Los personajes pertenecen a Kishimoto-sama.
Capítulo de transición antes del tan esperado reencuentro :)
Capítulo 11: Es hora de regresar.
El líder de aquella misión se encontraba en el despacho del Kazekage de Suna, pero no estaba allí para darle información sobre la misión a realizar, lo suyo era algo más personal.
_ ¿Y bien?_ preguntó el pelirrojo_ el tiempo mínimo de su misión pasó hace dos meses.
_ Lo sé_ contestó el otro quitándose la máscara_ maldita misión problemática. Hace dos años que se fue, pero parece que finalmente va a alargarse.
_ Nara_ dijo cruzándose de brazos mirando por la ventana_ lo que quiero saber es si está bien.
_ Se supone que no debo hablar de las misiones ANBU con nadie_ Shikamaru vio como unos ojos aguamarina lo fulminaban _ si, ya sé. Esto es diferente_ tragó saliva_ envió un informe hace dos semanas. Solo ponía: Misión alargada. Estado correcto. HH.
_ O sea que se encuentra bien_ suspiró Gaara.
_ Eso parece.
_ Bien, puedes retirarte.
Shikamaru se despidió y salió al cálido clima del desierto. Necesitaba descansar.
Gaara continuaba mirando por la ventana. Su hijo, de ahora 8 años, practicaba con Temari sus técnicas que había mejorado a la velocidad de la luz en esos dos años. Vio como formaba una enorme mano de arena para intentar atrapar a la rubia, pero esta era mucho más rápida y se escabullía. Sonrió al ver como su hijo haciendo uso de su otra línea de sangre aparecía tras su hermana y por la espalda hacía uso del conocido puño suave, sorprendiéndola. Estaba claro que su fuerza y control de chakra aún no era suficiente para infundir grandes daños, pero era bueno, muy bueno para su corta edad.
Kaji y su tía dejaron el entrenamiento, el pequeño alzó la vista sintiéndose observado y vio a su padre en la ventana. Sonrió enrojeciendo un poco y alzó la mano saludando. Su padre correspondió al saludo. Las cosas habían cambiado mucho en aquellos dos años, gracias al cielo, para bien.
En unos minutos Temari se encontraba en su despacho.
_ Ha mejorado mucho. Parece que su entrenamiento contigo y el Hyuuga da sus frutos. Será un digno ninja_ comentó frente a su hermano_ ¿Shikamaru ha traído noticias de Hinata?
_ Así es_ la rubia le pareció ver tristeza en los inexpresivos ojos de su hermano_ parece que la misión se alargará. Pero está bien.
_ Menos mal_ dijo ella dejándose caer en una silla_ Gaara…_ dudó un segundo y cogiendo aire continuó_ ¿cómo haréis cuando ella vuelva?
_ ¿A qué te refieres?
_ Bueno…Hinata es la subcapitana ANBU de Konoha y líder de su clan. Y tú eres el Kazekage de la Arena_ miró al pelirrojo y continuó_ ¿qué será de Kaji?
Gaara miró a la chica del abanico y permaneció imperturbable dejando su mente vagar. ¿Qué harían? Hinata se debía a su clan y a Konoha, y él a Suna. ¿Cómo harían con su hijo? Estaba claro en un principio que volvería con su madre, pero de repente la idea de que lo separasen de su hijo, le producía un dolor horrible.
Imágenes de su despedida con Hinata, de ella rozando suavemente sus labios y diciéndole que sus sentimientos no habían cambiado le llenaron la mente. Pero habían pasado dos años más, dos años en donde Hinata buscaba más que nada encontrarse a sí misma, saber quien era realmente, dos años en los que podía haber cambiado de idea, haber decidido que amar a Gaara no era lo que deseaba, haber finalmente, puesto fin a ese doloroso sentimiento.
_ ¿Gaara?_ llamó preocupada la rubia. El nombrado alzó la cabeza y cruzando los brazos habló sinceramente.
_ No lo sé.
Se escondió entre aquellas rocas y cambió sus ropas. Se puso algo cómodo y guardó su uniforme ninja al fondo de la pequeña mochila. Bien, pensó, así sólo parezco una viajera más.
Los sujetos que investigaba habían parado en un pueblo en una pequeña posada, por lo que entrar vestida de ninja habría llamado demasiado la atención. Se arregló un poco el pelo y se encaminó al mismo lugar que los sospechosos. Después de llevar algo más de dos años espiándolos a todas horas conocía sus nombres y costumbres. Sabía incluso que uno de ellos era padre pero que la madre del niño al ver que él era un criminal había evitado por todos los medios que se acercase a su hijo, el hombre simulaba que no le importaba, pero Hinata reconocía en sus facciones la pena y la añoranza de estar junto al pequeño.
Entró en la posada y se acercó luciendo su mejor y más inocente sonrisa al mostrador. Una mujer mayor regentaba el lugar.
_ Bienvenida a nuestra humilde posada_ le dijo la señora sonriendo dulcemente_ ¿desea alojamiento?
_ Así es_ sonrió.
_ Su nombre por favor.
_ Fuji Hikari_ respondió sin dudar, dar su nombre verdadero era lo último que debía hacer. Se fijo que la anciana la miraba raro pero apuntaba su nombre sin dudar.
_ Sígueme, te enseñaré tu habitación_ Hinata obedeció, había estudiado el lugar antes y sabía exactamente cuales eran los cuartos que ocupaban aquellos hombres. Llegaron pronto ante la puerta del lugar donde Hinata se alojaría_ aquí es Hikari.
_ Muchas gracias señora_ respondió ella inclinándose y sonriendo.
_ Espero que todo esté bien y no haya ningún peligro_ comentó mirando fijamente a la peliazulada. Ésta se sorprendió pero no lo dejó ver en sus facciones_ eres una Hyuuga, reconozco esos ojos. Viví en Konoha muchos años_ la señora sonrió.
Hinata la analizó, primero con desconfianza, no sabía si podía fiarse de aquella mujer.
_ Debes de ser una ninja. Das un nombre falso y analizas todo cuanto ves, asegurándote de la seguridad del lugar y de cómo podrías resolver un problema en caso de que se presentase. Mi marido también lo era. Sirvió durante muchos años al cuarto Hokage, guardo grandes recuerdos de la aldea_ sonrió tristemente_ en ocasiones desearía volver, pero es algo imposible para mí. Además soy feliz cuidando este lugar.
_ Le ruego por favor que no hable a nadie sobre mi verdadera identidad_ pidió Hinata amablemente pero firme a la vez_ si dice que todavía ama mi aldea, hágalo, por favor.
_ Claro niña, no te preocupes_ sonrió_ pero es extraño verte tan sola.
_ Es necesario, más sujetos llamaríamos la atención_ contestó ella en un tono de voz que daba a entender que aquello era todo lo que revelaría sobre su misión.
_ Cuídate pequeña, seguro que hay alguien esperando con ansia tu llegada.
Hinata sintió latir su corazón más fuerte al pensar en su pequeño hijo, intentó imaginar como sería ahora, cuanto habría cambiado en esos dos años y mientras lo hacía la imagen de su dulce hijo se transformó en la de alguien muy parecido a él, muchos años mayor y con los ojos aguamarina en vez de blancos. Gaara. ¿Estaría él esperándola también?
Pasó varias semanas en aquella posada, y eso no era normal. Aquellos hombres no se mantenían en un sitio más de dos días, así que estaba segura de que algo tramaban. Esa noche llegó a su habitación frustrada. No lograba saber que se traían entre manos en aquel lugar y eso le preocupaba.
En todo aquel tiempo, que ya sumaban tres meses casi, había entablado una bonita relación con la anciana dueña de la posada. Le gustaba su compañía, sentía que era como tener una dulce abuela que siempre tenía una sonrisa para ella.
Se metió en cama dispuesta a descansar y continuar mañana intentando conocer el motivo que retenía a aquellos criminales allí, pero su esperanza de un sueño reparador no duró mucho. A los poco minutos un enorme y desgarrador gritó rompió la calma del lugar.
Hinata se levantó corriendo y agarrando un kunai salió a ver que sucedía. Lo que vio le acompañaría durante mucho tiempo. Alguien había asesinado a la anciana Miho, y ella reconocía aquellos cortes, eran de una catana. Uno de los hombres a los que espiaba portaba una. Se giró sobre sus pasos, recogió sus cosas y activando su línea sucesoria ubicó a los hombres y se dispuso a seguirlos.
En un par de semanas obtendría toda la información necesaria para la aldea sobre ellos y entonces lo haría. Mataría a aquel hombre que portaba la catana.
El tiempo pasó con rapidez. Los días, semanas y meses se sucedieron uno tras otro sin a penas darse cuenta. Hinata sabía que era porque a cada minuto deseaba más la muerte de aquel ser despreciable y no veía el momento de dársela ella misma.
Pero ese día llegó. Tenía todo lo necesario, todo lo que Konoha deseaba saber lo había averiguado.
No se preparó con esmero ni trazó un plan magnífico. Simplemente esperó el momento adecuado. Y aquel era el momento adecuado. Estaba solo, sus dos compañeros se habían alejado.
Saltó de la rama y se puso ante él. Llevaba la máscara en su rostro.
_ Te ordeno que te detengas. En nombre de Konoha.
El hombre la miró con desdén y se rió.
_ ¿Y qué es lo que desea Konoha de mí?_ soltó una carcajada irónica_ supongo que mis pequeños asaltos a sus ninjas y pueblerinos no les han gustado demasiado_ miró de arriba abajo a Hinata, que continuaba impasible con su cara cubierta_ ¿y tú eres todo lo que envían para detenerme?
_ Tienes dos opciones_ dijo Hinata fría ignorando el comentario despectivo_ entregarte y acompañarme por las buenas, o recibir la muerte aquí mismo.
_ No me hagas reír ¿entregarme? ¡Jamás!_ volvió a reír y miró con desprecio a la chica_ tú no matarías ni a una mosca sin alas.
_ Esperaba que eligieras la segunda opción_ se sonrió tras la careta_ voy a vengar la muerte de la anciana Miho.
_ Inténtalo_ dijo él seguro de si mismo, mientras blandía su catana esperando un movimiento de Hinata. La vio sacar su propia arma de forma delicada de la espalda y estuvo tentado a reírse. La chica miró su arma y la apoyó en un árbol_ ¿es que acaso te rindes?
_ Voy a matarte con mis propias manos, no necesito una catana para ello_ realizó un sello con las manos y susurró ¡Byakugan!. Tomó la posición de lucha de su clan y esperó.
El hombre se lanzó confiado con el arma en alto y cuando la estampó contra la ninja ésta desapareció. Un clon de sombras.
De repente notó como alguien daba numerosos golpes a su espalda. No podía moverse. Reconoció aquello, la técnica del clan Hyuuga. Estaba luchando contra una Hyuuga.
Hinata dejó de golpearle y se situó ante él. Había cerrado sus principales conductos de chakra. Él no podía moverse. Se aproximó y le susurró.
_ Recuerda ahora la cara de todos aquellos a los que dañaste_ el hombre abrió los ojos asustado por el sombrío tono intentando moverse, en vano _ porque sus rostros te acompañarán a lo largo de toda tu estadía en el infierno.
Y dio el golpe final. Directo al pecho, parándole el corazón. Le vio caer al suelo muerto e inerte con todavía la expresión del miedo en su cara.
Recogió el arma que antes había apoyado y se la puso a la espalda. Era hora de volver a casa. Tres años más tarde.
Sé que es cortito, pero tan sólo es un pequeño capítulo de paso
¡Gracias por los reviews! ¡Hasta pronto!
