"Dama De Honor"

Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.

Clasificación: NC-17 por contenido sexual

Pareja: Bella Swan/Edward Cullen

Summary: Es la boda de Alice y Jasper, y no podría haber otra dama de honor más que Bella Swan. Sin embargo, cuando el padrino pertenece a un pasado que no quieres recordar y es capaz de volverte loca, salir ilesa en el juego del amor puede ser misión imposible.

Notas de la autora: Hola a todos mis lectores! Aquí les traigo un nuevo capítulo recién terminado. Veremos cómo pintan las cosas ahora que tenemos la versión de los hechos de Edward, aunque lo único que puedo decir es que Bella no se lo pondrá nada fácil a nuestro querido Edward ;)

Espero lo disfruten muchísimo, y no olviden que espero sus reviews para saber si les gustó o lo odiaron. Muchas gracias a todos los que se molestan en dejarme un review y agregarme a favoritos, me dan ánimos para continuar con esta historia que escribo con mucho cariño para ustedes.

Sin más que decir, me retiro por hoy.

Enjoy!

Capítulo 9°: El Día Después

~Edward's POV~

Desperté con la molesta luz del sol pegándome de lleno en los ojos, y fruncí el ceño antes de abrir mis ojos lentamente.

Me dolía un poco la cabeza, e incapaz de levantarme me llevé el brazo a la cara y me cubrí los ojos para evitar que la luz me molestara. Tenía mucho tiempo que no sentía una resaca como aquella, y tardé unos cuantos segundos que parecieron siglos en recordar el día y el lugar en el que estaba.

Me sentía desorientado, aletargado. Agotado.

Si no conociera bien la sensación, habría dicho que me sentía saciado.

Extrañado, miré el lado vacío de la cama. La almohada estaba intacta, la sábana bien puesta y sin una arruga fuera de lo normal, sin rastro de que anoche alguien aparte de mí hubiera dormido ahí.

Y sin embargo no pude evitar sentirme inquieto, recordando el sueño que había tenido anoche y que ahora parecía más real que nunca. Pensé en el durante unos instantes, y cuanto más lo hacía más vivido se tornaba, negándose a desvanecerse ahora que estaba despierto.

Levanté la sábana para darme cuenta de que estaba completamente desnudo, y pude observar la ropa que había utilizado anoche tirada con despreocupación en el sofá frente a la cama, pero de todos modos aquello no parecía muy fuera de lugar.

Solía dormir desnudo de vez en cuando, sobre todo cuando llegaba cansado y fastidiado de algún evento.

Pero por alguna razón, algo me decía que ese no había sido el caso anoche y sin embargo todo parecía perfectamente normal, como si nada diferente hubiera pasado en esa habitación.

El sueño permanecía en mi mente, y los detalles del mismo adquirían mayor firmeza e intensidad a cada instante que pasaba.

Había sido un sueño en donde, como en muchos otros, hacía el amor con Bella hasta verla gritar de placer debajo de mí, pero por alguna razón ésta mañana parecía diferente. Podía recordar la visión de su delicioso cuerpo desnudo, el tacto de su piel, el sabor de sus labios y el calor de su interior con una nitidez tal que parecía que más que estarlo imaginando, lo estaba recordando.

Y como si mi anatomía quisiera apoyar aquella idea, levanté la sábana para mirar la erección que el simple hecho de pensar en aquello había provocado. Como si la parte más sensible de mi anatomía pudiera responderme la disparatada pregunta que me rondaba por la cabeza.

Aquello se sentía demasiado real para haber sido un sueño. Los recuerdos se iban haciendo más intensos, y pronto pude recordar casi todo a detalle.

Bella bailando conmigo en un rincón de la pista, Bella y yo besándonos desesperados en el elevador, Bella en mi habitación y en mi cama, jadeado y gimiendo extasiada debajo de mí mientras le hacía el amor.

Con un demonio, todo eso había pasado. Que me partiera un rayo si aquello había sido un simple sueño, aún cuando todo a mi alrededor indicara que así era.

Me enderecé rápidamente en la cama, y olvidando el dolor de cabeza, me levanté en dirección al baño para darme una ducha rápida con un solo pensamiento en mente.

Encontrar a Bella, y rápido.


Una vez presentable y fuera de mi habitación, bajé rápidamente al primer piso del hotel en dirección a los comedores del desayuno, seguro de que Bella estaría ahí supervisando que todos los invitados de la noche anterior en la boda estuvieran cómodos.

Estaba programado que ese desayuno fuera lo último de la extensa agenda de actividades por la boda de mi hermana, y como pasaba un poco más de las diez de la mañana, era casi seguro que tanto Alice, como Jasper, mi familia y Bella ya se encontraran ahí desayunando junto con todos los invitados.

