Declaimer: Los personajes de esta historia pertenecen a Stephanie Meyer. Yo, sólo estoy creando un mundo de amor y cariño a su alrededor.

CAPÍTULO 12. MIAMI

Sergio seguía haciéndome preguntas sobre mis amigas para intentar recordarlas y yo se las contestaba con mucho gusto ya que poco a poco me iba desahogando.

-¿Cómo se llamaban?

-Una se llamaba Elisabeth. Era alta y delgada. Era pelirroja y siempre llevaba el pelo ligeramente recogido con pinzas y sus ojos eran de un negro noche. A las dos nos fascinaba el amarillo canario y nos gustaba la carne-Dije recordándolo todo.

-A ti te gustaba el amarillo...canario y comías carne. Ya claro, si esto es un chiste esta siendo muy bueno, la verdad. Es imposible que me estés diciendo la verdad.-Dijo alucinando.

-No, es la verdad. Bueno, más o menos. Las dos fingíamos que nos gustaba el amarillo para no destapar que el rosa era nuestra verdadera pasión. En cuanto lo de la carne fue algo que poco a poco se fue marchando de nosotras o más bien de mi.

-¿Pero porqué lo fingíais?

-La gente hablaba mal de ti si te gustaba el rosa.

-Pues vaya tontería.

-Después estaba Miriam. Era de estatura media, más o menos como yo. Tenía el cabello moreno claro y llevaba una pocas mechas rubias. Sus ojos eran marrón chocolate y era fanática del cine de terror y de Robbie Williams.

-¿Tenía una hermana gemela, verdad?

-¡Si!, así que si te acuerdas de ellas.

-Algo me voy acordando. Cuéntame más.

-Bueno, a parte de ellas tres estaba Carolina era más bajita que yo con el pelo color dorado y una mecha azul en un lado.

-¡A si!, de ella también me acuerdo.

-Y estaba Victoria quien se llevaba muy bien con Carolina. Era de la misma altura que ella, con el pelo castaño y algunos reflejos castaños claros también.

-¿Llevaba aparatos verdad?

-Veo que ya te acuerdas.

-Si. Después también estaba esa chica una poco más baja que tu con el pelo negro oscuro muy callada, de ojos como verdes.

-Exacto, esa era Estafani. Luego esta Rebeca tenia el pelo rubio y muy rizado. Aún recuerdo oírle quejarse de ello.

-¿No era de aquí verdad?

-No, era de Australia, pero hablaba perfectamente el español. Se mudó aquí con seis años de edad y se quedó a vivir aquí.

-Falta una ¿no?

-Si, esa era Marina. Tampoco era de aquí, se cambió de nombre nada más entrar en España. Era más baja que yo y era la más divertida de todas y con la que más nos reíamos.

Las lágrimas cayeron por mis mejillas con mucha más fuerza esta vez mientras recordaba los momentos vividos con ellas, momentos que daba por seguro nunca iba ha olvidar.

-¿Las hechas de menos, verdad?-Dijo limpiándome con la mano las lágrimas que brotaban de mis ojos.

Asentí con la cabeza.

-¿Qué paso?, es decir, ¿Por que os distanciasteis?

-De verdad, que no hace falta que hagas esto si mi primo te lo ha pedido Sergio.

-Lo hago porque quiero, cuéntamelo por favor.

-Esta bien. Cuándo acabábamos tercero de ESO las nueve teníamos muy claro que nuestra amistad nunca se rompería y que nadie nos podría separar, pero de lo que no nos dábamos cuenta es de que cada una haría su vida por su propia cuenta.

Así que ese mismo verano decidimos hacer un viaje para celebrar que todas teníamos la ESO aprobada y para celebrar nuestra amistad. Le pedimos a los padres autorización para que nos dejasen y ninguno de ellos accedió así que como teníamos nuestro propio dinero, que no era poco, porque llevábamos quince o dieciséis años ahorrando lo decidimos romper todas las reglas hasta ahora más que cumplidas y largarnos lo más pronto posible.

-¿Os largasteis sin que vuestros padres lo supiesen?

-Algo así. Esa misma noche la pasé en vela navegando por Internet reservando billetes de avión, hoteles, entradas para discotecas. Incluso compré un apartamento de tres pisos para organizar una fiesta con toda la gente que conoceríamos allí.

-Que pasada.

-Decir que fue una pasada es quedarse corto. Fuimos a Miami y el apartamento que compré estaba en frente del mar así que la fiesta fue explosiva. Nos largamos una semana después de la decepción diciendo a nuestros padres que ya que no nos dejaban viajar que pasaríamos un mes en el centro de Palma. Todos nos dieron mucho dinero ya que comprendían nuestra decepción. Tanto que entre toda la familia yo reuní casi 3.500€ más lo ahorrado de toda mi vida y lo que ganamos ese mismo verano trabajando en discotecas y tiendas.

Llegamos a Miami y todo el viaje fue perfecto. Residimos allí una semana y nos alojamos en una suite con ático y todo en la que había una habitación enorme con nueve camas una para cada una. La estancia allí fue perfecta una sensación y una experiencia inolvidable y que pese a las consecuencias que pagamos más tarde nunca me arrepentí de ello.

-¿Y que pasó con las últimas tres semanas?

-¡Oh! Claro. La siguiente semana la pasamos en el hotel, el que nuestros padres pagaron porque nos dijeron que a partir de la segunda semana nos llamarían cada dos días para ver como estábamos.

-Lo lógico. Así que de Miami os volvéis a Palma y pasáis una semana allí ¿no?

-Exacto. Al cabo de una semana las cosas se tranquilizaron. Nosotras sabíamos que después de darnos la brasa toda la semana se clamarían y solo llamarían de vez en cuando. Así que llamamos a un buen amigo de Rebeca que tampoco era de aquí, un experto en informática y en teléfonos y todas esas cosas y nos lo arregló todo para que cunado los padres llamasen la llamada se desviase hacía nuestro siguiente destino.