Bleach no me pertenece. Es propiedad de Kubo Tite, historia original escrita por mí.
Importante: Este compilado de historias, son de grado M a Ma. Por el contenido maduro de cada narración. Leer con discreción. Personajes fuera de carácter (OC).
Plus: Sadismo, masoquismo.
Nota: Texto entre « » indicación de hechos pasados.
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Berry Strawberry
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Por Ireth I. Nainieum
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Tema
II
"Y el ratón, le comió la lengua al gato"
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Grado: Ma
Género: romance / humor
Sinopsis: "La peor perdición de un hombre, es creer que tiene todo controlado."
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"Los placeres raros son los que más nos deleitan"
-Epicteto de Frigia-
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El espacio, era francamente insuficiente. Los movimientos de los cuerpos, estaban completamente limitados. Con un fiero gruñido y un golpe en su cabeza por el espejo retrovisor, por un solo instante quedo al mando de la contienda nocturna. Sin embargo, la endemoniada mujer arriba de él estaba muy lejos de ser pasiva. Era una auténtica fierecilla en miniatura. "¿En qué momento había sido desfajado por ella?" —pensó—. La dama rompió el beso, él entonces se le acercó y comenzó a susurrarle palabras morbosas e indecentes de lo que le haría dentro de muy poco; a lo que ella respondió arañando sus pectorales, mientras ella ronroneó como una gata salvaje. Al final, fue él quien término gimiendo roncamente contra el cuerpo de ella y nadie más. Ella lo tenía completamente dominado.
Cuando ella se aventuró a ir más arriba, sonrió gustosa contra sí al sentir la dura erección en el interior del pantalón de su pronto amante. Había sido tan fácil, malvadamente la mujer retiró sus manos del cuerpo masculino, ante la sorpresa de este. Él, la miró impávido a sus ojos, lleno una ira insostenible. Los orbes violetas brillaron vilmente en la oscuridad de la noche, ¡ah! Lo tenía a su entera merced, antes siquiera que él reclamase alguna cosa ella atrapó la cabeza de él entre sus manos y lo besó posesivamente. Si, esa iba a ser solo su noche. Este era un juego inverso, donde él era el pasivo y ella la activa. Estaba impactado. Nunca antes había estado con una mujer así de dominante. Lo cual, lejos de producirle repulsión por el hecho, le maravilló por completo; hasta donde llegaría ella si él se lo permitía. La magia del beso se rompió, ante la imperiosa necesidad de aire. Divertida ante lo que ella misma acababa de hacer, recorrió sensualmente su lengua por sobre sus propios labios, terminando de degustar los rastros del alcohol en su saliva.
—¿Por qué esa cara, Zangetsu? —Murmuró tan roncamente y eróticamente, que ella le erizó a él cada vello de su piel. La mujer aún mantenía la cabeza de él entre sus manos, poco después comenzó a juguetear distraídamente con algunos mechones naranjas de su cabello—. ¿Quieres más…?
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Horas atrás…
«Había tenido un día terrible. Una recia discusión con su padre, respecto a la propuesta sobre la unificación con otro gran e importante Corporativo. En pocas palabras, su progenitor iba a relacionarse con su más grande enemigo; hablando económicamente. Para Ichigo solo significaba una cosa, que dentro de poco las empresas familiares pasarían a ser una más del montón de sus futuros socios comerciales. Su padre le dijo que esa era una estupidez suya, además de que sería ilógico que eso sucediese. Los documentos a firmar serían inflexibles en ambos consorcios. Pero el joven, no estaba tan seguro. El Corporativo Senbonzakura, había adquirido una mala fama con el pasar de los años. Tenía la costumbre de absorber luego de un determinado tiempo a las empresas que firmaban acuerdos de cualquier tipo con ellos. Las que al final se convertían en los servidores de este enorme grupo. Su progenitor se río en su cara.
—Eso no pasará —le resto la debida importancia a la preocupación de su hijo. A decir verdad, le divertía su explosiva reacción—. ¿Cuántas veces te lo tengo que decir?, al final nosotros nos los absorberemos a ellos —Isshin habló ya sin el dejo de diversión—. Ya he hecho planes para eso —le miró fijamente por un largo tiempo—. Claro… si tú haces bien tu parte —lo señaló con el puro en su mano—. Bueno, chico —recargó su mano en su hombro—, tengo labores —antes de alejarse le susurro—. ¿Por qué no vas a las Noches…? Yo invito.
