¡ Hola!, Estoy viva, después de mucho tiempo he vuelto para seguir este fic, la verdad es que no he tenido mucho tiempo para escribir, muchos problemas en casa, y bachillerato son una mala combinación. Gracias a las personas que me han dado el apoyo para hacer este fic más largo, aunque también estoy algo desilusionada, ya que ví que publicaron un fic con la misma trama que él mio… Pero bueno espero que lo disfruten ^^

Geisha:

Supuestamente las geishas, sólo trataban de dar la satisfacción a los hombres antes de la batalla, hacerles sentir cariño por si no volvían de la guerra, no se consideraban rameras en absoluto, el lema de la "encargada" Shihoin, era "una sonrisa vale que mil palabras para hacer feliz a alguien". En el caso de la pelinegra no era así, se sentía sucia, no se sentía querida, no tendría un hombre al que amar, una vida normal, sólo sabrían quien era porque trabajaba en aquel lugar. Las demás chicas no eran como ella, solían sonreír con el corazón en la mano, sabían complacer a los invitados con tan solo un " Hola señor, espero que se sienta cómodo", estaban destinadas a vivir así y lo acataban sin ningún problema.

El pelinaranja seguía observando aquella foto con curiosidad, una expresión fría, pero a la vez triste, eso no lo había visto en otras mujeres, de piel blanca como la nieve, cabello negro por los hombros y ojos grandes violáceos. Estaba intrigado por verla, por saber porque a todos les parecía divertida la situación.

- Kurosaki – la llamó la jefa del local con seriedad- Créeme que si quieres pasar tus últimos días en la sociedad de almas tranquilos, no deberías escoger a Rukia.

No podía comprender las palabras de aquella tan distinguida mujer, ¿ Es que acaso era un demonio esa tal Kuchiki Rukia, o qué?

- Lo he decidido, le he pagado, ahora sólo déjame a mí hacer lo que vea conveniente.

- Vaya Ichigo, hablas como todo un hombretón y ni siquiera lo eres – rió el pelirrojo burlándose de la hombría de su compañero, fue un golpe bajo para el joven soldado, aunque con un par de vasos de sake parecía que había olvidado el golpe bajo que le había causado.

- Eres un chico interesante, Ichigo Kurosaki – Yoruichi le miró con intensidad, sus palabras eran de lo más sinceras en aquel momento, sin duda hombres como él habría muy pero que muy pocos.

Él asintió y se levantó de su lugar, el ambiente en la habitación estaba demasiado cargado, y con aquellas copas de más era imposible respirar en condiciones, salió de allí caminando por los pasillos de aquella gran "mansión", estaba elaborada como si se tratase de una residencia de un clan, aunque ese lugar no era precisamente para tener una familia. Los suelos y puentes contrataban con la decoración tan minuciosamente lograda con dibujos tallados en las paredes. Se percató que la puerta del jardín se encontraba abierta. En aquel porche, se encontraba sentada la mujer que tanto había admirado en la foto. Llevaba un kimono azul eléctrico con leves estampados blancos, parecía que en él, estaba anocheciendo junto con pequeñas bolitas de nieve que empezaban a caer del cielo. Su piel también coincidía en la descripción de aquel paisaje, llevaba un moño que dejaba ver su nuca con claridad, era como si estuviera viendo a una muñeca humana. En el momento que tragó saliva ella se dio la vuelta su rostro de sorpresa cambió a enfado.

- Oe, ¿Quién eres? – frunció el ceño la morena, se levantó con rapidez esperaba que no fuera un enfermo que ya estaba pensando en cosas indecentes con solo mirarla.

- Enana, ten más respeto a la hora de hablar con los demás – correspondió a su ceño fruncido de la misma manera, ¿Cómo podía ser tan borde?, era gélida como la nieve tanto en carácter, como con su mirada, de cualquier forma se lo estaba transmitiendo.

- ¡¿A quién estas llamando enana? si has venido a insultarme ya puedes largarte.

- Te he elegido como acompañante, estúpida, así que podrías tratarme con más cariño – Sus miradas se encontraron, por un momento ella pareció alzar una ceja por un instante, y luego suspiró. Su mirada pareció entornarse de forma triste y dolorosa, se acercó a él sacudiendo su kimono.

- Así que era eso.., ¿Qué quieres que haga por ti? , ¿Quieres que me desnude? – dijo con una sonrisa irónica en sus labios, sabía perfectamente lo que quería un hombre cuando la elegía, era sólo disfrutar de su cuerpo, era lamentable, pero era la cruda realidad.

- ¿Tan fácil eres? – Comentó con seriedad desviando la mirada hacia otro lugar- Si de verdad no quieres hacer esto, da tu opinión al respecto.

La pelinegra parpadeó por unos momentos, ¿Aquel chico se preocupaba por ella?. Era realmente irónico que uno de sus clientes le dijera que expresara sus propios sentimientos, pero… era imposible, hacía tiempo que ella había perdido ese don de sentir.

- No seas tan amable conmigo, joven – sonrió levemente tomando su mano, no había conocido a ningún hombre como él era increíblemente extraño, pero a la vez le intrigaba.

- Llámame Ichigo – alzó su mano para entrelazarla con la suya. Para ella eso era algo nuevo, sentía un leve hormigueo en su mano y le miró sin entender, ¿Qué quería ese chico?

- Ven conmigo – tiró de ella haciéndola correr por aquellos largos pasillos.

La chica de pelo naranja sonreía, pudo ver con claridad como su "muñequita de porcelana", corría por los pasillos junto a aquel nuevo cliente. Masajeó el cuello de su acompañante con suavidad, relajando sus tensos músculos.

- Para ser un niño, está demasiado tenso.

- No soy un niño – contraatacó el chico de pelo blanquecino, tenía unos ojos azules turquesas muy profundos, y un carácter, que no era cada de dejar de fruncir su ceño, una persona interesante sin duda.- Te recuerdo que soy, Hitsugaya Toushiro, capitán de las fuerzas armadas del distrito del Seretei.

- Hai, hai, un niño con muchos recursos – rió ella por lo bajo, recibiendo una mirada amenazadora de aquel supuesto "hombre" – Dígame, que un capitán como usted esté aquí debe ser por algún motivo, ¿Qué es lo que realmente quiere?

- Veo que es una mujer con gran intuición – se dio la vuelta quedando enfrente de ella – La verdad estoy aquí por una misión, de un amigo que está de espía en el bando enemigo.

El corazón de Rangiku se aceleró, no entendía muy bien la razón pero estaba segura de que aquella noticia, haría estallar su corazón de emoción. Sirvió una taza de té a su pequeño acompañante, conforme bebió un sorbo, él estaba decidido a hablar.

- Tengo un mensaje para ti, de Ichimaru Gin.

- … ¡¿Está vivo! –gritó exaltada, hacía por lo menos cinco años que no había sabido nada de él, tras adentrarse en bando enemigo, se le dio por muerto, y acusado como traidor.

- Así es, es un gran amigo, hace poco recibí una carta de él, en la que me pedía que te dijese que estaba bien. En estos momentos se encuentra en el distrito 70, ten paciencia, volverá para hacerte su esposa.

- Muchas gracias capitán… no sabe lo feliz que me hace esta información.- El peliblanco pudo ver en su rostro aquellas lágrimas traviesas que escapaban de sus ojos, por instinto las limpió con la manga de su kimono y la tomó del mentón.

- Si tanto le amas, ¿Por qué trabajas aquí?

Rangiku guardó silencio por un momento, tragó saliva, y con seriedad, miró a su acompañante a los ojos.

- Estoy aquí… por un juramento…

Rukia tomó aire después de aquella gran carrera, se encontraban fuera de la mansión., en una explanada llena de nieve, dónde había muchos puestos de comida, de juegos para niños, de adivinación, etc.

- ¿Qué es este lugar? – comentó la chica asombrada.

- ¿ No lo sabes?, estos eventos se hacen mucho en navidad, hoy es el día a los ángeles, normalmente los niños y las mujeres encienden una vela en el que piden un deseo a su ángel. – dijo el pelinaranja tirando de ella, como esperaba, era un lugar en el que ella nunca había estado, en aquel ambiente se respiraba felicidad y armonía sentimientos que aquella mujer no tenía en su corazón en aquellos momentos.

- Eres todo un semental, descerebrado.

- ¿Semental?, perdona enana que sea considerado contigo. Aunque deberías saber que soy soldado y estas cosas son niñerías – tomó su mentón, la miraba de forma burlona, a lo que ella apartó la cara y comenzó a caminar por delante de él. Aun así se giró hacía él.

-¿Vienes o qué novato?

Ichigo frunció el ceño, le dio un pequeño golpe en la cabeza y siguió caminando como si nada, a vista de los demás parecían dos idiotas, o por lo menos ellos pensaban eso.

La pequeña festividad pareció alegrar a la joven, el concurso de té, las anillas para conseguir un peluche de un "horrendo" conejo , según el pelinaranja. La "salida" se había tornado de lo más divertida, hasta que los hombres que pasaban cerca de ellos dos se quedaban mirando a Rukia con perversión o susurrando cosas indecentes al verla en un lugar tan puro.

- Quiero volver ya, vámonos – comentó a modo de orden e indignación, odiaba ese tipo de comentarios, por ello no solía salir, si lo hacía era con alguna persona con bastante influencia como la encargada.

- Aún no has pedido tu deseo.

No creo en los ángeles ni en esas tonterías, las mujeres sucias como yo, no tienen derecho a soñar ni tener esperanzas. –estaba tremendamente afligida sin decir nada más salió corriendo de aquel lugar, no quería escuchar nada más. Ninguna tontería más…

- ¡Rukia!

No lo comprendía, su actitud era tremendamente extraña, ¿Qué pasaba por la mente de aquella menuda mujer?, ¿En qué consistía su dolor? No lo sabía pero estaba intrigado en saberlo, la siguió con rapidez no quería perderla de vista, sentía que le necesitaba…

Continuará: