"Dama De Honor"
Disclaimer: La Saga Twilight y sus personajes no me pertenecen, son propiedad intelectual de la autora Stephenie Meyer.
Clasificación: NC-17 por contenido sexual
Pareja: Bella Swan/Edward Cullen
Summary: Es la boda de Alice y Jasper, y no podría haber otra dama de honor más que Bella Swan. Sin embargo, cuando el padrino pertenece a un pasado que no quieres recordar y es capaz de volverte loca, salir ilesa en el juego del amor puede ser misión imposible.
Notas de la autora: Otro cap listo! Ojalá la espera haya valido la pena y este capítulo compense las enormes e irracionales peleas que habíamos visto entre estos dos últimamente. Veremos cómo pintan las cosas para Edward y Bella en los siguientes capítulos, pero por lo pronto espero que disfruten de este capítulo que también contiene su buena dosis de picante ;)
Muchísimas gracias a todos los que se molestan en dejarme un review o agregarme a favoritos!
Sin más que decir, me despido para que disfruten del capítulo ;)
Enjoy!
Capítulo 10°: Jugando con Fuego
~Edward's POV~
El sabor de sus labios era delicioso, el tacto de su piel desnuda era un festín para mis sentidos que me volvía loco de deseo.
Sin perder el tiempo, caminé en dirección a la sala sin dejar de besarla y ella se dejó guiar, caminando de espaldas mientras sus manos se perdían en los botones de mi camisa. Yo me dedicaba a acariciar la espalda que quedaba a mi disposición debido a la holgada camiseta, y que me dejaba libre para acariciarla cuanto quisiera y como quisiera.
El camino del pasillo se me antojó interminable, y una vez que llegamos a la sala el tramo al sofá me pareció una distancia demasiado larga para recorrer. Y completamente innecesaria.
Necesitaba hacerla mía en ese preciso instante.
Incapaz de esperar, cerré mis brazos en torno a ella y la tumbé con delicadeza en la alfombra de la habitación, justo en medio del sofá y el rellano de la escalera.
Y aquél lugar no podría haber sido más perfecto.
-Edward- comenzó Bella entre besos- ¿Aquí?- la callé con un beso.
-Sí. Aquí- susurré contra su oído y mis manos comenzaron a vagar por debajo de su camiseta- Necesito hacerte el amor ya-
Sin darle tiempo a reaccionar, la besé y seguí con las caricias por debajo de la ropa, mientras ella se relajaba y terminaba de desabrochar el último botón de mi camisa para acariciar mi pecho descubierto.
Contuve un gemido de frustración al sentir sus manos sobre mi piel, y juré que aquella caricia no podía ser más deliciosa en otras manos.
Completamente desquiciado, dejé vagar mis manos por debajo de su camiseta y subí hasta acariciar la zona de su pecho solo para darme cuenta con agrado que no llevaba sostén. Soltando un gruñido de satisfacción contra sus labios, cerré mis manos sobre las deliciosas curvas y pellizqué los erguidos pezones, obteniendo a cambio un gemido de sus labios que me excitó aún más.
Un segundo más tarde levanté la camiseta sobre su cabeza y desesperado la lancé al otro lado de la habitación.
Y finalmente pude llenarme con la deliciosa visión de su torso desnudo, de sus senos redondos y firmes, de su cintura estrecha y su vientre plano. Extasiado, solté un gemido de satisfacción.
Ella volvió a besarme con furia, pegando sus senos a mi torso al tiempo que nos arrancaba a los dos un jadeo extasiado. Desesperados, nuestras manos se movieron rápidamente hasta deshacernos de las estorbosas prendas, y en menos de un segundo aventé sus coquetos bóxers junto con las braguitas, y ella hizo lo mismo con mi pantalón y mi camisa, dejándome solo con los bóxers.
Cuando finalmente Bella quedó completamente desnuda, dejé que mis ojos se llenaran con la visión de su cuerpo desnudo a la luz del atardecer y ahora que estaba completamente consciente. Y a pesar de que anoche la había visto de igual manera, juré que jamás había visto algo más digno de admirar.
A la luz del día y sin nada que entorpeciera mis sentidos, Bella resultaba simplemente hermosa.
-Eres hermosa-
Susurré contra la piel de su cuello mientras iba dejando un camino de besos que terminó en el valle de sus senos antes de que mi lengua se apoderara de ellos.
Lamí lentamente la curva de sus suaves pechos, escuchando los quejidos suaves que emitía mientras sus manos acariciaban mi cabello con delicadeza. Tomándome mi tiempo para disfrutarla recorrí las suaves curvas, trazando círculos con mi lengua y dejándome embriagar por el sabor de su piel. Y cuando llegué a la punta y succioné un pezón, gimió extasiada y jaló mi cabello con fuerza.
Solo hasta que estuve saciado de ellos, mi lengua siguió el recorrido por la piel de su estómago, donde tracé círculos incansables alrededor de su ombligo mientras escuchaba sus gemidos satisfechos y la sentía acariciar mi espalda sugestivamente.
Deseoso de prolongar la tortura, bajé mi lengua lentamente por el recorrido de su vientre, deteniéndome lo justo para lamer la piel al final de su estómago y al inicio de su centro de placer, y donde me entretuve un buen rato hasta que los jadeos extasiados se convirtieron en gemidos de desesperación.
-Edward, por favor-
Gimió frustrada y sus manos empujaron mis hombros un poco más abajo, en un intento por acabar con la tortura. Mirándola solo unos instantes antes de cumplir su callada petición, finalmente enterré mi cabeza entre sus piernas y mi lengua se puso en contacto con el centro de su cuerpo.
Como respuesta, Bella soltó un grito sordo y jaló mi cabello con fuerza.
Deseoso de probar aquél delicioso sabor lamí sin cansancio, mientras sentía las manos de Bella jalar mi cabello con fuerza, apretar mi cabeza entre sus piernas y levantar su cadera en dirección a mi lengua, instándome a probar más. A punto de desmayarme de placer, solté un ligero gemido de satisfacción al descubrir que Bella estaba completamente húmeda y caliente, esperando por mí.
Y que era endemoniadamente deliciosa.
-Por Dios…- gemía ella desesperada, sus manos jalando mi cabello y después aferrándose a cualquier cosa a su alcance, completamente desesperada.
Satisfecho ante sus reacciones, bebí y tomé de su sexo sin piedad, hasta que finalmente la escuché soltar un grito y arqueó la espalda cuando la maravilla del orgasmo la golpeó sin remedio.
Sonriendo al escuchar aquél grito cargado del más puro placer, lamí juguetón su entrada y probé la evidencia de su éxtasis para después separarme de ella, admirándola justo en el instante en el que el clímax la alcanzaba. Satisfecho, guardé en mi memoria la expresión de su rostro, con sus ojos nublados por la pasión y los labios entreabiertos.
Disfrutando de la maravilla del orgasmo en mis brazos.
Antes de que pudiera recuperar el aliento, mis labios se posaron sobre los suyos en un beso desesperado y pegué mi erección contra su entrada húmeda. Y la tela de los bóxers me pareció el peor obstáculo que hubiera tenido jamás.
Como adivinando mis pensamientos y con manos aun temblorosas a causa del clímax, Bella llevó sus manos a los bordes de la maldita prenda y de un jalón los sacó de mis piernas y los tiró al otro lado de la habitación.
Divertido ante aquél espontáneo movimiento, la miré con una ceja alzada al tiempo que volvía a besarla.
-Esa es mi chica-
Susurré juguetón y ella solo se aferro a mí con más fuerza, pegando nuestros cuerpos resbalosos a causa del sudor y restregando su sexo contra el mío de manera descarada. Y en aquél momento algo se encendió en mí de manera inmediata.
Incapaz de soportar un momento más sin estar dentro de ella, me acomodé entre sus piernas y abriéndolas con mis manos de manera casi violenta, entré en ella de una rápida y fuerte embestida, arrancándole un grito de puro placer.
-Edward!-
Teniendo que tomar una larga bocanada de aire, dejé que la sensación de estar dentro de ella me envolviera por completo, transportándome a otra realidad maravillosa y única.
En donde Bella era mía. Completamente mía.
-¿Todo bien, Bells?- pregunté mirándola con una sonrisa, aún con el sonido de su grito resonando en mis oídos.
Y como única respuesta, Bella contrajo los músculos de su interior alrededor de mi miembro, arrancándonos a ambos un gemido de placer.
-Todo perfecto, Edward- sonrió traviesamente.
-Tramposa-
Susurré divertido y mordisqueé su labio inferior al tiempo que comenzaba a moverme sobre ella con lentas arremetidas, disfrutando de los suaves quejidos de placer que emitía en mi oído y me instaban a continuar. Ella movía sus caderas hacia mí en un ritmo cadencioso en una silenciosa señal de que deseaba aun más.
Ansioso, la tomé por la cintura para aumentar el ritmo de las embestidas mientras ella arqueaba su espalda para recibirme aún más en su interior. Y cuando levantó sus piernas para entrelazarlas alrededor de mi cadera, solté un gemido de placer y comencé a moverme con mayor rapidez.
Aquellas suaves arremetidas se convirtieron en embestidas rápidas y profundas, y moviéndome sobre ella en una danza interminable, disfruté de la sensación de entrar en su interior y escucharla convertir sus jadeos extasiados en gemidos cargados de placer.
Envuelto por el dulce sonido de sus labios, bajé la vista para ver la expresión de su rostro en aquél momento, y me maravillé con la visión de sus ojos cerrados y sus labios abiertos mientras gemía extasiada ante cada embestida. Y en aquél momento la sensación de que Bella era mía me envolvió en su totalidad y me llenó de una felicidad indescriptible.
-Bella, abre los ojos-
Claramente extrañada ante la petición, abrió los ojos lentamente y enfocó un punto en el techo, mientras sus labios seguían emitiendo aquellos dulces sonidos cargados de placer.
-Mírame-
Cerró los ojos durante unos segundos.
-Isabella, mírame-
Jadeando extasiada, abrió los ojos de nuevo y movió la vista para enfocarla en mí, y cuando su mirada chocolate se cruzó con la mía disminuí la rapidez de mis penetraciones hasta convertirlas en profundas y torturantes arremetidas.
-Di mi nombre-
-¿Qué…- consiguió decir entre jadeos, intentando concentrarse en mi mirada mientras la embestía lentamente.
-Di mi nombre, Bella-
Repetí de nuevo, y reteniendo su mirada castaña con la mía, Bella me miró con ojos brillantes.
-Edward…- dijo por fin, aferrándose a mí mientras pegaba su cuerpo al mío- Edward- volvió a gemir contra mi oído, y perdí el control.
Cegado por la desesperación, embestí con tanta fuerza que ambos soltamos un gemido extasiado.
Y en aquél momento, la idea de ser yo el causante de su placer me pegó con tal fuerza que acabó con la poca cordura que me quedaba. Soltando un ligero gruñido de placer, volví a aumentar el ritmo de mis embestidas, disfrutando de la sensación de estar unidos sin ninguna restricción.
Con un solo pensamiento llenando mis sentidos. Hacerle el amor hasta verla gritar de placer.
Las arremetidas suaves volvieron a convertirse en rápidas y profundas embestidas, y pronto sus gemidos callados se convirtieron en gritos desesperados que contenían una sola palabra.
-Edward- gemía- Edward…Edward…-
Y cuando finalmente el espasmo del segundo orgasmo la llenó sin remedio, arqueó la espalda para permitir que la maravilla del éxtasis la llenara por completo y soltó un grito sordo.
-Edward!-
Un grito tan fuerte que inundo la habitación. Un grito con mi nombre.
Soltando un gemido refrescante y aliviado, se desplomó en mis brazos mientras yo la seguía dos embestidas más tarde en aquella explosión de emociones y me desplomaba sobre su pecho.
Recibiéndome con los brazos abiertos, Bella se limitó a acariciar mi cabello mientras disfrutábamos de nuestro pedazo de cielo y nuestras respiraciones agitadas volvían a la normalidad.
Y sintiéndome completamente pleno, me dejé llevar por sus suaves caricias hasta que me quedé dormido.
~Bella's POV~
Acostada en la cama del cuarto de Alice, con solo la camisa de Edward cubriendo mi cuerpo y su brazo rodeando mi cintura posesivamente, miré el reloj que se encontraba en la pared y solté un ligero suspiro.
El reloj marcaba las cuatro y media de la mañana.
Tenía que estar esperando en la sala del aeropuerto por el avión que me llevaría a París, y en cambio me encontraba acostada, semidesnuda y entre los brazos de la persona que hasta hace una semana no soportaba.
Y con la que había hecho el amor por segunda vez hacía apenas unas horas.
Sonreí ante la ironía de aquello.
Era oficial. Mi oportunidad de escapar de Edward Cullen se había esfumado desde el momento en que se había aparecido frente a mí con el único propósito de hacerme el amor, y sobre todo cuando, dormida entre sus brazos, olvidé por completo la idea de levantarme, tomar mis cosas y abordar el avión a París.
Me moví un poco entre sus brazos y como única respuesta su amarre se hizo más fuerte alrededor de mi cintura, en una callada pero clara advertencia de que salir de ahí era simplemente imposible.
Y descubrí con agrado que no quería hacerlo.
Sonriendo de medio lado ante el gesto claramente posesivo, me acomodé entre sus brazos y seguí durmiendo.
~o~
Estaba dormida, o eso creía. Algo que me hacía vibrar de emoción parecía exigirme que abriera los ojos en ese momento. Somnolienta y confundida ante la sensación, permanecí con mis ojos cerrados e inmediatamente reconocí el hecho de que no llevaba nada encima salvo las mangas de la camisa de Edward que me cubrían los brazos.
Con una media sonrisa moví mi mano hasta tocarme el pecho y darme cuenta que estaba completamente desnuda.
Al ganar más conciencia, mi cuerpo reconoció poco a poco que lo que me obligaba a abrir los ojos era la excitación, y segundos después me escuché a mi misma jadear por la sensación de las caricias. Incapaz de contenerme, alargué la mano hacia abajo para tocar la suave cabellera broncínea y bajé la mirada para descubrir la cabeza de Edward entre mis piernas.
Y cuando tuve suficiente conciencia para sentir su lengua moviéndose dentro de mí con habilidad, sentí como el calor se esparcía por mi cuerpo y arqueé mi espalda en respuesta.
Decidiendo que aquella forma de despertarme había pasado a encabezar mi lista de la categoría de favoritas.
Y en algún momento de aquella dulce tortura, me di cuenta que no podía pensar y mi cuerpo entero se dejaba llevar por el éxtasis que alcanzaba con demasiada rapidez. En el instante que lo pensé, mi clímax había llegado y me escuché gemir con fuerza. Bajo mi cintura y con un tono arrogante, escuché la voz de Edward mientras me miraba divertido.
-No aguantas nada-
Aún envuelta en la sensación del orgasmo, inhalé profundamente y esperé hasta que su rostro estuvo frente al mío, mirándome con una pícara sonrisa.
-Buenos días-
-Buenos días- murmuré con las cejas alzadas- ¿No podías dormir?-
-No, tenerte a mi lado y desnuda no ayuda mucho- dijo con una sonrisa y me besó cortamente.
Tirándose de nuevo, recargó su codo izquierdo en la cama y se colocó de medio lado para acariciar distraídamente mi estómago desnudo con su dedo índice.
-Además, me acabo de dar cuenta de algo- dijo mirando mi obligo mientras su dedo ascendía hasta el valle de mis senos.
-¿Qué cosa?- pregunté curiosa, recargándome sobre mis codos para enderezarme solo un poco.
-Son casi las diez de la mañana- dijo simplemente- Lo que quiere decir que perdiste tu vuelo-
-¿Cómo supiste…?-
Aunque sabía de antemano la respuesta. Ignorando mi pregunta, dejó de acariciarme sugestivamente para colocarse encima de mí de nuevo.
-Y ya no puedes esconderte de mí, Bella. Ni negar absolutamente nada, y mucho menos huir-
No era una advertencia, era una afirmación.
-No lo estoy haciendo- contesté sin pensarlo, y él enarcó las cejas al escuchar mi seguridad- La prueba es que sigo aquí-
¿Y eso en que cambiaba las cosas? ¿Qué rayos significaba el hecho de que ahora estuviéramos los dos enredados en las sábanas de la cama? Días atrás discutíamos por cualquier cosa y ahora habíamos hecho el amor dos veces.
Sin embargo, no tuve mucho tiempo de ponerme a pensar en ello.
-Bien- respondió y trazando un círculo alrededor de mí ombligo con el dedo, sonrió- Porque aunque créeme que prefiero tenerte así, quiero que te cambies de inmediato-
Diciendo esto, me dio un corto beso en la nariz y se enderezó para levantarse.
-¿Por qué?- pregunté contrariada ante la repentina energía que parecía irradiar.
De pie a mitad del cuarto y con una simple sábana cubriendo de su cadera hacia abajo, dio media vuelta para mirarme con una sonrisa.
-Es una sorpresa-
Y guiñándome un ojo coqueto, salió de la habitación.
~Edward's POV~
-¿A dónde me llevas, Edward?-
Escuchando el tono inquieto de Bella, seguí conduciendo el auto recién alquilado hasta parar en una luz roja. A mi lado, el ceño de Bella se hizo más profundo y se cruzó de brazos.
-Te dije que es una sorpresa. Y no querrás arruinarla ¿O sí?-
-Tú sabes que odio las sorpresas!-
Sonreí de medio lado y aceleré para continuar el camino por la abarrotada avenida. Yo más que nadie sabía lo mucho que Bella odiaba las sorpresas, y pensaba sacar el máximo provecho de eso.
Después de que ella se hubiera arreglado y yo me hubiera puesto las únicas prendas que llevaba, alquilé un auto y haciendo una rápida parada a mi antiguo departamento de soltero, me cambié por algo más decente y salimos en menos de quince minutos.
Y ahora, con el brillante sol de Los Ángeles sobre nosotros, manejaba por una avenida muy conocida, divertido con el nerviosismo de Bella ante mí misteriosa actitud.
-Edward…- me llamó- Dime de una vez a dónde…-
Se calló de golpe y miró de nuevo hacia el frente para leer el letrero que indicaba el lugar al que íbamos en cuanto tomé la salida.
-¿Santa Mónica?-
Con la mandíbula abierta, volteó a mirarme confundida mientras yo me limitaba a reírme ante aquella adorable expresión. Recordaba perfectamente la ocasión en la que había escuchado a Bella decirle a Rosalie y Jessica que tenía unas ganas inmensas de conocer el lugar, y como había tomado mentalmente la nota de ser yo el que la llevara.
-Creo que ya que has perdido tu vuelo y oficialmente eres una turista en mis territorios, lo mínimo que te mereces es un recorrido por el lugar, ¿No crees?-
Como respuesta obtuve una mirada emocionada, y volteó su rostro hacia la ventana para admirar el paisaje.
Seguí conduciendo por las veraniegas calles de Santa Mónica, recordando aquellos pocos años de mi adolescencia en los que visité aquellos lugares con mi familia, y poco después con Tanya, cuando recién nos habíamos casado y vivíamos en el departamento que mis padres me habían regalado cuando había cumplido dieciocho años e incluso antes de que nos hubiéramos mudado a Los Ángeles.
Y ahora planeaba mostrarle todo aquello a la hermosa mujer que se encontraba a mi lado y con quien siempre había querido compartir aquello.
Necesitaba recuperar el tiempo perdido.
-De acuerdo, llegamos-
Estacioné el coche en uno de los muelles, y una vez fuera miré con nostalgia las calles llenas de vitalidad del centro de Santa Mónica. La gente caminaba de un lado a otro con montones de bolsas en las manos, con atuendos ligeros debido al calor mientras se movían entre las tiendas, y no pude evitar recordar los días en los que hacía lo mismo con Tanya a mi lado.
Pero este día era diferente.
Caminamos con lentitud por las calles alegres y coloridas de Los Ángeles mientras mirábamos las tiendas a nuestro alrededor, completamente absorto en mostrarle a Bella los mejores lugares mientras le contaba anécdotas sobre mi adolescencia que lograron sacarle carcajadas sinceras.
Y para mis oídos, aquél sonido resultaba un alivio que me hacía olvidar las peleas y los malos momentos de los días anteriores.
Bella escuchaba todo atenta y miraba los aparadores con un dejo de emoción en los ojos, hasta que algo llamaba su atención y sin siquiera decir algo entraba a la tienda a comprar cuanta cosa se le antojara. Era refrescante volver a ver esa faceta de Bella, completamente abierta y entregada a disfrutar el momento, y aquél contraste con la Bella fría y seria de días atrás me fascinaba.
Y me hacía desearla y quererla aún más.
Yo insistía en pagar todo lo que tomaba, y aún en contra de su voluntad y de sus constantes quejas, la mayoría de las ocasiones conseguía quitar de las manos de la cajera la tarjeta de Bella para colocarle la mía en las manos.
-No puedes hacer eso!-
-¿Por qué no?-
-Porque no puedo permitir que me pagues todo!-
-Claro que puedes, además quiero hacerlo-
-Eres un…eres un impositivo y autoritario Edward Cullen!-
Y ante mi sonrisa inocente, a Bella no le quedaba más remedio que cruzarse de brazos y despotricar entre dientes mientras una divertida cajera nos entregaba los paquetes y nos miraba salir por la puerta.
Continuamos nuestro recorrido por las calles de Santa Mónica, y después de unas cuantas horas y de un montón de bolsas de compras, me di cuenta que el momento de continuar con la siguiente fase del día sorpresa había llegado.
-Ven-
La tomé de la mano y la conduje por la calle repleta de gente, obteniendo a cambio una mirada extrañada mientras se aferraba a mí mano insegura.
-¿Edward? ¿A dónde vamos?-
Me detuve solo un momento, intentando recordar en donde se encontraba la tienda que necesitaba. A pesar de conocer el lugar a la perfección, habían pasado varios años desde que estuviera ahí y tuve que mirar con atención a mi alrededor para recordarla.
-Espera- dije y seguí caminando- Casi llegamos…-
Y sin más, me detuve frente a la elegante tienda de ropa para dama y caballero y cuyas letras plateadas al centro y las prendas del aparador denotaban la ostentosidad de la misma.
-Listo, aquí es-
A mi lado, Bella me miró aún más extrañada, claramente confundida ante el contraste del lugar con las demás tiendas que habíamos visitado.
-Edward ¿Qué rayos…?-
Antes de que pudiera terminar, la empuje y la seguí de cerca hasta que estuvimos dentro.
~Bella's POV~
Con los brazos cruzados y mis manos aferrando las bolsas de compras, miré los modelos de fina lencería mientras intentaba no sentirme incómoda en aquella elegante tienda.
Y en ese momento no pude evitar sentirme menos adecuada para estar en aquél lugar vestida con una simple falda cual, converse y una camiseta de algodón.
Aunque lo único que quería hacer en esos momentos era salir de ahí, Edward parecía haber desaparecido de la faz de la tierra al entrar a la tienda, y por ahora lo que me quedaba hacer era mirar el delicado conjunto de seda y encaje violeta frente a mí.
¿Dónde rayos se había metido Edward?
-Debo admitir que en ese te verías simplemente deliciosa- como si lo hubiera invocado, sentí el sensual susurro en mi oreja- Deberías comprártelo-
Soltando un suspiro, entorné los ojos y meneé la cabeza.
-Edward-
-¿Qué? Anda…- suplicó divertido- Cómprate cosas lindas para poder quitártelas-
Dándome un corto pero intenso beso que me dejó mareada, se alejó lo suficiente hasta que por fin pude ver que sus manos estaban ocupadas. Con curiosidad, miré las prendas que traía colgadas en los brazos y después a él, extrañada.
-Quiero que te pongas esto-
Tomó el gancho que tenía en uno de los brazos y extendió la prenda frente a mí. Sin poder evitarlo abrí mis ojos de par en par.
La dichosa prenda resultaba ser un hermoso vestido de cocktail en color violeta, de tirantes finos y escote en V, mientras el vuelo que debía llegar a poco más de la mitad de los muslos tenía unos tajos que dejaban las piernas desnudas. Era delicado, sensual y exquisito, con finos detalles con color negro en las partes importantes del vestido y que le daban un toque elegante ante el corte despreocupado.
-¿Qué? ¿Y para qué quieres que me lo ponga?- miré a mi alrededor mientras me daba el vestido- Debe costar una fortuna!-
Edward soltó una fresca carcajada que me dejó sin habla y arrancó la etiqueta del vestido antes de que viera el precio.
-No te preocupes por eso- dijo mientras me pasaba un par de zapatos de tacón fino estilo sandalia - Sólo ve y póntelo!
-¿Me quieres explicar de qué va todo esto?-
-Isabella- me llamó exasperado- ¿Quieres dejar de cuestionar todo lo que hago y por una vez hacerme caso?-
Incapaz de contestar, lo miré a él y al vestido de manera alternada. No tener idea de lo que pasaba me molestaba, pero también me emocionaba la perspectiva de dejarme llevar.
Soltando un suspiro derrotado, lo miré antes de dar media vuelta y dirigirme a los vestidores cercanos.
Me cambié lo más rápido que pude, admirando emocionada el hermoso vestido y los zapatos que iban a juego de manera perfecta. Una vez lista, me miré frente al espejo, y retirando el broche que tenía en mi cabeza, me solté el cabello y dejé que cayera como cascada por mis hombros.
Satisfecha, salí de los vestidores y me quedé de una pieza en la puerta al posar mi vista en mi acompañante.
Vestido de manera casual formal, Edward llevaba un pantalón de vestir color negro junto con un saco abierto a juego, mientras debajo una camisa del mismo color de mi vestido y a medio abotonar complementaba su atuendo y le daba un toque despreocupado.
Recargado en el mostrado, platicaba con una mujer elegante mientras le entregaba su tarjeta de crédito, seguramente la dueña de la tienda, y tuve que contener el aliento al verlo vestido de aquella forma. A pesar de que me temblaban las piernas de la emoción, caminé hacia él con pasos seguros, disfrutando de la visión de su cuerpo enfundado en aquél traje.
En cuanto sintió mi presencia giró su cabeza para mirarme y se calló al instante. Satisfecha, lo miré abrir la mandíbula solo un poco mientras sus ojos se perdían en admirar mi silueta de arriba abajo, con sus ojos brillantes por la emoción.
Y cuando por fin me detuve a solo unos cuantos pasos frente a él, inhaló profundamente y contuvo el aliento.
-Te ves hermosa-
Incapaz de hablar, sonreí de medio lado.
Cerca de nosotros, la mujer que platicaba con Edward nos miró con emoción y diciendo que hacíamos una pareja adorable se alejó con una sonrisa en los labios, haciéndome sonrojar y sacándole una sonrisa de triunfo a Edward.
-¿Vamos?-
-Edward, dime ya ¿De qué trata todo esto?-
Soltó una risa ligera, y me miró pícaramente mientras rodeaba mi cintura suavemente con sus manos.
-Tú y yo vamos a tener una cita, Bella Swan. Una de verdad-
Sin más, enganchó mi brazo en el suyo y caminó hacia la salida con las bolsas de compras que habíamos cargado toda la tarde mientras se despedía de la elegante mujer que minutos antes estaba con él.
Y pude jurar que por el rabillo del ojo le vi lanzarnos una mirada recelosa antes de desaparecer detrás del aparador, pero meneé mi cabeza y alejé aquel pensamiento de mi mente, emocionada con la idea de tener una cita con Edward.
Al salir, noté entre el montón de bolsas una pequeña bolsa con el logo de la tienda que sobresalía del montón y sin poder evitarlo sonreí de medio lado.
No tuve que mirar para saber que dentro de ella se encontraba el hermoso y sensual conjunto de ropa interior violeta que habíamos visto antes.
Si creía que el recorrido por Santa Mónica y el vestido costoso habían sido lo más increíble de ese día, estaba completamente equivocada.
El restaurante en el que estábamos, situado en una zona lujosa en la playa y con vista al mar, era el más grande y elegante que había visto en toda mi vida, y eso era mucho decir.
-Buenas noches- la voz del anfitrión me sacó de mis cavilaciones- ¿Tienen reservación?-
-Una mesa en la terraza a nombre de Edward Cullen -
Abriendo mis ojos de par en par, lo miré sorprendida mientras él me devolvía una sonrisa inocente. ¿En qué momento Edward había planeado todo aquello?
Sin tiempo de pensarlo, caminé de su brazo entre el montón de mesas mientras seguíamos al mesero, admirando con detenimiento los detalles exquisitos del lugar, desde los candelabros colgando del techo y alumbrando todo con luz tenue, hasta los ventanales de la pared al fondo que dejaban apreciar la vista de la playa en la noche estrellada.
Incapaz de hablar de manera coherente, me vi arrastrada hasta la terraza hasta que estuvimos frente a una mesa para dos personas adornada con velas y una botella de champán al centro, con el borde de la playa a unos cuantos metros de nosotros.
Era la única mesa en toda la terraza.
-¿Puedo ofrecerle algo, señor?-
-Gracias Tom, estamos bien-
Contestó aquello en tono familiar y le sonrió al mesero mientras éste se retiraba sigiloso para dejarnos solos.
Completamente hipnotizada por el suave balanceo y sonido de las olas, miré el mar frente a mí y cuando por fin salí de mi ensueño, lo miré con mis ojos como platos y ceño fruncido.
-¿Se puede saber qué…?-
-Te dije que dejaras de cuestionar todo lo que hago- me calló al instante, y retiró la silla de la mesa frente a mí- Así que solo siéntate para por fin poder tener una cena y una conversación civilizada, Bells-
Sonriendo de medio lado, entorné los ojos y acepté el ofrecimiento con los modales de una dama. Con la emoción vagando por todo mi cuerpo, miré a Edward sentarse frente a mí mientras intentaba asimilar todo lo que estaba ocurriendo y lo que había pasado en las últimas veinticuatro horas.
La idea de tener una cita de con Edward me emocionaba como si fuera una niña inmadura, e incapaz de creerlo, me di cuenta que aquella sensación era exactamente igual a la que sentía ocho años atrás, con la simple diferencia de que ahora éramos adultos y yo había dejado de ser la chiquilla ingenua y tímida de antes.
Y él era libre de Tanya y ahora podía ser enteramente mío. En todos los sentidos. Y pensaba disfrutarlo mientras durara.
Embriagada por aquella idea, lo miré con la cabeza ladeada y recargada sobre mi mano mientras sonreía sensualmente.
-De acuerdo-
La velada transcurrió tranquila y de manera increíblemente rápida mientras charlábamos sobre todo lo que había ocurrido en nuestras vidas los últimos ocho años. Exponiéndose totalmente, Edward me habló sobre su inestable matrimonio con Tanya y su carácter voluble, observando mis reacciones ante cada palabra, casi con temor a causar algún efecto negativo en mí.
Yo lo miraba impasible, escuchando con atención aquella plática que se mantenía alejada del tema de nuestra destrozada relación, y en el fondo agradecía que Edward tuviera el suficiente tacto como para hacerlo.
Porque me daba cuenta que ninguno de los dos quería recordarla, como queriendo borrar aquél desagradable momento en nuestra historia que ahora se encontraba en un punto impreciso pero sin retorno.
Casi impaciente, él escuchó mi conversación con ojos curiosos, queriendo extraer hasta la última gota de información posible. Yo miraba sus gestos ante cada punto de la historia, desde mis estudios en Oxford y mis viajes por Europa hasta mi nueva vida en París y mi éxito en el trabajo, sin decir una sola palabra.
Mordiéndome la lengua y haciendo un esfuerzo sobrehumano, evadí por completo a Jacob durante toda la conversación, incapaz de decirle que habíamos tenido una intensa relación meses atrás. Hasta donde yo sabía, Edward tenía sus serias dudas de que existiera en lo más mínimo, y divertida, lo miré contenerse de hablar durante varias ocasiones, seguramente en referencia a aquél novio inexistente que había inventado días atrás.
En algún momento me levanté y dándole un corto beso en los labios mientras susurraba que regresaría en un momento, caminé con pasos lentos y ligeramente provocativos hacia el tocador, sonriendo emocionada al darme cuenta que detrás de mí, Edward miraba mi trasero y mis piernas conteniendo el aliento hasta que desaparecí detrás del ventanal.
Cuando regresé me encontré con la mesa completamente vacía mientras el mesero que nos había atendido antes acomodaba algo al centro de la misma. Al llegar casi me voy de espaldas al darme cuenta que lo que había dejado era un enorme ramo de rosas rojas con una simple tarjeta entre ellas.
No había ni rastro de Edward.
Divertido tal vez ante mi expresión de asombro, el mesero sonrió y con un ligero movimiento de cabeza señaló la playa a unos cuantos metros y entró de nuevo, dejándome completamente sola.
Y dirigiendo la mirada hacia donde me había apuntado, pude mirar a Edward mirando el mar frente a él y de espaldas a mí, y sentí mi corazón acelerarse igual que cuando era una adolescente. Algo frustrada al reconocer la sensación, bajé los escalones de madera de la terraza y al llegar al último me quite los zapatos de tacón que llevaba mientras posaba mis pies en la fría y deliciosa arena.
Dejando los zapatos en el escalón, caminé lentamente sobre la arena mientras trazaba de nuevo las huellas que Edward había dejado, disfrutando de la sensación de la arena bajo mis pies y con el pulso acelerado.
Y cuando estuve junto a él y me detuve a su lado, él me miró fijamente mientras jugaba con una simple rosa roja entre sus manos.
-Edward-
Me calló de golpe colocando la rosa sobre mis labios, mientras su brazo disponible aferraba mi cintura con fuerza y pegaba su cadera a la mía en un gesto posesivo.
-No hables-
Obediente, sentí la rosa vagar por mi cuello y cerré los ojos ante la placentera sensación mientras sentía como bajaba poco a poco sobre mi pecho. Y juré que nunca había sentido una caricia tan inocente y erótica a la vez.
Finalmente, el recorrido se detuvo en el valle de mis senos y lo sentí besar con suavidad mis labios mientras su mano me aferraba más a él. Con las manos sobre su pecho, abrí mis ojos y lo miré fijamente, incapaz de creer que aquél momento estuviera ocurriendo de verdad.
Incapaz de creer que mi relación con Edward Cullen volviera a hacerme sentir como en una montaña rusa de emociones de la que ya no podía bajarme. Y en aquél momento, los recuerdos de nuestra relación ocho años atrás me asaltaron de inmediato.
-¿Por qué haces esto, Edward?-
Extrañado, Edward me miró con ceño fruncido mientras seguía paseando la rosa sobre mis hombros.
-Ya te lo dije-
-No- contesté cortante, pero incapaz de alejarme de él- Me trajiste aquí y haces todo esto, pero no me has dicho porque-
-Tu tampoco pensabas decirme que habíamos hecho el amor- contraatacó, sin darme oportunidad de responder- Pensabas dejarlo todo así e irte, como si fuera algo sin importancia- susurró contra mis labios- Como si no te importara en lo más mínimo-
Mirándolo fijamente, coloqué mis manos en su pecho para intentar alejarlo.
-¿Así que de eso se trata?- pregunté en tono suave pero serio- ¿Estás haciendo esto porque me acosté contigo?-
Aunque sabía que estaba siendo irracional, y más en aquél momento en el que claramente se notaba que la que planeaba olvidarse de todo eso era yo, no pude evitar sentirme herida al pensar que detrás de todo eso lo único que guiaba a Edward era el deseo.
El simple deseo. Y nada más.
-Estoy haciendo esto porque quiero- contestó con seguridad, pegándome más a él- Porque me gustas y porque disfruto de tu compañía, porque quiero tenerte a mi lado- dijo cortante y paseó su mano por mi espalda baja- ¿Necesitas más explicación?-
Sin saber que contestar, me limité a dejarme acariciar mientras sus labios paseaban por mi cuello.
-Déjate llevar, Bells- susurró contra mi oreja, besando suavemente mi lóbulo- Por una vez deja de pensar y recordar, y déjate llevar por mí-
Y cuando su cadera se pegó contra la mía, tuve que contener una maldición al darme cuenta de la posición en la que estaba.
En el maldito lío en el que me encontraba y del que no podía salir.
Con un demonio, simplemente no quería salir de él. Y por esa noche, no necesitaba más explicación que la que Edward me había dado.
Sin decir nada más, paseamos por la playa lentamente y en silencio, disfrutando de la noche, la vista del mar y la sensación del agua rozando nuestros pies con suavidad. Y en algún momento, como si ambos lo hubiéramos planeado, nos dirigimos de regreso al restaurante y salimos del lugar entre miradas cómplices y frases cortas, temerosos de romper aquella burbuja en la que nos habíamos sumergido y en la que por fin habían desaparecido las peleas y las discusiones.
Tampoco dijimos mucho en el trayecto al departamento de Alice, ni siquiera cuando entramos y entre besos cortos y suaves caricias nos desvestimos hasta quedar en ropa interior y nos metimos a la cama.
Contrario a lo que hubiera pensado, Edward se limitó a abrazarme con fuerza por la cintura mientras nos cubría con la sábana. Sorprendida, me removí lo suficiente para mirarlo a la cara y lo miré extrañada, pero él ni siquiera me miró y simplemente me acurrucó contra su pecho.
Soltando un largo suspiro cansado, se quedó dormido al instante.
Nada de caricias desesperadas, nada de sexo desenfrenado. Solo el más puro deseo de tenerme cerca y disfrutar de dormir abrazados.
Y arrullada por el sonido de su respiración contra mi oído y el suave movimiento de su pecho subiendo y bajando al compás, no tardé en seguirlo y poco a poco me fui quedando dormida con una sonrisa en los labios.
Porque aún cuando sabía que estaba jugando con fuego, me di cuenta que quemarme era algo que ya no me importaba.
