¡Han pasado milenios! No tengo excusa más allá de una vida deplorable y mucha falta de inspiración, así voy a pasar de dar explicaciones que no interesan a nadie, con vuestro permiso. Mejor os dejo el capítulo sin más, que, a fin de cuentas, es lo que interesa. Besos para todos,
Kira.
OoOoOoOoOoOoOoOoOoOoO
7 – Ocultación.
En los días que Logan pasó en el hospital, no hablé con Jess. ¿Para qué? Ya me sentía bastante mal por mi cuenta como para acentuarlo incluso más dedicándome a mantener relaciones platónicas ilícitas a espaldas de mi novio herido. De todas formas, nunca he sido buena actriz y mis dotes no mejoraron con la situación: llegaba por las mañanas temprano, antes incluso de que comenzase la hora de visita, y estaba con él hasta que ya no podía apurar más el tiempo y tenía que marcharme a clase, porque era más fácil actuar con tranquilidad si él estaba dormido. Sin embargo, Logan había sido cabezota respecto a lo de las visitas, no quería que perdiese ni un minuto de mi ajetreado tiempo en estar allí si cosas más importantes, como él las llamaba, reclamaban mi atención. Por otro lado, a mí tampoco me venía mal esa actitud: cada minuto con él me hacía sentir la persona más falsa y baja del cosmos, algo todavía peor si tenemos en cuenta que, encima, tenía que actuar con normalidad para no levantar sospechas.
Mamá se pasó por el hospital un par de veces para ver cómo iban las cosas, y Logan aprovechaba esas ocasiones para sacarme de su habitación y mandarme a la cafetería bajo la excusa de "Ya que tu madre está aquí y encima la enfermera tiene que venir a bañarme… No quiero que lo veas". Entonces nosotras nos íbamos a tomar un café a la calle de al lado y yo soportaba el escrutinio de los ojos maternos sobre mi persona.
- ¿Estás bien?
Removí un poco el café de mi taza y me encogí de hombros.
- Cansada.
- No, a ti te pasa algo más. Tienes la misma cara que tiene Jodie Foster cuando visita a Jack Nicholson en El silencio de los corderos.
- Genial, ya me siento mucho mejor.
- ¿Qué te pasa?
Mamá no iba a aprobar lo que tenía que contarle. Explicarle todo el asunto sólo iba a servir para hacerla cómplice de mi desgracia, y ella disimulaba todavía peor que yo, lo que era mucho decir. Así que no dije nada.
- Sólo estoy cansada, son muchas horas de hospital – tomé un trago largo de café y me levanté -. Voy al baño, vengo ahora.
En realidad sólo quería terminar ahí la conversación y estaba segura de que cuando regresase a la mesa podríamos sacar otro tema y distraernos un rato, aunque mis expectativas no se cumplieron como me habría gustado: mamá me estaba mirando como si fuese una bomba a punto de explotar. Al sentarme de nuevo, cogió el móvil que me había dejado sobre la mesa y me enseñó la llamada perdida de la pantalla.
- ¿Y que no te pase nada tiene algo que ver con que Jess Mariano haya decidido llamarte? – preguntó.
