¡Hola!
Primero que nada, quería agradecer enormemente a todas aquellas que dejaron sus reviews en mi primer capítulo. La verdad es que leerlos me puso tremendamente feliz y me motivaron a seguir escribiendo. ¡Gracias, gracias!
La realidad es que, como acabo de comenzar las clases, estoy con un poco menos de tiempo para escribir y, por lo tanto, les pido disculpas. Supongo que, de ahora en más, estaré actualizando cada semana y media, aproximadamente.
Dedico este cap a todas las lectoras, pero especialmente a: Ninna Black, Oceanne Bellamont, Sabaana, Holly90, silviota, Primrose Darcy, Gin-Kamelot, sailor mercuri, Xuem, LuSimioni y Candela Elizabeth, por sus palabras de aliento (:
Sin decir más, las dejo con el segundo capítulo y espero (¡ruego a Merlín!) que les agrade.
Saludos, una cereza púrpura y un abrazo de Draco,
Suun.
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Capítulo 2: Llamas
Caminó con sigilo detrás de la esbelta silueta oscura, que ahora desaparecía por una esquina. Durante un segundo, Hermione dudó sobre su comportamiento. ¿Qué estaba haciendo? ¿Había conseguido que Malfoy la dejara en paz y ahora iba tras él? Descartó rápidamente esos pensamientos: ella era una joven muy madura y, por lo tanto, debía actuar como tal. Tenía en su poder un objeto que le pertenecía al slytherin e iba a devolvérselo. Esbozó una sonrisa amarga al imaginar como se portaría el rubio de encontrarse en su lugar. Él no la buscaría para entregarle el libro; probablemente lo utilizaría para extorsionarla o simplemente irritarla. Algo que, evidentemente, el joven sabía hacer a la perfección.
Aminoró el paso al notar que estaba recorriendo un sector vedado del colegio y por el cual, ella sospechaba, los alumnos no tenían permiso de deambular. Era una zona cuyas aulas se encontraban en desuso y Hermione estaba segura de que se ganaría un gran castigo si la descubrían allí, considerando que ya había caído el sol. Recorrió su entorno con la mirada y un escalofrío le lamió la espalda al percibir lo tenebroso que se veía. Por esa razón, se detuvo y decidió que devolvería el libro a Malfoy en otro momento. Lo guardó bajo su túnica y se dio la vuelta para deshacer el largo trecho que había andado.
—Sería terriblemente inconveniente que Filch te encontrara aquí, ¿no, Granger? —el sonido de una voz metálica a sus espaldas la frenó en seco. Maldijo internamente y se volteó para enfrentar al dueño de esas palabras.
—¿Acaso no lo sería para ti, Malfoy? —cantó, sonando casi dulce.
Una sonrisa de lado relampagueó en el rostro del slytherin, que se hallaba a unos cuantos metros de la chica.
—¿Por qué me sigues, sabelotodo? Creí que no estabas de humor —siseó Draco, en un tono peligrosamente complacido. Sus ojos brillaban de un manera extraña, como los de una pantera que acecha a un cervatillo.
Hermione notó el fulgor oscuro en su mirada, pero no se dejó amedrentar.
—No te estaba siguiendo —dijo, con la barbilla apuntando al techo— Yo…—se interrumpió abruptamente, al ver al muchacho elevar una mano en el aire para silenciarla. Elevó las cejas con incredulidad y se preparó para aclararle que él no era quién para callarla.
—Lo último que necesito es que una sangresucia me acose, ¿entendido? —espetó él con desprecio. Luego sonrió burlonamente y la miró fijo— Porque eso es lo que estás haciendo, ¿verdad, Granger?
La chica retrocedió dos pasos al ver a Draco avanzar hacia ella. Intentó responderle con una frase que lo detuviera, pero enmudeció al notar que el chico había acortado la distancia hasta hacerla prácticamente ínfima. En realidad, aún no estaba lo suficientemente cerca como para invadir su espacio personal, pero con Malfoy era diferente. Cuanto más lejos, mejor. A pesar de la impresión que le causaba su proximidad, Hermione no iba a perder la partida. Por eso, decidió hacer uso de un arma infalible: le daría al slytherin una cucharada de su propia medicina.
El rubio se quedó de una pieza al escuchar a la chica lanzar una carcajada desdeñosa.
—¿Acosarte? —preguntó ella, divertida— ¿A ti? Sabes, Malfoy, tu imaginación no deja de sorprenderme —terminó ella, con una sonrisa felina dibujada en los labios.
Draco percibió una oscura sensación ascendiendo por su columna vertebral: un deseo irrefrenable que lo llamaba a aplastar y demoler la mueca de triunfo que exhibía el rostro de la joven.
—Puedo hacer cosas que te sorprenderían aún más, sangresucia —escupió, arrastrando las palabras. Ya había analizado la situación. El día había sido largo y él no estaba del mejor de los humores. Ahora se encontraba en un corredor vacío teniendo que soportar a Granger. Ella se lo había buscado; de hecho, lo había pedido a gritos. Se movió hacia ella con fingida delicadeza y la miró directo a los ojos.
Hermione oyó las palabras del muchacho y su respiración se aceleró. Una frase similar entonada de forma diferente hubiese sonado seductora, e incluso provocativa. Pero no como él la pronunció. Cada vocablo estaba cargado de una acidez tal que hacía que se le revolviera el estómago.
Draco sonrió. Bruscamente, la tomó por la muñeca con fuerza y la empujó contra la pared más cercana. La chica gimió al sentir el golpe de la fría piedra contra su fina espalda.
—¡¿Qué haces? —farfulló, intentando zafarse del agarre del joven.— ¡Suéltame, estúpido! —aulló.
—Sabes que no te convendría gritar, ¿verdad? —susurró él, despacio. Su voz destilaba veneno.
Hermione ahogó un chillido al sentir como Malfoy apretaba su muñeca. Completamente desconcertada, se empujó hacia delante con toda la energía de la que fue capaz, estrellándose contra el chico. Pero su esfuerzo no fue suficiente, ya que lo único que consiguió fue que el rubio la estampara con más rudeza contra el muro y se aplastara totalmente contra ella.
—¿Es que me tienes miedo, Granger? —al oír sus palabras, la gryffindor hundió su mirada en la del slytherin, fulminándolo.
—Nunca.
La atmósfera se había vuelto tan espesa que el silencio parecía absoluto. Dos jóvenes entablaban una guerra de miradas violenta, áspera, inacabable. Cualquiera hubiera jurado que lo que cada uno buscaba era prender en llamas a su rival.
La castaña se encontraba pegada a la pared, y su pecho subía y bajaba agitadamente. Había dejado de forcejear, pero estaba absolutamente furiosa.
—Eres un imbécil —exclamó, localizando su varita a unos centímetros, sobre el suelo. Debía haberse caído cuando él la empujó. En un arrebato de intrepidez, quiso alcanzar la que sobresalía de uno de los bolsillos delanteros del pantalón del rubio.
—No tienes ni la más remota idea de lo que este imbécil puede hacerte —la amenazó él, impidiéndoselo. Draco estaba disfrutando terriblemente ese momento. Tenía a Granger bajo sus garras, sin una comadreja o un cabeza rajada que la protegiese, completamente a su merced. Pero el placer que sentía no era uno jubiloso o alegre; se trataba de una satisfacción lóbrega y depredadora. Era extraño, pero ese efecto oscuro que la situación producía en él no le desagradaba, más bien lo turbaba y lo reducía a sus instintos. Sonrió complacido al observar a la chica contemplarlo, furibunda.
Entonces ocurrió. Fue inesperado, pero en cuestión de segundos el joven se encontraba a un metro de la castaña, con sus rodillas clavadas en el piso de piedra. Su mano derecha cubría su antebrazo izquierdo y docenas de maldiciones brotaban de sus labios. La manga de su impoluta camisa blanca comenzaba a teñirse de rojo, evidenciando la herida que la gryffindor había causado con sus propios dientes.
Hermione levantó su varita del suelo y miró al slytherin, despectivamente.
—De ningún modo vuelvas a subestimarme, Malfoy. Y jamás intentes tocarme de nuevo —dijo, con voz clara y peligrosa.
Luego se dio la vuelta y, sin lanzar una sola mirada atrás, se alejó por el pasillo en penumbras.
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¡Gracias por leer! Espero que les haya gustado. ¡Dejen reviews y recibirán por encomienda un Draco empaquetado! (:
