"Dama De Honor"

Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.

Clasificación: NC-17 por contenido sexual

Pareja: Bella Swan/Edward Cullen

Summary: Es la boda de Alice y Jasper, y no podría haber otra dama de honor más que Bella Swan. Sin embargo, cuando el padrino pertenece a un pasado que no quieres recordar y es capaz de volverte loca, salir ilesa en el juego del amor puede ser misión imposible.

Notas de la autora: Después de cuatro meses, aquí me tienen con un nuevo capítulo. Siento mucho haber tardado tanto! Entre tantas tareas, trabajos, exámenes, un nuevo semestre y otras historias que llegaron a mi cabeza, no me di el tiempo ni la inspiración suficiente para continuarla. Pero quiero aclarar que esta historia está completamente armada desde el principio hasta el fin, y vamos cerca de la mitad y a un capítulo de la noche de bodas de Jasper y Alice…¿O será que la dama de honor le robará la noche?

No tengo más que agregar más que espero que disfruten el capítulo de la tan anunciada boda, y que se preparen para el siguiente capítulo que está casi terminado y donde Edward y Bella por fin pondrán de lado sus peleas para tomar otro rumbo mucho más interesante. (¿Lemmon? Lemmon!).

Sin más que decir los dejo disfrutar el capítulo y espero compense la larga ausencia.

Enjoy!

Capítulo 7°: La Boda

~Bella's POV~

-Auch! No jales tanto Rosalie!-

Enredando unos cuantos mechones de mi cabello con la tenaza mientras terminaba de acomodar los ya listos, Rosalie me miró recelosa por el espejo que teníamos enfrente.

Mientras yo sentía mi cabeza a punto de explotar.

Intentando no poner atención al dolor de cabeza, claro producto de la resaca de la noche anterior, mordí mi pulgar intentando recordar lo que había pasado.

Había habido alcohol, unas cuantas canciones mal entonadas en un karaoke y un montón de risas descontroladas y pasos torpes mientras bailábamos y brindábamos por la futura novia.

Abrí mis ojos de golpe, y algo se encendió en mi cerebro de inmediato.

Edward.

Había estado ahí. Su rostro, algo borroso en mi memoria, estaba ahí. Podía recordar su mirada esmeralda recorriéndome entera, su cabello broncíneo brillando bajo la escasa luz. Y después de eso, no recordaba nada más.

Entré en pánico.

-Deja de moverte Bella! Ya casi termino!-

Pánico que tuve que dejar para que me atormentara más tarde.

Vestidas en un tono morado un poco más claro que el mío, Rosalie, Jessica, Leah y Angela se movían por la habitación de Alice como si el mundo estuviera a punto de terminarse.

Frustrada por no encontrar su zapato, Jessica revolvía el montón de ropas esparcidas por el suelo, Angela intentaba colocarse sus pestañas postizas sin mucho éxito y Leah se miraba en el espejo y terminaba de acomodar su vestido.

Y yo terminaba por abrocharme el brazalete plateado con amatistas incrustadas que Jacob me había regalado en mi cumpleaños, mientras esperaba que Rosalie terminara de peinarme.

El día, el bendito día en el que todo ese tormento terminaría, por fin había llegado. La boda de Alice y Jasper se llevaría a cabo esa tarde, y yo podría volver a París recordando con nostalgia el reencuentro.

E intentando olvidar todo lo que había ocurrido con Edward Cullen.

Jean y Esme caminaban alrededor de Alice, intercambiando comentarios y dando instrucciones rápidas a los estilistas que se encargaban de transformar a mi mejor amiga.

Y Alice, enfundada en su hermoso vestido de novia, miraba con emoción su reflejo en el espejo de la habitación.

Yo sonreí al mirarla, obteniendo a cambio un doloroso estirón de cabello por parte de Rosalie.

-Auch!-

-No seas tan niña Bella! Y hazme el favor de mirar al frente!-

Sin más remedio que obedecerla, miré al frente con una mueca mientras jugaba con mi brazalete y escuchaba la risa de mi mejor amiga detrás de mí.

-Listo! Bellísima!-

Exclamó uno de los estilistas de Alice, e incapaz de seguir sentada volteé para observar como Jean terminaba de acomodar la tiara con el velo sobre el elegante y a la vez rebelde peinado de Alice.

Me quedé boquiabierta.

-Allie!- exclamó Angela- Estás bellísima!

Dejando la preocupación de los zapatos, el cabello, o las pestañas postizas corrimos al centro de la habitación hasta quedar paradas frente al espejo. Mirándonos a través del reflejo, mi mejor amiga soltó una risa nerviosa y el aire contenido.

-¿En serio les gusta?-

-¿Estás de broma?- exclamó Jessica- Estás buenísima!-

Contuve la risa al mirar a Jean abrir sus ojos de par en par, claramente ofendido ante el término, y pude ver a Alice hacer lo mismo mientras me miraba a través del espejo.

-Estás preciosa, hija- Esme plantó un suave beso sobre su mejilla- No lo dudes ni por un instante-

Madre e hija se miraron al espejo y con los ojos llenos de lágrimas Alice aceptó el ramo de flores que le entregaron. Se miró un instante a través del espejo, y exhalando con fuerza dio media vuelta para mirarnos.

-De acuerdo, hagámoslo chicas-

Minutos más tarde salíamos de la habitación para correr hacia el lobby, en donde la limosina nos esperaba en la entrada.

Y fue en ese momento en el que miré a todas entrar al vehículo que me detuve y sentí una sensación de opresión en el estómago al recordar hacia donde nos dirigíamos.

Y quién me acompañaría en toda la ceremonia. Quien estaría a mi lado todo el tiempo, mientras su radiante ex esposa estaría sentada en una de las butacas de la iglesia. Sentí náuseas al recordar el beso que había visto la tarde anterior, y me detuve para inhalar con fuerza.

Y para que Alice, parada a mi lado, me tomara de la mano.

-Nada de eso- dijo con una sonrisa- Es mi boda y eres mi dama de honor, Isabella Swan, y no pienso permitir que el idiota de mi hermano lo arruine-

Y sin atinar a hacer algo más que sonreír, apreté su mano y me dirigí a la limosina detrás de ella, consciente de que todo terminaría en unas horas.


~Edward's POV~

-Por todos los cielos. ¿Quieres dejar de moverte ya?-

Recargado contra la pared de la salita detrás del altar, sonreí burlón mientras miraba a un nervioso Jasper caminar de un lado a otro, susurrando un montón de incoherencias mientras acomodaba el nudo del corbatín.

El día había llegado. El día en el que no solo mi pequeña hermana se casaba, si no que se casaba con mi mejor amigo de toda la vida. Y ahí estábamos, a solo unos cuantos minutos de que la ceremonia diera inicio, de que mi hermana llegara con su vestido de novia…

Y que detrás de ella llegara su dama de honor.

La misma mujer que había robado todos y cada uno de mis pensamientos desde que le había vuelto a ver, la misma que me había evadido todos los días desde que eso pasara.

La misma con la que había soñado anoche, a la que le hacía el amor hasta verla gritar de placer.

-¿Cuánto tiempo falta?-

La pregunta ansiosa de Jasper me sacó de mis cavilaciones, e intentando no reír miré mi reloj de pulsera.

-Diez minutos, más o menos-

Jasper continuó su caminata interminable y yo tuve que contener una carcajada. Meneando mi cabeza, me acerqué a él y coloqué mi mano en su hombro para obligarlo a detenerse.

-Tranquilízate Jazz. Todo saldrá perfecto…-

-Eso espero, amigo- me miró ansioso- Eso espero-

Sonreí de medio lado al escucharlo.

Sin darme tiempo a contestar, Emmett irrumpió en la pequeña salita y aún más nervioso que Jasper se acercó a nosotros frotando sus manos.

-Ya llegaron- balbuceó- Están aquí, mi hermanita está aquí y vestida de novia- inhaló profundamente, llevándose una mano al cabello- Demonios, esto está pasando de verdad-

Solté una risa que no pude contener por más tiempo y di una última palmada en el hombro de Jasper.

-Es hora, Jazz. Buena suerte-

Nos unimos a Emmett en la puerta y salimos hacia los laterales de la iglesia repleta. Caminamos por el pasillo donde podía escuchar el suave parloteo de las casi trescientas personas sentadas en las butacas, charlando alegremente mientras esperaban a que la novia hiciera su entrada.

Llegamos al altar en menos de un minuto, y una vez apostados en nuestros lugares en los pequeños escalones, el conocido Canon de Pachelbel comenzó a escucharse, suave y lento, entre las paredes.

Y las puertas de entrada se abrieron de par en par.

Las damas hicieron su entrada y comenzaron a caminar gráciles por el pasillo rumbo al altar. Pude observar a una nerviosa Jessica saludar a unos cuantos presentes mientras Rosalie le daba un ligero golpecito en el brazo.

Miré a Emmett a mi lado, y tuve que morder mis labios para no reírme en cuanto lo vi entornar los ojos.

Y unos cuantos metros más atrás, comenzando a caminar por detrás de las damas, la vi a ella.

Yo solo pude dejar caer mi quijada mientras contenía las ganas de ir corriendo hasta tenerla frente a mí.

Con un entallado vestido en color violeta delineando a la perfección todas y cada una de sus curvas, un escote ligero pero provocativo que dejaba ver la curvatura de sus deliciosos pechos y un corte largo que hacía sus piernas interminables, Bella avanzó por el pasillo a pasos lentos y seguros, con su mirada al frente y una sonrisa iluminando su rostro mientras sostenía un pequeño ramo de flores blancas.

Los suaves murmullos no se hicieron de esperar.

Y de alguna extraña manera, aquellos murmullos sorprendidos ante la presencia de Bella hicieron que mi pecho se ensanchara, casi como si fuera yo el novio orgulloso de la novia que camina por el altar.

Como si fuera yo el que la esperaba a ella.

Meneé la cabeza y sonreí irónico al darme cuenta lo que estaba pensando.

La suave caminata de Bella terminó y después de una reverencia con la cabeza al llegar al altar, caminó hacia su lugar junto a las demás damas, y pude darme cuenta de la fugaz mirada que me dirigió al pasar por mi lado.

Mirada que le devolví cuando ella miró hacia la entrada con una enorme sonrisa en el rostro y sus ojos brillando de emoción.

Y al mirar en la misma dirección que ella pude darme cuenta porque.

Tomada del brazo de mi padre, caminando con su andar delicado y una expresión inocente adornada con una sincera sonrisa, mi hermana menor comenzó a caminar hacia el altar mientras comenzaban los acordes de la marcha nupcial.

Y pensé que jamás había visto novia más dulce y radiante que ella.

Mi pequeña hermana. Mi confidente y amiga. Mi pequeña Alice.

A mi lado, pude escuchar el sonido de mi mejor amigo conteniendo el aliento. Finalmente el recorrido terminó y mi padre, dándole un beso en la coronilla a mi hermana, depositó su mano en la de Jasper quien la aceptó al instante y sin titubeos.

Se miraron frente a frente y sonrieron cómplices, y no pude estar más seguro que aquello era lo correcto. Siempre lo había sido.

Con ese pensamiento instalado en mi memoria, la ceremonia dio comienzo. Y no se alejó de mi cabeza en ningún instante.

Siguió ahí mientras le entregaba el anillo a Jasper y Bella hacía lo mismo con el de Alice. Mientras decían sus votos de manera segura y calmada, mirándose a los ojos con intensidad.

Sonreí satisfecho cuando el sacerdote daba su bendición, y proclamándolos marido y mujer le daba el permiso a Jasper para besar a su novia.

Sonreí aún más cuando mi hermana menor jaló a Jasper hacia ella, para enredar los brazos en su cuello y plantarle un dulce beso en los labios.

Y el estallido de aplausos, al que pronto se unieron mis manos, no se hizo de esperar. Sin poder evitarlo, volteé mi cabeza para mirar a la dama de honor que con una enorme sonrisa en los labios aplaudía con emoción.

Y solo en ese momento, cuando su mirada se cruzó con la mía y ambos aplaudíamos a lado de la feliz pareja, sonreímos al mirarnos.


Lo que pasó después de la ceremonia fue confuso y caótico. El montón de aplausos, abrazos, gritos y hasta lágrimas no se hicieron de esperar una vez que Alice y Jasper salieran de la iglesia, seguidos por los familiares cercanos, las damas, Bella y yo.

Como padrino del novio, mi tarea fue transportar a los recién casados a donde sería la recepción en el hotel, que comenzaría una hora más tarde y en donde todo estaba listo para recibirlos.

A pesar de las dificultades del tráfico, logramos llegar a tiempo. Mi hermana y Jasper habían recibido a los invitados en las puertas de roble luciendo como una pareja sacada de un cuento de hadas.

Mientras yo, unos cuantos metros más atrás, saludaba a todos los que llegaban y les indicaba con quien tenían que ir para tomar sus lugares.

Con una renuente dama de honor a mi lado y que me ignoraba de manera triunfal. Una deliciosa dama de honor enfundada en un vestido que debería calificarse como pecaminoso.

Malditos fueran los escotes, los cortes por la pierna y las espaldas descubiertas. Bendita fuera Alice y su buen gusto.

Después de una hora de tortuosa frivolidad y sonrisas falsas, Alice y Jasper habían hecho su esperada entrada a la pista de baile, y luciendo como una pareja de ensueño, bailaron su primer vals como recién casados.

Y minutos después, las damas y los padrinos hicieron su entrada. Y tuve que bailar el vals más incómodo de mi vida con una mujer que ni siquiera me soportaba.

-Aquí tiene, señor-

-Gracias-

Tomé el vaso y me lo llevé a los labios mientras miraba la pista de baile. A mi lado, Emmett soltó un suspiro. Sonreí al observar a Alice, quien ahora traía un vestido blanco mucho más ligero, bailar y saltar agitada con su ahora esposo al ritmo de la música.

-Nuestra pequeña Alice, casada- suspiró de nuevo- No pensé que se casaría tan pronto-

-Tiene 26, Em- le recordé sonriente- Ya no es una niña, sería bueno que empezaras a notarlo-

-Pero… Pero es Alice! Nuestra Alice!-

Solté una carcajada y volví a tomar otro trago mientras seguía mirando la pista de baile. Mientras seguía mirándola a ella.

Siendo otra vez la nueva Bella. Una Bella que no había parado de bailar toda la noche, cuando la Bella de antes se habría quedado sentada mirando a los demás. Saltando y gritando cuando la multitud se juntaba, moviéndose sensualmente cuando la música se volvía suave, volviéndome loco.

Loco de deseo, ansioso por tenerla entre mis brazos y sentirla moverse contra mí al ritmo de la música.

Antes de poder decir algo, Rose llegó hasta donde estábamos y le plantó un beso en la mejilla a Emmett.

-Vamos a bailar, cielo-

-¿¡A bailar! Tú estás loca, Rose! Te la has pasado bailando!- reclamó Emmett, y colocó una mano en el vientre abultado- ¿No crees que es suficiente por esta noche?-

-Para nada! No pienso perderme la oportunidad de disfrutar la boda de mi único hermano- contestó- Vamos a bailar Em, anda!-

Sin dejarlo responder, tomó su mano y lo arrastró a la pista sin remedio mientras Emmett me miraba exasperado y seguía a su esposa con una sonrisa plasmada en el rostro.

Me quedé parado en el borde de la pista, con una simple copa de Patrón en la mano mirando como Bella se dirigía rumbo a la barra de bebidas hasta que estuvo sentada en una de las butacas, a solo unos cuantos metros de mí.

-Un shot de Patrón, por favor- dijo sonriente al camarero mientras se abanicaba con la mano.

Devolviéndole una mirada boba, el mesero comenzó a prepararle lo que le pedía. Sin perder el tiempo, tomé uno de los miles de vasos que se encontraban a mi derecha ya preparados con la bebida en cuestión y sin más me acerqué hasta quedar parado detrás de ella.

-Un shot de Patrón, preciosa-

Y coloqué el pequeño vaso frente a ella.

Dije aquello en un susurro suave, mirando como sus hombros antes relajados se entumecían al escucharme. Recargándome en la barra a su lado, Bella volteó a verme al instante curiosa.

Sus ojos chocolate, abiertos de par en par, me miraron incrédulos cuando tomé una de las butacas cerca de mí y me senté a su lado.

Yo solo le dirigí una ligera sonrisa mientras tomaba otro sorbo de mi vaso. Ella solo atinó a fruncir el ceño y mirarme extrañada.


~Bella's POV~

Sin tener idea de cómo rayos Edward estaba a mi lado, acepté el ofrecimiento y tomé el pequeño vaso que había dejado en la barra frente a mí.

-Gracias, supongo- murmuré y tomé un sorbo sin dejar de mirarlo.

Desde que habíamos bailado el vals más incómodo de toda mi vida, me había mantenido lo más alejada posible de él.

El recuerdo de que anoche lo había visto seguía rondando en mi cabeza, atormentándome sobre la posibilidad de que hubiera dicho o hecho algo en mi estado de ebriedad de lo que debiera arrepentirme. Pero lo peor de todo, es que no sabía si había sido un simple sueño. Un sueño muy vivido en el que Edward me besaba, me tocaba y me hacía perder la razón, como muchos otros que ya había tenido.

-De nada- se encogió de hombros- Seguramente estás sedienta, has bailado toda la noche sin parar-

-Es la boda de mi mejor amiga- sonreí – Lo menos que puedo hacer es compartir su felicidad-

-Me imagino…después de todo esa es la única razón por la que estás aquí- no lo miré- Supongo que te irás mañana mismo ¿No?-

-Es lo más seguro-

-¿Es urgente que te vayas?- me pareció advertir un tono de ansiedad.

-Sí, dejé mucho trabajo pendiente en París-

Mentira. La más pura y vil mentira. Había aprovechado la boda de Alice para pedir mis vacaciones acumuladas desde hacía varios meses atrás. Tenía un mes y medio entero para disponer de ellas como se me antojara.

Pero no planeaba gastarlas en Los Ángeles, ni en Forks, ni en cualquier lugar de Estados Unidos. Lo único que quería era irme a mi departamento en París, donde mi vida era perfecta, donde Edward no existía.

-Claro- sonrió de medio lado - Y un novio esperándote ¿No?-

Advertí el sarcasmo en la pregunta, y enfadada dejé mi vaso sobre la barra con fuerza y di media vuelta para caminar de nuevo hacia la pista. Como siempre, Edward estaba dispuesto a arruinarlo todo.

-Hey, hey, hey-

Sentí el delicado pero firme agarre de su mano sobre mi antebrazo, y una vez que me detuve se colocó frente a mí y me miró arrepentido.

-Lo siento, no era mi intención- suspiró- Lamento comportarme como un total idiota todo el tiempo Bella-

-Vaya, en algo estamos de acuerdo-

Dije levantando la ceja y el soltó una pequeña carcajada.

-En serio me gustaría que pudiéramos tener una conversación tranquila- susurró- Como cada domingo en Forks ¿Te acuerdas?-

Dijo aquello con una de esas sonrisas de medio lado que me mataban, y no pude evitar recordar todos esos fines de semana en Forks.

-Consideremos un territorio neutral está noche Bells, por Alice- dijo levantando su copa.

Sin más remedio que admitir que Alice merecía que por una noche nos lleváramos bien, choqué mi copa contra la suya, tomé un sorbo y me senté de nuevo.

-¿Cómo fue que terminaste en París? ¿No se supone que estudiaste en Oxford?-

-Cuando terminé la carrera de arquitectura un amigo me ofreció un buen puesto en una empresa de París- me encogí de hombros- No tenía nada que perder, y cambiar de país parecía una excelente idea en aquellos momentos-

-¿Y lo fue?-

-Diría que sí- contesté con una sonrisa- Es el lugar que más se ha adaptado a lo que quiero-

Abrió la boca para decir algo que nunca pronunció, y finalmente cerró los labios arrepentido. Yo agradecí el gesto, segura que la pregunta tenía que ver con mi novio imaginario.

Hizo algunas otras preguntas triviales sobre mi vida, a las que contestaba con cierta renuencia mientras jugaba con mi brazalete o tomaba de mi copa. Y me di cuenta que aquella era la primera conversación amigable que teníamos desde que lo había vuelto a ver, y era más agradable de lo que quería admitir.

-Bueno ¿Y qué hay de ti?- pregunté en algún punto- Veo que después de todo te convertiste en abogado y te mudaste a Nueva York-

Escupí aquello como si estuviéramos hablando de alguna enfermedad. Desde que tenía memoria, la idea de que Edward se convirtiera en abogado no me atraía en lo más mínimo.

-Para tu desgracia, lo hice-

Sus ojos verdes se encontraron con los míos y por un momento que pareció eterno nos quedamos en esa posición mientras los demás bailaban y reían a nuestro alrededor.

Meneando la cabeza asustada, volteé la vista hacia la pista de baile y comencé a jugar con mi brazalete de manera distraída.

-Y también te casaste con Tanya-

Dije aquello sin pensar, y quise morderme la lengua en cuanto terminé de decir su nombre.

Estúpido alcohol.

Lo oí exhalar mientras miraba en la misma dirección que yo, y con más exactitud, a la misma mujer que yo.

-Esa no es una buena historia en realidad, y no vale la pena contarla-

Sin saber qué rayos responder, me encogí de hombros mientras escuchaba como la canción se terminaba para empezar otra con notas familiares que aumentaban de intensidad.

Comencé a balancear mi pie al ritmo de la música mientras miraba como las parejas de la pista comenzaban una especie de baile libre. Y fue cuando reconocí la melodía de "More Than a Feeling" de Boston comenzando a sonar con fuerza que los recuerdos que aquello me atacaron de pronto.

Sentí mi espalda tensarse al percatarme que era nada más y nada menos que Edward Cullen el que estaba a mi lado.

Y fue su mano tomando la mía y su agarre firme arrastrándome a la pista de baile lo que me indicó que el recordaba aquella canción tan bien como yo.

-Creo que ya es tiempo- dijo mientras nos plantaba en la pista- De que me dejes tener un baile decente contigo, Bella- sonrío encantadoramente- Además esta canción era de nuestras favoritas ¿Te acuerdas?-

Me dio un giro rápido y me pegó a él de golpe dejándome sin aire, y sus manos se afianzaron en mis caderas para comenzar a moverse al ritmo del intenso coro de la canción.

Me hizo girar una vez más con destreza, y de nuevo terminé enredada entre sus brazos para seguir bailando.

Dos o tres giros más tarde, dejándome llevar por la música, los recuerdos y los expertos brazos de Edward, me encontré bailando con mi mejor amigo como si estuviéramos solos en la pista y como si ocho largos años de distancia no nos hubieran separado nunca.


~Edward's POV~

Ocupando el lugar casi al centro de la pista, le di un giro a mi acompañante y la pegué a mí lo más cerca que el decoro y ella lo permitían, porque estaba más que consciente que era nada más y nada menos que Bella Swan.

Lo que hacía que aquello pareciera irreal.

No tenía idea de cómo habíamos pasado de los reclamos a las risas, pero tampoco me importaba averiguarlo. Verla tan divertida en aquellos momentos, solo dejándose llevar por el intenso ritmo de la música y siguiendo mis pasos a la perfección era un deleite del que no estaba dispuesto a privarme.

Pronto la canción terminó y nuevas notas comenzaron a escucharse al tiempo que pegaba a Bella a mí lo más que se me permitía en aquellos momentos. No me importaba nada más que sentirla lo más cerca posible de mí, aún cuando eso fuera a unos cuantos centímetros de distancia.

Podía sentir la suave piel de su espalda desnuda rozando las yemas de mis dedos, expuesta debido al escote que le llegaba hasta la línea de la cadera y dejaba la piel expuesta. Y aquél simple roce bastaba para volverme loco, para desearla como nunca.

Pero solo me quedaba conformarme con aquello. Por ahora. Porque en algún momento de aquellos días había decidido que Bella tenía que ser mía, en todas las formas posibles.

Dejé mis cavilaciones de lado para concentrarme en sus movimientos seguros y suaves que para nada quedaban con la Bella que yo conocía.

-¿Dónde aprendiste a bailar así? Antes ni siquiera aceptabas bailar conmigo enfrente de los demás-

Sonrió de lado, solo lo suficiente para darme cuenta que estaba orgullosa del cambio.

-Creo que la pregunta correcta es quién me enseñó a bailar así- dijo coqueta, y me pareció verla guiñar un ojo al decirlo.

Antes de poder contestarle algo que no delatara mi evidente molestia, sentí la sensación de que alguien nos observaba- aparte de Alice que nos miraba boquiabierta desde que habíamos entrado a la pista- y mirando por encima de la cabeza de Bella me topé con los ojos azules de Tanya mirándome fijamente desde el borde de la pista.

Con esa mirada de reproche que ponía cada vez que quería armar una escena de celos.

Me detuve en mi lugar y le devolví la mirada con la misma intensidad, confundido ante su juego que no terminaba por entender y que sinceramente comenzaba a fastidiarme.

-¿Edward?-

La suave voz de Bella me sacó de mi ensimismamiento, y antes de que pudiera bajar la mirada para contestarle dio media vuelta para mirar en la misma dirección que la mía.

La mirada de Tanya se desvió unos cuantos centímetros más abajo y la posó en mi acompañante.

Yo maldije para mis adentros.

Deseé poder observar la expresión de Bella en aquél momento, aunque no tuve que esperar demasiado para hacerlo. En menos de un segundo se giró para quedar frente a mí de nuevo.

Y lo que vi en su rostro era justo lo que me temía.

Con los labios apretados y la mandíbula tensa me miró fijamente solo unos segundos, y dándome un ligero pero firme empujón se alejó de mí y dio media vuelta para comenzar a caminar lejos de la pista.

Pero sobre todo lejos de mí.

-Bella…-

Dos pasos más tarde, alcancé a mi preciosa acompañante y la tomé por el codo para detenerla, pero ella solo giró para mirarme de nuevo y zafándose de mi amarre me miró como si estuviera demente.

-Bella, no…-

-Lindo te salió el jueguito, Edward- se acercó a mí, su rostro quedando a escasos centímetros del mío- Pero me temo que tendrás que buscarte a otra idiota para poner celosa a tu histérica esposita-

Escupió aquello entre dientes y dio media vuelta para continuar su camino fuera de la pista.

-Bella!-

Siguió su camino, pasando de largo a una preocupada Alice que solo me miró unos segundos y meneando la cabeza mientras exhalaba con fuerza, comenzó a caminar detrás de Bella hasta perderse con ella entre la multitud.

Parado en medio de la pista, contuve una maldición.


