He vuelto (Esta vez más pronto que nunca ¿no?), al ver que la continuación arrasó tanto, he decidido publicar el siguiente capitulo pronto (Además estoy enferma, y lo único que me entretiene es escribir). Espero que la disfrutéis.

Abrió los ojos pesadamente, no recordaba muy bien donde estaba, se vio en una habitación, y no, no era la suya. Aquella habitación era incluso más tradicional que la suya, el tatami era de un color violáceo y los pocos muebles que habían en ella eran de madera, un tono roble, que contrastaba con el suelo.

- ¿Dónde demonios…? – cuando fue a levantarse se percató de su desnudez, millones de imágenes, gemidos y escenas venían a su mente, haciendo que se sonrojara, como cuando un niño había echo algo vergonzoso. - ¿Rukia?- miró a su lado, pero sólo pudo ver la forma del futón, dónde había estado acostada la chica, ¿Quizás lo había hecho mal?, fue lo primero que pensó al no verla con él. Según sus compañeros cuando te levantabas sólo al día siguiente, tendrías que ser pésimo en la cama…

Aquello le hizo tragar saliva, tomó su kimono negro del suelo, dónde la morena lo había arrojado la noche anterior y se lo puso con rapidez, no le importaba estar despeinado, ni que se vieran las marcas de su cuello, lo primero que quería era verla. Abrió la puerta de la habitación, por los pasillos no había mucho movimiento, al parecer era más de mediodía, ¿Tan rendido había terminado?.

- ¡Oi! - gritó el chico al ver a una joven de moño conocida, sin duda la había visto la primera vez que pisó el burdel, aquella chica si no se equivocaba les sirvió las botellas de sake – Perdona, tú eres Hinamori-san, ¿no es así?

- ¡ Tú eres el chico que venía a estrenarse! – le sonrió, aunque su boca fue tapada con rapidez, el comentario había sido tan audible que algunos hombres que pasaban por allíse reían de su ex virginidad.

- Me llamo Ichigo, prefiero que me llames así, antes de que me digas chico virgen o algo así – frunció el ceño, dejando caer la mano que tapaba la boca de la joven, que sonreía haciendo reverencias de disculpa - ¿Por qué hay tan poca gente?

- Es la hora de comer, aparte de comeros a nuestro personal, supongo que los clientes también deben comer comida – dijo de manera mordaz, siguiendo su camino sin esperar al atolondrado chico - ¿Y tú que haces por aquí?, no sueles venir a estas horas por lo que sé.

- Bueno…, buscaba a Rukia, no la he visto desde anoche…

Hinamori sonrió perspicaz dando a entender lo sucedido, además de que el aspecto del joven le aclaraba todo, no era muy difícil saber lo que habrían discutido aquellos dos y más por la noche.

- La he visto salir esta mañana, supongo que ya estará comiendo con las demás, creo que no tenía trabajo.

- Llévame hasta allí – comentó con seriedad, ¿Adónde habría ido por la mañana?, ¿Acaso no estaba cansada después del "traqueteo", de la noche anterior?, ¿Habría estado con algún hombre?. Miles de preguntas le asaltaban la mente, pero no pronunció ni una palabra, sólo se dejó guiar por la morena, pronto la vería y eso le calmaba en cierta manera, esperaba que no estuviera enfadada, por alguna razón no tenía ganas de discutir.

- Le diré que salga, aquí es donde solemos comer todas las mujeres, no creo que sea buena idea que entres porque sí. – abrió la puerta corredera del salón, pero antes de poder asegurarse de que el pelinaranja se quedaba quieto, él ya había entrado en el salón, dónde se encontró con todas las chicas, con kimonos bastantes sueltos, que dejaban ver un poco más del pecho, del hombro, o era demasiado corto, hablaban animadamente y comían como si estuvieran en una tipo de excursión, que pronto se acabó cuando le vieron entrar.

- Kuchiki, aquí tienes a tu chico – comentó una desde lejos.

- Es como un osito de peluche, yo también quiero probarlo una noche. Nee, Rukia-chan, déjamelo – sonrió otra relamiéndose al ver al chico caminar cerca de ellas. La ojiazul prefirió hacer oídos sordos antes los comentarios de las demás, quería aprovechar su comida sin ningún inconveniente, pero se ve que ese pequeño inconveniente había entrado por la puerta.

- Tiene mirada adictiva, alo mejor quiere proponerte algo formal – susurró Rangiku a su oído. Aquello era lo último que quería oír en aquellos momentos, su cuenco de arroz hizo un gran estruendo, lo dejó con suma brusquedad, haciendo que las demás se callaran, a continuación cogió al chico del kimono y lo arrastró fuera del salón.

- ¡Enana, suéltame, sé caminar por mí mismo! – gritó él mientras dejaban atrás a las demás. No veía ningún sitio seguro para hablar con él, así que optó por el lugar donde se habían conocido, aquel porche, donde aquella vez estaba sentada.

- ¿Qué haces aún aquí?, lárgate estarán preocupados por ti – dijo con frialdad, cruzándose de brazos, quería tener la mínima conversación con él, se sentía angustiada y nerviosa por haberse acostado con él, pero también estaba dolida, la había utilizado como si fuera una geisha más, no entendía porque, pero unas ilusiones que había dentro de ella, se habían roto, cuando se enteró por la pelinaranja, que se marchaba.

- Pensaba que cuando despertara estarías junto a mí, pero veo que eres muy cobarde para eso.

- ¿¡Cómo has dicho, imbécil? – gritó mirándole sorprendida, ¿Qué se pensaba ese estúpido?, ¿Qué le tenía miedo?, sin duda no se había revisado la cabeza desde anoche.– Yo no tengo miedo de nadie, y menos de ti.

¿Por qué demonios tenía que ser tan orgullosa?. Se suponía que las geishas estaban para satisfacer a los hombres, ser sumisas para ellos, pero Rukia era la oveja negra de todas ellas, sin duda, la cogió del brazo apoyándola en el porche, había conseguido tumbarla en aquel lugar, había descubierto como usar su fuerza para imponerse y poder atraparla, algo que parecía que a la chica le molestaba.

- Deberías darte prisa, te estarán esperando.

- ¿Por qué estás siendo tan fría conmigo?, ¿acaso es por lo de anoche? – quería saberlo cuanto antes, aunque si su enfado procedía de ahí, sin duda se deprimiría y no trataría de tocarla de nuevo

- Mañana te marchas a la guerra, ¿no es así?, no tienes porque estar aquí, has conseguido perder tu virginidad, ya no tienes nada que hacer aquí.

El pelinaranja la soltó inmediatamente, no esperaba que el día llegara tan pronto, quería llevarla a muchos lugares, su meta era conseguir hacer que se sintiera viva para cuando se marchara, y no le había dado tiempo a ni siquiera empezar…

- Cierto…, te pagaré enseguida – sacó de su kimono una bolsa con monedas de oro, era bastante pesado, habría bastante dinero para pagarle los servicios de la noche anterior, y todo terminaría ahí. Extendió la bolsa hacia ella conforme se incorporaba, su mirada era de reproche, y en cierta manera de dolor.

- ¿Por qué me tuviste que elegir a mí, imbécil?... – tiró la bolsa de dinero de su mano y le miró con indignación - ¡No quiero tu maldito dinero!

La morena le dio la espalda debía contener sus sentimientos, para no llorar, estaba al borde de las lágrimas, una vez se prometió que no lloraría por los hombres, no lo volvería a hacer jamás.

Verla de aquella manera le daban ganas de matarse, haberle comentado en ese momento el dinero había sido un golpe bajo, y lo sabía, pero ¿Qué podía hacer?, si se quedaba sería el hazmerreír de los demás, sería tratado como la vergüenza de la familia y no podía permitirse eso, no podía hacerle aquello a su familia, no podía decidir y no elegirles a ellos.

- Rukia yo…

- Sin duda anoche actuaste muy bien, pretendías ganarte mi confianza… y casi lo consigues, te felicito – sonrió de forma irónica – pero me pareces patético…- se maldijo así misma, no tenía que haber echo nada por la mañana, por aquel impulso, ahora se estaba desmoronando…

No podía creer que lo de la noche anterior hubiera sido tan especial para ella, cuando se despertó, estuvo mirándole durante unos minutos, le agradaba su compañía a pesar de ser un descerebrado, había conseguido hacerla sonreír, había actuado como ella misma solía ser, y se lo agradecía, pero estaba tremendamente dolida, ¿No pensaba decirle nunca que se marcharía?

- Espero que no hayas aprovechado la situación – susurró la ojiazul, conforme salía de la habitación, estaba bastante sumida en sus pensamientos

- Buenos días, Rukia-chan – sonrió Hinamori haciéndole una pequeña reverencia como si se tratase de una princesa, aquello le hizo sorprenderse y la miró con incredulidad – Felicidades por lo de anoche, espero ver pronto las facciones de Ichigo – kun

- No lo vayas comentando por ahí, ¿Entendido?

- No te preocupes, y dime, ¿Adonde vas tan temprano? , debes estar cansada – la miró con curiosidad, la verdad es que Rukia no solía quedarse mucho en la cama, pero apenas acababa de salir el sol, estaba madrugando más que nunca.

- Tengo curiosidad por una cosa, volveré a la hora del almuerzo.

Se despidió de la joven, y se maldijo así misma, no sabía porque debía hacer aquello, tenía la necesidad de hacerlo cuanto antes, quizás Ichigo no partiría al día siguiente, sería otro escuadrón, aún así presentarse en la capitanía de los Kurosaki, sin duda había sido un acto temeroso…

- ¿Rukia?, ¿Qué haces aquí?- dirigió la vista a su espalda, y allí estaba él, aquel hombre que con una vez compartió millones de secretos, otro descerebrado, sin duda.

- Renji…, creo que me puedes ayudar en algo

El pelinaranja la tomó por los hombros haciendo que la mirara a la cara, otra vez tuvo aquella sensación, como cuando Kira se encontraba en su habitación, e Ichigo había entrado en ella. Sentía una fuerte conexión cuando se miraban de aquella manera, y a la vez un cierto nerviosismo.

- Patético – volvió a repetir mientras desviaba la mirada, pero éste la tomó de las mejillas anulando su acción.

- Escúchame, no he pretendido engañarte en ningún momento.

- No quiero oírte, Ichigo – cerró los ojos para no tener que ver aquella mirada de reproche por su parte, sin duda que ella no pusiera de su parte le frustraba y podía notarlo.

- Enana… - posó sus labios sobre los de ella, haciendo que sus párpados se abrieran de puro asombro, no pretendía ser la protagonista de sus nuevas fantasías, e intentó quitárselo de encima, pero ante el forcejeo terminó en el suelo como anteriormente, y él profundizaba el beso de la manera que ella misma le había enseñado…

¿Quizás le esté juzgando mal?...

- Esto no es buena idea – dijo de manera distante, acarició su cabello con nerviosismo intentando darle largas en el asunto.

- Por favor…, sólo hazlo por el mero echo de que fuimos amigos una vez…

- Eres demasiado manipuladora, Rukia – suspiró él, aceptando la petición de su amiga de la infancia.

Era ahora o nunca, tocaron a la puerta del despacho de Kurosaki Isshin, sin esperar demasiado, él no era un hombre serio, al contrario, podía comprender las situaciones de los demás.

- Kuchiki Rukia…, hacía tiempo que no nos veíamos Rukia-chan –sonrió él de forma despreocupada. – No esperaba verte por aquí, ¿Tienes trabajo para alguno de mis soldados?

Aquello fue como un golpe bajo para ella, como era de esperarse sabía donde se hospedaba, y también sabía de sus pequeños trabajos.

- Sólo quería preguntarle, si es cierto que mañana emprenderán rumbo a la batalla.

- Así es, ¿Por qué?

- S..sólo era curiosidad – algo dentro de ella se rompió, así que como Rangiku le había dicho se iría, su información no era errónea – I..Ichigo ¿lo sabía?

- Es posible, un soldado debe saber cuando es su momento de honor – se levantó de la silla caminando con tranquilidad por aquel despacho, se giró hacia ella y puso su mano en el hombro – Veo que se está aferrando mucho a ti, incluso puede que te ame.

- Yo.. no sabría decirle, no comprendo su forma de actuar.

- Sabes que no puedo aceptarlo si ocurre, debes que solucionar tus problemas, acabar con ese trabajo, si quieres mi bendición, es tu deber ocuparte de ellos, no solucionarlos gracias a mi hijo – él suspiró mirándola directamente – déjale marchar.

El pelinaranja se apartó de la ojiazul al notar como las lágrimas salían de sus ojos, se tapaba la cara con las manos, intentando ocultar como su determinación se había roto en mil pedazos, aquella frialdad, se iba, ¿Por qué demonios iba a enamorarse de nuevo?

- Escúchame Rukia, quiero que seas mi esposa.

Ella abrió los ojos desmesuradamente, le miró entre lágrimas sin saber que decirle, como negarse a él.

- No puedo…, no podría esperarte si mi vida no tiene estabilidad.

- Cuando nos volvamos a ver, te prometo que no moriré, ¿Me has oído?

- Hasta…, que nos volvamos a ver Ichigo – le dijo en una especie de susurro antes de aferrarse a él por última vez, le esperaría de ello estaba segura, pero antes tenía muchas cosas que solucionar…

Continuará: