesta no era más que una vil mentira.
Una vez que Rosalie estuvo satisfecha y volviera con Jean a acomodar lo que hacía falta me dirigí discretamente al baño, cerré con llave, me recargué en la puerta y suspiré hondo.
Sentía como un carrusel de emociones se paseaba dentro de mí, y ni siquiera sabía que era lo que sentía en ese momento. Tenía las manos entumecidas y una opresión en el pecho, impidiéndome respirar.
Aquellas sensaciones me transportaron de inmediato a aquella noche en una fiesta, en donde había visto la misma escena pero con un Edward y una Tanya más pequeños, y yo siendo la idiota enamorada de su mejor amigo.
Y entonces me di cuenta que el dolor que sentía entonces y el de ahora, era el mismo.
Sentí rabia por permitir que Edward entrara de nuevo en mi vida, al darme cuenta que sentía exactamente lo mismo que ocho años atrás, al darme cuenta de lo que eso significaba.
Me miré al espejo y me di cuenta que había una diferencia abismal. Yo había cambiado.
-Vete al demonio, Edward-
Y sonriendo al reflejo del espejo salí del baño lista para sorprender a Alice, para olvidarme de lo que acababa de ver y para divertirme.
Miré la mesa con las bebidas.
"Gracias a Dios por darnos el alcohol". Pensé con una sonrisa torcida, y me dispuse a ayudar a Rose y Jean.
A pesar de que las invitaciones fueron dadas con muy poca anticipación el salón se llenó casi de inmediato: estaban ahí Rosalie, Jessica, Ángela, Lauren, Leah, Senna y Zafrina, Jane y Heidi que habían llegado apenas ayer, Victoria a quien tenía años de no ver y que era de la generación de Rose, Maggie, Charlotte, Kate, Irina, Jean, una un poco desconcertada Esme y unas cuantas amigas más de Alice que había conocido en Los Ángeles.
La única que faltaba era la novia.
Salí a buscar a mi mejor amiga, y la encontré cerca de la piscina abrazada a un muy cariñoso Jasper, quien besaba su cabeza, su nariz, y su cuello mientras le susurraba cosas al oído. Alice reía a carcajadas y yo tuve que detenerme a unos cuantos metros para admirarlos.
-A ti te estaba buscando- dije una vez que me hubiera acercado y enganché mi brazo al suyo- ¿Te molestaría que te la robara esta noche, Jazz? Alice tiene una despedida de soltera pendiente-
-Toda tuya Bella, después de todo será toda mía a partir de mañana- sonrió, y le plantó un beso a Alice en la frente- Por cierto…no habrá nada de- frunció el ceño y vaciló- strippers y esas cosas ¿Verdad?-
Solté una carcajada, y Alice se unió a mí.
-Lo siento Jazz- miré de soslayo a Alice, ella me miró de regreso- Pero no puedo decirte nada de lo que pasará ahí dentro…es política de la empresa-
Sentí el codazo de Alice al instante, y tuve que reprimir una carcajada al ver la expresión de desconcierto de Jasper.
-Es información confidencial amor- Alice se acercó a él- Nos vemos mañana, ¿De acuerdo? Te espero frente al altar, ya sabes, lo de siempre-
Y dándole un corto beso en los labios, dio la media vuelta y se dirigió a mí, con una sonrisa de satisfacción en los labios.
-Ahí estaré amor, pero…Bella- me miró preocupado- ¿No los habrá o sí?-
-Como te dije Jazz, políticas de la empresa-
Encogiéndome de hombros, di media vuelta y enganché mi brazo al de Alice de nuevo, y dejando a un Jasper fuera de lugar nos dirigimos al salón.
-No puedo creer que organizaras esto, Bells!-
Gritó Alice sobre los horribles chillidos de Jessica al micrófono, y yo sonreí mientras nos servía otro vaso de tequila. No recordaba la cuenta, pero tampoco me importaba mucho.
A fin de cuentas ese era el sentido de todo el evento. Y estaba resultando todo un éxito.
Tres horas antes, cuando Alice había entrado al salón me sentí orgullosa del esfuerzo. Estaba feliz, y se propuso a aprovechar al máximo su último día como soltera.
Y una hora después fue cuando empecé a tomar sin importarme la resaca del día siguiente.
Tanya había entrado al salón airosa, obviamente convencida de que, para bien o para mal, todos la habían volteado a ver apenas había puesto un pie en el salón. De cualquier forma yo había tenido la culpa, pues invitando a Kate e Irina, el no haberla invitado sería una clara señal de que los rencores de cuando éramos adolescentes seguían latentes.
-El punto es que te despidas de tu soltería como debes, y no hagas que tu dama de honor se sienta una completa inútil-
Brindamos de nuevo y tragamos el líquido rápidamente. El dolor en mi garganta cuando lo pasaba había desaparecido, pero aún era consciente de la presencia de Tanya en el salón. Necesitaba lo necesario para olvidarme de ella.
De ella y sus labios pegados a los de Edward. Los deliciosos labios de Edward.
La canción estridente proveniente del karaoke terminó y los chillidos de Jessica cesaron. A un lado de ella, Ángela, Rose, Jane y Jean se peleaban por el turno para la siguiente canción.
Solté una carcajada junto con Alice al verlos. Dándose por vencida al ver que no podría cantar, Rose dejó de pelear por el micrófono y se acercó a nosotras.
-Esto es muy injusto, la única diversión que puedo tener y no me dejan- colocó ambas manos en su vientre y bufó fastidiada- Ni porque estoy embarazada!-
-Es una pena, Rose, con lo que me encanta oírte cantar-
Asentí, apoyando la afirmación de Alice y serví otro vaso de tequila. Lo bebí como si se tratara de jugo de uva.
-De acuerdo, ¿Cuántos vasos faltan para sacarte a rastras de aquí?- preguntó Rosalie curiosa, Alice sonrió.
-Envidiosa- murmuré con una sonrisa torcida, Rosalie puso sus ojos en blanco- Y exagerada además-
-En realidad- continuó mirando a la mesa en donde una pelirroja con vestido blanco estaba sentada- A la que me gustaría sacar a rastras de aquí es a otra…-
Fue el turno de Alice de poner sus ojos en blanco. Yo meneé la cabeza, la rivalidad entre Rosalie y Tanya no había disminuido para nada.
-Tuve que invitarla, Rose- dije mirando en la misma dirección- Invité a sus hermanas-
-Y la verdad es que no entiendo porque, tu eres la que más razones tienes para odiarla, Bella-
-Pensándolo bien- comenzó Alice- A mi tampoco se me hace mala idea eso de sacarla a rastras-
Tuve que morderme la lengua para no decir que estaba de acuerdo con ellas. La imagen de Edward y Tanya a punto de besarse volvía a mí como un recuerdo grabado a fuego en mi cabeza, y las ganas de tomarme la botella de tequila de un golpe se apoderaron de mí de inmediato.
-Ten cuidado Alice, podrías estar sacando a la que tal vez próximamente sea tu cuñada de nuevo- escupí sin pensar en lo que decía, y tanto Alice y Rosalie voltearon a verme boquiabiertas.
Maldito alcohol. Pensé, al parecer estaba haciendo sus efectos.
-¿Cómo dices?- preguntó Alice, tratando de entender lo que acababa de decir.
-Nada, nada, olvida que hablé Allie- me levanté de mi silla de golpe y sonreí- Iré al tocador, enseguida regreso-
Y dejándolas con la boca abierta me dirigí al tocador, el lugar que por el momento era mi única salvación.
Cinco minutos después y segura de que cuando volviera el tema de Tanya no volvería a tocarse, abrí la puerta para regresar a donde ahora la mayoría se encontraban brindando por Alice. Y quedé frente a frente con la que alguna vez fuera esposa de Edward Cullen, y dueña del único hombre que había amado de verdad en mi vida.
Verla de cerca fue más impactante que verla de lejos. Su belleza, su altura, su porte y su elegancia, todo eso se había intensificado, y por un momento olvidé que traía ropa igual o más sofisticada que la de ella, y que tenía la misma altura y el mismo porte que había adquirido con los años.
-Que sorpresa Bella, por fin te encuentro sola-
Tardé unos segundos en reaccionar, y agradecí seguir en mis cinco sentidos todavía. Sorpresa era la que ella me había dado a mí, porque era obvio que aquello no era un encuentro casual.
-Hola Tanya, cuánto tiempo- me aclaré la voz- ¿Cómo has estado?-
No obtuve respuesta. A cambio obtuve una mirada curiosa. Tanya me examinaba de arriba abajo, observando atenta desde mi vestimenta hasta la expresión en mi rostro, como queriendo encontrar a la niña insegura que ella conocía.
Gracias al cielo que de esa niña ya no quedaba nada.
-Muy bien, gracias- contestó volviendo a mirarme a los ojos- Creo que no tengo porqué preguntarte lo mismo, salta a simple vista-
El tono despectivo con el que me dijo aquello no me pasó desapercibido, y sonreí al recordar nuestros años de preparatoria. A pesar de que nunca supuse una amenaza para ella, Tanya odiaba que Edward fuera mi mejor amigo. No soportaba que a pesar de estar con ella, Edward siguiera llamándome los domingos en la tarde para salir a pasear. No soportaba verme en fiestas de la familia, y mucho menos soportaba que estuviera cerca de él…
Porqué Tanya siempre había sabido lo enamorada que estaba de Edward.
Y se encargó en dejarme muy claro que jamás tendría una oportunidad con él.
-Gracias, supongo-
-Y ya que estuviste alejada de todos durante tantos años, dime- ladeó la cabeza- ¿Supiste que Edward y yo nos casamos?-
Sonreí de medio lado, cruzándome de brazos. Directo y sin miramientos. La situación entre ella y yo seguía siendo la misma entonces: hostil.
Solo que en esta ocasión ya no había una mujer dispuesta a soportar sus estupideces.
-Y también supe que se divorciaron- ladeé la cabeza, imitando su expresión burlona- Lástima- sonreí aún más, me miró sorprendida- Si me disculpas Tanya, iré a embriagarme-
Dejándola boquiabierta y con la palabra en la boca, pasé por su lado directo a la mesa de bebidas. Dispuesta a beber lo que quedaba de tequila directo de la botella.
Al diablo con Tanya Denalí y su insoportable ex esposo.
~Edward's POV~
El humo penetró en mis pulmones y los llenó por completo, una y otra vez mientras daba suaves y largas bocanadas al segundo cigarro que prendía en quince minutos.
A pesar de la insistencia de mis hermanos, mis padres, mi ex esposa y mi mejor amiga jamás había podido deshacerme del maldito vicio que me atacaba cuando estaba en situaciones como ésta.
Tanya queriendo remediar algo conmigo, aunque aún no sabía muy bien que. Bella sin dirigirme la palabra, Bella inventando novios para alejarme, Bella ocupando todos y cada uno de mis pensamientos.
Recordé la plática que tuve con Alice después de que terminara la cena de ensayo. Ella misma me había buscado, y yo había exprimido hasta la última gota de información de ella sobre su querida dama de honor. Me juraba que Jacob era su mejor amigo. Habían sido novios alguna vez, pero llevaban tiempo de haber terminado y seguían en buenos términos.
"Excelentes términos para mi gusto" pensé dando otra bocanada al cigarro mientras admiraba la ciudad de Los Ángeles. Había estado el resto de la tarde buscando un lugar en donde pensar sin distracciones, y los jardines traseros del hotel me daban la privacidad que necesitaba.
A lo lejos se escuchaban solamente unas cuantas carcajadas femeninas, había descubierto después de un rato que provenían de uno de los salones del área. "Alguna borrachera de estudiantes", había pensado sin dejar que me molestara. Después de un rato ya me había acostumbrado a ellas.
Levanté mi cabeza, admirando la hermosa noche estrellada sin poder alejar de mi mente la escena de unos días atrás en mi auto, mezclada con la bizarra discusión que había tenido con mi ex esposa esta mañana.
-Demonios-
Y Bella inventando lo del maldito Jacob con la mera intención de que la dejara en paz. ¿Tanto le desagradaba tenerme cerca? ¿Tanto rencor me había ganado todos estos años?
Lo pensé unos minutos y llegué a la conclusión de que no era menos de lo que merecía.
De cualquier forma todo había cambiado, y el destino parecía estarme cobrando con creces lo que le había hecho.
Me levanté del suelo y tiré la colilla del cigarro que acababa de terminarme. Coloqué mis manos en los bolsillos del pantalón y seguí mirando la inmensa ciudad de Los Ángeles a lo lejos.
-Vaya vaya, mira nada más a quién tenemos aquí-
Giré de inmediato al reconocer la voz, algo distorsionada y más lenta que de costumbre. Bella estaba frente a mí, con su cabello suelto y revuelto, la cabeza algo ladeada, una sonrisa traviesa en los labios y una mirada acuosa en sus hermosos ojos castaños.
Y una botella de tequila a punto de terminar en la mano.
-Mira Alice! Encontré a tu hermano!- volteó a gritar detrás de ella, señalándome con la mano que le quedaba disponible.
Y detrás de ella, el salón que pensé era de una borrachera de estudiantes era en realidad la despedida de soltera de mi hermana. Habían corrido un poco las cortinas de la gigantesca ventana corrediza de vidrio, y justo en la salida se encontraba Alice, muerta de risa ante la aparentemente graciosa escena.
Bella volteó a verme de nuevo y con una gigantesca sonrisa en los labios comenzó a caminar hacia mí de manera lenta, intentando no trastabillar.
-Encontré al bombón de tu hermano, Alice-
Y sin más se pegó a mí, rodeando mi cuello con sus brazos y mirándome con una sonrisa traviesa. Traté con todas mis fuerzas de no reír, mientras la tomaba por la cintura para evitar que tropezara.
Bella estaba borracha como una cuba.
Miré por encima de su cabeza a mi hermana buscando ayuda. Alice, quién a diferencia de Bella seguía sobria murmuró un "Te la encargo" y riendo divertida entró al salón, cerró la puerta corrediza y corrió las cortinas antes de que las demás se acercaran a ver qué pasaba.
Dejándome a cargo de una semi-consciente Bella.
-¿Qué haces por aquí a estas horas?- bajé la mirada para encontrarme con la mirada soñadora de Bella- Ya es muy tarde para que andes por aquí solito, Edward-
Dijo aquello con un dejo de burla.
-Debería preguntarte lo mismo a ti, Bells- murmuré sonriente.
-Que no me digas Bells- entrecerró los ojos- Perdiste el privilegio con tus tonterías-
Intenté no estallar en carcajadas mientras la acercaba más a mí. De acuerdo, tal vez no estaba tan borracha como creía.
Suspiró, meneando su cabeza de un lado a otro.
-Edward, Edward- canturreó, levantando su mirada mientras la posaba en mis labios- ¿Cómo es que eres tan irresistible?- frunció el ceño- Te comería a besos, en serio que sí-
Se acercó más a mí mientras se mordía el labio inferior traviesa y yo tragué en seco mirándola sorprendido. No podía creer que aquello estuviera pasando.
Sentía cada célula de mi cuerpo encenderse ante su calor, ante el contacto de su cuerpo contra el mío, de sus senos pegados a mi torso, de sus brazos alrededor de mi cuello y de su cadera contra la mía chocando de manera deliciosa mientras me susurraba aquellas cosas que jamás me diría estando sobria. Y creí que podría perder la razón en ese instante.
Y como si hubiera comprendido todo lo que estaba causando en mí, se alejó de golpe mientras me dedicaba una mirada juguetona.
-Lástima que tenga novio- volvió a canturrear mientras pasaba por mi lado y caminaba hacia el árbol más cercano, tomando un trago directo de la botella.
Cerré los ojos frustrado, y solté el suspiro más largo que había soltado en mucho tiempo mientras la miraba caminar lentamente. No tenía idea de lo que inconscientemente estaba causando en mí.
-Pero no te quedes ahí parado, ven!-
Cuidando de que no perdiera el paso y cayera sin remedio, la alcancé lo justo para tomarla por la cintura y evitar que lo hiciera. Y antes de que pudiera reaccionar caímos al suelo en un intento fallido de Bella por sentarse.
Debajo de mí Bella estalló en carcajadas, y no pude evitar contagiarme por ella y comencé a reír también. Aquello era tan extraño.
Bella ebria a mi cuidado, diciendo que era irresistible y que me comería a besos y ahora debajo de mí, riendo a carcajadas. Aquello era mucho más de lo que podía soportar.
-Creo- murmuró sonriente e hizo un gesto con el dedo para que me acercara- Creo que esas margaritas me afectaron un poco-
Sonrió como niña pequeña y estalló en una carcajada, y no pude evitar sonreír junto con ella. La Bella que ahora tenía entre mis brazos era todo lo contrario a la mujer fría, distante y confiada que había conocido hace diez días y que me pedía que me alejara de ella.
Y a pesar de saber que estaba mal hacerlo, me encantaba.
-Creo que te recuperarás- sonreí de medio lado- Además estoy aquí para cuidarte-
Casi al instante, la risa de Bella desapareció y me miró profundamente con sus ojos acuosos. Paseó su mirada suave por mi rostro y entreabrió sus labios un poco, mientras su mano se aventuraba a tocar mi mejilla.
Y yo sentí que podría derretirme en ese instante.
-¿Cómo es que puedes ser así? ¿Cómo puedes seguir siendo tan…- se debatió por decirlo- tan casi perfecto?- frunció el ceño, tal vez esperando que un poco de cordura regresara a ella.
Tragué saliva, y sin poder evitarlo la aferré más a mí, rodeando su cintura con mi brazo que había quedado debajo de su cuerpo. Sentí el calor de su cuerpo al pegarse con el mío, sus extremidades entrelazadas con las mías de manera casi perfecta, sus manos recorriendo mi rostro y mis hombros.
Y aquello me pareció tan…correcto.
-Si…- volvió a hablar y yo intenté concentrarme en lo que me decía para no besarla- Si yo te hubiera tenido, jamás te habría dejado ir-
Aquella revelación me dejó helado.
No contesté, temiendo decir algo que podría acabar con aquel momento. Aquel despliegue de sinceridad por parte de Bella era mucho más de lo que me hubiera imaginado, y a pesar de que estaba ebria, darme cuenta de que tal vez eso era lo que pensaba me hizo sentir aún más miserable que antes.
Pero el momento terminó tan rápido como había empezado y Bella pareció reaccionar de golpe. Abrió sus ojos de par en par y enderezándose un poco sobre la húmeda hierba separó nuestros cuerpos. Me miró con ojos desorbitados y tragó en seco.
Como si se hubiera dado cuenta de lo que acababa de decir.
-Tengo que…-titubeó, mirando hacia el salón- Tengo que irme…-
Colocó una mano en mi pecho y me empujó suavemente. Sin tener idea de que estaba pasando por la cabeza de Bella en ese momento, la miré levantarse torpemente pero de manera rápida, intentando alejarse de mí lo más rápido que su estado le permitiera.
Suspiré frustrado mientras me levantaba y caminaba detrás de ella, pendiente de cualquier movimiento que hiciera.
Sin poder caminar dos pasos más, Bella tropezó de nuevo debido a lo inestable del jardín y de sus zapatos. La tomé de la cintura una vez más, y sin darle oportunidad de escapar la apresé contra mí, y una vez más la tuve entre mis brazos.
-Con cuidado, Bells- murmuré cuando la tuve frente a mí, incapaz de moverse.
No me miró. Se limitó a mirar sus pies mientras se mordía el labio, intentando tal vez controlar el torbellino de emociones que siempre la asaltaban.
-Claro, con cuidado, después de todo solo soy la torpe Bella, ¿No?- subió la mirada y sonrió irónica.
Y supe que a pesar de no estar en sus cinco sentidos, aquella pregunta era real.
La miré enternecido al darme cuenta que debajo de esa mujer que parecía tan distinta, seguía existiendo la Bella tímida e insegura que yo había conocido. Aquella que había sido mi mejor amiga, aquella que no esperaba nunca nada a cambio, aquella que me había amado alguna vez.
