Subí las escaleras intentando que mi velocidad no se viese incrementada a valores sospechosos, pero cuando llegué a la puerta no fui capaz de contenerme y la abrí con un fuerte tirón. Y allí estaba él. Sentado en mi cama. Como en los viejos tiempos.
-Ten cuidado no vayas a arrancar la puerta-me dijo mientras me dedicaba otra de sus sonrisas. Definitivamente estaba de muy buen humor.
-Creo que sobrevivirá.
Me acerqué lentamente a la cama y me tumbé a su lado. Me arrimé todo lo que pude a él y él me devolvió el abrazo.
-No sabes cuánto me cuesta separarme de ti ahora.
- ¿Acaso crees que para mi es fácil?
-Los humanos sois más resistentes-se rió.
-Oh. ¿Eso crees?
-Claro que sí.
Y dicho esto empezó a besarme de nuevo. Eso tenía que ser un delito. Adoraba que me besara pero dudaba que fuera sano que alguien besara a otra persona así. Pero no se detuvo en los besos. Noté como sus frías manos recorrían mi cuerpo por debajo de mi blusa, provocandome unos escalofríos que no solo eran producto de la diferencia de temperatura. Sus labios se volvieron más insistentes mientras sus manos empezaban a quitarme la ropa. Reuniendo toda la fuerza que fui capaz intenté apartarle.
-Edward, no podemos.
-¿Por qué no?-susurró sobre la piel de mi cuello, pues sus labios habían ido a parar allí cuando los aparté de los míos.
-Charlie-logré susurrar.
-Dentro de poco se dormirá y no creo que siga viniendo a tu habitación para saber si estás dentro.
-Pero se despertar seguro-objeté.
-Bella, no me digas que no te apetece-utilizó una voz más seductora de lo extrictamente necesario.
-Pues claro que sí. Ya lo sabes.
-Entonces, ¿cuál es el problema?
-El ruido.
-Ser más silencioso.
Lo aparté más de mi, por lo que por fin pude mirarle a los ojos.
-Pero yo no se si voy a ser capaz de contener mis gritos.
-Joder tienes razón. Todo por tu culpa.
- Oye! Que la culpa la tienes tu por hacerme disfrutar tanto.
-Vuelves a tener razón.
Desde ese momento se contentó con besarme una y otra vez hasta que me dormí entre sus brazos.
Al día siguiente tocó hacer una visita a la mansión de los Cullen. Estaba más nerviosa de lo normal. Hacía mucho tiempo que no los veía y no sabía como podrían reaccionar. Edward esto lo notó.
-¿Por qué estás tan nerviosa, Bella?
-Yo... No estoy nerviosa. ¿Qué te hace pensar eso?-intenté esbozar una sonrisa.
-Bella, sabes que no puedes engañarme.
-Es que hace mucho tiempo que no les veo.
- ¿Qué es lo que realmente te preocupa, Bella?
-Pues es que ha pasado mucho tiempo. No se cómo van a reaccionar.
-Tienen muchísimas ganas de verte. También te han echado mucho de menos.
Tras estas palabras me relajé un poco. Cuando llegamos a la casa de Edward no pude evitar hacer una mueca de asombro. La mansión estaba más bonita que la última vez que la vi. En la puerta nos esperaba Alice.
-Corre Bella. Te están esperando.
Entré en la casa y allí estaban todos, de pie, esperándome, tal como había dicho Alice. Esme fue la primera que vino a abrazarme.
-Hola cariño. Como estás?
-Muy bien. Gracias Esme.
-Bienvenida de nuevo, Bella.
-Carlisle.
-¡Bella!
-Emmett-me vi envuelta en su gran abrazo de oso.
-Me alegro de que estés aquí. Desde que te fuiste todo a sido mucho más aburrido.
-Habrá que ponerse manos a la obra.
Me soltó y se alejó riendo a carcajadas. Me sentía cada vez mejor allí dentro y entonces recordé algo.
-Jasper.
-Hola Bella. Menos mal que has vuelto. Alice se había vuelto insoportable.
Todos estallaron en carcajadas, menos Alice que le dio un codazo al pobre Jasper.
-Me alegro de verte Bella-me giré hacia donde procedía esa voz.
-Yo también Rosalie. Ni te imaginas cuanto.
Rosalie me sonrió. Con ella todo había cambiado también. Aún era algo fría nuestra relación, pero ya había aceptado que iba a formar parte de su familia y había intentado ser amiga mía a toda costa. Y casi lo estaba consiguiendo.
Después de la bienvenida pasamos casi toda la mañana hablando. Tenía tanto que contarles. Gracias a Alice claro. Cerca del mediodía Edward me rescató y aunque hacía mucho frío fuimos a ver como estaba nuestro prado. Cuando llegué allí me di cuenta de que estaba incluso más hermoso que la última vez que lo vi.
-¿Está bonito, eh?-Edward me sacó de mi ensoñación.
-Sí.
Me giré a mirarle y vi que me miraba con un brillo pícaro en los ojos. Antes de que pudiera reaccionar, sus labios se juntaron con los míos como cuando lo hacían antes de...
Intenté separarme de él.
-Edward, aquí no!-le dije en cuanto sus labios se deslizaron hacia mi cuello.
- ¿Y por qué no?-dijo apartandose de mi.
-Pues porque hace frío aquí y además la hierba está mojada.
-Tú y yo sabemos que muy pronto entrarás en calor- ¿por qué tendría que sonreir así ?
-Pero, pero...
Fue lo último que consiguió salir de mis labios. Los suyos ya estaban sobre los míos y mi espalda sobre la hierba mojada. Tirité de frío. Pero mi cuerpo ardía. Edward sonrió contra la piel de mi cuello. Lo estaba consiguiendo. Mi voluntad apenas gritaba ya en mi cabeza. La boca de Edward ya descendía por mi vientre mientras sus manos desabrochaban los botones de mi blusa justo antes de que sus labios llegaran allí. Todo mi cuerpo tenía la piel de gallina y se estremecía de placer. Ya era imposible pararle. Entonces llegó al borde de mis pantalones y cuando pensé que empezaría a desabrocharlos se incorporó.
-No te voy a obligar a hacer algo que ahora no quieres hacer, Bella.
Al principio no fui capaz de decir nada. Me había quedado muda. Ahora que mi determinación ya había caído me decía aquello. Seguro que lo estaba haciendo aposta. Entonces por fin pude replicar.
-Pero serás, serás...
-¿Qué pasa ahora, Bella? Creía que tenías frío- Lo dijo con una adorable cara de desconcierto que amenazaba con hacer desaparecer la entereza que había conseguido reunir.
- Lo has hecho aposta!-le grité malumorada. Pero no estaba preparada para su reacción. Apenas me di cuenta de que se movía y cuando me quise dar cuenta la punta de nuestras narices se rozaba. Entonces esbozó esa sonrisa arrebatadora una vez más aquella tarde y me dijo con la voz más seductora que jamás había ultilizado: "Sí". Y volvió a besarme de una forma que hacía que me derritiera por dentro para luego incorporarse otra vez.
-¿Te apetece ir a pasear un poco por los alrededores?-me dijo animado por la perspectiva de caminar por el bosque junto a mi.
-No puedes hacerme estas cosas.
-¿El qué?-preguntó con una cara de incertidumbre.
-¡Dejarme a medias cuando sabes que has ganado! ¿Qué iba a ser si no? Algún día vas a matarme de un infarto.
-Vamos quejica-me tendió la mano mientras sonreía.
-Vale-se la estreché con gusto.
Cuando me levanté no se molestó en soltarme la mano, sino que me la estrechó más fuerte. Seguro que era para evitar que me cayera. ¿Por qué tendría que ser tan torpe? Salimos del claro y nos adentramos en el bosque. Al principio todo fue bien, pero como no podía ser de otra manera empecé a tropezar con todo lo que se me ponía delante. Suerte que estaba allí Edward para evitar que me diese de bruces contra el suelo más de una vez. Pero él no se contentaba con eso. Cada vez que tenía que ayudarme a mantener el equilibrio su mano se entretenía en alguna parte de mi cuerpo, acariciándome. Yo me giraba a mirarle, pero el simplemente esbozaba una sonrisa de felicidad con toques de diversión contenida. Era un cabrón, pero lo adoraba. Tenía que reconocer que me encantaba notar su mano recorriendo mi cuerpo. Había pasado mucho tiempo en el que prácticamente nos limitabamos a besos más bien esporádicos por temor a no poder contenerse. Pero el tiempo me había dado la razón y mantener tanto las distancias era una estupidez. Cuando ya llevabamos un rato andando en línea recta decidí romper el silencio.
-¿Me llevas a algún sitio en especial?
-Al camino.
-Oh.
-Ya sabes que está bastante lejos. ¿Para qué íbamos a caminar en dirección contraria? Hubieramos tardado mucho más tiempo. Y además yo sólo quería caminar contigo.
-Pero en realidad hubiera dado igual. Hubieramos podido correr también.
-Pero eso no hubiera sido tan divertido-dijo a punto de empezar a carcajearse.
Le miré con una mirada envenenada. A mi no me hacía ninguna gracia y eso él lo sabía. Pero le encantaba pincharme para hacerme enfadar. Eso le divertía todavía más. El próximo silencio fue él el encargado de romperlo.
-¿Sabes una cosa?-me dijo parandose en seco.
-¿Qué?-inquirí.
-Ya me he cansado de caminar y tú querías correr. Sube venga.
-Edward no hace falta.
-Sí que hace falta. Quiero descargar adrenalina.
-Está bien-le dije ensanchando mi sonrisa.
En cuanto me acomodé en su espalda salí disparado y una vez más disfruté de la sensación del aire golpeando mi cara a esa velocidad tan elevada. Hacía mucho tiempo que no corríamos, pues en la ciudad no salíamos mucho a lugares donde pudiéramos estar realmente solos. Los estudios no me dejaban mucho tiempo libre y Edward se empeñaba en que tenía que sacar buenas notas y siempre estaba pendiente de que me lo aprendiera todo. Pero ahora estábamos de vacaciones e iba a disfrutar todo lo que pudiera. Me abandoné a la fuerza del aire y dejé de pensar.
Cuando esa fuerza dejó de golpearme volví a la realidad. Edward me soltó y mis pies se posaron sobre el suelo. Se giró para verme mejor.
-¿Qué tal?
-Ha sido fantástico.
-¿En serio?-preguntó mientras se le iluminaba la cara.
-Ya te digo. Lo echaba de menos. Mucho.
-Vaya. Me sorprendes. Pensé que después de tanto tiempo volverías a marearte.
-Tonterías Edward. Me encanta correr contigo.
Subimos al coche cada vez de mejor humor. Nos estaba sentando bien esta escapada a Forks. En verano pensaba volver. Como siempre Edward cogía mi mano mientras conducía. Adoraba su tacto frío. No hablamos hasta que llegamos a mi casa.
-Bueno. Ya hemos llegado.
-Vendré a verte luego- me dijo mientras se inclinaba para besarme.
-Vale. Te estaré esperando-y esta vez me incliné yo para besarle.
-Hasta luego.
-Hasta luego.
.
.
.
Twilight (c) Stephenie Meyer