Y no me equivoqué.

Vestida con un corto vestido de tirantes en color lila y el cabello acomodado en largos tirabuzones, Bella se encontraba en la barra del buffet con un plato vacío en las manos, charlando con Rosalie y Jane mientras la fila de los comensales avanzaba y ella llenaba poco a poco su plato.

Y el sentimiento de que aquella hermosa mujer había sido mía anoche me asaltó de inmediato y me llenó el pecho con una especie de orgullo y alegría, a pesar de que ella no había amanecido en la cama conmigo.

Pero estaba seguro que había sido real, hasta el más mínimo detalle.

Con esa certeza en mente, comencé a caminar en dirección a ella mientras saludaba con simples cabezadas a los invitados, y antes de que pudiera siquiera acercarme a una distancia prudente para llamarla, Emmett y Jasper me bloquearon el camino.

-Buenos días hermanito ¿Se te pegaron las sábanas, eh?-

Dijo Emmett sarcástico mientras pasaba su brazo por mis hombros y comenzaba a dirigirse a la mesa principal. Y en la dirección opuesta a Bella.

-Ya lo creo que sí- comentó Jasper- Veo que tenías razón entonces, Emmett-

-¿Razón? ¿Dé que hablas?-

-Anoche te escabulliste de la fiesta sin darnos cuenta- replicó Emmett entre burlón y curioso- Y por la cara que traes y la hora que es, algo me dice que no te fuiste solo-

Tragué saliva al darme cuenta de lo que Emmett estaba queriendo dar a entender.

-Dinos, Edward ¿Quién fue la misteriosa acompañante?-

La pregunta de Jasper me dejó sin habla, e intentando parecer tranquilo, solté una carcajada y me senté en mi lugar despreocupado.

-No sean idiotas- dije riendo- Déjense de suposiciones tontas y déjenme desayunar que muero de hambre-

Sin más remedio que hacerme caso se sentaron a mí lado entre risas tontas y comentarios obscenos, mientras yo aprovechaba para levantarme de mi lugar y volver a la barra del desayuno. Solo para darme cuenta a mitad del camino que Bella ya regresaba junto con Rosalie a la mesa que yo antes ocupaba, y que caminaba demasiado lejos para que la abordara sin llamar la atención.

Maldiciendo en silencio, me dirigí a la barra, tomé un plato y me serví de todo un poco lo más rápido que pude, contestando tajantemente a cualquiera que me abordara para largarme de ahí cuanto antes.

Una vez que tuve mi plato lleno regresé a la mesa en la que encontraban sentados Alice y Jasper junto con mis padres, Bella, Rosalie, Emmett, Jessica, Angela, Leah, Mike y unos cuantos más y tomé el asiento que antes había ocupado entre Emmett y Jasper.

-Buenos días, cielo-

-Hola, hermanito-

Saludaron mi madre y Alice, quienes se encontraban a un lado de Jasper.

-Buenos días mamá, hola monstruo- contesté con una sonrisa y tomé mis cubiertos para comenzar a desayunar.

No sin antes dirigir una insistente mirada a Bella, quien, casi frente a mí en la mesa, dejó de platicar con Rosalie y me dirigió una fugaz mirada de reojo.

Pude notar cómo se tensaba de inmediato y colocaba su cabello detrás de su oreja nerviosa, y después de unos segundos alejó la mirada de inmediato y siguió platicando con Rosalie. De inmediato reconocí la angustia, y casi el miedo que se apoderó de ella en cuanto su mirada se cruzó con la mía.

Y el pensamiento de que anoche le había hecho el amor hasta no poder más volvió a mi mente de golpe, y mirarla ahora, tan cerca y a la vez tan lejos de mí, parecía una broma de mal gusto diseñada para torturarme.

Necesitaba hablar con ella, y sin embargo en aquellos momentos era imposible.

Resignado a la idea de esperar, continué con mi desayuno mientras platicaba con los que estaban a mi alrededor, dirigiendo mi mirada de vez en cuando a la mujer que se encontraba frente a mí y claramente incómoda por algo. No escuchaba a nadie en particular, y mi mente se consumía pensando en cómo hacer para estar a solas con ella cuanto antes.

Aquello me estaba matando.

-Ahora regreso-

En algún momento de esa angustiante espera la escuché decir aquello y dirigí mi mirada a ella de inmediato. Ignorando por completo lo que Emmett me decía en aquél momento, la miré levantarse de su asiento con rapidez y comenzar a caminar en dirección a los baños del saloncito, claramente queriendo alejarse de ahí lo más rápido que sus piernas le permitieran.

Pero yo no pensaba dejarla escapar.

Y aunque no me importaba que todos en la mesa se dieran cuenta de que la seguiría, esperé un par de minutos antes de levantarme y diciendo sus mismas palabras, me dirigí en dirección a los baños dispuesto a hablar con ella.