Y a la que había perdido por ciego y estúpido.
-No- murmuré contra su rostro, acaricié su mejilla- Eres la mujer más hermosa que jamás he conocido- sonreí, besé su frente- Eres tan diferente y a la vez la misma- besé su mejilla y mis manos acunaron su rostro- Eres mi Bella. Mi tonta y orgullosa Bella-
Y sin darle tiempo a reaccionar la besé. Mis labios se unieron a los suyos con firmeza, esperando que me rechazara en cualquier momento. Pero esta vez no lo hizo.
Sus labios respondieron a la caricia de inmediato, dulces y suaves, pero firmes de igual manera. Reprimiendo un gemido, llevó sus manos a mi pecho mientras inclinaba su cabeza hacia atrás para profundizar el beso, incitándome a probar más…
Y probé.
Hice mío cada rincón de su boca, mis labios explorando aquella dulce boca que ya conocía y que esperaban saciarse de ella. Sin poder resistir, lamí su labio inferior con descaro, obteniendo como respuesta un gemido entrecortado. Mordí, lamí, acaricié hasta al cansancio, y ella hizo lo suyo de igual forma.
Intentó separarse algunas veces, pero siempre volvía al beso con la misma o mayor intensidad que antes.
Su respiración se tornó agitada, incluso violenta en algunas ocasiones, mientras yo seguía mi recorrido por su boca, insaciable. Acarició mi pecho de manera desesperada, arrugando el cuello de mi camisa en ocasiones, buscando acercarme aún más a ella.
Mis brazos se afianzaron en su cintura, y mis manos acariciaron las suaves curvas de su cadera, de sus costados, subían hasta su torso y se deslizaban por su dulce columna hasta posarse al final de la curva de su espalda, donde reposaron mientras la aferraba más a mí. Me restregué sin piedad contra ella, sus senos rozaban ligeramente mi torso, subiendo y bajando conforme su respiración se agitaba, su cadera chocaba contra la mía, en donde cada vez se hacía más evidente mi deseo por ella.
Que Dios me ayudara. Podría desnudarla y hacerla mía ahí mismo, sin importar el lugar en el que estábamos.
Y gracias a Dios ella entró en razón.
-Edward…-murmuró finalmente, respirando agitada- No puedo…no podemos-
Intenté besarla de nuevo, pero colocó una mano entre nosotros, intentando alejarme.
-Edward…Tengo…- la besé, ella me alejó- Tengo novio…-
Tuve que reprimir las ganas de tomarla por los brazos y zarandearla. No podía creer como a pesar de estar borracha ella seguía sosteniendo aquella patética mentira.
Y yo no podía creer como yo podía ser tan poco hombre y aprovecharme de su estado para besarla de aquél modo.
-Tú no tienes novio, Bells- murmuré contra sus labios- Sé que todo es una mentira, Jacob no es tu novio-
Asustada, me empujó ligeramente para separarnos por completo. Me miró con ojos desorbitados, comenzando a caminar hacía atrás para alejarse.
-¿Cómo…-
-Alice me dijo que Jacob es solo tu amigo…- la miré fijamente mientras la miraba alejarse.
-Yo, tengo que…- miró en todas direcciones, buscando no trastabillar- Tengo que irme…-
Sin darme tiempo a nada más, dio media vuelta y caminó rápidamente hacia la puerta corrediza del salón, meneando su cabeza de un lado a otro confundida.
Y sin más, abrió la puerta y entró, cerrando la cortina tras sí. Y dejándome a mí con un montón de dudas en la cabeza. No podía entender cómo es que Bella actuaba como sí no le importara lo que pasara o dejara de pasar conmigo, pero inventaba novios que no existían y respondía a mis caricias tan pronto como la tocaba.
Suspiré, aquél había sido un largo día.
-Lástima que mañana no te vas a acordar de nada…- murmuré, mirándola entrar- Buenas noches, Bells-
Y mandando un beso al aire, di media vuelta y regresé de camino a mí habitación con una sonrisa en los labios.
Y aquí terminamos por hoy! Bella y su despliegue de sinceridad que tal vez le cueste caro. ¿Review?
Cuidense, chao!
