Como prometí, aquí traigo la continuación del fic, como ya estoy de vacaciones podré actualizar más rápidamente, no de mes en mes, o de forma cuatrimestral como antes. Estoy muy contenta por los reviews que me habéis dejado. Muchas gracias, por vosotros me alegro a seguir este fic ^^

Geisha:

"Juramento". Esas palabras normalmente no solían tener validez en una mujer, y menos en una como ellas, aquellas "damas de compañía" , se consideraban sin determinación y orgullo, mujeres fáciles que su única función eran dar placer al caballero que pagara por ellas. Un juramento era algo que los hombres con todo su orgullo prometían, romper un juramento hecho por honor y lealtad podría significar la muerte y más entre varones. El peliblanco enarcó la ceja y miró a la pelinaranja, seguía con su mano en su mentón, tiró de ella un poco, quedándose a escasos centímetros de sus labios.

- Esa palabra es muy fuerte señorita, creo que no debería usarla – la miró con mayor intensidad no creía que un compromiso era abrirse a todo hombre que la deseara por su aspecto físico, era ridículo. – Un juramento, da felicidad, determinación, incluso si se trata de uno financiero puede convertirte en un distinguido capitán de la zona más prestigiosa del Seretei, no te hace ser una cualquiera.

Esas palabras le hicieron daño, sabía de sobra que un hombre que se creía superior a ella por haber nacido varón no la creería y menos si la menospreciaba de aquella manera, apartó su mano con brusquedad mirándole con rabia.

- Estás muy equivocado, chiquillo, yo tengo mi orgullo el cual defendería con uñas y dientes – dijo en un tono bastante grave para una mujer tan suave y dulce como solía aparentar – Al igual que mi corazón siempre ha sido de Gin a pesar de que lo utilice en contra de él.

- ¡ Eso es ilógico! – vociferó el chico levantándose, al parecer se había tensado de haber escuchado tanta estupidez junta- ¡ Jamás dejaría que mi mujer fuera tocada por otro hombre, antes la mataría!

- Le repito que tengo mis motivos para estar aquí – giró la cabeza mirando a otro lado, se cruzó de brazos con una expresión seria pero a la vez enfadada- Yo no dejo en la estacada a los míos.

- ¡¿A quien estás intentando proteger de esta manera?

-… A igual que el resto de mis compañeras … - tragó saliva, no quería revelar todo a un hombre que acababa de conocer, prefirió ser distante e indirecta en sus preguntas, antes de delatar sus propósitos.- Tratamos de defender y proteger a una pequeña muñeca de porcelana.

- ¿Por qué tanta insistencia por una chica como vosotras?, no puedo entender tus ideales, tus pensamientos, me parecen locuras descabelladas – se puso delante de ella haciendo que le mirara, una de las pocas cosas que odiaba ese "hombrecito" era que no le miraran a los ojos cuando le hablaban, aquello podía significar dos cosas: Que no tenía valor, o que eran todo mentiras.

- Un capitán como usted no tiene porque enterarse.

- Estoy muy descontento por el servicio que me has dado hoy- su cambio radical de tema, hizo que Rangiku le mirara con curiosidad, parecía sincero, su mirada buscaba con insistencia unas respuestas a sus preguntas. Estaba segura que con las pocas observaciones que tenía sobre el tema, habría elaborado una hipótesis de los sucesos errónea.

La chica sonrió, le gustaba el carácter de ese hombre, no era abierto a los demás, estaba segura, acarició su cabello blanco con cariño y le sonrió levemente.

- Me cae bien, capitán

Él parpadeó, era la primera vez en toda la conversación que no utilizaba un diminutivo para él refiriéndose a su aspecto físico y a su rostro aniñado. También sabía porque era gran amigo de Gin, seguramente estaría de acuerdo con ella, en que era una persona muy interesante, la cual merecía la pena tener al lado.

- No hemos nacido siendo unas "putas", como mucho de los hombres ricos piensan de nosotras, todas tenemos un pasado que nos ha llevado a estar aquí – la chica siguió hablando, antes de que él replicara de nuevo buscando otra respuesta a sus pesadas preguntas, soltó aquel gran moño que llevaba , dejando caer su largo pelo sobre sus hombros- Pero aun así, ella merece más que nosotras mismas nuestro apoyo, cuando pierdes, la familia, eres maltratada día a día a cambio de buscarte un poco de pan para llevarte a la boca, y aquel que piensas que es el hombre de tu vida, que quiere ayudarte, te hunde más, piensas " Este cuerpo es la aberración que me ha llevado a tener una vida miserable , todas las personas que han estado junto a mí sólo han sido para utilizarme, ¿Por qué yo no utilizo mi cuerpo contra los demás?. Seré de todos, pero mi corazón no será de nadie, ¿Así seré capaz de sonreír?"- Rangiku tragó saliva por unos instantes, su respiración pareció agitarse más de lo normal- Esas palabras.. fueron las que dijo Rukia cuando la conocí, por ello, sentí que debía protegerla a toda costa, no puedo contar nada más por el momento.

- Sabía que eras una gran persona, Gin será un miserable, pero siempre todo lo opuesto a él le hace vivir con luz en sus ojos, me marcho, corrijo lo que dije antes, ha sido una velada intrigante. – cuando colocó la espada en su cinto, dio un suave beso en la frente de la chica, realmente era fascinante saber que había mujeres que tenían un motivo para luchar, aquella historia le intrigaba, y terminaría por descubrirlo tarde o temprano.

La morena corrió hasta donde sus pies le dejaron, aquel kimono era incómodo para correr de aquella manera, había quedado malpuesto y arrugado, de su recogido varios cabellos traviesos se habían escapado y corrían por su rostro. Fue amainando el paso hasta tropezar con la raíz de un gran árbol de cerezo, se agarró a su tronco, recordando las miradas de los demás, ¿Tan despreciable era?, ¿Acaso por ello no merecía existir?. Fue descendiendo poco a poco hasta quedar tirada ante aquel árbol, estaba flaqueando y ella misma no se lo permitía, hacía mucho tiempo que había jurado no llorar , ni flaquear ante los comentarios de los demás, sin duda… seguía siendo una mujer débil que se dejaba influenciar por ellos, dio un golpe al suelo haciendo que la tez blanca de sus nudillos empezaran a sangrar…

- Maldita sea… maldita sea… -se repetía constantemente con angustia.

El pelinaranja consiguió alcanzarla, su respiración estaba algo agitada, seguirla desde la otra punta de la Soul Society, incluso para un soldado como él era cansado, pensaba gritarle, e insultarle por todas las tonterías que había dicho en aquel momento, pero verla así de destrozada, le dio un leve cosquilleo en el pecho, ¿Por qué parecía que estaba observando a una muñeca rota?.

- ¡ Mira todo lo que me has hecho correr enana! – dijo simulando estar bastante malhumorado.

- No te he… pedido que lo hagas, imbécil…- Su voz sonaba entrecortada, quizás estaba luchando contra si misma para no llorar

- No dejo a mi acompañante sola, ya que estoy con ella pienso protegerla.

Los ojos de la ojiazul se abrieron desmesuradamente, no esperaba aquellas palabras de aquel soldado novato con tanta seriedad y sinceridad en ellas, ¿ Es que acaso no sabía lo que decía el muy idiota?, ¿ o… tendría otra razón?. Frunció el ceño pasando de su emoción de sorpresa a enfado.

- ¿Tantas ganas tienes de acostarte conmigo?, ya veo, por eso intentas actuar como todo un señor, no tienes nada más que pedírmelo, soy tu acompañante ¿no? , me desnudare aquí mismo.- estaba dispuesta a terminar con ello cuanto antes, se desnudaría, se lo haría por no más de diez minutos y la dejaría sola, lo que necesitaba en aquel momento, llevo sus manos al lazo de su kimono deshaciendo con lentitud la moña que llevaba en el centro del pecho.

- Basta. – dijo a modo de orden. La chica le miró de forma incrédula su rostro se había endurecido con gran claridad.

- ¿Cómo dices?

- ¡Deja de una maldita vez de menospreciarte de esa manera!, ¡¿Acaso no ves que te estás hiriendo tu misma? – le gritó de forma dolorosa, la cogió de aquel lazo que estaba a medio deshacer y tiró de ella haciendo que se levantara, y la golpeó contra el árbol – Si hay algo que no quieres hacer simplemente di "no", joder.

- Soy una geisha mi deber es complacer de esa manera a mi cliente, que se descargue en mi es un honor – su tono de voz sonó frió, y su mirada se desviaba con lentitud, estaba dispuesta a empujarle y salir de allí, nadie le reprocharía perder el dinero de un cliente, total, ya había pasado más de una vez.

- No te creo, se que estás mintiendo su rostro se vuelve neutral cuando lo haces, ¿acaso quieres que me comporte como un cabrón?, ¿Quieres que manosee tu cuerpo y te lo haga aquí mismo?

Pensó en cruzar su mirada con la de ella para hacerle recapacitar, pero ella no se dejó , sólo se limitó a guardar silencio, esperaba que con ello la dejara marchar, por lo menos la dejaría tranquila a pesar de quedar mal con él, pero sólo eso le hizo enfadar más, tomó su rostro y sin pensarlo dos veces besó sus labios de forma apasionada, introduciendo su lengua en la boca de la joven chica. Se sobresaltó ante ello. ¿Iba a tomarle la palabra en aquel lugar?, por alguna razón que desconocía sintió miedo del arranque del chico, parecía ir muy enserio

- Va..vamos Rukia… - susurró sin dejar de acosar sus labios una y otra vez, sus piernas flaqueaban y leves gemidos salían de sus labios. Ichigo bajó una de sus manos hasta tocar su muslo con cierto descaro, no dejaba de mirarla conforme realizaba la acción. ¿por qué le hacía recordar al momento en que pensaba que su nii-sama había vuelto por ella?, ¿por qué sentía el miedo de ser violada por un desconocido?. Decidió apartarse pero él no se lo permitió, no la iba a dejar escapar.

- N…n…no , de..detente – dijo finalmente.

El pelinaranja sonrió complacido separandose de ella al instante, volvió a hacer la moña de su kimono y beso su frente.

- ¿Ves?, no es tan difícil, guarda tu cuerpo como si fuese un tesoro, no lo olvides, ser de todos no es tu felicidad.- se dio la vuelta , dándole la espalda, era hora de dejarla descansar por hoy, aunque realmente se sentía tremendamente nervioso, era su primer beso, y ya le había metido hasta la lengua… se sentía como un tremendo idiota, y sus mejillas lo demostraron encendiéndose hasta más no poder. Cogió aire intentando calmarse, por lo menos le había hecho recuperar aquella parte de determinación que le faltaba y eso le hacía sentir bastante complacido. – Por…por cierto

Se giró levemente, mirándola de reojo le tiró un pequeño y blandito conejo de peluche, que anteriormente habían ganado en ese pequeño festival

- Ese conejo feo, echaba de menos a su madre, pero la próxima vez que pague por ti no le traigas, quiero intimidad – sonrió, caminando sin mirar atrás, era lo mejor en aquel momento, ya había hecho demasiado. Rukia miró al peluche que había entre sus manos, no recapacitaba por lo que acababa de pasar, ¿todo eso lo había hecho por ella?,¡Era un gran estúpido!, pero… por alguna razón se sintió feliz, sonrió levemente acariciando al pequeño conejito.

Quizás yo también tenga derecho a pedir un deseo a mi ángel…