Hello minna, aquí vuelvo con otro capítulo de Geisha, viene cargadito con IchiRuki, espero que os guste:

No entendía porque, nunca había tenido vergüenza de que la encontraran de aquellas maneras tan "indignas", no le importaba ser considerada acompañante, prostituta o lo que fuese, pero… la mirada de Ichigo hacía que algo dentro de ella se rompiese, le dolía demasiado el pecho cuando aquellos ojos marrones la miraban con seriedad y con cierta indignación, no pudo evitar desviar la mirada, quería que se largara de allí cuanto antes.

- Eh, imbécil, ¿ No ves que me la estoy tirando yo? – la mirada de Kira parecía asesina, pero por ello no dejaba de colar sus manos por el cuerpo de la morena, indignándola más, y más, intentaba no gemir, en aquel momento tan tenso no era lo conveniente, pero no podía evitar gruñir al morderse el labio para no desprender aquel sonido…

- Apártate. – ordenó Ichigo con seriedad, le miraba de arriba abajo, sin duda lo había visto en alguna ocasión, en alguno de los reconocimientos tal vez, no le agradaba en absoluto la mirada de diversión que le proporcionaba a la chica, era repugnante.

- ¿ Por qué debería?, yo he pagado por ella, y un crío de papá como tu, no debería estar aquí, podría llegar a oídos del capitán

- Eso no es asunto tuyo – contraatacó él cogiendo del brazo de la morena y tirando de ella con brusquedad, en aquel momento no estaba para controlar su fuerza, se podía ver enfurecido y ella se asombró de ver a un tipo tan ingenuo como él de aquella manera – Es mi chica, yo he pagado por tenerla sólo yo, así que si tienes alguna queja podemos hablar con la jefa, no tengo ningún inconveniente.

- Tsk, veo que tengo las de perder, no importa esta ramera te la dejo para ti – susurró con cierto recelo y enfado, dirigió una mirada rápida a Rukia , no pudo evitar esbozar aquella sonrisa, que hizo que se le erizara la piel. – Ya has oído mis palabras Rukia-san, estoy segura que ya sabes que debes hacer…

El joven salió de la habitación cerrando aquella puerta con gran brusquedad, pretendía meterle miedo y había conseguido ponerle los pelos de punta, no quería aquel sentimiento de terror de nuevo, otra vez no, tragó saliva intentando volver a la realidad.

- ¿ D… De que vas, niñato? - formuló ella temblorosa, odiaba aquellas escenas heroicas, le recordaban demasiado a su primer encuentro con Kaien, sabía de sobra que podía defenderse ella sola, no necesitaba de ningún hombre que fuera aquel héroe de leyendas y mitos – Suéltame.

- Así me agradeces que haya parado a ese tío de tocar tu cuerpo, ¡ Te habría violado imbécil! – su agarre se hizo más fuerte haciendo que ella soltara un pequeño gemido mirando a otro lado, no estaba dispuesta a cruzarse con aquella mirada de indignación.

- Con mi cuerpo yo hago lo que deseo, ¡ No es asunto tuyo! – gritó con fuerza intentando soltarse de nuevo de su agarre, pero sólo había conseguido que el pelinaranja se irritara aún más.

- ¡ Claro que es asunto mío! – la estampó contra la pared con fuerza acercandose amenazante a su cuerpo , quería que la mirara, que esos ojos azules/violáceos se encontraran con los suyos, si era verdad que utilizaría su cuerpo, no le importaría mirarle , sin embargo ella no lo hacía ni pretendía hacerlo. - ¡Yo he pagado por tu cuerpo, me pertenece!, ¡ No quiero que ningún hombre lo vea, ni lo utilice a su antojo!

- Es lo que merece este maldito cuerpo, que sea de todos, para que no vean ningún brillo en él – dijo con seriedad.

- Te menosprecias delante de todos, y no lo mereces Rukia Kuchiki, ¡No lo mereces!. –Se tenía que haber mordido la lengua antes de hablar, al mirarla de nuevo, ella se había dignado a mirarle a los ojos con cierto asombro, seguro que se preguntaba como lo sabía, y si se lo preguntaba sabría algo nuevo que no quería saber.

- …, por favor suéltame- susurró en un hilo de voz , el pelinaranja no pudo evitarlo y la soltó, había dejado sus pequeñas muñecas enrojecidas, había actuado de manera temeraria, como nunca había hecho, ni siquiera cuando su madre fue asesinada actuó tan descabelladamente…

La siguió con la mirada, parecía algo ida, se aferraba a lo poco que le quedaba de su yukata, lo que veía ante él no era una geisha, una ramera, o una acompañante, si no una mujer. Una mujer asustada que había sido engañada. No podía explicarse porque sentía aquella necesidad de decirle "Yo estoy aquí", "Puedes confiar en mí", pero.. ¿Por qué no le salían aquella palabras de sus labios?... No lo podía comprender…

Desde fuera, las demás compañeras habían oído los gritos que se habían ocasionado en la habitación de la morena, incluso ante la incomodidad del momento algunos hombres habían decidido marcharse, pensaban que era un marido que había descubierto la infidelidad de su esposa, o cualquier muchas cosas que les hacían huir.

- Yoruichi-sama – susurró SoiFong, ayudándola a ponerse el obi de su kimono. - ¿Cree que debería actuar?, es posible que esa Kuchiki no pueda con ese hombre.

- No sabía que te preocupabas tanto de los demás, SoiFong – sonrió la morena acariciando el pelo de su compañera y mirando al silencio en el que se encontraba aquella habitación en ese momento.

- ¡ No me preocupo, y menos de una Kuchiki! – gritó enfadada cruzándose de brazos y bufando sus mejillas como si se tratase de una niña pequeña.

- Ese chico, es más habil que nosotras, al igual que nosotras dominamos las artes de la seducción el domina las artes, pero del corazón. – sonrió despreocupada caminando por el pasillo – No creo que tengamos ningún problema con Kurosaki, así que vamos a tomar un té.

- Claro mi señora – sonrió la chica, echando un último vistazo a la habitación, pero volvió a sus pensamientos al ver como su ama le tiraba una pequeña horquilla para hacerla volver a la realidad, y la siguió sin mirar atrás.

- Rukia … - susurró el chico con cautela, acercándose poco a poco a ella, era como un perrito abandonado, estaba asustada y triste, un movimiento brusco la haría huir y no era aquello lo que quería.

- Vete, estás demasiado encima de mí, me ahogas, quiero mi espacio, mi soledad…

- Mientes muy mal – suspiró él, ver a la verdadera morena era como ver a una muñeca de porcelana en todo su esplendor, con aquella mirada triste y nostálgica, como muchas de ellas eran fabricadas, con aquella tez tan blanca como la leche, era una belleza, sin duda, y llevaba una carga muy pesada en aquellos pequeños hombros…- Escúchame, sé que no me vas a contar tu pasado, que no quieres compartir tu dolor conmigo, sé que cuando llegue el momento y tengas confianza en mí, hasta entonces, déjame aliviar tu dolor – tomó su mano con delicadeza, y la besó con suavidad.

- ¿Qué pretendes?, ¿Ser mi cliente?

- No, quiero ser un amigo en el que necesitas desahogarte, si cargar con todo eso, morirás muy joven, y no quiero que mueras. – sonrió levemente extendiendo su otra mano dándole aquella oportunidad. Sentía un calor en el pecho, hacía tiempo que no veía a alguien abrir sus brazos con tanta seriedad como él, quería comprenderla, y ella, deseaba descansar su mente sólo por una vez…

Tomó su otra mano con suavidad, y él tiró de ella acariciando sus mejillas con suavidad, al tenerla tan cerca podía notar que la envolvía un dulce olor a jazmín, que no pudo percibir con anterioridad.

- Me recuerdas tanto a mí, Rukia, tan perdida, tanto dolor … - Ichigo atrapó sus labios con suavidad, los tuvo sobre los suyos durante un rato hasta que ella los aceptó moviéndose con dulzura sobre los suyos. No sabía que era aquella delicadeza y suavidad , jamás lo había notado en otra persona, es más pocas personas se habían atrevido a besar sus labios a la primera, no todos se dedicaban a mimarla, sólo a descargarse en ella y darle algunas monedas de oro.

El beso se hacía más intenso, el pelinaranja se atrevió a introducir su inexperta lengua en la boca de ella, se podía notar que era novato, no tenía una gran coordinación, pero esa sensación agradable seguía ahí, no se iba. Con ayuda de la lengua de la morena, él tomaba experiencia con rapidez , conseguía arrancarle gemidos de su garganta.

- ¿Estás más tranquila? – susurró él recuperando el aire.

- ¿Por qué haces esto? – le miró sin comprender, la confusión se podía ver en sus grandes orbes azules.

- Yo…, no puedo explicarlo – sus mejillas se sonrojaron levemente, mirando hacia el suelo, ni el mismo entendía como quería hacer todo aquello, la conocía desde casi un mes, y en lo único que había pensado en como sería si ella sonriera, si fuera más feliz, si mostrara su carácter fuerte y gélido, quería ver muchas cosas en ella, muchísimas. – Por alguna razón que desconozco quiero hacerte feliz, prometo que te haré feliz Rukia.

- Eres un gran descerebrado – sonrió ella levemente rodeando sus manos alrededor de su cuello, le besó de manera traviesa y apasionada, aquel sentimiento y emociones, hacían que la temperatura en él subiera de forma rápida.

Ichigo la sentó en sus piernas, dejó caer por completo aquel kimono que llevaba, como había imaginado era terriblemente hermosa, todo era increíble en ella, absolutamente todo, besó su cuello hasta llegar a mordisquearlo con ansiedad, estaba llegando a la conclusión de que la deseaba, la deseaba demasiado. Sus gemidos eran como música que le hacían extasiarle más, sus manos recorrían su cuerpo con suavidad. Cuando se toparon con sus pechos los palpó y masajeó, se sonrojó no podía creer lo que estaba haciendo jamás pensaría que terminaría a su corta edad, tocando los pechos de una mujer. Su cuerpo reaccionaba sólo como si supiera que debía hacer, los besó, y mordisqueó, buscando más sensaciones nuevas que desconocía.

Rukia arqueaba su espalda ante sus caricias, le costaba mucho quedarse erguida ante su pequeña degustación. El pelinaranja volvió a degustar a sus labios, se había convertido en una especie de adicción para él, eran suaves y le hacían sentir tan bien… Sus manos descendían por su cuerpo, hasta encontrarse con su intimidad, metió uno de sus dedos en ella, haciéndola gemir, notaba leves descargas en ella, la hacían cabalgar sobre su mano, conforme metía dos, e incluso tres dedos, ella se extasiaba más. El pelinaranja notaba como sus pliegues se contraían , hasta que sintió que su mano se mojaba del flujo que procedía de ella, lo llevó a sus labios, saboreándolo, le parecía tremendamente deliciosa, quería seguir probándola, aún más, cuando llevó sus manos a su propio kimono ella le detuvo.

- Es..espera – susurró ella intentando contener su respiración – N… no es justo que sólo me des placer a mí, eres tú quien no ha disfrutado de esto nunca…, tómalo como parte de mi agradecimiento..

La ojiazul desató su kimono dejándolo caer, no esperaba que un joven flacucho como él tuviera esos pectorales. Sus besos fueron descendiendo de forma juguetona por su cuello, dejándole leves marcas en él, lamió aquel torso desnudo que tanto le había llamado la atención, los masajeó y lamió descendiendo hasta su intimidad, estaba bastante abultada, como era de esperar. El pelinaranja se tensó al notar su mano en aquella zona de él, tragó saliva algo nervioso.

- ¿Qué se supone…, que vas a hacer? – susurró de manera entrecortada.

- Sólo déjate llevar.

Rukia comenzó a masajear su miembro con una de sus pequeñas manos, como era de esperarse Ichigo gemía extasiado, aquella sensación le hacía sentirse en otro mundo podía verla acariciarle con rapidez haciendo leves círculos en su glande, moviendo sus dedos como si se tratasen de una danza sobre él, jamás había tenido la necesidad de tocarse, pero por su culpa ella sería la protagonista de sus próximas fantasías. Sentía que dentro de poco todo, se derramaría sobre ella, no podría aguantarlo mucho tiempo más. Y aquella señal fue cuando la morena lamió la punta de su miembro. Reventaría si no lo hacía cuanto antes, sin más preámbulos, la tumbó en el suelo con rapidez, y entró en ella con rapidez, era una sensación muy agradable, sobre todo cuando había conseguido derramar su esencia en ella.

Ichigo tomó un poco de aire y se movió dentro de ella con suavidad, sus largas piernas rodeaban sus caderas, y sus manos se agarraban a su pelo naranja, gemía a su oído y ello le excitaba cada vez más, se movió con más rapidez en ella, haciendo que diera pequeños saltos sobre él, podía ver su excitación sus mejillas estaban sonrojadas y pequeñas lágrimas había en sus ojos que se encontraban cerrados en aquel momento de concentración. Volvió a notar aquella presión en su miembro, los pliegues de Rukia volvían a contraerse dándole el fin a aquella maravillosa sensación.

- I..Ichigo yo..

- ¡Ah!..., no digas nada…, sólo olvida todo tu dolor – En el último momento sellaron su último gemido uniendo sus labios por última vez, antes de caer rendidos. La morena cayó sobre sus reconfortantes brazos, sólo aquella vez, deseaba compartir cama con un hombre durante toda la noche…

Cuando sus ojos se abrieron a mitad de la noche, le encontró junto a ella, sin duda parecía un niño pequeño cansado tras jugar durante toda la tarde, acarició su cabello con cierto cariño, quizás el..¿Sería su salvación?...

La puerta de su habitación se abrió levemente, pudo percibir con rapidez los cabellos naranjas de su compañera mirándoles con diversión.

- Soys muy tiernos – susurró haciendo una pose adorable que hizo sonrojar a Rukia.

- Cállate…, ¿Cuánto tiempo llevas ahí?

- "Sólo olvida tu dolor", que mono el pequeño Kurosaki - sonrió divertida la chica, aunque su sonrisa desapareció al instante – Lástima que se tenga que ir pronto.

- ¿Qué quieres decir? – la miró sin entender, acarició el cabello de él con suavidad

- Se va a la batalla pasado mañana, un capitán cliente mío me lo dijo.

- No puede ser…

Continuará: