Disclaimer: Naruto no me pertenece, es de Masashi Kishimoto. No gano ningún lucro con esto, sólo es una historia creada por una aficionada.
Fue un Jueves
Era el pasmoso día en que las cacatúas, con su extravagante plumaje, se divertían parloteando en la misma rama.
Un infernal día jueves.
Recordó que el primer jueves en la casa Haruno lo vivió con una feliz inocencia: cumplía sus labores diarias como le era encomendado, servía a su Señora del mal con sumisa apariencia, maldecía su suerte las cien veces diarias acostumbradas. Incluso rezaba la plegaria matutina para que una de las plagas de Egipto acabara con Sakura, quien últimamente era tan indeseable como uno de esos flageladores egipcios.
Ella había tomado un gusto maligno en hacerlo buscar objetos inexistentes; estaba consiguiendo acabar con sus nervios.
Sin embargo, todo era incluso más difícil los días jueves.
Como decía, las cacatúas de todas las mansiones vecinas decidían reunirse en el nido de la cacatúa rosada que vivía en la residencia donde trabajaba.
El mayor problema era que la cacatúa rosada era su Señora y por lo tanto, él terminaría involucrado de alguna u otra forma.
La pregunta más importante que se formuló ese primer día fue: ¿Para qué diablos querrían reunirse un grupo de mujeres doncellas en un día determinado? Lo entendió poco después, pero estaba claro que las mujeres de posición mostraron su lado macabro aquel día.
Sus reuniones se limitaban a la burla y escarnio privado de algunas pobres almas desgraciadas que hayan dado lugar a ello; de alguna forma inexplicable, desde ese jueves, él fue el único individuo merecedor de ser el centro de sus conversaciones.
—Oh Sakura, has que venga a traer el té de nuevo. —murmuró confianzudamente la mente que había identificado como la más perniciosa. Se trataba de una mujer medianamente hermosa, con sus cabellos color rojo fuego y su cuerpo delgado amordazado en un vestido elegante, ese día lucia uno de color azul que no se le veía nada mal.
—Karin, esta sería la sexta vez que le ordenaría traer el té. —declaró inconforme Sakura, apretando sus finos y elegantes labios mientras fruncía el entrecejo de aquella forma que él encontraba encantadora.
Minutos después quiso abrirse la cabeza contra la pared más próxima como castigo por aquel estúpido pensamiento.
—No seas tonta Sakura. Él es tu esclavo y su deber es no juzgar los deseos de su amo. —el comentario de la mujer rubia logro que el ceño del Uchiha se frunciera en un gesto de desagrado. La chica rubia seria quizás igual de perniciosa y pervertida que la chica Karin, pero la belleza de la rubia estaba en un nivel muy diferente al de Karin.
Ino Yamanaka era una de las mujeres más deseadas del país. Comentaban que su ingenio en las conversaciones la convertía en una amena compañía, lo cual le demostraba que la mujer sólo era demasiado superficial. La chica arrebatada que hablaba con Sakura encerrada en el salón era mucho más agradable a los ojos del moreno; sin embargo, no le parecía agradable cuando decía aquellas cosas en su contra.
—¿Eso incluyen los deseos de las amigas del amo?
—¡Claro! —contestaron al unísono las dos mujeres, dando crédito a su petición.
—En un momento como este deberías pensar que tú serias feliz si tus amigas también lo son. —aquel comentario venia de Temari. La chica era siniestra, aviesa y filosamente inteligente; Sasuke mismamente tenía cierto recelo hacia ella, sin embargo, su Señora no estaba de acuerdo con él y decía que estaba siendo incoherente. La chica de la casa Sabaku No era tan hermosa como Ino, sin embargo, la naturaleza amenazante de la chica evitaba que fuese tan encantadora a los ojos de los hombres como lo era Yamanaka. Además, el rubio de sus cabellos era más opaco que el de Ino, pero en contraste, sus ojos eran más profundos.
—¡Sasuke, ven aquí! —se rindió la Haruno, accediendo por fin a los deseos de sus amigas. Aunque le gustaba alardear la belleza y sensualidad de Sasuke, además de que su naturaleza irreverente le hacía aún más encantador, sentía persistentes celos cuando su esclavo se fijaba con tanto descaro en los atractivos de Ino, Temari y sobretodo, el Uchiha parecía adorar a Hinata.
Sin embargo, esto sólo sucedía un día a la semana, así que dejo de ser tan posesiva al respecto. Ella lo tenía los restantes 6 días a su servicio.
—Dígame…
¿Había mencionado ya su irreverencia? Pues él era algo peor que irreverente, sin embargo, ya que sus amigas estaban tan concentradas en parecer diosas, pues ese hecho no fue tan notorio.
—Sasuke, mis amigas quieren otros bocadillos, así que….
—¿Acaso no tenéis un mayordomo para ello? Sois tan acaudalada y aun así sólo yo te sirvo, bastante ruin para una casa como la Haruno, my Lady.
Los ojos verdes de la Haruno brillaron tan malignamente, que Sasuke por un momento pensó que ella le ordenaría aventarse por la ventana y acabar con su miserable vida; sin embargo, ella no podía hacerlo… ¿Quién buscaría sus vestidos si Sasuke moría? ¿Quién sería el objeto de alarde ante sus amigas? ¿Quién cuidaría de su linda inocencia en los peligros de la hacienda? ¿Quién acudiría a sus inútiles llamado cada vez que lo requería?
¿Quién trabajaría en su jardín tan arduamente con el fin de que sea tan hermoso como ella…? Su ceño se frunció y trato de evitar el pensamiento mientras estaba en el campo de batalla.
—Es cierto… ¿Y tú mayordomo Sakura-chan? —la voz de Hinata Hyuga produjo un tenso silencio.
Sasuke de verdad adoraba a Hinata. Si él fuese un hombre libre y no una niñera, entonces habría raptado a la Hyuga y llevado a algún lugar ideal para seducirla. Era dulce, con una voz tan fina como el canto de un ave, tan delicada como un recipiente de cristal… Tan amada por su prometido que le quitaba todo el encanto.
La chica estaba, desgraciadamente para él, prometida con un tonto que podía hacer trucos de magia y había ganado prestigio con ello.
—Naruto Uzumaki, bastardo afortunado. — pensó el Uchiha fijándose en la belleza de la chica de cabellos azulados, sus labios rosas y sus ojos blancos como perlas. Giró su mirada a la figura de su Señora, alzando la ceja mientras analizaba su posición. —Y yo tengo que conformarme con esto… ¡Dios me odia!
Lo peor era que su Sakura no tenía una pizca de dulzura, no cuando lo miraba como si quisiera crucificarlo diez veces.
—Mira, sirviente… —el veneno expedido en las palabras de Sakura, arranco un deseo tan primitivo en el Uchiha que se vio obligado a apretar sus manos fuertemente.
Quería tenerla, completamente extendida, debajo de él. Enseñarle quien servía a quien.
—Por favor, deja a Sasuke-san en paz, Sakura-chan. Debe tener otras obligaciones, llamemos al mayordomo o al ama de llaves, quizás ellos...
—¡Hinata! —la silenciaron los tres cuervos visitantes al mismo tiempo; Sasuke las miro con reproche. La razón esencial por la que le agradaba Hinata era porque ella lo trataba con el respeto que se merecía. Ella era obviamente inteligente por ello.
—Muy bien. —soltó la de cabellos rosáceos con ira. —Largo.
—Como diga, My Lady.
La sonrisa que se extendió por el rostro del Uchiha no fue captada por la vista de ninguna de las 6 chicas; sin embargo, casi estuvo seguro de que Sakura había sido consciente de ello.
Por fin pudo anotarse un tanto.
Él iba a la cabeza, ahora sólo tenía que mantener el triunfo.
—My Lady, definitivamente, me gusta más cuando estás debajo de mí.
Incluso, con aquel pensamiento, logro encontrar motivos para quererla también sobre él.
Fin~
¿Qué les ha parecido?
Me sentí pervertida narrando el punto de vista de Sasuke. ¡Jajaja!
Vamos con Sasuke a la cabeza, y un Sasuke muy Hot, por cierto!
¿Qué dicen chicas (os)? ¿Quieren el empate o dejamos que Sasuke siga regodeándose?
Bye!~