Y preguntarle porque rayos me había dejado solo esa mañana.


Agradeciendo que los baños se encontraran en un lugar muy privado y lejos de la vista de todos, me pegué en una de las paredes a lado del arco de entrada al pasillo de los mismos, en una posición que me permitiera interceptar a Bella antes de que se diera cuenta siquiera que estaba ahí.

Un par de minutos más tarde, Bella salió del baño de damas y por el arco caminando con la cabeza erguida, y antes de que pudiera dar un simple paso más a las mesas la tomé por el brazo y la detuve en seco.

Soltando una exclamación de sorpresa, me miró con ojos desorbitados cuando sin pleno aviso la arrastré de nuevo al pasillo y la pegué a la pared a un lado, colocando mis manos a cada lado de su cabeza.

-Tenemos que hablar- le dije y me pegué a ella instintivamente.

Ella solo me miró con sus ojos abiertos de par en par, y la miré tragar saliva mientras recuperaba la compostura.

-¿Hablar de qué?-

Preguntó de la manera más serena e inocente del mundo, y yo sentí como si me hubiera dado una fuerte y dolorosa bofetada. ¿A qué rayos estaba jugando?

-¿Cómo que de qué?- gruñí entre dientes y la miré fijamente- De lo que pasó anoche…- corregí- De lo que hicimos anoche-

Y a cambio solo obtuve un ceño fruncido y una mirada extrañada.

-¿Y qué fue lo que, según tú, hicimos anoche, Edward?-

Incapaz de contener mi asombro y mi furia combinadas, abrí mis ojos de par en par mientras dejaba caer mi mandíbula, completamente sorprendido y sin poder creer la actitud despreocupada de Bella. Como si anoche no hubiera pasado nada.

Como si quisiera hacerme creer que no había pasado nada.

-¿Segura que no lo recuerdas? Permíteme refrescarte la memoria- acerqué mi rostro a unos cuantos centímetros del suyo- Anoche hicimos el amor- dije sin titubeos, mirándola fijamente- Estuviste toda la noche en mi cama, y la mitad de ella estuve dentro de ti-

Y aunque pude notar el pequeño brillo de angustia en sus ojos durante un segundo, me miró con una mezcla de confusión y sorpresa muy bien fingidos, y tuve que admitir que aquello dolió más que si me hubiera rechazado.

-Estás loco- frunció el ceño e intentó empujarme- Anoche no pasó nada entre nosotros, Edward. Bailamos un rato y después te fuiste a tu habitación y yo a la mía, seguramente las copas te confundieron la cabeza-

Conteniendo las ganas de gritarle y zarandearla, cerré mis ojos y aspiré con fuerza, incapaz de creer que Bella pensara que aquella mentira funcionaría.

-No juegues conmigo, Bella- dije con rabia y me pegué aún más a ella sin dejar de mirarla.

Mordió su labio inferior durante un segundo, seguramente pensando que más inventar para salir de aquél serio aprieto en el que se encontraba. Tal vez Bella pensaba que había estado lo suficientemente ebrio para no acordarme de nada, pero claramente no esperaba que yo recordara todo.

Hasta el más mínimo detalle.

Y aún así, seguía renuente a aceptarlo.

-No juego contigo- escupió enfadada- Seguramente lo soñaste…- se sonrojó al decirlo- Y el alcohol te hace creer que tal vez fue verdad-

Aquella fue la última estupidez que pude escuchar. Incapaz de entender su necedad, la tomé por los hombros y la zarandeé un poco en el proceso, y mirándola como si quisiera traspasarla, la pegué a mí completamente cegado por la rabia.

-¿Me crees estúpido?- gruñí entre dientes- ¿O no será que en realidad el alcohol te afectó a ti, querida? ¿Quieres que te recuerde lo que pasó?- pregunté sarcástico, y mis manos se posaron en sus caderas, posesivo- No puedo creer que no recuerdes como te retorciste anoche en mis brazos, y como gritaste mi nombre cuando llegaste al orgasmo-

Escupí aquello sin decoro alguno y la sentí estremecerse entre mis brazos solo durante unos instantes. Pero aquello se desvaneció de inmediato, y con una fuerza que no creí que tuviera, me empujó con sus manos y me miró con una mezcla de confusión y enfado.

-Estás loco, Edward- escupió de nuevo- Entre tú y yo no pasó nada, ya te lo dije. Así que sólo aléjate de mí y déjame en paz-

Me miró solo durante unos instantes, dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección a las mesas rápidamente, dejándome completamente solo y confundido.

Parecía tan segura de que nada había pasado, que por un momento me pregunté si en realidad tenía razón, y simplemente había sido otro sueño que ésta vez había mezclado con la realidad gracias al alcohol.

Como fuera, ahora estaba más confundido que antes.

Frustrado, golpeé la pared frente a mí y tomé aire con fuerza mientras me llevaba una mano al cabello.

¿Qué diablos creía Bella que ganaría con eso?


~Bella's POV~

Con el corazón latiéndome con fuerza y mis sentidos completamente nublados, caminé con rapidez por entre las mesas con un solo pensamiento martilleándome las sienes.

Alejarme de Edward lo antes posible antes de que aquello se volviera un lío aún peor, irme de Los Ángeles cuanto antes y olvidarlo, así como el terrible error que había cometido anoche.

Y con un solo objetivo en mente. Encontrar a Alice y rápido.

Para mi fortuna, mi mejor amiga se había levantado de la mesa que todos ocupaban anteriormente y no tardé mucho en encontrarla entre el montón de gente, distinguiéndola rápidamente con su hermoso vestido rosa pálido y su reluciente expresión de felicidad saliéndole hasta por los poros, mientras platicaba con un grupo de invitados de la noche anterior.

Sin preocuparme por lo que pensaran los acompañantes de Alice, llegué hasta donde se encontraban y la tomé de la mano para llamar su atención. Ella volteó con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro, que se desvaneció por completo en cuanto vio mi expresión angustiada.

Se disculpó con el pequeño grupo de personas detrás de ella, y aferrándose a mi agarre se alejó conmigo hasta que estuvimos solas.

-¿Bells? ¿Qué pasa?-

-Necesito hablar contigo, pero no aquí- le dije rápidamente, incapaz de contenerme un momento más.

-De acuerdo- me dijo serena, y asintió con la cabeza- Vamos a mi habitación-

-Puedo esperar a que…-

-Ni hablar- me cortó de inmediato- Aprovechemos ahora que están todos aquí, Bells, vamos-

Y arrastrándome por el salón, salimos sigilosamente y nos dirigimos a su habitación.


-¿¡Te acostaste con mi hermano anoche!-

Casi arrepentida de haberlo dicho, cerré mis ojos y solté un largo suspiro cansado. Frente a mí, Alice me miró con sus ojos abiertos de par en par y su mandíbula desencajada con sonrisa traviesa.

-Si quieres sal al balcón y grítalo Al, seguramente los que están en el jardín no te escucharon-

-Por Dios…te acostaste con mi hermano!- exclamó de nuevo emocionada- Vaya Bells! Sé que les dije que no desaprovecharan la oportunidad que les estaba dando, pero no pensé que se lo fueran a tomar tan en serio!-

Dijo en tono pícaro, y consciente de que no podía retirar lo que había dicho ni mucho menos minimizar la emoción de Alice, me limité a soltar otro suspiro y dejarme caer en el sillón.

-Yo tampoco, Al- pasé mi mano por el cabello- Yo tampoco-

En menos de un segundo, una emocionada Alice saltó al sofá a mi lado y me miró con ojos brillantes.

-No te pediré que me cuentes detalles, porque sinceramente la idea de imaginarlo no es nada agradable- se estremeció, claramente perturbada ante la idea de que fuera su hermano de quien estábamos hablando- Es mi hermano después de todo, ew-

Si no me hubiera sentido tan agobiada en ese momento, hubiera soltado una estruendosa carcajada ante su puchero de perturbación.

-Pero esto es simplemente excelente!- exclamó, y me miró con sus ojos ardiendo de emoción.

Yo simplemente atiné a levantarme y menear la cabeza con fuerza, mientras intentaba por todos los medios recobrar la compostura. No sabía en qué momento había terminado en aquella situación tan extraña y sin retorno, en donde Edward no solamente había regresado a mi vida, sino que me había vuelto a envolver como una estúpida.

Y volvía a enamorarme poco a poco sin remedio, destruyendo mis defensas.

-Por supuesto que no es excelente, Alice!- exclamé frustrada y lleve mis manos a las sienes- Es lo contrario a excelente, es lo peor que pudo haber pasado!-

-¿Qué dices? ¿Cómo puede ser lo contrario a excelente?- preguntó desde su lugar, mirándome como si estuviera loca- Si eso significa que hicieron las pases, mucho más que eso!-

-Y por lo mismo es que es malo, Alice! Yo no quería que esto pasara!-

-Pero pasó, Bella- dijo con voz seria, y me miró desde su lugar con brazos cruzados- Y para mí es lo mejor que pudo haber pasado-

-Por supuesto que no- dije en un suspiro, y me senté de nuevo junto a ella- Todo es un desastre ahora-

-¿Qué quieres decir con eso?- preguntó ansiosa, y puso una mano sobre mi hombro- ¿Bella? ¿Qué pasó después de que…tu sabes…ustedes…-

No terminó la pregunta, aunque de todas formas no necesitó hacerlo.

-Yo…- soltando otro largo suspiró, la miré acongojada- Me escabullí de su recámara ésta mañana mientras seguía dormido-

-¿Qué hiciste qué?- exclamó abriendo su mandíbula lo más que pudo, y juntando sus manos pareció recordar algo- Con razón estaban tan extraños está mañana en el desayuno!-

La simple mención de aquello me hizo recordar aquél momento en el pasillo de los baños, donde Edward me había acorralado para intentar hablar sobre lo que había pasado anoche, y sobre todo como yo estúpidamente había negado todo, a pesar de que sabía que era un caso perdido.

Y no pude evitar sentirme más estúpida al recordarlo.

-Y eso no es lo peor…- dije en un ataque de sinceridad, dispuesta a decirle todo de una buena vez- Yo…lo negué todo cuando estuve a solas con él esta mañana-

A mi lado, Alice volvió a levantarse de su lugar boquiabierta.

-¿¡Qué! ¿¡Pero por qué!-

-No lo sé! Él…- tomé aire- Él estaba algo tomado anoche, y pensé que seguramente no lo recordaría o pensaría que había sido un sueño o que se yo!-

-Por Dios Isabella!- exclamó claramente frustrada, y colocó sus manos en la cintura- ¿Tú crees que mi hermano es idiota? ¿Qué no se iba a dar cuenta cuando despertara?-

-¿Qué más querías que hiciera, Alice?- pregunté desesperada- Yo no quería que eso pasara! Fue un error! Me deje llevar por el momento y por el alcohol y la música y…-

-Y por lo que todavía sientes por él- afirmó cortante y sin lugar a discusión.

Y aquello me cayó como un balde de agua fría, pero mantuve mi postura y no respondí a su afirmación. No quería decir algo de lo que me arrepintiera.

-Alice- la llamé suplicante, y tomé su mano para que volviera a sentarse- Necesito irme cuanto antes- escupí por fin- Llamé al aeropuerto y ya tengo el boleto hacía París, el único problema es que el vuelo sale hasta las cinco de la mañana-

-Bella- comenzó a decir acongojada, mirándome con una mueca de desagrado- No creo que…-

-Por favor Al, no puedo seguir aquí- dije un tanto desesperada, y ella puso su mano sobre las dos que teníamos enlazadas.

-Pero Bella…-

-Por favor-

No podía seguir en ese hotel mientras Edward siguiera ahí, y necesitaba que pensara que yo me había ido a París lo antes posible. Necesitaba terminar con aquel lío cuanto antes, y no se me ocurría mejor forma que largándome de ese hotel aunque el vuelo saliera hasta mañana.

Y tal vez fue mi mirada desesperada o el agarre de mi mano sobre la suya, pero después de unos cuantos segundos, Alice soltó un suspiro resignado y se levantó para dirigirse a los cajones del tocador. Abrió el primero y sacó un juego de llaves, lo cerró y se dirigió a mí de nuevo hasta sentarse a mi lado.

-Toma- me entregó el juego de llaves, yo la miré sin entender- Son las llaves de mi departamento, nos regalaron uno a mí, a Edward y a Emmett cuando cada uno cumplió dieciocho- explicó serena, aún insegura- Viviremos ahí los primeros meses antes de que Jasper y yo encontremos un lugar más grande para los dos, pero no lo utilizaré el próximo mes y medio por obvias razones-

Pronto recordé que esa misma tarde ella saldría rumbo a Europa a su luna de miel, y finalmente entendí lo que me estaba proponiendo. Estuve a punto de suspirar aliviada, pero me limité a seguirla mirando.

-Puedes usarlo los días que quieras- dijo por fin, y sonrió- Quédate hasta que te sientas lista para irte-

Incapaz de contenerme, le di un abrazo y sonreí.

-Gracias, Allie- cerré mi puño sobre las llaves- Lo ocuparé solo ésta noche, y mañana me iré a París tan pronto amanezca-

-He dicho que puedes usarlo el tiempo que quieras- volvió a decir, como si no creyera lo que le había dicho- Pero creo que estás cometiendo un error, Bella-

-Créeme Al, es lo único que estoy haciendo bien-

Me levanté de mi lugar y Alice me imitó. Nos miramos durante largo rato, con nuestras manos enlazadas mientras intentaba sin éxito detener las lágrimas que querían escapar de mis ojos al darme cuenta que me estaba despidiendo de ella. Yo me iría en cuanto tuviera mis maletas terminadas, y ella se iría esa tarde a Europa de luna de miel y yo tomaría un avión a París mañana en la mañana.

Sin poder soportarlo, la abracé con fuerza y pegué mi rostro en su hombro, mientras las lágrimas bajaban silenciosas por mis mejillas y escuchaba a Alice hipar un poco.

-Gracias, Al, por todo-

-Voy a extrañarte, Bells, pero estoy segura que volveré a verte pronto-

Separándome de ella, sonreí y asentí segura, sin entender si aquello me lo decía como una promesa o como una afirmación. Sin decir más, le di un apretón en la mano y salí de la habitación directo a la mía.

Dispuesta a irme de ahí lo antes posible.


~Edward's POV~

Furioso y frustrado, caminaba por los pasillos del hotel sin saber exactamente a dónde dirigirme. Me había escabullido del desayuno con mucho trabajo, pues en el preciso momento en que Bella se había alejado de mí en el pasillo de los baños mi madre me había encontrado mágicamente y me había hecho saludar a montones de gente que ni siquiera recordaba conocer.

Y había alcanzado a ver de manera fugaz como Alice y Bella desaparecían de entre la multitud y salían del saloncito de manera sigilosa.

Mientras caminaba mi mente trabajaba a mil por hora, intentando recordar con detalle los sucesos de anoche y descifrar porqué Bella lo había negado todo tan triunfalmente, con una seguridad digna de premio.

Había estado a punto de contarle todo a Jasper en un ataque de rabia, pero decidí que lo más sensato sería volver a hablar con ella y quebrar sus defensas de a poco hasta que admitiera lo que había pasado.

Tendría que hacerlo pronto, porque si no mal recordaba ella se iría esta misma tarde a París, y la posibilidad de entender lo que estaba pasando entre nosotros se iría al borde del abismo una vez que ella pusiera un pie en el avión.

Y no podía permitir que eso pasara.

Con aquél pensamiento en mente, llegué a mi habitación y abrí la puerta con la llave electrónica que siempre fallaba, y el recuerdo de Bella y yo jugueteando e intentando hacer lo mismo anoche me golpeó con fuerza. Apretando los dientes, meneé con la cabeza y entré a la habitación cerrando de un portazo.

Una vez dentro miré con atención todo a mi alrededor, mientras pequeños flashazos de lo ocurrido anoche venían a mi memoria y la llenaban por completo. Caminé hasta la enorme ventana que daba al balcón y que en aquellos momentos se encontraba completamente abierta dejando pasar la luz matutina, y que anoche había dejado pasar la luz de la luna bañando todo con destellos plateados.

Bañándola a ella con destellos plateados.

Soltando una maldición, me recargué en el marco de la ventana con mi brazo y mordí mi pulgar mientras miraba el inmenso jardín central y dejaba que los recuerdos me siguieran asaltando. ¿O serían imaginaciones?

¿Sería cierto lo que había dicho Bella? ¿Sería cierto que todo había sido un simple sueño y el alcohol me había hecho crear una realidad inexistente?

Había soñado tantas veces con eso que no me sorprendería que hubiera sido uno más, aun cuando las sensaciones y las emociones fueran mucho más intensas que antes.

Más reales.

-Demonios- frustrado, golpeé la pared a un lado de la ventana y volteé en dirección al sofá para comenzar a caminar en dirección a él.

Pero algo mucho más interesante llamó mi atención en ese momento y me hizo desviar mi mirada unos cuantos centímetros más en dirección a la cama.

Un fuerte destello plateado, cubierto en su mayor parte por la sábana de seda que cubría la cama y causado por la luz del sol que se colaba por la ventana, me cegó durante unos instantes antes de que comenzara a dirigirme en dirección a la cama a unos pasos de mí.

Curioso como un niño, tomé el borde de la sábana de seda y la levante lo suficiente para observar que era aquello que se reflejaba con tanta intensidad. Y ahí, tirado al centro de la cama y brillando con la luz del sol, se encontraba un delicado brazalete plateado con incrustaciones de gemas violetas que recordaba haber visto anoche.

Colgado elegantemente en la muñeca de Bella.

Y en aquél momento todos los vistazos borrosos y las dudas incesantes desaparecieron de golpe para dar paso a la más absoluta certeza de que anoche y en esa cama había hecho mía a Bella. Por más que ella se molestara en negarlo.

Incapaz de esperar un momento más, tomé la pequeña joya en mis manos, y como si se tratara del mayor de los tesoros lo guardé en el bolsillo de mi pantalón y salí disparado de mi habitación en dirección a la suya.

Caminé con prisa y sin detenerme a saludar a nadie, y una vez que estuve en el pasillo pude observar como la puerta de su habitación se encontraba totalmente abierta mientras un carrito de intendencia cubría la entrada.

Frustrado, solté una maldición al darme cuenta que Bella se había ido.

Sin siquiera molestarme en preguntar a la intendente cuándo se había ido y con el temor de que fuera demasiado tarde apretándome el pecho, di media vuelta y caminé en dirección a la suite del hotel en donde se encontraba la única persona que podría revelarme en donde rayos se encontraba Bella en aquél momento.


En menos de dos minutos estuve frente a las puertas dobles de la suite del hotel, y aprovechando que la puerta parecía estar entreabierta, entré rápidamente rezando porque mi hermanita se encontrara adentro.

Y para mi fortuna, tanto ella como Jasper se encontraban caminando de un lado a otro en la habitación con objetos personales en las manos, mientras riendo y besándose de vez en cuando como dos tórtolos metían las cosas a sus maletas.

-¿Edward?- preguntó Alice preocupada en cuanto me vio entrar- ¿Qué pasa?-

Tanto Alice como Jasper me miraron con el ceño fruncido confundidos, seguramente ante el gesto de desesperación que debería tener en mi rostro en aquellos momentos.

Sin contestar a la pregunta, me acerqué a Alice y la tomé por los hombros mientras la miraba fijamente.

-¿Dónde está, hermanita?-

-Edward, no sé qué…-

-¿Dónde está Bella, Al?- pregunté desesperado- Sé que te contó todo- afirmé sin lugar a discusión- Las vi salir ésta mañana juntas del desayuno-

Pero a pesar de eso, Alice se mordió el labio inferior solo unos instantes y volvió a fingir sorpresa.

-No sé a qué te refieres con…-

Sabiendo que Alice mantendría su posición a menos que le mostrara algo que la dejara sin defensa, saqué el brazalete que traía en mi bolsillo y lo levanté hasta tenerlo a la altura de su rostro. Y mientras su mirada confusa se tornaba en una de verdadero asombro y temor, Alice miró el brazalete y después me miró a mí.

-Encontré esto en mi habitación, así que ya no tiene caso que lo niegues- le dije mientras la volvía a tomar por los hombros- Sé que sabes todo y en dónde está- continué, y su mirada antes asombrada se volvió compungida.

Me miró como si se debatiera entre lo correcto y lo que deseaba, y mirándome con expresión torturada se mordió el labio inferior de nuevo.

-Edward…le prometí a Bella que…-

-La buscaré con o sin tu ayuda hermanita, y la voy a encontrar- la corté de inmediato- Pero sin ella será más difícil-

Ella me conocía lo suficientemente bien para saber que hablaba en serio, y mirándome derrotada soltó un largo suspiro. Susurrando un "Bella me va a matar" para ella misma, bajó la mirada y la subió segundos después para mirarme de nuevo.

-Le presté mi departamento por ésta noche- soltó por fin, y yo quise gritar de alegría- Su vuelo sale mañana a las cinco de…-

Antes de pudiera terminar con la oración, le planté un fuerte beso en la frente y la abracé con fuerza.

-Gracias hermanita- susurré contra su oído y ella me devolvió el abrazo algo confundida- Te deseo el mejor de los viajes y la mejor luna de miel-

La solté de inmediato y miré a Jasper, quien a su lado, me miraba como si estuviera completamente demente y con una expresión de confusión en el rostro. Sin tiempo para explicarle, lo abracé con fuerza mientras le daba unas palmadas en la espalda.

-Cuídala amigo, y pásenla excelente-

Y sin más, di media vuelta para comenzar a caminar a la puerta de la habitación dando grandes zancadas. A mi espalda y antes de salir de la habitación, solo alcancé a escuchar al fin a Jasper decir algo en un susurro.

-¿Qué diablos fue eso?-

-Ya te contaré-

Lo último que escuché y que me sacó una sonrisa de oreja a oreja, fue el largo suspiro aliviado de mi hermana antes de salir de la habitación.


~Bella's POV~

Con una simple camiseta y unos bóxers para dormir como atuendo, caminé descalza desde la cocina hasta la sala con una lata de refresco en las manos y me dejé caer en el sofá frente al enorme televisor de pantalla plana frente a mí.

Solté un largo suspiro y miré el reloj de pared que se encontraba detrás de mí. Las siete de la tarde. En diez horas estaría tomando un vuelo a París y me iría de Los Ángeles definitivamente, olvidándome de todo lo que había pasado los últimos diez días.

Olvidándome por completo de la estupidez que había cometido y de Edward Cullen, para siempre. Aunque me costara la vida.

Decidiendo que lo mejor era empezar desde ese momento, tomé el control remoto de la mesita que se encontraba frente a mí y encendí el televisor mientras abría la lata en mis manos y cambiaba los canales distraída.

Era incapaz de dejar de pensar en lo que había pasado esa mañana en el pasillo de los baños, y sobre todo en lo que había pasado anoche en la recámara de Edward, en donde habíamos hecho el amor hasta dejarme sin fuerzas.

Solté una maldición, y frustrada conmigo misma por mi estupidez, miré la pantalla sin poner atención absolutamente a nada de lo que había en ella.

Recordaba la rapidez con la que había hecho mis maletas en cuanto tuve las llaves del departamento de Alice en mis manos, y como había salido del hotel como si fuera una delincuente, sin detenerme a despedirme de nadie, ni siquiera de Rose o de Esme.

Soltando otro largo suspiro, tomé un sorbo de la lata y apoyé mi cabeza en el brazo que tenía sobre el borde del sofá para mirar la película que empezaba en el televisor.

Y dos minutos más tarde, el sonido del timbre resonando por el gran departamento me asustó tanto que estuve a punto de tirar la lata que tenía en mis manos.

Extrañada, dejé el refresco en la mesita frente a mí y me levanté lentamente para comenzar a caminar hacia la puerta con inseguridad. Se suponía que Alice había dejado de vivir ahí en cuanto había terminado sus estudios en la universidad, y todos sus allegados sabían que en esos momentos se encontraba rumbo a su luna de miel como una flamante recién casada.

¿Quién rayos podría buscar a Alice en estos momentos?

Maldiciendo por lo bajo al darme cuenta que la puerta no tenía mirilla al centro, inhalé con fuerza, me arreglé un poco el cabello y abrí la puerta con fastidio.

Y frente a mí, los ojos verdes de Edward me miraron de arriba abajo con una sonrisa de medio lado plasmada en su rostro.

Sintiendo que la sangre dejaba de fluir por mis venas y se detenía en mis pies, abrí mis ojos de par en par y me aferré al mango de la puerta, mirándolo durante unos segundos que parecieron interminables. Y en ese instante, todos mis planes se vinieron abajo.

-¿Qué…- mi voz salió algo quebrada, pero recobré la compostura- ¿Qué haces aquí?-

Sin decir nada, Edward dio un paso hacia mí mientras yo retrocedía de manera casi instintiva, y tomando la mano que tenía en la perilla, la retiró y cerró la puerta dándole una ligera patada con el pie.

Y quedé encerrada en el departamento con Edward adentro y a solo unos centímetros de mí.

-¿Segura que necesitas respuesta?- ante mi mutismo, soltó un ligero suspiro divertido- Ya que insistes…-

Sin darme a tiempo a reaccionar me tomó por la cintura con uno de sus brazos, y cerrándolo a mí alrededor como si fuera de acero, me acercó a él tanto que nuestros cuerpos se rozaron de manera descarada.

Con el miedo recorriéndome entera ante su mirada penetrante, intenté recobrar la compostura y le devolví una mirada furiosa.

-Vengo a que sigamos la plática que dejamos pendiente está mañana-

-Suéltame- dije entre dientes, intentando con todas mis fuerzas empujarlo.

-Ni lo intentes, Bells- susurró contra mi boca, y me pegó aun más a él- No pienso soltarte hasta que admitas que todo lo que te dije está mañana no es más que la pura verdad-

Al borde de un ataque de pánico, aún fui capaz de seguir con la mentira inútil y tonta que había sostenido todo el día.

-No sé de que hablas-

-Oh no Bella- susurró de nuevo, con una sonrisa torcida- Creo que sabes perfectamente bien de que hablo-

Soltándome solo lo suficiente para llevar una de sus manos al bolsillo de su pantalón, sacó un delicado brazalete plateado con amatistas incrustados y levantándolo en el aire, lo colocó a la altura de mi rostro.

A punto de gritar de frustración, me aferré por completo a la poca cordura que me quedaba, y reconocí el delicado brazalete que Jake me había regalado en mi cumpleaños.

Y que había perdido anoche. En su recámara.

Detrás del brillo del brazalete, Edward me miró fijamente con una sonrisa traviesa.

-Pero de todas formas…- siguió hablando al ver que yo no podía articular palabra- Voy a refrescarte la memoria-

Su brazo volvió a rodear mi cintura, y sin tener idea de lo que estaba pasando, volví a quedar pegada a él mientras su mano recorría traviesa la piel de mi espalda baja por debajo de la holgada camiseta y descendía hasta acariciar mi trasero sugestivamente.

Contuve un gemido de satisfacción.

-Voy a hacerte recordar con lujo de detalle todo lo que pasó anoche- susurró de nuevo contra mis labios- Voy a hacerte el amor hasta verte gritar de placer-

Antes de poder reaccionar, sus labios se cerraron sobre los míos exigentes, tomando y reclamando un territorio que anoche había poseído tantas veces, y sus manos se aferraron a mi cintura con fuerza mientras recorrían traviesas la piel por debajo de la camiseta.

Y derrotada, me rendí ante la caricia mientras me besaba con furia y comenzaba a caminar en dirección a la sala.


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