Ichigo dudaba de las palabras de su padre, ya que el Corporativo Senbonzakura no era un eslabón débil. Ellos eran los amos y señores en todo Japón del mejor software. La idea de asociarse con ese Corporativo en particular, resultaba demasiado tentadora para la familia Kurosaki. El Corporativo Senbonzakura producía el software de última generación. Inclusive existía el rumor que les trabajaban a varios países en el equipamiento militar de sus armas. Claro está, que esto último es solo una leyenda urbana más en Japón. En un duro y muy marcado contraste con el Corporativo Karakura, quien era el indiscutible dueño del hardware más solicitado en todo el mundo. La estética de su trabajo, inclusive era comparado por algunos incautos como un arte en la expresión de la palabra. Por lo tanto, ambos Corporativos saldrían altamente beneficiados con ese acuerdo.
—¿Qué vaya a las Noches…? ¿Es que estás mal de la cabeza, papá? —no es que lo gustase ir a ese preciso lugar, pero en ese momento no estaba como para largarse con alguna "querida"
Isshin resolló, a veces hacerlo entender era sencillamente imposible—. ¿Por qué no puedes pensar que nosotros absorberemos a Senbonzakura? —externó con voz recia—. Tú solo piensas a favor de ellos y no el nuestro.
—Porque tú ya sabes cómo es él —golpeó el escritorio de su padre y derramó el tintero sobre la mesa—. Te lo dijo en tu cara —le refrescó la memoria—, ¡que un día sería el dueño de Karakura!
—Para eso, te tengo a ti —le sonrió de manera cómplice—. Tú eres mi as bajo la manga y el único que podrá evitar eso —Ichigo apretó sus dientes con fuerza, ante eso Isshin se carcajeo en su cara una vez más. El Corporativo Senbonzakura no será más que un pequeño ratón en una jaula y nosotros somos el gato que va a comérselo»
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Ichigo llevaba directamente sus manos hacia los diminutos senos de ella. Sin embargo, la mujer no le permitió que la tocase en lo absoluto. Le apartó demasiado brusca.
—Hicimos un trato… —murmuró seca, susurrando contra su oreja subiendo y bajando en su pecaminoso arrumaco—. ¡Tú no me puedes tocar, Zangetsu! —Delineó el contorno de la mejilla masculina con su dedo índice derecho—. Y, tú aceptaste…
Ichigo coloco sus manos en el respaldo del asiento donde estaba sentada, y la encaró con una mirada furiosa—. ¡Debes estar bromeando! ¿Cómo esperas que me contenga? —expreso él.
—Me importa un bledo, como lo hagas —comenzó a desabotonar la camisa blanca al tiempo que le daba pequeños besos en su pecho—. Pero, si me tocas… —se detuvo en el tercer botón y lo miro directamente a sus ojos— el juego se termina en ese mismo instante —le advirtió.
—¿Qué tal y yo no quiero? —acerco él su rostro a ella.
—Entonces me convertirás en una muy mala persona —tomó la camisa con tanta fuerza que rompió el resto de los botones en el proceso—. Y… —comenzó a recorrer los músculos del pecho masculino con su lengua y lo escuchó gemir llenó de placer— me temo que nunca más podrás estar con otra mujer en tu vida.
¡Maldita sea! ¿Cómo alguien tan pequeña podía decirle eso a él? Al heredero del Corporativo Karakura. ¿Quién cojones es esa diminuta mujer? Sus pesquisas pararon de inmediato. Cuando ella llego a su ombligo y comenzó de inmediato a desabotonar el pantalón negro que usaba.
—¡Maldición…! —musitó él ronco.
—Eres un niño muy malo… Zangetsu —lo reprendió de forma juguetona, al tiempo que lo miro con maldad—. Voy a tener que castigarte —dijo esto al constatar cuan duro estaba.
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«El antro* Las Noches, estaba ubicando en el último piso de un lujoso hotel, la más famosa casa de citas del mundo entero. Es uno de los sitios más exclusivos de todo Japón. Y debías de estar dispuesto a desembolsar una fuerte cantidad de dinero mensual, tan solo por ser miembro. Las puertas del elevador se abrieron de par en par y fue recibido entonces por un mundo decadente en toda la expresión de la palabra. Música estruendosa, luces incandescentes de varios colores, alcohol y sexo a morir. Se gastaría hasta el último centavo del dinero de su padre. Comenzó a buscar a su entretenimiento de la noche, así que dirigió su atención a las orejas de las muchas damas presentes. Las trabajadoras usaban zarcillos de plata.
—Kurosaki-kun… no le esperábamos esta noche —le dijo animoso el dueño del lugar
—Verás…
El hombre sonrió complacido—. Por favor, tu mesa esta lista —fueron directamente hacia la zona VIP— ¿Quieres que te consiga alguna chica en particular?