~Bella's POV~

-Bells, Bells espera…-

-Demonios-

Susurré entre dientes mientras escuchaba los rápidos pasos de Alice detrás de mí, seguramente en un intento por alcanzarme antes de que dejara de escucharla.

Sin poder negarme a la petición de la única persona por la que estaba haciendo todo aquello, di media vuelta para toparme con su mirada preocupada.

-Bella, lo que pasó en la pista…-

-No fue nada, Al- le dije tomando su mano- Solo otro intento fallido entre tu hermano y yo por llevarnos mejor-

-A mi me parecía que lo estaban haciendo bastante bien hasta que Tanya metió sus narices-

-No es como que Edward sea del todo inocente- me encogí de hombros- Tu hermano y Tanya traen un jueguito en el que no quiero meterme-

-¿Edward? Hasta donde sé él ya no la soporta, Bells-

-Será lo que te dijo o quiso hacer creer- escupí- Los vi ayer y créeme, "no soportarla" no entra en la descripción de lo que estaban haciendo-

Mirándome con ojos desorbitados, Alice frunció el ceño confusa.

-¿A…a qué te refieres Bella? ¿Qué viste?-

Antes de poder contestar, Esme y Rosalie llegaron hasta donde estábamos y diciendo mil incoherencias de las que solo pude entender que era momento de aventar el ramo a las solteras del lugar, tomaron a Alice por los codos mientras Jessica le plantaba el lindo arreglo en las manos.

-Es el momento, Allie!- exclamó Angela emocionada mientras juntaba las manos.

-Pero…-

-Vamos! Vamos! Tenemos que llegar al centro de la pista!-

En ese momento la música antes estridente se detuvo y la gente amontonada en la pista comenzó a moverse para formar un semicírculo al centro, mientras Rose y su séquito intentaban mover a Alice de su lugar.

-Vamos Al, vamos!-

Pero Alice aún me miraba a mí, con ganas de escuchar lo que no había podido decirle desde que llegaran ellas.

-Bells…¿Qué fue lo que viste? ¿Qué hizo el estúpido de mi hermano?-

Me miró ansiosa y yo solo pude devolverle una mirada de extrañeza ante su evidente insistencia por saber lo que había visto entre Edward y Tanya el día anterior. No podía creer que a pesar de que era su boda y tenía mil cosas más en que ocuparse que en la extraña relación entre Edward y yo, ella se preocupara por lo que yo sintiera o dejara de sentir por él.

Y en aquél momento no pude evitar sentirme la peor dama de honor y sobre todo la amiga más miserable del mundo.

-Basta de tonterías- dije meneando la cabeza con una sonrisa- Es tu boda Alice! Así que deja que sea yo quien se preocupe ¿De acuerdo?- apreté sus manos con fuerza- Y ahora ve!-

Dejando el tema zanjado, Alice se alejó con las demás para dirigirse al centro del círculo a hacer la única tarea de la noche que había querido evitar a toda costa.

A pesar de las insistencias a su madre y a Jean de no lanzar el ramo, se habían negado diciendo que era un paso que no podía saltarse, ya que sería el último antes de que ella y Jasper se fueran a disfrutar de su noche de bodas en la suite del hotel.

Procuré no estar entre el gran grupo de mujeres que se habían amontonado para recibir el bouquet, y colocada al final de la pista, comencé a conversar con Jane mientras esperaba que aquello terminara pronto para poder largarme a un rincón y embriagarme en silencio.

Pero ni aquella maniobra evasiva me salvó de cerrar con broche de oro aquella noche, cuando de manera inesperada el ramo terminó entre mis manos antes de que pudiera entender que era lo que estaba pasando.

Cientos de pares de ojos me miraron entre curiosos y divertidos cuando las luces se posaron en mí.

-Solo sonríe, Bella- dijo Jane divertida a mi lado.

Y aquello fue lo único que pude hacer para salir bien parada del lío.

Era obvio que "pasar desapercibida" no sería mi lema de la noche después de todo.


~Edward's POV~

Sentado en la barra principal, pedí por enésima vez un vaso de whisky al camarero mientras dejaba uno vacío en la barra. No podía recordar muy bien cuantos me había tomado desde que estaba sentado ahí, y tampoco importaba mucho.

Eran poco después de las tres de la mañana, y nada quedaba de la fiesta que horas antes había estado en su punto máximo.

Con el salón casi vacío, las luces tenues y la música lenta y sensual sonando por el lugar, las pocas parejas de la pista se movían conforme a la música en un ambiente más romántico y personal.

Mi hermana y Jasper se habían ido ya aproximadamente una hora, cuando después del lanzamiento del ramo hicieran su salida entre aplausos, risas y bromas de doble sentido sobre la noche que les esperaba.

Apostados al final de las filas de gente, las damas, los padrinos y mis padres habíamos despedido a Alice y a Jasper antes de que salieran por la puerta principal hacia su suite.

Había abrazado a Alice como si temiera dejarla ir, incapaz de creer que ahora mi hermanita era una mujer casada, y bromeé mientras ella me propinaba un golpe en el pecho con los ojos llenos de lágrimas.

Y después, un comentario que me dejó totalmente fuera de lugar.

-Te di otra oportunidad, no lo arruines Edward-

Y cuando se había acercado a Bella, quien había procurado mantenerse alejada de mi con Emmett de por medio, pude jurar que la escuché decir las mismas palabras al oído de su dama de honor.

Una hora más tarde y cuando casi todos se habían retirado a descansar a sus habitaciones comentando sobre la excelente recepción, pude sentarme a tomar una copa y respirar tranquilo porque todo hubiera acabado.

O por lo menos la parte ligera.

Desde que me había sentado, había tenido que soportar la tortura de mirar a Bella bailar con cuanto idiota la invitara a hacerlo, esperando su turno para disfrutar del placer de tener a una mujer como ella lo más cerca posible.

Y ella, haciendo caso a la evidente atención de sus admiradores, bailaba con ellos solo cuando la música le agradaba, incluso cuando no tenía con alguien con quien platicar.

No se había vuelto a acercar a la barra ni a dirigir la mirada a ella en toda la noche.

Y yo me volvía loco, mirando como la tocaban y la acercaban a ellos como si marcaran un territorio inexistente, a pesar de que su acompañante los ignoraba de manera triunfal.

Pero fue cuando- por cuarta vez en aquella noche- Mike Newton se pegaba a él como una garrapata al ritmo de la música, que todos mis sentidos se encendieron y me nublaron la vista.

Esperé sentado, reuniendo todas las fuerzas posibles para no levantarme y arrebatarla de sus brazos para zarandearla, para hacerle ver que lo de Tanya había sido una simple niñería de mi ex esposa en un intento por arruinarme la noche.

Que era ella la que me volvía loco, que era ella en quien pensaba, que era ella a la que le había hecho el amor en sueños los últimos días.

La canción terminó y finalmente Bella quedo libre de las garras de Mike para dirigirse al tocador que se encontraba al final del salón.

Antes de que pudiera darme cuenta de lo que estaba haciendo, llegué hasta donde estaba y la tomé por el codo para obligarla a verme.

-¿Qué rayos...- me miró como si estuviera demente- ¿Edward? ¿Qué rayos crees que haces?-

Otra canción comenzó, y haciendo caso omiso a su evidente confusión, la tomé por la cintura y la pegué a mí con fuerza.

-Creo que es obvio- dije mirándola a los ojos- Planeo terminar con lo que empezamos-


~Bella's POV~

-¿Edward? ¿Pero qué…?-

Comencé a preguntar claramente confundida al sentir sus brazos afianzarse con fuerza sobre mi cintura, mientras me pegaba a él tan cerca que podía sentir la calidez de su pecho rozando el mío de manera casi descarada. A lo lejos, solo podía escuchar la voz de Steven Tyler comenzar las primeras líneas de la canción.

You know you drive me up the wall
The way you make good for all the nasty tricks you pull
Seems like we're makin' up more than we're makin' love

-Sshh sshh- me calló Edward en un susurro- Está canción es nuestra, Bells, y vas a bailarla conmigo- dijo sin lugar a discusión, comenzando a balancearse lentamente conmigo en brazos.

Y cuando miré sus ojos verdes, algo acuosos y perdidos, vagar por mí rostro buscando respuesta, me di cuenta que Edward había tomado tanto o más que yo.

Mis sentidos se pusieron alerta, gritándome en todas las formas posibles que aquello era peligroso. Pero antes de que pudiera hacer algo al respecto, la pregunta suave de Edward me trajo de vuelta a aquél momento.

-¿O es que ya no te acuerdas?-

Y como una película, las imágenes de nosotros ocho años atrás, moviéndonos lentamente al ritmo sensual y cadencioso de la canción que se escuchaba en aquellos momentos por todo el salón. En realidad, eran escenas en donde yo, mucho más torpe e inútil, me dejaba guiar por sus suaves movimientos con mis pies sobre los suyos para que fuera él quien marcara el paso.

Pero en esta ocasión, ocho años después y con mucha más experiencia en el baile, aquél movimiento suave y sensual representaba la más grande de las torturas.

And it always seems you've got someone on your mind
Other than me
Girl, you gotta change your crazy ways - you hear me

Y cuando sentí a Edward posar sus manos sobre mi espalda baja al tiempo que su cadera se pegaba con fuerza a la mía, tuve que reprimir un gemido de angustia y excitación al mismo tiempo.

Que me partiera un rayo si aquello no era lo más delicioso que había sentido en mi vida.

-Déjame bailar esta canción contigo Bells, por favor-

Dijo contra mi oído en un susurro suave y excitante, que parecía esconder la promesa de algo más que un simple baile entre dos viejos amigos. Algo mucho más interesante…algo mucho más excitante.

Say you're leavin' on the seven thirty train
And that you're heading out to Hollywood

Girl, you've been givin' me that line so many times
It kinda gets that feelin' bad looks good, yeah

Sin esperar respuesta comenzó a moverse lentamente al ritmo de la canción, meciéndose de un lado a otro mientras sus manos recorrían mi espalda desnuda de arriba abajo.

Benditos fueran los escotes en la espalda.

Con suaves vaivenes y lentas caricias con sus manos, se movía por la pista lentamente mientras me mantenía pegada a él, y en algún momento, las luces quedaron lejos y nos detuvimos en un pequeño rincón solitario y oscuro.

Y por primera vez aquella noche, me di cuenta que no tenía escapatoria. Y que no quería tenerla.

Al parecer el alcohol había hecho su efecto.

That kinda lovin' turns a man to a slave
That kinda lovin' sends a man right to his grave

La canción seguía, y yo solo podía concentrarme en los ojos verdes del hombre que me tenía amarrada a su cintura y sin pudor alguno se movía junto a mí mientras restregaba su cuerpo entero contra el mío.

Al demonio. Aquello era tan delicioso que no tenía intenciones de acabarlo.

Él me miraba intensamente, como si sus ojos verdes, algo nublados por el efecto del alcohol, quisieran traspasarme y leer lo que estaba pensando en aquellos momentos. Y podía jurar que en aquellos momentos era como un espejo de agua, claro y transparente.

Pero sobre todo vulnerable. Vulnerable a él.

I go crazy, crazy, baby, I go crazy
You turn it on - then you're gone
Yeah you drive me crazy, crazy
Crazy for you baby
What can I do, honey
I feel like the color blue

Y aquél suave balanceo seguía cadencioso, y en algún momento y sin saber cómo, Edward dejó de guiarme y era yo quien me encontraba balanceándome junto con él, pegando mi pecho palpitante aún más al suyo, desesperada por sentir el calor del suyo rozando el mío.

Sin poder evitarlo, comencé a pasear mis manos por su pecho de manera suave y casi distraída, mirándolo a los ojos mientras él me devolvía una mirada aún más intensa. Sin detenerme a pensar en lo que hacía, dejé vagar mis manos por sus hombros, sus pectorales, sus brazos y su espalda, hasta que finalmente hallaron su lugar detrás de su cuello y engancharon en su nuca, acariciando su rebelde cabello broncíneo.

Y como respuesta, sus manos se aferraron más a mi cadera.

You're packin' up your stuff
And and talkin' like it's tough
And tryin' to tell me

That it's time to go, yeah!
But I know you ain't wearin' nothin' underneath that
Overcoat and that it's all a show, yeah!

En algún momento, sus labios quedaron a la altura de mi oído mientras mi cabeza se recargaba contra su hombro y mis manos seguían acariciando su cabello.

¿Qué estaba haciendo, por todos los cielos?

-¿Qué me hiciste, Bella? - susurró Edward lentamente, y yo sentí como una descarga me recorría de pies a cabeza- No he dejado de pensar en ti un solo instante desde que te volví a ver-

That kinda lovin' makes me wanna pull down the shade, yeah
That kinda lovin' yeah, now I'm never never never never gonna be the same

Sin darme tiempo a pensar en lo que acababa de decirme, me giró entre sus brazos con agilidad y me alejó solo un momento para volver a pegarme a él.

Solo que esta vez quedé de espaldas a él, con mi espalda desnuda rozando su pecho en llamas y sus manos apresando mi vientre y mis caderas de manera posesiva. El balanceo, antes suave y cadencioso, se volvió sensual y excitante, mientras sentía mi corazón acelerarse y mis sentidos encenderse poco a poco.

Y cuando una de sus manos se aventuró a vagar por mi pierna descubierta gracias al corte del vestido, sentí que me desmayaría de placer ahí mismo.

I go crazy, crazy, baby, I go crazy
You turn it on - then you're gone
Yeah you drive me crazy, crazy
Crazy for you baby
What can I do, honey
I feel like the color blue

I'm losing my mind
Girl, 'cause I'm goin' crazy

-Te deseo, Bella- susurró contra mi oreja, trazando suaves círculos por mi pierna desnuda mientras su otra mano aferraba mi vientre con fuerza.

Yo solo pude abrir mis ojos de par en par ante la sensación de sus manos acariciando y ante aquella directa confesión, que sin lugar a dudas expresaba perfectamente lo que yo también sentía en aquellos momentos.

Maldita sea, lo deseaba más que a mi vida.

I need your love, honey, yeah
I need your love...

-Quiero hacerte el amor- susurró de nuevo, y plantó suaves besos en el lóbulo de mi oreja-Déjame hacerte el amor-

Crazy, crazy, crazy for you baby
I'm losin' my mind,
Girl cause I'm going crazy
Crazy, crazy, baby i go crazy
You turn it on - then you're gone
Yea you drive me...

Y cuando me pegó con fuerza a él y plantó un suave pero significativo beso en mi cuello, me deshice en sus brazos y dejé caer mi cabeza en su hombro, deseando que la caricia no se detuviera nunca.

-Edward-

La simple mención de su nombre lo hizo estremecer detrás de mí, como una breve afirmación de que yo sentía lo mismo. De que quería lo mismo.

No me importaba el maldito pasado, no me importaban las malditas discusiones ni las malditas diferencias ni la maldita de su ex esposa. Lo quería conmigo esa noche. Quería hacerle el amor y que él me lo hiciera a mí.

Crazy, crazy, crazy for you baby
I'm losing my mind
Girl, cause I'm going crazy
Crazy, crazy, crazy for you baby
I'm losing my mind
Girl, cause I'm going crazy

Crazy, crazy, crazy for you baby
You turn it on - then you're gone
Yeah! you drive me...

-Acompáñame-

Y con aquella simple petición se alejó solo lo suficiente para tomar mi mano y sacarme de aquél rincón en el que nos encontrábamos. Sin detenernos en ningún solo momento, nos dirigimos silenciosos hasta la puerta y salimos del salón.

Yo no tenía idea de cómo rayos era que estaba hacienda aquello, pero tampoco me detuve a pensarlo.

No pensé en nada cuando llegamos a las puertas del elevador y éstas se abrieron para darnos paso. Mucho menos fui capaz de pensar en algo cuando entramos con prisa a él y Edward comenzó a besarme con furia, pegándome contra las paredes del ascensor mientras mis piernas se enroscaban alrededor de su cintura.

Y lo último que pude escuchar cuando las puertas se cerraron, fueron las últimas notas de Aerosmith sonando por el lugar.