¡Hola!, aquí estoy de nuevo. ¿Recordáis que dije que estaba enferma?. Pues me curé ayer después de tanto tiempo xD. Siento no haber actualizado antes. Antes de empezar con el nuevo capitulo, quería comentar una cosa (Agradecimientos a todos los reviews, cuando estuve malita, gracias 3), aparte, el final de Geisha quería hacerlo trágico pero muchas de vosotras me han comentado que les gustaría su final feliz, he pensado en hacer el final trágico y el feliz, ¿Os parece bien?
Espero vuestra respuesta, y de mientras os dejo con la continuación, donde descubriremos lo que ocurrió con Rukia… [Parte 1]
Se había ido. Y notaba su ausencia con claridad, aquellos días animados cuando el pelinaranja la perseguía habían desaparecido por completo, había vuelto esa calma y aquella tranquilidad que una vez había echado de menos, pero que ahora detestaba…
Las tormentas de nieve habían llegado de nuevo, y con su partida ella había cambiado demasiado, aquel invierno tan intenso parecía no querer irse nunca, era terriblemente frustrante. Sus pequeños pasos se quedaban marcados en los 3-4 metros que había de nieve, le costaba andar, pero no le importaba tenía que llegar a ese lugar lo más rápido que fuera posible.
- Sólo un poco más – susurró conteniendo su respiración, y levantando un poco aquel kimono azul eléctrico que llevaba, dio un pequeño salto para poder quitarse de en medio aquel gran trozo de nieve, le hizo tropezar pero no le importó sabía que nadie le tendería la mano para ayudarla, ya tampoco le importaba. – Nunca pensé que pudiera volver aquí – se levantó y caminó por el lugar, aquel sitio donde meses atrás se había celebrado un festival, no quedaba nada de él, con la partida de Ichigo parecía que también esa festividad se había marchado, sólo quedaba aquello que deseaba ver. Suspiró al ver aquel pequeño relicario dónde había unas pequeñas figuras talladas en madera, eran aquello a lo que llamaban ángeles. Sacó de una de sus mangas una pequeña vela blanca, la encendió con sumo cuidado y la dejó allí junto a las demás. Sus oraciones eran susurros que sólo ella podía entender, rezaba por su ángel, esperaba que estuviera bien.
- Ichigo…, más te vale volver ileso, si no, no te lo perdonaré… - Lo había decidido, si quería que Kurosaki Isshin la mirara con buenos ojos debía enfrentar su pasado, de cualquier forma, no le importaba ser torturada por alguien que ya conocía, sólo debía ganarse el respeto de los demás, de aquellas personas que una vez conoció y la llamaban "muñeca de porcelana" con cariño. Se alejó del relicario con rapidez y comenzó a correr, su primer objetivo era de lo que siempre había huido , Shiba Kaien.
" Siempre pensé que la primavera con la llegada de los primeros pétalos de Sakura, sería mi estación favorita, me equivocaba, aquella estación que tanto adoraba se convertiría en mi pesadilla"
Si no me equivoco, era el tercer aniversario de Hisana y Byakuya, había una pequeña fiesta en el jardín, los cabezas de familia de cada casa noble habían venido a festejar nuestra alegría, o eso pensaba, ya que todo esto lo miraba desde un desván que había en el tejado, nadie había sabido de mi existencia nunca. Ya era bochornoso para el clan aceptar a una plebeya como esposa, como adoptar a su hermana también, por ello a veces me disfrazaba de mi hermana para poder pasear por la mansión sin problemas. Nuestro parecido era asombroso, así que nadie se daría cuenta de que yo había salido, y tampoco causaba jaleo que fuera a admirar los cerezos, o que saliera con Renji a pasear como siempre había echo.
"Aquel día mi vida cambió para siempre"
Los comentarios sobre el estatus fueron el punto fuerte y doloroso de la fuerte. El miembro de la familia Shihoin comenzó a llamar a mi hermana pobretona y muerta de hambre, le tiró una copa de vino tinto en el kimono blanco que Hisana lucía aquella tarde. Pude oír los gritos de Byakuya ante esa ofensa, pero ese hombre no pareció inmutarse. Escuché su risa, y me dio un escalofrío, quería bajar y poder darle un tortazo a aquel maldito, pero si lo hacía se descubriría mi existencia y era algo que no se podía permitir. Renji sabía de mí, porque viví unos años con él en el barrio más pobre del Rukongai, Inuzuri, y era lo único que mi "cuñado" me permitía.
- Hisana… - susurré asomando un poco la cabeza por una pequeña ventana, no debí haberlo echo, ya que otro noble apoyaba al Shihoin, y alzaba su espada contra mi familia, el mantel calló al suelo con todas las delicias que los sirvientes con mucho esfuerzos había preparado - ¡Hermana! – Ya no me importaba gritar, quería ir para allá como fuera posible, ¿era algún tipo de emboscada?, así es, no nos iban a perdonar jamás…
- Kuchiki Byakuya y su detestable esposa, serán calcinados junto a su traición, ¡Guardias, quemad la mansión!
- ¡Esperad, no tenéis ningún derecho a hacer esto! – oí hablar a Byakuya, sostenía a mi hermana entre sus brazos, sin duda ni él esperaba aquella situación. El clan Kuchiki siempre había tenido los tres poderes de un gobierno, el ejecutivo, legislativo y judicial, que los demás se revelaran era algo que no esperaban ni lo más mínimo…
Los guardias de las diferentes familias nobles se habían unido, se les oía subir por las escaleras, sus pasos eran firmes y secos. El olor a humo comenzó a nublarme la vista, ¿Qué debía hacer?, me tambaleé hasta la puerta, estaba atascada, tiré de ella como pude pero era inútil, no podía salir ni siquiera por aquella ventana. Escuchar los gritos de mi hermana me hacía sentir más temerosa, me tapé los oídos y me ovillé en una esquina del desván, tenía miedo, ¿Iba a morir?
La gente parecía estar en su camino conforme corría tenía que esquivarlos, ¿Quizás él intuía algo?, no, no podía ser. Ni siquiera le había comentado a las chicas sobre lo que planeaba hacer, si encontraban su cadáver…, ya sabrían lo sucedido.
- ¿Qué hace usted por aquí? – susurró un guardia mirándola de forma despectiva, entrar en la zona noble era muy restringido, nadie sin identificación podía entrar, ni siquiera un plebeyo normal podía entrar, debía pedir audiencia al clan correspondiente, y esperar que aceptaran.
- Necesito entrar.
- ¿ Identificación? – comentó él con el ceño fruncido, no estaba dispuesto a dejarla pasar, a pesar de saber quien era.
- Jidanbo, me conoces de sobra, déjame pasar, una vez fui noble – dijo ella frunciendo el ceño e intentando hacerse camino inútilmente.
- Identificación , Geisha, te lo he dicho – vociferó él molesto.
- Jidanbo-san, déjela pasar, viene conmigo- susurró una voz detrás de ella, la reconocía perfectamente, un escalofrío recorrió su cuerpo, al notar como su brazo se posaba en su cintura – Me identificaré ella es Kuchiki Rukia y yo…, Shiba Kaien.
- K..Kaien-dono…
La puerta del desván se abrió con fuerza, no pude ver con claridad quien había sido el causante de aquello, el humo y la falta de aire me tenían mareada, alguien me tomaba en brazos con rapidez, tapaba mi cabeza con una de sus fuertes manos, quería protegerme a toda costa.
- ¿Q..quién?
- ¡ Prometo que te sacaré de aquí Rukia, ten fé!, ¡ Prometo sacarte de aquí! – gritó aquella voz de forma frustrada, seguía teniendo aquel tono de orden que me hizo sonreir en un momento tan tenso como aquel.
- Renji…, tú siempre protegiéndome, qué idiota.
Sin duda aún no sé como pudimos salir de allí, pero habíamos conservado la vida, él se había llevado todas las quemaduras con tal de salvarme. La mansión caía ante nuestros ojos, había sido mi hogar y también mi prisión.
- No es posible…¡Esa pobretona está muerta! – gritó uno de los nobles que aún se situaba en aquel ataque hacia los Kuchiki. – He visto como se calcinaba…, no es posible..
Renji me tapó los oídos ante sus comentarios, por su expresión, sus ojos sólo mostraban miedo y terror, como si estuviese viendo a un fantasma en aquellos momentos…
- No escuches lo que dice este imbécil.
- Mi familia …- susurré dolida, por lo que había dicho el noble, mi hermana había muerto en aquel incendio, no me extrañaría que ellos la hubieran empujado a las llamas, ¿Byakuya seguiría vivo?, no se le veía por los alrededores…Quizás también hubiera muerto…
- Cálmate.
- ¿Y esa chica?- susurró una noble de pelo corto moreno. – Esa no es Hisana… - frunció el ceño intentando acercarse a nosotros pero Renji no se lo permitió , retrocedió un paso conmigo en brazos.
- S..Señorita Soi Fong. Agradecería que no se acercara – murmuró él entre dientes.
- ¿¡A qué esperas Omaeda?, debe ser su hermana, ¡ Mátala!
- ¿Y..yo? – Al parecer seguía asustado de mi presencia, dí un pequeño tirón a la manga de Renji, debíamos salir de allí en aquel momento, no quería desmoronarme en aquel momento…, no quería llorar frente a la gente que no lo merecía. Él pareció entenderme a la perfección huímos de allí antes de que se reunieran, volveríamos a nuestras anteriores vidas en el Rukongai…
Continuará:
