¡Hola!, Aquí vuelvo con la continuación de este fic, espero que no os haya hecho esperar mucho y que la disfrutéis.

Geisha:

No podía dejar de pensar en los labios de aquella joven, cada roce le proporcionaba miles de sensaciones en el estómago, nunca había probado los labios de una mujer antes, pero sentía como si lo hubiese hecho siempre. Quería más e introdujo su lengua en su boca, la notó temblar entre sus brazos, esa pequeña sensación le hizo pensar que aquella chica era débil, trataba de ocultarse en una máscara de determinación, estaba seguro que tendría alguna razón, le habrían hecho mucho daño para que se menospreciara de aquella manera.

- Kurosaki.. – le llamó una voz a su lado, pero no le tomó demasiada importancia, seguía pensando en ella, diablos, ¿Por qué pensaba en ella de esa forma?, sólo debía pensar en ella como una dama de compañía más, su paño de lágrimas antes de irse a la guerra. – ¡Kurosaki, joder!

- Eres un pesado, Renji – logró decir el pelinaranja fuera de sus pensamientos, frunció el ceño, suponía que mientras pensaba habría puesto mil caras de confusión, ternura, vergüenza, esperaba que el pelirrojo no lo hubiera visto por mucho rato. - ¿Qué demonios quieres?

- Llevo aquí por lo menos una hora, viendo tus caras de idiota, venía a preguntarte como te fue con Rukia – sonrió levemente al pronunciar su nombre. Era extraño cuando Renji pronunciaba el nombre de una mujer, lo hacía de manera despectiva y con cierta ignorancia.

- Me da la impresión de que la conocías de antes, ¿Me equivoco? – su rostro pareció algo alterado ante su pregunta, pero había dado en el clavo, su compañero suspiró conforme asentía levemente, parecía que no iba a hablar del tema así como así.

- Es una conocida, no te preocupes, no pretendo quitarte a tu acompañante – El pelirrojo sonrió agarrándolo de forma brusca, no pretendía hacerle daño sólo meterse un poco con él, de forma amistosa como siempre solían hacer – Y si no te conociera diría que te gusta.

- No me gusta – contraatacó de forma seria, se lo quitó de encima dándole un pequeño golpe en el estómago, sacó su zanpakutô , y siguió entrenando en aquel dojo, debía estar en plena forma, en pocas semanas se iría, no quería atarse con nadie, porque si se ataba a alguien de aquella manera, si no.. no podría luchar con toda libertad por su nación, por la sociedad de almas… - Sólo me acostaré con ella y no hay más que hablar – Sintió que se estaba mintiendo así mismo, él mismo le había dicho a la morena que no pretendía tratarla así, que debía decir no, a lo que no quería, decir esas estupideces ahora le hacían sentir como un gran mentiroso. - ¿De qué la conoces?, nunca me había dicho que tenías una amiga geisha

El chico se separó de él levemente, pareció recordar algo por un momento pero simplemente, contraatacó el ataque al aire del pelinaranja para entrenar junto a él.

- No quiero hablar de eso. Rukia tiene un pasado bastante duro, en el que yo fui su amigo de la infancia.

El chico se quedo perplejo ante lo que había dicho, él provenía de una familia de alto rango, su padre Kurosaki Isshin, era uno de los capitanes más prestigiosos y conocido en el lugar, a pesar de sólo ser un novato, era un soldado gracias a él, y sus títulos. En cambio, Renji provenía de la zona más pobre de la sociedad de almas, nunca le había hablado de cómo llegó hasta allí, siempre intentó evitar el tema y dar todo en la batalla.

- Me gustaría saberlo.

- No voy a abrir la boca Kurosaki, si quieres saberlo pregúntaselo tu mismo.- El pelirrojo frunció el ceño, atacándole con su zanpakutô , el chico logró esquivarle con gran habilidad, dio un giro en el aire y apareció detrás de él, si hubiese sido un ataque real a un soldado enemigo, Abarai Renji, estaría muerto. – Sin duda, no esperaba menos del hijo de Isshin- dono.

- Renji.. – dijo en tono autoritario.

- Sòlo te voy a decir que ella fue adoptada por el clan Kuchiki unos años antes de que se extinguiera, y después…debido a diferentes causas decidió trabajar como geisha. –El chico tragó saliva y le miró con cierta expresión dolida – Rukia… es una persona que carga con todo el dolor en su pequeño cuerpo… es una gran persona aunque trabaje en ese lugar…

Por unos instantes Ichigo se quedó pensativo, por alguna extraña razón quería saber ese porque, ¿Qué le causaba tanto dolor a esa chica?

La "muñequita de porcelana" se encontraba en el jardín de aquella gran mansión donde solía trabajar, a pesar de estar en invierno los pequeños rayos del sol dañaban su tez blanca, se encontraba pensativa, lo único que tenía en su mente era aquel nuevo acompañante que había solicitado su compañía. Una parte de ella quería creerle y dejarse proteger, otra parte, le decía que volvía a ser una trampa, en la cual volvería a ser dañada sin ningún miramiento, todo estaba en su contra, sobretodo porque Kurosaki Ichigo era el vivo retrato de la persona que le hizo tanto daño, aquel moreno de ojos verdes que decía que la amaba, que le daría una buena vida..cuando se dio cuenta ya había tomado la decisión de ser de todo hombre que deseara su cuerpo…

- Kaien-dono… - suspiró la chica, unos leves copos de nieve caían sobre sus manos, no era normal en aquel lugar ver un día de sol, con una leve "lluvia" de nieve. Sin duda en aquellos momento no sabía que hacer. ¿Debía seguir sin importar la presencia de su nuevo acompañante?, ¿O debía dejarse proteger?, en su cabeza había un gran caos.

- Rukia – llamó sonriente la chica de pelo naranja sentándose a su lado, siempre su pequeña amiga actuaba distante con las demás, no por ello la dejaban de lado, es más para todas ellas, esa pequeña de tez blanca era como una niña a la que debían proteger.

- Oh.. Rangiku, no te había visto – sonrió levemente al ver a su compañera.

- ¿ Qué te parece el novato que tienes por acompañante?, debe actuar como un niño cuando está a tu lado.

La ojiazul frunció el ceño ante las palabras de la pelinaranja, ¿Actuaba como un niño?, a pocas horas de conocerle ya le había besado apasionadamente, y había tenido el descaro de manosear sus piernas, muy inocente sin duda, no le parecía.

- Es un chico extraño, no entiendo como piensa, ni lo que pretende.

Rangiku sonrió al ver la confusión en aquellas orbes violetas, abrazo a su amiga por la espalda, apoyando su cabeza en su hombro mirándola dulcemente, veía en ellos un pequeño brillo que jamás había visto en ella, la abrazó con más fuerza hasta tenerla en sus brazos como una pequeña muñeca.

- Sabes que odio que hagas esto – se quejó la morena mirándola de reojo, que actuaran de aquella forma tan cariñosa con ella le daba miedo, y su amiga lo sabía podía sentir temblar su cuerpo.

- No debes evitar el cariño de una amiga, que se alegra de que estés feliz por la presencia de ese chico.

- No lo estoy – dijo con rapidez mirando a otro lado.

- Tus ojos te delatan Kia-chan.- Recordaba a la perfección cuando la conoció por primera vez, hacía pocos meses que había llegado a aquel burdel a manos de Shihoin Yoruichi.

Era un 24 de diciembre si mal no recordaba, las chicas celebraran la navidad, regalándose pequeños detalles que habían elaborado en sus ratos libres. Un día como éste apenas tenían clientes, sólo vendrá uno o dos rezagados para buscar cariño en una noche como esa.

- Matsumoto- san, no sabía que sabías hacer unas pulseras tan hermosas – sonrió Hinamori regalándole una pulsera con pequeños cascabeles, cada movimiento de muñeca los hacía ti tintinear de forma melodiosa y dulce.

- Muchísimas gracias, Hinamori, creo que hoy todas tendremos un motivo por el que sonreir.

La morena negó rápidamente y señaló a la chica de tez blanca que era perseguida por Soi Fong.

- La señorita Soi Fong, no parece muy contenta, Yoruichi- dono tenía como cliente a Kisuke y la señorita sólo la persigue. – sonrió levemente mientras veía la divertida escena. La chica de largas trenzas se aferraba a la espalda de su "señora", mientras que ella tiraba con fuerza hacia la habitación junto a su cliente, que miraba la escena divertido.

- Pobre mujer, nunca entenderá las negativas de Yoruichi-san – sonrió la pelinaranja divertida.

Las campanas del lugar comenzaban a sonar, se acercaba la medianoche, pronto podrían bendecir aquel día, ir al templo y hacer unas oraciones antes que las demás personas llegaran.

A las 12, cuando la última campana sonó, la puerta de la "mansión Yoruichi", los golpes eran de forma desesperada, paraban y seguían con cierta determinación.

- Voy a abrir, quizás sea algún cliente borracho que quiera un poco de tranquilidad – la pelinaranja suspiró odiaba esos trabajos sin hora aparente, esperaba que nada más dejarle pasar, se dormiría en sus brazos y podría irse a comer un poco de pastel que había preparado la dueña, pero lo que esperaba encontrar no estaba enfrente de ella. Se encontraba delante de ella una chica con un kimono blanco rasgado, sus manos se abrazaban así misma, y poseía un collar de hierro en su cuello, las partes de su cuerpo que se podían ver estaban llenas de moratones, sus ojos no tenían ningún brillo, pero se podía sentir miedo en ella. – Estas herida… ¿Qué te ha pasado? – dirigió su miraba a sus pies estaban descalzos sobre la fría nieve, morados y enrojecidos a la vez por la fría nieve y todos los ataques que había recibido en ellos a causa de cortes.

- Me persiguen.. necesito cobijo..por favor.. – susurró la chica mirando a todos lados asustada.

- Pasa, rápido, necesitas un baño y debemos atender tus heridas cuanto antes.

La chica calló de rodillas cuando se sintió aliviada, parecía una muñeca sin vida, la cual necesitaba cuerda para moverse libremente, Rangiku la atendió con suma delicadeza, la morena no puso ninguna pega cuando le quitó el kimono y la metía con delicadeza en la bañera, su mirada estaba perdida no reaccionaba para nada.

- Madre mía..¿qué te han hecho? – podía notar conforme pasaba una suave esponja por su cuerpo las heridas por todo él los cambios de color de su piel a causa de los moratones, era tremendamente horrible, y encima no podía quitarle aquel collar de hierro enrojecido, necesitaba una llave especial.

- ¿Rangiku?, pensábamos que algún hombre te habría violado yo – dijo divertida Yoruichi entrando en su habitación, se quedó perpleja al ver la espalda de la chica, marcada por unas alas de mariposa en su espalda, estaban recién hechas, ya que no dejaban de sangrar. - ¿Rukia Kuchiki?

- ¿La conoces?

- Sí, no esperaba que todos los rumores que había oído de ella fueran verdad, pobre chica.. le diré a Kisuke que mañana a primera hora me traiga la llave para ese collar, una mujer no debería ser tratada como un perro - se quejó la dueña al acercarse a ella, ayudándola a ponerse uno de los kimonos de la pelinaranja.

- ¿Qué haremos con ella? – preguntó la joven de gran pecho, buscando una respuesta en la mirada de su dueña.

-Que..quedarme – dijo ella en un hilo de voz, ambas chicas se miraron sin entender bien su respuesta.

- Quedarte supone trabajar como nosotras, esto no es un hotel, no podemos dejar que se quede cualquiera, aunque estés en apuros - Yoruichi comprendió sus palabras y le respondió con gran determinación, si la gente se enteraba que la tenían escondida, serían capaces de decapitarlas a todas por ocultar a alguien tan importante.

- Estás siendo cruel, Yoruichi- dono…

- Tra..trabjaré- volvió a responder en una respuesta corta.

- Chibi-chan, ¿Sabés lo que eso significa?, somos geishas, estar aquí supone atender a los hombres – la miró con seriedad la pelinaranja, esperaba que pensara su respuesta con tranquilidad, no le recomendaba ese mundo a una chica tan joven.

- Este cuerpo es la aberración que me ha llevado a tener una vida miserable , todas las personas que han estado junto a mí sólo han sido para utilizarme, ¿Por qué yo no utilizo mi cuerpo contra los demás?. Seré de todos, pero mi corazón no será de nadie, ¿Así seré capaz de sonreír, verdad? – sonrió levemente y con cierta nostalgia.

Rangiku no pudo evitar abrazarle, y llorar en su hombro, ¿Qué le habría pasado a una niña tan hermosa?, ¿Qué culpa cargaba?, no lo sabía pero quería protegerla a toda costa…

- Pronto se irá, cuando lo haga no podrás decirle que te agrada su compañía – volvió a mirarla, por un momento volvió a aquel momento que tanto la había unido a ella.

- No me saques más el tema por favor, se que se tiene que ir, no me voy a unir a nadie, ya aprendí la lección enamorarse significa sufrir, tu misma me viste en aquel entonces – suspiró la chica, debía tomar la decisión cuanto antes, decidiría seguir con su trabajo, sin pensar en ese hombre de nuevo, no quería más recuerdos dolorosos del pasado, esta vez sería más lista que el amor.

- Creo que te estas mintiendo a tí misma, Chibi-chan, tendremos esta conversación cuando él ya no esté, ya lo verás – sonrió la pelinaranja dándole un suave beso en la frente, no quería agobiarla, pero era el momento en el que ella siguiera adelante, había pasado más de un año, necesitaba una persona que le quitara ese dolor, que la protegiese..y ese sólo podía ser él…

Continuará:

Y hasta aquí otro capítulo más, ¿Qué os ha aparecido?

Espero vuestros reviews =)

Ja ne~

Rukia Kurosaki-chan.~