—No gracias, me dedicaré a cazar esta noche —habló Ichigo.
—Que te diviertas entonces. Disfruta de tu cacería, Kurosaki-kun.
Aizen Sōsuke se retiro. Él era el dueño de la red de prostitución más grande de Japón. En cada uno de los estatus sociales del país del sol naciente, era el empresario de los servicios que sus chicas ofrecían. Y porque negarlo, contaba también con la asistencia de acompañantes masculinos para la mujer que lo solicitase. Esto era bien sabido por todo el mundo, no obstante era un secreto más del país. Después de todo, ¿quién quitaría de su trono al Rey de Las Noches?
Un mesero llegó con lo que era su bebida oficial y preferida, un Vodka Martini. Comenzó a recorrer con su vista a la gente a su alrededor, buscando a su presa de la noche. Fue cuando la vio. Era completamente inconfundible. Traía puesto un vestido blanco que la hacía resaltar por completo, dadas las luces del establecimiento. Cuando ella ladeó un poco su cabeza, miro el brillo de los pendientes blancos. Completamente decidido se acerco a ella»
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La muy maldita lo acariciaba por sobre su ropa interior, y la muy desgraciada no hacía el menor intento por quitársela. Aún así, lo que hacía con sus manos y boca era simplemente, indescriptible. A ese punto, ya le era más que obvio que no habría sexo oral de por medio. Y ese hecho, lo estaba tentando a romper la regla del juego. Podría forzarla, claro que podía; pero al mismo tiempo quería saber hasta donde ella sola podría llegar
—¿Qué intentas hacer, Zangetsu? —espetó al sentir como él se movía.
—Nada —replicó este de mala gana bajando sus brazos.
—¡No me toques! —ordenó esta.
—Bien, bien –él terminó cediendo. Suspirando amargamente, sería una noche infernal y él se lo había permitido.
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«—¿Esta ocupado? —Externo él con una cándida sonrisa, al tiempo que tocaba la única silla vacía de esa diminuta mesa.
—Depende —ella replicó en el mismo tono juguetón.
—¿Depende? —Repitió él confundido—. ¿De qué? —arrugó el ceño.
—Si te vas a sentar, no está ocupado —le sonrió deslizando el popote entre sus labios—. Si planeas llevarte mi silla —aclaró su garganta—, me temo entonces, que está reservado ese asiento.
Ichigo le sonrió de forma traviesa y crédulamente aceptó la invitación de tomar asiento junto a ella. La mujer sostenía una inusual expresión de superioridad que enmarcaba todo su pequeño rostro. Usaba un atrevido vestido blanco, que estaba descubierto de los hombros, su cabellera la tenía recogida y solo algunos mechones aleatorios caían a su alrededor. Con un par de pendientes blancos con la forma de una media luna. Contempló la mesa con mayor detenimiento, solo para comprobar que no había licor alguno. Justo entonces un mesero se les acercó.
—¿Qué tomas? —indago él, el alcohol en la sangre siempre apartaba las inhibiciones.
— Lo mismo que tú —ella contestó.
Con un solo gesto de sus manos, el camarero comprendió de inmediato fue por una bebida igual a la del hombre. Se formó un sepulcral silencio, y nadie dijo nada hasta que el mozo retornó con el alcohol.
—¿Cuál es tu nombre? –inquirió el hombre.
—¿Acaso importa? —ella bebió de su vodka.
Ichigo sonrió complacido ante la forma mordaz bajo la cual ella se expresó. En verdad que el nombre no importaba en lo absoluto, ya que tanto los clientes como los empleados usaban pseudónimos. Todo para mantener el misterio y privacidad de los servicios ofrecidos.
—Tienes razón —se recargó con soltura en el respaldo de su asiento—. Puedes llamarme Zangetsu.
Y espero a que ella rompiese el frío de la noche.
—Solo soy una chica…
—Veo.
Si él tuviese que ponerle uno, debería de romperse la cabeza por horas. Para nombrar a esa diosa vestida de blanco»
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Volvieron a besarse con gran pasión y una fuerte onda de desenfreno, por parte de ambos. El deseo de recorrer ese diminuto cuerpo lo tentaba fieramente a hacerlo. Sin embargo, dadas las probables consecuencias uso toda su fuerza mental para detenerse. Cada una de las chicas de Aizen, siempre que dejaban Las Noches eran acompañadas por un guardaespaldas. Cuya única tarea era el traerlas de vuelta. Esas mujeres valían mucho dinero, algo que el Rey apreciaba más que sus clientes. Respiraban agitados y la tensión aumentaba a cada instante.
—¿Por qué no acabamos con esto? —Exclamó ella impaciente ella—. Comienzo a aburrirme de esto.
—Ah, opino igual —En un rápido movimiento por parte de él, la sujetó de su cintura y de esta manera la obligo a sentarse a horcajadas sobre él—. Creo que así será más cómodo para ambos.
Se besaron una vez más.
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«Las Noches, contaba con un exclusivo hotel de cinco estrellas. Así que normalmente una vez que un cliente pagaba por una de las chicas, abandonaba el antro y se dirigía con ella hacia una habitación ya acondicionada para dicho encuentro. Sin embargo, esa pequeña mujer caminó directamente hacia el elevador. Apenas entraron y cerró de inmediato la puerta del ascensor, dejando al hombre rubio que la seguía—a ella— con el corazón detenido. Hicieron una pequeña escala técnica, bajaron al piso treinta y de ahí tomaron otro elevador. Apretó una vez más un piso distinto. Era su imaginación, o la mujer intentaba perder al blondo. Divertida ante su broma se rió gustosa de sus previas acciones. Ichigo entonces, se dedicó a contemplarla con mayor detenimiento. No era muy alta, él le sacaba fácilmente una gran proporción. No obstante, traía unos impresionantes zapatos que le regalaban simplemente varios centímetros de más. La mujer suspiró y se recargó contra la puerta del segundo ascensor que tomaron. Traía puesto un bonito vestido blanco descubierto en su totalidad de sus hombros, no muy largo; lo que daba una magnifica vista de sus torneadas piernas. Complacido ante su caza, se acercó como un predador a ella, la tomó por el mentón y le sonrió libidinosamente. No obstante, ella le retiró su mano con muy poco tacto.
—No me toques —le amenazó.
Las pupilas de Ichigo se dilataron con asombró. ¿Desde cuándo una de las chicas de Aizen se atrevían a tratarlo de esa manera? A uno de los mejores clientes del Rey de Las Noches—. ¿Bromeas, cierto? —exclamó este.
—¡Tú crees! —replicó toscamente.
Las puertas se abrieron una vez más, y ella lánguidamente paso a su lado. A espaldas de Ichigo se encontraba el estacionamiento del lugar. Y este, con pasos decididos le dio alcance—. ¿A dónde vas? —indago fuera de sus casillas.
—A mi casa —se cruzó de brazos.
—¡Ya he pagado! —le reprochó rabioso.
Ella alzó una de sus cejas, lo miro por algunos segundos y luego se río con tanta fuerza que le hizo retroceder un paso. Con todo su autocontrol y educación, Ichigo evitó el lanzársele encima para hacerle algo muy malo.
—Tú nunca podrás costear por mí —se miro sus uñas con indiferencia—. Además… —le sonrió burlona— has pagado por algo que no debías —sacudió su cabeza, sintiendo verdadera pena por el tipo que había pagado tanto dinero por su persona—. Hasta nunca, querido Zangetsu.
Al marcharse contorneaba seductoramente su cadera, como diciéndole que ese cuerpo nunca lo tendría. Ella caminaba tan altaneramente, que lo estaba dejando ahí, en el estacionamiento como un completo idiota. Al liquidar la cuenta en el antro, pagó también por los servicios de ella. Desembolsó tres veces más de lo que nunca antes lo había hecho. Y al hacerlo, Aizen solo delineó una intrigante sonrisa al ver a la mujer con la cual Ichigo se marchaba. Él iba a darle un bien merecido golpe a su orgullo.
—Me parece, que eres de esas mujeres frígidas que no saben cómo complacer a un hombre—. Ella se detuvo en seco. Ichigo tuvo que reprimir su risa, cuando esta se giro y lo miro con rabia.
—¡Repítelo! —siseó ella.
—Frígida —él dijo sin más.
—¡Oh, cariño! —Sacó de su bolso su labial rojo y se contorneó sus labios con este—. Voy hacer que te tragues tus palabras—. Exclamó de forma tal que le erizo la piel a Ichigo, sus palabras le resultaron tan amenazantes que por un momento dudo de quien era ella.
—Pruébamelo —la retó con labia.
—Cuando quieras —susurró de forma mordaz—, Zangetsu.
Ichigo cogió las llaves de su automóvil, para quitar el seguro de su vehículo. El pitido clásico resonó, por inercia ella se giró para mirar el Mercedes negro. Comprendiendo de inmediato, donde y cuando sería el reto.
—Solo una cosa —ella le advirtió seriamente—, no puedes tocarme»
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Ella se inclinó un poco hacia él, regalándole una magnifica vista de su parte superior. Y al mismo tiempo, lo tentaba como una súcuba (1). Estuvo tentado a bajarle el vestido, para admirar y jugar con sus niñas. Sin embargo, desistió lamentablemente de esa magnífica idea. Ella acababa de quitarse su tanga, la cual arrojó al asiento contiguo. Ichigo estaba impaciente, no resistiendo por mucho más la necesidad de tenerla. Se bajo su bóxer negro, mientras liberaba esa dolorosa erección de incontables minutos atrás.
—¿Tienes protección? —Pregunto con prisa.
La quijada de Ichigo se abrió en franca sorpresa. Debía de estar bromeando esa mujer, ¿cierto? La miro a sus ojos, esperando que de un momento a otro esta se riese nuevamente en su cara. Más los segundos pasaron y eso no sucedía. Ella rodó sus ojos molesta, por un instante Ichigo creyó que todo había terminado. Que lo dejaría ahí, duro y caliente. Su joven amante término por arrojarle una caja de condones que sacó de su bolso, justo al rostro de este. Lo cual hizo con muy poco tacto, y casi le pica un ojo en el proceso.
—¡No puedo creer que te guste el sexo sin protección! —ella le chilló furiosa.
—¡Cállate! —Respingó herido del orgullo—. Tu solo sabes matar la pasión del momento —dijo mientras abría con desesperación la caja y se colocaba el látex sobre su miembro.
Cuando hubo terminado, ella lo tanteo en su parte más baja. Sonrió complacida de la dureza que sentía—. No lo creo –se burló de él—, aún creo que funciona —externo lasciva.
Lo guió hacia ella. Y como si ambos hubiesen nacido el uno para el otro, ingreso en la mujer tan fácilmente que la sensación lo abrumó por completo un par de segundos. Esto no le ocurrió solamente a él, sino también a ella. Se quedaron quietos, en esa postura un buen tiempo; disfrutándose mutuamente. Poco a poco, rindiéndose a sus propios deseos. Ella término por cerrar sus ojos y mantener su boca entreabierta, sintiéndolo dentro de ella ¡Al diablo con sus reglas!, tenía que dominarla cuando menos un momento. Así que la rodeó con una de sus manos y la acerco a él, para de esta forma besarla posesivamente. Antes siquiera que ella le reclamase cualquier cosa, Ichigo comenzó con el tormentoso vaivén de sus intimidades no dándole tiempo de presentar alguna querella. La fricción de sus caderas era tremenda. La fuerza con la cual ambos se movían los privaba de cualquier raciocinio en ese momento. Hasta que ella recupero algo de cordura. Ella se le acercó y le susurró fieramente a su oído.
—¡Quédate quieta! —él le decía.
—Te dije que no me tocaras —le mordió sensualmente su oreja. Lo siguiente que ella hizo le helo la sangre por completo. Su chica comenzó a moverse en esa postura en sentido contrario a las manecillas del reloj, y otras veces más en su orden natural; cual si ella fuese un tornillo entrando saliendo constantemente. Lo cual le ocasionó un estremecimiento tal, que se escuchó a sí mismo el gemir como un animal salvaje. Entreabrió sus ojos, solo para ver como ella le sonreía maliciosamente—. Niño malo —ella lo reprendió una vez más.
La tortura término al cabo de varios minutos más, ya que con esto ella retardaba perversamente su pináculo de placer ¡Esa maldita se lo estaba haciendo a posta! Al final, cansado y listo para terminar la tomó de su cadera. Con un chillido por parte de ella, y un gemido opacado a él a causa de la mujer tuvieron sus respectivos orgasmos. Con muy pocos segundo de diferencia. Ichigo recargó su cabeza contra el asiento del automóvil, sonriendo con satisfacción. Acababa de tener el mejor sexo de su vida, en su vehículo y con una perfecta extraña. Abrió sus ojos, solo para encontrarse con sus orbes mirándolo. Se preguntó desde cuando ella lo contemplaba.
—Maravilloso.
—Parece que no soy frígida después de todo —habló ella.
Antes siquiera que él pudiese replicar, las luces altas de un automóvil frente a ellos lo cegó por un momento. Lastimado de sus ojos, rehuyó la mirada y se cubrió con su mano. Escuchó un suspiro de resignación, la mujer se ladeo un poco hacia su izquierda y luego escuchó como la puerta de su carro se abría. Para finalmente abandonar el cuerpo de Ichigo. La luz era demasiado intensa, sin contar con que estaba prácticamente desnudo. Por lo cual le fue imposible el mirar las placas del vehículo en el cual ella ingresaba. Cuando la cruda realidad lo golpeó, ya habían pasado varios minutos desde que su presa se había marchado. Se dio varios golpes contra el volante ¿Desde cuándo se dejaba dominar de esa manera por una mujer? ¿Cuántas veces una fémina lo había dejado botado medio desnudo luego de un encuentro? ¡Ninguna! Él era el señor de los encuentros y él siempre las dejaba abandonadas, nunca le había pasado lo de esa noche.
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Durante un maldito mes frecuento Las Noches, con la única intención de volverla a ver. Más a su pronta desesperación, la mujer nunca más fue vista. Aizen solía pasarse varias veces por su mesa con una gran sonrisa burlesca en sus labios. Ichigo no se atrevía a preguntarle acerca de ella, ya que de esta manera sabía bien que pronto sería chantajeado por el Rey. Suspiró una vez más frustrado. Finalmente el día había llegado, en cuestión de horas se firmaría uno de los acuerdos multimillonarios más grandes de los últimos tiempos.
—¿Por qué esa cara, hijo? —Isshin cerró el periódico que leía en la limosina donde viajaban
—Por nada –replicó molesto observando las calles.
—¿Sigues bravo por lo de la firma? –Aclaró incómodo su garganta.
—No –espetó furioso Ichigo.
—¿Entonces? –Comentó extrañado, era normal que estuviese de mal genio, pero no durante tantos días.
—No es nada, papá –se cruzó de brazos bastante irritado–. No quiero hablar de eso.
Isshin suspiro rendido, sería mejor darle su propio espacio a su hijo. Fueron recibidos jubilosamente por la gente del Consorcio del Senbonzakura, y tratados como si fuesen un par de emperadores. Y como no, si luego de esa tarde se firmaría un tratado que generaría millones de dólares. Luego de una minuciosa revisión de documentos por parte de los abogados de ambos Corporativos, las dos firmas más valiosas por ese momento se imprimieron en un par de documentos iguales. El Corporativo Senbonzakura y el Corporativo Karakura, le habían dado vida cuando menos por diez años, a Consorcio Shinigami.
—Será un honor trabajar contigo, Byakuya-bo —apretó gustoso la palma de su mano—. Espero que los beneficios superen nuestras expectativas.
—Opino lo mismo, Kurosaki-san —replicó el imponente empresario.
Ichigo iba a presentarse él mismo, cuando la puerta de la oficina de Byakuya se abrió. Tan solo para dejar ingresar a la última persona a quien Ichigo espero ver, en ese preciso lugar.
—Lamento mi retraso —hablo con una voz tan chillona e irreconocible que dudo por un instante que se tratase de la misma mujer—, el avión tuvo un demora en el aeropuerto.
Se giro un poco, e Ichigo pudo ver los pendientes con forma de media luna. Sus pupilas se dilataron con horror, eran los mismos que usaba aquella mujer con la que tuvo un sexo desenfrenado en su Mercedes negro.
—Mi hermana —la presentó a la familia Kurosaki—, Kuchiki Rukia —. Byakuya rompió la meditación personal de Ichigo.
—Soy Kurosaki Isshin —el mayor de los Kurosaki le plantó un beso en la palma de su mano, lo cual arranco una risita divertida ante el gesto—, es un placer señorita Kuchiki —soltó su mano—. Y este… —volteó hacia su hijo, pero no prosiguió hablando al notar la palidez extrema de este—. ¿Te ocurre algo, Ichigo? —Le externó con franca preocupación.
—No… es nada… —aclaro su garganta de forma incómoda—, soy Kurosaki Ichigo —. Le extendió su mano a ella.
—Es un placer —le sonrió de forma altiva—, Kurosaki-kun —repitió con esa voz chillona.
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«—Ya quita esa cara —respingó por quinta vez esa noche—. Me estás poniendo de mal humor, y además… no es para tanto —dijo ella demasiado seria.
—¡¿Se puede saber qué rayos estabas haciendo?! —él chilló.
Rukia miro hacia las calles vacías de la ciudad —. ¿Quieres que te describa cada detalle, Kira? —argumentó seca.
—¡Por supuesto que no! —Alzó la voz, y se sonrojó violentamente del rostro, difícil de ocultar dado el tono de su piel—. ¡Quiero saber porque te fuiste con un perfecto extraño, eso es todo!
—Solo estaba aburrida —se cruzó de piernas y sujetó con fuerza el cinturón de seguridad. Aún le temblaban las piernas, y sentía la necesidad… la necesidad de volver a encontrarse con ese hombre de cabellera naranja—. Déjame en paz —terció con un timbre de voz tan molesto que el rubio cedió.
—Kuchiki-san, cuando le dije a Abaraki kun que la llevaría no me imagine que se le ocurriría hacer algo así —de alguna manera sintió que debía de justificar sus palabras y previo trato a ella. A él lo habían enviado simple y sencillamente para cuidarle, nada más—. Sabes bien que no puedes hacer ese tipo de cosas, de lo contrario su hermano te pondrá un guardaespaldas de tiempo completo.
—Hablando de esa cabeza de piña —comentó refiriéndose a Renji—, ¿a dónde rayos se fue?
—Su hermano le llamó y tuvo que marcharse —explicó muy calmando girando en una esquina—, y mientras me pedía el favor en el lobby de Las Noches te pones a coquetear con un extraño y a mí me dejas como un idiota esperando.
Rukia sonrió complacida. Había aceptado tener un rato de diversión con un desconocido, el sujeto le había parecido sumamente interesante desde el primer instante en que lo vio. Desde un inicio se percató que este la miraba de forma lasciva, por ello le sacó provecho a la situación. Claro está, que esto fue antes de que la llamase frígida. ¿Qué se había creído el tipejo ese al llamarla de esa manera? No podía con la felicidad desmedida que sentía en ese momento, estaba más que segura que él ya debía de haberse tragado esas palabras inmundas. Y por supuesto… ella también.
—Llévame al aeropuerto —le pidió amablemente—, mi avión sale en unas dos horas.
Kira se detuvo por un semáforo en rojo—. ¿Y el equipaje? —indago él.
—Momo ya debe de tenerlo ahí. Y… —le miro de soslayo esbozando una picara sonrisa en sus labios— ¿por qué de paso no le das un aventón a su casa?
Izuru se sonrojó y Rukia se carcajeó. Ambos le sorprendían, llevaban una relación de más de tres años y aún no había sucedido nada entre ellos, Momo le aseguraba que era virgen y que por acuerdo mutuo esperarían hasta la noche de bodas. Le parecía extraño, el hecho de que entre ellos no se necesitasen de aquella manera tan pasional y salvaje, no los entendía, en realidad no comprendía.
—¿A dónde irás? —Preguntó con prisa queriendo apartar el tema de su relación.
—Mi hermano quiere que cierre un trato en Alemania —suspiró aburrida—. Aunque… —llevó su mano a su mentón de manera pensativa, arrugó el ceño— no comprendo porque quería que fuera a divertirme a Las Noches»
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—Ya que estás aquí, Rukia —su hermano se le acercó por detrás—. Porque no le muestras a Kurosaki Ichigo las instalaciones de nuestra empresa —le solicitó muy cordial y con ese tono bien aprendido de que no los quería ahí. Posiblemente hablarían de negocios—, estoy seguro que la encontrará por demás interesante.
—Claro —accedió de buena manera ella, pero había algo raro. Muy raro—. Por aquí, por favor —le indicó al joven.
En cuanto ambos abandonaron la oficina, Isshin suspiró de forma tranquila.
—¡Cielos!, pensé que armaría un espectáculo al verla —se sentó mucho más tranquilo, secando el sudor en su rostro—. O cuando menos que gritase.
—¿No educaste bien a tu hijo, Kurosaki? —Byakuya le ofreció algo de vino, era el momento idóneo para cerrar el verdadero teatro.
—Es demasiado explosivo en su carácter —le informó al Kuchiki, aceptando cómodamente el vino—, en eso no aplica la educación que tenga.
—Veo —mantuve la cacofonía por algún tiempo.
—¿Por qué esa sonrisa tan misteriosa, Byakuya-bo? —Isshin lo tuteó con familiaridad, tenía que admitir que el hombre si le ponía los pelos de punta.
—Solo pensaba —respondió esté de manera enigmática.
—¿En qué? —Isshin habló tentado por saber, en el fondo era un viejo chismoso.
—En que estos ratones han atrapado a un par de gatos —murmuró Byakuya roncamente revolviendo el licor en la copa.
Isshin ahora no tenía la menor duda. De alguna forma, Byakuya se había logrado infiltrar a sus instalaciones para colocar micrófonos en su oficina, no había otra manera en que supiera de sus pretenciosas palabras. Y además… en venganza, él había hecho lo mismo, ahí estaba colocado elegantemente la pintura "Ciruelos blanco en primavera" del afamado Ōgata Kōrin* con un imperceptible micrófono que sabía que él desconocía. El Kuchiki hizo una mueca indeleble en su rostro, ¡ah! el maldito lo sabía.
—Pero —Isshin intentó recuperar algo de terreno en el asunto, y para nada se dejó intimidar—, ese gato naranja se divertirá mucho con ese pequeño ratoncito —claramente era una metáfora de los jóvenes que habían salido.
—Dejemos estas alusiones ilógicas por el momento, Kurosaki —terció con una voz cargada de franco desprecio—. Mejor hablemos de cómo quedará distribuido el Consorcio una vez…
Isshin lo interrumpió—. Que nuestros niños se casen.
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Decir que no estuvo sorprendida al verlo, sería mentir. De hecho, casi se le paralizó el corazón cuando lo vio ahí muy cerca de su hermano, por un momento temió que la hubiese estado buscando. Tuvo que hacer gala de sus dotes artísticas y fingir olímpicamente que le era un perfecto desconocido, de lo contrarió jamás sería capaz de explicar el cómo es que lo conocía. Y no estaba como para contárselo a su hermano o al nuevo socio. Durante ese mes, estuvo soñando y deseando el estar con él una vez más. Sin embargo, sería rebajarse a sí misma al ir y buscarlo a Las Noches. Así, que se había resignado a nunca verlo más. Decidió romper el silencio y divertirse un poco a costa suya, total él ya le había demostrado cuán fácil era hacer eso.
—¿Por qué esa cara de pocos amigos, Zangetsu? —Le habló con esa vocecita que le hizo perder por completo su temple.
Ichigo la sujetó de su antebrazo con tanta fuerza que terminó por arrinconarla en un desolado pasillo del antiguo Corporativo —¡¿Eres la hermana de Kuchiki Byakuya?! —habló en voz baja y peligrosa—. ¿Entonces por qué trabajas en Las Noches?
Rukia profirió tal risita que eso terminó por enfurecer a Ichigo—. ¿Por qué pensaste eso? —Expresó sumamente divertida y es que en verdad no lo comprendía.
—Los pendientes —replicó rechinando los dientes.
Rukia le negó con su índice y llevo sus manos a sus oídos, con la intención de que mirase los objetos en cuestión—. Oro blanco —le informó ante su nula comprensión de la joyería femenina—, no plata —susurró cadenciosa contra su oreja.
Las chicas de Aizen usaban pendientes de plata, Ichigo la había confundido en el medio de la noche. Comprendió en el acto porque fue mirado con extrañeza por el cajero cuando pago la cuenta, además de porque el Rey de Las Noches se divirtió tanto a posta suya.
—«Has pagado por algo que no debías…» —Recordó y se sintió como un completo estúpido.
—Soy Kuchiki Rukia —Hablo con esa voz, que él conoció esa noche.
—Soy Kurosaki Ichigo —estrecho su mano.
—¿Te parece bien si iniciamos desde cero? —Dijo ella con timbre cargado de deseo.
—Ah —replicó sin la intención de decir algo más.
Aún se sentía avergonzado, lo único que agradecía por el momento, es que ella no le hiciese broma alguna. Pero, no estaba seguro de que eso durase por mucho tiempo. Caminaron un par de metros más, bajaron varias escaleras y recorrían pasillos que cada vez estaban más abandonados ¿Qué pretendía hacerle esa mujer? Francamente, ella le asustaba. De pronto ella se detuvo y con una tarjeta que sacó de su bolso, abrió una puerta. Se trataba del área de limpieza, ya que varios implementos estaban colocados en ese cuarto no tan grande.
—Solo... —volteó hacia él con una sonrisa seductora— una cosa —él espero impaciente a que ella terminase—, no puedes tocarme.
A Ichigo le crisparon sus ojos de pura rabia—. ¡Al carajo con tus estúpidas reglas!
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Tema III
(Chocolates y pepinos)
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Notas de la autora:
* Antros, así son llamados en México los sitios de diversión para el fin de semana (no confundir con bar). Desconozco si tienen el mismo nombre en el resto de los países.
+ Su encuentro en Las Noches, fue un plan ideado por Byakuya e Isshin. Cada uno busca una forma de adueñarse del Consorcio rival.
Glosario:
+ (1) Súcubu, es un demonio que toma la forma de una mujer atractiva para seducir a los hombres, sobre todo a los sensibles y a los monjes, introduciéndose en sus sueños y fantasías, para tener relaciones sexuales con ellos. En general son mujeres de gran sensualidad, persuasión y carácter.
